Roque Barcia · 1880-1883
Pelasgo
tomo 4 · página 152 · ver la página del original
Pelasgo, ga. Masculino y femenino.
Historia. Nombre de los primitivos pobladores de Grecia é Italia.
Masculino. Mitología. Hijo de Júpiter y de Niobe.
ETIMOLOGÍA. Pelasgia: latín, pelasgi, pueblos de Argia, en el Peloponeso (OviDIo); pueblos de Tesalia, de Etruria y del Lacio. (POMPONIO ME.) Reseña histórica.—Tenemos que dar á esta reseña más extensión de lo que cumple á un Diccionario general, como el nuestro, porque la raza de los pe LAsdos llenó la antigüedad, ofreciendo uno de los espectáculos más admirables que presenta la historia del mundo.
1. PELASGOS.—Nombre con que se designa á un pueblo antiquísimo, fundador de la civilización que lleva su nombre, el cual ocupó la Grecia y la Italia, se extendió al Este por el Asia menor, y al Oeste por las islas del Archipiélago; habitó las grandes islas del Mediterráneo hasta España y se sometió á las tribus guerreras que vinieron posteriormente. 2. Según Heródoto, los PELASGOS ocuparon todo el país, llamado en su tiempo Hélade, y que primitivamente se llamó Pelasgia. Eran laboriosos y se dedicaban principalmente á cultivar la tierra. Según la fábula, PeLAsdos fué el primero que coció el pan reducido á harina. 3. Los PELASGOS se establecían con preferencia en las llanuras de aluvión, situadas hacia el mar y fecundadas por el limo de los ríos; las designaban con el nombre genérico de Argos. aplicado después á sus ciudades. De aquel nombre parece haberse derivado el nacional de PELASGOS ó pelargos, que significa: «los cultivadores de las llanuras.» Otro nombre se les da también; el de larisos, que asimismo llevan muchas de las ciudades que fundaron; la mayor parte, en el centro de vastas y bien regadas llanuras. 4. Pero los argos necesitaban ser protegidos contra los desbordamientos de las aguas, y las larisas defendidas contra las invasiones de los enemigos, de donde provienen, en los países ocupados por los PELASGOS, los canales subterráneos destinados á conducir las aguas á la mar; los diques y las calzadas para contenerlas en los parajes hondos y las prodigiosas murallas, llamadas pelásgicas, equivalentes á las ciclópeas de los griegos, de las cuales se conservan aún restos numerosos, especialmente en la acrópolis de Balbek, en el Partenón, en la Argólida y en Etruria. 5. Los helenos, asombrados de las proporciones gigantescas de aquellos célebres monumentos, se explicaban su origen por la intervención de poderes superiores, de gigantes, cíclopes, dioses (Apolo y Hércules), por el genio potente de los poetas (Anfión), á los cuales los dioses concedían la fuerza necesaria para mover y juntar las rocas. Heródoto atribuye á los pe LASGOs las primeras nociones de los poderes divinos y las formas elementales del culto. ¡Tan fecunda y tan importante fué la influencia de la raza pelásgica en el fondo de las antiguas
generaciones y en el destino de la humanidad. 6. Su religión fué el naturalismo, es decir, la divinización de los fenómenos naturales, de los agentes fisicos, de las fuerzas destructivas y organizadoras, que de una manera vaga y confusa llamaban dioses, pues sólo después dieron un nombre determinado á cada dios. 7. A estas tradiciones pelásgicas debían los helenos muchas de las divinidades de su Olimpo: Zeus, á quien estaba consagrada la encina, bajo cuya forma fué sin duda adorado, cuando los primeros hombres se alimentaban con bellotas, según la tradición pelásgica; Hera ó Juno, venerada en el país pelásgico de la Argólida, tal vez con la granada silvestre que después fué sólo uno de sus atributos; Posidonio ó Neptuno, que invadió parte del Atica, tierra pelásgica, cuyo primer nombre, según Strabón, fué Posidonia; Aténe ó Minerva, la diosa del olivo, la protectora de las alturas, de las ciudades rodeadas de torres y murallas; Demeter ó Ceres, la diosa de la vida agrícola, la que enseñó á Triptolemo á sembrar el trigo: Hermes ó Mercurio, cuya representación simbólica había sido, según Herodoto, trasmitida por los peLasdos á los helenos; Hefoistos ó Vulcano, el divino forjador, hijo de Heras, arrojado del Olimpo helénico y caido en la isla de Lemnos, donde los PELASdos se hallaban todavía en los tiempos heróicos; y en fin, Artemisa ó Diana, nacida en la parte de la Arcadia, que permaneció pelásgica hasta los últimos tiempos de la Grecia; diosa de las montañas, de los bosques sagrados, de los manantiales, de los lagos, reina de las ninfas, de los faunos y de los sátiros. 