Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Pascal (Blas)

tomo 4 · página 118 · ver la página del original

Pascal (Blas). Célebre geómetra, filósofo y literato francés, que nació

en 1623 y murió en 1662. A la edad de doce años descubrió, sin ayuda de ningún libro, las primeras proposiciones de la geometría, entre ellas, la XXXII de Euclides; á los 16 años compuso un Tratado de las secciones cónicas; y á los 18, una máguina aritmética, la primera que ha efectuado exactamente las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética. Encontró en 1658 el triángulo aritmético, y después de haber establecido hacia la misma época las primeras bases del cálculo de las probabilidades, dió sobre la cicloide la solución de los problemas más difíciles que se habían tratado de resolver sin el auxilio del cálculo infinitesimal. Sus Experimentos sobre el vacto y sobre la gravedad del aire aumentaron su gloria, que coronó el Tratado del equilibrio de los líquidos. La famosa disputa entre los jansenistas y los jesuitas abrió un nuevo camino á su talento. Escribió contra estos últimos sus Cartas provinciales, que constituyen uno de los modelos más apreciados de la lengua francesa. En 1670 se publicaron los Pensamientos, los cuales revelaron la última fase de la vida de aquel grande hombre, que acabó de una manera deplorable. Sus últimos años ofrecen el espectáculo del escepticismo filosófico, luchando con la fe religiosa; tan pronto se mostraba incrédulo hasta el extremo, como creyente hasta la superstición.

Murió, asediado de visiones horribles, en la soledad de Port-Royal. (SALA).

