Roque Barcia · 1880-1883
Miniatura
tomo 3 · página 765 · ver la página del original
Miniatura. Femenino. Pintura de pequeñas dimensiones, por lo común hecha sobre vitela, marfil ú otra superficie sutil ó delicada, con colores desleídos en agua de goma.
ETIMOLOGÍA. 1. Catalán miniatura: francés, miniature, del italiano miniatura, forma de miniare, escribir ó pintar en encarnado; del latín mint́um, minio, color mineral muy rojo, que se. halla en las minas de azogue y de plata. Lo hay también artificial y se denomina bermellón. 2. Lo dicho prueba el error de nuestro Monlau, que deriva MINIATURA de minus, cosa mínima, como quien dice: «mínima pintura.» 3. La primera MINIATURA fué encarnada; esto es, minia. Reseña histórica.—Procediendo con el método conveniente, debemos hacer algunas divisiones, acomodadas á la extensión y trascendencia del asunto. Nuestro objeto no es presentar una disertación cumplida de la materia; sino hacer sentir de algún modo la importancia de la MINIATURA en las bellas artes, en la erudición, en la crítica y en la historia. MONUMENTOS 1. Hacia los siglos II y IV puede fijarse la clasificación de los manuscritos, bajo el punto de vista de su iluminación, en dos grupos: primero, los que tienen letras con tintas negras, y á veces, encarnada; y segundo, los que las tienen de oro, sobre fondo de plata, ó púrpura, ó azul. El primer sistema es el latino; el segundo, parece más propio del Oriente; esto es, de los crisógrafos. 2. Excusado fuera decir cuántos gastos exigiría la iluminación en la antigüedad. Hubo ocasiones en que los pergaminos se adquirían á precio de oro; y esto explica la necesidad de raspar las cartas, la existencia de los palimpsestos, en que se han perdido ricos tesoros de la época clásica. Un tomo exigía cuantiosísimos gastos, y por esto llegaron á cambiarse los libros por una heredad. Y sin embargo, había numerosas personas que se dedicaban á lo que hoy llamaríamos su confección, como lo demuestran los nombres de bibliopolæ, amanuenses, scriptores, librarii, grammaterii, caligraphi; y en lo que concierne á nuestro asunto, illuminatores, capitales (littere) y otros varios. 3. El manuscrito que se cree de época más antigua, es el Virgilio del Vaticano. Entienden algunos eruditos que es muy importante en la Mi NIATURA; y otros, que es de época bárbara. Pero esta aparente contradicción puede depender de que en el Vaticano hay dos: uno, del siglo in óIV; y otro, del vi ó vi; quizá, del vin óIX. El más antiguo es interesante por sus muchas iluminaciones, con carácter del período clásico; aunque con defectos propios de la época. Tiene colores con cuerpo, claros muy marcados y perfiles sin recortes. 4. De ese mismo tiempo es la Ilíada, que sé conserva en la biblioteca Ambrosiana, de Milán, que algunos creen más antigua; pero, según reputados críticos, es del siglo ii al IV. Tiene más de cincuenta iluminaciones, con el mismo gusto de escuela. 5. También pertenecen á esa época un calendario romano, que se conserva en Viena, con ocho figuras de los meses, muy importante, ya porque demuestra que hasta esta clase de obras se iluminaba, ya porque algunas figuras tienen mejor color que las del Virgilio, si bien presentando el mismo carácter, y un Génesis, conservado también en Viena, del mismo gusto é iguales condiciones. 6- Del siglo v al vI se conserva un Dioscorides, que tiene dibujos, no sólo de figuras, sino también de plantas. Pertenece ya á la época de la decadencia, y esto mismo aumenta su importancia. Su sistema es igual al de los anteriores. 7. Del siglo vi al viu hay un manuscrito en Roma, con las guerras de Josué, de 25 ó 30 piés de largo. Contiene una interesante serie de iluminaciones, pertenecientes á la escuela latina, en las cuales se reproducen los relieves de la época y también los guerreros y figuras de la columna Trajana. 8. Del siglo vii al ix se conserva un Merologio griego, con muchas iluminaciones, hechas por una serie de artistas griegos, representando particularmente martirios. 9. Del siglo Ix es el famoso Terencio, del Vaticano. Se cree que debe ser una reproducción de otro más antiguo; próximamente, del siglo IV. Este precioso monumento fué el modelo en qne se inspiraron los artistas durante la época bárbara. En el siglo pasado han visto la luz pública diferentes grabados de todas sus MINIA 10. La escuela bizantina influyó en Italia hasta el siglo XVII; pero, en el resto de Europa, fueron muy frecuentes las MINIATURAS de todas clases. 11. Este género no se empleaba antiguamente como en nuestros días; sino que se aplicaba á muchos objetos manuales y de uso privado, como mesas, muebles y sillas de montar. En efecto, hay sillas de caballo con riquísimas MINIATURAS. 