8. Otro carácter de la religión pelásgica se funda en los santuarios misteriosos de Dodona, de Eleusis, de Samotracia, donde se conservaban, revelados solamente á un pequeño número de adeptos, los ritos religiosos, las ceremonias, la lengua del culto primitivo de la Grecia. Esta religión de la naturaleza inspiró á los poetas semifabulosos de la Tracia, anteriores á la época homérica, tales como Orfeo, Museo, Melampo, cuyo antecedente tiene una profunda significación histórica y critica. 9 Respecto á que los PELASGOS ocuparon gran parte de Grecia, está fuera de duda. En la Tesálida todo anuncia y atestigua su paso. Las cimas de la vertiente oriental del Pindo están coronadas por construcciones suyas; y la llanura del Peneo, que acaso fueron los primeros en cultivar, se llama en Homero Argos pelásgico. Una larisa ocupa el centro y allí se encuentran todavía restos de canales, calzadas y diques, anteriores á los helenos. Otras dos ciudades del mismo nombre se hallan: una, al Norte; y la otra, al Sur de la Tesálida, amén de que el cantón más central y fecundo de este país se ha denominado Pelasgiótidas. 10. Entre las tribus de raza pelásgica, se cuentan los perrebos, los histiœen y los dolopos, que fueron, ó arrojados del país, ó rechazados hasta las gargantas del Olimpo por los lapitas, los helenos-áqueos, los eoliosmimienses, los beocios y los tésprotas-tesalienses. Los PELASGOS que no emigraron, se vieron reducidos á la condición servil, bajo los nombres característicos de xevéorns ypenéstes), pobre, criado, siervo, cuyo significado último tenía entre los tesalios, y de menestas, «moradores del campo, equivalente al griego pevssróc (menestós), el que reside, forma de pévo (méno), yo resido. 11. Eran propiedad de las familias más poderosas del país, que les abrumaban con el peso de trabajos y castigos indignos; y aunque, por lo general, se les destinaba á cultivar las tierras y guardar los ganados, servían también en el ejército de Tesalia, así á pie como á caballo. 12. Los habitantes más antiguos de la Fócida y Beocia llevan las denominaciones de hyantas, hectinos, aones y lemnises; y parece ser que procedieron de raza pelásgica. En época relativamente reciente, hacia los tiempos de la guerra de Troya, es en la que las tradiciones mencionan la invasión de aquella Beocia de PELASGOS y tracios. Estos últimos eran sólo una rama de los pELASGOS perienses de la Macedonia. 13. Se dice que los PELASGOS de Beocia se refugiaron en el Atica, sesenta años después de la guerra de Troya, á consecuencia de la invasión de los beocios de Arné; pero ello es lo cierto que, desde mucho antes, el Atica estaba poblada de PELASGOS, considerándose como la tierra sagrada de Atene. Por otra parte, en Eleusis estaba el santuario de Demeter, cuyas fiestas recordaban que el cultivo de la tierra había sido el punto de partida y la condición necesaria de la vida social. Por consiguiente, la crítica histórica halla motivos para creer que los pELASGoS fueron los que, en la división en cuatro tribus, que se atribuye á lou; es decir, en la repartición del pueblo después de la conquista helénica, formaron las dos últimas clases, ó sea la de los egícores y de los argades, ó de los pastores y cultivadores, ocupaciones conformes á su carácter; mientras que los jonios, relativamente poco numerosos, formaron la casta militar de los ophttas. Y sólo después de la invasión jónica se halla en el Atica un pueblo que Ileva el nombre de PELASGOS, el mismo que había sido arrojado de Beocia después de la toma de Troya; el mismo también á quien los atenienses encargaron la construcción de las murallas de su Acrópolis, cediéndoles, en recompensa, un terreno estéril al pie del monte Himeto, donde se establecieron, aunque sólo como vecinos, conservando su lengua y sus costumbres.
