Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Pablar

tomo 4 · página 4 · ver la página del original

Pablar. Activo familiar. Voz que sólo tiene uso en las frases NI HABLAR NI PABLAR; NI HABLA NI PABLA. Pablo (SAN). SAULO, después PA LO Ó PABLO, nació de padres judíos en Tarso de Cilicia, colonia romana, cuyos naturales gozaban el derecho de ciudadanos en Roma. Instruído en las letras hebreas desde sus más tiernos años, se aplicó luego al estudio de las griegas, que florecían en su patria con tanto primor como en la misma Atenas. Para perfeccionarse más en la doctrina de la ley y en las tradiciones de los ancianos, pasó á Jerusalén, y siguiendo la escuela de los fariseos, salió eminente, bajo la dirección y magisterio del célebre Gamaliel; y se mostró siempre ardiente celador del judaísmo hasta el tiempo de su maravillosa y extraordinaria conversión. Hecho discípulo de Cristo y apóstol de las gentes, y escogido como vaso de elección para anunciar al mundo los misterios de la redención y de la gracia, ejercitó su alto ministerio conforme á su divina vocación, pasando de ciudad en ciudad, y de provincia en provincia, por las regiones principales del Oriente, fundando iglesias, ordenando obispos y ministros, y predicando el Evangelio en todas partes con inmensas fatigas; pero: también con inmenso fruto, y con la más rápida y admirable propagación de la religión cristiana, como queda referido puntualmente en los Hechos de los A póstoles, desde su conversión hasta su traslación á Roma, adonde fué conducido por la apelación que interpuso al César. Los dos años que estuvo preso en aquella ciudad, tuvo la libertad de predicar é instruir en la fe á cuantos concurrían á él; y aunque los judíos que allí habitaban, se obstinaron en su incredulidad, muchos de los gentiles abrieron los ojos á la luz de la verdad, que les anunciaba el santo apóstol con tanto espíritu y unción, y logró introducir el Evangelio hasta dentro del palacio y en la misma familia del emperador, haciendo que triunfase la cruz de Cristo en aquella populosa ciudad, emporio de la vanidad y de la superstición. Salió por fin libre PABLo de la prisión, y desde luego emprendió nuevos viajes para alumbrar también á las naciones del Occidente, que estaban sepultadas en las tinieblas de la idolatría; y una de las principales, que ilustró por este tiempo, conforme á lo que ya tenía prometido, fué nuestra España, la cual adelantó mucho en la doctrina evangélica, que poco antes había recibido, con la visita de tan grande apóstol. Desde estas provincias volvió á las de Oriente, y después de haber predicado el Evangelio en Candia, dejó á Tito en aquella isla para el establecimiento de sus iglesias y provisión de ministros que las gobernasen. Partió desde allí á Palestina, cumpliendo á los hebreos lo que les tenía ofrecido; y luego, á Colossa, en donde se detuvo algún tiempo en casa de Filemón, que lo aguardaba; y en Efeso dejó á Timoteo encargado de toda la Asia. Visitó las iglesias de Macedonia; y en especial, la de Filipos, y también las de Troade y Mileto, y además las de Antioquía de Pisidia, y las de Listro y de Iconio, sufriendo toda suerte de persecuciones y trabajos por confirmar en la fe á los discípulos, y convertir de nuevo á muchos gentiles y judíos, hecho todo para hacerlos salvos á todos. Pero acercándose ya el tiempo de consumar su obra con el sacrificio de su vida por Cristo, volvió á Roma desde el Asia, y pasando por Corinto, dejó en esta ciudad á Erasto, uno de sus más amados discípulos. En el año 65 de la era vulgar llegó á aquella capital del mundo, en la que había fijado su silla y residía el príncipe de los apóstoles, san Pedro; y ambos se juntaron para combatir últimamente á los judíos en las sinagogas; y á los gentiles, en las plazas públicas, y fué entre todos muy glorioso el triunfo que consiguieron contra la impiedad de Simón Mago, á quien con sus oraciones hicieron caer muerto á vista de todo el pueblo, cuando este impostor se había levantado en el aire por obra del demonio. Este milagro acabó de irritar la crueldad del emperador Nerón y mandó prender á los santos apóstoles. Y SAN PARLO, en medio de las cadenas, anunciaba el Evangelio con entera libertad á las gentes de todas las naciones, que se hallaban como reunidas en aquella ciudad, que era metrópoli común, y le asistió con grande amor y fidelidad todo el tiempo de su prisión Onesíforo, que acababa de llegar del Asia; hasta que en el día 29 de Junio del año 66 le fué cortada la cabeza por orden del tirano, confirmando con este glorioso martirio la fe de Jesucristo, que con tanto ardor había promulgado y extendido por el mundo; y en el mismo día y por la misma causa fué crucificado san Pedro. No se contentó PaBLo con instruir á los presentes en sus dilatadas peregrinaciones; extendió su celo á los ausentes y á todos los siglos venideros, dejando explicada á los fieles la doctrina del Evangelio y los misterios de Jesucristo, en 14 cartas, las que toda la Iglesia ha venerado siempre, como dictadas por el Espíritu Santo para la común edificación. Y aunque en nuestras Biblias están colocadas según la dignidad de las iglesias y personas á que se dirigieron; pero en la opinión común de los doctos fueron escritas por el orden que sigue:

