Roque Barcia · 1880-1883
Oceania
tomo 3 · página 971 · ver la página del original
Oceania. Femenino. Geografia. La quinta parte del mundo, compuesta de las islas del Grande Océano.
ETIMOLOGÍA. Océano: latin, Oceania; francés, Océanie; catalán, Oceanía. 1. Noticias preliminares.—Compréndese bajo aquella denominación la multitud de archipiélagos que se encuentran diseminados en las aguas del Pacífico, entre las costas del Asia y las de América, cuyo portentoso conjunto de tierras ha sido considerado como una quinta parte de nuestro planeta. Su superficie está compuesta únicamente de numerosas islas, más ó menos considerables. La principal de ellas, que es propiamente el quinto continente, se llamó en un principio Nueva Holanda, por haber sido descubierta por los holandeses, y en la actualidad lleva el nombre de Australia. Este mundo marítimo parece formado de los restos de una inmensa catástrofe desconocida, de un gran continente sumergido, de un vastisimo mundo desplomado, cuyos escombros ocupan la enorme extensión de más de 20.000 kilómetros, sólo desde la punta de Achem hasta más allá de la isla de Pascuas. A través de aquel imponente y curioso dédalo de islas, se distingue un inmenso sistema de montes, cuya cadena principal parte de la península de Malaca, á la que siguen las islas de la Sonda, la Nueva Guinea, la Nueva Holanda y la tierra de Van-Diemen. La Polinesia, una de las divisiones de la OCEANÍA, constituye por si sola otra cadena, en cuyas extremidades Sudeste y Noroeste se encuentran respectivamente las islas de Pascuas y las de Monin-sima, Munin-sima, ó Bonin-sima, en el archipiélago de Magallanes. En la mayor parte de aquellas islas, cuyos moradores se hallan en la ignorancia más absoluta acerca del arribo y establecimiento de las primitivas colonias, son desconocidas las artes, las ciencias, la industria, el comercio y cuantos elementos contribuyen á la vida social; pudiendo casi afirmarse que la OCEANÍA, hecha excepción de las colonias, es la parte menos culta y civilizada del globo que habitamos.
DESCRIPCIÓN GENERAL DELAOCEANIA GEOGRAFÍA FÍSICA 2. Situación astronómica.—Esta parte del mundo se extiende desde el paralelo 35 de latitud septentrional hasta el polo antártico, y desde el 97 de longitud Este hasta el 111° Oeste, comprendiendo todas las islas diseminadas en el Grande Océano, que no pertenecen geográficamente al Asia ni á América.
3. Confines.—La OCEANÍA tiene el Asia, al Norte; la América, al Oriente; el Océano antártico, al Mediodía, y el Africa, al Occidente.
4. Area.—La extensión comprendida en los anteriores límites, presenta próximamente una longitud de 26.000 kilómetros, una anchura de 14.000 y una superficie que pasa de 13.000.000 de kilómetros cuadrados (trece millones); de los cuales corresponden á la Nueva Holanda unos 7.800.000, cuya cifra viene á representar como las tres cuartas partes de la superficie de Europa.
5. Climatología.— La temperatura de esta parte del globo varía ordinariamente con las latitudes; sin embargo, ni el calor es extremado en las grandes tierras, como la Nueva Holanda, ni el frío excesivo en las comarcas extremas: las islas muy elevadas disfrutan de una primavera perpetua, al par que las que se encuentran bajo los trópicos, hallan templada su atmósfera con las frescas brisas del continente.
6. Mares.—Todas las tierras que constituyen la OCEANÍA están bañadas: por el Grande Océano, que forma el mar de la China, separándola del Asia; el mar de Java, entre Sumatra, Java y Borneo; el mar de Célebes, al Norte de la isla de la Sonda; el de las Filipinas ó Solá, entre Mindanao y Paragoa; el de las Molucas, entre Célebes y Nueva Guinea; el de Lanchidol, al Norte de la Nueva Holanda, y el del Coral, peligrosísimo por sus arrecifes de corales, entre la isla Carpentaria y el grupo de la Nueva Caledonia.
7. Estrechos. — Los más notables son: el de Malaca, entre esta península y Sumatra; el de la Sonda, que separa á Sumatra y Java; el de Mahassar, entre Célebes y Borneo; el de Torres, entre la Nueva Guinea y la Nueva Holanda; el de Bass, entre ésta y la tierra de Van-Diemen; el de Banka, entre la isla de este nombre y Sumatra, y el de Cook, entre las dos grandes islas de la Nueva Zelanda. 8. Orogra fía.—Ninguna de las cinco partes en que se halla dividido nuestro globo, se presenta más erizada de montañas que la OCEANÍA. Sus cordilleras se dirigen todas de Norte á Mediodía, como obedeciendo al vasto sistema orográfico del Asia, verdadero prodigio de la creación. Entre sus puntos más culminantes, figuran: en el archipiélago de Sandwich, el Mouna-Roa, de 4.842 metros de elevación sobre el nivel del mar; en la isla de Sumatra, el Gunong-Kosumbra, de 4.577, y el monte Ofir, situado bajo del ecuador, de 4.225; en Java, el Prahón, de 3.900; en Tahiti, el Oroena, de 3.325; en las Filipinas, el volcán de Luzón, de 3.315; en la Nueva Holanda, las montañas Azules, de 3.120; en Borneo, el monte Cristal, de 2.535: en la Nueva Zelanda, el pico Egmond, de 2.466; y en el grupo de las Marianas, el volcán de la isla de la Asunci in, de 1.950.
9. Volcanes.—Los volcanes en actividad son frecuentes y numerosos en la mayor parte de aquellas islas, especialmente en Java, Luzón, Sumatra, Sandwich y Filipinas. Los más notables son el de Hamrai, situado en una llanura de poca elevación, cerca de Mouna-Roa, y el de la Nueva Holanda, que despide llamas sin cráter conocido. Muchos de estos volcanes aparecen circuídos por las aguas del Océano, ofreciendo el aspecto maravilloso de inmensos fanales. 10. Cabos.—Citanse, como principales, el Bojador, en la isla de Luzón, y el Grenmill, en la Australia. 11. Hidrografía. — Presenta la OCEANÍA en sus islas más importantes un gran número de ríos, pero de escasa consideración, si se exceptúan los de la Nueva Holanda, aun no del todo conocidos. Merecen mencionarse, por ser los más caudalosos, el Morumbidge, Macquaria, Lachlan y Murray, que corren hacia el Mediodía, al Oeste de las montañas Azules; el Brisbana, Hamhesbury, Hunter y Shoalhaven, que riegan al Sudeste la Nueva Gales del Sur. En Borneo, se encuentran el Pontianak, el Kappur, el Cotty y el Beudjer-Massing; en la Australia, el Púterson, el Swan-river, el Victoria y el de los Cisnes, en cuya embocadura tienen los ingleses la colonia de igual nombre; en Java, el Soto ó Beng-Aman, que cruza la parte central de la isla; en Luzón, el Tajo ó Cagayán, el mayor de las Filipinas; y en Sumatra, el Palembang y el Idragiri, que, atravesando el antiguo imperio de Menang Kabú, termina su curso en el mar de la China. Entre los lagos, que son numerosos en las islas occidentales, se distinguen: el Kini Ballú, en Borneo; el Bay, en Luzón, y el Torrens, en Australia. 12. Flora.—La de la OCEANÍA es riquísima y variada, debido particularmente á la diversidad de su clima y á la extensión y naturaleza de su suelo. Casi toda esta parte del mundo presenta una vegetación lozana y vigorosa, distinguiéndose la Polinesia y la Malasia. En el catálogo de sus producciones naturales figuran todas las de la América, sobresaliendo el trigo, el maíz, la caña de azúcar, el café, el arroz, la alcandia (trigo candeal), el benjuí (especie de bálsamo oloroso y medicinal), el alcanfor, el añil, la canela, la nuez moscada, el jengibre, la higuera infernal, el áloe, el bambú, el sándalo, el algodonero, el banano (plátano de las Indias), la pimienta, el naranjo, la batata, la morera, el phormium tenaz, eucalyptus resinifera, smillax glycyphylla, mimosa decurrens, xanthorea, casuarina, el cedro, el albérchigo y la mayor parte de las plantas de Europa. En Tahiti abundan el plátano, el cocotero y el inocarcus edulis, cuyo fruto, muy parecido á la castaña por el sabor y la forma, sirve de alimento á sus habitantes: los archipiélagos de Viti, de Tonga y de Hamoa, así como la Malasia, aparecen poblados de palmeras y de sándalos; la Nueva Guinea, de espesos bosques, llenos de tesoros para el botánico. Las Filipinas y las Molucas son muy celebradas por la hermosura de los vegetales y la riqueza de sus productos, especialmente, en especias. En Célebes, se ven las riberas cubiertas de plátanos, claveros, nuez moscada, mangles y giromontes, y el interior de Borneo y de Sumatra, de magníficas selvas. La Nueva Zelanda da el phormium; la Nueva Holanda, el cucalyptus (eucalipto, cuyas hojas son antifebrífugas). La numerosa familia de las palmeras crece aún en las islas más pequeñas y apartadas; los árboles frutales de la India, en las tierras de la Sonda; la caña de azúcar, en el mismo Tahiti.
Finalmente, la naturaleza ha derramado en todas partes, con prodigalidad suma, la vegetación alimenticia y útil para todos los usos domésticos. 13. Fauna.—Ofrece ésta igual, si no mayor riqueza y variedad que la flora; encontrándose entre sus animales casi todos los del Asia y muchísimos de Europa; como el elefante, el rinoceronte, el hipopótamo, el león, el tigre, el oso, la pantera, el jabalí, el búfalo, el buey, el caballo y el orangután. El carabao de Filipinas es semejante al buey, aunque mucho más poderoso, destinándosele á oficios análogos. Tiene el pelo corto, bastante oscuro, sin llegar á ser negro. Para poder regirle y gobernarle, se le abre un agujero al través de la ternilla de la nariz, por donde se le pasa la cuerda que hace las veces de cabestro. La ternilla es la única parte sensible que tiene; de tal suerte que, sin el aparato referido, fuera imposible de todo punto lograr domeñarlo. Entre las aves, la oropéndola, el casobar (nombre genérico de un ave tan grande como el avestruz), el pájaro del paraíso, el halcón blanco, la moscareta, varias clases de gallinas y numerosas especies de papagayos, distinguiéndose, entre los insectos, la hormiga grande, y entre los pescados, el bonito, la dorada, el atún, el mulo ó barbo marino, la raya, el sargo, las ballenas, que frecuentan las costas meridionales de la Australia, y una gran variedad de mariscos y de zoófitos. Las grandes especies no han podido extenderse á las pequeñas islas de la Polinesia y de la Micronesia, en donde sólo se crían el
perro, el cerdo, el gato, el ratón y la gallina: el archipiélago asiático tiene el cocodrilo y la boa constrictor; así como la Nueva Holanda, la serpiente negra y el estinco negro (especie de lagarto anfibio, parecido al caimán, aunque más pequeño). Las islas de Borneo y de Sumatra contienen el elefante, el rinoceronte, el hipopotamo, el oso y el tigre; la de Java, el búfalo pequeño y muchos jabalíes. Los monos de mayores dimensiones, especialmente el orangután, que es el más parecido al hombre, se encuentran en Borneo; y en esta misma isla y en la de Célebes, el cerdo-ciervo, el sebú, el buey de joroba y el plaa-langer. Las islas de la Sonda son el abrigo de las cabritillas y del antílope, mientras que la tortuga es común á todas las regiones de la OCEANÍA. Los loros y otras aves vistosas pueblan los bosques deliciosos de Nueva Guinea. En otras varias islas abunda mucho una famosa golondrina, ave que, con la freza de los peces, construye los nidos, tan preciados por los gastrónomos de la China. En otros muchos parajes de la OCEANÍA, y en la Malasia, sobre todo, existe multitud de reptiles, que fuera prolijo enumerar, entre los cuales se hace mención de una especie de víbora muy venenosa. 14. Mineralogía. —La Malasia y la Australia son las únicas islas que poseen riquezas minerales explotadas. Borneo las tiene de oro y de brillantes; Sumatra, de oro, hierro y estaño; Banka, de este último metal; las Filipinas, Célebes y Timor, de oro; Java y Bali, de sal y de azufre. 15. Población. — Según cálculos aproximados, la población total de la OCEANÍA debe ascender actualmente á 48.000.000 de habitantes, entre malayos, mongoles, negros y europeos. 16. Etnografia y antropología. — Dos grandes razas dividen principalmente la anterior población: los malayos y los negros oceánicos. Los primeros se encuentran diseminados por toda la Malasia, las Filipinas, la Nueva Zelanda, las costas de la Australia y algunos archipiélagos orientales próximos á la América; los segundos ocupan generalmente la Melanesia.— Los malayos constituyen la raza más interesante y también la más numerosa, la que más se ha esparcido por aquel suelo. El color de su tez varía desde el del ladrillo hasta el pardo cobreño; su estatura es mediana; las formas, regulares; el pelo, negro, espeso y rizado; la cara, redonda; la nariz, gruesa, y la mandíbula superior algo saliente. El malayo es obsequiosísimo con el extranjero; y su hospitalidad fuera cumplida, si en el fondo de su carácter y de sus costumbres no hubiese cierto espiritu de falsedad. Aun cuando tienen hábitos propios del estado salvaje, muestran cierta aptitud para las ciencias, las artes y la cultura social; son excelentes marinos, y, por lo común, ejercen la piratería en las costas.—Los negros oceánicos se distinguen por su color talmente atezado; el ángulo facial es casi obtuso; la nariz, chata; los labios, gruesos; el pelo, crespo, sin ser lanudo, y las piernas y los brazos, muy largos y delgados: la extrema miseria en que se hallan envueltos; su aversión á toda clase de industria; sus inclinaciones antropófagas y feroces, y su invencible propensión á la vida salvaje, los colocan en el último grado de la escala de la especie humana.—Descendiendo ahora á ciertas particularidades, añadiremos: que los battas, pueblo numeroso, inculto y particular de la isla de Sumatra; los berguís, nación la más poderosa de la isla de Célebes, y los dagats, en la de Borneo, son notables por su fisonomía especial; los naturales de la Nueva Zelanda, á pesar de sus buenas disposiciones para las artes, no han dejado aún de ser bravíos. Los isleños del archipiélago Viti son aún más salvajes, y casi sucede lo propio con los del archipiélago Hamoa. Los negros de Nueva Gales del Sur no han podido entrar todavía en ninguno de los adelantos de la civilización, y los que viven de la caza y de la pesca, y andan casi desnudos, forman pequeñas tribus, más ó menos antropófagas; ocupan aun gran parte de las tierras de Borneo, Luzón, Mindanao, Timor y algunos cantones de Sumatra, y es muy verosímil que sus razas fuesen las que poblasen la Nueva Holanda y la Nueva Guinea. Finalmente, por todas aquellas apartadas regiones se ven además multitud de nabitan?es de un color blanco, que se confunden con los europeos, presentando. otros todos los matices, en sus grados sucesivos, desde el hollín oscuro hasta el verde cangrejo. Pero no se hallará entre ellos uno sólo que tenga la tez rigurosamente amarilla; siendo aún mas de notar el que, entre todos aquellos colores, se encuentran seres de una belleza verdaderamente extraordinaria; ofreciendo con frecuencia el raro contraste de una sorprendente dulzura mezclada con hábitos crueles. GEOGRAFÍA FOLÍTICA 17. Gobiernos.—En la OCEANÍA, como en las demás partes del globo, se encuentran ejemplos de toda clase de poderes; siendo muy de notar el espíritu marcadamente feudal que reina en muchos de ellos, y las prerrogativas de que gozan las mujeres en varias islas de la Malasia, de la Polinesia y aun entre las naciones mahometanas. El de la Malasia, particularmente, es una especie de monarquía electiva, cuyo jefe supremo sale de una aristocracia militar, cuya autoridad limita. Esta misma forma de gobierno se observa igualmente en la Polinesia, aunque con carácter menos marcado. La inmensa mayoría de las poblaciones cultas de las islas de Sumatra, Célebes, Borneo y Mindanao, así como los habitantes de Timor, de Rotuma, de las islas Marquesas y de otras polinesianas, están regidos por soberanos electivos; pero los jefes de los archipiélagos de Radak, de las Carolinas, de Palaos, de Hawai, de Tonga, de Santa Cruz, de Salomón y de otras varias, ejercen un poder absoluto. 18. Religiones.— El mahometismo y el fetiquismo son las dos religiones que mayor número de adeptos cuentan en la OCEANIA: la primera se practica en la Malasia y en la Nueva Guinea; la segunda, en el resto de aquellas islas, mezclada, en algunas comarcas, con ideas de sabet́smo. Los insulares de las Marianas y de Filipinas, sometidos á los Estados Unidos, y los timorianos, súbditos de Portugal, profesan el catolicismo; en Tahiti, Sandwich y otros varios puntos de la Nueva Zelanda, el cristianismo reformado. Gran número de habitantes de las Molucas son calvinistas; todas las colonias inglesas establecidas en esta parte del mundo, siguen la religión anglicana, amén de que el budhismo cuenta numerosos sectarios en algunas islas de la Malasia. Los negros oceánicds creen en genios maléficos, que se ocupan en mortificarlos, y sacrifican á sus dioses víctimas humanas, con cuyo bárbaro tributo perecen las dos terceras partes de sus niños. Los que habitan en el interior de Luzón, de Borneo y una gran parte de los de Nueva Holanda, carecen de toda creencia religiosa ó, al menos, no la representan en forma de culto. Sin embargo, esas razas diseminadas en tan varias porciones de mar y de tierra, las cuales se ofrecen á la imaginación como criaturas desheredadas del Altísimo, vienen á probarnos el carácter radical y profundo de la creencia religiosa, aun estando manchada con abominables supersticiones. Los mismos negros oceánicos tienen nociones, más ó menos confusas, de un estado futuro; y no parece sino que aquel presentimiento de una verdad suprema es el único resplandor con que el cielo ilumina el fondo oscuro de aquellas almas. Sofoquemos en la conciencia de aquellos desgraciados esa imperfecta adivinación de una vida más grande, de una virtud.máspadaros;. da un paosamianto más seguro; apartemos de aquellos espíritus esa sombra augusta de una Providencia universal, esa sublime vaguedad de Dios, y no podríamos decir cuál es el atributo que diferencia á dichas razas de los animales que habitan el globo. ¡Tan cierto es que el dogma, aun no siendo perfecto, constituye la primera cultura del hombre! ¿Cómo no, si es el día sagrado de la esperanza? ¿Cómo no, si es el mundo inmenso de la fe? ¿Cómo no, si es la revelación eterna de la más grande de todas las civilizaciones posibles, la infinita civilización del misterio? 19. Lenquas.—Pueden dividirse en dos grupos: 1.°, las malayas; 2.°, las
polinesianas.—Comprenden las primeras el idioma malayo, propiamente dicho, el javanés y los que están en uso en las islas Célebes, Tagal y Madagascar; las más importantes de las segundas, son las que se hablan en Nueva Zelanda, Tonga, Tahiti, Sandxich y las Marquesas. Primer grupo.— Lengua malaya: dividida ésta en varios dialectos, no sólo se habla en los diferentes archipiélagos de la Malasia y en la península de Malaca, sino que se comprende en todas las regiones de la OCEANÍA. El sabio Bopp la cree originaria del sanscrito; pero esta opinión es muy cuestionable. Todo lo que ciertos autores admiten acerca del particular, es que el antiguo idioma brahmánico ha ejercido cierta influencia sobre el malayo, el cual le es deudor de la mayor parte de las expresiones que representan ideas morales ó metafisicas. Según Crawford (Historia del archipiélago indico), de 100 voces malayas, 50 pertenecen al fondo general oceánico; 27 son particulares á la Malasia; 16, sanscritas; 5, árabes, y 2 tomadas, ya del persa, ya de las lenguas de los europeos (portugués, inglés y holandés) que han frecuentado aquellos parajes. En opinión de Adelung, el malayo ha pertenecido, en un principio, á la clase de los idiomas monosilabicos (los vocablos más antiguos pueden, en efecto, reducirse á la forma monosilábica), pero que luego hubo de modificarse, á consecuencia de las multiplicadas relaciones del pueblo que lo hablaba con los extranjeros. Según el citado autor, el malayo, como lengua de transición, debería colocarse con el mongol y el mandchú al frente de las lenguas polisilábicas. La articulación dulce y fácil de las consonantes, que aparecen separadas por numerosas y sonoras vocales, y la costumbre que tienen los malayos de colocar en las palabras compuestas de varias sílabas el acento sobre la penúltima, dan á su lengua cadencia, número y armonía. En cuanto al vocabulario, ofrece una gran riqueza de voces propias para expresar los diversos matices del pensamiento, en el lenguaje familiar; pero es pobre en términos abstractos y generales, que han debido tomarse de las lenguas sabias de la India. En las reglas gramaticales del malayo se observa una gran sencillez; en la sintaxis, una extraordinaria claridad. La forma de los pronombres personales varia según el rango de las personas á quienes se dirigen, ó de quienes se habla. Las relaciones de los nombres se expresan con el auxilio de partículas prepositivas. El verbo no tiene formas particulares para las persopas, los números, los tiempos ni los modos: las personas y los números se indican por medio de los pronombres; los tiempos y los modos, por partículas adverbiales. Un prefijo especial da al verbo el sentido pasivo. En el malayo se conocen varios estilos: el bhasa-dalam, ó estilo cortesano, que se distingue por cierto purismo y corrección elegante, y que se emplea en la redacción de las actas oficiales y escritos de los soberanos; el bhasa-dagung, estilo familiar y comercial, en el que se admiten algunas frases extranjeras, y el bhasa-javi, lengua de los libros, ó sea de la literatura. Los malayos han adoptado el alfabeto arábigo, completamente impropio para un idioma tan rico de vocales como el suyo; pero, no teniendo guturales ni consonantes enfáticas, sólo han tomado de aquél 14 letras, y formado ellos seis caracteres nuevos. Créese muy verosímil que, antes de la introducción del islamismo, hayan poseído un alfabeto particular.—Lengua javanesa: derívase del kami (idioma antiguo de la isla de Java, corrupción del sanscrito), y se compone de tres dialectos, mejor dicho, de tres formas de lenguaje, dos de las cuales tienen una nomenclatura completamente separada, pero que, en conjunto, constituyen un solo idioma. El uso de estas tres formas, que se mezclan, así en las obras literarias como en la conversación, está determinado por las relaciones de superioridad, igualdad ó inferioridad de categoría, que pueden existir, entre el que habla y el que oye, á cuya regla de etiqueta no se falta jamás. Debe notarse que la ancianidad se considera como una especie de rango civil, lo cual demuestra una civilización primitiva, porque el privilegio de la edad constituye la infancia del gobierno humano. Así, pues, para hablar á un soberano, á un grande ó á un viejo, se emplea el kromo, alto javanés ó lenguaje de corte, que revela la deferencia y el respeto; entre iguales se sirve del madh 70, especie de lenguaje que ocupa un término medio; y tratándose de un inferior, se hace uso del nyoko ó dialecto popular. Aparte la dificultad que resulta de esta triple forma, existe otra, dimanada de que las radicales, agrupándose para formar vocablos compuestos, combinándose con los prefijos y sufijos, que reemplazan nuestras terminaciones, sufren, por efecto de permutaciones de letras, una transformación ortográfica que las desfigura por completo. El javanés no tiene artículo ni géneros, sino únicamente dos números. La conjugación no distingue ni los números ni las personas, y, como en todos los idiomas malayos, la misma palabra puede ser verbo y sustantivo. Distinguense algunas veces en la lengua javanesa el dialecto del interior, bhasa-dalam, y el dialecto de las costas, bhasa-luar. En las montañas del Occidente se habla el soenda, idioma independiente del javanés. El alfabeto javanés cuenta 27 letras, entre las cuales figuran 5 vocales. Los idiomas que están en uso en Célebes y algunas otras islas inmediatas, pertenecientes á la familia de las lenguas malayas, parecen no haber tomado del fondo oceánico más que la mitad del número de las voces que le debe el malayo, y contienen también menos palabras sanscritas. Los principales de aquellos idiomas son: el bugis bouguí (ó mougut) y el makassar; el primero, más culto y abundante, si bien menos dulce que el segundo. El bugis se escribe horizontalmente de izquierda á derecha, con un alfabeto de 22 consonantes y ó vocales, cuyas letras siguen el orden de las del sanscrito, ó sea del alfabeto devanãgari (escritura de los dioses) El tagalo, lengua que se habla en la isla de Luzón (Filipinas), es rica, armoniosa y más complicada en sus reglas ó formas que muchas otras malayas; posee tres pasivos, un dual para las tres personas, y, además del plural ordinario, otro, de la primera persona, que excluye aquella á quien se habla. Se omite casi siempre el verbo ser ó estar, cuyo sentido va sobrentendido ó expresado por la posición de las palabras en la frase.— Lengua de los habitantes de Madagascar, llamada por algunos autores madécasse ó malgache, malecasse ó malacassa. A pesar de la opinión contraria de Balbi, créese generalmente que esta lengua es la que se habla en toda la isla, no obstante pertenecer la población á dos razas diversas, una, africana, y otra, malaya, separadas casi completamente por montañas inaccesibles, así como por selvas impenetrables. En los distintos parajes del litoral, y entre éste y el interior, no existen, para la lengua, más que diferencias de acentuación y algunas permutaciones de consonantes: los habitantes de todas las comarcas de Madagascar se comprenden perfectamente. El madécasse, que Balbi Ilama malayo africano, ofrece conexiones incontestables de significación y de pronunciación con el malayo de la OCEANÍA. Hay en el uno, como en el otro, un considerable número de raíces idénticas y aun de palabras semejantes, salvos ciertos cambios de consonantes, como los de la b malaya en o; la p, en f; la k, en h; la d, en r. Salvas estas pequeñas modificaciones, son comunes los nombres de los objetos naturales más marcados, los nombres de número y los de los días de la semana. Guillermo de Humboldt ha señalado en el madécasse un cierto número de voces sanscritas; y Dumontd’Urville, muchos vocablos de la lengua polinesiana, encontrándose también varias raíces semíticas, cuya introducción, debida á las relaciones con los árabes, es relativamente reciente; y por último, Malte-Brun ha reconocido algunas palabras que se aproximan á los idiomas cafres, particularmente al betjouana. El idioma madécasse es notabilísimo bajo el doble aspecto de la armonía y de la riqueza: ofrece una gran abundancia de vocales sonoras como el sanscrito, de voces compuestas y de expresiones susceptibles de representar todas las gradaciones del pensamiento. En los nombres no hay números, ni géneros, ni casos, siendo las partículas los ele
