Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Martinez

tomo 3 · página 652 · ver la página del original

Martinez. Común de dos. Nombre patronímico. El hijo de Martín: hoy sólo se usa como apellido de familia. Martinez de Castañeda (PEDRO). Escultor español del siglo XVI. Fue un artista de gran mérito, y entre sus discipulos conto al célebre Francisco de Ayala. Sus obras más notables son: Retablo de san Juan Bautista, en la catedral de Toledo; y un medallón que representa la Presentación de la Virgen y el Padre Eterno y se halla en la misma catedral. Martinez de Cazorla (FRANCISCO). Pintor español, discípulo de Juan Valdés Leal. que vivía en Sevilla á principios del siglo xvII. Entre sus obris mas notables, se cita una Concepción que pintó para el convento de la Merced de dicha ciudad. Martinez de Gradilla (JUAN). Escultor español del siglo xVII, que vivía en Sevilla y era discípulo de Francisco Zurbarán. Fué uno de los fundadores de la Academia establecida en aquella ciudad en 1660. Desempeñó dos veces el cargo de mayordomo y regaló á dicha corporación el retrato de Felipe IV. Martinez de la Reina (JOSÉ). Escultor español, que nació en 1748 y murió en 1783. Fué discípulo de Francisco Gutiérrez, ganó dos premios en la Academia de San Fernando y fué nombrado académico supernumerario en 1780. Sus principales obras se hallan en Murcia y son muy estimadas. Martínez de la Rosa (FRANCISCO). Célebre poeta, literatc y hombre de Estado español, que nació en Granada, no en el año 1789, como suponen algunos biógrafos, sino en el segundo tercio del 1786. Hizo sus principales estudios en su ciudad natal, donde, siendo aún muy joven, obtuvo una cátedra de filosofía en la universidad. Al estallar la guerra de la Independencia, se distinguió por su patriotismo y fué comisionado por la Junta nacional de Cádiz para ir á Gibraltar á solicitar el auxilio de las armas inglesas. Por aquella época, empezó á darse á conocer en la carrera de las letras, escribiendo varias composiciones; entre ellas, un poema épico en honor de Zaragoza, que mereció el premio de un certamen, por más que cierto amaneramiento y frialdad le hagan inferior á otras obras del inspirado poeta. En 1810 hizo un viaje á Londres, estudiando allí las instituciones inglesas, y á su vuelta á Cádiz, fué nombrado secretario de la comisión de libertad de imprenta. Al reunirse, en 1812, las Cortes de Cádiz, fué elegido diputado por la ciudad de Granada, y en ellas figuró entre los liberales más avanzados. Esta fué la causa de que la restauración de Fernando VII le llevara á un calabozo; y más tarde, á uno de los presidios de Africa, donde permaneció algunos años. Proclamada en 1820 la Constitución, Fernando VII le nombró presidente del Consejo de ministros, cargo que, á pesar de no haberlo conservado mucho tiempo, le acarreó una marcada impopularidad, debida á sus ideas conservadoras. El apodo de Rosita la pastelera, con que dió en llamársele en aquel período, era no más que una epigramática síntesis de las tendencias del político que, queriendo armonizar los intereses de los partidos más encontrados, no satisfacía á la libertad por reaccionario, ni al régimen absoluto por su liberalismo. Expatriado nuevamente después de la reacción de 1823, permaneció durante ocho años en París, donde su reputación literaria se elevó á gran altura. Allí dió una edición completa de sus obras (1827-30, 5 volúmenes en 8.°), é hizo representar en el teatro de la Porte-Saint-Martín su drama A ben-umeya. Al año siguiente le fué permitido volver á España, pero no á Madrid, y en Málaga vivió hasta que, después de la muerte del rey,