Pero, fieles á su genio nacional, fertilizaron el terreno y los atenienses, envidiosos de sus riquezas, ó queriendo vengar los ultrajes de los P LASGOS á las jóvenes de Atenas, los arrojaron del país, viéndose precisados á retirarse á Lemnos, donde, con el nombre de. PELASGOS-tirrenianos, llegaron á ser famosos por sus piraterías. 14. En el Peloponeso, la Argólida es toda pelásgica; el nombre de Argos, donde, según una tradición conservada por Esquilo, en las Suplicantes, reinó PELASGOS, hijo de Palcechton (la tierra primitiva); el culto de Juno, particular á esta ciudad; las murallas indestructibles de Tirinto y de Micenas, todo está revelando la existencia de dicha raza. La doble conquista de la Argólida, por los aqueos primero, y por los dorios después, hizo más dura la condición de los PELASGOS; se hallan, después de la vuelta de los heráclidas, sometidos á los dorios vencedores y á los aqueos, habitando algunas ciudades y gozando, si no de derechos políticos, al menos de la libertad civil; pero formando una población despreciada, cuyos individuos llevaban diferentes nombres: gimnesienses, en Argos, porque podían servir en tropas ligeras; conípodes (hombres de piés sucios), en el Epídamo; corinéforos (portadores de bastones), ó cotonacóforos (portadores de pieles de carnero), en Sicione. 15. La Arcadia, que disputaba á la Argólida haber sido el primer asiento de los PELASGOS, conservó hasta el fin de la historia de Grecia su independencia política y el carácter pastoral y agrícola de su población. Aunque admitidos entre los pueblos de raza helénica, los arcadios diferían de los helenos de pura raza en su género de vida, menos culto, y en su religión, más fiel al naturalismo primitivo. No tenían rival en el arte de conducir por canales subterráneos las aguas de Stímfale. Orcomene, Fende y Cafye. Su rey fabuloso, Lycaón, es, ó hij de PELASGOS, ó el mismo PELASGOS de los tiempos heróicos. Sus descendientes, las licaónidas, formaron una verdadera dinastía de fundadores de ciudades y de jefes de tribus. 16. La Acaïa, cuando todavía se llamaba Egíalea, tenía una población de origen pelásgico, según el testimonio de Herodoto; los nombres de Larissa, que llevaba una de sus ciudades, así como el río Larissos, que la limitaba al Oeste, confirman este aserto del gran historiador. 17. En Elida, los peLasGos tenían el nombre particular de cavcones y pasaban, dice Strabón, por originarios de la Arcadia, lo que está conforme con la tradición que refiere Pausanias, quien les da por primer rey á Caucón, un licaónida. 18. En Messenia, donde el rey Caucón introdujo los misterios de Eleusis, los caucones aparecen mezclados con otro pueblo, que parece ser de raza pelásgica menos pura: los léleges, que fundaron en Messenia una Pedusa, que recuerda cierta ciudad del v
mismo nombre, fundada por aquel mismo pueblo en Asia menor, donde fueron auxiliares de los troyanos, pueblo ciertamente pelásgico, levantaron en Samos, cuyos primeros habitantes fueron, el templo pelásgico más antiguo de la diosa Hera. Estos mismos pueblos ocuparon la Laconia, donde las tradiciones hablan de un Lélex, primer habitante del suelo macedónico, por cuya razón se llamó Lelegis. Otra prueba de la estancia de los pE LASGos en Laconia es sin duda la antigüedad del culto tributado en aquel país á los dioscuros, divinidades que Herodoto reconocía formalmente como pelásgicas, y que se encuentran veneradas bajo el nombre de grandes dioses en la isla de Samotracia. Un pueblo de la Laconia, cuyo origen pelásgico no es dudoso, es el de los cimerienses, que ocupan la costa, desde la frontera de la Argólida hasta el cabo Mateo, y que Herodoto reconoce como autóctonos, lo mismo que á los arcadios. 19. Los PELASGOS ocuparon asimismo el Norte de la península, parte del Asia menor y de las islas. Al Norte del Olimpo y de los montes Cambunienses hasta el Helesponto, hay vestigios patentes de los PELASGOS. La Macedonia fué originariamente poblada por ellos y se dividieron en tribus, teniendo cada una su nombre particular. Así la tradición da á los macedonios un licaónida por ascendiente ó fundador. Si este pueblo fué posteriormente civilizado por reyes de raza helénica, conservó su idioma particular, ó se conservaron hasta los tiempos de Alejandro muchas palabras pelásgicas; los peonios, en el Axius, y los beocios, en el Haliacmón, se citan como tales PELASGOS, al par que Strabón ve en los pierios (entre el Haliacmón y el Olimpo) una raza afine, si no idéntica, á la de los tracios de Fócida y Beocia. 