Roque Barcia · 1880-1883
Madrid
tomo 3 · página 534 · ver la página del original
Madrid. Masculino. Geografia. Provincia de primera, clase, una de las cinco en que se halla dividido el territorio de Castilla la Nueva, formada por decreto de 30 de Enero de 1822 de una gran parte de la antigua provincia de su nombre y de 71 pueblos que fueron segregados á las de Guadalajara, Segovia, Toledo y Avila; está considerada como la primera de la nación en el orden administrativo, y depende, en lo militar, de la capitanía general de Castilla la Nueva; en lo judicial, de la audiencia territorial que reside en la Corte, y en lo eclesiástico, de la diócesis de Toledo. 1. Situación astronómica.—El territorio de esta provincia se encuentra comprendido entre los 41° 7' 46"- 39° 53' 48" de latitud septentrional y los 0° 35' 15"-0° 50 22" de longitud occidental del meridiano de MADRID.
2. Límites.—Situado casi en el centro y en uno de los puntos más elevados de España, confina: al Norte y Noroeste, con la provincia de Segovia; al Este, con la de Guadalajara; al Sur, con las de Cuenca y Toledo, y al Oeste, con la de Avila.
3. Area.—El terreno comprendido dentro de los anteriores límites, mide 130 kilómetros de largo, de Norte á Mediodía; 65 de ancho (término medio) y 7.762 cuadrados de superficie.
4. Población.—Constituyen esta provincia 17 partidos judiciales: 10 en la capital, que son: Palacio, Universidad, Centro, Hospicio, Buenavista, Congreso, Hospital, Inclusa, Latina y Audiencia, y los 7 restantes, en Alcala de Henares, Colmenar Viejo, Chinchón, Getafe, Navalcarnero, San Lorenzo del Escorial y Torrelaguna; estos 17 distritos ó partidos forman 195 ayuntamientos, los cuales cuentan 262 poblaciones y 684.630 habitantes.
5. Climatología.—El cielo de MADRID aparece, por lo general, puro y sereno. El clima es sano: la temperatura, muy variada, efecto de la elevación del terreno sobre el nivel del mar y de su situación entre las montañas que forman sus límites, cuyas cumbres se encuentran casi siempre coronadas de nieve. Los aires son sutiles y penetrantes en todas las estaciones; especialmente, en la del invierno: esta sutileza, que se observa aún en el estío, los hace peligrosísimos para las personas que se hallan afectadas del pecho, ó que están dotadas de un sistema nervioso excesivamente sensible. Los vientos dominantes son: los del Norte, en el invierno, y los del Oeste y Sur en la primavera: aquéllos, muy fríos; éstos, húmedos y calientes. La primavera es, por lo común, templada y lluviosa; el verano, abrasador; el otoño, apacible y agradable; el invierno, riguroso, y tanto más crudo cuanto más recios son los vientos del Norte.
