Roque Barcia · 1880-1883
Museo
tomo 3 · página 862 · ver la página del original
Museo. Masculino. Edificio ó lugar destinado para el estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales. Lugar én que se guardan varias curiosidades pertenecientes á las ciencias y artes; como algunos artificios matemáticos, pinturas, medallas, etc.
ETIMOLOGÍA. Musa: griego, poogstov (mouseion); derivado de moüsa, musa, porque el museo era el templo de las musas; latín, musëum; italiano y catalán, museo; francés, musée.
Reseña. Museos de Madrid.—I. Mu SEO NAVAL. Se fundó en 1844, en la casa llamada del Platero, al final de la calle Mayor, y fué trasladado al Ministerio de Marina. Contiene gran número de modelos de buques de construcción antigua y moderna, una curiosa y gran colección de retratos de los principales descubridores y marinos españoles; banderas, cuadros con vistas de combates sostenidos por nuestros buques; cañones antiguos y modernos; instrumentos náuticos, desde los más antiguos hasta los que la ciencia ha inventado ó perfeccionado últimamente; planos geométricos de diversas construcciones navales; ejemplares de historia natural; armas de las usadas por los indios en los tiempos de la conquista, y otras curiosidades de este género, que estarían con más propiedad en el gabinete de Historia Natural y en el museo Arqueológico. Consta de 10 salas, que contienen 1.147 objetos. 1. Sala de Arsenales.—Son de notar los números 36, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 54 y 55; muestras de maderas de Europa, Asia, América, Africa, Nueva Oceanía y Australia; 132, firmas del sultán Abdul-Hamid, en 1782, para que pudiera llegar á Constantinopla la escuadra de España en los Dardanelos; 160, cuadros del combate nasal de 1521 en el estrecho de Gibraltar, entre la armada española regida por don Fadrique de Toledo y una holandesa; 227, ídem del combate con otra, también holandesa, en 1621; 254, modelos del arsenal de Cavite; 255, ídem del de el Ferrol; 256, idem del de la Carraca; 257, idem del de Cartagena. 2. Salón de Colón.—Situado á la izquierda de la planta baja del MUSEO, contiguo al de arsenales; 316, plano de banderas nacionales; 318, idem de las provincias marítimas de España; 319, vistas del combate de Tolón en 1744; 359, fotografías de arqueología naval desde el siglo XV. 3. Gubinete de Artillería. —385 á 389, busto, retrato y objetos de Méndez Núnez; 516, obra de filosofía, en ó tomos, cogida al mandarín Saigong; 522, puñal del rey de Boné (costa occidental de Africa). 4. Gabinete de descubridores y sabios marinos.—527, retrato de Jorge Juan; 537, ídem de Ulloa; 512, idem de Francisco Pizarro; 513, idem de Magallanes; 554, cuadro del descubrim ento de América, en 1492; 555, retrato de Cristóbal Colón; 557, trozo del árbol que sirvió de descanso á Hernán Cortés en Méjico la Noche triste; 562, retrato de Hernán Cortés; 563, idem de Elcazo; 564, ídem de Vasco Núnez de Balboa. 5. Salón de Generales.—637, cuadro de la Trinidad, de escaso mérito artístico, pero de gloria nacional, porque era el que llevaba en la cámara de popa el navío Trinidad en el combate de Trafalgar. Fué recogido momentos antes de irse á pique este, atravesado por una bala de metralla; 638, retrato de Churruca, muerto de un balazo de cañón que le llevó la pierna izquierda; 639, îdem de A lcalá Galiano, que espiró sobre la cubierta de su buque; 640, cuadro del combate de Trafalgar; 641 y 642, retrato y objetos de Gravina; 613, bandera insignia de Gravina en Trafalgar; 646, retrato de Alcedo Bustamante, comandante del navío Montañés, muerto en Trafalgar; 647 á 650, vista de los ataques de Nelson á Canarias; 652, retrato de Winthuyssen, que colocó el navio San José en el paraje más peligroso del combate de San Vicente, donde ocurrió la desgraciada jornada de 14 de Febrero de 1797; una bala de cañón le llevó las dos piernas por cerca de la ingle, originándole la muerte; quedó el tronco sobre cubierta, conservando en la única mano de que disponía la espada desenvainada, que Nelson dispuso se remitiese á la familia de aquel valiente; 654, bandera del navto francés Héroe, de la insignia del vicealmirante Roselly, cuando con la escuadra de su mando se rindió en Cádiz el 14 de Junio de 1808; 657, retrato de Laya, marino del siglo XVII, que en un combate naval con los turcos, por no entregarse, voló la Santa Bárbara; 659, águila regalada por Napoleón al navío francés Atlas, apresado en Vigo en 1808; 664, retrato de Geraldino, que, mandando el navío San Nicolás, al rechazar el abordaje sobre la cubierta de su buque, cayó muerto por los ingleses, exclamando: ¡Fuego! ¡No rendirse!; 667, cuadro de la defensa del Morro en 1762; 675, idolo de bronce de los antiguos indios del Perú; 678, otros, de Puerto Rico; 681, caja que contiene una copa hecha del árbol denominado Ceiba, á cuya sombra se dijo la primera misa en la Habana, el 19 de Marzo de 1519; 686, objetos de historia natural; 692 y 693, colmillos de ballena; 712, cuadro de
la batalla del Callao; 722, cuadro del combate con el navío inglés Stanhoppe, apresado en 1772. 6. Gabinete de Guardias marinas.— 738, modelo del colegio naval militar de San Fernando. 7. Gabinete chino.—739 á 766, objetos curiosos. 8. Salón de Almirantes.—T15, modelo del castillo de san Antón en la Coruña; 782, 799, 824 y 825, colección de marinos; 784, retrato de Tenorio, almirante del siglo xIV; 791, cuadro del combate de Lepanto; 812 y 813, banderas de los regimientos de marina; 829, retrato de Oquendo; 831, idem de Alvaro de Bazán; 834, ídem de Don Juan de Austria; 836, ídem de Andrea Doria; 839, vista de Cúdiz en una de las noches del bombardeo de 1811; 863, retrato de Don Cayetano Valdés. 9. Salón de ministros de Marina.— 903, retrato de Don Pedro Agar; 904, idem de Don Gabriel Císcar; 913, cuadro de la batalla de Luchana; 960, retrato de Alberoni; 974, idem de Escaño. 10. Gabinete Hidrográ fico.—Contiene una excelente colección de instrumentos uáuticos y varios objetos notables; 1076, retrato de Mendoza de los Ríos; 1091, idem de Fernández Navarrete; 1140, plano de Nueva York, en relieve.