Reseña.—Ningún hombre de ninguna época le excedió en pensar, en querer y en sufrir. ¡Ay! Cuando no bastara su gloria; cuando no bastara su genio, ¿no bastaría su infinita mortificación? ¿Quién le acusa? ¿Quién le condena? ¿Quién le odia? ¡Adiós, Blas PASCAL! No extrañen nuestros ilustrados lectores el que seamos un tanto prolijos, porque nos importa grandemente deslindar la vida de nuestro personaje 1. Nació en Clermont-Ferrant el día 19 de Junio de 1623. 2. Murió en Paris el 19 de Agosto de 1662, á los 38 años y 10 meses. 3. Su padre, Esteban Pascal, presidente del tribunal de Casación de Clermont (que murió en 1651), se retiró á Paris en 1631, cuando el personaje de esta biografía contaba 8 años, para dirigir por sí propio la educación de su hijo, cuya precocidad le maravillaba. Esteban PASCAL no intentaba hacer un hombre de ciencia, sino un hombre de arte; no un sabio modesto, sino un talento ruidoso, un ingenio deslumbrador. En una palabra, animado por la santa y funesta pasión de los padres, buscaba en su hijo, no la gloria de los portentos, sino los portentos de la gloria. Pero su hijo BLas, que sentía afición por los cálculos y las curvas, contrajo amistad íntima con Roverbal, el padre Marssena y otros sabios de entonces, cuyas reuniones literarias fueron la cuna de la futura A cademia de Ciencias. Nuestro niño adquirió allí una viva pasión por las matemáticas, mal grado el afán de su padre que, deseoso de que se dedicara al estudio de los idiomas, no quiso darle á conocer los principios elementales de aquella ciencia. A los 12 años, sin otra base que una simple definición que se le había dado sobre el objeto de la geometría, descubrió hasta la proposición XXXII de Euclides, según se consigna en el texto que arriba insertamos. 4. A los 16 años escribió en latín un Tratado de las secciones cónicas, en que se halla resumido cuanto se sabía desde Apolonio de Perge, y cuya elegancia y apostura de estilo llamó la atención de Descartes. 5. Poco tiempo después, habiendo sido nombrado su padre intendente de Rouen (Ruan), gracias á la amistad que le unía con Richelieu, concibió é hizo construir una máguina aritmética para la simplificación de los cálculos, instrumento más difícil y maravilloso que útil, el cual le costó tal trabajo, que desde la edad de 18 años empezó á resentirse su salud. 6. En la misma ciudad inventó también la prensa hidráulica y los medios de locomoción aplicados á los vehículos. 7. El mismo espíritu de invención le llevó, hacia el fin de su vida, á tomar á su cargo una empresa de coches, á real el asiento, que fué el primer ensayo de los modernos ómnibus. 8. De 1646 á 1648, hizo en la Puyde-Dome (y repitió después en Rouen, así como en la torre de Saint-Jacquesla-Boucherie, de París) notables experiencias barométricas, que confirmaron los preciosos descubrimientos de Galileo, Torricelli y Descartes acerca de la ponderabilidad del aire atmosférico. 9. Estos importantes experimentos le suministraron la fecunda idea de aplicar el barómetro como instrumento de nivelación; y después, á otros estudios, para determinar la presión de los flúidos y fijar las leyes del equilibrio. 10. Sus experiencias respecto al vacío, aparecieron en 1647, cuando apenas contaba 24 años, y fueron atacadas por el padre Noël, jesuita erigido en campeon de la antigua ciencia. A sus ataques contestó PASCAL con aquella soltura y facilidad de concepto, con aquella gracia de locución, con aquella crítica galana, con aquel sarcasmo sutil y primoroso, en que ya se anuncia el consumado autor de las Provinciales. 11. En 1654 enriqueció sus descubrimientos anteriores con el del triángulo aritmético, para obtener la formación de las coeficientes de las potencias, poniéndole casi en camino de encontrar la célebre fórmula del binomio de Nemton. 12. Por este tiempo debió escribir los tres tratados, en que se exponen matemáticamente ciertas combinaciones numéricas en los juegos de azar, en los cuales sentó las verdaderas bases del cálculo de las probabilidades. 13. En 1858, para distraerse de los insoportables padecimientos físicos que le atormentaban, estudió las propiedades de las curvas: y particularmente, del cicloide, de que se habían ocupado Galileo, Torricelli, Descartes y Fermat. PASCAL completó las investigaciones de aquellos sabios, propuso y resolvió los más difíciles problemas y dió á la estampa el resultado de aquel gran trabajo en su Tratado general del cicloide, con el cual coronó sus descubrimientos científicos, mereciendo que se le contara entre los ilustres inventores de la geometría del espacio. 14. Pero la geometría no era otra cosa que una especie de oficio mecánico para aquel hombre singular, cuyo talento le llamaba más bien á las controversias dogmáticas y filosóficas. Las querellas del jansenismo y del molinismo, tan famosas entonces, le ofrecían un ancho campo; y no tardó en hallar manera de ilustrar aquellas cuestiones con una lógica irresistible. Ya desde el año 1646, había ingresado en el partido ó secta de Jansenio, en compañía de su padre y de sus hermanas; aunque debe advertirse que el ejemplo de su hermana menor, Jaquelina, hubo de ser el que precipitara su propia y definitiva conversión. 15. Nuestro personaje no pasaba de ser un hombre instruido medianamente en las materias de teología; pero estaba dotado de tal vigor de argumentación y de una elocuencia tan impetuosa, que bien pronto fué en la escuela de Arnaldo, de Saci y de Nicolás, la primera palanca del partido. 16. En 1656, en lo más recio de las discusiones sobre la Gracia y sobre el Libro de Jansenio, Arnaldo fué condenado por la Sorbona y excluído de aquella escuela, atribuyéndose su condena á la influencia de los jesuitas. Entonces fué cuando, para vengarle, secundado por Port-Royal, escribió las Cartas de Luis de Montalto á un provincial amigo suyo y á los RR. PP. jesuitas, sobre la moral y política de su orden, obra que ha pasado á la posteridad bajo el nombre de Cartas pro I’vinciales. Estas cartas son diez y ocho y aparecieron sucesivamente desde Enero de 1656 hasta Marzo de 1657. Las cuatro primeras no tienen otro objeto que las disputas sobre la Gracia y las censuras fulminadas contra Arnaldo; pero en las restantes, ataca de un modo directo á los jesuitas; pone de relieve los errores de su doctrina sobre el probabilismo; los defectos de su casuística, de su política y de su moral; en fin, los combate por medio del ridículo y de la invectiva con una elevación de pensamiento, una delicadeza de expresión, una fuerza cómica, uná crítica amarga, sutil, profunda, inexorable, desconocida por completo hasta entonces, en que no hace tanto daño con lo que se atreve