6. Orografía.—Tres son las cordilleras principales que cruzan y des
criben los limites de este territorio: la de Somosierra, la de los montes Carpetanos y la de Guadarrama. La de Somosierra, forma al Noroeste de la provincia de MADRID la línea que la separa de la de Segovia: desde el nacimiento del río Jarama va trazando una inmensa curva, en cuyo extremo más occidental se encuentra el puerto del mismo nombre; levántase luego, cubierta de nieve, presentando un pico muy elevado en perfecta dirección al Norte; y hacia el Sudoeste, empieza á descender, siempre áspera y fragosa, hasta terminar en el puerto denominado de Malagosto. En el punto más meridional-occidental de la mencionada sierra dan principio los montes Carpetanos, divisorios, como aquélla, de las provincias de MapRID y de Segovia, cuyos parajes más notables son el puerto de Reventón, el de Peñalara, el pico de las Dos-Hermanas, el más saliente de toda la cordillera; el puerto del Paular, peligrosísimo por lo fragoso del terreno y el abrigo que su espesura presta á los malhechores; el de Navacerrada, el más cómodo y seguro de todos, así que se verifica el deshielo de las nieves, que lo hacen intransitable durante el invierno, y los Siete-picos, de los cuales el más saliente mide 2.224 metros de elevación. En el cerro denominado Montón de Trigo da comienzo la sierra de Guadarrama, cuya dirección más meridional constituye, por este lado, el último limite entre la provincia de MADRID y la de Segovia, el cual concluye en el sitio llamado Cabeza-Lijar. Los parajes más conocidos de este trozo de montaña son la Péñola ó Cerro de Tres-picos, el puerto de Guadarrama, en donde se halla el león de las dos Castillas incrustado casi siempre de hielo, y el alto de los Gamoños. En el cerro Cabeza-Lijar y siguiendo en dirección Sudoeste, continúa la cordillera de Guadarrama, describiendo la línea divisoria entre la provincia de MADRID y la de Avila, terminando, por último, en el arroyo de la Parra y límite Noroeste de la provincia de Toledo. Las tres cordilleras mencionadas forman una sola llamada genéricamente de los Carpetanos, siendo punto menos que imposible fijar con exactitud dónde empieza y dónde acaba cada una de ellas, pues su naturaleza geológica y su vegetación son absolutamente idénticas. Otras dos cordilleras, de menos importancia y elevación, atraviesan también este territorio; una, que nace en la margen izquierda del Henares, al Mediodía de la ciudad de Alcalá, y sigue la misma dirección de aquel río, y otra que, arrancando de la sierra de Cuenca, penetra por el Sudoeste de la provincia, pasa por Aranjuez y termina en los cerros sobre los cuales se halla situada la ciudad de Toledo. 7. Hidrogra fía.—Los ríos más notables que bañan esta provincia, son: el Jarama, el Lozoya, el Guadarrama, el Manzanares, el Tajuña, el Henares, el Tajo y el Alberche, cuyo curso vamos á reseñar brevemente por el orden mismo en que quedan enunciados. El Jarama nace en el término de Colmenar de la Sierra, entra en la provincia, se dirige por entre Uceda y Torremocha en dirección al Mediodía, recibe las aguas de varios ríos y arroyos, y después de 122 kilómetros de curso desemboca en el Tajo, á una media legua de distancia de Aranjuez. El Lozoya parte de una elevada sierra de los montes Carpetanos, forma el límite entre esta provincia y la de Segovia, y recorre un trayecto de 64 kilómetros; primero, de Sur á Norte, y luego de Norte á Sur, desaguando en el Jarama, en el punto en que este río penetra en la jurisdicción de MADRID. El Guadarrama se forma en las sierras y gargantas de la cordillera de su nombre, dentro de aquel territorio, y recorre, de Norte á Mediodía, un espacio de 88 kilómetros hasta el término de Batres, pasando desde aquí á la provincia de Toledo. El Manzanares tiene su origen en el puerto de Navacerrada, camina primeramente y con algunas inflexiones, de Oriente á Occidente, hasta llegar como á unos 5 kilómetros de Manzanares el Real, desde cuyo punto se dirige hacia el Mediodía, terminando en el Jarama su tortuoso curso de 90 kilómetros. El Tajuña, cuyo nacimiento se encuentra en el término de Tarancón, en la