mentos de la oración que hacen las voces de inflexiones en la declinación gramatical. El número de los adjetivos calificativos es muy limitado, lo que se comprende en una lengua cuya nomenclatura es infinitamente variada, y en la que, para expresar, por ejemplo, los cuernos de un toro, existen palabras que difieren según la forma, el volumen y la dirección de aquella parte del animal. Los diez primeros nombres de número y los números 100 y 1.000 son los únicos que se expresan con palabras simples: por II, se dice diez y uno; por 20, dos dieces, y así en lo demás. Toda la conjugación se hace con el auxilio de partículas prefijas, que son por las que se distinguen los tiempos, los modos y las voces, y pueden formarse, con el verbo simple, los verbos pasivos, reflexivos, reciprocos, potenciales y causativos. Los habitantes de Madagascar se sirven del alfabeto árabe, profundamente alterado. Ante un espectáculo tan sorprendente, no hay más recurso que preguntar: ¿Quién formó esas lenguas? ¿Qué erudición inventó métodos tan varios? ¿Qué ciencia increíble combinó sistemas tan acomodados á la metafisica del pensamiento? El ánimo se asombra al considerar tal fondo de sabiduría en medio de tal fondo de barbarie. Segundo grupo.—Las lenguas polinesianas, que parecen nacidas de la alteración gradual del malayo, son pobres de formas. La onomatopeya es en ellas bastante frecuente; la formación de las palabras, sencillísima: la silaba no puede terminar por una consonante ni contener dos; se compone siempre de una consonante seguida de una vocal, ó de una vocal sola. Las lenguas polinesianas acuden con frecuencia á la repetición de las sílabas para formar nuevas voces, indicándose una tendencia, la cual consiste en hacer desaparecer las consonantes que presentan una figura demasiado marcada. Distínguese además una doble forma del plural, que indica si la persona á quien uno se dirige, está comprendida en el nosotros, ó excluida. El neo-zelandés, lengua curiosísima en extremo, contjene las vocales de nuestro abecedario, y las siguientes consonantes: g, h, 4, m, n, p, r, t, », y nada de declinaciones, ni conjugaciones, ni adjetivos, ni verbos, ni adverbios. Los géneros se determinan por medio de palabras, que significan macho y hembra. El tonga tiene pocas preposiciones y un solo artículo, indeclinable, como todas las demás partes de la oración; pero cuenta tres números para los verbos y los pronombres personales. La declinación ofrece siete casos; la conjugación carece de pasivo; la pronunciación es más aspirada y menos suave que la de la lengua que se habla en Tahiti. Esta es la más dulce de todas. En ningún caso se encuentran dos consonantes seguidas. Fáltanle los sonidos representados por nuestras letras c, f, y, k, s. Su declinación tiene un dual, como el tagalo. Los más pequeños cambios en la pronunciación de las voces modifican su valor. El sandmich tiene dos pronombres personales y dos partículas para determinar el tiempo de la acción: una para el futuro, y otra, para el pasado. La lengua que se habla en las islas Marquesas, no es puramente conglutinativa, como las de la Indo China y de la América, sino conglutinativa en rélaciones; es decir, que no solamente hay adición sucesiva de diversas palabras ó sufijos, sino que cada una de ellas, no siendo en si misma ni sustantivo, ni adjetivo, ni verbo, ni conjunción, puede llegar á ser lo uno ó lo otro, según la palabra que la precede é que la sigue, y ésta, á su vez, debe á esa nueva unión su significación particular. (Véase BUSCHMANN, La lengua de las islas Marquesas, en alemán.) 20. Literaturas.—Los malavos poseen una literatura rica y variada. Sus versos son rimados. Entre los diversos géneros de poemas, se distinguen: 1.°, las novelas, compuestas de una serie de slokas ó estancias de cuatro versos, terminados por una rima común; 2.°, los pantouns, formados de estancias en rimas cruzadas, que sirven en las lides poéticas de los improvisadores; 3.°, algunas novelas de mayor extensión, como las que llevan por títulos: la Corona de los sultanes, por Bokany de Djohor; Beda-Sari, Keni-Tamhoulan. Salimhari y Sri-Râma. La literatura de los malayos cuenta algunas obras históricas de importancia; entre otras, el Schedjarat Malayou, crónica redactada á principios del siglo xvn en Malaca, y que abraza desde el siglo 1 de nuestra era hasta la llegada de los portugueses en 1511; el Hirahat-Malakka, en que se refieren las circunstancias del establecimiento de los malayos en la península que lleva su nombre; la Cadena de los reyes de Java, que comprende un período de diez y siete á diez y ocho siglos; la Crónica de los reyes de Pasay (en la isla de Sumatra), publicada en Francia por monsieur Dulaurier. Los malayos tienen también varias colecciones de leyes, para las cuales se han inspirado en los trabajos de los indios y de los árabes; y conocen por traducciones casi todas las obras que existen en las demás literaturas de Oriente. La Sociedad Asiática de Londres ha adquirido la propiedad de una riquísima colección de manuscritos malayos, formada por Tomás Raffles, cuyo catálogo razonado publica Dulaurier en el tomo X de la tercera serie del Journal de la Société A siatique de París. Los javaneses muestran una afición decidida por el teatro, el baile y la música. Todo dâlang ó director de compañía es poeta y compone: tiene el privilegio de hablar en las representaciones; los demás actores se presentan enmascarados y no hacen otra cosa que pantomima. La declamación del dalang es una especie de melôpea (arte de pronunciar melodiosamente), acompañada por la música. Las piezas, Ilamadas topeng, están tomadas de la mitología y de la historia heroica del país. En los intermedios de aquellas piezas, algunos bufones entretienen al público, bien imitando á los idiotas, bien á algunos animales; particularmente, al perro y al mono. Los javaneses gustan también de los espectáculos de mayang ó sombras chinescas, de los mayang-beber, exposiciones de papeles pintados con figuras, las cuales van desarrollándose á medida que el dâlang da la explicación. En las islas Célebes existe en bugis una literatura antigua, más rica que en ninguna otra lengua de la OCEANÍA: son una especie de novelas basadas sobre las leyendas nacionales, historias relativas á los tiempos posteriores al establecimiento del islamismo, traducciones de obras javanesas y árabes, y varias poesías, ya en versos sueltos, ya en metros que recuerdan algunos del sanscrito. El makassar tiene también su literatura. Recientemente se ha traducido la Biblia á dicha lengua y al bugis. La literatura tagala, que es muy abundante, se compone de producciones ascéticas, de tragedias, traducidas del español, y poesías nacionales. La de Madagascar se compone principalmente de canciones, proverbios, leyendas y tratados sobre Medicina y astrologia. Monsieur de Porny publicó en París, en 1787, una colección de aquellas canciones. Por último, los neo-zelandeses tienen cantos de amor, de guerra, de muerte y satíricos; compilan las tradiciones de sus antepasados y poseen especies de genealogías en verso. No pudiendo pasar de ciertos límites, atendida la índole de nuestro trabajo, renunciamos con pena á otras muchas curiosidades que presenta la literatura de esos pueblos casi ignorados, sintiendo verdadera maravilla ante este espíritu indefinible que opera día y noche creaciones tan portentosas en el seno de todos los siglos y de todas las razas. Cuando se estudia la vida interior de las generaciones que se suceden en la tierra, parece que la historia deja de ser una gran razón para convertirse en un gran espectáculo, en que todo se pierde y se confunde entre los cantos del poema infinito que el tiempo escribe en la conciencia de la humanidad. 21. Industria.—Entre los pueblos indígenas, el malayo es el que con más ahinco se dedica á la agricultura, á la navegación y á la pesca: en muchas de las islas de la Malasia trabajan admirablemente el oro y la plata, de cuyos precioses metales hacen delicadísimas filigranas; en Borneo y Java pulimentan con perfección los diamantes y otras piedras de gran precio, y en algunas comarcas de la Polinesia construyen y adornan con singular donaire las piraguas y las cabañas. Entre las naciones de los ne
gros apenas se conoce la industria, ni aun de los objetos más indispensables para la vida. 22. Comercio.—La riqueza y variedad de los productos naturales llenan con creces el gran vacío que deja la industria en el comercio de la OCEANÍA. Las especias, el café, el azúcar, el arroz, tabaco, plantas medicinales, oro, perlas, diamantes, marfil, nácar, pieles, maderas finas, plumas, ámbar gris, aceite de ballena y otros muchos artículos, son objeto de una importantísima exportación. Líneas regulares de vapores ponen á la Europa en comunicación constante con aquellas apartadas regiones, cuyo movimiento mercantil va de día en día aumentando considerablemente. 23. Poblaciones comerciales de la OCEANÍA.— Las principales de esta parte del mundo son establecimientos europeos, ó que se hallan bajo la influencia y protección de los Estados de Europa, si se exceptúan las ciudades de Achem, Siak, Reheina, Bevan, Borneo y Honolulu, que pertenecen á naciones independientes de Sumatra, Borneo y Hawai y Manila, Cavite, Bulacán, Santa Cruz, Albay, Zebú y Vigán, un tiempo correspondientes á España y que hoy dependen de los Estados Unidos. Las que pertenecen á los europeos, son: Inglaterra: Sydney, Paramalta, Melburne, Puerto Macquarie, Glenelg, Adelaida (Nueva Holanda), Hobarttown, Launcerton (Van-Diemen), Hukianga y Wellington (Nueva Zelanda).—Países Bajos: Batavia, Riow, Kema, Menado, Makassar, Samarang, Surabaya, Padang, Palembang, Amboine y Cupang.— Francia: Matavai, Papeiti (Tahiti), Vaitahu (Mendaña) y Kunié (Nueva Caledonia).—Portugal: Dilli (isla de Timor). GEOGRAFÍA DESCRIPTIVA 24. División fisico-geográ fica.—Entre las muchas y arbitrarias divisiones que se han hecho de la OCEANÍA, parécenos preferible la que presenta esta parte del mundo dividida en cinco grandes secciones, á saber: la Malasia, al Occidente; la Melanesia, al centro; la Polinesia, al Oriente; la Micronesia, al Norte, y las Tierras australes, al Mediodía. DESCRIPCIÓN PARTICULAR MALASIA 25. Dirisión y descripción fisicopolitica.—Esta sección, Ilamada tambien Gran Archipiélapo asiático ó indico, comprende todas las islas más próximas al Asia y constituye el país más fértil, rico y poblado de la OCEANIA.—Está situada entre los 93°-131° 30 de longitud oriental, 21 de latitud septentrional y 12° 30' de latitud meridional; se extiende al Norte de la Melanesia, al Sur del imperio chino y al Oeste de la Micronesia; y comprende, de Norte á Mediodía, una infinidad de archipiélagos y grupos de islas importantes, de los cuales se sacan gran variedad y riqueza de productos, que son objeto de un considerable movimiento mercantil. La Malasia, cuyo nombre le fué dado por el sabio naturalista Lesson, para designar de una manera general las tierras habitadas por los malayos, puede subdividirse en las cinco partes siguientes: 26. Archipiélago filipino de San Lázaro.—Se compone de varios grupos, formados por multitud de islas, que están consideradas como las más importantes de la OCEANÍA. No obstante hallarse en la zona tórrida, su clima es relativamente benigno y saludable: el terreno, de constitución volcánica, sujeto á frecuentes terremotos; pero de una fertilidad asombrosa. Entre sus productos sobresalen: los granos, el arroz, el café, cacao, azúcar, tabaco, seda, algodón, añil, canela, abacá (de que se hacen finísimas telas) y varias minas de oro, plata, cobre y hierro. La industria filipina, muy parecida á la de los chinos, consiste en labores de marfil, pañuelos bordados, porcelanas, tejidos finísimos y grande elaboración de cigarros. Su comercio, que cada día va adquiriendo mayor actividad, importa diferentes artículos europeos, y exporta las producciones de su fecundo suelo y sus preciosas manufacturas. La extensión superficial de este archipiélago, que recientemente los Estados Unidos arrebataron á España, se evalúa en unos 310.000 kilómetros cuadrados, que pueblan sobre 6.000.000 de habitantes, en su mayoría católicos: unos, oriundos de España; otros, indígenas (negritos, tagalos y mestizos); y los demás, mahometanos ó idólatras, los cuales viven independientes, sobre todo, los de Joló, piratas feroces á quienes el Gobierno español tenía con frecuencia que imponer respeto con las armas. Este archipiélago, que cuenta unas mil islas, apenas conocidas en su mayor parte, fué descubierto por Magallanes en 1521. 27. Grupo de Bornco ó Varuni.— Constitúyenlo la isla de su nombre, la más considerable del globo, después de la Australia, y otras pequeñas que la circuyen. Se extiende desde los 7° de latitud septentrional hasta los 4° 12' de latitud meridional, y está comprendida entre 106° 25-117° de longitud oriental. Su largo, de Sudoeste á Nordeste, mide próximamente 1.200 kilómetros; su ancho, 950; su superficie total, 675.000 kilómetros cuadrados. Borneo es quizás la tierra más rica de la Malasia, pero también la más inhospitalaria y menos conocida. Su interior no ha sido aún explorado, y la mayor parte de sus divisiones políticas y de sus pueblos sólo se conocen de nombre. Aunque atravesado por el ecuador, los calores no son insoportables; las brisas del mar y de las montañas, así como las lluvias continuas, que tienen lugar desde Noviembre á Mayo, refrescan la atmósfera. El termómetro raras veces desciende de los 28° sobre cero, ni se eleva más allá de los 35°. El suelo es muy fecundo en toda clase de producciones, particularmente, en minerales preciosos: los diamantes más hermosos se encuentran en las grietas de las rocas, en la arena de los ríos, y muy especialmente, en una tierra amarillenta, mezclada de guijarros. Las minas más ricas de estas piedras se hallan sobre la costa de Laudak, en el territorio chino. Los minerales de oro, hierrc, estaño, cobre y antimonio abundan también en diferentes comarcas. Todos los productos de Borneo son objeto de un importantísimo comercio con la China, los puertos de la Malasia neerlandesa y Singapore: los grandes depósitos se encuentran en Baujer-Massing, Borneo, Kotti, Pontiana, Sambas y Succadana. Entre sus principales artículos de exportación, figuran: el oro, los diamantes, las perlas, el hierro, el estaño, el antimonio, el alcanfor, la cera, el ébano, el sándalo y el bambú, el arroz y el betel (planta que se cría en la India, cuya hoja mascan por regalo los naturales); y entre los importados, el opio y la sal, que suministra la Holanda; los tejidos de Inglaterra y los productos manufacturados de la China. La población, que se calcula en unos 4.000.000 de individuos, se compone de varias razas distintas: los maldyos, que son en mayor numero, se hallan establecidos principalmente en las costas; los papúas ó negrillos, pueblo casi salvaje, habitan los lugares más inaccesibles, sin comunicarse apenas con el resto de los habitantes; los dayaks ú orang-benna, que ocupan el interior y una parte de las costas del Occidente y del Mediodía, parecen formar la población indígena. Este pueblo se divide en un gran número de tribus independientes; habla diversos idiomas y se dedica á la pesca y caza: los más bárbaros se encuentran en el interior; y entre ellos, hay algunos antropófagos. En unos parajes profesan la religión cristiana; en otros, el islamismo ó fetiquismo. La isla de Borneo fué descubierta en 1521 por los portugueses. 28. Grupo de Célebes.—Se halla situado en el Grande Océano equinoccial, al Oeste de Borneo, del que le separa el estrecho de Makassar, al Este de las Molucas, al Sur de las Filipinas y al Norte de Flores, sobre el mar de este nombre, entre 5° 39 de latitud meridional y 1° 45' de latitud septentrional, y entre 116° 34 y 122° 52' de longitud oriental. La figura de esta isla es excesivamente irregular; las bahías de Bony, de Toló, y principalmente la de Tomini ó de Gunong-Tellon, la dividen en varias penínsulas, unidas por istmos estrechos. Se le atribuye la forma de un esqueleto. Su largo, de Norte á Sur, es próximamente de 750
kilómetros; su ancho, de Oriente á Occidente, tomado desde la bahía de Toló ó estrecho de Makassar, varía de 60 á 200; su superficie total, 190.000 kilómetros cuadrados, que pueblan sobre 3.000.000 de habitantes (tres mi Ilones). Las costas, elevadas y sinuosas, ofrecen excelentes puertos. Cuatro penínsulas constituyen la mayor parte de las Célebes: las de Gunong Tellon ó de Menado, al Norte; de Balaute y de Tambucko, al Este, y de Makassar, al Sur. Cada una de estas peninsulas se halla atravesada por una cadena de montañas, en las cuales existen algunos volcanes en actividad. Numerosos ríos se precipitan al pie de rocas enormes y caen con estrépito sobre bosques poblados de árboles majestuosos. Estas islas, aunque situadas también bajo el ecuador, gozan de una temperatura agradable, que deben á los vientos del Norte, que reinan durante la mayor parte del año, y á las copiosas y constantes lluvias. La estación más hermosa es la de Marzo á Noviembre, durante cuyo período sopla el monz n Este: el aire es saludable, excepto en los lugares pantanosos. Las mareas son muy irregulares; los temblores de tierra, bastante frecuentes. El suelo, feracísimo y bien cultivado, produce arroz, maíz, caña de azúcar, algodón, tabaco, clavo y nuez moscada; el sagontier, cuya fruta constituye uno de los principales alimentos de los pueblos de la OCEANÍA; la palmera, de la que se extrae un licor dulce y muy fuerte; el pimentero, el nogal, el odorifero sándalo; el bambú, que llega á alcanzar 14 metros de elevación, y de cuyo árbol cortan las gentes del país las ramas verdes, que comen guisadas ó en ensalada; bosques cubiertos de cocoteros, que proporcionan alimento, vestido y habitación á los naturales; y al lado de esta vegetación utilísima se ven crecer las plantas más venenosas que se conocen, entre las que se cita un árbol cuyas anchas hojas exhalan un jugo venenoso, en el cual mojan sus flechas los salvajes. En sus espesas selvas se crían los jabalies, los ciervos, dantas, monos y serpientes; las minas de oro, de hierro, de cobre, de estaño, de azu re y de cristal son abundantes en sus montañas. Casi todo el comercio de estas islas se halla monopolizado por los holandeses y los chinos: las exportaciones consisten en arroz, oro, cristales, cera, especias, maderas de construcción, caballos, pieles y sal; las importaciones, en algodón, seda, opio, licores, metales trabajados, hilo de oro, tabaco, porcelanas y goma laca. Las Célebes están divididas en un gran número de soberanías, gobernadas por reyes ó principes indígenas, colocados bajo la inmediata protección de los holandeses alli residentes. Los indígenas se dividen en dos pueblos: los bonys y los bouguis, ó makassares; pertenecen á la raza malaya, y forman la masa general de la población. Hablan diferentes dialectos, que parecen derivarse de una misma lengua; y su fisonomía, sus costumbres y sus hábitos son casi idénticos. Los alfurus ó alforeses habitan las montañas del centro de la isla; su color, sus formas y facciones recuerdan á los pueblos de Tahiti, de Tonga y de la Nueva Zelanda. Los dos primeros tienen el color cobrizo; la nariz, aplastada; el ojo, expresivo: los hombres y las mujeres se distinguen por su larga y hermosa cabellera. El vestido de ellos consiste en un calzón blanco, que sujetan á la cintura con una faja de tela de algodón, y un gorro que tiene la forma de un turbante; las mujeres, que presentan un color más claro y las facciones bastante graciosas, visten una túnica de color chi Ilón, que es un tejido de algodón ó de seda. Ambos sexos llevan las piernas y los brazos adornados con brazaletes de latón. Los pueblos de Célebes pasan por los más bravos de la Malasia; su primer empuje es terrible; pero una resistencia prolongada destruye esta impetuosidad ficticia, que parece ser el efecto de una embriaguez producida por el opio. Su arma favorita es una especie de puñal, cuya hoja serpentina vendrá á tener próximamente unos cincuenta centímetros de largo. Una educación viril hace á estos pueblos ágiles, robustos é industriosos; las madres, con el objeto de auxiliar á la naturaleza en sus desarrollos, frotan á todas las horas del día el cuerpo de sus hijos con aceite ó agua. A la edad de 5 ó 6 años, los niños de condición son depositados en casa de los parientes ó amigos para que, lejos de las caricias y de los cuidados demasiado tiernos de sus padres, puedan recibir una educación vigorosa, no regresando al seno de sus respectivas familias hasta la edad núbil. Los habitantes de Célebes demuestran una gran inteligencia y habilidad en el cultivo de los campos y en las artes mecánicas. Las telas de algodón, que ellos fabrican y tiñen, son muy solicitadas de los pueblos vecinos; sus casas, aunque de madera, están edificadas con solidez y distribuidas en varias habitaciones. Los bugis constituyen la nación de la OCEANÍA más inclinada al comercio y á la navegación; tienen establecidas colonias en diferentes islas de la Malasia y forman la mayoría de las tripulaciones de los prohus ó proas que surcan aquellos mares. Los naturales de Célebes no reconocían antiguamente otras divinidades que el sol y la luna; y no encontrando materiales bastante preciosos para levantarles templos, les ofrecían sus sacrificios en las plazas públicas. La influencia de los clérigos es allí, como en todas partes, considerable. A principios del siglo XVII quedó establecido en la isla el mahometismo. Las creencias religiosas de los alfurus son una especie de maniqueísmo, sin culto exterior. En 1525 se apoderaron de Célebes los portugueses y construyeron una fortaleza en Makassar; pero fueron arrojados en 1660 por los holandeses, quienes deseaban monopolizar en provecho suyo el comercio de las especias, cuya importancia conocían. En los comienzos del siglo actual tomaron la isla los ingleses, quienes la poseyeron hasta el año de 1814, en que fué devuelta á los holandeses en virtud del tratado de París. Estos últimos, después de haber sostenido varias guerras sangrientas con los naturales, lograron reunir á los principales soberanos de la isla en una especie de confederación. El gobernador de la colonia holandesa preside la Dieta y ha hecho reconocer su soberanía á todo el territorio. Vilaardimgus es la capital del distrito de Mangkassar (Makassar) y residencia del Gobierno y de los principales funcionarios holandeses. 29. Archipiélago de las Molucas.— Este archipiélago, Ilamado también de las Especias, se encuentra entre los 122-130° de longitud Oriental, 3° de latitud septentrional y 5° 30' de latitud meridional, bañado: al Norte, por el Grande Océano equinoccial; al Noroeste, por el paso de las Molucas, y al Sudoeste, por el mar de este mismo nombre. Las pintorescas islas de este archipiélago presentan numerosos volcanes, que las destruyen toda vía, no ofreciendo más que terrenos cascajosos y esponjosos, que las prolongadas sequías hacen improductivos. El clima es ardiente; pero el viento Norte, que reina una gran parte del año, refresca la atmósfera. Las Iluvias tienen una periodicidad mensual, excepto en Junio y Julio, en cuyo período son continuas. Entre las producciones agrícolas más abundantes, se cuentan: la caña de azúcar, el café, el añil, y toda clase de especias y plantas tintóreas; entre los árboles que pueblan los bosques, el ébano, el palo de hierro, el tek, el laurel, que da un aceite aromático muy buscado, y numerosos arbustos y plantas tan raras como útiles. Entre los animales salvajes y dañinos, se distinguen: el jabalí de las Indias, el didelfo ó semivulpeja y la cabritilla; entre los pájaros, el del paraíso y numerosos papagayos. En las montañas y colinas se encuentran el granito, piedras calizas y creta. Los principales artículos de exportación son: las especias, cuyo monopolio está reservado exclusivamente al Gobierno holandés; conchas de tortuga, nácar, cera, ámbar gris, perlas, oro, aunque en corta cantidad, y resina. Las Molucas son muy frecuentadas por las embarcaciones inglesas y americanas que se dedican á la pesca de la ballena; particularmente, desde que los Estados generales de Holanda sancionaron, en 8 de Septiembre de 1853, una ley que abría los puertos de aquellas islas al comercio de todas las naciones. Este archipiélago está dividido en tres grupos: el de Amboina, que es el más importante; el de las Molucas, propiamente dichas, y el de Banda. La ciudad de Amboina, es la isla del TOMOIH