II. MUSeo DE ARTILLERÍA.—Se halla establecido en los restos del antiguo palacio del Buen Retiro; fué creado en 1803 con el título de MUSEo militar; padeció mucho el Dos de Mayo de 1808, porque estaba situado en el Parque viejo: estuvo luego, en el palacio de Buenavista, de donde fué trasladado al sitio en que se encuentra, en 1841: se conservan en él preciosas colecciones de armas portátiles, desde los primitivos arcabuces de mecha, y de piezas de artillería de hierro y bronce, siendo la de lombardas y bombardas la más completa de Europa; hay también gloriosos trofeos de mérito artístico é histórico y modelos en escala reducida de todas las máquinas y útiles de guerra antiguos y en uso, los cuales se construyen en el taller del mismo MUSEO. En la planta baja está colocada la colección de artillería, que data desde su primera época, en el siglo xII. En el salón alto del ingreso está la tienda de campaña de los Reyes Católicos; el pendón de guerra de Carlos V; 236 banderas; algunas de ellas, ganadas en Lepanto; las del cura Morelos, de los franceses, de Cabrera y del ex general López en la isla de Cuba; las espadas de Suero de Quiñones, Sancho Dúvila, Diego de Mendoza, García de Paredes y otras antiguas; las de los modernos generales Mariano Alvarez, Palafoz, Castaños, Wéllington, Mina, Torrijos, etcétera: la mesa rústica y las dos sillas que sirvieron para ajustar los preliminares del convenio de Vergara á Espartero y Maroto; el pendón que Hernán Cortés Ilevó á la conquista de Méjico: la primera mesa que sirvió al despacho del príncipe Don Carlos, cuando desembarcó en Villaviciosa de Asturias; los modelos en relieve de Madrid, Aranjuez y otras poblaciones y diversos objetos, algunos de los cuales no tienen, como vemos, relación alguna con la artillería. El 23 de Abril de 1814, á las cinco de la tarde, comenzó en la plaza de las Descalzas la excavación para descubrir la entrada de la mina en que debían hallarse los restos de Velarde y Daoiz, según declaración de los sepultureros que los exhumaron ten 1811; el 28 se hallaba ya practicable la entrada, y el 29, á las doce y media, á presencia de varias autoridades, se acabó de separar la tierra que obstruía el paso á la segunda pieza de la mina, apareciendo un esqueleto apoyado en la pared, que era el de don José Godoy, á cuyos piés debían hallarse los cuerpos de los dos héroes; pronto se halló, en efecto, un esqueleto unido desde la parte superior del espinazo hasta las rodillas, y pendiente de la derecha, la caña entera de la pierna, envuelto todo en una casaca con botones pequeños redondos, y unas granadas bordadas en los faldones, y al lado, una calavera enteramente descarnada con algunos otros huesos; entre ellos se encontró una cinta, de color de rosa muy bajo, manchada de sangre, que los sepultureros manifestaron era de Daoiz, cuyos restos reconocieron en el sitio en que los habían depositado: poco más adentro se halló otro esqueleto completo, desde la nuca hasta los huesos de los muslos, envuelto en un paño ó hábito de san Francisco, ceñido por la cintura, manchado de sangre por el lado izquierdo del pecho; junto á él, otros varios huesos y una calavera; los sepultureros declararon que aquellos restos eran los de Velarde, conforme ellos los habían colocado. Pusiéronse en dos hurnas de hoja de lata, como de dos varas y media de largo, y después de sellarlas, quedaron custodiadas por una guardia de artillería, hasta el 1.° de Mayo, en que los oficiales de este cuerpo las colocaron en un coche fúnebre y, cubiertas con terciopelo negro, fueron llevadas con lucido acompañamiento por la calle de las Veneras, plazuela de Santo Domingo, calles Ancha de San Bernardo y de San Vicente Alta al Parque, donde estaba formada una compañía de artillería, que hizo los honores fúnebres de capitán, general. Subieron las urnas los oficiales al salón de parada, destinado para exponerlas al público, y, á la una menos cuarto, á presencia de una concurrencia numerosa, se abrieron y se expusieron los restos de Velarde y Daoiz: hallándose presente el brigadier don Juan Downe, de nación inglés y comandante de la legión extranjera, solicitó y le fué concedido arrancar dos botones de la casaca de Daoiz y un diente de la calavera de Velarde; pusieron luego las urnas en otras talladas y doradas, forrados los campos de terciopelo negro, bordado de oro. A las diez y media de aquella noche se extrajeron de las urnas el pedazo de hábito de Velarde y la casaca de Daoiz, depositándolos en una caja que se cerró y selló. En las salas donde estuvieron expuestas las urnas se colocó una inscripción que decía: Campo del honor, baluarte inexpugnable de amor y lealtad, cuna de la libertad española. El día 2 se hizo la solemne traslación á San Isidro. En la sala tercera conserva el Museo de artillería en dos urnas el pedazo de hábito y casaca de los héroes exhumados; á la entrada del salón de Reinos, aunque muy deterioradas, las urnas en que los restos fueron trasladados desde la bóveda de San Martín á San Isidro; en la de Velarde, se lee: primer héroe de la libertad de la patria; en la de Daoiz: Dos de Mayo de 1808; sobre ellas hay dos relieves bronceados que representan: á Velarde, en el acto de morir, sostenido por dos artilleros, y á Daoiz cruzando su espada con el general Lagrange y recibiendo el bayonetazo que un grana dero francés le dió por la espalda. En este Muszo han sido colocados varios objetos procedentes de la querra de A frica en 1859: una tienda de campaña, banderas, gumtas, yataganes y canones; entre ellos, uno que perteneció al infortunado rey de Portugal, Don Sebastián, que desapareció en la jornada de A lcazarquivir. III. MUSEO DE INGENIEROS.—Se halla en la modesta casa llamada palacio de San Juan, que está situada entre la calle del Pósito y la que parte del monumento del Dos de Mayo (desde que muerto el infante Don Francisco, que habitó en aquel edificio, quedó desocupado). El MUSEO que vino á él desde el palacio de Buenavista, se desprendió del militar por orden de 28 de Enero de 1823, que dividió éste en dos; uno, de artillería, y otro, de ingenieros. Se compone de gran número de modelos en relieve, que abrazan toda la ciencia del ingeniero. Materiales de construcción, piedras y maderas de la Península y Ultramar; armaduras para cubiertas de edificios; modelos de puentes, que empiezan por la cimentación de las pilas y llegan hasta la cerradura de los arcos; las obras de arte modeladas del canal Imperial de Aragón; puentes militares desde el primitivo, es decir, desde el árbol derribado á través del arroyo, hasta el que da paso á los trenes de los ferr. carriles, incluso el puente de vanguardia, llevado á lomo por los mulos; los sistemas de fortificación españoles y extranjeros; el gabinete de Montalembert, iniciador de la fortificación Ilamada alemana, comprado íntegro por descuido de Francia en tiempo del conde de Aranda; los modelos de Cádiz, Tarifa, Cartagena, La Mola, Mahón, Figueras y Santoña, con sus obras de defensa; los de los inmortales sitios de Zaragoza, y Gerona; el de la batalla de Bailen; los modelos de efectos de
campamento; los de las obras de ataque ó de trinchera y mina, y la colección en miniatura de las herramientas y útiles empleados en estos trabajos, incluso el tren á lomo, ó de compañías, de los regimientos de ingenieros.
IV. OBJETOS EN EL CONGRESO.—Se guardan en el archivo una bandera de gro, que Muñoz Torrero dedicó, en la epoca de 1820 al 23, á los nacionales del pueblo de Cabeza de Buey, y que una monja conservó durante el periodo absolutista; las esposas que el desgraciado general Empecinado llevó al patibulo y rompió con increíble esfuerzo al subir á él; las llaves del sarcófago que en el monumento del Dos de Mayo conserva los restos de Velarde y Daoiz, y varios otros objetos históricos, que van en aumento. También van reuniéndose en este edificio algunos cuadros notables, entre ellos, el de los Comuneros, del señor Gisbert, y la colección de retratos de medio cuerpo de los presidentes, debida á los más distinguidos artistas contemporáneos.