provincia de Cuenca, se interna en la de MADRID por Pezuela de las Torres, continúa en dirección Sudoeste, formando desde este punto hasta el molino de Mondéjar el limite del territorio que describimos y el de Guadalajara; y después de recorrer una distancia de 72 kilómetros, va á perderse en el Jarama, cerca de Bayona de Tajuña. El Henares empieza en los alrededores de la villa de Orna, provincia de Guadalajara, entra en la de MADRID por el término de los Santos de la Humosa, próximo á la carretera de Aragón, hasta cuyo punto lleva andados sobre 90 kilómetros, y, encaminándose luego paralelamente á la citada carretera, deja á la derecha la ciudad de Alcalá y la villa de Torrejón de Ardoz, y á la izquierda, la mencionada de los Santos, la de Anchuelo y el lugar de los Hueros, y desemboca en el Jarama por el término de Mejorada del Campo. El Tajo nace al pie del cerro de San Felipe, en la provincia de Cuenca, llega á la de MADRID, formando su limite con aquélla y la de Toledo hasta el término de la villa de Oreja, perteneciente á esta última; dirígese desde aquí al Norte de Aranjuez, bañando los fértiles terrenos de esta hermosa posesión real, y abandona la provincia, después de haber recorrido dentro de ella una extensión de 71 kilómetros. Finalmente, el A lberche principia más allá de San Martín de la Vega, su curso es tan tortuoso como el de los anteriores y de unos 33 kilómetros, durante el cual van aumentando su corriente los ríos Cofio y Perales, que llevan embebidas las aguas de diferentes arroyos.—En este territorio, tan quebrado y montuoso, particularmente hacia su parte Norte y Oeste, abundan las fuentes cristalinas, distinguiéndose algunas de agua salada; la del Berro, situada en las cercanías de la Venta del Espíritu Santo, á unos tres kilómetros de MADRID, famosa por su excelente calidad potable, y la del Toro, de la cercana villa del Molar, cuyas aguas frías, claras y fetidas, de la clase de las sulfurosas, producen saludables efectos en determinadas dolencias.
8. Geología.—Los terrenos que ofrece esta provincia, son el plutónico, compuesto casi exclusivamente de rocas graníticas; el gneísico, el siluriano, parte del cretáceo, parte también del terciario, el cuaternario y el moderno. El granito de grano mediano es abundantísimo; el mejor, el de Berrocal de Cerceda; su color es gris claro; el feldespato, blanco; el cuarzo, gris, y la mica, negra ó parda. Los riscos, que coronan las montañas, se encuentran separados por fisuras verticales, horizontales é inclinadas; los trozos de roca se presentan igualmente formando grupos tan originales como caprichosos.
9. Suelo.—Las tierras que cubren la superficie de esta comarca son buenas y fértiles, á pesar de la poca utilidad que todavía se saca de las numerosas corrientes de agua que las fecundizan; la extensa llanura, que divide á Guadalajara de Alcalá de Henares; la que se prolonga por encima de esta ciudad hasta las puertas de MADRID, y el término alto y bajo de esta población, susceptibles, si se las beneficiara con algunos riegos, de todo género de cultivos. 10. Producciones.—Las principales de esta provincia, son: cereales, legumbres, hortalizas, frutas de hueso y de pepita, aceite, vino, cáñamo, lino, carbón, zumaque, algarrobas, esparto, cera y miel; buenos pastos, que se destinan á la cría de ganado lanar, vacuno, cerdal y cabrío; mucha caza de todas especies, y alguna pesca en el Jarama y demás rios.—Los montes, dehesas, prados y alamedas se hallan pobladas de robles, fresnos, carrascales, chaparros, moreras, quejidos, álamos blancos y negros, alisios, enebros, pinos, chopos, encinas, castaños, sauces, jaras, retamas y romeros: por las quebradas de los cerros y espesuras de sus montes no faltan animales dañinos, y en algunos terrenos se fomenta bastante el plantío de viñedos.—En varios distritos y pueblos situados en las faldas de la cordillera de Guadarrama, existen multitud de canteras de cal, yeso, piedra berroqueña, que se extrae para los edificios y empedrado de la capital; piedra blanca, muy usada tambi 'n en la Corte; silex, cristal de roca, alguna que otra de mármol y grande abundancia de salitre.
