Roque Barcia · 1880-1883
Mérida
tomo 3 · página 721 · ver la página del original
Mérida. Femenino. Geografla. Ciudad con ayuntamiento, en la provincia de Badajoz, partido judicial de su nombre, diócesis de San Marcos de León y capitanía general de Extremadura.
1. Situación, clima y población.—Se encuentra edificada sobre una pequeña altura, cerca de la ribera derecha del Guadiana; su clima es caluroso en extremo: su población, 6.191 habitantes. 2. Terreno y ríos.—El suelo de la jurisdicción de MÉRIDA es de secano y de excelente calidad; pero quebrado, desigual, con mucho monte y jarales, cerros y hondonadas peligrosas. Le bañan el Guadiana, que pasa lamiendo el trozo de la histórica muralla que cierra la ciudad por parte del Mediodía, y el Albarregas, el Aljucén y el Matachel, que desaguan en aquel río.
3. Producciones, industria y comercio.—Las primeras, consisten en abundantes cosechas de cereales, legumbres, vino, aceite y frutas; ganado lanar, yeguar, de cerda, vacuno y cabrío; numerosa caza mayor y menor y mucha pesca ordinaria en los ríos. La industria cuenta buenos lavaderos, fábricas de jabón y molinos harineros. El comercio se reduce al tráfico en frutas y ganados del país, debiendo mencionarse el corcho, que alimenta la industria taponera, á la cual se dedica la colonia catalana, en primer lugar. 4. Interior de la población.—La histórica ciudad que nos ocupa se halla regularmente edificada, sobre un terreno fertilísimo: sus casas son antiguas; sus calles, empedradas; la plaza de la Constitución, cuadrada y muy espaciosa. Entre sus edificios, se distinguen algunos palacios bastante bien conservados, la casa ayuntamiento, dos hospitales y dos iglesias parroquiales; sus construcciones, que se distinguen principalmente por su solidez, son una imitación grosera de la arquitectura gótica; pero sin su ornato y proporciones. 5. MÉRIDA antigua.—-Esta ciudad, hoy de aspecto tan humilde, fué, bajo la dominación romana, la colonia más importante de aquel colosal imperio, como lo atestiguan aún los magníficos restos de monumentos que en ella se admiran. Los dominadores del mundo la elevaron al mayor grado de prosperidad; y es fama, conservada por los más de nuestros autores, que llegó á contar, dentro de sus muros, hasta un millón de habitantes. Según la Crónica del rey Don Rodrigo, la circunferencia de sus murallas era de 33 kilómetros; su altura, de 15 estados; su ancho, de 10: flanqueábanlas 3.700 torres, y contaban 84 puertas y 5 alcázares; 4, en los intermedios de las á puertas angulares, y el otro, en el centro de la ciudad, en una espaciosa plaza, con 20 torres, tan elevadas, que la menor medía 25 estados. Cada puerta tenía dos calles de 30 codos de ancho, las cuales desembocaban en la referida plaza. Sus edifi. ei
cios rivalizaban con los de Roma; su guarnición, en tiempo de paz, se componía de 80.000 infantes y 10.000 caballos. Entre las numerosas bellezas romanas de que se encuentra incrustado su fértil suelo, merecen citarse: el arco triunfal, elevado en honor de Trajano (hoy, de Santiago), construído todo de enormes piedras sillares; el castillo, llamado el Conventual, por haber servido de residencia al provisor de la orden, cuyos muros, que azotan las aguas del Guadiana, fueron considerados por los arquitectos de Felipe II como la obra maestra de la ciudad; el palacio del conde de los Corbos, que fué el templo de Diana, en el que se ven, entre otros restos de singular magnificencia, 19 columnas, cuya elevación no bajará de I1 metros; el de Marte se hallaba donde se edificó después el Hornito de Santa Olalla, y los hubo también dedicados á la diosa Fortuna, á Júpiter y á César Augusto. Al Mediodía de la actual ciudad, se distinguen las ruinas del famoso anfiteatro, que los naturales Ilaman Siete Sillas, por afectar aquéllas esta forma; la naumaquia, denominada vulgarmente el baño de los romanos, apenas descubre en el día su figura oval, y su longitud se calcula en 112 metros. Entre la ermita de San Lázaro y la población, se destacan los restos del suntuoso circo, cuya grandiosidad era tal, que podría hoy ver á un tiempo los espectaculos toda la gente que actualmente cuenta Extremadura. En la laguna, denominada A lbuera, da principio el soberbio acueducto, del cual quedan 37 pilares; algunos, con tres órdenes, unos sobre otros, de más de 25 metros de altura; su encañado mide cerca de un metro de latitud y su abundancia de aguas era tal, que daba para los baños, jardines, batanes, molinos y otros artefactos, que existían dentro de la población.