V. MUSEo DEL PRADO.—l. Pinturas. Pasma á los extranjeros, que no conocen á fondo la historia de nuestro pasado, cómo una nación tan fecunda en artistas de primer orden entró en el siglo actual, teniendo por único MUSEO los oscuros pasillos y misteriosas estancias de los palacios y habitaciones campestres de los reyes, y los retablos de los templos, donde, entre ridículas molduras de pino, tapadas por groseras imágenes de talla, cubiertas de polvo y ahumadas por el tufo de cirios que no las alumbraban, vacían arrinconadas casi siempre, como brillantes incrustados en barro, las tablas más interesantes para la historia del arte y las pinturas en lienzo que hoy son la admiración del mundo entero. «En España, dice con mucha razón un autor contemporáneo (ARAUJO SÁNCHEZ, Los museos de España), ha sido siempre escasa la afición á las Bellas Artes, y la pintura especialmente se ha cultivado más como auxiliar del culto católico que para satisfacer una necesidad de los magnates ó del pueblo. Obligados nuestros artistas á luchar con la austeridad de los monjes, la escrupulosidad de los teólogos y la tacañería de los cabildos y aun de los potentados, tienen necesariamente sus obras que resentirse de estas influencias, siendo tan cierto y averiguado este estado de cohibición en que se encontraban, que no hay archivo de convento ni catedral en que no se hallen documentos con los contratos más denigrantes, las condiciones más absurdas. Al paso que á los artistas extranjeros todos los caminos les eran expeditos, y su fecunda imaginación tenía ancho campo en que explavarse, puesto que la historia sagrada, la profana, la mitología, las costumbres, todo era de su dominio, los españoles se hallaban reducidos al estrecho círculo de asuntos de la pasión de Cristo ó las vidas de los santos, y se veían tan estrechados, que se les permitía emplear muy poco los desnudos, y si éstos eran de mujer, nunca. Para tales asuntos y en semejantes condiciones, los accesorios no podían ser muy importantes; así es que ni lontananzas de paisaje, ni grandes monumentos de arquitectura, ni cortinajes, ni alfombras, ni jarrones, ni muebles espléndidos busquéis en los cuadros españoles, pues no encontraréis más que un fondo absolutamente negro, ó sino muy rebajado, indicando un cielo más oscuro que si fuera de noche, ó el rincón de una pobre y desnuda celda. No siendo de familia real, ó de personajes muy principales, son escasísimos los retratos que se encuentran; y de damas, excepto de reinas y princesas, puede decirse que no se hicieron; los fondos de estas efigies no son más ricos que los de los cuadros. Ved todos los retratos de Pantoja, todos los de Velázquez ó Carreño. En el cuadro de las Meninas tenéis un salén de palacio con las paredes blanqueadas, algunos cuadros con marcos negros y una puerta de cuarterones.» A esas observaciones podrían añadirse otras muchas; ¡qué figuras arrogantes, qué nobles cabezas se veía obligado á tener por modelos Velázquez, reducido además á pintor de bobos, enanos y monstruos! ¡Qué estimación del arte podía haber donde Carlos II decía á Claudio Coe Ilo: «Si yo hubiera encargado el cuadro (de las formas) á Jordán, ya habría pintado una docena;» mereciendo del pintor, esta contestación:¿¡No lodudo, señor, pero el mío valdrá por todos los de Jordán!» Fué preciso que viniera el año de 1810 para que por primera vez y, triste es decirlo, por un extranjero, José Bonaparte, á quien en ésta, como en otras cosas, hemos de hacer la justicia que se le debe, se pensase y se decretara, con circunstancias que merecen imparcial elogio, formar un verdadero MUSEo de pinturas. En medio del furor artístico mercantil de los generales de Napoleón, que les hacía llevar las obras de arte á Francia, y cuando en ellos descansaba únicamente el vacilante trono de José, escribió una orden reservada, prohibiendo severamente la exportación de objetos artísiicos:o contento con esto -la reprodujo en la Gaceta de l.° de Agosto con nuevas y más apremiantes fórmulas, imponiendo confiscación de los objetos artísticos al que tratara de sacarlos de España, una multa igual á su valor, y doble, caso de reincidencia. Por último, en 24 de Agosto dió un decreto estableciendo atinadamente el museo de pinturas en el palacio de Buenavista, y mandándole desembarazar de los efectos de la casa real que lo ocupaban. Había de formarse con los cuadros de los conventos suprimidos y los que para completar las diferentes escuelas de pintura fuese preciso elegir en los palacios y sitios reales. «Me acuerdo, dice Galiano, hablando del palacio de Madrid dos años antes, de haberle visitado con frecuencia para ver á mi sabor las bellas pinturas que entonces contenía y ahora están en el Musgo. En las salas se paseaban algunos franceses, y en un dormitorio (el de la reina María Luisa, creo) dos ó tres de ellos, con otras tantas mujerzuelas de mala vida, estaban ensayándose en el bolero, con acompañamiento de guitarra y castañuelas. Veíanse por allí en un rincón, el famoso sombrerito de tres picos, con un par de botas á un lado, que eran ó se suponían ser del mismo Napoleón y que, enviados á esta capital cuando aún estaba en ella el rey, habían servido de prueba de que el emperador francés, no sólo venía á España como huésped, sino que estaba de camino.» Los cuadros procel'oettes de las comunidades rengiosas estaban en Buenavista, San Francisco el Grande, en Rosario y en casa del pintor Nápoli, en estado completo de abandono; echándose de menos al decretarse la fundación del MUSEO, entre otros, La Anunciacion y Les des posorios de Santa Catalina, de Carreño, y San Juan en el desierto, de Moya. En casa de Nápoli había 250 cuadros; en San Francisco el Grande, 712, que se calificaban de desecho, aunque de ellos se había sacado un regalo para Napoleón, y en el Rosario, 180, traídos del Escorial. En una nota del expediente que se formó, se propuso para MUSEo el convento de las Salesas; pero ni en éste, ni en el edificio de Buenavista, consintieron las circunstancias en que se encontraba el país la realización de un pensamiento que, no por haber quedado en proyecto, deja de ser laudable y digno de recuerdo. Nueve años después, el 13 de Noviembre de 1819, fué cuando, en el edificio construido para MUSEO de Ciencias Naturales, se abrió al público el de Pintura y Escultura, por orden de Fernando VII é iniciativa de su esposa Doña María Isabel de Braganza. Comenzó sólo con tres salas y 311 cuadros. En 1821 se abrió otra y en 1828 se inauguraron las italiana, alemana y francesa, con un total de 755 cuadros; en 1830 se abrieron las salas flamenca y holandesa, y la galería de escultura; en 1839, otros salones; en 1851, el ovalado, y en 1873, uno nuevo para las tablas trasladadas del Ministerio de Fomento. Mandó construir el edificio Carlos III; le trazó el arquitecto Juan Villanueva; le deterioraron los franceses á principios de este siglo, y se reparó en tiempo de Fernando VII. Está situado al pie de la cuesta de San Jerónimo, entre la llonura del Prado y el Parque de Madrid. Su planta es sencillísima, un paralelógramo entre dos cuadrados; el paralelógramo, de 161’03 m. de largo por 20616 m. de ancho, los cuadrados mucho más anchos y de sólo 42’068 m. de extensión. Tiene cuatro fachadas; la principal, que mira á Occidente, está compuesta de una doble galería entre
