Roque Barcia · 1880-1883
Moisés
tomo 3 · página 793 · ver la página del original
Moisés. Famoso profeta, patriarca y legislador del pueblo hebreo, que nació en 1725 y murió en 1605, antes de Jesucristo, según una cronología, y según otra, nació en 1571 y murió en 1451. Era hijo del levita Amram y de Jocabed, y nació en la época en TOMOH
que Faraón hacía arrojar al Nilo muchos de los hijos de los hebreos, cuya rápida multiplicación le asustaba. Oculto por espacio de tres meses por su madre, ésta, temiendo que le descubrieran, le colocó en una cesta de mimbres y la expuso en el Nilo en un sitio en que acostumbraba á bañarse Termutis, hija de Faraón. Esta princesa, en cuanto vió la cesta, mandó que la recogiesen y abriesen y encontró al niño, que era de extraordinaria hermosura. Aprovechándose María, hermana de MOISÉS, que estaba observando los movimientos de la princesa, de la emoción que á ésta le causó tal encuentro, se presentó á ella ofreciendo buscar un ama de leche para criarlo, y como Termutis aceptara el ofrecimiento, fué María á buscar á su madre, quien recibió á MOISÉS de manos de la princesa. Al cabo de tres años, le llevaron á su protectora, la cual le adoptó por hijo suyo y le puso el nombre de Moisés, que significa en egipcio: salvado de las aquas. Su educacion fué muy esmerada y se distinguió en todas las ciencias que florecian entre los egipcios. Varios historiadores aseguran que asistió á la guerra contra los etíopes y los derrotó completamente; pero otros muchos dudan de la certeza de este hecho; por lo cual, concretándose á la historia sagrada, sólo puede decirse que á los 40 años de edad salió de la corte de Faraón para ir á visitar á sus hermanos, y que hallando en el camino un egipcio, que estaba maltratando á un israelita, le dió muerte; por cuya razón tuvo que huir al desierto de Madián, donde casó con Séfora, hija de un sacerdote, de Jetró, á quien algunos autores antiguos llaman rey de Arabia. En 1491, un día en que Moisés conducía el ganado de su suegro hacia el monte Oreb, se le apareció Dios en medio de una zarza que ardia sin consumirse. Habiéndose acercado Moisés á contemplar esta maravilla, le mandó Dios que se descalzara, que aquella tierra era santa y que le había elegido como instrumento para la libertad del pueblo hebreo. Como titubease Moisés, hizo Dios dos milagros: trocó la vara, que Ilevaba, en una serpiente, y la tornó luego á su primitivo estado; visto lo cual por MOISÉS, y habiéndole vuelto á mandar Dios que se presentase á Faraón y le dijese que diera libertad al pueblo hebreo, lo hizo así; pero Faraón se burló de Moisés y de su súplica, lo cual fué causa de aquellas diez plagas que afligieron al reino y que sólo pudo hacer cesar Faraón, dejando salir á los hebreos. Después de pasar éstos el mar Rojo á pie enjuto y de ahogarse en él los egipcios, condujo Moisés á su pueblo al desierto, donde sólo, á fuerza de milagros, reanimaba la fe de aquel pueblo inquieto y descreido, que se le amotinaba á cada instante. Después de haber hecho justicia en los sediciosos, llega al Sinaí al tercer día del noveno mes después de la salida de Egipto, y allí en medio del trueno y del rayo, recibe de Dios el Decálogo y muchas leyes que lo explican; consagra la alianza entre Jehovah y su pueblo y pasa cuarenta días con cuarenta noches en la cumbre del monte, donde Dios le da el modelo del Tabernáculo y las Tablas de la ley. A su vuelta, al ver á su pueblo entregado á la adoración del becerro de oro, lo rompe, lleno de cólera, reduce el ídolo á polvo y hace matar por los levitas á 23.000 culpables.