20. Tracios fueron también los que se extendieron por toda la costa, desde Strymón al Helesponto; el culto de las musas, nacido entre estos tracio PELASGOS de los tiempos heróicos; los nombres de los cantores de este país, Orfeo, Museo, el de Thamyris, conocido de Homero, no permiten confundirlos con los pueblos que han llevado el mismo nombre y habitado el mismo país en los tiempos históricos, y que, de costumbres por completo diferentes, parecen pertenecer á la raza escítica. 21. Otros PELASGOS habitaron en Macedonia la península de Calcídica; tales fueron los peLasGos-tirrenos, cuyos mayores, arrojados de Atenas, se refugiaron en Lemnos. Expulsados de esta isla por Milcíades, se retiraron á la Calcídica. donde formaban aún, en la época de la guerra del Peloponeso, la mayoría de la población de las pequeñas ciudades en la península de Acté. 22. Los mismos PELASGOS-tirrenos existían también en tiempo de Herodoto en el Asia menor, en las costas de la Propóntide, donde habían fundado las ciudades de Placia y de Scylace y llevado su culto á Cyzico. Tres ciudades de Larisa existían en la época heróica: una, cerca de Troya; y las otras dos, en los bordes del Hermus y del Caistro. Las ciudades de Assos y de Antandros se designan como verdaderamente pelásgicas, sin contar que en la Ilíada se llama PELASGOS á uno de los peeblos que socorren á los troyanos. Estos y los pueblos del Asia menor, hasta el Halys, al Este; y el Taurus, al Sur, parece ser que pertenecían á la rama tracio-frigia de la raza pelásgica. La gran diosa Vesta, divinidad de origen pelásgico, según el testimonio de Herodoto, era venerada en el templo frigio de Pessimonte, donde las frenéticas danzas coribánticas recordaban el carácter orgiástico de las ceremonias de Samotracia, patria de Dárdano, el padre de los de Troya. En la Ilíada se ve que van en socorro de Troya todos los pueblos pelásgicos, desde los peonios de la Tracia hasta los meonios de la Lydia. Los pueblos ribereños de la Propóntide y del Ponto Euxino, bitinios, misios, mariandinios, pertenecían, dice Strabón, á la familia de los tracios, como también los caucones. En Asia, lo mismo que en Grecia, los PELASGOS parecen destinados á sufrir el yugo de los helenos. Los megarios, fundadores de Heraclea Póntica, reducen á los mariandinios á la servidumbre y á una condición semejante á la de los penéstes de la Tesalia. La tradición creía á los carios, los misios y los lydios, salidos de tres hermanos; y en recuerdo de este parentesco primitivo, los tres pueblos hacían sacrificios en común á Zeus Carios en la ciudad caria de Mylasa. También aquí hallamos los léleges, designados por Alceo como habitantes de Antandros; y Herodoto, que los representa mezclados con los carios en todas las islas del mar Egeo, dice que antiguamente los insulares eran PELASGOS. 23. Entre las islas donde han dejado más hondas huellas, hay que citar: al Norte, Lemmos é Imbros, de donde fueron arrojados por Milcíades; y Samotracia, el santuario de su religión y del culto de sus dioses, los cabires; al Sur, Creta, donde, después de la consulta dórica, fueron sometidos á la más dura esclavitud, bajo los nombres de mnoïtas (moradores de los campos), ó dmoitas (dominados ó vencidos), esclavos del Estado; y de afamiotas ó clerotas, esclavos de los particulares. 24. El Epiro era considerado como pelásgico. Efectivamente, en este país estaba el célebre oráculo de Dodona, divinidad que Homero llama dios pelásgico (Zeus Pelásgicos). Los selli ó helli, intérpretes del dios; los chaones, los tesprotas, que pasaban, como los molossos, por haber recibido un rey de PELASGOS; los graici, colocados por Aristóteles en las cercanías de Dodona y del Aquelóo, fueron de la raza que se describe, opinión que confirman los restos de las gigantescas construcciones que se prolongan en líneas sinuosas sobre los flancos de las montañas del Epiro. 25. Los monumentos de los PELASdos se advierten igualmente en Italia, donde tuvieron el carácter de colonos; y, como tales, de extranjeros.