dos cuerpos avanzados, interrumpida en su centro por un majestuoso peristilo dórico. Consta la galería baja de 14 arcos de medio punto y á adintelados; la alta, de 28 columnas jónicas que sostienen una elegante cornisa. El peristilo saliente es de seis columnas de la altura de las dos galerías; las proporciones son bellas y severas; á lo largo y en los lados de los cuerpos extremos corre un doble ventanaje. El peristilo es grandioso; entre sus últimas columnas se alzan sobre altos pedestales dos figuras: sobre su cornisa, un ático, de cuyo centro arranca un cuerpo en que las Artes reciben coronas de manos de Minerva. Según el proyecto de Villanueva, un Apolo colosal, rodeado de un gran resplandor, en cuyo extremo aparecían los signos del zodíaco, debía coronar el ático, que pierde mucho por lo rebajado de su decoración. Los intercolumnios de la galería alta no están decorados; los de la baja, tienen en cada machón una hornacina, en cuyo hueco se levantan, ó una figura alegórica ó un jarrón de mármol; sobre cada hornacina hay un medallón encuadrado, con el busto de nuestros artistas. Este MusEo presenta, á no dudarlo, grandes líneas; las de las cornisas, corren á lo largo de toda la fachada y aun de todo el edificio; es, sin embargo, éste de escasa altura con relación á su longitud: columnas, arcos, hornacinas, todo aparece pequeño y estrecho; el ventanaje, apaisado, de un sotabanco que asoma sobre la galería superior, contribuye á destruir el efecto; las ménsulas, sobre ser muchas, son pesadas y de poco gusto. La fachada de Mediodía es muy superior á las demás; la constituyen una puerta rectangular y un airoso cuerpo arquitectónico, que empieza á poca distancia del dintel y acaba en lo alto del edificio. El cuerpo es corintio, de seis columnas estriadas de las más gallardas y nobles proporciones, todo ello lleno de una armonía en que descansan con placer el alma y los sentidos. La fachada del Norte consiste en un pórtico levantado sobre una escalinata y sostenido por dos columnas y dos medias columnas de orden jónico. Sobre la cornisa hay un bello grupo; en el fondo, la puerta, colocada entre dos hornacinas con estatuas. Las tres fachadas principal y laterales de este edificio, construído, como hemos dicho, para Museo de historia natural, son de distinto orden arquitectónico, simbolizando los tres reinos de la naturaleza, con una cornisa igual en todas ellas. El vestíbulo da á conocer de improviso la suntuosidad y grandeza del MUSEO. Es circular, está cubierto por una cúpula encasetonada, que tiene en su anillo 2’80 m. de diámetro, y descansa sobre ocho columnas jónicas; le rodea una galería abovedada de 9/75 m. de altura por 3/62 de anchura. Aquel magnífico vestíbulo es paso para todas las salas. La de verdadero interés monumental es la de la galería principal; la precede una pieza cuadrada cubierta por otra cúpula de bellos casetones y la abre paso un arco de 8’07 m. de altura; tiene 105 31 de largo por 10’02 de ancho; está ricamente abovedada, la decora en su centro un cuerpo arquitectónico con una cúpula de 3 34 m. de diámetro, es tan suntuosa como sencilla, tan grande como bella; tiene 10/586 m. de elevación y 15 32 en el centro, desde el pavimento al remate de la cúpula. En medio de esta sala, á la izquierda, se abre una donde modernamente se han reunido las mayores bellezas que encerraba. este MUSEO: termina la sala en semicírculo, en su centro deja ver debajo otra de iguales dimensiones, que contiene las más elegantes obras esculturales de la antigüedad y modernas. Al fin del gran paralelogramo de las escuelas italianas, hay todavía otra sala; es circular, cerrada por una cú pula que vierte luz sobre los encantadores paisajes de Poussin y Claudio de Lorena. Comunican sus dos puertas laterales con dos corredores, entrada de otros dos salones iguales á los de la extremidad opuesta; contienen numerosas y ricas pinturas de la escuela flamenca. Es punto menos que imposible recorrer á la luz de la historia este MUSEO, tan rico, no sólo por el número de sus cuadros, sino por los originales que posee de los más grandes pintores. Contiene 3 de Leonardo Vinci, 10 de Rafael de Urbino y 7 de Andrés del Sarto; ó de Lanfranco, 16 de Guido Reni y 10 de Aníbal Carracci; 43 de Ticiano, 25 de Pablo el Veronés y 34 de Tintoretto; á de Corregio, 19 de Poussin y 10 de Claudio Lorena; 9 de Alberto Durero y 22 de Van Dyck; 53 de Teniers y 62 de Rubens; 10 de Berruguete. 7 de Gallegos, 18 de Juan de Juanes y 7 de Ribalta; ó de Morales, 8 de Sánchez Coello y 11 de Pantoja; 64 de Velázquez, 46 de Murillo, 8 de Cano, 14 de Zurbarán y 58 de Ribera; pero con ser tan rico en obras de algunos de los primeros artistas, más rico tal vez que ninguna colección del mundo, es incompleto para estudiar la historia, no ya del arte universal, sino del español, lo cual se explica perfectamente teniendo en cuenta el modo con que se ha formado: le sirvieron de base los cuadros que adornaban los palacios, adquisiciones todas de los reyes de la casa de Austria; en aquella época en que Carlos V y Felipe II dominaban los paises donde las artes alcanzaban mayores adelantos, vinieron á España las obras selectas, y desde Felipe IV se poblaron los palacios de lienzos de los españoles que por entonces florecieron: faltan, por consiguiente, las de casi todos los artistas españoles y extranjeros anteriores al siglo XVI, y aun de los modernos y contemporáneos. El decreto de 22 de Mayo de 1872, en virtud del cual pasaron á este MUsEo unos cien cuadros del Nacional, ha enriquecido las escuelas italiana, germánica y española, en especial con varios importantes anónimos de la escuela de Castilla en el siglo xv. Si de los sitios reales, del Escorial señaladamente, donde sobran pinturas que en el museo faltan; si de los MUSEOS provinciales y de los templos se trajeran, á cambio de otras, las obras de los autores necesarios para estudiar bien la historia del arte, de los trajes, de las costumbres, de la indumentaria, etc.; si con los MUsEos extranjeros se promovieran cambios; si se estimularan los donativos de particulares; si al paso que se completaban las colecciones se arreglaran y ordenaran y se las marcara con tarjetones en que constaran el número y las noticias indispensables para que el público pudiera darse cuenta de ella, sin necesidad de catálogo, y se dieran al mismo tiempo al edificio los ensanches que pide, como luego diremos, el Museo del Prado sería á poco tiempo, no sólo riquísimo, sino único en Europa.
Distínguense, entre cuadros de las escuelas italianas, los siguientes: Beato Angélico de Fiesole. La Anunciación de Nuestra Señora y varios asuntos de la vida de la Virgen.—Mantegna. El Tránsito de la Virgen.— Ra fael. El Pasmo de Sicilia. La Virgen del Pez. Sacra Familia, llamada La Perla. Sacra Familia pequeña (pintada en 1505). La Visitación. La Virgen de la Rosa. Retrato de un cardenal.— Andrés del Sarto. Retrato de su mujer Lucrezia Fede. La Virgen. El Niño Jesús. San Juan y dos ángeles. El Sacrificio de Abraham. Asunto místico. La Virgen con el Niño Dios.— Sebastián del Piombo. Nuestro Señor con la cruz á cuestas. Nuestro Señor en el Limbo, sacando las almas de los Santos Padres.—Broncino. Retrato de un joven violinista.—Parmegianino. Retratos y Sacra Familia.— Luino. Sacra Familia. Jesús y san Juan niños.—Salviati. La Virgen con el Niño Jesús dormido.—Poulozmo. Sacra Familia.— Tiziano. La Fecundidad. Bacanal. Retratos del emperador Carlos V y Felipe II, de cuerpo entero. Retrato ecuestre del emperador Carlos V. Venus y Adonis. Danae. Retrato de un caballero de san Juan de Malta. El Entierro de Nuestro Señor en el Sepulcro. La Venus del perrito. La Gloria. Adán y Eva.— Veronés. Venus y Adonis. Moisés niño sacado del Nilo. Jesucristo disputando con los doctores. El hombre entre el vicio y la virtud. El Sacrificio de Abraham. Cain errante con su mujer y sus hijos. Jesús en las bodas de Caná.— Tintoretto. Combate de mar y tierra. Retrato de Sebastián Veniero. Retrato de un cardenal.— Giorgione. Asunto mistico.—Correggio. Noli me tangere.—Pordenone. La Virgen, con el TOMO III
Niño Dios. San Antonio de Padua y san Roque.—Palma, viejo. La Adoración de los pastores.—Baroccio. Nuestro Señor crucificado.—Lotto. Un desposorio (alegoría).—Malombra. Sala del Consejo en Venecia.—Guido Reni. San Sebastián. Busto de una joven. La Virgen de la Silla.—Crespi (Daniel). La Piedad.—Falcone. Choque de caballería.—Guercino. San Pedro en la cárcel.—Cav. Massimo. Sacrificio á Baco.— Furini. Loth y sus hijas.—Carduci (Bartolomé). El Descendimiento. La Cena.—Castig lione. Marcha de caballeros.—Dughet. Varios países.—Gentileschi (Horacio). Moisés sacado de las aguas del Nilo.— Greco. Varics retratos. Los cuadros más notables de las escuelas españolas, son: Berruguete. Pasaje de la vida de santo Domingo de Guzmán. Predicación de san Pedro Martir. Asesinato de íd. Milagros de santo Tomás. Aparicion de la Virgen á una comunidad de frailes. Representación de un auto de fe.—Gallegos. La Visitación. El Nacimiento de san Juan Bautista. La Predicación de íd. San Juan bautizando á Jesús. La Prisión de san Juan. La Decolación del Bautista.— Velazquez. Las Lanzas. Las Meninas. Las Hilanderas. Mercurio y Argos. Retratos ecuestres del conde-duque de Olivares, los de Felipe IV y de la reina Doña Isabel, y el del príncipe Don Baltasar Carlos; el de cuerpo entero de la infanta Doña María de Austria, hija de Felipe IV. El cuadro llamado de Los Borrachos. El de san Antonio Abad y san Pablo, primer ermitaño.