I1. Industria.—A fines del siglo pasado, la provincia de MADRID apenas contaba otras manufacturas que
la rica china del Retiro, la porcelana de la Moncloa y las fábricas de cristales de Aranjuez y la Granja; pero desde mediados del presente, la fabricación, particularmente en la capital, ha venido adquiriendo constantemente notabilísimo desarrollo. La predominante en toda la provincia es la agrícola, que ocupa la mayor parte del vecindario, si se exceptúa la Corte, contándose además numerosas fábricas de papel, curtidos, jabón, loza, tejas, ladrillos, salitre, cristales planos y huecos, vidrio, vidriado, tinajas, aguardientes, chocolate, sogas, cuerdas de guitarra y productos quimicos; telares de paños bastos, frisas, bayetas, lienzos, colchas, jergas para mantas y costales; batanes y molinos harineros; la elaboración de objetos de esparto, el carboneo de los montes y la explotación de las canteras. 12. Comercio.—Hecha abstracción del gran movimiento mercantil que se observa en la Corte, punto central adonde vienen á refluir los productos del suelo y de la industria de casi todos los pueblos comarcanos y de la Península; así como los frutos y artículos de las colonias y del extranjero, convirtiendo á MADRID en un vastísimo y perpetuo mercado de todos ellos, el tráfico que se hace en el resto de la provincia es poco menos que insignificante. Este se halla simplemente reducido á la compra y venta de semillas, ganados, vino, aceite, lienzos, paños bastos y demás efectos arriba mencionados. 13. Ferias.—Las más notables que se celebran en la provincia son las siguientes: 21 de Mayo, MADRID; 10 de Agosto, Escorial: 11, Villa del Prado; 14, Chinchón; 21, Torrelaguna; 24, Alcalá de Henares: 28, Getafe; á de Septiembre, San Martin de Vaideiglesias y Aranjuez: 5, Navalcarnero; 14, Horcajo; 21, MADRID; á de Octubre, Villarejo; 24, Valdemoro; 15 de Noviembre. Alcalá de Henares. 14. MADRID.—Capital de España y de la provincia de su nombre; corte y residencia habitual del soberano, del gobierno central, de las Cámaras legislativas, de los representantes de las potencias extranjeras, de la audiencia del territorio, de la capitanía general de Castilla la Nueva y de los tribunales, centros y oficinas superiores en todos los ramos de la administración pública. 15. Situación.—Se encuentra situada en la margen izquierda del Manzanares, sobre una porción de colinas poco elevadas, á los 40° 24' 57 de latitud Norte y 0° l' 12" al Oeste del meridiano de MADRID; cuyas longitudes, respecto de otros del extranjero, son: 5° 27 53" Este del observatorio meteorológico de Lisboa; 6° 1' 2 Oeste del de París, y 3° 4' 38" Oeste del de Greenwich (Inglaterra). 16. Altura.—Según las observaciones hechas durante diez y siete años por el célebre marino don Felipe Bauzá, esta antigua y elegante villa se halla á 681 metros sobre el nivel del mar. 17. Confines.—La extensa y árida llanura que la población ocupa, está limitada al Noroeste por las montañas de Somosierra y Guadarrama, sin otro confín aparente por los demás puntos, que el hcrizonte sensible. 18. Distancias.—La villa de MADRID, edificada casi en el centro del reino, posición la más á propósito para la administración y gobierno del mismo, se halla próximamente á igual distancia de las provincias más apartadas; á 462 kilómetros de la frontera de Francia, por el Norte, y 1.056 de París; á 363 de la de Portugal, por Badajoz, y 667 de Lisboa; á 444 del litoral del golfo de Vizcaya, y á 660 Sur del estrecho de Gibraltar. 