Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Pekin

tomo 4 · página 148 · ver la página del original

Pekin. Masculino. Geografía. Ciudad metropolitana, capital de todo el imperio chino, de la China propia, y particularmente de la provincia del Tchi-li y del departamento del Chun Thian.

1. Situación.—Se encuentra situada á los 39° 54' de latitud Norte y 132° 54 de longitud Este, sobre las dos márgenes del In-ho, afluente del Pe-ho, en medio de una vasta llanura

arenisca y cenagosa en algunos parajes.

2. Circuito.— PEKÍN tiene 45 kilómetros de circunferencia: sus murallas, de más de II metros de elevación por 20 de espesor en su base, aparecen coronadas de almenas, de unos dos metros de altura, provistas de troneras.

3. División.— La capital que nos ocupa está dividida en dos ciudades distintas: la chinesca ó exterior (Wai Tching) y la tártara ó central (Nei Tching).

4. Forma.—La más septentrional, el King-Tching ó Nei-Tching (ciudad de la corte), forma un cuadrado casi perfecto: la más meridional, el Wai Tehing ó Walo-Tching (arrabal del Sur), afecta la figura de un cuadrilátero rectangular.

5. Murallas.—El King-Tching se halla circuida de una elevada muralla revestida de ladrillo, y en el interior, de tierra: los muros del Wai-Tching, más pequeños y sencillos, se parecen á los de todas las demás ciudades de la China.

6. Puertas.—PEKíN tiene 16 puertas: 9, pertenecen á la ciudad del Norte; 3, la ponen en comunicación con la del Mediodía.

7. Fortificaciones.—Delante de las referidas puertas hay otras tantas plazas fuertes semicirculares, rodeadas de muros; sobre cada una de aquéllas se eleva un pabellón, compuesto de tres pisos, guarnecido de artillería, y entre los pabellones, á una distancia de 40 en 40 metros, diferentes torrecillas cuadradas; amén de otras más considerables que se distinguen en los ángulos. Un ancho foso, alimentado por el Inho, circuye los muros; un pequeño puente, construído delante de cada puerta, facilita el paso. 8. Descripción de Wai-Tching, ó ciudad exterior.—Esta parte meridional de la metrópoli que se describe, se encuentra ocupada principalmente por la industria y el comercio. Las calles son por lo común estrechas, irregulares, sucias, sin empedrar y desprovistas de alumbrado: las casas, por lo regular, de un solo piso, pequeñas y mal alineadas, construídas de ladrillo, cubiertas de tejas: y muchas de ellas, pintadas de azul celeste, bermellón y otros diversos colores, según la clase de las personas que las habitan. En los balcones se ven cuadrados de papel, en vez de cristales, y en el interior se observa que todas las paredes están llenas de sentencias y máximas morales. Las tiendas de comercio aparecen barnizadas ó doradas y perfectamente abastecidas de toda especie de géneros, distinguiéndose sobre varias de ellas anchas azoteas, plantadas de arbustos y flores. Algunas hileras de palos, colocados al frente, indican el límite de las muestras de las mercancías, adornadas con banderolas de todos colores. Los edificios, no ocupados por establecimientos mercantiles, se hallan cercados de paredes, que los ponen á cubierto de las miradas de los curiosos. 9. Descripción del King-Tching, o ciudad interior.—Constituye la región más notable de PEKín y se divide en tres partes: Tsu-Kin-Tching ó ciudad bermeja consagrada; el Houang Tching, situado en la parte intermedia, y el King-Tching, propiamente dicho. Haremos una suscinta reseña de cada una de estas tres divisiones.

I. El Tsu-Kin-Tchinq.—Se encuentra circuída de una gruesa muralla, de 10 metros de elevación, construída de fábrica, cubierta de tejas amarillas y rodeada de un ancho foso, lleno de agua, de unos 2.400 metros de circunferencia: en los cuatro puntos cardinales presenta otras tantas puertas, adornadas de estatuas; y enfrente de cada una de aquéllas, una plaza con pavimento de piedra y cercada de pequeños pilares de mármol. Sobre las aberturas que contiene cada puerta, se elevan hermosos pabellones, adonde se llega por un puente levadizo, que se tiende sobre el foso. Kin-Tching cuenta más de 400 calles, anchas de 20 metros, muchas de las cuales, superiores en hermosura á las de la ciudad meridional, terminan en vistosos arcos de triunfo. Las trasversales no son otra cosa que callejuelas angostas, con barreras que permanecen cerradas durante la noche; y sin embargo, contienen los palacios y edificios de los principales habitantes. La mejor calle de PexíN es el Tchang-an Kiai: tiene 60 metros de latitud; se extiende de Oriente á Occidente, sobre la parte meridional del King Tching, y está determinada: al Norte, por las murallas que cercan la morada regia del emperador, y al Sur, por varios palacios y tribunales. La mayor parte de los edificios se encuentran rodeados de extensos patios y casi cubiertos de robustos y frondosos árboles.