Esopo. Moenipo. Nuestro Señor crucificado. Retrato del infante Don Carlos, hijo segundo de Felipe III.— Murillo. San Bernardo. San Ildefonso. Las dos Concepciones grandes. El Martirio de san Andrés. Los Niños de la concha. La Adoración de los pastores. La Sacra Familia, Ilamada del Pajarito. El Niño Dios con el cordero. San Juan niño con un cordero. La Anunciación.—Ribera. El Martirio de san Bartolomé. La Escala de Jacob. La Trinidad. San Jerónimo en oración. San Bartolomé apóstol (busto con manos). San Andrés apóstol. San Pedro apóstol. San Pablo. La Bendición de Isaac.—Juanes. La Ultima cena. El Salvador. San Esteban delante de los doctores. San Esteban en la sinagoga. Entierro de san Esteban.—Cano. La Virgen con el Niño Dios.—Carreño. Retrato de un embajador moscovita. El Pretendiente.— Ribalta. Los evangelistas san Marcos y san Mateo. San Francisco de Asís.
—Mazo. Vista de Zaragoza. Retrato de Doña María Ana de Austria.— Pareja. La Conversión de san Mateo.— Caxés. Don Pedro Girón defendiendo á Cádiz.—Orrente. La Adoración de los pastores.—Súnchez Coello. Retrato de doña Isabel Clara Eugenia. Retrato del principe Don Carlos.—Claudio Coello. Asunto místico, con la Virgen y el Niño Dios. San Francisco. San Miguel. San Antonio de Padua.— Meléndez. Varios bodegones. — Goya. La familia real de Carlos IV. Un picador pequeño. Dos asuntos del Dos de Mayo. Retratos ecuestres de Carlos IV y María Lui a, y del autor en su juventud. Jesús crucificado.—Paret. La Jura de Don Fernando VII como príncipe de Asturias.—Ribera (don Juan). Cincinato.
Wamba.—De la escuela francesa se encuentran, entre otros, los bellísimos cuadros siguientes: Poussin. Marcha de Meleagro. David vencedor de Goliat. Santa Cecilia. Bacanal. Combate de gladiatores. País de las cercanías de Roma. Noli me tangere. País frondoso y ameno.—Claudio de Lorena. País con un anacoreta. País con la Magdalena penitente. El paso de un vado. País con el arcángel san Rafael y Tobías.—Courtois (El Borgoñón). Combate de caballería.—Rigaud. Retrato de Luis XIV.—Largillière. Retrato de la infanta Doña María Ana Victoria.— L. M. Van Loo. La familia real de Felipe V.— Watteau. Boda y baile campestre. Vista de un parque.—Madame le Brun. Retrato de la reina María Carolina de Napoles. Retrato de la princesa Cristina, hija de la precedente.—Claudio José Vernet. País con un peñasco horadado, por entre el cual se ve el mar.—De las escuelas alemanas, flamencas y holandesas existen cuadros de gran valor artístico y bien conservados. Las tablas y lienzos más notables de las escuelas flamencas, son: R Vanicha. La Virgen. San Juan Bautista.—A. Durero.
Adán. Eva. Retrato de un personaje desconocido.—R. Van der Weidem. El descendimiento.—J. de Mabuse. La Virgen y el Niño (regalo de la ciudad de Louvain á Felipe II).—A. Moro. Retrato de la reina María de Inglaterra. Idem del bufón de los condes de Benavente. Retrato de una señora con un perrito.—Petrus Christus. Oratorio con la Anunciación. La Visitación. El Nacimiento y la Adoración de los magos.—Memlig. Tríptico, con asuntos sagrados (oratorio que perteneció á Carlos V).—Quint. Massys. Nuestro Señor, la Virgen y san Juan Bautista.—Patinir. Las tentaciones de san Antonio abad en el desierto.— Bosh. Tríptico, con la Adoración de los magos.—Rubens. San Jorge. La serpiente de metal. Andrómeda y Perseo. Las tres gracias. Ninfas y sátiros. El Jardín del Amor. Rodolfo, conde de Hapsburgo. Retrato de María de Médicis. Retrato ecuestre del infante Cardenal. Danza de aldeanos. La Adoración de los magos. El rapto de Proserpina. La Vía Láctea. Pais con Atalanta y Meleagro.— Van Dyck. El Prendimiento. Retrato de la condesa de Oxford. Retrato del conde de Berg. Retrato del pintor Richaert. Del músico de Amberes. Retratos de Van Dyck y el conde de Bristol (en un óvalo). La Virgen de las Angustias.—Jordaens. Cuadro de retratos. Desposorio de santa Catalina. Alegoría (holocausto á Pomona). — Rem Ibrandt. La reina Artemisa.—D. Teniers. La curación del pie. Fiestas de aldeanos. Galería de cuadros del archiduque Leopoldo. Fumadores y bebedores. Coloquio pastoril. Fiesta de campesinos. El Borracho fumando.— Brauwer. Conversación de paisanos.— Honthorst. La incredulidad de santo Tomás.— Fouwermans. Descanso de cazadores junto á una hostería. Caza de liebres. Partida de caza.—Snyders. La Cocinera. El lobezno y la cabra. Caza de corzos. Riña de gallos.— J. Miel. Mascarada. El Barbero.— Breughel (Juan). Los Cuatro elementos. Venus y Cupido en una galería. La Ninfa á la mesa. Las Ciencias y las Artes. Los Cuatro elementos y la Abundancia. — Metzu. Una gallina muerta.— Fit. Animales muertos y grutas.— Ruisdael. Bosque.—Mengs. La Adoración de los pastores. Retratos de varios niños, Archiduques de Austria, hijos de Leopoldo, gran duque de Toscana. 2. Sala de escultura.—Sería de desear que la dirección del MUSEo procediera á una clasificación más conforme á las escuelas, á los estilos y á los tiempos. Mencionaremos ligeramente algunas de las obras del MUSEO de Escultura. Hermas de víos de Platón, Aristóteles, Zenón, Hipócrates y Pericles; musas y divinidades del Olimpo; aras de dioses; bustos de los Césares romanos y de sus familias; vasos etruscos; mesas en mosaico; jarrones de pórfido; modelos de monumentos antiguos, cincelados por autores modernos; estatuas de reyes españoles; estatuas modernas. Son dignas de especial mención por su extraordinaria belleza las obras siguientes: Torsos, modelo acabado de gusto antiguo; el Rapto de Ganímedes y los dos hermanos Cistor y Pólluz, que son los grupos más hermosos de todo el MUSEO, y el grupo de Alvarez, que representa á un joven defendiendo á su padre en el sitio de Zaragoza. Osténtanse en aquellas figuras con la mayor fuerza de verdad, no solamente las emociones que dan acción y vida á los semblantes, sino el vivo y dificil contraste de cualidades peculiares á la edad, á los caracteres y afectos de cada uno, sobresaliendo gallardamente la naturalidad severa de las carnes. El autor, aunque lo ejecutó en Roma, y sin embargo de las muchas cuantiosas ofertas que le hacían los extranjeros, prefirió traerlo á su patria, de la cual no aceptó más que los gastos que su ejecución le había costado. Al contemplar el grupo de A lvarez, no sabemos si decidirnos por lo perfecto del artista, ó por lo patriótico y glorioso del autor español. En resumen, el museo del Prado, considerado en su inmenso y maravilloso conjunto, es el más importante y rico de Europa, según el voto universal, lo cual manifestamos con orgullo, por la pequeña parte de justa ufanía que nos corresponde, como hijos amantes de los timbres de nuestra nación. Hablando ahora de todas las pinturas que existen en Madrid, pertenecien
tes al Estado, hemos oído asegurar á personas conocedoras que su valor no baja de cinco mil millones de reales.