19. Clima. — La grande altura á que se encuentra la capital, la aridez del terreno, la escasez de agua y el poco arbolado que se observa en sus contornos, son causa de las notables variaciones, de los frecuentes y bruscos cambios atmosféricos que en ella se experimentan. La primavera, destemplada y lluviosa casi siempre, suele pasar con frecuencia desapercibida; el calor del verano, ya de suyo excesivo, llega á hacerse algunas veces hasta sofocante, producido por la quietud absoluta de una atmósfera caldeada por la acción constante de un sol abrasador, ú ocasionado por un viento ardiente y seco, parecido al hamsim de Egipto, que agota las fuentes, seca los arroyos, consume la vegetación y diezma el ganado; el otoño es, de todas las estaciones del año, la más templada y apacible; el invierno, crudo hasta el extremo; particularmente, cuando sopla el viento Norte, el cual, atravesando los montes Carpetanos, cubiertos casi siempre de nieve, llega á la Corte, después de recorrer 38 kilómetros, sin haber encontrado á su paso nada que dulcifique su crudeza. El termómetro ha llegado á elevarse, como en el verano último, á 44°, y á descender, como en el invierno anterior, á 7° bajo cero. La temperatura media es de 13°; el clima, por lo general, variable y extremado. 20. Higiene.—El corto número y escaso desarrollo que en MADRID alcanzan las enfermedades epidémicas, débese, sin duda, en primer término, á la libre ventilación que le proporciona su excelente situación topográfica. Las principales dolencias que aquí se padecen, son, ó estacionales, producidas por los cambios de las estaciones, ó esporádicas, dependientes de circunstancias puramente individuales. Las endémicas, entre las cuales cuentan algunos el cólico convulsivo de MADRID, son poco numerosas y, en su mayor parte, debidas á las condiciones de insalubridad en que viven los que las padecen. Los vientos impetuosos, fríos y secos, tan frecuentes en algunas épocas del año, produciendo bruscos descensos en la temperatura, enfriamientos rápidos de la atmósfera y las consiguientes supresiones repentinas de la transpiración, determinan en el organismo animal multitud de afecciones, en gran parte peligrosas. Citaremos, entre éstas, la pulmonta, que figura entre las que mayor mortalidad ocasiona á la entrada del invierno y durante el largo período de los fríos: las pleuresías, fiebres catarrales, artritis, enfriamientos, reumas musculares y articulares, producidos igualmente por las súbitas variaciones atmosféricas, el tránsito repentino del calor al frío, las humedades ó el completo olvido de la higiene; las hemorragias, anginas y fiebres inflamatorias ocasionadas por la extremada elevación de la villa, la inconstancia del tiempo, el uso frecuente de excitantes y las exaltaciones del ánimo; las fiebres gástricas y biliosas, propias de los fuertes calores del estío, que suelen degenerar en tifoideas, nerviosas y pútridas; contribuyendo principalmente á su desarrollo el continuo desprendimiento de gases deletéreos, la falta de limpieza de las calles y habitaciones y el poco aseo de las personas. Las diarreas, disentert́as, leucorreas y catarros pituitosos están considerados como causas determinantes de algunas de las enfermedades arriba mencionadas; y las afecciones nerviosas, en su inmensa variedad, como dependientes de las necesidades que crean el lujo y las costumbres de los grandes centros de población y de las pasiones de ánimo, que de tantos y de tan diversos modos perturban y destruyen el equilibrio vital. Las enfermedades clasificadas en el boletín de estadística demográfico-sanitaria, que mayor número de víctimas han producido durante el segundo semestre del año de 1880, sólo en la capital que nos ocupa, fueron: la viruela, 613; el sarampión, 261; el tifus exantemático, 469; la apoplejía, 455; el catarro intestinal, 547; la tisis, 573; las afecciones agudas de los órganos respiratorios, 967; las enfermedades no clasificadas, 2.497; el total de las defunciones ascendió á 7.442: cifra mayor á la más elevada de las demás capitales de provincia. No obstante lo expuesto, MADRID reune elementos suficientes para figurar entre las poblaciones más sanas de España; sus condiciones de salubridad han mejorado notablemente de algunos años á esta parte. y sus benéficos resultados se harían aún más sensibles si las autoridades municipales, al dictar las medidas higiénicas que la ciencia prescribe y la práctica aconseja, vigilaran, con mayor celo, su fiel y puntual observancia. 21. Naturaleza y circunstancias del terreno.—Al examinarse, no hace muchos años, las cortaduras que se ven en algunos parajes de los nuevos caminos abiertos en el término que nos ócupa, observáronse, en los cortados. señales evidentes de peñas que habian existido en otros tiempos: estas peñas fueron luego transformándose sucesi