mismo nombre, es la capital y residencia del gobernador de las Molucas. Su población se calcula aproximadamente en unos 2.000.000 de habitantes, entre horaforas ó alfurus, malayos, chinos y europeos. La religión dominante es el mahometismo; algunos habitantes profesan el cristianismo y Ilevan nombres portugueses. Los holandeses sólo dominan en las islas de Amboina y de Banda: las restantes están gobernadas por sultanes más ó menos dependientes de aquella nación. Los alfurus y malayos, que generalmente pueblan el interior de estas islas, son feroces y muy belicosos; los de la costa ejercen la piratería. Las Molucas fueron descubiertas por los chinos, quienes dieron á conocer sus productos; pero los árabes se las arrebataron muy luego y establecieron el mahometismo. Los portugueses visitaron estas islas, en 1510, arrojaron de ellas á los árabes y fundaron sus establecimientos, de las cuales se apoderaron los holandeses en 1607. En 1809 se hicieron dueños del territorio los ingleses, conservándolo en su poder hasta 1814, en cuya época fué restituído á la Holanda. 30. Archipiélago de la Sonda.—Se extiende de Occidente á Oriente, entre 92° 48-131° de longitud oriental, 6° 4' de latitud septentrional y 11° 5 de latitud meridional, y tiene: al Norte, el estrecho de Malaca, el mar de la China, el de Java, el de la Sonda y el de las Molucas, que le separan del archipiélago de este nombre; al Noroeste, Oeste y Sur, el Océano índico, y al Sudeste la Nueva Holanda. Su longitud es de 4.444 kilómetros, desde la isla Brasa, al Noroeste, hasta la Grankey, al Este. Estas islas se encuentran atravesadas por varias cadenas de montañas, que se aproximan á la costa Sur más que á la del Norte. Sus ríos principales corren de Mediodía á Norte y desembocan en el mar de Java. Los holandeses poseen parte de las islas que comprende este archipiélago, cuya población quizás exceda, en la actualidad, de 17 millones de almas. 31. Poblaciones principales de la Malasia. — Comprendidas en los cinco grupos que dejamos descritos, se encuentran las siguientes notables poblaciones: 1.° Manila.—Capital del archipiélago filipino y de los establecimientos norteamericanos en la OCEANIA, situada á los 14° 36 de latitud Norte y 118° 36' de longitud Este, en la costa occidental de la grande isla de Luzón, provincia de Zondo, cerca de la bahía de su nombre y sobre las márgenes del río Passig. La posición que ocupa Manila es excelente. La ciudad, propiamente dicha, de forma irregular, tiene sobre cuatro kilómetros de circuito y está rodeada de una robusta muralla con baluartes, fosos y contrafosos cubiertos de agua. Seis puertas, perfectamente defendidas por gruesas torres, dan ingreso á esta hermosa población, considerada como la más importante y mercantil de todo el archipiélago. Del fuerte real de Santiag0, que defiende la entrada del río, al Noroeste de la capital, parte una línea de fortificaciones, que unen: el baluarte de San Gabriel, á la batería de San Gregorio; ésta, al baluarte de San Diego, y este último, al referido fuerte de Santiago. Algunos de los doce arrabales que circuyen la población, se comunican con ésta por medio de un puente soberbio, provisto de un pequeño fuerte. Las casas de Manila son de piedra y de un solo piso: sus calles, rectas, anchas, perfectamente empedradas de granito y con buenas aceras. Sus principales edificios son: las iglesias, los conventos, los palacios arzobispales, la aduana, la residencia del gobernador y la estatua de Carlos IV, situada en la Plaza Mayor, única notable de la población. Manila es residencia de todas las autoridades superiores de la colonia, de un arzobispado católico, de los tribunales de Justicia y de Comercio, de una junta de vigilancia, y finalmente, de los cónsules de Francia, Inglaterra, Bélgica, España, Portugal y otras potencias. La ciudad contiene una universidad, fundada en 1645, colegio de misioneros, teatro, arsenal, una sociedad Real y Económica y numerosas escuelas: su población asciende, comprendidos los arrabales, á 192.000 almas, entre españoles, mestizos, chinos, tagalos y otras razas de indios. El número de conventos es tan considerable, que ellos solos ocupan una cuarta parte de la superficie de la ciudad. Los deliciosos paseos de las afueras están ocupados á ciertas horas del día por multitud de carruajes, los cuales se han hecho tan comunes, que casi nadie recorre las calles á pie. Entre sus producciones se cuentan el azúcar, el añil, el algodón, el tabaco y arroz; fábricas de curtidos, sebo, miel, chocolate, maderas tintóreas; manufacturas importantes de cigarros, que dan ocupación á más de 8.000 mujeres y 4.000 hombres; cadenas de oro de un trabajo notabilísimo; fundición de cañones y pesca de perlas. Manila es una ciudad eminentemente mercantil. Las grandes embarcaciones descargan generalmente en el puerto de Cavite, situado á 3 kilómetros Sudoeste de la capital, pues la entrada del río se encuentra obstruída por una barra muy peligrosa; las pequeñas, atraviesan el río y desembarcan sus géneros en la ciudad misma. La rada ofrece un excelente muelle. A mediados del presente siglo contaba Manila 51 casas de comercio, de las cuales pertenecian: 39, á los españoles residentes en la isla; 8, á los ingleses; 2, á los americanos; una, á los franceses, y otra, á los suecos. El movimiento general de aquel comercio presentaba, en la época á que nos referimos, los resultados siguientes: importaciones, 64.600.000 reales; exportaciones, 87.200.000; ó sea en junto, 152.000.000 de rs. (38.000.000 de pesetas), cuyo movimiento se ha duplicado en la actualidad. Las lluvias, verdaderas inundaciones, son tan extraordinariamente abundantes que, á las pocas horas de estar Iloviendo, hay que transitar por las ca Iles en barcas. Algunas tormentas en Manila parecen ser el anuncio espantoso del juicio finab. La electricidad serpentea fosfóricamente por el suelo, cual si substituyese al aire de la atmósfera. En la tempestad de 18 de Mayo de 1873 cayeron en el casco de Manila, es decir, dentro de la ciudad murada, 56 rayos. En el último terremoto, el suelo de algunos parajes se abría en grietas, por donde brotaba agua caliente, que acaso era agua del archipiélago, como si existiese un sistema volcánico submarino. Diremos dos palabras sobre la etnografía del indio de este archipiélago. Su estatura es regular, más bien baja, enjuto de carnes, derecho, de color cobrizo, frente angosta, ceja poblada y negra, como su cabello, cabeza! rapada, ojos negros y hermosos, nariz un tanto chata, dentadura fina como el coral. El vestido indio es común á todas las clases, si bien se diferencia por el lujo de que hacen gala las familias pudientes. Consiste el traje indio de las clases acomodadas en un pantalón á la europea; generalmente, negro, bota de becerro ó de charol con curiosos pespuntes y botones, á cuyo traje sirve de complemento una rica camisa de nipis, ó bien de telas especiales del pais, con preciosos botones de brillantes, en lo cual desplegan tal lujo, que hay camisa que vale media talega, sin contar algunas que no bajarán de un par de mil duros, atendido el valor de la pedrería. La camisa va sobre el pantalón completamente suelta. En cuanto á la cabeza, los naturales no tienen tocado propio del país, sino que adoptan los usos europeos. Las ocupaciones en que más se emplean los indios vulgares de la capital, son las de criados, cocineros, cocheros y escribientes. La cobardía es una especie de pasión en el indio vulgar; tiene un genio especialmente imitativo, y su principal afición, que raya en frenesí, consiste en hacer apuestas en las riñas de gallos, á trueque de lo cual no vacilará en cometer todo género de vilezas, inclusa la del robo doméstico, en pequeña escala, y el ofrecimiento de las mujeres de su familia para oficios y menesteres que la moral reprueba. Así, pues, nada más común que oir decir á un indio de la clase baja: «Señor, yo prestar con usted cuatro pesos, por ejemplo, y yo enviar á usted mi mujer, mi hija ó mi hermana, para coserle los calzoncillos.» Al decir «yo prestar con usted,» no se trata de un préstamo, sino de una dádiva. Son impetuosísimos en sus pasiones sensuales; pero de un carácter sin dignidad, como acontece á toda raza excesivamente cobarde y viciosa. Son muy dados á cumplir las prácticas del culto exter
no, y tan fanáticos que, al hallar en la calle á una autoridad eclesiástica, se postran en tierra, como si adoraran á un ser divino. Sin embargo de que el catolicismo ha introducido el matrimonio sacramental, puede decirse que apenas existe la familia, cuyo resultado es una consecuencia inevitable de la degradación de la mujer. La mujer india del vulgo ha perdido completamente todos los hechizos de su sexo, porque cuando el espíritu se degrada, se degrada también la materia. Quien pierde el cuidado de su alma, pierde el cuidado de su cuerpo. La mujer india de que hablamos, es una criatura abyecta; por eso es poco limpia y aliñada. La fe del cristianismo, contentándose con las ceremonias de la adoración exterior, no ha penetrado en la conciencia, lo cual quiere decir que no ha creado la elevación de los sentimientos, el vigor de los caracteres; en una palabra, la energía de la virtud. Aquellas mujeres infelices son flores que han perdido su aroma. El matrimonio suele dormir junto en petates con almohadas, que es todo lo que constituye la cama del indio pobre. El alimento general es lo que llaman morisqueta (arroz cocido con agua y sal), y unos pescadillos propios del país. Toda la familia se reune á la hora de comer, poniéndose en cuclillas alrededor de la marmita ó cazuela, y valiéndose de todos los dedos, con los cuales se llevan á la boca el arroz cocido. Cerca de lo marmita, hay una cazuela con agua, en donde meten y agitan los dedos cada vez que toman aquella especie de puñado de morisqueta. Por lo que toca á las llamadas mestizas europeas (hablamos de Manila), puede afirmarse que constituyen un tipo ideal. No hay nada comparable á la brillantez de su blancura, á sus encantadores ojos negros, á su riquísima cabellera, negra como sus ojos, y á la fascinación de su trato, inspiradas por la pasión arrebatadora que en ellas siente el instinto de la mujer. Añadamos algunas líneas, para concluir, acerca del indio del campo. Este hombre vive en un estado casi totalmente salvaje; pero sin la ferocidad del bosque. Habita en ranchos de caña y nipa, en cuyo centro está el mosquitero, el cual pende de cuatro cañas que se cruzan cerca de la techumbre. La mujer, que suele ser apta para la generación á los diez años, no tiene idea de lo que Ilamamos rubor y suele ser madre cuando menos se espera, sin que este hecho altere en nada su situación en la familia. El indio de la naturaleza cree que la mujer nació para dar seres á esta vida, de donde resulta que, al ser madre, no ha hecho otra cosa qne cumplir la ley necesaria á que la destinó la Providencia. Esta ausencia de todo reparo mata al mismo tiempo el prestigio de la mujer y el vínculo de la familia, porque sin recato no hay amor, y sin amor no hay nada en este mundo. Dertruir el pudor de la mujer, destruir la virtud de la virgen, es apagar la lámpara con que el cielo alumbra la tierra. Entre los indios campesinos de este archipiélago se ejerce la hospitalidad más absoluta, y, para decirlo propiamente, más bárbara. El transeunte de los campos, cualquier viajero, halla en todas partes hospedaje, alimento, cama, hasta mujer, sin haberla visto en su vida, sin conocer su nombre, sin oir el metal de su voz. El transeunte llega á un rancho y toma posesión de aquella vivienda, como si fuese la suya propia. Si llega cuando comen, se pone en cuclillas y mete los dedos en la marmita de la morisqueta, como haría en su mismo rancho. Llegada la hora de dormir, entre en el mosquitero, que es la cama común, y requiere silenciosamente de amores, si así le place, á la mujer que está más próxima. Esto repugna de tal manera á nuestras costumbres, que parece imposible semejante profanación del trato de gentes. ¡Cuantas y cuántas de aquellas indias desventuradas tienen hijos sin saber quiénes son sus padres! Y ¡cuántos padres viven y mueren sin saber quiénes son sus hijos! Y sin embargo, se aman á su modo. Pero no hay que fingir cuando se trata de una verdad que llena un mundo; una verdad que llenaría mil mundos, si mil mundos pudieran existir. La doncella que no inclina el rostro, encendido por la hermosa vergüenza del propio recato, es una rosa que no huele, un alma que no piensa, un corazón que no adivina. ¡India desdichada! Manila fué ocupada por los españoles en 1571. En 1675 y 1824 sufrió dos grandes terremotos, á los cuales debe agregarse el último, no menos terrible que los anteriores. En 1898, á consecuencia de la batalla naval de Cavite, perdida por los españoles, tuvo que rendirse esta ciudad á los norteamericanos, quedando dueños de ella en virtud de las estipulaciones del tratado de París. 2.° Sumatra ó Soumadra.—Esta isla, llamada Andelis por los indígenas, y Samery y Saberna por los árabes, es la más occidental y la más grande, después de Borneo, del archipiélago malayo, y una de las mejores posesiones de la OCEANÍA por su fertilidad y la variedad de sus productos. Situada entre los 94 y 104° de longitud oriental, 6° de latitud septentrional y 4° de latitud meridional, ciñenla: al Norte, al Oeste y al Sur, el Océano índico; al Sudeste, el estrecho de la Sonda; al Este, el mar de Java, el estrecho de Banca y el mar de la China, y al Nordeste, el estrecho de Malaca, que la separa de la península de este nombre. Tiene 1.672 kilómetros de largo, de Noroeste á Sudeste; 396, de ancho y 320.000 cuadrados de superficie, que pueblan de tres á cuatro millones de habitantes. Sumatra da su nombre á un grupo de islas, de las cuales se citan como más limportantes: la de Engano, las de Nassau ó Poggy, la de Porach, la de Si-Birou, la de Minto ó Batou, la de Pingen, la de Nias, las de Baniak, la de Baby. las de Rumpat, Bancalis, Perpeserate, Pandjoui, Lingen, Bintang y Banca, la cual está considerada como la mayor de todas. Las costas del Este y del Nordeste se presentan, por lo general, bajas y pantanosas; el mar que las baña, cubierto de islas y de bancos de arena. Una cadena de elevadísimas montañas atraviesa el territorio en toda su extensión, á la que acompañan varios ramales secundarios; éstos, como aquélla, dan nacimiento á inmensos lagos y numerosas corrientes de agua, que fertilizan la comarca, algunos de los cuales, al descender hacia la llanura, van formando cascadas imponentes. Aunque el ecuador corta oblicuamente la isla en dos partes iguales, la temperatura que en ella se disfruta raras veces excede de los 30° centígrados; ventaja que debe atribuirse principalmente á la considerable elevación de sus montañas. La costa oriental y los parajes montuosos, sobre todo, son muy saludables; los extensos pantanos y enfermizas nieblas que tienen su asiento en la costa occidental, han dado á ésta el nombre de costa de la Peste. Bosques impenetrables cubren la región de las montañas; y entre los deliciosos frutos que produce su suelo, se cuentan: el icneumón ó mangustán, maravilla de las Indias, citada como remedio universal; el durión, cuyo sabor se aproxima mucho al del ajo asado; el jamoomura, fruta muy parecida á la pera; el benjuí, goma ó resina que produce una especie de pino; los rotang (lo que llamamos roten), que se exportan á Europa para fabricar bastones; el algodón de seda, que da con abundancia el árbol denominado parasol; la madera de tek, que se emplea para mástiles, de más de 18 metros de altura por uno y medio de diámetro; la pimienta, que produce un árbol que se asemeja á la vid; el alcanfor, uno de los productos más importantes, que suministra el dryobalanops camphora, árbol que crece espontáneamente en el Norte de la isla, el cual alcanza una desmesurada altura, y dos clases de arroz, que forman la base de la alimentación de los indígenas. Distínguense en Sumatra varias especies de monos, entre ellos el orangután y el orankubú; tigres tan grandes como los del Continente; el rimau dahón, muy parecido al leopardo; un cuadrúpedo singular, que presenta, poco más ó menos, la misma forma y talla de un caballo, con dos cuernos de magnitud desigual sobre la cabeza; el elefante y el rinogeronte; numerosos pájaros, notables por la magnificencia de su plumaje, y multitud de insectos. Los ríos se hallan infestados de cocodrilos. Entre los animales domésticos se citan: el caballo, de pequeña alzada, pero fuerte y brioso; una raza de bueyes, sin
joroba, completamente distinta de las de Java y de las islas situadas más al Oriente; una especie de ovejas muy notables; el búfalo, que se emplea en los trabajos domésticos; perros salvajes, parecidos al dingo ó perro de Australia, y dos variedades de gatos: una, que tiene la cola torcida, y otra, privada de este apéndice. Sumatra es también una de las islas más ricas en substancias minerales, preciosas y útiles. Las montañas contienen el granito gris y el mármol; el oro se halla muy extendido. El antiguo reino de Menang-Cabú. llegó á poseer 1.200 minas de este metal, mal explotadas por los malayos. El valor del oro extraído de esta isla se calculaba en 3.000.000 de pesetas próximamente. El Gobierno holandés hizo explotar por su cuenta varias minas de oro, que parecían importantes, y una de diamantes, muy productiva. Las de cobre, apenas se trabajan; el hierro es raro; el estaño se encuentra principalmente cerca de Palembang, sobre la playa oriental. Entre los demás minerales figuran el petróleo, el azufre, el salitre y la hulla. El extenso territorio de Sumatra está habitado por dos pueblos de raza diferente y de origen distinto, los cuales, partiendo de diversas tierras de la OCEANÍA, fueron apoderándose paulatinamente de los puntos más importantes de la isla. La mayor parte de los indígenas adoptaron sus costumbres; la otra, en pequeño número, se retiró á las selvas, donde vive en un estado salvaje. Los su natra son de un color que tira á amarillo, pero no cobrizo, el cual adquiere cierta palidez en las clases elevadas, que raras veces se exponen á los rayos del sol, particularmente, en las mujeres, que pueden muy bien tomarse por europeas. La inmensa mayoría de aquellos pueblos presenta el carácter malayo: son disimulados, celosos, traidores, vengativos, sanguinarios, perezosos, ignorantes y extraños á todo sentimrento de honor y dignidad. Los que habitan las costas, particularmente los menanghabones, se distinguen en general de los del interior por sus mejores condiciones y mayor grado de cultura. Los battas son antropófagos; se comen á los criminales que han sido condenados á pena capital y á los prisioneros de guerra. La religión de este pueblo feroz es una mezcla de paganismo y de islamismo; se practica el acto de la circuncisión y se abstiene, por lo común, de la carne de cerdo. Su principal alimentación se compone de arroz, frutas, pescados, y algunas veces también de carne de reptiles é insectos. Las mujeres se casan muy jóvenes; á la edad de 30 años son ya viejas; y á los 40, decrépitas en absoluto. En Sumatra hay, aunque corto, cierto número de jefes, que reclaman los beneficios de la poligamia. Al enviudar una mujer, el hermano del marido ó, en su defecto, el pariente más próximo de éste (exceptuando el padre), está obligado á casarse con ella. En la isla de Sumatra existen cuatro grandes reinos, denominados Achem, Siak, Padang y Palembang: los dos primeros son independientes; los segundos, permanecen bajo el dominio de la Holanda. El reino de Achem comprende la parte septentrional de la isla: su capital, que lleva el mismo nombre, se compone de unas 8.000 casas, construidas de bambú, y están colocadas sobre estacas para defenderlas de las inundaciones. Esparcidas en diversas direcciones, van formando, ya calles, ya barrios, separados por bosques, praderas ó campos bien cultivados. El palacio ó residencia del gobernador es una especie de fortaleza, toscamente edificada y defendida con algunos cañones de extraordinario tamaño. Su población se evalúa en 30.000 habitantes. El reino de Siak ocupa la parte media de la costa oriental y está entregado, como el anterior, á los horrores de la anarquía; casi todos los jefes de sus distritos son independientes. Su capital, de igual denominación, que se encuentra enclavada sobre la margen derecha del río de su nombre, es poco importante por su comercio y contiene sobre 10.000 almas. El gobierno de Padang, compuesto de un vasto territorio y varios apostaderos situados á lo largo de la costa occidental, pertenece á la Holanda. El gobernador reside en la ciudad de Padang, cuya población, comprendida la de los alrededores, se calcula en unos 12.000 habitantes. En 1816 se establecieron en ella algunos holandeses, los cuales sostienen un activo comercio. El reino de Palembang se encuentra sobre la costa oriental, hacia el Sur de la isla. La ciudad del mismo nombre, colocada no lejos de la embocadura del Musir, está construida: parte, sobre armadas ancladas junto á la orilla de aquel río, que suben y bajan con la marea; parte, sobre estacas colocadas detrás del primer cuerpo, y parte, en fin, sobre tierra firme. El palacio de Sousson-hounán, nombre que dan al sultán, y la mezquita principal, ambos de piedra, constituyen los únicos edificios notables de la población, la cual asciende próximamente á 30.000 habitantes. Su comercio, particularmente, con Java, Borneo, la China, Singapore y Malaca, es muy considerable: las exportaciones principales consisten en pimienta, algodón, caña de indias y oro en polvo. Además de los cuatro reinos mencionados, existen en Sumatra varios Estados reducidos, independientes los unos de los otros, gobernados por jefes particulares, tributarios de los holandeses ó sometidos á su influencia. Antes de la publicación de las memorias de Müller, en 1778, y de Marsden, 1793, la isla que nos ocupa era apenas conocida de los europeos. A partir de aquella época, la Compañía de las Indias orientales dispuso varias expediciones. Sir Stamford Raffles fué el primer europeo que, en 1818, visitó, en calidad de gobernador, el interior de Sumatra. Anderson abordó á esta isla, en 1823, y dió á conocer de una manera más minuciosa los pueblos que la habitan. Las posesiones de los holandeses datan de 1599, en que, sometiendo primeramente una parte de los Estados del reino de Achem, fueron luego poco á poco extendiendo su dominio sobre los reinos de Manang-Kabú, Indrapura, Palembang y Lampong, en los cuales levantaron algunas fortalezas. En 1698 se establecieron los ingleses en Beneoulén, sobre la costa occidental, donde construyeron el fuerte Marlborough; en 1821, cedieron todas sus posesiones en esta isla á los holandeses, quienes sometieron, por último, á su poder á casi todo aquel territorio. 3.° Java.—Una de las islas de la Sonda, situada entre los 5° 50'-8° 52 de latitud septentrional y 102° 53-112° 15' de longitud oriental, limitada: al Norte, por el mar de su nombre; al Sur, por el Océano índico; al Oeste, por el estrecho de, la Sonda; al Este, por el de Bali, y al Nordeste, por el mar de la Sonda y el estrecho de Madura. Su mayor largo, de Oriente á Occidente, es de 1.100 kilómetros; su ancho varía de 130 á 220; su superficie total, 120.000 kilómetros cuadrados. Atraviesan el territorio, en casi toda su extensión, una cordillera de altísimas montañas, que contienen gran número de volcanes en erupción. Como en todas las regiones intertropicales, el año está dividido en dos estaciones: una, seca; otra, húmeda. El monzón del Este, ó de la sequía, empieza en Mayo y concluye en Septiembre; el monzón del Oeste, ó de las lluvias, comienza en Noviembre. Los meses de Abril y de Octubre son variables; las tormentas, frecuentes; especialmente al terminar los monzones. La temperatura, aunque elevada, se hace soportable á los europeos: en Surabava asciende el termómetro — 33° 71' centígrados, durante la estación seca. La fama de insalubre que se atribuye á Java, debe circunscribirse á ciertos parajes de la isla, atribuyéndose la causa á circunstancias locales, tales como la presencia de pantanos, aguas estancadas y selvas vírgenes. La costa septentrional es la más malsana. En otros parajes son los aires tan frescos, tan embalsamados, tan puros y saludables, que se envia á ellos á los enfermos para que adquieran en breve tiempo su completa curación. Java reune todas las condiciones climatológicas necesarias al desarrollo de la vegetación y de los cultivos; su suelo, aunque de naturaleza volcánica, admira por su gran fertilidad. Las cosechas del arroz, café, maíz, patatas, pimienta, añil, tabaco, algodón, betel, jengibre, nuez de coco, naranjos, limoneros, tamarindos y plátanos son abundantísimas. La estadistica de la producción agrícola de 1850 dió las cifras siguientes: café, 64.137.750
kilogramos; azúcar, 89.893.687; añil, 391.052; te, 378.499; canela, 76.545; pimienta, 213.313, cochinilla, 27.922; tabaco, 91.875. En todos los terrenos no cultivados se ven espesos bosques de los más hermosos árboles y los más propios para la construcción, como el teck y el jatg. La zoología, salvas algunas especies que le son propias, ofrece notables analogías con la de la isla de Sumatra. La espesura de los bosques sirve de guarida á los elefantes, rinocerontes, tigres, cerdos, cabras monteses, ciervos, gamos, gatos javaneses y muchas especies de reptiles venenosos. Los camaleones y los lagartos son numerosos; los ríos y los lagos se hallan infestados de cocodrilos enormes. Entre las aves más interesantes se cuentan el enicurus speciosus, el calyptomina viridis, el curylaime de Horsfield, el macropteryx longipenne, el pogardus javanensis y los pavos reales, las palomas y las golondrinas, cuyos nidos, como ya hemos manifestado, son objeto de grande estima entre los chinos. Los animales domésticos abundan igualmente, y en particular, los carneros, cerdos, cabras, caballos árabes, que se adiestran para la caza de la gacela, y los búfalos, que reemplazan á los caballos en las faénas agrícolas. La sal y el azufre constituyen las únicas riquezas minerales allí conocidas. La industria manufacturera de Java se reduce á la fabricación de los objetos de uso necesario, como tejidos de algodón y de seda, sábanas, papel de corteza de moral, armas, lanchas y otros muchos. El comercio del magnífico establecimiento colonial de Java, considerado como el más opulento del universo, después del del imperio anglo-indio, se encuentra generalmente monopolizado por la Compañia holandesa, conocida bajo la denominación de Handel-Maatshappij. Esta colonia, fundada en 1819, goza de una protección que identifica sus intereses con los del Estado. Esto no obstante, el comercio particular entra por mucho en el movimiento mercantil de la isla, particularmente en las importaciones, que, como las exportaciones, ascienden á sumas muy considerables. Los principales artículos que figuran en estas últimas, son: cochinilla arack (aguardiente de azúcar), benjuí (goma que destila el árbol de este mismo nombre), oro en polvo, comestibles, sándalo, sapán (cierta madera tintórea procedente de la India), cueros, añil, café, telas de algod'n, mercería, obras de pleita, marfil, substancias medicinales, drogas, aceite de coco y de katjanj, pimienta, juncos, arroz, especias, azúcar, tabaco, estaño, nidos de golondrinas, sal y oro, plata y cobre labrados.
