Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Metel

tomo 3 · página 739 · ver la página del original

Metel. Masculino. Botánica. Planta de propiedades narcóticas que cre

ce en Asia y Africa, de la cual se sirven los charlatanes de la India para curar el dolor de muelas, causando en los enfermos visiones y delirios que los curanderos interpretan en beneficio suyo. (Bosc, DEViC.)

ETIMOLOGÍA. Arabe mathil: latín botánico, datura stramonium; francés, metel, methel, pomme mételle, en Devic; métel, en Bosc. 1. Esta voz se encuentra en el Mansuri, cuyo autor dice que «la nuez metel provoca el estupor y alguna vez causa la muerte.» 2. Avicena, en la edición de Roma, compara la nuez METEL á la nuez vómica. Metempsicosis ó metempsicosis.

Femenino. Filosofia pitagórica. Transmigración de las almas. Para que la METEMPSICOSIS pudiera admitirse, sería necesario que un hombre recordara positivamente haber sido otro hombre. (MEMMIus.) La circulación de la materia y los seres que renacen bajo nuevas formas, produjeron la teoría de la METEMPSICOSIS, la cual se ha trasladado de la materia á los espiritus, cuando se tuvo necesidad de armonizar aquella doctrina con la de la inmortalidad del alma.

(BAILLY.) Los académicos, los estoicos y los egipcios no admitieron la METEMPSICOSIS de Pitágoras. (CHARRÓN.)

ETIMOLOGÍA. Griego perendóyω (metempsychõsis); de metá, más allá, y empsychoũn (eutoyoöv), animar; de èv (én), y boyý (psychë), alma: latín escolástico, métempsychõsis; catalán, metempsícosis; frances, métempsycose; italiano, metempsicosi.

Reseña.—Tránsito de un alma á otro cuerpo, después de la muerte, ó de una existencia anterior. Los filósofos griegos, en general; y Pitágoras, en particular, sostenían que las almas iban á animar los cuerpos de diferentes animales, pasando desde los más nobles á los más viles y feroces, y siguiendo con los mismos vicios que las habían dominado. Los griegos tomaron esta doctrina de los sacerdotes egipcios, que admitían la circulación de las almas en diferentes cuerpos de animales terrestres, acuáticos, volátiles; de donde, al cabo de tres mil años, volvían á animar cuerpos humanos. Esta creencia existe aún entre los siameses, japoneses y negros de la Guinea; y á ella se debe en gran parte que diferentes pueblos se abstengan de comer carne.

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