vamente de piedra en guijo, arena ó tierra, notándose todavía en los bancos ya descompuestos las divisiones y fajas del peñasco primitivo. Los terrenos que contienen arcilla, como se advierte en los altos de Fuencarral, demuestran que las peñas que hubo allí anteriormente eran de granito; los que ofrecen mezclas calizas, como sucede con los de los lados del camino de Aranjuez, provienen de los peñascales de yeso, y los compuestos de greda, arena, marga y una parte de materia yesosa, como los de Alcorcón, emanan de la amalgama de diferentes peñas de dichas materias, con las cuales se fabrican los pucheros y las vasijas del expresado pueblo, tan famosos por su duración. En algunos sitios se han distinguido también diferentes capas de yeso cristalizado en pequeñas agujas blancas, que nacían sobre otra capa muy delgada de marga, la cual se extendía horizontalmente sobre otras, que presentaban la singularidad de exceder por los extremos dos líneas á la anterior. Todas estas capas y agujas de yeso, han ido convirtiéndose en tierra fértil algo caliza, que, combinada con la marga seca y frágil, se ha transformado en terreno de excelente calidad para el cultivo de los cereales. Resumiendo: los campos del Norte son areniscos con mezcla de tierra arcillosa: los del Mediodía, participan de yeso. La capital se halla asentada en terreno cuaternario, desde el depósito del canal de Lozoya hasta el hospital general; y terciario, de éste al Manzanares. 22. Ríos y arroyos.—La única corriente que baña este territorio es el Manzanares, arroyo aprendiz de río, como le llamaba el festivo Quevedo. Deslízase aquél mansamente en dirección Noroeste y Sudeste, y sus aguas, aunque escasas, prestan utilísimos servicios, tanto para el lavado de las ropas, tenerías y otras manufacturas, como para el riego de las huertas que se encuentran en las cercanías de la población. La parte Este se halla limitada por el arroyo A bronigal, cuyo cauce, por lo común, sólo conduce agua en tiempo de lluvias ó avenidas. 23. Agricultura.—MADRID, bajo el punto de vista agrícola, carece absolutamente de importancia. La mayor parte de su reducido término es muy á propósito para el cultivo de la vid, del trigo y la cebada, y sin embargo, las cosechas de estos productos son bastante limitadas é insuficientes para el consumo de la población, cuyos moradores se dedican con preferencia al de hortalizas, quizás por su pronta y simultánea producción y las mayores ventajas que ofrece. 24. Movimiento industrial.—MADRID no puede ser considerado bajo el punto de vista de centro industrial de la nación española, como lo son Paris, Londes, Viena y otras varias cortes europeas. Sin embargo, la industria madrileña, que de algunos años á esta parte ha adquirido un desarrollo extraordinario, cuenta en la actualidad numerosas é importantísimas fábricas de tapices, de alfombras, tabacos, loza, porcelana, cervezas, tejidos de goma elástica, papel jaspeado, galones, hilos, cintas de seda, jabones de olor, velas de sebo, esteáricas y de cera; de esteras, alfileres, puntas de Paris, cuerdas de instrumentos, almidón, albayalde, litargirio, paraguas, abanicos, calzado, obleas, alpargatas, curtidos, cestas, toneles, fósforos, colores finos, guantes, sombreros, botones de metal y de hueso; cal, yeso, tejas, ladrillos, fornituras, equipos militares, ácido sulfúrico, ácido nítrico y otros productos químicos; de flores artificiales, corsés, enceradcs, lentes, objetos de pedrería, de nácar, de metal, de pasamanería, de armas de fuego y blancas; magníficos talleres de coches, de ebanistería y de construcción de máquinas; platerías notables; excelentes fundiciones de hierro; grandes establecimientos de transportes; buenas imprentas, litografías y multitud de profesiones, artes y oficios cuya enumeración sería prolija. 25. Movimiento mercantil.