12. La grande importancia que alcanzaron, puede comprenderse al saber que se la concedieron hasta los santos padres y los obispos san Jerónimo y san Ambrosio. 13. El primer punto de Europa, después de Italia, en que hubo escuelas de MINIATURAS, fué Inglaterra. En el siglo IV, san Agustín, no el de Hipona, se trasladó á aquella nación. Era muy aficionado á iluminar; llevó sus libros; las MINIATURAS gustaron y se extendieron rápidamente. También fué otro obispo griego, Teodoro de Tarsis, quien contribuyó mucho al mismo fin. San Isidoro suministra datos muy curiess, pero no se conservan monumentos. Resulta, pues, que en Inglaterra hubo escuela latina y escuela bizantina, representadas por dichos obispos. 14. La escuela francesa data de tiempos de Carlomagno y procedió de Inglaterra, de donde la llevó Alcuino, inglés, monje de York, que se dedicaba á las iluminaciones. Fué á Italia por libros y allí puede decirse que se apcderó de él Carlomagno, para que educase á sus hijos. En Francia imperó la escuela bizantina y llegó á ser una de las naciones en que se hicieron los mejores trabajos. 15. En España hubo también muy buenas MINIATURAS. Consérvase el Albuldense, en el Escorial, con novecientas setenta y tantas, iluminadas por artistas españoles, Vigilla, García Sarracino, Martínez y otros, mucho más importantes que las del sigloix; pues es de advertir que la escuela francesa, en el x, estaba ya en pleno período de decadencia. En la catedral de Toledo las hay de los siglos Xy XI, con caracteres de la época carlovingia; aunque es posible que no se hicieran en España. En la de León, se conserva un Antifonario, que se cree de época visigoda; pero debe ser reproducción de otro de aquella época, pues el carácter de las MINIATURAS es el del siglo x al XI. BREVES NOTICIAS 1. El estudio de las MINIATURAS en los manuscritos debe concretarse á la Edad media, por más que hubo libros iluminados en la antigüedad clásica, ó antes tal vez. 2. En efecto; Plinio habla de las stromatas de Varrón, con retratos de los personajes cuyas biografías reseñaba.
3. Marcial, en sus epigramas, habla de los libros ilustrados, es decir, libros con imágenes (cum imaginibus), los cuales se vendían en el Forum (Julianum). El texto en cuestión se refiere á los Virgilii, que los bibliopole, libreros, vendían con el retrato del autor. 4. Por lo que toca á Grecia, es incuestionable que existieron también,
puesto que hay noticias de una mujer que se dedicaba al arte de iluminar. 5. En los primeros tiempos de la Edad media aun conservan los manuscritos el carácter de la buena época romana, puede decirse que desde Constantino hasta Carlomagno. Las MINIATURAS tienen mayor ingenuidad en la composición y en las figuras; los perfiles son más perfectos; los colores, más consistentes; los claros, tocados con cierta valentía; á veces, con toques de oro ó de plata; detalles todos que hacen recordar las pinturas murales al temple, de la época romana. 6. Con Carlomagno, por el contrario, predominaban, casi en absoluto, las formas bizantinas y parece iniciarse una lastimosa decadencia, caracterizada visiblemente por la degradación del dibujo y la inseguridad de los perfiles. 7. Después de Carlomagno, la decadencia se manifiesta sin embajes y va en aumento, durante los siglos Ix, x y parte del xI. Aquel arte pierde el cuerpo del color, amén de que los toques claros son los mismos que los de la materia en que se pinta, con algunos toques sombríos. De aquí resulta que las telas presentan siempre unos mismos colores, cuya uniformidad inhábil hace imposible la poesía del claroscuro. En cuanto á los pliegues, suelen marcarse con otras tintas, al par que las cabezas y las manos son, por lo común, del mismo color del pergamino. El arte de esta época se distingue por una particularidad curiosa: no sabiendo dar á cada actitud su expresión, tuerce las figuras con el fin de comunicarlas movimiento. También es fácil conocer las obras de esta época por el empleo del rojo puro y de la tinta verdosa pura. 8. Esta situación se prolonga durante los siglos XI y xII, si bien se verifica cierto progreso en materia de composición. Las figuras tienen manos exageradas; cabezas disformes; pero en los grupos y en la composición general hay mayor libertad de concepto y más soltura en los perfiles. Cualquiera diría que se opera cierta transición entre las escuelas griega y latina, añadiendo cierta amalgama de gusto bizantino. 