II. El Houang-Tching.—Esta ciudad imperial se halla envuelta por la anterior; la muralla que la defiende mide de 5 á ó métros de altura y unos 10 kilómetros de circunferencia y contiene: los jardines del emperador, lagos formados por la mano del hombre, montañas artificiales, paseos deliciosísimos, palacios, pabellones y kioskos, que la transforman en una mansión poética y encantadora. En una isla, situada en uno de los lagos, se eleva la pagoda Pe-Ta, consagrada al culto de los mongoles.

III. El King-Tching.—El tercer recinto ó centro de la región setentrional está ocupado por el King-Tching ó ciudad privada, residencia del emperador y del heredero de la corona: tiene 3 kilómetros de circuito y encierra el palacio imperial, morada regia la más extensa que se conoce. 10. Monumentos.—En PEKÍN abundan de una manera asombrosa, por lo que nos limitaremos á dar una breve idea de los más notables.

I. Palacio imperial.—Presenta una prodigiosa multitud de edificios y patios. La inmensidad de sus salones, la simetría de los pórticos y de las galerías, la forma caprichosa de los tejados y la riqueza de las pinturas, le dan cierto aspecto singular y hasta imponente. El interior es de una sencillez que raya en mezquindad. Los ministros del emperador residen en él durante el tiempo que permanecen en la corte.

II. Arcos de triunfo.— Levántanse en la mayor parte de las calles y plazas de la capital. Se hallan cubiertos de tejas, adornados de pinturas y consta cada uno de tres puertas: una, grande, en el centro, y dos, más pequeñas, en los costados. La fecha de su erección y la memoria que perpetúan, aparecen grabadas en letras de oro.

III. Templos. — Los más de ellos se encuentran decorados de hermosas columnas, con magníficos techos de mármol blanco. En la ciudad septentrional se distinguen: el Young-Rohoung, templo de Fo (Budha), el más vasto y suntuoso de PExiN; el Soung Tchou-Tsu, habitado por el primer gran sacerdote de la religión lamaica; el Tchang Tsu, templo de los ascendientes de la dinastía mandchoue; el Timankmiao, donde se conservan los libros de apuntes de los más antiguos emperadores chinos; el convento portugués ó templo del Mediodía; el Pethang ó templo del Norte; el convento de San José, incendiado en 1812, y el templo de la Paz eterna, con un seminario de lamas para el Tibet.—El Vailo-Tching contiene el Thian-Tan, notable por la extraordinaria riqueza de su ornamentación, y el Sian-noung Tchang, del cual sale el emperador anualmente para cultivar el campo. La capital cuenta además: una admirable mezquita, una misión rusa, una iglesia griega y una capilla católica; y en los alrededores, el Ty-Tan, lugar sagrado, donde el emperador concurre todos los años, en el solsticio de estío, para ofrecer un sacrificio á la tierra. 11. Instituciones.—PEKÍN tiene los establecimientos propios de las ciudades más cultas de Europa, con, las modificaciones consiguientes á las costumbres chinas, entre los que figuran: el observatorio imperial, construído en 1279, el cual posee los instrumentos astronómicos fabricados bajo la dirección de los jesuitas y los que el rey de Inglaterra regaló al emperador chino en 1793; el Hanlin-Yuan, ó tribunal de la historia y de la literatura de la China, donde se examina á los aspirantes al título de mandarines, del que dependen los demás institutos de enseñanza, y á cuyo cargo está confiada la educación del heredero del trono y la composición de los anales del imperio; el Koue-lsu-Kia ó colegio imperial, al cual va el emperador en época determinada á rendir homenaje á Confucio; el Koung-Youan, colegio de letras; el monasterio tibetano, en donde más de 300 lamas del Tíbet enseñan la lengua de su país; la biblioteca y colección imperiales, las más nu