VI. ACADEMIA Ó MUSEO DE BELLAS ARTES.—Lindando con el Ministerio de Hacienda se halla un edificio en que Carlos III enlazó las maravillas del arte con las de la naturaleza, según dice la inscripción que para la portada del edificio compuso don Tomás Iriarte: Carolus 11I rex naturam et artem sub uno tecto in publicam utilitatem consociavit: anno MDCCLXYIV Fué fabricado para estanco del tabaco, y al destinar el primer piso á la Academia de San Fernando y el segundo á gabinete de Historia natural, cambió los churriguerescos follajes de su portada por las columnas dóricas que ahora tiene, una de las cuales fué mutilada por una bala de cañón en las jornadas de Julio de Sin espacio ni luz, más almacenados que expuestos al público, se ha Ilan repartidos en oscuros salones y angostos pasillos más de 300 cuadros, que debían pasar al musEo del Prado. Señalemos algunos: Murillo. Santa Isabel, reina de Portugal, curando á los pobres. La Visión que un patricio romano y su mujer tuvieron sobre la edificación del templo de Santa María la Mayor en Roma. Los dos patricios, declarando al Papa su visión. La Anunciación. San Francisco y un ángel. La Magdalena penitente. La Resurrección. La Virgen abrazando á Jesús ya difunto.—Zurbarán. La Circuncisión. Adoración de los Reyes. El Milagro de la batalla de Covadonga. San Felipe Neri.—Durero. San Jerónimo.—Ribera.
Ecce-Homo. Nacimiento y adoración. Cristo muerto. Santa María Magdalena. San Antonio.—Cano. Cristo en la cruz. Cristo recogiendo sus vestiduras. Cristo muerto sobre el regaz0 de su madre.—Carducho. San Juan predicando en el desierto. — Greco. Penitencia de unos religiosos.— Van Dyck. Sacra Familia.—Tièpolo. Cabeza de un anciano. El Bajá de Scutari.—Claudio Coello. La Virgen dando el rosario á santo Domingo. Mariana de Austria.—Rómulo Cincinato. San Pedro y san Pablo.—Morales. La Virgen abrazando á Jesús ya difunto. Cristo manifestado al pueblo por Pilatos.—Jordán. Sacra Familia.— Tintoretto. La Cena.—Corregio. La Virgen con el Niño dormido.—Rubens. Los Dos san Juanes.—Salvador Rosa. Un pastor. Una mujer italiana.— Teniers. Un bodegón. Soldados arrimados á la lumbre. Una armería. Ecce-Homo. Nacimiento y adoración.— Hakers. Cinco pases.— Van-deramen. Canastillo con uvas y fuentes con frutas. Un pavo real y varios racimos de uvas.— Velázquez. El alcalde Ronquillo. El marqués de Pescara. Barba-Roja. Jacob, á quien sus hijos presentan la túnica ensangrentada.— Goya. Retrato de una actriz española; del arquitecto Villanueva; de Fernando VII á caballo. Corrida de toros. Tribunal de la Inquisición. Entierro de la sardina. Procesión de semana santa. Además de las nueve salas en que se hallan estos y otros notabilísimos cuadros, hay una galería de escultura con otras nueve.
VII. Museo NACIONAL.— Se instaló en 1849, con 767 cuadros, clasificados del modo siguiente: Cuadros antiguos de las diferentes escuelas españolas. - de los pintores españoles contemporáneos.. de la escuela italiana. — de la escuela flamenca.. 4 Los expuestos fueron los que por su mérito artístico se creyeron dignos de figurar en el catálogo, pues pasan de 1.200 los que existen en el depósito. Además los Gobiernos adquieren cuadros de autores españoles çontemporáneos de los presentados en las exposiciones de Bellas Artes, y aun algunas obras antiguas, previas las prácticas establecidas. La mayor parte proceden de los conventos suprimidos y adquisiciones hechas por el Estado. Llamaban la atención las tablas anteriores al siglo XVI, como la que represeta á los Reyes Católicos y sus hijos, orando de rodillas ante una imagen de la Virgen, de la época de Antonio del Rincón; nueve tablas, también muy notables, de la misma época; la adquirida hace poco, que representa un auto de fe en Avila, que hoy se hallan en el museo del Prado, y finalmente, otras varias, y algunos trípticos no menos apreciables para la historia del arte. También merecen especial mención la colección de 54 cuadros que Carducho pintó para la Cartuja del Paular. El MUSEO contiene además en la galería baja y escalera principal, algunas, aunque pocas estatuas. Todos los cuadros están colocados en galerías sin luz conveniente, es decir, en los claustros del ex convento de la Trinidad, que ocupó después el Ministerio de Fomento, ó en los despachos de sus empleados.
VIII. MUSEO DE TAPICES.—Por iniciativa de don! Antonio Gisbert, á la sazón director del museo del Prado, se trató en 1859 de reunir, ordenar y exponer al público en un local los tapices de los palacios de Madrid, el Pardo, el Escorial, otros que se hallan diseminados, escondidos, y algunos no muy bien conservados, formando con todos ellos un musgo especial, que tendría pocos rivales en Europa. Ignoramos en qué quedó y qué suerte espera á aquel magnífico pensamiento.
IX. BIBLIOTECA Y MUSEOS NACIONALES.—Con este título y con objeto de servir de albergue á la Biblioteca y Museo Nacional, se acordó construir un edificio cuya primera piedra puso, con gran solemnidad, la reina Doña Isabel á las cinco de la tarde del día 21 de Abril de 186. Los planos de este edificio, bien poco holgado para el objeto á que se destina, fueron levantados por el señor Jareño; del aspecto exterior sólo puede juzgarse por la vista del dibujo. Comenzaron las obras muy flojamente y estuvieron al fin paralizadas, hasta que en 1874 recibieron algún impulso, sentándose la sillería hasta pasar el enrasado de la planta baja.