Java, comprendida la isla de Madura, está dividida en las residencias ó provincias siguientes: Bantam, Batavia, Buitenzorg, Kravang, Preangers Regents-Choppen, Cheribón, Tagal, Banjoenmaas, Pahalonyang, Baglen, Samarang, Kadoe, Djoedjokorta, Sourakarta, Japara, Sourabaya, Madura, Passarouang y Bezockie. Su población, según el censo de 1848, ascendía á 9.529.078 almas, repartidas en esta forma: europeos, 16.382; chinos, 108.713; indigenas, 9.359.033; árabes, 28.904; militares, 11.295; esclavos, 4.751. Cada provincia está gobernada por un residente europeo, asistido de un secretario y de tantos subresidentes como aquél juzgue necesarios. Las provincias ó residencias se hallan subdivididas en distritos é regencias, cuya administración está confiada á jefes indígenas, llamados regentes. El Gobierno colonial de Batavia ejerce un poder absoluto sobre todas las colonias neerlandesas de los mares del Este. El gobernador general es el representante del rey de Holanda y el comandante en jefe de las tropas de mar y de tierra: le auxilian un secretario general y un Consejo colonial compuesto de cuatro miembros de origen neerlandés. La justicia se encuentra administrada, en última instancia, por el tribunal supremo de Batavia. Tres tribunales civiles y criminales inferiores y otros tres marciales, subordinados al central, que tiene su asiento en la capital, se hallan establecidos en Batavia, Samarang y Sourabaya. Un individuo de cada uno de estos tribunales gira una visita, de tres en tres meses, cuando menos, á las residencias que se hallan bajo su jurisdicción, para presidir un tribunal de casación, compuesto de cuatro jefes indígenas, nombrados anualmente por el gobernador á propuesta de los javaneses. Constituyen los tribunales permanentes ó landranden: un residente, cuatro miembros, elegidos entre los regentes, y un secretario. En cada distrito existen jueces de paz. Los chinos están gobernados por sus propias leyes y por funcionarios de su elección, que son responsables ante las autoridades holandesas. El número de los esclavos debe ser en la actualidad muy reducido, puesto que hace ya tiempo que tomó el Gobierno sus medidas para que la esclavitud fuera desapareciendo poco á poco. La libertad religiosa es completa. Las escuelas superiores se hallan establecidas en las grandes ciudades; las primarias, en la mayor parte de las residencias. La fuerza naval se compone: en tiempo de guerra, de varios buques de línea; en tiempo de paz, de algunas fragatas y corbetas. Aparte ésta, existe una marina colonial de naves ligeras, destinada á un servicio especial y puesta, como la anterior, bajo la autoridad del almirante de la escuadra real, quien lleva el título de director de la marina holandesa en las Indias orientales. Las fuerzas de tierra, constan: de I1 batallones de infantería y artillería, un cuerpo de gastadores, un regimiento de húsares y un escuadrón de lanceros. Se calcula en unos 11.000 los europeos que figuran en el ejército holandés de Java. Los naturales de esta isla son: considerados fisicamente, de pequeña estatura; pelo, largo; frente, elevada; ojos, negros y hundidos; cejas, arqueadas; color, amarillento; miembros, delgados; y nariz, algo chata; bajo el punto de vista moral, incrédulos, como todos los pueblos igncrantes; indolentes, por carácter; resignados, en la adversidad; poco industriosos y holgazanes: la mayor parte del tiempo lo pasan fumando opio y mascando sirih. Los niños van desnudos hasta la edad de siete años; los hombres, ligerísimamente vestidos bajo aquel clima ardiente. El arroz y las batatas, sazonadas con ambrosía, constituyen su principal alimento. Las casas son reducidas, formadas con bambú y cubiertas con ahpias de palmera ó paja. La poligamia está permitida por la religión; las mujeres son celosas y apasionadas, se ven tratadas con miramiento y gozan de una gran libertad. Los hombres se casan, por lo común, á los 16 años; las mujeres, á los 13. La mayoría de los javaneses profesan el islamismo; la minoría, una especie de brahmanismo: algunos siguen la religión cristiana. La música de los javaneses es lenta y monótona; el baile, su pasión favorita. Muestran grande afición á las riñas de gallos y á las luchas de tigres: estas últimas constituyen el privilegio de los grandes. Se da por adversarios á los tigres, ya búfalos, ya hombres. La lucha del tigre contra el hombre puede ser espectaculo ó suplicio. El condenado que ha sabido derribar un tigre, llega á ser objeto de general admiración. Numerosas ruinas de antiguas ciudades, de vastos edificios, de multitud de estatuas, esculturas y monumentos de todas clases, anuncian el grado de civilización y el estado floreciente que este país alcanzara en los pasados tiempos. Los jefes de Java ostentan todavía un lujo inaudito y todo el fausto del despotismo oriental, si bien se hallan bajo la completa dependencia del gobernador holandés de Batavia. La isla de Java fué descubierta en 1500 por los portugueses, quienes la encontraron dividida entre varios soberanos independientes. Hacia fines del siglo XVI, los holandeses, que se habían ya apoderado de algunos de los establecimientos fundados por los portugueses, batieron sucesivamente á los jefes indígenas y extendieron, por último, su dominio y su soberanía por toda la isla. En el siglo xVII se posesionaron los ingleses de Bantam; pero fueron arrojados por los holandeses, quienes poseyeron el territorio pacíficamente cerca de un siglo. Bajo el imperio, cuando la Holanda fué reunida á la Francia, volvieron los ingleses á hacerse dueños de la isla, la que conservaron en su poder desde 1811 á 1814. Su dominación se señaló por grandes mejoras, que dieron principio á la era de prosperidad y de civilización de aquel país. Posesionados nuevamente los holandeses de su
colonia, han tenido que reprimir algunas insurrecciones de escasa importancia. 4.° Batavia.—Capital de las posesiones holandesas en la Malasia y la primera ciudad mercantil en la OCEANÍA. Se halla asentada sobre una bahía de la costa Noroeste de la isla, en la embocadura del Jakatra, á los 104° 33' 46" de longitud oriental y 6° 12 de latitud septentrional. Su población, según el censo oficial de 1832, era de 118.300 habitantes, sin contar la guarnición, cuya cifra se descomponía del siguiente modo: europeos, 2.800; indígenas, 80.000; chinos, 25.000; árabes, 1.000; esclavos, 9.500. En 1850 esta población había aumentado de 130 á 140.000 almas. Batavia es plaza fuerte, con una ciudadela, puerto militar y arsenal; residencia del gobernador general, de los tribunales supremos de Justicia, de Guerra, de Apelación y de Cuentas de las Indias neerlandesas, y centro de comercio de los holandeses con la China, el Japón, la India y demás islas de la Malasia. La población aparece edificada sobre terreno bajo, pantanoso y cortado por numerosos canales. Se compone de dos partes: la vieja ciudad, que era antiguamente un foco de emanaciones pestilentes, y la nueva, formada de casas espaciosas y bien ventiladas, separadas las unas de las otras por anchos patios y hermosos jardines. Entre sus edificios, se distinguen: los almacenes de marina, las oficinas de la comisaría del puerto, las Casas Consistoriales, la iglesia luterana, el templo católico, el grande hospital militar, el palacio del gobernador, los cuarteles, el colegio de jurisprudencia, el edificio llamado Harmont́a, donde se celebran los regocijos públicos; algunas mezquitas, los templos chinos y el palacio de Weltevreden, que ocupan todas las oficinas civiles y militares de Batavia. El extranjero que desembarque en el puerto distinguirá primeramente la vieja ciudad, cuyas calles, muy frecuentadas por la mañana, durante las horas de los negocios, quedan completamente desiertas por la tarde. Llegado que haya á la extremidad del antiguo arrabal, Ilamado Buiten-Nen-Poort Shaat, penetrará en los barrios ó cuarteles modernos: constituyen éstos una serie de lindísimas casas y de bellísimos jardines, que se extienden sobre un radio de 4’166 kilómetros y hermosean los muelles ó malecones de los canales de Mooleuvliet y de Byswick. Pasados éstos, se encontrará con la gran llanura cuadrada del Weltevreden, y á la derecha, otra planicie, circuida de notables habitaciones, denominadas Konings-Plein. Así que haya atravesado el Weltevreden, llegará al camino de Beutenzorg, residencia en la cual se levanta el magnífico castillo del gobernador y en donde se encuentra el jardín botánico, uno de los más célebres y ricos del globo. Sobre aquel camino, desde Batavia hasta más hallá del lago de Maester-Cornells; es decir, en el espacio de más de 5 kilómetros, van sucediéndose infinitas viviendas de elegante arquitectura, distinguiéndose, á uno y otro lado, los paseos de Prinsen-Laan, Connoug-Saharie, Tana A bou y otros, que terminan, ya en el canal, ya en las eras. Detrás de los barrios de los europeos se encuentran las casas de los asiáticos. La industria de Batavia, poco importante, se halla ejercida casi exclusivamente por los chinos, parte la más activa d la población. El comercio que se hace consiste en café, azúcar, pimienta, añil, arroz, tabaco, nidos de golondrinas, especias, oro en polvo, diamantes, estaño, conchas de tortuga, cera, maderas tintóreas, alcanfor, sederías, te, porcelana de Chinachales de Persia y de la India, mercaderías inglesas manufacturadas, vinos y aguardientes de Francia, caballos de Byma y otros artículos de diferentes puntos. Batavia carece de puerto, propiamente dicho; pero su rada, vasta, segura y quizás la mejor de las Indias orientales, se halla protegida por una línea de pequeñas islas, entre las cuales se encuentra la de Poulou-Kappal, que contiene los talleres de construcción para la marina militar. El número de buques que salen anualmente de aquella rada, está calculado en 1.500, de los cuales, las dos terceras partes son holandeses; 100, ingleses; 30, americanos de la Unión; 12, chinos; 12, franceses, y los restantes, procedentes de distintas naciones. La cifra de las exportaciones, que casi iguala á la de las importaciones, se evalúa en unos 60.000.000 de pesetas próximamente. Batavia, fundada en 1619 por los holandeses para capital de sus establecimientos en las Indias orientales, fué, durante largo tiempo, la ciudad mercantil más rica de aquella parte del mundo. En 1811 se apoderaron de ella los ingleses, conservándola hasta 1816. Los europeos allí residentes viven en la opulencia; no salen sino en coche, tirado por dos, cuatro y hasta seis caballos, y desdeñan toda especie de ocupáción manual para ocuparse exclusivamente del comercio. Los chinos, activos é industriosos por excelencia, ejercen casi solos las diferentes profesiones mecánicas. En cuanto á los malayos, son, por lo general, sirvientes ó mozos de cuerda. 5.” Luzón.— La mayor, la más importante y septentrional de las islas que componen el archipiélago filipino. Se halla comprendida entre 12° 13-18° 45 de latitud Norte y 117° 20-121° 50 de longitud Este, y limitada: al Oriente, por el Grande Océano equinoccial; al Occidente, por el mar de la China; al Norte, por un estrecho de 13 kilómetros de ancho, que la divide de la isla de Samar, y al Mediodía, por un espacio de 355, que la separa de la de Formosa. Su largo, de Noroeste á Sudeste, mide 799 kilómetros; su ancho, 220; su superficie, 131.100 kilómetros cuadrados. La costa septentrional ofrece una vasta bahía, situada entre el cabo Engano, al Este, y la punta Cabipunga, al Oeste; la occidental presenta al cabo Bojeador, el golfo de Lingayen, la bahía de Manila, la punta Dile, la de Luzón y la de Santiago; y sobre la oriental aparecen la bahia de San Miguel y el ancho golfo de Lamón. Frente á éste se encuentra la isla de Podillo, y diseminados por una gran parte de las costas, varios islotes y arrecifes. El territorio de Luzón se halla atravesado, en toda su longitud, por una cordillera de elevadísimas montañas, de la cual parten numerosos ramales, que se extienden en distintas direcciones y cuyos volcanes causan, con sus erupciones periódicas, estragos considerables. Los puntos más altos son: los montes Arayat, Tayabas, San Cristóbal, Labot y Albay; sus corrientes más caudalosas, el Tajo, al Norte, y el río Grande, el Chiquito y el de Manila, al Occidente. En medio de la isla se distingue el vastísimo lago de Bay, que contiene la isla de Talín. El clima es cálido: seco, hacia el centro y las alturas; húmedo, en otros parajes; el aire, muy puro; el suelo, fertilísimo. Entre las producciones agrícolas más comunes, se cuentan: el algodón, el azúcar, añil, arroz, tabaco, café, especias, palmeras, cocoteros, maderas odoríferas y de construcción; entre los animales, el búfalo, que se destina á las faenas del campo: el caballo, de pequeña alzada, pero muy vigoroso, y el gato de algalia, que suministra una substancia olorosa de gran precio; entre los minerales, el cobre y el hierro; el oro, que se recoge en pepitas en el fondo de los rios y de los arroyos, y el ámbar gris, que arroja el mar con abundancia sobre las costas. El comercio exporta diversas maderas de construcción y para la marina; cordajes, hechos con los filamentos de la abaca (especie de cáñamo de las Filipinas); algodón, junco para sillerías, cera, gomas, resinas, tabaco, azúcar, cafe, añil, ébano, pimienta, arroz y perlas finas. La población se evalúa en unos 2.600.000 habitantes y se compone: de españoles, negros indígenas, malayos, indios, mestizos, criollos, chinos, japoneses, mindanaos y zulús. La isla de Luzón se divide en dos partes: una, independiente, y otra, americana. En la primera se distinguen los aetas, población de negros, que habitan principalmente las montañas y los bosques, y los tagalos ó tagalas, tribus de la raza malaya. La parte que ocupan los americanos se subdivide en 2 provincin, Pampanga, Panganisán, Cagayán, Laguna, Cavite, Batangas, Tayabas, Albay, Bataán, Zambales, Nueva Ecija, Nueva Vizcaya, Tlocos Norte, Ilocos Sur, Camarinas Norte, Camarinas Sur, A bra y Unión, y tres diócesis: Manila, Nueva Segovia y Nueva Cúceres.
Luzón, como las Filipinas, fué descubierta en 1521 por Magallanes y cou
quistada en 1571 por Miguel López. 6.° Mindanao ó Magindanao.—Esta isla es la más oriental y más considerable, después de la anterior, del archipiélago de las Filipinas. Se encuentra entre los 5° 30’-9° 40' de latitud septentrional y 119° 30/-123° 40 de longitud oriental, y la bañan: al Este, el Grande Océano equinoccial; al Sur, el mar de Célebes; al Oeste, el de Mindanao, y al Norte, el paso de Surigao. Su longitud, de Norte á Mediodía, es de 444 kilómetros; su anchura media, de 400. Se compone de dos penínsulas, unidas por un istmo de 20 kilómetros de latitud. Sus costas ofrecen multitud de bahías, ensenadas, puertos y algunos pantanos. El interior aparece cruzado de montañas, algunas de ellas de naturaleza volcánica; lagos inmensos, llanuras y valles, regados por infinitas corrientes de agua. El suelo, que es feracísimo, produce en abundancia arroz, patatas y toda especie de frutas de los trópicos; en algunos estrechos, se presenta cubierto de bosques impenetrables, de donde se extraen excelentes maderas de construcción. El viñedo se cultiva en grande escala. Los pastos son exquisitos; los animales más comunes, el búfalo, el cerdo, la cabra y el caballo. Las especies carniceras no se conocen en esta isla: los escorpiones y las víboras son numerosos. El pescado abunda en todos los ríos. El talco y las piedras de molino se encuentran en las montañas; el azufre, cerca de los volcanes; el oro, en algunas de las corrientes de agua. El comercio es bastante activo: del Indostán y Surata se importan lienzos, pañuelos de colores y objetos de cuchillería; de la China, granos de collar, porcelanas é hilos de latón, hierro y otros metales; de Europa, diversas mercaderías. Entre los principales artículos que se exportan, figuran el arroz, el tabaco, la pimienta y el oro. La isla de Mindanao está dividida en tres partes: 1.a, las posesiones américanas; 2.a, el reino de Mindanao; y 3.à, el territorio de los illanos y de algunas tribus salvajes. Se calcula en 80.000 almas la población española y en 1.000.000 la de la isla entera. El reino de Mindanao, que abraza casi toda la costa oriental y la mayor y más privilegiada parte de la isla, es el más importante. La capital, que lleva el mismo nombre, es residencia del sultán: su población quizás exceda de 12.000 habitantes. El resto de la isla está ocupado por pueblos numerosos é independientes: los que habitan las costas, ejercen la piratería. En 1521, tomó Magallanes posesión de esta isla en nombre de la corona de España. 7.° Palawán ó Paragoa.—La más occidental de las principales islas Filipinas, asentada al Norte de Borneo y al Sudoeste de Mindoro y de Luzón, entre los 8° 27-11° 30' de latitud septentrional y 144° 55-117° 20 de longitud oriental, y bañada: al Este, por el mar de Mindoro, y al Oeste, por el de la China. Tiene de extensión 45 kilómetros de largo por 80 de ancho, cuya superficie total está ocupada por unos 94.000 individuos, pertenecientes á las razas de los bissayas, eidahanos y papuas. Una cadena de montañas recorren el territorio en toda su longitud. Su clima es cálido é insalubre. Hacia las costas, el suelo se presenta llano, fértil y abundante en maiz; en el interior, cubierto de espesos bosques, poblados de árboles resinosos, bambús, ébanos y maderas tintóreas. Entre sus animales se citan el ciervo, el puerco salvaje y las abejas. Las montañas contienen minas de oro y de salitre: las costas, sabrosa pesca. La industria cuenta con fabricas de aguardientes y de pimienta. El comercio exporta maderas preciosas, conchas de tortuga y caracoles de mar. Esta isla es una de las menos conocidas. Su interior se encuentra ocupado por pueblos independientes. España posee sólo un pequeño distrito, en la costa Nordeste, dependiente del alcalde del grupo de Calamián. Gran parte de las costas está sometida al rey de Soulou. 8.° Gilolo ó Halamahera.—La más grande y poblada de las islas que constituyen el archipielago de las Molucas, comprendida entre los 124° 50-126° 25 de longitud Este, 2° 20° de latitud Norte y 50' de latitud Sur. Tiene 432 kilómetros de largo, 60 de ancho, y sobre 70.000 almas. Esta isla, de figura irregular, se compone de la reunión de cuatro penínsulas, dirigiéndose hacia el Norte, Nordeste, Sudeste y Sur. Los pequeños grupos de Ternate y Tídor se hallan diseminados por la costa occidental; el golfo de Cliaw forma una hondonada notable entre las penínsulas Norte y Nordeste; el de Ossa, separa las del Nordeste y Sudeste, y entre el Sudeste y Sur se extiende el golfo de Rea. Los cabos más importantes de la costa son los de Cocoanut y Salaway. El territorio se encuentra atravesado por una cadena de montañas volcánicas, algunas de ellas muy elevadas. El suelo es muy fértil en la planta llamada incollo, principal alimento de sus habitantes; en arroz, clavo, nuez moscada y árboles frutales de los trópicos, y abundante en maderas utilísimas. En sus bosques se crían búfalos, jabalies, cabras y gamuzas. El comercio exporta oro, conchas de tortuga, nácar, nidos de pájaros, maderas de carpintería, sagú y especias, é importa algodón, opio, telas y hierro. Los moradores de las costas son malayos; los del interior, harafus. El Nordeste, Este y Sudeste tienen jefes independientes; el del Norte, está sometido al sultán de Ternate; el del Mediodía, al de Tídor. Myzal y Morty forman parte de las islas Gilolo y se hallan gobernadas por sultanes tributarios de la Holanda. Los únicos europeos que sostienen relaciones comerciales con esta isla, son los holandeses. 9.° Mindoro.—La más extensa de las islas Filipinas, después de las de Luzón y Mindanao. Se halla entre 12° 12-13° 30 de latitud septentrional y 118°-119° 10’ de longitud oriental, bañada: al Oeste, por el mar de la China, y al Sur, por el de Mindoro. Su largo mide 175 kilómetros; su ancho, 87. La punta de Calavita y la de Buricán forman respectivamente las extremidades Noroeste y Sudeste. Las costas de esta isla están poco cortadas, y su interior aparece surcado de altisimas montañas, de donde nacen infinidad de ríos. El clima es muy variable: los vientos del Nordeste y del Sudoeste soplan con violencia. Su suelo es feracisimo en coco, arroz y vino; los bosques aparecen poblados de árboles, que dan excelente madera de construcción y de ebanistéria, goma y resma. La pesca de la perla es bastante activa. Todo su comercio se hace por el puerto de Manila. Esta isla, si se exceptúan algunos pueblos salvajes que habitan el centro, se encuentra enteramente sometida á los americanos.