Añádase, por último, el hermoso puente de 66 arcos, verdadera obra romana, construida sobre uno de los puntos en que mayor latitud presenta el Guadiana, y se comprenderán sin violencia las siguientes encomiásticas frases, que se atribuyen al moro Rasis: Non ha home en el mundo que cumplidamente pueda contar las maravillas de MÉRIDA.
6. Historia.—Tan luego como el emperador Octaviano Augusto logró redondear su universal dominio, con la terminación de la última guerra cantábrica, resolvió remunerar á los soldados de las legiones 5.a y 10.a, que habian cumplido en la misma los años de servicio señalados por las leyes, que se llamaban estipendios: al efecto, los dotó y colocó en la ribera derecha del Anas, ó Guadiana, mandando construirles una ciudad con el nombre de EMERiTA Augusta Romanorum, que recordase á un mismo tiempo al emperador y á sus soldados, á quienes se daba la calificación de eméritos. Fijase este suceso en el año 729 de la fundación de Roma y 25 de la era cristiana. Bajo la protección de un monarca tan poderoso como Augusto, no es de admirar que la antigua MÉRIDA se elevara en breve tiempo á la altura y dignidad en que se la ve aparecer en la división civil y judicial de la Lusitania, figurando como convento jurídico, el más insigne, al que estaban subordinados los pueblos lusitanos más orientales, como los vetones, los cuales, según Estrabón, se hallaban asentados, en considerable número, sobre las márgenes mismas del Anas. Nuestro ilustre poeta Prudencio la honró con el dictado de cabeza de todos los pueblos lusitanos, llamándola Clara Colonia Vettonie, en los siguientes versos: Nunc locos Emerito est tumulo Clara Colonia Vettonio, Quam memorabilis amnie Ana Prœterit, et viridante rapa Gurgite, Mœnia pulchra levat. Don Agustín Ceán Bermúdez dice, con fundada razón, en su Sumario sobre las antigüedades de España, que no hubo género ni clase de edificios públicos que Augusto no hiciese edificar en esta ciudad; de manera que llegó á ser una de las primeras, más notables y magníficas del vasto imperio romano. El mismo emperador hizo construir dos acueductos: las ruinas del primero se descubren cerca del puente de Albarregas, y el segundo se internaba en la ciudad por el Oriente; y próximo á MÉRIDA se elevaba sobre grandes arcos, proveyendo de agua, no sólo á la población, sino también á la naumaquia, que era, en tiempo de los romanos, un vastísimo estanque, sostenido por robustos murallones, en el cual se daban combates navales. En un manuscrito del señor Bayer, que posee la Academia de la Historia, se ve una copia del magnífico anfiteatro de que ya hemos hecho mérito; y acerca del grandioso arco romano que existía en aquella época, dice el doctísimo literato antes citado lo siguiente: «Ví el famoso arco romano, y ni en Roma ni en parte alguna he visto cosa igual ni que se le parezca: en Lebrija hay uno suntuoso; en Cabanes, otro en la vía militar que conduce á Tortosa, y más adelante, en el camino de Barcelona, está el célebre arco que llaman de Bará, ambos magníficos, pero ninguno igual al de que voy hablando, en majestad, elevación y desembarazo; y lo que más admira, es la sencillez de todo el edificio.» A cada paso se tropieza con restos de estatuas, trozos de columnas y ruinas de templos. Transcribir las inscripciones, ya sagradas ó religiosas, ya sepulcrales, ya jeroglíficas y laudatorias de EMEMITA, sería asunto interminable: tampoco nos detendremos en dar cuenta del considerable número de medallas que se acuñaron en MÉRIDA, casi todas en obsequio de su fundador Augusto, y en las que se le apellida: Augusta EMERITA, las cuales pueden verse comentadas en la curiosa colección del padre Flórez. En tiempos de Pomponio Mela, se tenía á