Conviene, sin embargo, exceptuar los aborígenes, que parecen ser un bando de PELASGOS primitivos; y que, rechazados por otros pueblos á la parte central del Apenino, aparecen más tarde con el nombre de sabelios ó de oscos. Las numerosas construcciones pelásgicas que dominan y rodean las alturas de la Sabina y del país de los hérnicos, así como el culto profundamente naturalista de esta parte de Italia, confirman tan prudente opinión. La parte central de la península fué el punto de reunión de las dos grandes ramas pelásgicas, que tuvieron el carácter de colonias extranjeras. La más septentrional, era designada por los griegos con el nombre de tirrenos. Venidos de la Tesalia, dicen las tradiciones, se establecieron bajo el nombre de sícelos ó sículos, en las riberas del Po, donde fundaron á Spina, y en las del Arno, cuyo curso regularizaron. Pero donde más poder alcanzaron los PELASGOS-tirrenos, fué al Sur de aquel río, en el país que después se llamó Etruria: allí fundaron á Cortona, Pisa, Agylla, Pyrgi, Tarquinias, Fiésole y Volterra, y las rodearon de murallas indestructibles. La invasión de los rhasenas en Etruria no produjo, ni el exterminio, ni el destierro de los PELASGOS, y su nombre prevaleció sobre el de los conquistadores. Si los vencedores despojaron á las víctimas de toda parte en el gobierno y las redujeron á la esclavitud, los PELASdos no desaparecieron como raza. Herodoto afirma que, en su tiempo, estaban en posesión de Cortona y hablaban la misma lengua que los PELASGOStirrenos de Placia y de Scylace, en la Propóntide. Sin duda á estos PELASdos-tirrenos, que permanecieron en el país después de la invasión de los rhasenas, se deben atribuir los inmensos trabajos de desecación y de industriosa actividad que tan célebre hicieron, entre los antiguos, el nombre de los etruscos, dado indiferentemente á los vencidos y á los vencedores. 26. En España, otros PeLASGos-tirrenos fundaron á Sagunto, que Anibal y las sangrientas guerras, de que nuestra nación ha sido teatro, no pudieron destruir, pues prefirió reducirse á ruinas, y las ruinas son indestructibles; Zaragoza, cuyas murallas pelásgicas han desafiado las devastaciones, ora de las guerras, ora de los tiempos; y, por último, Tarragona, en cuyos muros, á principios de este siglo, hizo la mina menos efecto que en las entrañas de la roca. 27. El segundo grupo de poblaciones pelásgicas, establecido al Sur de Italia, llevaba el nombre genérico de œnotrios, al Oeste, divididos en chones, morgotas é itorliotas; y el de peucelios, al Este, comprendiendo los dau
n0s, los japyges-messapios, divididos en calabreses y salentinos. La tradición los hace descender de dos hermanos, Œnotrio y Peucetio, hijos de un rey pelasgico de Arcadia. Pero el nombre de chones, tan semejante al de los chaones del Epiro; la existencia, en la Magna Grecia, de una ciudad y de un rio Acherontia, nombre que se halla en Epiro también, permiten conjeturar que estos pELASGOS arcadios estaban mezclados con los peLASGos-epirotas. Por otra parte, una tradición que representa á Peucetio, Daunio y Japy, conduciendo una multitud de ilirios; y el testimonio de un autor antiguo, que hace de los daunos un pueblo ilirio de origen, son datos bastantes para suponer que debe referirse á los PELASGOS la raza iliria, que Strabón representa como mezclada con la población pelásgica del Epiro. En el Sur de Italia los PELASGOS fueron absorbidos, como nación y reducidos á la esclavitud por las colonias helénicas, cuyo número y poder hicieron dar á este país el nombre de Magna Grecia. Algunos prefirieron, sin embargo, la emigración á la esclavitud, de donde resultó que los sículos, arrojados de la Italia septentrional por los sículos-iberos, y después por los rhasenas, pasaron el Estrecho, y ocuparon con los morgetas la gran isla que se llamó después Sicilia, forma terminante de sículos (sìcùli). 28. Consignaremos, por último, otra tradición nacional é indígena del Lacio, que hace venir á Evandro de la Arcadia pelásgica; y que, por Eneas, une á los romanos con los troyanos; y por éstos, á los PELASGOS. Nada se asemeja más estrictamente al antiguo culto pelásgico que el antiguo culto latino. Alba y Roma tenían su palladium, como Troya. Roma, desde su cuna, veneró á Venus, la diosa pelásgica; y más tarde, fué á pedir á los frigios la piedra negra de Pessinonte.
Atico, al regresar de Grecia, creía hallar en los dioses penates de Lavinio los dioses de Samotracia. Los habitantes de una isla oscura fueron tratados por el senado de aliados y parientes, después de la batalla de Magnesia. Roma eximió de todo impuesto á los habitantes de Pérgamo, como ligados por la sangre al pueblo romano, además de que. junto al Tíber, se congregan las razas pelásgicas, aborígenes del Apenino; tirrenos, de Etruria; arcadios, de Grecia; frigios, de Asia; y Roma, formada con la mezcla de todas estas poblaciones de un origen común, vengó, al someter á los helenos, la larga y universal opresión bajo que siempre gimieron los PELASGos.
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