Constituye, con las demás islas que la rodean, una provincia administrativa, bajo las órdenes de un gobernador militar, el cual representa á las autoridades superiores de Manila. La capital de estas posesiones es Calapán: su población ascenderá probablemente á unos 20.000 habitantes. En 1570, se posesionó Legazpi de Mindoro á nombre de España. MELANESIA 32. División y descripción fisico-política.—Esta segunda sección de la OCEANÍA se encuentra enclavada entre la línea del ecuador y el 60° de latitud meridional, y los 100 y 181° de longitud oriental, limitada: al Norte, por la Malasia y la Micronesia; al Este, por la Polinesia; al Sur, por el Grande Océano antártico, y al Oeste, por el Océano índico. La Melanesia, que quiere decir Nigricia, ha tomado su nombre de la raza negra que la ocupaba exclusivamente en la época de su descubrimiento. Los ingleses fundaron algunos establecimientos en las costas de la Australia, de la Tierra de Van Diemen, de la Nueva Zelanda y de otras varias islas. Esta gran región de la OCEANÍA, que comprende el Gran Continente austral, y todos los territorios que la rodean, puede dividirse en las siguientes secciones: 1.a Australia (véase Nueva Holanda en el APÉNDICE). 2.* Tierra de Van Diemen ó Tasmania.—Isla situada en el Océano Pacífico, al Sur de la Nueva Holanda, entre los 40° 39' de latitud meridional y 143° 16' de longitud oriental, separada de aquélla por el estrecho de Bass. Tiene 70.200 kilómetros cuadrados de superficie, que pueblan próximamente sobre 130.000 almas, entre libres y penados. El número de los naturales es casi insignificante. Las costas se presentan muy cortadas, ofreciendo excelentes fondeade
ros: la comarca, generalmente montuosa. Los picos de la isla se elevan de 900 á 1.100 metros; pero generalmente hablando, no aparecen unidos por una cadena de montañas ó de colinas, sino aislados los unos de los otros. El territorio se compone de mesetas elevadas y de valles fértiles y productivos: las principales corrientes que riegan la isla, son el Derrent y el Tamar, formados por la unión del Esk septentrional y del Esk meridional. Ambos ríos tienen su nacimiento hacia el centro del país, por el 42° de latitud. El primero corre de Norte á Sudeste, los restantes hacia el Norte. Uno de los grandes lagos que ocupan el interior de Van Diemen, tiene sobre 96 kilómetros de circunferencia. El clima es sano, aunque menos conveniente para los europeos que el de la Australia; los vientos reinantes son más fríos que los de la Nueva Gales del Sur; las sequías, frecuentes y prolongadas. La arena, la piedra caliza el basalto constituyen el suelo de la isla, el cual contiene hulla, cobre, plomo, zinc, manganesa y varias minas de hierro, que dan un 80 por 100 de este metal. El lecho superior del suelo es, por lo general, arenoso y arcilloso; pero cubierto de una riquísima capa de estiércol muy menudo y podrido, Ilamado mantillo. Los bosques son numerosos: en 1848, la exportación de maderas de diferentes clases se elevó á la cifra de 500.000 pesetas próximamente. Los vegetales y los animales son los mismos que en la Australia: el perro ha sido importado de Europa; las especies de reptiles no abundan tanto como en la Nueva Holanda. Los naturales del pais parecen pertenecer á la raza negra del archipiélago oriental: son bastante parecidos á los nuevos holandeses en figura, usos y costumbres; pero se hallan envueltos en la barbarie más absoluta, ignorando hasta el sencillo arte de la pesca y la construcción de las canoas más groseras. Su número ha disminuído considerablemente desde el establecimiento de los blancos. Las posesiones inglesas de la Tierra de Van Diemen se extienden, en el interior, á lo largo de los ríos Derwent y Tamar y de otras corrientes de agua. Los parajes situados al Oeste y Nordeste de la isla, no sólo no están habitados, sino que apenas han sido explorados todavía. Los principales articulos de exportación de este país, son la lana, el aceite, huesos de ballena y cortezas de árboles; las importaciones consisten en objetos manufacturados, productos coloniales, vinos é instrumentos para la agricultura. El gobierno de Van Diemon depende del de la Nueva Gales del Sur; pero el subgobernador administra los asuntos locales, al cual auxilian en este dirección un Consejo ejecutivo y otro legislativo. El primero, se compone de cinco miembros: el subgobernador, el juez-presidente (chief justice), el secretario colonial, el tesorero y el oficial comandante de las tropas; constituyen el segundo: de 10 á 15 individuos, nombrados por la reina, y todos los funcionarios del Consejo legislativo. Las leyes inglesas y las actas del Parlamento rigen la colonia, pero el gobernador y el Consejo están facultados para hacer los reglamentos que el interés del país reclame. Las causas civiles se resuelven ante un tribunal formado de un juez y dos asesores; las criminales son juzgadas por un jurado compuesto de 7 oficiales del ejército y de la marina real. Las posesiones inglesas de la Tierra de Van Diemen se hallan divididas en 15 distritos: su capital es Hobart-Town ú Hobarton. La isla fué descubierta en 1642 por el navegante holandés Tasmán, quien la puso su nombre; más tarde recibió el que hoy Ileva, en honor de un gobernador que envió la Holanda á sus posesiones de las Indias orientales. Poco tiempo después fué visitada por Cook, Furneaux, Entrecasteaux y otros. Los ingleses establecieron en ella su primer factoría en 1803; y en 1831 alcanzaba ya cierto grado de prosperidad, que ha venido desde entonces aumentando constantemente. 3.a Nueva Caledonia.—A parece colocada esta isla en el Grande Océano equinoccial, al Este de la Australia, entre los 20°-22° 30' de latitud meridional y 161° 45/-164° 31 de longitud oriental. Tiene 340 kilómetros de largo, de Noroeste á Sudeste; 40, de ancho, y 600, de circunferencia, sin comprender la isla de Pinos, situada en la punta Sudeste, ni las pequeñas islas Haat, que forman una cadena que se extiende hasta casi el 19° grado de latitud. La Nueva Caledonia se encuentra rodeada de arrecifes, que se prolongan al Mediodía hasta el trópico de Capricornio, y al Norte, hasta el 18° grado; son una especie de mesetas de madréporas, unidas entre sí por bancos de arena. Estos arrecifes hacen dificilísima y muy peligrosa la navegación cerca de las costas de la isla; pero, una vez franqueados, en medio de los numerosos pasos que ofrecen, encuentran protección los buques contra las tormentas que se desencadenan durante la ruda estación. Varias colinas, casi completamente desnudas de vegetales, se elevan en anfiteatro á lo largo de las costas. El interior del territorio se halla atravesado, en toda su longitud, por una cadena de altas montañas, cuyas cumbres principales alcanzan hasta 2.000 y 2.500 metros de elevación. Estas montañas parecen descender hacia el centro de la isla para elevarse de nuevo al Occidente, en donde se presentan sumamente escarpadas. Ciertos parajes son poco sombrios, excepto hacia el Nordeste, en que el arbolado cubre las montañas hasta sus cimas. Algunos torrentes se precipitan en cascadas desde aquellas alturas, formando tortuosos arroyos. Por la Nueva Caledonia corren diferentes ríos, cuya entrada es, en general, dificil, á causa de las de los arrecifes; el más importante, denominado Diahat, recorre un extenso valle, que forma la cadena principal de la isla, dividiéndose en dos líneas paralelas. Este río es en algunos puntos navegable. Desde el mes de Mayo al de Enero, la temperatura se manifiesta muy apacible y el tiempo hermoso. La navegación, durante este período, es, si no fácil, poco peligrosa al menos, ofreciendo los fondeaderos de la costa más defensa; pero de Enero á Abril inclusive, el tiempo es lluvioso y los vientos se desencadenan, experimentándose de vez en cuando tormentas parecidas á las que en China se llaman torbellinos. El aire de este país es muy sano, de tal modo que en él no se conoce ninguna enfermedad endémica; sin embargo, las heridas toman allí rápidamente cierto carácter maligno, ocasionado por la mala alimentación de que se hace uso. El agua es pura y agradable al paladar. El menor rasguño hecho con las madréporas es frecuentemente mortal, á causa, sin duda, de la naturaleza venenosa de algunos de los pescados que se encuentran en sus costas. El suelo de la Nuera Caledonia es de una fertilidad variable, según las comarcas. El territorio de Balada, de Hienghén, de Kanala y el extenso valle situado en el centro de la isla, presentan una vegetación lozana, exuberante, y el sistema de las alturas progresivas que cubren esta comarca suministran á los vegetales de todas las zonas un excelente medio de aclimatación. El árbol más común es el miaouli, cuya corteza, semejante á una tela de lino muy tupida, sirve para hacer pleitas, sombreros y otros objetos. Los productos naturales que más abundan, son: la batata, la caña de azúcar, el banano ó plátano de las Indias, el tabaco, el naranjo, una especie de higuera, el cocotero, el jengibre, el árbol del pan y todas las producciones de la zona tórrida. El olivo, el algodonero, la abaca ó cáñamo de las Filipinas, se hallan en estado silvestre; el sándalo crece en los alrededores de Kanala, y, finalmente, los bosques que cubren la parte meridional de la isla están poblados de árboles de un grosor y de una altura prodigiosa, que pueden satisfacer todas las exigencias de una vasta colonización y llegar á ser un recurso precioso para la marina. La naturaleza del terreno se parece á la de la Nueva Holanda. La constitución geológica de las montañas presenta el cuarzo, la mica, el asperón con granatas, la galaxia y el hierro especulario, minerales de cobre y plomo, y en el valle de Pouebo, cerca de Hienghén, pepitas de oro. La bahía de Moraré se halla rodeada de colinas que ofrecen abundantes lechos de carbón de piedra puro, excelente y de una explotación facilísima. En las costas hay infinidad de tortugas, caracoles y pescados, distinguiéndose entre estos últimos tres especies venenosas. En ninguno de los parajes de este país se encuentran grandes
cuadrúpedos: los perrcs y los cerdos han sido importados por los europeos. Entre los pájaros figuran una especie particular de urracas, de cuervos y de pichones. La población de la Nueva Caledonia, con la de los islotes que de ella dependen, se calcula en unos 70.000 habitantes, divididos en multitud de tribus, las cuales presentan, en su mayoría, un hermoso tipo, que se aproxima mucho á la raza negra: pero que parece indicar un cruzamiento. Talla arrogante, formas bien proporcionadas, pelo lanudo, frente ancha, pómulos salientes, nariz aplastada, dientes blancos, y tez de color de chocolate: tal es, por lo común, el retrato fisico de los habitantes de esta isla. El caledonio es ladrón descarado; pero roba, no por codicia, sino porque carece de todo sentimiento de la propiedad, como lo prueba la facilidad misma con que se desprende de los objetos que usurpa. Es también indolente y enemigo de todo ejercicio que no sea la danza ó la guerra, y esta pereza proviene del número de mujeres que toma, á las cuales encarga los trabajos más penosos. El caledonio está dotado de un espíritu sutil y astuto, y de una inteligencia muy desarrollada: la mujer, cuyo destino es más desdichado y miserable, viene á ser como la esclava de su marido.
Este, no sólo la castiga cruelmente por la falta más ligera, sino que ejerce sobre ella el bárbaro derecho de vida y muerte. Las mujeres son las que llevan los víveres cuando la tribu parte para la guerra; las que cargan con el botín, las que cultivan la tierra y preparan la comida. Este pueblo es generalmente silencioso y triste. Los hombres van desnudos, excepto en la cintura, la cual cubren con hojas ó un pedazo de tela burda; las mujeres llevan una especie de jubón muy corto, hecho de los filamentos de la corteza de los árboles, dispuestos en franjas; este sencillísimo traje es blanco en las jóvenes donce Ilas, y negro, en las mujeres casadas. Los hombres tienen agujereado el lóbulo inferior de la oreja, por el cual introducen hojas de árbol ó pedazos de madera. Algunos se pintan el cuerpo; otros, solamente el pecho, formando anchas bandas oblicuas y negruzcas. Las mujeres Ilevan, entre otros adornos groseros, brazaletes de conchas ó caracolillos, y otro aderezo, sumamente raro, de que hablaremos en la reseña. Los naturales de la Nueva Caledonia habitan en miserables chozas ahumadas, las cuales, reunidas en número de 30 ó 40, forman pequeños lugares. Sus armas favoritas son: la maza, la honda y la azagaya, que tiene unos á metros de longitud. Sus embarcaciones afectan la forma de las almadías (especie de canoas de los indios), y se componen de dos troncos de árboles cruzados y unidos el uno al otro; entre estas dos piraguas se eleva la arboladura. Con este sencillo medio navegan cómodamente por entre los arrecifes que rodean su isla. La batata, los caracoles, el fruto del sebesto y del cocotero, y una especie de insecto que ellos llaman mougui, constituyen toda su alimentación. Los insulares parecen no profesar religión ninguna, pues entre ellos no se han encontrado ídolos ni nada que pueda dar indicios de un culto cualquiera. Para ellos, los únicos objetos sagrados son aquellos sobre los cuales el jefe ha puesto su tabou; esto es, que ha designado para su uso. Sin embargo, tienen hechiceros que adivinan por sortilegios y conjuran los espíritus; pero como están vendidos á los jefes, se les mira con poca afición y se les mata con gran placer cuando se les encuentra solos. La Nueva Caledonia fué descubierta el á de Septiembre de 1774 por Cook, quien anclan el nuertada Balada, situado a Noroeste. D’Entrecasteaux rodeó la isla en 1793 y 1794; algunos navegantes franceses exploraron luego sus costas y diferentes puertos, y finalmente, el 24 de Septiembre de 1853, el contralmirante Febvrier-Despointes, comandante en jefe de las fuerzas navales francesas de la OCEANÍA, tomó solemnemente posesión de la Nueva Caledonia y de sus dependencias, y cinco días después clavaba la bandera imperial en la isla de Pinos. El archipiélago está administrado por un comandante, el cual depende jerárquicamente del gobernador de las posesiones francesas en aquella parte del mundo. Los principales puertos visitados por los buques de Francia son: Balada, Hienghen, Kanala, San Vicente, Nou y la bahía de Moraré, paraje el más importante de la isla bajo el punto de vista industrial y comercial; pues sus costas, que presentan un desarrollo de 8 kilómetros, ofrecen una inmensa é inagotable mina de hierro y de carbón, situada á flor de tierra, y frecuentemente en montecillos de 30 á 40 metros de elevación. 4.a Nuevas Hébridas.—Este archipiélago, llamado también de Quirés, aparece situado al Norte y al Este de la Australia, entre 14° 29/-20° 4' de latitud meridional y 164° 20-168° de longitud oriental. Estas islas son generalmente montuosas: la de Tanna tiene una montaña ignea, y otra igual la de Ambrym. El suelo es por lo común sumamente fértil, y algunos vegetales alcanzan una altura dos veces mayor que la ordinaria en otras regiones. Sus plantas son numerosas y variadas, y sus montes se encuentran cubiertos hasta sus cimas de extensos bosques, poblados de árboles que miden hasta 50 metros de altura. En todas las islas abundan el espliego, la caña de azúcar, la batata, el cocotero, la higuera, la nuez moscada, el naranjo y el árbol del pan. El cerdo, las aves, una especie de pichones, que se alimentan de nuez moscada, y los grandes y hermosos papagayos, que se ocultan en los bosques, son los únicos animales que se distinguen en este archipiélago. Sus islas están habitadas por diferentes razas de hombres: en algunas de ellas los naturales ofrecen cierta analogía con los de la Nueva Holanda; son de mediana estatura, pero fornidos; su color, moreno; su barba, fuerte, negra y rizada; sus cabellos, muy espesos y erizados como las púas ó dardos del puerco espín. Sus facciones, abiertas y pronunciadas, les dan cierto aire varonil, vigoroso y guerrero. Todo su vestido se compone de un paño, que sólo les cubre las partes púdicas. Sus arcos, sus hondas, sus mazas y sus dardos, recuerdan las armas que se usan en las islas de los Amigos. Las mujeres, débiles y pequeñas, se hallan reducidas al estado de esclavitud. En ciertas islas se distinguen los habitantes por lo negros, bien formados, activos, industriosos, antropófagos y belicosos en demasía; en otras, por el contrario, difieren de una manera notable de las demás naciones de esta parte del globo. Sus naturales son pequeños, de color bronceado; cabeza, oblonga; hueso frontal, muy estrecho; piernas y brazos, largos; pómulos, salientes; nariz, ancha y aplastada. Se sirven de flechas, que emponzoñan. Estas distintas razas hablan lenguas particulares. El español Quirós descubrió, en 1606, la tierra principal de las Nuevas Hébridas, y suponiendo que formaría parte de un continente austral, la denominó Tierra Australia del Espiritu Santo. En 1768 añadió Bougainville algunas islas, y dió al archipiélago el nombre de Grandes Cyclades; y seis años después, Cook, completando el reconocimiento de las islas, las bautizó con el nombre de Nuevas Hébridas, considerándola como la más occidental del Grande Océano. 5.a Nueva Guinea, Papuasta ó tierra de los papuas ó papus.—Esta extensa comarca está dividida en gran número de territorios, gobernados por jefes independientes. Se halla comprendida entre 0° 15-10° de latitud meridional y 129°-147° de longitud oriental, confinando: al Norte, con el Grande Océano equinoccial; al Este, con el mar de Albión ó del Coral; al Sur, con el estrecho de Torres, que la separa de la Nueva Holanda; al Sudoeste, con el Océano índico, y al Oeste, con el mar de las Molucas. Su longitud mide 1.920 kilómetros, de Noroeste á Sudeste; su ancho varía de 48 á 640; su superficie total se aproxima á 624.000 kilómetros cuadrados. De este archipiélago sólo han sido exploradas las costas, y aun éstas, de una manera rudimentaria. La parte occidental es la más conocida. Los navegantes han visitado el golfo Mac-Gluer, el cabo Blanco, ó de Buena Esperanza, el Abra, ó ensenada de Dory, y reconocido las islas Djobia y Mysory, ó Schoutin. La costa oriental, desde el cabo del Rey Guillermo hasta el del Sudeste, no ha sido vista sino desde lejos; Edwards descubrió por esta misma parte el cabo Rodney, y por último, al Norte, no se conocen más TOMOIH
que el cabo Wash, las islas de Arrón, la ría de los Asesinos, de Keerveer y de Retourne, y el canal Durga. Las costas de la Nueva Guinea se presentan en general muy elevadas. En la península occidental, el monte Arfak tiene 2.900 metros de altura; en la costa septentrional, el monte del Elefante, el de Church, el Gigante Molineau y los Dos Cíclopes, merecen ser tenidos en cuenta. Según los holandeses, el país ofrece algunas alturas cubiertas de hielos perpetuos. Las montañas de la costa aparecen ricamente pobladas de árboles; los rios, bordeados de cocoteros; el país, hermoso, fértil y quizás empleado en diversidad de cultivos. Los holandeses han visto en esta isla el palo de hierro, el ébano, el lingoa y la nuez moscada. Los bosques abundan en maderas de tek y en sensitivas. El mar arroja á las orillas gruesos pedazos de ámbar gris, y en una de las costas se encuentran hermosísimas perlas. El jabalí de las Molucas parece habitar los bosques. La Nueva Guinea es la residencia favorita de los pájaros del paraíso, de los cuales se cuentan de 10 à 12 especies, no faltando además lindísimos papagayos, loros, pichones blancos y palomas bronceadas. Se conjetura que estas islas están pobladas de diversas razas de hombres. Los badchous de Borneo y los malayos de las Molucas se hallan establecidos en gran número en toda la costa occidental. La gran masa de los habitantes parece también compuesta de negros oceánicos; éste es tipo robusto, de buena estatura, de un negro reluciente, de cutis áspero, de ojos grandes, boca muy hendida, nariz chata, cabello negro y rizado. Las mujeres tienen los pechos enormes y colgantes, son industriosas y trabajadoras. mientras que sus maridos pasan el tiempo entregados al sueño, cuando no cazan. Los dogmas religiosos de los papus son poco conocidos; se sabe únicamente que tienen ídclos y fetiques, y que construyen sepulcros de roca dura y de coral, que algunas veces cubren de escultura. Hacen el principal comercio con los chinos y los holandeses, á quienes compran sus instrumentos y utensilios, así como las telas ordinarias de algodón con que se visten las mujeres, dando, en cambio, ámbar gris, conchas de tortuga, pequeñas perlas y diferentes aves disecadas. Sus piraguas están construídas con grande habilidad y adornadas con elegantes esculturas, lo cual revela un gusto incomprensible, porque es indicio de una cultura verdaderamente inexplicable. Los papus de la costa clavan en el agua unas estacas que sirven de apoyo á un entarimado de tablas, sobre el cual elevan sus chozas, con dos puertas; una, que da á la tierra; y otra, al mar: la primera sirve para asegurar la retirada contra los piratas malayos, que los atacan; la otra, contra los haraforas, con quienes se hallan continuamente en guerra. Las frecuentes invasiones de los malayos han hecho á los papus sumamente recelosos y desconfiados respecto de todos los extranjeros. Los holandeses han fundado algunos establecimientos en la costa occidental, evaluándose en más de 200.000 almas la población á ellos sometida. Créese que esta isla fué visitada por los árabes antes que por los europeos. En 1511, dos navegantes portugueses, Antonio Ambrea y Francisco Serram, la descubrieron; en 1527, el español Saavedra desembarcó en ella y dió el nombre de Papua á la parte occidental y el de Isla de Oro á la oriental; y un año después Antonio Urdaneta é Iñigo Ortiz la bautizaban con el de Nueva Guinea, al notar la gran semejanza que existe entre los cabellos crespos de sus habitantes y los de los negros de la Guinea. Más tarde han intentado vanamente algunos navegantes entablar relaciones con los naturales inhumanos de estas islas. En 1678, fué atacado en ellas el holandés Keyts; los ingleses ensayaron el comercio y tuvieron que abandonarle, á consecuencia de los ataques violentos de los insulares: los holandeses son los únicos que han conseguido internarse en el territorio y fundar algunos establecimientos mercantiles. 6.* Archipiélago de Salomón ó Nueva Georgia.—Se encuentra al Oriente de la Nueva Guinea, entre 4°-12° de latitud meridional y 152°-161° de longitud oriental. Su mayor largo es de 1.000 kilómetros; su ancho medio, de 150 á 200. Las principales islas se denominan: Bouka, Bougainville, Choiseul, Santa Isabel, Georgia, Carteret, Arsácides, Guadalcanar, San Cristóbal y Rennal. Las costas de estas tierras son muy altas y escarpadas, circuídas de arrecifes y de bancos ó madréporas, que hacen difícil y peligrosa la navegación por aquellos parajes. El interior aparece cortado por montañas pobladas de árboles, y por valles fertiles y hermosos. El suelo se halla cubierto de arbolado hasta las cimas más elevadas. Entre las producciones vegetales se citan: el clavero, el jengibre, una especie de limonero, la palmera, el árbol del pan, el del café y otros muchos, que dan resinas y gomas odoríferas y aromáticas. Las aves son numerosas; el cerdo y el perro, comunes. Los bosques se encuentran poblados de lindísimos papagayos, de temibles serpientes, arañas larguísimas y hormigas muy grandes. Estas islas están generalmente bien pobladas: el número de sus naturales pasa de 100.000, los cuales parecen pertenecer á dos razas: una, negra, de cabello lanudo, pero que no tiene la nariz tan aplastada ni los labios tan gruesos como los negros; y otra, de color cobrizo y de pelo largo, que acostumbra á cortarse alrededor de la cabeza. Estos insulares se pintan el cuerpo, ostentan adornos en las orejas y en los cartilagos de la nariz, y sólo llevan cubierta la parte de la cintura. Sus armas son el arco, la maza y una especie de escudo hecho de mimbres; muestran una gran habilidad en la construcción de sus canoas, que miden de 18 á 20 metros de largo por uno de ancho, y se hallan en continua guerra con sus vecinos. Los jefes ejercen sobre ellos un poder despótico. Los naturales de las islas Choiseul é Isabel tienen fama de antropófagos. Estas tierras fueron descubiertas en 1567 por el navegante español Mendaña, y Shartland las bautizó con el nombre de Nuera Georgia. 7.” Archipiélago de la Luisiada.— Está comprendido entre los 8°-12° de latitud meridional y 147°-153° de longitud oriental, y se compone de un considerable número de islas y de arrecifes, que se extienden sobre una superficie de 700 kilómetros de largo por 200 de ancho. Las principales son: Entrecasteaux, Jurieu, Saint-Aignan, Rossel y del Sudeste. Algunas de ellas se encuentran habitadas por indígenas que van casi en cueros y tienen el cutis de un color moreno y los cabellos lanudos. Este archipiélago recibió el nombre de Luisiaaa de los navegantes franceses. 8.a Nueva Bretaña.—Este grupo de islas se halla situado en el Grande Océano equinocccial, al Nordeste de la Nueva Guinea, entre 4°-6° 30' de latitud meridional y 156°-160° de longitud oriental. Algunas de ellas son volcánicas: en 1793 se notó que una arrojaba columnas de humo y torrentes de lava. Sus numerosas costas están coronadas de bosques. Estas islas se hallan bastante pobladas, habiéndose observado que sus habitantes tienen el color cobrizo, y los cabellos, negros y largos. El grupo de la Nueva Bretaña fué descubierto por Dampier, en 1699. 9. Archipiélago de Santa Cruz ó de la Reina Carlota.—Se encuentra situado en el Océano Pacífico del Sur y comprende las islas de Nueva Guernesey, Nueva Jersey, Nueva Sak, Nueva Aurigny y la Golondrina. La isla de Santa Cruz, llamada también de Egmont, se halla asentada en el Grande Océano equinoccial, á los 11° de latitud Sur y 163° 31' de longitud Este. Tiene 32 kilómetros de largo por 16 de ancho y está cubierta de montañas, interrumpidas por algunos va Iles. Su suelo es fértil; su vegetación, lozana y hermosa. Los indígenas son de raza negra de especies distintas, cuya fisonomía, en general, es poco agradable. Los hombres van desnudos; las mujeres sólo llevan cubierta una parte del cuerpo con una especie de paño de lienzo ó tela de algodón. Sobre las costas se ven diseminadas infinitas y espaciosas viviendas, habiéndose advertido que los habitantes de este archipiélago son pérfidos y desconfiados. POLINESIA 33. División y descripción fisiregeográfica.—Desígnase bajo este nom