AÑOS DE LA ERA VULGAR A los Thessalonicenses, dos.... año 52 A los Corinthios, dos........... 66 y A los Gálatas, una............... 6 A los Romanos, una........... A los de Epheso, una........ A los Philipenses, una........ A los Colossenses, una.......... A os Hlereos, una.............

Tito, una....... A Timotheo, la primera....... A Timotheo, la segunda........ En su lugar diremos el motivo por qué fué escrita cada una de ellas y su argumento. Otros muchos escritos se publicaron en los primeros siglos y se atribuyeron á SAN PABLO; pero la Iglesia sólo ha tenido por legítimos y canónicos, los que quedan mencionados, y en su lectura hallarán los fieles aquella doctrina, que aviva la fe, enciende la caridad y excita en los corazones dóciles un tierno y fuerte amor á Jesucristo. Todos los santos padres de la Iglesia fueron muy aficionados á los escritos del grande apóstol de las gentes; y particularmente, san Juan Crisóstomo, en quien se puede ver lo que aquí se omite. (EL PADRE SCIO DE SAN MIGUEL.)

Reseña.—1. Nació el año segundo antes de Jesucristo. 2. Era hijo de una familia judía de la tribu de Benjamín. 3. SaULo se distinguía por un odio violentísimo contra los cristianos, manifestado muchas veces por medio de crueles persecuciones. 4. El sumo sacerdote de los judíos, admirando su celo, le envió á Damasco con una misión contra la nueva fe; pero aconteció que en el camino, según cuenta la tradición, le deslumbró una ráfaga de luz celeste y le derribó del caballo, oyendo al mismo tiempo una voz que decía: «¡Saulo! ¡Saulo! ¿por qué me persigues?» Aquella voz era la de Jesús, el cual le ordenó levantarse y pasar á Damasco, en donde sabría su voluntad. 5. En Damasco recibió el bautismo. 6. Desde allí pasó á predicar el Evangelio á Jerusalén, Cesarea, Chipre y Paphos, en donde convirtió al procónsul Sergio Paulo, de quien se dice que recibió su nombre. 7. Fué apedreado en Iconio. 8. Predicó también en Cilicia, Perga, Siria, Frigia y Galacia. 9. De vuelta á Jerusalén, adonde le habían enviado los fieles de Antioquía, hizo prevalecer su opinión sobre la de San Pedro, en la cuestión relativa á la manera con que los judios conversos debían celebrar las ceremonias de la ley de Moisés. 10. Desde allí recorrió, con su compañero Silas, diversas provincias del Asia menor. 11. En seguida fué á Atenas, en donde habló ante el Areópago, con una elocuencia de que ni la misma antigüedad griega tenía ejemplo. 12. A su regreso á Jerusalén, en el año 58, fué detenido y puesto en prisión, durante dos años, por el gobernador Félix; y, á instancia suya, enviado á Roma para ser juzgado por el emperador. 13. Sufrió el martirio á los 68 años de edad. 14. Sus restos fueron sepultados en el camino de Ostia, y transportados mucho después á la cripta de la basílica de San Pedro, en Roma. 15. Las Cartas á Séneca, la Vida de Santa Tecla, un Apocalipsis y un Evangelio, que se le han atribuido, carecen por completo de autenticidad. 16. San Agustín le considera como el apóstol que ha escrito con más profundidad, extensión y elocuencia. 17. Bossuet decía que si todas las pruebas del cristianismo desapareciesen, las Epístolas de SAN PABLO bastarían para demostrar la santa verdad de sus doctrinas. 18. SAN PABLO era lo que entonces se llamaba maestro de tiendas; esto es, tiendas de campaña, y los trabajos de su industria le agenciaron siempre su modo de vivir. 