á decir, como con lo que deja adivinar; y más aún, con lo que permite entrever. La literatura no conoce un ejemplo más atildado y hábil de dialéctica. Las Cartas provinciales pueden ser objetadas en cuanto á la justicia de las acusaciones que formulan; pero ni los odios de escuela han puesto en tela de juicio su inmenso valor literario. Pocas obras, acaso ninguna, han contribuido tan poderosamente á crear el fondo y la indole de la lengua francesa, dando el modelo de una elocuencia originalísima, inspirada en la variedad de la naturaleza y en los encantos de la sencillez. Pero nuestro autor hizo más; y en esto consiste el gran título de su gloria. BLAS PASCAL parece haber creado la emoción y la lógica de lo que pensaba y de lo que decía; la psicología y la estética de la locución; lo que pudiéramos llamar el sentimiento de la palabra; una especie de filosofía del lenguaje. En la lengua de nuestro autor hallamos dos cosas: la lengua y su genio. 17. Las Cartas provinciales, monumento, curiosidad y escándalo del siglo XVII, fueron objetadas, como no pudo menos de suceder, por infinidad de escritores; la corte de Roma las condenó en 1657; el Parlamento de Aix y el Consejo de Estado las hicieron quemar por mano del verdugo; la Sorbona, entre despechada y aturdida, puso en conmoción á todos sus doctores; pero las Cartas provinciales habían visto la luz del día y todo fué inútil. El público, que parece que no sabe nada y lo sabe todo, había aprendido de memoria muchos pasajes de aquella preciosa literatura; y al poco tiempo, ya existían traducciones en casi todos los idiomas, haciéndose notable entre ellas la traducción latina que dió á la estampa Nicolás, bajo el pseudónimo de Wendrock. En cuanto á la quema por mano del verdugo, excusado parece decir que los resplandores de la hoguera no hicieron otra cosa que alumbrar el libro, agregando, para mayor abundamiento, el aliciente de la prohibición al aliciente de la belleza. 18. Una polémica más grave, más interior, más afirmativa, más creyente, más útil, ocupó los últimos años de PASCAL, en los intervalos que le dejaban sus horribles padecimientos y las prácticas de una existencia consagrada á las más duras pruebas de austeridad. Esta magnífica polémica, más luminosa que magnífica, tuvo por objeto hacer la apología de los augustos dogmas cristianos contra los escépticos, más numerosos á la sazón y más temibles para la verdad religiosa que los mismos herejes. Con su vehemencia de costumbre, con aquella pasión vivificadora que era el arcano de su talento, se ocupó en recoger todos los cargos de la incredulidad, para destruirlos uno á uno por medio de una crítica razonada, puesta al servicio de la fe, proponiéndose levantar la noción divina sobre las ruinas de la filosofía humana. Con tan fecundo y trascendental pensamiento llevó el principio religioso hasta sus últimas consecuencias, ora con la severidad de un jansenita, ora con la fuerza de deducción que la geometría había comunicado á su grande espíritu, ora con el amor inmaculado del que no esperaba otra recompensa que la corona de sus ideas y de sus dolores. Cuando el hombre es muy desgraciado dentro de su vida, el cielo le da una ventura que no alcauza nadie: la inocencia de la esperanza, ó la esperanza de la inocencia. BLAS PASCAL era tan desgraciado dentro de sí mismo, que murió como un inocente. 19. Cuando estaba más empeñado en aquella inmensa elaboración, Dios le Ilamó á sí, sucumbiendo á las terribles enfermedades que, desde su más tierna juventud, venían consumiendo sus fuerzas y aniquilando su cerebro, aunque su razón no se alteró un punto, como se ha querido suponer. 20. La iglesia de San Esteban del Monte, que era su parroquia, acogió los despojos del hombre insigne que, en su breve pasaje por la tierra, prestó más servicios á las matemáticas, á la literatura y á la filosofía, que ua gran parte de su generación. 21. El fondo del carácter de nuestro personaje era el fondo de todo carácter francés; un tanto ligero y apasionado; pero apasionado de un modo singular; es decir, dando á sus pasiones cierto viso, ora dramático, ora cómico. En cuanto á su carácter propio, personal, nuestro autor era un hombre de intentos elevados, de bondadosas disposiciones, de prendas bellísimas, lleno de mansedumbre, de ternura, de unción, hasta el punto de que su caridad era inagotable, á pesar de que no tenía para poder ser caritativo. Cuando solía echársele en cara que daba á los pobres, careciendo él de lo preciso, respondía: «He advertido que, por pobre que uno sea, siempre le queda algo.» 22. Una admirable profesión de fe, que dejó escrita por fortuna, comienza con estos vocablos: «Amo la pobreza, porque Jesucristo la amaba, Amo los bienes terrenales, porque con nos se tiene er hred io ue renteufar las desgracias del prójimo.» 