X. MUSEO DE CIENCIAS NATURALES. (Gabinete de Historia natural.)—Se fundó en 1771, sirviéndole de base la colección de curiosidades que el Gobierno adquirió de don Pedro Dávila; se pensó adquirir para colocarle la casa del duque de Arcos, que se hallaba en el solar de la de Gaviria, calle del Arenal; habiendo tropezado con dificultades, se tomó á censo la que ocupa, propiedad que era del conde de Saceda, destinando las plantas baja y principal á escuelas de Bellas Artes. Carlos III mandó erigir en el Prado un palacio para MUSEO de Historia natural, que cambió de destino, pasando á ser museo de Pinturas. El gabinete contiene la colección de minerales de Foster, adquirida en 1791 en 315.365 reales; la entomológica de Mier, comprada á sus herederos en 16.000; la de crustáceos, formada por Meneville; la de insectos, legada por Carreño; la mineral gica de Puigansón, comprada por 20.000 reales; la de Parga, de minerales también, tasada en 76.510 reales; las formadas en América por Humboldt y Huelant á fines del siglo pasado y principios del presente, y en Europa, por Gimbernat, Rojas Clemente y Garcia; hace veinte años fué enriquecida con las escogidisimas colecciones de rocas y fósiles que trajo del extranjero don Juan Vilanova. El gabinete ha proporcionado ejemplares duplicados á todas las universidades de España y buen número de institutos y establecimientos de enseñanza. Las salas 1.a y 2.* están destinadas á la mineralogía, clasificadas según Haüy en ácidos libres, metales heterópsidos (con su apéndice sílice y silicatos), metales autípsidos y combustibles no metálicos; siendo muy de notar la mesa 4.*, que es de lava y está destinada á la colección de aerolitos. Los armarios de la sala 3.a están ocupados por las aves; en el centro hay una balaustrada de madera destinada á los rumiantes y paquidermos. La sala 4.a encierra los mam feros de todas las órdenes, excepto los paquidermos y rumiantes, que figuran en la anterior. Esta sala apenas tiene luz. La sala 5.* es de reptiles. La sala 6.a, de peces. La sala 7.a, de rocas y fósiles. Ocupa el centro un magnífico esqueleto fósil de megaterio, único conocido hasta hace poco, hallado en terreno cuaternario á 72 215 kilómetros de Buenos Aires. Allí se halla la preciosa colección de instrumentos de pedernal y otras rocas procedentes del terreno cuaternario de san Isidro de Madrid. Las salas 8.a y 9.a están dedicadas á los moluscos, crustáceos y zoófitos. La sala 10, á la anatomía comparada. En el centro de esta sala se ve el
enorme colmillo, el hueso y dos muelas de elefante, en estado fósil, que se hallaron en la proximidad del puente de Toledo de Madrid. Posteriormente se ha abierto una nueva sala destinada á la sección entomológica.
XI. COLECCIONES DEL JARDÍN BOTÁNICO.— Tiene este jardín ricos herbarios y otras colecciones, contándose entre ellas las de algunos miles de plantas dibujadas por los artistas españoles que pertenecieron á las expediciones botánicas destinadas á explorar nuestras antiguas colonias. Hay además el herbario de Ruiz y Pavón, formado con las plantas del Perú y Chile; el de Maetés, procedente de Nueva Granada; el español, de Lagasca; uno de Cuba, y otros varios: puede calcularse en 20.000 el número de las plantas conservadas. Las colecciones organográficas y de producciones usuales que se han reunido y ordenado desde 1868, comprenden más de 3.000 objetos, entre los cuales se cuentan muchas maderas exóticas, además de las indígenas, multitud de frutos y semillas, varias monstruosidades, bastantes productos vegetales ydiferentes partes de los mismos.
XII. GABINETE Ó MUSEO METEOROLÓGICO.—Se halla en el Observatorio (Parque de Madrid); puede visitarse todos los días no feriados, con permiso del director.
XIII. GABINETE Ó MUSEO MINERALÓGICO.—Está en la Escuela de Minas, plazuela del conde de Barajas, 8; se puede ver todos los días no festivos.
XIV. GABINETE Ó MUSEO DE ANATOMÍA (en la Facultad de Medicina).— Contiene una rica colección de piezas anatómicas, que representan la anatomía normal, la patológica, los partos, las enfermedades de la piel; ya en piezas naturales, ya en artificiales, hechas con cera y cartón piedra.
XV. MUSEO ANATÓMICO DEL HOSPITAL MILITAR.—Fué creado en 1857 en el hospital militar de Madrid, para la conservación de piezas de anatomia normal y patológica, y la imitación de las mismas en cera y pasta cerámica.
XVI. MUSEO INDUSTRIAL. (Conservatorio de artes.)—Contiene un gabinete de física. otro de historia natural, un laboratorio de química, un muestrario de primeras materias, un gabinete de máquinas y un arsenal de herramientas de artes y oficios. Está en la calle de Atocha, número 14.
XVII. MusEo ANTROPOLÓGICO. — 1. Se debe á la ciencia, al noble entusiasmo y al patriótico esfuerzo del doctor González de Velasco, que le ha formado á sus expensas; se halla al principio de la calle de Granada por el paseo de Atocha: el edificio ha sido dirigido por don Francisco Cubas; la primera piedra se puso el 16 de Abril de 1873 y la construcción terminó en 17 de Marzo de 1875. Después de una verja que cierra un pequeño jardín, hay una escalinata de piedra que conduce al peristilo; al lado izquierdo de la escalinata se levanta la estatua del aragonés Miguel Servet, inventor de la pequeña circulación; al derecho, la de Vallés de Covarrubias, apellidado el Divino, ambas sedentes; la primera es obra de don Elías Martín; la segunda, de don Ramón de Subirat. Sobre cuatro monolitos de piedra de Novelda descansa el frontón, que sustentan fas columnas jónicas; cada una, de una pieza y de peso de 12.652 kilog. En el frontón triangular se ve la cabeza de la Minerva Médica, rodeada de plantas medicinales entrelazadas con serpientes, símbolo del arte de curar, terminando el ángulo un remate de palmeras griegas, y á los extremos, dos esfinges parlantes, signo de la propaganda científica; la cabeza de Minerva y esfinges son de don Agustín Mustiels, lo demás de la ornamentación, de don Eduardo Alvarez y don Manuel Fernández. En el frontón se lee grabada en piedra la sentencia del pórtico del templo de Delfos: NOSCE TE IPSUM (conócete á ti mismo). En el fondo de la escalinata y pórtico hay dos pinturas murales, estilo del arte polícromo de Pompeya, en que están representadas, á la derecha, la Cirugía; á la izquierda, la Medicina con sus respectivos atributos, obras las dos del señor Lozano; sobre esta última, se leen los nombres de Laguna, Gimbernat y Valverde; sobre la primera, los de Piquer, Argumosa y Mercado; encima de la puerta en letras monumentales rojas: MUSEO ANTRO OLÓGICO. El gran salón mide 465 84 m. cuadrados; tiene luz cenital y elegantes armarios adornados con bustos de médicos y hombres eminentes, desde Hipócrates á Cervantes; dos escaleras metálicas conducen á la galería que hay á la mitad de la altura de los estantes. No entra en nuestro propósito hacer aquí una reseña detallada del MUSEO ANTROPOLÓGICO; únicamente señalaremos algunos objetos propios para despertar la curiosidad general. Los lienzos de don Rafael Juliá retratando el génesis de nuestro planeta con arreglo á los datos de la ciencia actual, sirviendo de introducción á la naturaleza extática bajo la forma real; zoófitos, vegetaciones marinas, fósiles de moluscos y mamíferos; un corte vertical geológico del suelo de Madrid; esqueletos humanos de la raza negra y blanca; entre ellos, el de Juan Tomás Blanco, que á los 28 años había cometido 14 asesinatos; el de una muerta de consunción; tipos de las razas humanas; una colección de conchas y las láminas de la magnífica obra Moluscos marinos de España, Portugal y las Baleares; otra, de mineralogía; otra, de plantas, parte recogidas por el doctor Jamesson en los Andes de Quito, á una altura de 3.313 á 6.686 m. sobre el nivel del mar. El salón pequeño está consagrado á la anatomía comparada. En el laboratorio químico hay un aparato para producir la luz Drumón; junto á el está la cátedra, con anfiteatro en que caben 200 oyentes; en el techo hay un telón transparente que ilumina la luz Dru món para la demostración de lo infinitamente pequeño, luz y telón que hacen de la cabeza de una mosca un coloso de dos metros en cuadro; otro salón está dedicado á estudios microscópicos; también hay otros dos pequeños