9. El siglo xII parece abandonar los modelos de la rutina; estudia más la naturaleza; se fija especialmente en los detalles, como si se sintiese llevado de cierto espíritu de análisis, que es una importante creación de este siglo, y da ser á una MINIATURA que pudiera llamarse la MINIATURA prolija. Es verdad que están descuidadas la simetría, la actitud, las cabezas, las manos; pero ya se encuentran ejemplos de plegaduras excelentes, verdaderos dechados de arte. El siglo xui vive todavía bajo la capa de su rudeza, no embellece aún las imitaciones naturales con la idealidad de su inspiración; pero tiene el vigor de la juventud y la franqueza salvaje. El arte de este siglo ofrece también su singularidad caracteristica: se revela en la mayor verdad de sus fondos y en el empleo descompasado del oro y de la plata, superando la riqueza de la materia artística á las bellezas del arte mismo, con cuya industria realizó el proverbio que dice: á mal Cristo, mucha sangre. Allí pudo decirse: á malas manos, mucho oro. 10. En el siglo xIV, continúa el mismo sistema de iluminación y de ornato. 11. En el xv, principia una época de verdadero renacimiento. Los fondos se aprovechan para paisajes ú otras cosas que conviene representar, y en todo se anuncia la nueva vida, de que es cuna aquel siglo, y la imitación á lo clásico, que constituye su carácter, su esencia y su misterio. El arte de esta época tiene también su espíritu propio: el trastorno de lo pasado, el rompimiento de las tradiciones, la secularización en todas esferas; también en la pintura; por consiguiente, en la MINIATURA, que sigue su camino. Aunque los conventos habían sido la más docta escuela de la MINIATURA en los tiempos medios, ya no se iluminan solamente los libros eclesiásticos, sino que figuran también las traducciones de los clásicos y de los poemas de Italia, los romances y las poesías. 12. La época más floreciente de la MINIATURA tuvo lugar del siglo xV al XVI; particularmente, en Italia, en donde maestros inmortales se vieron en el caso de consagrar á dicho género algunos instantes de ocio, si no por contentar sus aficiones y sus gustos, por satisfacer los deseos de reyes, de pontífices y grandes señores. NOMBRES SUELTOS 1. Ateniéndonos á los datos generales, no se citan nombres hasta el siglo xII. Pedro de Pamplona ilustró una preciosa Biblia, que existe aún en la biblioteca de Sevilla. 2. También son dignos de citarse los Beatos ilustrados y los Comentarios del Apocalipsis. El más antiguo del siglo XI, parece ser el de nuestra Academia de la Historia; aunque otro, muy semejante, se conserva en el museenbriténico 3. Hay uno en la Biblioteca Nacional; otro, en la de Paris, y otro en Gerona. 4. También se cita, como monumento notable, la Biblia, de León. 5. Algunos eruditos opinan que Miguel Angel ilustró cierto manuscrito del Dante, perdido en un naufragio. 6. Rafael y Van Dyck ennoblecieron con sus pinceles la MINIATURA, conservándose varias obras del último en las bibliotecas de Venecia y París. 7. Pero prescindiendo de pintores como los mencionados y hablando de miniaturistas, propiamente dichos, la gloria de este género corresponde á España. Aludimos á. Julio Propio que vivió en Italia del siglo xV al XVI. Era de la orden de canónigos regulares y el pontífice le dió una bula para que pudiera dedicarse con toda libertad a sus estudios predilectos. Tiene iluminaciones prodigiosas, las cuales deben verse con lentes de aumento, puesto que no exceden del tamaño de una hormiga. Según el testimonio de algunos autores, Julio Propio empleó seis ó siete años en pintar una procesión, cuyo antecedente explicará sin violencia el escaso número de sus obras. Entre ellas, recordamos un precioso Dante que se muestra en el Vaticano á la admiración de los inteligentes. Puede hallarse una creación más espléndida; pero no se hallará en parte alguna una maña más ingeniosa, un sentimiento más acabado, una diligencia más exquisita, un arte más discreto y gracioso. Cuando se contempla una obra de aquel príncipe de los miniaturistas antiguos y modernos, la sorpresa nos obliga á exclamar con honda pesadumbre: «¿será verdad que se ha sepultado con Julio Propio el secreto de la ornamentación?» LETRAS CAPITALES Es imposible hablar de la MINIATURA sin dedicar algunas palabras á las letras llamadas capitales ó iniciales, que realizaron los mayores prodigios de la iluminación. En ellas campean airosamente cintas, lazos, árboles, arbustos, plantas, flores, personajes, vírgenes, adornos de capricho y de fantasía, por todo extremo garbosísimos. Estudiando las letras capitales y sus infinitos ornatos, la erudición puede encontrar los antecedentes necesarios para asignar á cada país los atributos propios de su genio. Damos de mano á varios pormenores que nada añadirían á la substancial del artículo, teniéndonos por muy dichosos si hemos logrado dar á la erudición española el átomo de nuestros afanes.
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