bre toda la parte Norte y Nordeste del Grande Océano, situada entre los 35°-56° de latitud septentrional, 125 de longitud oriental y 105° de longitud occidental, comprendida entre la Melanesia, la Micronesia y la Malasia, al Occidente, y la América, al Oriente. Ocupa esta superficie del Océano una multitud de islas de pequeña extensión, dispuestas generalmente en grupos y habitadas por polinesios y negros oceánicos. Las producciones más comunes de la Polinesia son: la batata, el coco, el árbol del pan y otras muchas plantas nutritivas; aves de vistoso plumaje, como el pájaro del paraíso, gran variedad de papagayos é infinidad de gallinas, palomas y cerdos, introducidos tal vez por los primeros que descubrieron aquellas apartadas regiones. La Polinesia, que, como la Malasia y la Melanesia, se halla atravesada por la linea equinoccial, comprende, entre otros de menos importancia, los siguientes grupos y archipiélagos: 1.° Nueva Zelanda.—Este grupo, situado al Este de la Nueva Holanda, entre los 33°-47° de latitud meridional y 164°-178° de longitud oriental, se compone de dos grandes islas y de algunas pequeñas adyacentes. Las primeras, llamadas por los ingleses septentrional y meridional, y por los indigenas Eaheino-Maure y Tarai-Poenammou, son las más comerciales y están separadas por el estrecho de Cooh, que es el punto que vienen á ocupar los antípodas de Madrid: entre las segundas, que forman parte de la colonia inglesa, se citan las de Sterart, Campbell, Macharia, Bishop y Clerk, Antípoda, Bounty, Cornrallis, Nor folk, Auckland y Chat-ham. La longitud que mide la Nueva Zelanda es de l.350 kilómetros; la anchura, muy variable; la superficie está evaluada en 64.000.000 de acres, distribuidos en esta forma: 27.500.000, la isla septentrional; 35.000.000, la meridional, y 4.500.000 las pequeñas islas. La costa occidental de este grupo describe una línea curva cóncava, paralela á la línea convexa de la costa Sudeste del continente austral, que ocupa el punto opuesto, presentándose casi enteramente muy elevada y con entradas peligrosas. Sin embargo, la mayoría de las islas, particularmente las del Norte, ofrecen excelentes puertos. entre los cuales figuran: Port-Chulmers, Nelson, Iéllington y Auckland. Entre los principales cabos se citan: el de Otón, en la extremidad Noroeste de la isla Eaheino-Maure: el de Jai A pou, en la isla del Nordeste, y el de Kara-hara, en la del Sudeste. La bahía de la Abundancia está determinada por los dos primeros. En la isla Tavai-Poenammou se distinguen: los cabos Fare-Well y Campbell, al Norte; Saunders y Oeste, al Mediodia; la península de Banks, sobre la costa oriental, y la bahía Dusky, al Norte del cabo Oeste. La Nuera Zelanda, la mayor de las islas enclavadas en el Océano Pacífico, es de naturaleza volcánica. Una cadena de enormes y elevadas rocas atraviesa el centro de la isla Tavai-Poenammou y recorre la parte meridional de la de Eaheino Mauwe. Estas montañas van descendiendo paulatinamente hacia el mar, en donde se extienden varias llanuras y pantanos. Algunos de los picos de esta cordillera, elevándose de pronto, alcanzan la altura de las nieves perpetuas. El territorio presenta además algunas cadenas secundarias de colinas, macizos aislados y mesetas elevadisimas. La mayor parte de estas alturas aparecen cubiertas de magníficos bosques hasta el límite de los hielos perpetuos. De las montañas y cerros mencionados descienden multitud de ríos, si bien poco importantes bajo el punto de vista de la navegación, muy útiles á la agricultura y á la industria. El más notable es el Waihato. La geología y la mineralogía de la Nueva Zelanda son aún poco conocidas. Esto no obstante, se han descubierto y explotado en grande escala varios criaderos de hulla en Nelson, New-Plymouth y en otros varios parajes de las principales islas, de las cuales se extrae igualmente azufre, manganesa, pizarra y mármoles. El hierro se encuentra en abundancia y la colonia exporta anualmente más de 1.300 quintales de cobre. En las montañas existen algunos volcanes en actividad; en la isla de Eaheino Mauwe hay cavidades que son evidentemente cráteres apagados. Los terremotos se suceden con bastante frecuencia en todo el país. El clima, templado y benigno, ofrece alguna analogía con los de la Francia y la Inglaterra meridional. El calor es menos pesado que en Sydney y no se experimentan esas prolongadas lluvias torrenciales que afligen las colonias de la Australia. Sin embargo, en casi todas las lunas nuevas cambia la temperatura y se desatan vientos huracanados. El aire es, por lo general, sano y favorece la longevidad. Las enfermedades del sistema linfático son las comunes entre los indígenas. La mayor parte de la colonia aparece cubierta de pantanos, de espesos bosques y de maleza: el suelo, desmontado y feracísimo en toda especie de granos y de frutas; figurando, al lado de estas producciones de la agricultura europea, abundantes y riquísimos vegetales indigenas. Sus poblados bosques, que pueden considerarse como inagotables, suministran gran cantidad de maderas á la exportación de Sydney y otras colonias. El pino alcanza un diámetro y una altura extraordinarios; especialmente, la variedad Ilamada haury, cuya especie da tanta goma como la hahihatea. Entre los otros productos espontáneos de la Nueva Zelanda, sobresalen: el pteris esculenta, helecho cuya raiz es alimenticia; el apio, el perejil silvestre, hierba de las Canarias, el llantén y cierto lino muy famoso, objeto de un considerable consumo y de una gran exportación. Una de las particularidades de aquellas islas es la ausencia absoluta de toda especie de mamiferos indígenas: los caballos, bueyes, carneros, cabras y cerdos, que en ellas se encuentran, han sido importados por los europeos. Lindos papagayos, cotorras, ánades y palomas habitan en la espesura de los bosques; las aves empezaron hace poco á propagarse, merced á los cuidados de los colonos europeos. En algunos centros, tales como Auckland, Wéllington y Nelson, funcionan varias fábricas, manufacturas de lana, hilos y talleres de construcción. Sin embargo, la mayor parte de los productos manufacturados que se consumen en la colonia, proceden de Inglaterra. La ocupación preferente de los colonos está limitada á la cría de carneros y al tráfico de la lana. El comercio de la Nueva Zelanda arroja ya una cifra notabilísima en el valor de los cambios con Inglaterra y puertos de la Australia. Los principales artículos importados son: mantas de lana, indianas, telas de algodón, muselinas, franelas, objetos de moda, perfumería, jabones, papel de escribir, pipas, tabaco, clavos, colores, vasos de vidrio, espejos, loza, bujías, azúcar refinado, sardinas, manteca salada, higos, frutas secas, zapatos, sombreros, nuez moscada, almidón, aceite de olivas, lámparas, libros, vinos, espíritus, aguardientes, cervezas, vinos de Burdeos, de Champagne, Rhin y Jerez. Diferentes lineas de vapores hacen escala en Auckland, Nelson, Wéllington y New-Plymouth, y ponen en comunicacón estos puntos gon Sudney, Singapore y Europa. En la Guía de Australia, publicada en Inglaterra en 1848, se calculaba la población indígena de la Nuera Zelanda en 100.000 habitantes y 18.000 europeos; pero despues de esta fecha, la cifra de estos últimos, particularmente, ha aumentado de una manera notable, pudiendo fijarse de 40 á 45.000 almas. La colonia está dividida en dos provincias: New-Münster y Old-Münster.
Auckland, ciudad de unos 8.000 habitantes, es la capital del Gobierno, residencia del obispo y cabeza de partido de la isla septentrional. Wéllington, excelente puerto de mar, situado á la entrada del estrecho de Cook, es la capital de la isla meridional, con 7.000 almas, próximamente. New Plymouth, Akaroa, Nelson y Otago figuran entre las demás poblaciones principales. El Gobierno de la Nueva Zelanda vino dependiendo hasta 1840 del de la Nueva Gales del Sur. Por esta época tuvo la colonia una administración particular, compuesta como la de las demás colonias inglesas. Los pueblos indígenas, que los ingleses llaman maoriens, pertenecen probablemente á la gran familia malaya: losque habitan hacia la parte Sudoeste de la Australia, á pesar de su estado social, superior al de muchos otros océanos, son incontestablemente antropófagos. Sus frecuentes relaciones con los europeos sólo han servido hasta ahora
para apoderarse de nuestros adelantos en las artes y destruirse mutuamente con mayor facilidad. Sus armas son la maza y el hacha. En los combates hacen terribles gestos y contorsiones, y asan y se comen á los prisioneros. Los hombres son en general altos, robustos y bien formados; sus ojos, negros, hundidos y llenos de vivacidad; su color, el de los bohemios ó gitanos de Europa; su frente, estrecha; sus cabellos, erizados; los de las mujeres, frecuentemente crespos. Los naturales de aquellas islas son inteligentes, activos, industriosos, excelentes marinos y muy apasionados por la poesía y la música. La antropofagia tiende á desaparecer con la influencia de los misioneros ingleses, como igualmente la poligamia, la cual sólo se practica ya entre algunos salvajes idólatras de los bosques. La Nueva Zelanda fué descubierta por Tasman en 1642; pero ésta no llegó á ser realmente conocida hasta después de los viajes de Cook, realizados en 1769 y 1774. A partir de esta época, fué de tiempo en tiempo visitada por los buques balleneros. En 1815 se estableció en la isla septentrional una colonia de misioneros. El Gobierno inglés tomó posesión de este grupo é instituyó un gobierno en 1833. Los franceses abandonaron luego el establecimiento de Akaroa, que habían fundado en la costa oriental para proteger á los buques que se dedicaban á la pesca de la ballena. En cuanto á la extensión de la Nueva Zelanda, debemos hacer ciertas aclaraciones. El acre inglés es una medida de tier a, equivalente á poco más de 40 áreas (40 áreas, 467). Teniendo el territorio de Inglaterra 39.033.500 acres, es evidente que la Nueva Zelanda comprende un espacio casi doble al de todo el territorio inglés. 2.° Archipiélago de Sandwich ó de Hamaii.— Uno de los más septentrionales del Océano, situado entre 18 53-23° 5' de latitud Norte y 157° 9’. 164° 10' de longitud Oeste, en el Grande Océano equinoccial. Constituyen este archipielago una cadena de islas de 900 kilómetros de largo, de Sur á Noroeste: en la extremidad Sudeste se encuentra la principal de sus islas, denominada Haraii ó Omhyhee, y siguiendo luego hacia el Noroeste, las de Maoui, Morokine, Tahouroua, Ranai, Morotoi, Oahou, Onihou, Ori Roua, Tahoura y Bird’-s Island, ó isla del Pajaro. Su superficie mide 14.800 kilómetros cuadrados, que ocupan sobre 500.000 habitantes. El suelo de estas islas es quebrado y volcánico. Las montañas que lo cruzan, alcanzan una altura considerable. Los picos más elevados que presenta la isla de Hawaii, son el Mouna-Rea y el Mouna-Kea, coronados de nieves perpetuas. Algunas de aquellas montañas no ofrecen más que rocas desnudas, en medio de las cuales se abren gargantas profundas, de paredes escarpadas, y cavernas inmensas, cuyos espacios ocupan grandes llanuras y hermosos valles, regados por numerosas corrientes de agua. Las costas aparecen por lo general bastante cortadas, formando buenas bahías y cómodos y seguros puertos, que sirven de refugio ó de estación á los buques que navegan entre la América y el Asia. El clima es benigno y más suave que el de las Antillas, no obstante hallarse, poco más ó menos, bajo la misma latitud. Las lluvias son frecuentes en aquellas islas; las mareas, muy irregulares; el flujo llega del lado del Este; la mayor altura que alcanza es de cerca de un metro. El suelo no en todas partes ostenta la misma fecundidad: las llanuras próximas al mar son arenosas y carecen de vegetación por la influencia que en ellas ejercen los ardientes rayos del sol; pero sus valles aparecen tan pintorescos como fértiles; el cu tivo se hace con extraordinario esmero y el sistema de riegos se practica de una manera muy ingeniosa. Entre sus principales producciones, se cuentan: los granos, las raíces, las batatas, las frutas, el tabaco, el azúcar, el algodón, el café, el añil, el jengibre y la vid: sus colonias se hallan cubiertas de espesos bosques, donde se encuentran en abundancia el cocotero, la morera, el árbol del pan y el sándalo; que es uno de los primeros artículos de su comercio con la China. Los cuadrúpedos indígenas más notables son: el perro, el ratón y el cerdo; los bueyes, los carneros y las cabras, cuya cría constituye una de las principales riquezas del país. Las exportaciones consisten en café, algodón, añil, pieles, sal marina, azúcar, tabaco, telas de corteza de árbol y maderas de ebanistería; las importaciones, en ganados, vinos y zapatos de París, quesos y nebrina de Holanda y la mayor parte de los artículos manufacturados, de Inglaterra, América y Francia. La cifra de las importaciones se elevaron, en 1853, á 6.169.389 pesetas próximamente; la de las exportaciones, en productos extranjeros, 920.973; en productos del país, 1.325.237. El puerto de Honolulu, por el cual se hacen casi todas las transacciones comerciales, recibió en el mismo año 10 buques de guerra, 194 mercantes y 535 balleneros de todas las naciones. El comercio de las islas se halla en su mayor parte monopolizado por los ingleses y los americanos; sin embargo, muchos de los indígenas se han dedicado al tráfico y hacen frecuentes viajes á la costa Noroeste de la América. Hoy la civilización se ha extendido considerablemente en todo el archipiélago de Sandwich: los hawaiios, con el continuo trato y roce con los europeos, han hecho rápidos progresos en las ciencias y en las artes; ellos mismos construyen sus buques, fabrican con grande habilidad diversas telas, tienen imprentas, publican periódicos y diferentes obras; explotan el suelo con inteligencia; sostienen varias escuelas, á las que concurren más de 70.000 discípulos; cuentan con una pequeña escuadra bastante bien montada y una marina mercante numerosa, por medio de la cual hacen un comercio muy activo con la costa de la California, Cantón, Kamtchatka y otros infinitos puertos del Océano. Convertidos al cristianismo por misioneros católicos y metodistas, han abandonado sus costumbres bárbaras, y entre ellas, la de los sacrificios humanos. Los naturales de Sandrich se parecen mucho más á los insulares de la Nueva Zelanda que á ninguno de los otros pueblos de la OCEANÍA: por lo regular, son de mediana estatura, ágiles, industriosos y bien formados; su fisonomía es graciosa, sin ser bella; su carácter, dulce y afable. Las mujeres tienen hermosos ojos, lindos dientes y un mirar sumamente tierno. El color de su tez es más moreno que el de los habitantes de Tahití. La batata, la caña de azúcar, el fruto del árbol del pan y la patata constituyen el principal alimento de aquellos pueblos: los que ocupan un rango más elevado, comen asada la carne de buey, de carnero y de cerdo. Los hawaiios han abandonado la honda, la maza, la pica y el puñal por las armas blancas y de fuego de los europeos. La población se divide en hiéris, ó nobles, y hanaques, ó plebeyos. La forma de gobierno es monárquica representativa. El soberano gobierna con el concurso de un Consejo, compuesto de los gobernadores de las islas, que forman una Cámara alta y un Congreso de diputados. Los Cónsules de América, de Francia y de Inglaterra ejercen una grande influencia en las determinaciones del monarca. Constituyen únicamente la fuerza militar los 50 hombres de que consta la guardia del rey: la armada, de unos 200 buques, una fragata, un bergantín y varias grandes piraguas. Honolulú ú Honorurú es la capital de este pequeño reino organizado á la europea: sus calles son regulares y limpias; sus casas, todas de madera, cubiertas de rastrojo; el único edificio de piedras es el palacio real. La población puede calcularse en unos 8.000 habitantes. Su puerto, que es de los más seguros, se halla frecuentemente ocupado por más de 50 buques extranjeros, que pueden proveerse de los objetos necesarios para la navegación. El rey cobra el diezmo de las mercancías de esta clase. Los buques extranjeros pagan un 50 por 100 por derechos de tonelada, y el 80 por 100 por pie de cala, cuyos productos, unidos á la venta del sándalo, forman casi la totalidad de las rentas del Estado. Esta ciudad está situada en la isla de Oahou, Woahoo ó Wahoo, la cuarta en extensión y la más importante del archipiélago, bajo el punto de vista pol tico y administrativo. Se la llama jardín de las islas Sandwich, por hallarse naturalizados en ella todos los frutos de los tropicos. La isla de Haraii ú Owaihi es la mayor de este grupo y acaso de toda la Polinesia. Karaka-Koa es su población principal, con 5.000
almas, palacio regio, escuelas y una imprenta donde se imprimen libros de instrucción, escritos en el idioma de Hamaii. Créese que estas islas fueron descubiertas por varios navegantes españoles; pero lo cierto y positivo es que los capitanes Cook y King las visitaron en 1778 y les dieron el nombre de Condado de Sandmich, bajo cuya administración hicieron los ingleses importantes descubrimientos. El célebre navegante Cook murió asesinado el 14 de Febrero de 1779, á consecuencia de una insurrección popular, en la isla de Hamaii. En 1794, el rey Tamehameha I, auxiliado de Vancouver y de los marinos ingleses Young y Davis, empezó á organizar una pequeña flota, que llegó á contar muy luego sobre 20 naves de más de 70 toneladas, disciplinó un cuerpo de tropas á la europea y construyó una fortaleza, que erizó de cañones. Su hijo Riho-Riho abrazó la religión cristiana, en 1829, y abolió el antiguo culto. En 1835, los misioneros angloamericanos habían ya convertido al cristianismo casi toda la población del archipiélago. Hoy el gobierno es representativo, como ya hemos indicado; funciona con regularidad, y los diarios ingleses reproducen el discurso constitucional, que anualmente pronuncia el soberano al abrir el Parlamento. 3.° Archipiélago de Viti ó Fidji.— Hállase enclavado en el Grande Océano equinoccial, comprendido entre los 15° 43-19° 42' de latitud Sur, y 174° 40-179° 41' de longitud Este. Las dos islas más importantes de este archipiélago son: Viti-Levou y Vanona-Levou. La primera es más considerable, tiene 320 kilómetros de circunferencia y está atravesada por una cadena de montañas, cubiertas de bosques hasta sus cimas; la segunda, Ilamada también Paou y Takanoca, la cual presenta 200 kilómetros de circuito, es igualmente montuosa y muy frecuentada por los buques anglo-americanos que van en busca de la madera de sándalo, que luego venden en los mercados de la China. Se distinguen en ella la bahía de Sandalwood y los puertos Vouhia y Caribata. La isla de Kandabón, denominada también Ambou y Namihi-Levou, es la tercera del archipiélago por su extensión. Siguen á ésta las de Nhao, A hakemba y Lageba. Las restantes no merecen citarse. Estas islas son más extensas, y tan fértiles y pobladas como las demás de la Polinesia; pero poco conocidas todavía. El suelo de las grandes es elevado y en él se destacan algunos picos de considerable altura: las pequeñas son bajas y se encuentran rodeadas de arrecifes de coral. Los naturales de este archipiélago pertenecen á la familia de los papuas ó negros oceánicos; pero no parecen inferiores á los habitantes de las islas de los Amigos, bajo el punto de vista de la industria y de la civilización. No obstante, son feroces y muy belicosos, y aun se les acusa de antropófagos. Cuando parten á la guerra se tiñen el rostro para parecer más terribles, y van casi desnudos. Los vitianos son muy temidos de los habitantes de las islas Tonga, con quienes están constantemente en guerra.
Finow, rey de estos últimos, llegó, sin embargo, á someter una parte del archipielago de Fidji; pero á la muerte de éste lograron los naturales recuperar su independencia, y en la actualidad se hallan gobernados por jefes de su propia raza. Tasman descubrió estas islas en 1643; el capitán Bligh las reconoció en 1789.