tridas del Asia; el tribunal de los médicos, el gabinete de historia natural, numerosas escuelas de varias clases, hospitales para los expósitos, para la vacuna y otros establecimientos de beneficencia.—En el Wai-lo-Tching, hay una casa de educación, ricamente dotada por el Gobierno; baños públicos; teatros, donde se representa todas las noches; estanques destinados para la cría de peces dorados; graneros públicos, en los que se almacenan grandes cantidades de arroz para los tiempos de escasez, y depósitos particulares de trigo, legumbres y otros artículos para el consumo del emperador. 12. Establecimiento curioso.—Existe en PEKÍN un curioso establecimiento destinado exclusivamente á recibir por la noche á las gentes necesitadas. Se compone de una vastísima sala circular, cubierta de plumas de gallina, sobre cuyo lecho duermen confundidas más de 1.500 personas de ambos sexos y de todas las edades. Un inmenso cobertor de fieltro, lleno de agujeros destinados á dejar libres las cabezas, desciende por la noche, mediante un mecanismo ingenioso, para envolver á los durmientes, y se levanta por la mañana para dejarles partir. 13. Industria y comercio.—La población de Pekin consume mucho más que produce. La industria es casi nula: toda ella se reduce á la fabricación de loza y vidrios de colores, la talla de las piedras preciosas y la cría de gusanos de seda, á la cual se dedican las mismas damas de la corte. Los habitantes extraen de las provincias meridionales la mayor parte de los artículos de primera necesidad: el puerto de Cantón les suministra multitud de mercancías inglesas. Bajo el punto de vista del comercio al por menor, pocas ciudades ofrecen el animado aspecto que el Wai-lo Tching: sus calles se encuentran obstruídas por los puestos de las tiendas, en los que se exponen los comestibles; por los carros eargados de legumbres, por los dromedarios que conducen los géneros, los talleres ú obradores ambulantes de los herreros, caldereros, barberos y otros artesanos que ejercen su industria ú oficio al aire libre. Ciertos almacenes, tales como los denominados tchou-pao-chi, son inmensos, y en ellos se expenden la bisutería, telas de seda, forros de pieles, cuadros pintados á la aguada y otros diferentes objetos. En esta ciudad se celebra anualmente una feria que dura diez y ocho días. El comercio de libros es importantísimo: las mejores obras, principalmente las de historia, se tiran en la imprenta imperial, en donde las adquieren los comerciantes á un precio que el Gobierno fija. 14. Publicaciones periódicas. — La imprenta nacional publica cada segundo día una Gaceta que contiene las noticias de los acontecimientos más notables del imperio: los numerosos ejemplares de esta publicación oficial se entregan al comercio. 15. Administración.—Bajo el concepto administrativo, la capital que nos ocupa depende del departamento de Chun-Thian; pero sólo en ella residen los principales centros ó tribunales superiores del imperio. Estos tribunales ó ministerios son seis: el de los Empleos, el de Hacienda, el de Cultos, el de Penas ó Castigos, el de la Guerra y el de Obras públicas. Siguen á éstos en importancia otros varios, entre ellos, el Tribunal de los Príncipes, el de la Policía y el de Negocios extranjeros. Unos y otros tienen su asiento en el King-Tching. La policía es muy activa; pero algo negligente en punto á limpieza y ornato de la capital: las principales calles se hallan guarnecidas de cuerpos de guardia. En PEkíN está prohibido salir de noche sin linterna, y sólo en casos urgentes. La policía tiene á su servicio varias bombas de incendios. La defensa de la población está confiada á un ejército de 80.000 hombres, que forman 24 divisiones; 8, mandchoues; 8, mongolas, y 8, chinescas. 16. Población.—No es posible determinar con exactitud el número de almas que actualmente cuenta la capital que se describe: unos autores la hacen ascender á 12.000.000; otros, á 8.000.000; nosotros creemos que se aproximan más á la verdad los que la evalúan en dos ó tres millones de habitantes. 17. Etnogra fía.—El carácter, usos y costumbres de los naturales de PEKÍN son casi los mismos que los de las 'demas ciudades populosas del' imperio. Los chinos pertenecen á la raza mongola. Muchos sabios del último siglo se han esforzado en demostrar la comunidad de origen de aquéllos con los egipcios; pero todo lo que razonablemente puede suponerse acerca del particular es que, en lo antiguo, pudieron existir algunas relaciones entre estos dos grandes pueblos. El chino es, por lo común, de estatura mediana, más bien pequeña; pómulos salientes, ojos oblicuos, nariz algo larga, cuerpo rechoncho, barba poco poblada y color atezado; su carácter, dulce, cortés, ceremonioso, aunque un tanto dado al suicidio. En otros tiempos consideraban los chinos como un alto honor el llevar la cabellera muy larga; pero los conquistadores tártaros les obligaron, no sin grandes esfuerzos, á abandonar aquella costumbre. Hoy ostentan la cabeza enteramente rapada, salvo un mechón de pelo, que dejan crecer, el cual cuidan y trenzan con extraordinario esmero. Su tocado se compone, en el invierno, de un gorro de tela guarnecido de pieles, y en el estío, de una especie de sombrero de junco ó bambú sumamente ancho y terminado en punta. Las mujeres, particularmente las ricas, se distinguen por el hermoso color de su cutis. Visten según el rango que ocupan sus maridos: el vestido consiste en un traje largo ó talar, con mangas anchas; calzón y una especie de zagalejo plegado. Las niñas llevan el pelo completamente suelto; las mozas, en forma de trenza, colgando sobre la espalda; las casadas, recogido ó rollado sobre la cabeza. Las chinas usan también flores en el tocado; se dejan crecer las uñas de la mano izquierda, especialmente, la del dedo meñique, y ponen un particular cuidado en que los piés no adquieran el menor desarrollo. Al efecto, los comprimen fuertemente, desde niñas, envolviéndolos en una especie de vendas ó fajas; consiguiendo de este modo que el pie permanezca casi en el mismo estado que al nacer, salva una pequeña hinchazón que se forma sobre el empeine y tobillo. Las chinas andan con alguna dificultad y se sostienen sobre los talones.—La marcada afición á las grandes reuniones y fiestas tumultuosas que se observa en los habitantes de PEKÍN, constituye quizá el único rasgo que les distingue de los demás del imperio. En general muestran también cierta predilección por todo aquello que recrea los sentidos ó que tiene algo de misterioso ó sobrenatural; así aman con delirio las brujerías, los juegos de prestidigitación, la música y el teatro. Este último entretenimiento es más bien tolerado que permitido; las salas destinadas á este género de espectáculos están colocadas al nivel de las casas de prostitución y relegadas á los arrabales. Los paseos públicos se ven muy frecuentados y las gentes distinguidas concurren á ellos montados en elegantes carruajes ó en magníficos corceles. En el interior se encuentran estacionados coches de dos ruedas, cubiertos y forrados de telas de seda y de terciopelo y tirados por un caballo ó por un mulo. Los grandes y las damas se sirven de literas ó sillas de manos, previa autorización del emperador, precedidas de un hombre á caballo, que va abriendo paso entre la muchedumbre. Finalmente, los hombres muestran gran pasión por las riquezas, y, para adquirirlas, desplegan un genio eminentemente industrioso y delicado; las mujeres salen pocas veces y siempre con el rostro cubierto. 18. Clima.—El de PEkíN es muy sano: las enfermedades epidémicas son raras; los estragos de la peste, desconocidos. El otoño está considerado como la estación más agradable del año; en la primavera suelen desencadenarse grandes tormentas; los inviernos deben ser rigurosos y prolongados, cuando los hielos de los ríos y de los lagos resisten el tránsito de los elefantes. 19. A lrededores.— Aparte la extraordinaria extensión de su recinto, cuenta PEKÍN 12 arrabales de unas dos millas de largo cada uno; en sus alrededores, que son bellísimos, está situado Fuan-hing-yaen, espléndida residencia del soberano, y al Norte de la capital, á una distancia de 48 kilómetros, se eleva imponente la gran muralla, que, desde el golfo de Pe