MUSEoS de objetos prehistóricos y de aves é insectos y hasta clínicas particulares. El doctor Velasco merece profunda gratitud por el monumento que, á costa de muchos desvelos y sacrificios, ha levantado á la ciencia. (ANGEL FERNÁNDEZ DE LOS Ríos.) 2. Creeríamos faltar al deber que hemos adquirido con los lectores de Madrid Moderno, si dejáramos de consignar en estas páginas alguno de los rasgos más característicos del ilustre nombre que, á fuerza de laboriosidad, tiene adquirido el fundador del MUSEO ANTROPOLÓGICO. En el cuaderno 12 publicamos la descripción de tan notable templo consagrado á la ciencia: digamos ahora quién es el fervoroso apóstol, colocado por la opinión general entre las eminencias que honran á la España contemporánea. Vió el señor González Velasco la luz primera el día 23 de Octubre de 1815, en Valseca, provincia de Segovia. Era tan modesta la fortuna de sus padres, que no pudiendo darle recursos para seguir una carrera, tuvo precisión el joven Velasco de encaminarse hacia Madrid, cabalgando un jumento, con el cerebro lleno de ilusiones y I1 reales en su faltriquera. Sufrió los rigores del hambre y el despotismo de los usureros; pero consiguió terminar su carrera, con el auxilio módico que le proporcionaba el ser dependiente de un colgio, y después practicante en el hospital militar, hasta que llegó un día que adquirió legítima reputación de habilísimo operador. Desde entonces, la fortuna coronó sus esfuerzos, y el antiguo inquilino de un sotabanco de la calle de Jacometrezo, se convirtió en un inteligente catedrático, cuyos discípulos á millares, le respetan, con aquella consideración que adquieren los grandes maestros en cualquier esfera del genio humano. Ha sido tan activa y laboriosa la afanada vida del doctor Velasco, que lleva abiertos ocho mil cadáncres, y ha realizado operaciones quirúrgicas de asombroso éxito, como puede observarse en los modelos que ha reproducido en su magnifica galería anatómica. Los viajes que ha hecho por Francia, Bélgica, Alemania é Italia, le han ilustrado en otros muchísimos conocimientos humanos, pues el doctor Velasco es muy perito también en estudios antropológicos, arqueólogos y en las ciencias fisico-naturales. No contento con atesorar tantos conocimientos, desea comunicarlos á todos, y concibió el atrevido pensamiento de levantar un magnificoMUSEO ANTROPOLÓGICO, encomendando las obras al arquitecto señor don Francisco Cubas. Colocada la primera piedra el 16 de Abril de 1873, se vió terminada la
construcción el 17 de Marzo de 1875. Llegó el 29 de Abril de dicho año, y el doctor Velasco tuvo la gran emoción de ver inaugurado oficialmente por su majestad el rey y escogidísima concurrencia uno de los monumentos más notables del moderno Madrid, que ha erigido la iniciativa particular. El doctor Velasco se levanta en todo tiempo á las cinco de la mañana y se retira á descansar á las doce de la noche: no asiste á los cafés, casinos ni teatros. Es modesto y afable. El doctor Velasco, que tanto trabaja en pro de las ideas modernas de la ciencia, es, sin embargo, como hombre de exquisito' sentimiento, enemigo declarado de la cremación de los cadáveres, y está muy conforme con la impugnación que publicamos há tres años defendiendo un buen sistema de inhumación cadavérica. Nuestro digno amigo el señor don Pedro González Velasco merece sea aclamado por todos los españoles como una de las glorias que más enaltecen la ciencia por sus triunfos, virtudes y servicios á la humanidad doliente. — Miquel Martínez Ginesta. 3. Si España, siempre desgarrada con las luchas de partido y las contiendas civiles, pensase menos en sus miserias políticas y más en el desarrollo de sus intereses morales y materiales, Velasco sería para los españoles lo que en otra esfera fueron Leonardo Vinci para los milaneses, Ticiano para los venecianos, y Miguel Angel para los habitantes de la ciudad de los Césares; pero desgraciadamente en España tiene más aceptación cualquier audaz político que quien, como Velasco, lega á su patria un monumento de la importancia de su MUSEO ANTROPOLÓGICO. Y á fe que la historia de este MUSEO, donde por primera vez en España se vió en letras de oro la frase undamental de la ciencia, es por demás curiosa é interesante.
Velasco, en uno de sus viajes, llegó á Grecia, y cautivando su imaginación aquellos suntuosos edificios, restos de una civilización que pasó, concibe el atrevido pensamiento de reproducir uno de ellos y encerrar en el un verdadero tesoro para la ciencia. La idea era grandiosa en demasía y su realización exigía sumas enormes y privaciones sin cuento. Nunca por eso desmayó su autor, y cuando ante el cúmulo de dificultades que incesantemente se presentaban, al rún envidioso con la sonrisa del desprecio en los labios preguntaba: ¿cómo va el MUSEO, doctor? Este, con la convicción que presta la fe, se limitaba á responder: se hará. Y se hizo en efecto, en el corto espacio de tiempo que media desde el 16 de Abril de 1873 al 17 de Marzo de 1875. Y en ese MUSEO está la fortuna del doctor Velasco; él hace á su vez su orgullo, su alegría, su desesperación y su ruina. Describir la inmensa riqueza en colecciones de todos géneros que encierra el MUSEO ANTROPOLÓGICO, sería imposible: sólo viéndolas y estudiándolas detalladamente puede comprenderse su importancia. Es tal, que diariamente se ven visitadas por gran número de extranjeros, cuyo móvil, al pisar nuestro suelo, es la contemplación de los tesoros que Velasco ha sabido reunir en su MUSEO, sin rival en el mundo, y el único que se debe á la iniciativa particular. El doctor Velasco trabaja incesantemente y es proverbial la exactitud en el cumplimiento de sus palabras. Apasionado entusiasta de Miguel Servet, ha reunido cuantos datos existen acerca de aquel mártir glorioso, y á su concreta pluma se debe la Memoria leída al inaugurar los trabajos de la Sociedad antropológica, cuyo acto fué consagrado al hombre extraordinario que descubrió la circulación de la sangre, y fué bárbaramente inmolado en Ginebra por Calvino. Somos enemigos de los elogios, pues generalmente silo sirven para ocultar los verdaderos caracteres de la persona á quien se refieren; pero tratándose del doctor Velasco, rompemos con nuestras convicciones, siquiera sea por un momento, para presentar, no un estudio completo, sino ligeros apuntes que den á conocer al medico eminente que nos ocupa. (La Ilustración de la Infancia.) 4. Habiendo nosotros tenido el honor de ser invitados repetidamente por el fundador del MUSEO ANTROPOLÓGICO, debemos algunas palabras al ilustre doctor Velasco, no por cortesía, ni por gratitud, sino por justicia, propia y nacional; es decir, por justicia y por patriotismo. Mirada España en el museo de Atocha, es superior á cuanto se conoce en dicha materia. Puede asegurarse que España, vista en casa del doctor Velasco, está al frente de las naciones cultas del mundo. Lo que esto significa, lo que esto vale, lo que esto es, queda reservado al juicio del lector discreto. ¿Debe un monumento de esa especie correr á cargo de un particular? ¿Debe permitirlo el Estado de un pueblo importante? ¿No está el Gobierno obligado á nada, aunque no fuese sino por propia y sabia industria de su codicia? No nos consideramos con autoridad para responder á las preguntas anteriores; pero nos atrevemos á decir que es tanta la gloria del fundador de aquel MUSEO, que está pesando sobre la gloria de toda España, de tal suerte que se nos figura oir gemidos. Esto significa que España, vista en el magnífico MusEo de Atocha, canta y gime. Hablemos ahora de una reliquia del monumento, ya que la suerte nos reserva esta misteriosa felicidad. Entre las muchas preciosidades que se custodian en casa del doctor Velasco, hay una reliquia de más precio que todas las otras: es el cadáver embalsamado de una virgen purísima y bella, el ángel del MUSEO, la hija única de su fundador, su amadísima Concha, la triple figura de su entendimiento, de su conciencia y de su corazón; juventud perpetua, amor perpetuo, eterna alegría y eterna amargura del sabio creyente y del padre amoroso. Dignese aceptar el doctor Velasco este saludo que le envían el hombre, el compatriota y el amigo.
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