Barbier, capitán de un buque mercante, ancló en ellas en 1794 y fué atacado por los naturales. Después de esta época, el archipiélago Fidji ha sido frecuentemente visitado por los europeos. 4.° Archipiélago de Palaos ó Pelem. —Se halla situado al Occidente de las islas Carolinas, en el Grande Océano equinoccial, entre los 6° 53’-8° 9' de latitud Norte y 132° 20' de longitud Este. Se compone de 18 islas, de las cuales se citan como principales, las de Baubelthonap, Kyangle, Korouraa, Pelew, Angour y Friklithou. Todas ellas aparecen medianamente elevadas y circuídas de un largo arrecife. En el interior se ven algunos pequeños ríos y varios estanques: el suelo es rico, esta cubierto de espesos bosques y en ciertos parajes se le cultiva con grande esmero. Sus producciones más comunes son: la batata, la nuez de coco, limones, plátano, llantén, caña de azúcar, azafrán de las Indias, excelentes maderas para la marina, el árbol del pan, el cocotero y el bambú. Los pájaros de hermoso y variado plumaje son numerosos; los gallos se crían en estado salvaje. Las costas, abundantes en pescado, son visitadas por las focas, tiburones y enormes tortugas. Los naturales de estas islas son amables, alegres y de costumbres sencillas; de mediana estatura, bien formados y de color cobpizo. Los hombres van desnudos; las mujeres llevan dos pequeños delantales, ó más bien franjas, hechas con la fibra ó hebra que forma la cubierta de la nuez de coco. Ambos sexos se pintan el cuerpo y se tiñen los dientes de negro. El pescado constituye su principal alimento. Sus viviendas, levantadas sobre anchas piedras de poco menos de un metro de altura, están construídas de tablas y de bambúes. Sus muebles y sus instrumentos son muy parecidos á los de los habitantes de la isla de Tahití; sus armas consisten en picas, dardos y hondas; sus canoas estan hechas con troncos de árboles y adornadas de esculturas. Los naturales de Palaos no dan indicios de tener idea de alguna religión; su lengua se deriva del malayo. El gobierno se halla en las manos de un rey, al cual pertenece todo el territorio: los jefes ó rapaks constituyen una especie de nobleza. Estas islas, aunque fueron visitadas antiguamente por los españoles, de quienes recibieron el nombre que en la actualidad las distingue, no llegaron á ser realmente conocidas hasta la relación que de ellas dió Keate sobre las memorias del capitán Wilson, cuyo naufragio tuvo lugar en 1783. Los jesuitas de Manila intentaron inútilmente, en 1696 y 1710, someter á los naturales de aquel país. 5.° Archipiélago Peligroso ó de Pomotú.—Este vasto archipiélago, Ilamado también de las Islas Bajas por algunos geógrafos, está comprendido entre los 137°-148° de longitud oriental y los 17° 23° de latitud meridional, y se compone de infinidad de islas pequeñas, bajas y arenosas, rodeadas de arrecifes de coral. Algunas de estas islas presentan formas caprichosas, y los nombres de Arpa, Arco y de la Cadena expresan con fiel exactitud la figura de las tierras á las cuales fueron dados. El territorio de aquel archipiélago despliega, en general, una vegetación robusta y poderosa, aunque poco variada. El árbol más extendido es el pandanus, al que siguen después el cocotero, la coclearia (hierba antiescorbútica), la verdolaga y otras diversas plantas. Los perros, que son ictiófagos, esto es, que se alimentan de pescados, se encuentran en la mayor parte de las islas. En las del Arpa y Tiouka se dedican á la pesca de las perlas. La población de este archipiélago es poco numerosa, y muchas de sus islas están deshabitadas. Los naturales de Pomotú, que pertenecen á la raza malaya, son muy parecidos á los de las islas de Tahiti; pero ni están tan civilizados, ni tienen la misma dulzura de carácter. Los indígenas de Minerva, Serle y otras islas presentan el tipo de los habitantes de la Nueva Caledonia; los de las islas de Tiakia y Oura parecen todavía antropófagos; los de la Cadena, son feroces y tratan á las mujeres con la mayor barbarie. 6.° Archipiélago de Mendaña ó de Noukahiva. —Se encuentra enclavado en el Grande Océano equinoccial, entre los 7° 30-10° 26 de latitud Sur y los 140°-143° de longitud Oeste, y se compone de dos grupos: el de las Marquesas de Mendoza, situado al Sudeste, y el de Wáshington, al Noroeste. Las principales islas del primero de estos grupos, son: Magdalena ó Fatouiva, San Pedro ó Motana, Tahouta, Ohivaoa y Fetougou; las del segundo, Quapoa, Quahouga y Noukaiva. Todas ellas son altas y montuosas, están rodeadas de rocas y aparecen cubiertas de espesos bosques y deliciosos valles: sus costas se encuentran cortadas por pequeñas bahías de difícil acceso. Sus producciones más comunes consisten en trigo candeal, pimienta, nuez de coco, palmeras, abetos y varias raîces. La cría de cerdos y de aves, de alguna importancia. La población de Mendaña se calcula en unos 60.000 habitantes, los cuales tienen fama de pertenecer á la mejor raza de la Polinesia. Por lo general, son altos, robustos y de regulares
facciones, distinguiéndose particularmente por la blancura de su tez y buenas formas, pero de carácter feroz, y los más hermosos antropófagos. Las mujeres son tan blancas como las españolas, y pasan sin duda por las más bellas del mar Pacífico. El traje viene á ser el mismo que el de los otros habitantes de la Polinesia: los hombres, como las mujeres, sólo llevan cubierto parte del cuerpo. Estas últimas ostentan el cuello y los brazos cargados de collares de granos negros y de abalorio: los hombres, diademas de conchas de tortuga, adornadas de plumas de diversos colores. La carne, el pescado, las frutas y las raices constituyen el alimento de los moradores de este archipiélago. Sus canoas tienen de 8 á 10 metros de longitud y están groseramente construídas: sus armas son la lanza, larga de un metro, la pica y la maza. La religión que profesan, es una amalgama de groseras supersticiones, y sus jefes practican la poligamia. Francia ha fundado en este archipiélago dos establecimientos penitenciarios: uno, en la isla de Tahouata, y otro, en la de Noukaiva. El fuerte Coller, construido en esta última, es la capital del territorio. Ejerce la autoridad suprema un delegado del gobernador de las posesiones francesas en la OCEANÍA, el cual tiene su residencia en Tahití. Los insulares están sometidos á varios jefes, independientes los unos de los otros, quienes reconocen la soberanía de Francia. Alvaro Mendaña de Neyra descubrió aquellas tierras en 1595, y les dió el nombre de Archipiélago de Mendoza. Cook las visitó en 1774; el navegante americano Ingraham las vió en 1791 y las llamó Archipiélago de Wáshington; el francés Marchand las apellidó islas de la Revolución, y Krusenstern las restituyó, en 1797, el nombre de Mendaña, su descubridor. Esto no obstante, una parte del archipiélago ha continuado distinguiéndose bajo la denominación de Marquesas, la cual ha ido extendiéndose á casi todas las islas, desde el establecimiento de los franceses en 1812. 7.° Archipiélago de la Sociedad ó de Tahití.—Uno de los más conocidos y frecuentados por los europeos y el primero de la Polinesia, después de las Marianas, que abandonó la idolatría. Se encuentra situado en el Grande Océano equinoccial, al Oeste del archipiélago Peligroso, entre los 16°-18° de latitud meridional, y los 150°.155° de longitud occidental. Fórmanle una extensa hilera de islas de 444 kilómetros de largo, desde Oeste y Noroeste al Este y Sudeste, y 42.200 cuadrados de superficie, que pueblan próximamente sobre 60.000 habitantes. Las cinco más notables, de las diez que comprende este grupo, son: Tahitt́ (vease este artículo en su letra respectiva), Moorea, Tetiaroa, Maitia y Matra, colocadas bajo el protectorado de la Francia. El clima del archipiélago es cálido; el suelo, generalmente montuoso en el centro, poblado de árboles frutales en las costas y perfectamente regado por multitud de corrientes que, descendiendo de las montañas, van formando cascadas admirables. El territorio es feracísimo; la vegetación, riquísima: las alturas aparecen cubiertas de frondosos bosques. Entre sus principales producciones se cuentan: la nuez de coco, los higos, el yam, la caña de azúcar, la pimienta, el lino y las patatas; entre las especies animales, el gato, el perro, el conejo y la cabra montés. Sus bosques, abundantes en caza, están Ilenos de loros y monos salvajes. Los indígenas pertenecen á la raza oceánica; los hombres, generalmente hablando, son altos, morenos y de robusta constitucion; las mujeres, hermosas, francas, de cutis fino, ojos brillantes, dientes blancos, y cabellos del más hermoso negro. Sus vestidos son ligerísimos; usan mucho el baño y saben nadar admirablemente. Sus armas eran antes la honda y la maza; hoy, el fusil, que manejan con gran destreza. Su marina consiste en algunos buques construídos y armados á la europea; su lenguaje es melodioso y dulce. Convertidos al cristianismo por los misioneros ingleses y rápidamente civilizados con el trato de los europeos, han hecho notables progresos en las ciencias y artes. Las tierras de este país, vislumbradas por Quirós, fueron visitadas por Bougainville, y después por Cook, quien les puso el nombre ue arcniξreiάο e ta ? , en honor de la Sociedad Real de Londres. Los franceses y los ingleses se disputan el protectorado de aquellas islas. 8.° Archipiélago de Samoa ó de los Navegantes.—Se halla colocado al Nordeste del archipiélago de los A migos, entre los 13°-15° de latitud meridional y los 170°-175° de longitud oriental, y consta de diez islas, que se extienden, desde el Oeste y Noroeste al Este y Sudeste, sobre una longitud de 488 kilómetros. Las más importantes son: Pola, Ojalara, Maouna, Opoun y Rosa. Las costas, bajas y peligrosas, ofrecen varios fondeaderos. El centro presenta montañas elevadas; las riberas, valles pintorescos. El suelo es fertilisimo: el cocotero, el naranjo, el árbol del pan y el plátano, constituyen sus productos más comunes; el perro, el cerdo, las aves y los pájaros, especialmente la tórtola y el palomo, sus animales más generalizados. Los frondosos bosques que embellecen estas islas están pobladas de graciosas aldeas, formadas de cabañas, hechas de troncos de árboles y cubiertas con hojas de cocotero. La población es considerable. Los isleños son altos, robustos, industriosos y excelentes navegantes, cuya cualidad ha dado nombre á las islas; pero feroces y crueles con los extranjeros; las mujeres, lindísimas y libres. Muchos de ellos han adoptado ya el cristianismo. El descubrimiento de estas islas se atribuye á Bougainville, el cual las vió en 1768 y les puso el nombre que actualmente llevan. La Perouse reconoció, en 1781, las más importantes, particularmente Maouna, cuyos naturales asesinaron al capitán Langle, al naturalista Lamanon y á nueve marineros.
Finalmente, en 1791 fueron visitadas por el capitán inglés Edward. 9.° Archipiélago de Tonga ó de los A migos.—Comprende este archipiélago tres islas principales: Tonga Tabú, Eva, Vavao y un gran número de islotes. El clima es benigno; el suelo, productivo y bien cultivado. El territorio está dividido entre muchos jefes independientes. Los naturales van casi desnudos; son morenos, afables, generosos, pacíficos, hospitalarios, inofatras, imadstriosos y muy naoires en la fabricación de sus armas: están bastante adelantados en la civilización y muchos de ellos han abrazado ya la religión cristiana. MICRONESIA 34. División y descripción físico-política.—Esta cuarta región de la OCEANÍA se halla situada: parte, en el Grande Océano equinoccial, y parte, en el Grande Océano boreal, entre los 8° de latitud Sur, 35° de latitud Norte, 125° de longitud Este, y 170° de longitud Oeste. Toma su nombre del infinito número de pequeñas islas de que se compone, en las cuales abundan los escollos y los arrecifes. Entre sus prinerpàles grupos, aparecen comprendidos los archipiélagos é islas que á continuación se describen: 1.° Archipiélago de las Carolinas ó Nuevas Filipinas.—Este archipiélago, comprendido entre los 6°-125° de latitud septentrional y 15°-169° de longitud oriental, está formado por más de 500 pequeñas islas reunidas en grupos, en las que sobresalen: las de Mogemug ó Egoy, Yap, Ulca ó Gouliai, Uli, Lamourzek, Tamatán, Simiacine, Hogolen, Lougoulons ó Torres, Monteverde, Fallalop é Iselue. Parte de estas islas ofrece excelentes fondeaderos; parte, se halla rodeada de escollos: algunas aparecen erizadas de montañas; otras, cubiertas de valles y praderas. Casi todas son bajas y arenosas, pero muy fértiles. El clima es agradable, si bien el archipiélago está sujeto á tormentas horrorosas. En él abunda el árbol llamado del pan; pero los recursos alimenticios que ofrecen sus islas, se reducen á las nueces de cocos y algunas raices, con las cuales se sustentan sus habitantes. Estos difieren de los de la Polinesia en sus usos y costumbres: son más humanos y más laboriosos, muy buenos navegantes y construyen sus piraguas con admirable perfección. Unos, pertenecen á la raza malaya y presentan la tez cobriza; otros, á la raza negra de la Papuasia. Su estatura es regular, la expresión de su fisonomía, por lo general, dulce y agradable. Hablan un dialec
to del tagalí, lengua de las Filipinas; son inteligentes y hábiles en algunas de sus artes; se ocupan principalmente en la construcción de barcos de pescar, de cuyo producto viven; emplean algunas veces una especie de escritura jeroglífica, y se muestran flexibles, ágiles y excelentes nadadores. Su guía, cuando viajan por el mar, son las estrellas; y cuando el cielo está cubierto, la dirección de las corrientes, que ellos conocen perfectamente por una larga experiencia. Un pedazo de tela, rodeada por la cintura, compone su vestuario; el resto del cuerpo va desnudo: algunos, para preservarse del frío, llevan sobre las espaldas una especie de capote, hecho de hojas de cocotero. Su diversión predilecta es el baile; sus armas favoritas, la honda, el arco, las flechas con punta de hueso. Las mujeres tienen las facciones bastante regulares: la nariz es algo aplastada; los labios, gruesos; la boca, pequeña; la sonrisa, graciosa. La mayor parte de ellas Ilevan ceñido el cuerpo con un trozo de paño de algodón, que sólo les cubre hasta medio muslo; algunas van completamente desnudas. El archipiélago está dividido en un gran número de pequeños reinos independientes. Casi todas las islas se hallan regidas por un gobierno monárquico, cuyo jefe, llamado taucón, lleva el cuerpo caprichosamente pintado. Villalobos, en 1543, y Legazpi, en 1565, descubrieron algunas de aquellas tierras en los parajes en donde están colocadas las Carolinas; pero este descubrimiento se hallaba en el olvido más completo cuando una piragua, salida de estas islas y llevada por los vientos hacia el archipiélago filipino, recordó su existencia. Los españoles las llamaron Carolinas, del nombre del rey Carlos II; tomaron posesión de ellas y enviaron sus misioneros. La isla de Qualán es la más importante de este grupo, por los seguros puertos que ofrece á los buques que cruzan aque Ilos mares. 2.° Archipiélago de las Marianas.— Está situado en el Grande Océano equinoccial, al Norte del archipiélago de las Carolinas y al Sur del de Magallanes, entre 13° 27-20° 30' de latitud septentrional y 142° 13-144° de longitud oriental. Tiene 781 kilómetros de largo, de Mediodía á Norte, y 3.100 cuadrados de superficie, que pueblan próximamente sobre 9.000 habitantes. Las más notables de estas islas son, desde Mediodía á Norte: Tinián, Rota, Saypán y Gouam ó Gouhán, la mayor de todas. Algunas de estas islas son volcánicas: sus costas, cascajosas y generalmente circuidas de coral. Las tempestades se suceden con frecuencia entre los meses de Junio á Octubre; el calor llega á ser intensísimo en una gran parte del año. Excepto Gouhán, tedas las demás islas se presentan montuosas, estériles y tristes. Las comarcas más productivas dan: el cocotero, el naranjo, las sandías, el algodón, el añil, el cacao, el arroz, el maíz y la caña de azúcar, entre otros frutos. Estas tierras fueron descubiertas, en 1521, por Magallanes, quien las llamó de los Ladrones, por la propensión al robo que observara en sus habitantes; y en 1565, Legazpi las incorporó á la corona de España. Sus naturales, cuyo número quedó muy reducido con las constantes persecuciones que sufrieran, fueron convertidos al cristianismo, en 1668. Bajo el reinado de Felipe IV, se dió á este archipiélago el nombre de Marianas, en honor de María Ana de Austria, la cual envió á él misioneros para propagar la religión cristiana. Los marianos son morenos, y se distinguen por su robustez y por sus formas atléticas. Los mozos se casan á los 15 años y las mujeres, á los 12. La población más importante de este archipiélago es Agaña ó Egaña, capital del establecimiento colonial de las Marianas, puerto y residencia del gobernador español. Se encuentra á los 13° 14' de latitud Norte, y 141° 32' de longitud Este. Su suelo es de los más fertiles: su población pasa de 7.000 almas. Se distinguen en esta ciudad el palacio del gobernador, un colegio y una escuela de bellas letras, la iglesia parroquial de San Ignacio y el edificio llamado tribunal, convertido en almacén. Los moradores de Agaña son generalmente humanos, dulces y hospitalarios, y, como todos los de las demás poblaciones de la provincia de las Marianas, no pagan tributo. El acceso carnal entre hombre y mujer se considera más bien como un acto que no tiene carácter moral. Por consiguiente, no son raros los casos en que una mujer, si se le halaga con algunas pequeñas monedas, cederá á la pasión del hombre sin asociar ninguna idea de perversión ó de placer. 3.° Archipiélago central.—Comprendemos bajo esta denominación los dos grupos ó reducidos archipiélagos de Gilbert y de Marshall, formados de pequeñas islas, algunas de ellas regularmente pobladas. El de Gilbert se encuentra enclavado al Mediodía de las Mulgraves y goza de una independencia absoluta. Sus habitantes son pobres y con los productos de su suelo apenas pueden proporcionarse una mezquina aubsistencia Tienen buena estatura; el color, moreno oscuro. Viven de pescado y de frutas, habitan en miserables chozas y van enteramente desnudos. El grupo de Marshall se halla situado al Norte del mencionado archipiélago de las Mulgraves, á los 1° 30' de latitud septentrional y 171° 10' de longitud oriental. Sus islas son bajas y están compuestas de coral: sus moradores, indios pacíficos y bien formados. 4.° Archipiélago de Magallanes (Munin-Volcánico).—Se compone de infinidad de islas, diseminadas por la parte más septentrional de la Polinesia, comprendidas entre los 24°-29° de latitud Norte y 137°-145° de longitud Este. Sus principales grupos son Monin-Sima, Volcanes y Margarita: su isla más notable, Peel, en la cual han establecido los ingleses una colonia. 5.° Grupo de Seniavine.—Se halla en el Grande Océano equinoccial, á los 7° de latitud Norte y 158°-159° de longitud Este. Pounipet es la mayor de estas islas, descubiertas el 2 de Enero de 1823 por el bergantín ruso Seniavine, del cual tomaron el nombre. TIERRAS AUSTRALES 35. Noticias generales.—Designanse con este nombre los descubrimientos de varias islas y de algunas costas enclavadas en el círculo polar antártico, como resultado de tentativas hechas para llegar á los polos. Este nuevo continente austral, cuyo reconocimiento se debe á las atrevidas expediciones del capitán Balleny, del almirante D’Urville, James Ross y otros, se extiende desde el 60° de latitud meridional hasta quizás el polo, comprendiendo las tierras A delia, Enderby, Sabrina, Gruham, Clarie, Victoria, Luis Felipe y las islas de Alejandro, de Pedro I y de Sehetland meridional. No obstante estar inhabitadas y cubiertas de perpetuas nieves, los ingleses, anglo-americanos y franceses sacan de ellas grandes utilidades. Los mares que rodean aquellas apartadas regiones se hallan poblados de gigantescas fucas y otras plantas marinas; de enormes cetáceos, focas, lobos marinos y otros pescados propios de los mares circumpolares, y numerosos cuervos australes y otra multitud de aves, que no parece sino que han escogido aquel clima inhospitalario para demostrar que no hay punto alguno del universo en donde no haya penetrado el soplo de la vida. 36. Resumen de las posesiones europeas de la OCEANÍA.—Gran parte de los archipiélagos, grupos é islas que dejamos descritos, pertenecen á las naciones de Europa, las cuales van aumentando cada día sus establecimientos y extendiendo con ellos los adelantos de la civilización moderna. Estados Unidos, Holanda, Inglaterra, Francia y Portugal son las únicas naciones que poseen establecimientos en aquella quinta parte del mundo. He aqui sus posesiones: Estados Unidos: archipiélagos de las Filipinas, Marianas, Carolinas y Palaos.—Holanda: isla de Java, parte de Sumatra, de Timor (archipiélago de la Sonda), de Borneo, de Célebes y de las Molucas, con muchos pequeños principados tributarios en estas últimas.— Inglaterra: Australia, Tierra de Van Diemen, gran parte de la Nueva Zelanda, isla de Peel, Labuán y los Cocos, cerca de Borneo.— Francia: islas Marquesas, de Tahití, de Nueva Caledonia, de Gambier, en el archipiélago de Pomotú, y de Wallis y Jutuna, en el de los Navegantes.— Portugal: la isla de Solor y parte de la de Timor.