cheli, se extiende hacia el Occidente sobre una longitud de 2.600 kilómetros, con 8 metros de altura y tan ancha, que por su superficie pueden correr de frente hasta seis jinetes. Este admirable antemural fué construido para contener las invasiones de los tártaros ó mancheves, los cuales lograron, sin embargo, invadir la China y sentarse en el trono que actualmente ocupan. 20. Historia.—Los comienzos de la historia de PERÍN aparecen envueltos en la oscuridad más absoluta. La población, edificada, según los chinos, entre 1200 y 1100 antes de nuestra era, ha cambiado frecuentemente de nombre. Por esta época llegó á ser la capital del reino particular de Yan, bajo la denominación de Tsi; pero el año 222 desapareció este reino y PEKÍN perdió su capitalidad. En 938, Jokousi, segundo emperador de los Ridans, la hizo su capital del Mediodía y la llamó Si-Tsin. En 1267, después de la conquista mongola, Khoubilai, hijo de Gengis-Khan, echó los cimientos de su capital, cerca de aquella primera población, é hizo importantes construcciones: las dos nuevas ciudades tomaron el nombre de Kambalox (ciudad imperial), en chino, King-Tching. La dinastía mongola del Youán, fundada por Khoubilai, continuó residiendo en esta capital hasta su expulsión del territorio chino, en 1367. El tercer emperador de la dinastía chinesca de los Mingquitta, en 1421, trasladó su corte de Nan-King á PEKÍN, desde cuya época ha continuado éste sin interrupción siendo la capital del imperio. Marco Polo fué el primer europeo que visitó aquella población. A mediados del siglo XVII (1644) se estableció en ella la dinastía mandchoue de los Thsing. En 1860, un cuerpo expedicionario franco-inglés retó al ejército chino delante de las murallas de la ciudad, y el 25 de Octubre del mismo año, los embajadores de Francia é Inglaterra firmaron en PEkÍN un tratado de paz y de comercio con el primer hong, delegado del emperador. El país, cuya reseña terminamos, está sujeto á terribles terremotos: uno, que se dejó sentir en 1662, ocasionó la muerte á unas 300.000 personas; y otro, que tuvo lugar en 1672, hizo perecer á más de 100.000. Por consiguiente, en el transcurso de diez años los terremotos hicieron cuatrocientas mil víctimas.

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