Dios, en el monte Sinaí, vuelve á darle las Tablas de la ley, y al manifestarle su gloria, comunica á su rostro un resplandor que las miradas del pueblo no pueden sostener. Con las riquezas de los israelitas construye entonces el Tabernáculo y encierra en el santuario (sancta sanctorum) el Arca de la alianza, que contiene las Tablas de la ley; consagra el sacerdocio en la familia de su hermano Aarón y fija las instituciones religiosas, civiles y políticas de los hebreos. Hecho esto, sale del desierto del Sinaí, después de un año de permanencia en él, y emprende su marcha hacia la tierra prometida. ¡Larga y penosa prueba para el jefe, que tiene que luchar con la insurrección de su pueblo, el cual no deja de echar de menos el Egipto! Se hace preciso, para conducirle, que Moisés busque apoyo en el concurso de un consejo, compuesto de 70 ancianos, animados del espíritu de Dios, y aun así no puede acallar las diarias quejas. La rebelión acaba por llenar la medida, y Dios reserva la tierra prometiaa sólo á los' nijos’de los culpables y condena á éstos á vagar por el desierto durante treinta y ocho años. El suplicio de Coré, Datham y Abirón prueba que no se corrigen. Aarón y Moisés se ven privados de entrar en la tierra prometida, en castigo de su desconfianza, y Mor SÉS, después de hacer brotar al golpe de su vara el agua de la roca, de curar con la serpiente de bronce las heridas que las serpientes del desierto producen en los peregrinos, conduce á los hebreos al Este de la Judea; preside las victorias alcanzadas sobre Sehón, rey de los amorreos; Og, rey de Basán, y Balac, rey de los madianitas; escoge á Josué para sucederle y establecer á los judíos en la tierra de Canaán; conquista las tribus de Rubén, Gad y la mitad de la de Manasés; completa su obra de legislador y de moralista en las últimas instrucciones que encierra el Deuteronomio; hace oir el inspirado canto: Cielos, escuchad mi voz; contempla la tierra prometida desde lo alto del monte Nebo y muere en la cumbre de aquella montaña. La legislación mosaica presenta un contraste extraño con las demás legislaciones de la antigüedad.
Sola, en oposición con el carácter duro, indócil y sensual del pueblo que debía regir, se inspira en principios superiores á las circunstancias en medio de las cuales se produce. Severa y minuciosa, como lo exigían la naturaleza rebelde de los hebreos y el clima abrasador que habitaban, se reduce á un dogma: la unidad y la soberanta de Dios. El gobierno no es una teocracia de casta, como en la India ó en Egipto, donde los sacerdotes son los exclusivos dueños de la riqueza y del poder: aquí no son más que los ministros, los delegados de Dios, en quien se concentra la autoridad. Los levitas están reducidos á 48 villas, sin riquezas y sin patrimonio. La política se confunde con la religión: la primera, la única ley, es la obediencia y la fidelidad al Señor. En su honor se celebran todas las fiestas (sábado, luna nueva, Pascua, Pentecostés, fiesta de los Tabernáculos, fiesta de las Expiaciones) y todas ellas están al mismo tiempo destinadas á robustecer los lazos de unión entre los judíos diseminados en las doce tribus, bajo el gobierno patriarcal de los jefes de tribu y de familia. Bajo el punto de vista civil, establece la igualdad absoluta de los judios ante Dios, sólo rey y único dueño. Esta igualdad está mantenida, en las clases, por el año sabático (el 7.°) que devuelve al esclavo su libertad; en la propiedad, por el año jubilar (el 50.°) que vuelve al primitivo dueño ó á su familia las tierras enajenadas; y en el gobierno, por la elección que Dios hace de los jefes ó de los reyes en el seno del pueblo. Bajo el punto de vista social, la mujer está protegida contra el marido; el hijo, contra el padre, y el esclavo, contra el señor, puesto que queda libre á los siete años, si es hebreo, y á los cincuenta, si es extranjero. El extranjero, salvo el cananeo (el enemigo), está protegido y amparado, y en el homicidio involuntario encuentra, contra la familia de la víctima, un asilo en seis ciudades de refugio, donde le basta, para purificarse, una expiación. La legislación de MOISÉS está contenida en el Pentateuco, ó los cinco libros (Génesis, ó la creación, hasta el establecimiento de los hebrecs en Egipto; Exodo, ó la salida de Egipto; Levítico, libro de prescripciones detalladas sobre el culto, sobre las relaciones con Dios y sobre la organización religiosa de los levitas; Números, exposición de la fuerza material del pueblo y continuación de la historia de Moisés; y Deuteronomio, complemento del Decálogo, del Levitico y de la historia de Moisés). La exégesis alemana ha creido descubrir en el Pentateuco diferencias de redacción, que indican muchas manos y diversas épocas, y despojando á Moi SÉs de la gloria de haberle compuesto, se inclina á colocar en los principios de la era cristiana la compilación de este código sin igual. Tal teoría está desmentida de la manera más palmaria, y Moisés continúa en posesión de su triple caracter de jefe del pueblo, de legislador sagrado y de historiador primitivo de los judíos. En contra de sus impugnadores, Mol SÉS reasume en sí la época que Bossuet llama de la ley escrita y ocupa un elevado puesto entre los más grandes
poetas épicos y líricos que ha contado la humanidad.
Moisés-ben-Noclamaann. Célebre rabino español, que nació en 1194 y murió en 1300. Dejó las siguientes obras: Cartas de santidad; Guerras del Señor y Ley del hombre.
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