fué encargado por la Reina Gobernadora de formar ministerio, advirtiéndose en él desde entonces un acentuado cambio de ideas en sentido retrógrado. Su gobierno se señaló por el planteamiento del Estatuto real, especie de Constitución otorguda que sostuvo hasta el año de 1836, y por la formalización del tratado llamado de la cuádruple alianza, entre Inglaterra, Francia, Portugal y España, en virtud del cual el Gobierno español envió á Portugal un ejército que arrojó de aquel reino á los pretendientes don Miguel y don Carlos. Considerado desde entonces como uno de los jefes y fundadores del partido moderado, los movimientos insurreccionales, que estallaron en Agosto de 1834, le obligaron á retirarse del ministerio y á desaparecer por algún tiempo de la escena política. Las elecciones de 1836 le volvieron á las Cortes, donde se señaló como uno de los más notables oradores de la Asamblea, siendo nombrado embajador en París, de 1839 á 1840; y en Roma, de 1842 á 1843. En el mes de Julio del último de estos años, desposeido Espartero de la regencia, el general Narváez, encargado del ministerio, le llamó á formar parte de él, desempeñando también una cartera en el ministerio Armero Mon, y la presidencia en 1858, después de haber ocupado la embajada de Roma de 1847 á 1851. Ultimamente ocupó la presidencia del Consejo de Estado; y diferentes veces, la del Congreso, puesto que desempeñaba el año de 1862, que fué el de su muerte. Sus triunfos como orador y como hombre de letras, fueron infinitos; perteneció á un gran número de corporaciones científicas y literarias; entre ellas, al Instituto Francés, que le nombró dos veces presidente, pronunciando la primera de ellas un discurso, que es una de sus más brillantes producciones. Fué igualmente director perpetuo de la Academia Española, presidente del Consejo de Instrucción pública y del Ateneocientífico y literario de Madrid, caballero de varias órdenes; entre ellas, la del Toisón de Oro. MARTÍNEZ DE LA ROSA, como hombre político, no puede negarse que prestó eminentes servicios á su patria; pero le faltó siempre la cualidad esencial para gobernar en circunstancias dificiles: la iniciativa, unida á la firmeza. Como poeta lírico, castizo, delicado y elegante siempre, su afición á los poetas del siglo XVIII, con los cuales parece tener más afinidades que con los del presente, le imprimió un sello de frialdad y de convencionalismo que desluce las más de las veces sus excelentes condiciones. Aquella epístola, dirigida al duque de Frías con motivo de la muerte de su esposa, y que principia: Desde las tristes margenes del Sena, es indudablemente superior en elevación y en estro poético á cuanto en este género escribió. El poeta dramático se resiente de los mismos defectos del lírico. El frío preceptismo, tan en moda en el siglo anterior, coarta casi siempre sus facultades que, cuando se ven libres de toda traba, recobran un ardimiento y una majestad que arrebata el ánimo, como sucede en el Edipo. Como orador, debe su justa reputación á cualidades completamente contrarias. Más poeta que hombre de Estado, sus discursos eran hijos del sentimiento más que del raciocinio. Su noble continente, la animación de su mirada, su simpático acento, su galanura en el decir; y sobre todo, su vehemencia y el arte de imprimir ciertos visos de novedad á las cuestiones más debatidas, hacían que, al deslizarse de sus labios las expresiones más felices y las frases más oportunas, no sólo se llevara tras de sí al auditorio, sino que turbara y dejara inerme á su adversario. Las múltiples manifestaciones de su talento le hicieron brillar, no sólo en los géneros que dejamos indicados, sino que, como preceptista, como historiador, como crítico y como novelista, dió muestras de su buen gusto, de su poderosa imaginación y de su ingenio. Entre sus obras, citaremos: en el teatro, El Edipo, A ben-umeya, La Conjuracién de Venecia, Moraima, La Viuda de Padilla, Lo que puede un empleo, La Niña en casa y la madre en la máscara, La Boda y el duelo y El Español en Venecia; como historiador, El Espiritu del siglo y Hernán Pérez del Pulgar; como moralista, El Libro de los niños; como novelista, Isabel de Solis; como lírico, sus poesías; y como preceptista, su Arte poética. Martinez del Barranco (BERNARDO). Pintor español, que nació en la Rioja en 1738 y murió en 1791. Fué á estudiar á Roma, Nápoles y Turín, y á su vuelta á España, recibió el nombramiento de académico de mérito de la de San Fernando. Sus obras más notables son: Descendimiento de la cruz, copia del Correggio; retrato de Carlos III; retrato de Floridablanca; Degollación de san Juan Bautista, y dibujos para las estampas del Quijote, que publicó la Academia de la Lengua en 1788. Martinez de los Corrales (JUAN). Iluminador ó miniaturista, clérigo de Toledo en el siglo XVI. Empezó el año de 1583 á trabajar en su juego de misales para aquella catedral y concluyó en 1590 dos tomos, que son muy dignos de aprecio por el buen dibujo, por el gusto y capricho de los adornos y por la hermosura y limpieza del colorido. Martinez de Reina (JUAN BAUTISTA). Escultor español, que nació en 1728. Fué uno de los primeros discípulos de la Academia de San Fernando y recibió el nombramiento de académico de mérito en 1796.

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