esta ciudad por la más ilustre y magnífica de la provincia lusitana; y Cayo Plinio le dió el primer lugar entre todas las colonias de los lusitanos. En su historia natural elogió este insigne escritor las olivas de MÉRIDA, citandolas entre las más raras, las cuales, dice, cuando llegan á hacerse pasas en el mismo árbol, de puro maduras y sazonadas, adquieren una dulzura y suavidad, que las aproxima á las uvas. Bajo el poder de los godos, conservó la misma grandeza y sus monumentos; fué el asiento de un arzobispado y se celebraron dentro de sus murallas algunos concilios. En la invasión de los árabes, resistió valerosamente á los ejércitos de Muza, quien se vió forzado á otorgar á sus habitantes honrosas capitulaciones, posesionándose de ella en los comienzos del siglo vin. La ciudad permaneció bajo el dominio de los sarracenos por espacio de quinientos trece años; ocupando un lugar preferente en los fastos hispano-árabes, y siendo su maliato uno de los que más sonaron en la historia. Su rebelión, ocurrida en 862, fué de grande importancia; pero el emir de Córdoba Mohamed logró reducirla y derribó casi por completo sus murallas. En 1228, después de la sangrienta batalla de las Matanzas, dada en un valle de sus cercanías, que aun conserva su nombre, la conquistó á los moros Don Alfonso IX, rey de Castilla y de León; quien la cedió al año siguiente á la iglesia y arzobispado de Santiago, cuando ya había perdido toda su importancia.
Finalmente, en 1811, fué ocupada por las tropas de Napoleón. 7. Personajes notables. — MÉRIDA cuenta entre sus hijos: á santa Eulalia, llamada de MÉRIDA; al poeta Daciano, que floreció en Roma, en tiempos de Augusto; á Paulo Diácono, historiador eclesiástico de esta ciudad, en el siglo vii; á don Juan de Vega y Zúñiga, autor de varias obras de reconocido mérito; y á otros muchos ilustres varones en religión, letras y armas.
8. Heráldica.—El eseudo de armas de la insigne ciudad, cuya descripción terminamos, ostenta en campo de gules un muro de oro almenado, con dos puertas, dos torres en los extremos, corona por timbre, y encima, la imagen de santa Eulalia.
ETIMOLOGÍA. Latín Emerita Augusta Romanorum, «Mérida augusta de los romanos,» á 55 kilómetros de Badajoz. Reseña histórica.—I. Bajo la dominación romana. Era uno de los tres conventos jurídicos, en que estaba dividida la Lusitania: Emerita, Paz Julia y Escalabis. 2. De Emerita salían cuatro caminos: uno, se dirigía por Almendralejo á Villafranca de los Barros, donde se dividía para ir á Sevilla y á Ecija; otro, iba por la derecha del Guadiana á Medellín, donde se partía en tres, para Córdoba, para Laminium y para Toledo; otro, es la famosa cal
zada de la Plata, que conducía á Salamanca; y el último, bajaba por el lado del río para dividirse en otros tres, que concurrían en Lisboa. 3. Bajo la dominación árabe. En el reparto que hizo el emir Yusuf del territorio de la Península, en 746, MÉRIDA era la capital de una parte de la Lusitania y de la Galia, bajo el nombre arabizado de Mereda. 4. MÉRIDA fué lo que Ilamaríamos hoy colonia de inválidos, porque los inválidos eran eméritos. 5. El verdadero nombre del arco es: arco de Trajano, que aun existe. 6. En un documento de nuestros días, que tenemos delante, dice el autor: «En la clave del arco he visto los hierros que se destinaban á colgar los trofeos de los vencedores.» 7. Por entre las dovelas, inmediatas á la clave, se ven las nubes. Este milagro de equilibrio en tan enorme masa de piedra, es un verdadero prodigio del arte. 8. Una preciosa estatua de Trajano decora una fuente á la entrada de la ciudad. En dicha estatua, como en tantas otras, se le representa con la pluma.
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