19. La historia del mundo no nos presenta nada igual á la figura de aquel apóstol, que vive en todas partes, que todo lo llena, caminando á pie, de día y de noche, atravesando valles, montañas, precipicios, desiertos, entre torrentes y tempestades, sin más tesoros que su trabajo manual, sin más insignias que su cayado y su capote, sin más prestigio que su fe, sin más autoridad sensible que su inspiración y su ciencia. No se comprende en realidad como el débil hilo de la vida de un hombre pudo convertirse en aquella misteriosa tela de araña, que parecía cubrir el globo y multiplicarse en toda la tierra. 20. La tradición piadosa marcó el paraje donde tuvo lugar la cristofanía del Apóstol, en el camino de Damasco. Cuando se llega á la ciudad, muéstrase aún á los peregrinos cristianos un paredón desnudo, que tiene una ventana á cierta altura considerable, por la cual, metido en un cesto, se evadió SAN PABLO de sus prisiones. 21. No tenemos ánimo para resistir á la tentación de decir algo sobre una de sus Epístolas. Onésimo, esclavo en casa del frigio Filemón, en la ciudad de Colossas, comete un hurto en casa de su amo y huye al Lacio, temiendo el castigo. Cuando llegó el Apóstol á la ciudad eterna, halla en sus prisiones á Onésimo, quien implora la piedad de SAN PABLO. El Apóstol le catequiza y le envía á Filemón con una carta, en donde se leen los siguientes párrafos: «Te ruego por mi hijo Onésimo, al que yo he engendrado en las prisiones.» «Y tú recíbelo como á mis entrañas.» «Y si algún daño te hizo, ó te debe algo, apúntalo á mi cuenta.» Cuando queremos tocar el urdimbre de estas locuciones, no sabemos cómo está tejida aquella poderosa palabra. Nadie habla ni escribe con el Apóstol, porque nadie piensa ni siente como él. Filemón recibe su carta y le envía nuevamente á Onésimo, que ocupó el obispado de Berea, en la Macedonia, y acabó en el martirio. De un miserable esclavo; de un hombre criminal; en fin, de un ladrón, hizo el Apóstol un obispo y un mártir. ¡Ah! Crear conciencias en las sombras del caos, arrancar vidas á la nada, es ser casi tanto como Dios. 22. El hacha del verdugo siega la cabeza del Apóstol, bajo las bárbaras sospechas de Nerón. ¡Tarea inútil! Aquella cabeza, separada del tronco, rodando por las calles de la ciudad, manchando con sangre inocente las piedras de Roma, pensaba entonces, piensa hoy, pensará siempre en toda la humanidad cristiana. «Para dar gusto al tirano, su cabeza al fin rodó, y su cabeza pensó en todo el género humano.» Excepción hecha del divino Jesús, como se supone, el apóstol de estos apuntes es positivamente la gran figura entre las figuras más grandes del cristianismo. Ninguno de aque Ilos inmensos apóstoles reune un pensamiento tan profundo, un espiritu tan organizador, un ajuste tan práctico, una fe tan ardiente, una vocación tan universal y una palabra tan sublime. No parece sino que la sombra de PabLo el APÓSTOL, levantándose de su sepulcro tres siglos después, llamó la cruz de Constantino desde las catacumbas de los mártires. Pablo (SAN). Primer ermitaño, que nació en 229. Se retiró á los 22 años á los desiertos de la Tebaida, huyendo de las persecuciones de Decio, y allí pasó toda su vida en una gruta, vestido de hojas de palmera y alimentándose con sus frutos. En los últimos años de su vida tuvo por compañero á san Antonio Abad, á quien envió á buscar el manto de san Anastasio. Cuando aquel volvió, san PaBLO había ya muerto, á los 113 años de edad, el 341.

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