GEOGRAFÍA HISTÓRICA 37. Tiempos antiguos.—El nombre de islas asiáticas, que llevaron siemdre los archipiélagos de la Malasia, prueba que esta importante región de la OCEANÍA ha debido estar, desde los primitivos tiempos, en relación directa con la Asia. Aquellos indígenas, metidos en sus frágiles barquichuelos, se lanzan á los mares, y abandonándose á los vientos y á las corrientes marinas, van avanzando de isla en isla hacia el Oriente. Estas arriesgadas expediciones, que han debido costar la vida á muchísimos de ellos, se observan aún en nuestros días: navegantes modernos han encontrado frecuentemente en islas inhabitadas muchos de aquellos isleños, á quienes los vientos habían arrojado con sus pequeñas canoas á una distancia de 1.200 kilómetros de su patria. Estos hechos inducen á creer que los chinos y japoneses visitaron en otros tiempos todas las tierras inmediatas á sus grandes imperios. Probable es también que, á consecuencia de las guerras religiosas de la India, viniesen los brahmas á la Malasia, en donde se encuentran ruinas de muchísimos templos indios; y tal vez á este antiguo elemento religioso deba la raza malaya su superioridad moral sobre la negra de la OCEANÍA. Las tradiciones de Java hablan del reino de Astina, mansión de los dioses, tierra santa, en donde moran los héroes que cantaron los poetas indios. En el siglo i de nuestra era figuraba el rey de Java de una manera brillantísima y ejerciendo un colosal poder, signo de gran civilización. Hay quien supone que los fenicios arribaron al Quersoneso de Oro, junto á la isla de Malaca; por lo menos, hay motivos para suponer que llegaron hasta Sumatra, que pasa por haber sido el Offir visitado por los bajeles de Salomón. Los griegos y los romanos no alcanzaron á conocer esta parte del mundo, á excepción tal vez de la mencionada isla de Sumatra, designada por Ptolomeo bajo el nombre de Java Diu. 38. Tiempos medios. —En el siglo mI de la era cristiana, los chinos y los japoneses frecuentaban ya las islas Molucas, de donde extraian las ricas especias, que pasaban en caravanas á la India, á la Persia, á la Arabia, y de allí á Europa, siendo quizás esta la época á que deba referirse la fundación de aquellas colonias, cuyos templos se ven hoy arruinados en muchos de los archipiélagos de la Malasia. La travesía entre Java, la Australia y la Papuasia, se denominaba mar Lanchidel. Es un hecho común en la historia que, cuando los malayos llegaban á una costa habitada por los negros oceánicos, obligaban á éstos á internarse en la isla, como aconteció en el archipiélago filipino y en otros muchos. Al siglo vi remontan ellos su gran civilización malaya, que tantas ruinas de templos, tanto palacio con adornos de escultura, tantas colonias extinguidas y estatuas de dioses destrozadas ha dejado en todas sus islas. Las revoluciones marcan perfectamente estas épocas. El reino sagrado de Astina parece destruido; Kédisi logra el rango de capital del reino, y este nuevo Estado se divide en dos inmediatamente: el de Brambanán y el de Pengging. Por los años 900, las grandes islas de la OCEANÍA encerraban Estados é imperios, cuya historia, confiada únicamente á las tradiciones, se ofrece tan complicada y borrascosa como las de Roma y Atenas. Sumatra se hallaba dividida en varios reinos: el de Achem era el más poderoso; contaba con aliados en toda la Malasia y sostenía relaciones con la India y con la China. El reino de Makassar había reunido, por medio de conquistas, las tierras inmediatas y se hallaba en un estado floreciente; pero la potencia preponderante era Java. Hacia 1002 formó el imperio de Mendang-Kamulán, el cual quedó muy luego dividido en cuatro reinos. El estrecho de la Sonda se atribuye á un temblor de tierra, que separó á Sumatra de Java, en una época que no se ha podido precisar. Los intrépidos árabes llegaron también á aquellas remotas comarcas, y su fanatismo guerrero arruinó el culto de Budha y sus monumentales pagodas. Por los años 1200 adquirió la Europa sus primeras noticias sobre la OCEANÍA, del famoso veneciano Marco Polo y del fraile Francisco Oderico de Portenán. En 1252, los poderosos habitantes de Java fundaron á Malaca, cuya ciudad, que había llegado á ser punto de reunión de multitud de comerciantes, cayó al poco tiempo en poder de los árabes, alcanzando gran preponderancia y riqueza bajo el brillante reinado de Mohamed-Schah. Por esta misma época, tan propicia y floreciente para los árabes, recorrieron éstos toda la Malasia, fundaron en sus islas numerosos Estados, cuyos jefes tomaron todos el pomposo título de sultanes y-arrebataron á los chinos el monopolio de las Molucas. A fines del siglo xin los Estados verdaderamente importantes eran Ternate, Tidor y Gilolo, que habían alcanzado cierto predominio sobre los demás. En 1300 la isla de Java formó un imperio, cuya capital se hallaba en Madjapahit y cuyas magníficas ruinas se encuentran hoy en las vastas florestas de Surabaya, el cual logró establecer su poderío en el Palembang. reino de Sumatra, en el Bali y en la isla de Borneo. En 1377, la supremacía de Gilolo había pasado al reino de Ternate. Finalmente, el imperio de la media luna, extendiéndose hasta las costas de las Corolinas, último confin del islamismo, llegó á dominar en el Grande Océano, en el mar de la India, en el Mediterráneo y en el Atlántico. Pero este colosal poder se hallaba próximo á eclipsarse bajo el genio y valor de los conquistadores cristianos. 39. Tiempos modernos.—Poseedores los árabes, en el siglo xiV, del rico comercio de las especias, exportaban estes preciosos productos al Asia, al Africa y á Europa. Grande era todavía el poderío que conservaba el imperio de Madjapahit cuando aparecieron en aquellas comarcas los intrépidos portugueses, persiguiendo sin descanso á las huestes musulmanas. El imperio de Madjapahit sucumbió por fin ante el poder de los árabes; formáronse en la isla dos sultanías, la de Demak y de Cheribón, y reconquistaron su independencia en 1500 los reyes de Palembang, Bali y Borneo. En 1510, se hizo Alburquerque dueño de la Malaca y del archipiélago de la Sonda, desde cuya énoca fué pasando todo el comercio á las manos de los portugueses, á pesar de la tenaz resistencia que encontraban en todas partes. La guerra se sostuvo perseverante contra Sumatra, que se hallaba dividida en seis reinos: aquellos afortunados conquistadores habian ido ensanchando sus dominios con la adquisición de nuevos Estados, los cuales ponían al abrigo de todo ataque de los europeos con la inmensa distancia de la costa occidental, cuando con grande asombro suyo vieron aparecer por el Oriente á su inmortal compatriota Magallanes, puesto al servicio de la corona de España. Este célebre navegante fué el primero que llevó á cabo la arriesgada expedición al rededor del mundo y abordó, en 1521, en las Filipinas, cuyas islas tomaron este nombre en honor de Felipe II; pero muerto poco tiempo después por los naturales de la isla de Zebú, no logró llegar á las Molucas, que era todo el anhelo de su atrevido viaje y el objeto principal de la ambición de España. En 1530 descubrieron los portugueses la costa septentrional de la Australia, que denominaron Java la Grande; y el español Cayetano, en 1542, las islas de Hawaii ó Sandwich, que apellidóislas de los Amigos y de los Jardines. Por los años de 1579 conquistaron nuestros compatriotas á Luzón, en donde fundaron, entre otras ciudades, la de Manila. En 1568, descubrió el almirante español Mendaña un nuevo archipiélago, que bautizó con el nombre de la isla de Salomón: y en 1596, las islas Mendañas, cuyo grupo denominó islas Marquesas en honor del virrey del Perú, marqués de Mendoza. Todos estos descubrimientos quedaron descuidados y fueron perdiéndose después de la muerte de aquel hábil é intrépido navegante. Hacia 1598, el holandés Cornelio Hontmann fundó un establecimiento en Sumatra y entró á participar del comercio con los portugueses. En la isla de Java se fraccionaron las sultanías musulmanas en muchos bajalatos, y uno de sus jefes, extendiendo su autoridad sobre toda la isla, tomó el título de emperador. La llegada de los europeos, á priucipios del si
glo XVI, no cambió por completo el estado político de la OCEANÍA: sólo los árabes fueron desalojados, no sin oponer antes una resistencia vigorosa á los conquistadores europeos. El reino de Achem continuó siendo una potencia preponderante en la Malasia, bajo el reinado duradero del sultán Iscander-Manda, el cual tenía por aliados ó amigos á todos los pueblos comerciantes que se extendían desde el Japón hasta la Arabia, contaba con una flota numerosa y dominaba casi en toda la isla de Sumatra y parte de la península de Malaca. Los makassares formaron el imperio más poderoso de las Célebes, dominando en toda la Malasia oriental. En 1605, Fernández de Quirós, antiguo compañero de viaje del célebre Mendaña, partió de Lima con el objeto, según las historias españolas, de ganar almas para el cielo y reinos para España, cuyos votos fueron escuchados. Quirós descubrió la gran tierra austral, apercibida por sus compatriotas; visitó á Tahití, que denominó Sagitaria; recorrió muchos archipiélagos y exploró el de Quirós; pero como no encontrara en sus arriesgadas expediciones ni minas de diamantes ni de oro, el Gobierno español determinó abandonar aque Ilos descubrimientos, rehusando colonizar la isla del Espíritu Santo. No puede, pues, ponerse en duda que aquel osado navegante había tomado bien el verdadero camino de la Australia. Mendaña y Quirós fueron los últimos héroes españoles: con su muerte, se apagó aquel espíritu emprendedor que había conducido á los colonos á las Antillas y á los cortesanos al palacio de Motezuma. Los holandeses arrebataron á los debilitados portugueses el monopolio, de las Molucas; rechazaron á los ingleses, quienes se retiraron á Bencoulen, y dueños de Amboina y de Tirol, en 1607, hicieron el comercio con el Japón en 1611; pegaron fuego á la antigua ciudad de Djaccatra y fundaron sobre sus ruinas á Batavia, llamada en 1618 la Reina de la OCEANÍA. Todas aquellas islas tomaron desde entonces la denominación de archipiélagos indios y se consideraron como parte del Asia. Los holandeses, egoístas y avaros comerciantes, cometieron la villanía de destruir las especias y demás producciones cuyo monopolio no podían conservar, llevando su rapacidad increíble hasta el extremo de decir «que la canela sólo se producía en Ceilán; el alcanfor, en Borneo; el clavillo, en la Amboina, y la nuez moscada en Banda.» Sus marinos han cruzado todos los mares: Lemer y Shouthen, á su regreso de la América austral, atravesaron el Grande Océano y descubrieron el Norte de la Nueva Guinea; el último puso su nombre á un archipiélago vecino, y tras él vinieron Edel, Nuyts, Witt, Carpentaris y Arnheim, entre otros, los cuales visitaron las costas de la Nueva Holanda, denominación que le puso Abel Tasman en lugar de la de Tierra austral que antes llevaba. Este navegante descubrió igualmente la Diemenia, que apellidó así de Van Diemen, nombre de un gobernador general de las Indias holandesas, protector de la navegación y de la geografía: el Norte de la Australia, llamado también Tasmania, y los archipiélagos de los Amigos y de Fidji. Los holandeses han hecho siempre lo que los fenicios: ocultar con sumo cuidado todos sus descubrimientos. Los chinos, despojados de su rico comercio, reuniéronse en número de 35.000, con ánimo de pasar á degüello á todos los españoles; pero apercibidos éstos de la trama, consiguieron exterminarlos casi por completo, en la ciudad de Manila, por los años de 1639. La respetable potencia musulmana de Achem, en la época á que nos referimos, iba decayendo notablemente: los holandeses lograron dominar la isla; se hicieron dueños de Malaca, y extendiéndose por el archipiélago de la Sonda, eligieron cuatro gobiernós en los territorios de Java, Ambión, Ternate y MaRassar. Más adelante, en 1683, haciendo el último esfuerzo para conservar el monopolio en las Célebes y Bantan, fundaron sus establecimientos en estas comarcas, tan ricas en drogas y en especias. Los ingleses, en tanto, mantenían su poder en Bencoulen, mientras que el imperio de Matarem, en Java, se conservaba en el mismo estado floreciente. Por los años de 1704 los chinos, acusados nuevamente de una conspiración en Manila, fueron pasados á cuchillo, y su nación despojada de todo derecho, excepto el del comercio; y en 1740, alegando igual motivo, hicieron los holandeses en Java una horrorosa mortandad de chinos. La podexosa escuadra holandesa sometió á los habitantes de Borneo y se apoderó de esta importante isla, cuyos reinos quedaron en su mayor parte independientes. Los españoles y los holandeses iban ya perdiendo la esperanza de encontrar un nuevo Perú en aquellas regiones desconocidas, cuando aparecieron los franceses, guiados por su amor á la ciencia, y los ingleses, dominados por ese deseo de lucro, tan propio de los pueblos comerciantes y fabriles, llevando á cabo nuevos é importantes descubrimientos. El célebre inglés Dampier, reuniendo en sí la audacia de un pirata y la ciencia de un geógrafo, dió á conocer la Nueva Bretaña y una gran parte de las vastas costas de la Nueva Guinea; su compatriota Wallis recorrió los peligrosos archipiélagos del mar Malo ó de Pomotú; Carteret abordó en la Nueva Irlanda, y otros ingleses asediaron y se apóderaron de Manila, que fué rescatada, en 1762, mediante el pago de 25.000.000. Los españoles batieron luego á los ingleses, quienes restituyeron las islas Filipinas, en virtud del tratado de paz de Paris de 1763. Tres años más tarde, el célebre francés Bougainville llevó á cabo, por disposioión de la Francia, el primer viaje al rededor del mundo: visitó el archipiélago de Pomotú y Tahití ú Otahití, que llamó Nuera Citera, y descubrió el de los Navegantes y las Nuevas Cicladas, visitadas ya anteriormente por el intrépido Quirós. El hambre impidió á aquel famoso marino llegar, como eran sus intenciones, á la aun desconocida costa oriental de la Australia, y dirigiéndose hacia el Norte, descubrió el archipiélago que denominó de la Luisiada, en obsequio de Luis XV. El inmortal inglés, capitán Cook, logródescubrir en sus largas correrías la costa de la Nueva Holanda, que el hambre no había dejado recorrer á Bougainville, y le dió el nombre de Nueva Gales del Sur, apellidando con el suyo el estrecho que descubrió también entre las dos grandes islas de la Nueva Zelanda. Este atrevido navegante fué el primero que abordó en la Nueva Caledonia. El francés La Pérouse, enviado por Luis XVI con las fragatas Boussole y la Astrolabe para que explorase los archipiélagos de la OCEANÍA, se vió arrojado por una tempestad contra las rocas de la isla Vanihoro, en donde perdió la vida con sus denodados compañeros. El archipiélago en que tuvo lugar esta horrible catástrofe, tomó el nombre de aquel desgraciado marino. El viajero francés Entrecasteaux, encargado después de averiguar las huellas de La Pérouse, pasó á la misma isla Vanihoro, que denominó de la Indagación, sin presumir siquiera que aquel era el sitio del desastre; recorrió 1.300 kilómetros de las costas de la Nueva Holanda, y después de visitar la Tasmania, la Nueva Caledonia y la isla de Bougainville, murió embarcado, cerca de Java, en 1793. Por espacio de cuarenta años, los marinos de Francia y de otros paises emprendieron inútilmente varias expediciones buscando por todos los mares al malogrado capitán La Pérouse. A fines del siglo xvII empezaron los ingleses á deportar sus criminales á la Nueva Gales del Sur; se establecieron en Botany-Bay, que abandonaron por pasar á Puerto-Jackson; fundaron á Sidney, é intentaron desalojar á los holandeses, como éstos lo habían hecho con los portugueses; se apoderaron de Batavia, de Malaca y de todas las colonias holandesas; y en un solo año remitieron á Calcuta 400.000 kilogramos de clavo y 800.000 de nuez moscada. En 1794, el rey supremo de Sandwich, Taméa-Méa, se reconoció súbdito de Inglaterra; Muntrado se constituyó, en Borneo, cabeza de una colonia china floreciente; y en Poutianak continuó reinando Abdul-Rahmán, después de haberse apoderado del reino de Matén y saqueado á Suecadana, su antigua capital. El inglés Bass, médico de mariña, abandonó á Sidney, con el objeto de descubrir el estrecho de su nombre, cuyo descubrimiento vino á demostrar de una manera inconcusa que la Diemenia no se hallaba en contacto inmediato
con la Australia. En el archipiélago de Sandwich continuaron los ingleses manteniendo su omnipotencia á la sombra de Taméa-Méa I, á quien Ilamaban Alfredo el Grande y Pedro I de la OCEANIA. La mayor parte de las ciudades malayas eran capitales de Estados poderosos, cuyos jefes ó sultanes, descendientes de los antiguos árabes, procuraban á toda cósta proporcionarse el apoyo de potencias europeas. Los holandeses estaban casi enteramente sin posesiones; los portugueses sólo conservaban una parte del Timor y algunos pequeños paises; los corsarios indígenas se presentaban verdaderamente formidables en sus numerosos archipiélagos, y Pomaré I reinaba en Otahitt. Tal era el estado general de la Oceanía en los comienzos del siglo XVIII. En esta época, el territorio de Tonga formaba un reino poderoso bajo el cetro de Finow I, cuya autoridad fué extendiéndose hasta el archipiélago Viti. Este imperio desapareció luego, dividiéndose el poder en un gran número de jefes, los cuales se declararon independientes de Finow II. La paz de Europa puso á los ingleses en el caso de restituir á los holandeses y á los españoles las colonias que les habían arrebatado; conservando aquéllos sólo la Malaca, desde donde dominan los archipiélagos de la OCEANIA. Los angloamericanos, apareciendo por vez primera en aquellos apartados mares, intentaron fundar algunas colonias en las islas Marianas; á los cuales siguieron luego los rusos, últimos europeos que se dejaron ver en las regiones oceánicas. Después de los grandes viajes de Krusenstern y de Lisianski al rededor del mundo, el capitán Lazareff descubrió la isla de Soumaroff, y Otto de Kotzebue la de Romanzoff. En 1819 fundaron los ingleses á Singapore, que alcanzó en breve tiempo un estado floreciente; y con el objeto de asegurar la posesión de Malaca, cedieron en 1824 á los holandeses el Bencoulen y otros muchos puntos. En medio de este gran movimiento europeo apenas se distinguen los Estados é imperios de los indígenas, tributarios de los holandeses, ingleses y españoles. Con un objeto científico y para que adquiriese noticias del desdichado La Pérouse, á quien ya no esperaban volver á ver, mandó el Gobierno francés á la OCEANÍA al capitán Freycinet, el cual no fué más feliz en su expedición que lo había sido el capitán Duperrey, comandante de la Coguille. La gloria de aquel descubrimiento, tantas veces intentado vanamente, estaba reservada al capitán Dillón, quien, al acercarse por una casualidad á la costa de Vanikoro, vió los restos de un buque, que le indicaron claramente haber sido aquel el sitio del desastre. La noticia de aquel hallazgo causó honda impresión en toda Europa. La Francia envió entonces al capitán Dumont d’ Urbille, comandante de la Astrolabe, el cual llegó cerca de los arrecifes de Vanikoro el 21 de Febrero de 1828. En el fondo de aquellas aguas, á la sazón en calma y transparentes, se veían, entre otros objetos, áncoras y cañones, testimonios mudos del desastroso fin que alcanzara su bravo y desventurado compatriota. La tripulación elevó en la costa un sencillo monumento á la memoria del marino francés y de sus desgraciados compañeros, y su glorioso nombre quedó en el archipiélago que descubriera y en el que dejó de existir. Algunos de los despojos de su naufragio fueron transportados á París y depositados en el Museo de Marina. Por los años de 1830 hallábase la OCEANÍA bajo la influencia de Europa. Tahití había adoptado el gobierno representativo, Hobarttown y Sidnev se hallaban en un estado floreciente; los ingleses fundaban en varios puntos numerosos apostaderos para la pesca y mandaban á la isla Norfolk á los deportados más incorregibles de la Nueva Gales. Los puertos de Sandwich recibían los buques procedentes de todas las naciones, y en Akaroa, península de Banks, en la Nueva Zelanda, fundaban los franceses una colonia en 1835. Siete años después se apoderaron de las islas Marquesas, descubiertas por el almirante español Mendaña, y en 1843 tomaban bajo su protección á Tahiti; la reina Pomaré se veía destituida del trono y de aquella isla, cuya belleza le había valido el título de reina del Océano Pacífico, bajo la soberanía de la Francia. Los ingleses han aspirado siempre á la posesión de todas aquellas islas. En un gran número de ellas se ven marineros europeos, soldados desertores, restos de tripulaciones sublevadas, condenados y fugitivos. Todos estos hombres, que ocupan el último rango en una sociedad civilizada, llegan á ser los primeros en aquel mundo salvaje. Estos seres degradados ó desterrados de su patria son allí acogidos como divinidades benéficas; contemplados por los indígenas como seres sobrenaturales; las hijas de los reyes y de los jefes aspiran á su alianza; las naciones se hacen la guerra por arrancárselos, y su superioridad positiva se aumenta aún más en la opinión de los insulares, por las relaciones maravillosas de sus incultos admiradores. Cuando todas las costas de las islas oceánicas sean perfectamente conocidas; cuando el cultivo haya hecho desaparecer de ciertas comarcas los muchos pantanos que infestan la atmósfera, y las poblaciones indígenas hayan entrado en la civilización por el camino del augusto dogma cristiano, ofrecerá la OCEANÍA una mansión verdaderamente deliciosa; el inglés encontrará en ella los verdes céspedes de su patria; el italiano, su fecundo suelo; el francés, su hermosa Provenza; el español, su cielo, sus costas, sus mares, sus flores, sus productos; el indio, sus perfumes embriagadores; el africano, su tierra quemada y sus soles vírgenes.
Reseña.—1. Noticias antiquas.—Has. ta hace algunos siglos, Europa no tenía noción alguna de la quinta parte del mundo, cuya descripción terminamos. Las que recibió en el siglo xi le parecieron tan inverosímiles, que el desdichado Marco Polo tuvo el desconsuelo de morir bajo el entredicho de aventurero y embaucador. Si aquel ilustre viajero hubiese anunciado una décima parte de lo que tenía que anunciar, es casi seguro que le hubieran quemado por hereje.
2. Antiguedades.—Los monumentos de las antigüedades javanesas vienen á revelar una buena parte de la gran civilización del Himalaya, que hizo sagradas las corrientes del Ganges. Pero no revela únicamente la civilización de los brahmanes indios, sino que anuncia cierto elamento sabeístz propio y característico del pueblo de los faraones, como perteneciente á la adoración de los astros. En efecto, el nombre de la célebre Sourakarta significa, segán parece, la morada del sol. El palacio de sousouhounam, cuyo título viene á ser sinónimo de augusto, estuvo en lo antiguo habitado y guardado por 10.000 mujeres, 2.000 de las cuales estaban dedicadas especialmente á los placeres del sultán. Y es de notar que aquel elemento sabeísta se ha perpetuado en diferentes usos y religiones de varias tribus oceánicas, por más que ignoremos de qué manera se ha verificado la perpetuidad de aquellas tradiciones. 3. Origen fabuloso.—Nótase que, en el fondo de muchas razas oceánicas, viven todavía ciertas supersticiones tradicionales sobre el origen fabuloso de las regiones que acabamos de describir. Es el caso que un gigante llevaba antiguamente al mundo sobre su cabeza; pero como se hubiese fatigado un día, hizo un movimiento de espaldas, para aliviarse de aquella carga enorme, y la tierra se sumió entonces en el mar, no ofreciendo á los hombres más que fragmentos desparramados. Esos fragmentos, de que habla la tradición supersticiosa, son los archipiélagos de la actual OCEANIA.
4. Curiosidades. — Primera. La OCEANÍA es célebre por las especias y el sagú de las Molucas; el oro y el tabaco de las Filipinas; la plata, el café, el azúcar y el añil de Java; el estaño de Banka; el ámbar gris y perlas de Soulón; la nuez vómica de las Marianas; el marfil de Sumatra; la sal y el azufre de Bali; el cristal de las Celebes; la miel y la cera de Paragoa; las resinas y gomas aromáticas de la Nueva Georgia; el manganeso, la pizarra y el cobre de la Polinesia; el alcanfor, el antimonio y los diamantes de Borneo.
Segunda. Hay lenguas de 17 signos, 14 consonantes y 3 vocales, como el tagalo, ó de 14 letras, 5 vocales y 9 consonantes, como el neo-zelandés, cuyo alfabeto es el más reducido que se conoce.
Tercera. Puñal.—El puñal, arma
favorita y temible de los bouguis de las islas Célebes, se llama cris, cuyo significado no hemos podido averiguar.
Cuarta. Animales é insectos.—Son notables la terrible serpiente de Malasia, de unas diez pulgadas apenas, cuya mordedura, según el relato de los viajeros, causa la muerte en pocos minutos; la serpiente boa y el formidable cocodrilo de las lagunas javanesas; los orangutanes y los monos de Borneo, de una magnitud extraordinaria; el babi-roussa de las islas Célebes y el kanguro de la Nueva Holanda; los sapos con cresta del archipiélago de Salomón y el falangio de las Molucas, insecto venenoso.
Quinta. Aves.—Son también notables los hermosos pájaros del paraiso y los magníficos kakatoes de Nueva Guinea; los cisnes negros de la Australia, la salangana de Malasia, que es la golondrina, cuyos nidos se pagan á precio de oro, y el colosal halcón marino de las tierras australes.
Sexta. Vegetales propios de la OCEANÍA.—El phormium tenaz, que da el precioso lino de Nueva Zelanda; el árbol tek y el laurel culilabán de las Molucas; el upas de las islas Célebes, cuyas hojas destilan un veneno mortal; el árbol del alcanfor, que, en la parte Norte de la isla de Sumatra, llega á tener una circunferencia de cinco metros, y la famosa rafflesia arnoldii, cuya rosa, una vez abierta, tiene tres metros de circunferencia por uno de diámetro, pudiendo contener en la concavidad central sobre 18 cuartillos de agua (8’50 litros).
Séptima. Volcanes.—Los volcanes de la OCEANÍA no bajan de 550. El archipiélago de Sandwich se distingue por una singularidad de que no hay ejemplo en ninguna parte. El pico llamado de Mouna-Roa, de 4.838 metros de elevación, sirve de inmenso cráter al volcán Kiranea, el más grande que se ha descubierto en el globo.
Octava. Minas.—Las minas de estaño de las Molucas son las más abundantes de la tierra; y las de oro de la Australia, superiores á las producciones auríferas de la California.
Novena. Montañas de lava.— Hay altísimas montañas de lava, como las que cruzan el archipiélago de Sandwich. ¿Cuántas erupciones espantosas no suponen aquellas montañas? ¿En dónde estaban los volcanes que vomitaron esos montes? ¿A qué revoluciones desconocidas dieron lugar? Décima. Minerales. — Las rocas más grandes que se han visto, son las que cruzan la isla de Java en sus costas meridionales, las cuales se elevan á pico de 40 á 260 metros, presentando á la admiración de los hombres una de las más grandes maravillas de la creación. Hay arrecifes de corales, que se extienden de 8 á 24 kilómetros sobre las aguas, como los que circuyen las 18 islas del archipiélago de Palaos. Hay del mismo modo rocas enormes de coral, como en algunas costas de las Molucas, y ostras de perlas, como en las playas de la Nueva Caledonia, y diamantes extraordinarios, como el del sultán de Matán, en Borneo, cuya piedra, de 367 quilates, es el mayor del globo. Por último, la pequeña isla de Poulo Pisang está casi formada por un solo lecho de cristal de roca.
Undécima. La honda.—Una de las cosas que llaman más particularmente la atención de los viajeros de Europa, es la prodigiosa habilidad con que los naturales de Micronesia manejan la honda. Parece imposible que una arma tan grosera pueda ser objeto de tal perfección.
Duodécima. Un tipo negro.—El aspecto del negro oceánico de la Nueva Guinea es verdaderamente horrible: lleva el cabello arrollado sobre la cabeza como una gran peluca de estopa negra, que adorna con brillantes plumas de pájaros del paraiso, y, pendientes del codo, grandes colmillos de jabalí.
Décimatercia. Razas.—Hay razas que no tienen noción alguna de la divinidad, como los salvajes de la Tierra de Van Diemen; otras, que profesan religiones desconocidas, como la del tabin, entre muchas tribus de la Polinesia y Micronesia; otras, que viven en los huecos de los árboles, como los horaforas de la parte central de la Nueva Guinea; otras, que suelen alimentarse con carne de elefantes, de tigres, de ratón, de cocodrilo y de serpiente, como los battas antropófagos, quienes, hasta hace poco, se comían á los ancianos de su nación. Hay hombres que llevan el cartílago de la nariz atravesado por dos grandes plumas, como los negros oceánicos del archipiélago de Viti. Hay, por último, mujeres que alcanzan la plenitud de su belleza á los 10 años, lo más tarde á los 12, siendo á los 20 viejas horribles, como la nueva caledonia, cuya mujer adorna su cabeza con alas de murciélago, atadas á la cabellera, que cae suelta sobre la espalda.
Conclusión.—Cuando se visita ese laberinto de archipiélagos en donde se presentan á nuestro asombro tipos tan raros, escenas tan discordes, espectáculos tan imprevistos, caracteres tan singulares, anomalías tan monstruosas; cuando se encuentra tal mosaico de familias humanas, de lenguas, de literaturas, de monumentos, de usos, de costumbres, de religiones, desde el grosero fetiquismo de las razas negras oceánicas hasta el más puro idealismo del dogma cristiano; cuando se corren grados tan distintos de civilización, desde la antropofagia hasta la caridad del Evangelio; cuando se reflexiona que un extensísimo continente pudo sumergirse en las profundidades del Pacífico en una época que nadie presume; cuando se imagina que pudo brotar de su fondo esa multitud de archipiélagos sobre las formidables ruinas de un mundo pasado, entre revoluciones y cataclismos que recuerdan las horas del Génesis, como si fuesen el séptimo día de la creación, la fantasía siente el vértigo de un prestigio sagrado, ó la emoción maravillosa de las grandes hazañas con que se ennoblecieron los tiempos heroicos. Saludemos á la OCEANIA, ese vasto imperio de las olas, que se dilatan por la inmensidad del Grande Océano comprendiendo un espacio mayor que la mitad de nuestro globo.
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