23. Sus amigos de Port-Royal, á quienes había expuesto en sus conversaciones familiares casi todo el plan de su grande obra sobre la religión cristiana, buscaron en balde el boceto de aquella obra entre sus papeles. Lo único que encontraron, fué un informe montón de notas inconexas, de reflexiones hechas al acaso y de frases apenas formuladas; huellas luminosas, pero casi invisibles, de sus continuas meditaciones. Entre aquellas ideas diseminadas, apenas pudieron coleccionar algunos pasajes más acabados; pero aquellos pasajes les parecieron tan excelentes, que acabaron por darlos á luz, en 1670, con un prefacio en que, tratando de explicar el plan que seguían, intercalaban ciertos fragmentos que querían salvar del olvido. Esta publicación muy incompleta y poco exacta, se aumentó, en el siglo XVIII, con diversos trozos facilitados por el padre Desmolets, en 1728; por Condorcet, en 1776; y por Bossut, en 1779. Sin embargo, todas las ediciones no produjeron más que un texto alterado y falto de verdad, hasta que, en 1842, M. Cousin, en su elocuente informe á la Academia Francesa, señaló las incorrecciones sin cuento que, desde la primera impresión, desfiguraban la obra póstuma de PASCAL, sin embargo de existir en la Biblioteca Real el manuscrito autógrafo. En 1844, M. Pr. Faugère publicó la primera edición, con arreglo á los manuscritos originales, y con ella inició una controversia, pendiente todavía, sobre el espíritu del filósofo. La obra de que hablamos, es la conocida bajo el título de Pensamientos, últimos suspiros de aquel grande hombre, hermosas despedidas de aquella existencia incomprensible. 24. Las obras completas de PASCAL, comprendiendo sus escritos cientificos, fueron publicadas por Bossut, en 1779, y por Lefèvre, en 1819. 25. Entre las muchas obras que se ocupan del personaje de esta biografía, merecen citarse: PASCAL considerado como escritor y como moralista, por Villemain; PASCAL, su vida, su carácter, sus obras y su genio, por el abate Maynard, y una Vida suya escrita en alemán por el doctor Renchlin. 26. La hermana mayor de PASCAL, Gilberta (madame Périer), que nació en 1620 y murió en 1687, dejó otra Vida de su hermano que se encuentra en varias ediciones de los Pensamientos. 27. Al hijo de Gilberta, Esteban Périer, y á su hermana Margarita, se deben preciosos documentos acerca de PASCAL y de los suyos. 28. Su otra hermana, Jaquelina, digna de él por la brillantez de su talento, que nació en 1625, fué religiosa en Port-Royal desde 1652, á los 27 años, y murió el á de Octubre de 1661. De ella se conservan aún algunos versos, algunas cartas, verdaderamente magistrales, y diversos opúsculos recogidos por Faugère y por Cousin, en su obra titulada: Jaguelina PASCAL (París, 1849). 29. Juicio.—Tratándose de las grandes capacidades científicas y filosóficas del siglo XVII, decimos que PASCAL no es inferior á nadie como pensador, que es igual á muchos por la extensión de su inteligencia, y superior á todos por su sentimiento de forma; es decir, en materia de arte, de invención y de genio. Es un organismo mental, si así puede decirse, cuya universalidad portentosa está en contacto simultáneamente con la figura de la geometría, con la gala de la retórica, con la creación de la ciencia, casi con el agüero de la imaginación,

abarcando con igual soltura la línea, la imagen, la demostración, la sentencia, casi la cábala. 30. No faltan autores que manifiestan cierto prurito por presentarnos los últimos momentos de nuestro personaje bajo los tormentos de la duda, como si su espíritu gimiese entre los delirios de una esperanza incierta. En tal pintura hay seguramente exageración. La mayor parte de los Pensamientos brotó del alma de PASCAL en aquellas luchas de su agonía; y sus Pensamientos patentizan que aquel alma, tan alumbrada por los resplandores del cielo, no pudo dejar de tener en su hora extrema algún celeste resplandor. Entre los profundos é infinitos consuelos de la fe, nunca pudo faltarle la divina luz de la caridad. Se nos dirá acaso que profesó doctrinas peligrosas; se argüirá tal vez que era jansenista; pero ¿qué importa ser jansenista para levantar nuestras aspiraciones al santo ideal de una idea suprema, entrando á ser partícipes de la misericordia de Dios? ¡Era jansenista! Nosotros contestamos que Dios es más grande que Jansenio.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Pascal (Blas)», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/pascal-blas.