—MADRID es todavía menos mercantil que industrial: todo su comercio está reducido á la importación de las provincias, del extranjero y de las colonias, de cuantos productos, artículos y objetos reclaman su numeroso vecindario, las necesidades de la vida y las exigencias de la civilización y de la moda. 26. Alrededores de la capital.—Según consta en libros y memorias que se conservan, la población que se describe fué en sus pasados tiempos una región muy templada, de cielo sumamente despejado, y muy abundante de exquisitas aguas y de frondosos bosques, como lo prueba el antiguo proverbio que decía: MADRID la Osárea, cercada de fuego, armada sobre aqua. Los montes que la circuían se hallaban cubiertos de pastos y poblados de árboles, en cuya espesura se criaba muchísima caza de liebres, conejos, ciervos, corzos, gamos, jabalíes, osos, perdices y otras diferentes aves. La traslación de la corte á esta ciudad fué la señal de su completa ruina. Destruidos en los últimos siglos los hermosos bosques que poblaban sus cercanías; talados los árboles, que debían servir para la construcción de los palacios y edificios que más tarde habían de constituir este gran pueblo, se operó en la atmósfera una completa revolución. Al desaparecer el arbolado, cesó la descomposición de los miasmas pútridos de que se impregna el aire en las ciudades populosas; hiciéronse las lluvias menos frecuentes, y bajo el influjo poderoso de un sol abrasador, convirtiéronse sus fértiles campiñas en desnudos y estériles arenales. De aquí viene el origen del destemple de su clima, del rigor de las estaciones, de la ausencia casi absoluta de las primaveras, de la aparición de ciertas enfermedades y del triste y pobre aspecto que ofrece su comarca, tan pintoresca y agradable en otros tiempos. Bajo el reinado de Carlos III, persuadidos sin duda los gobiernos de la saludable y benéfica influencia de la vegetación, lleváronse á cabo diferentes plantaciones, llegando á contarse hasta dos millones de árboles, y se formaron bonitas alamedas y hermosos paseos, dentro y fuera de la capital, como el salón del Prado, las avenidas de las puertas de Segovia y de San Vicente, cuesta de Areneros é inmediaciones del Canal. En 1807, se plantaron los árboles que se extienden desde la ronda de Atocha hasta la puerta de Toledo, y desde la plazuela del Embarcadero al paseo de las Delicias; y de 1817 á 1820, los que adornan las avenidas que hay desde el citado Embarcadero al puente de Santa Isabel. En 1821, se hicieron las plantaciones de la ronda, desde la puerta de Toledo á la de Segovia, y en 1830, las que forman las avenidas que se prolongan desde la puerta de Toledo al puente del mismo nombre y las laterales. A partir de esta época continuaron todos los años sin interrupción estableciéndose otros nuevos paseos, tales como el precioso de Isabel II, desde la puerta de Recoletos á la Fuente Castellana, cuyos terraplenes, bosquetes y jardines tuvieron principio en 1833; los que parten de esta fuente á la puerta de Santa Bárbara y Chamberí, y de éste á la de Bilbao; el camino de Vallecas y el Campo del Moro. Expuesto lo que precede, como noticia preliminar, vamos á describir ligeramente el aspecto que en la actualidad presentan los alrededores de MADRIC. Estos se hallan completamente ondeados de cuestas quebradas y de lomas. Mirando al Norte, á la derecha de la Fuente Castellana, el terreno ofrece una vasta llanura desprovista de todo arbolado, sobre la cual se extiende el aristocrático barrio de Salamanca. A la izquierda de la carretera de Aragón, que, desde la puerta de Alcalá, conduce en linea recta á la venta del Espiritu Santo, vense diseminados varios hoteles y edificios de nueva construcción, el barrio llamado de la Guindalera y, destacándose en el horizonte y á una distancia de algunos kilómetros, las blancas paredes de los edificios que constituyen el Pueblo nuevo ó de la Concepción, de fundación reciente. Hacia el Este, el suelo se presenta ligeramente accidentado; pero sin otra vegetación, á partir de las tapias del Retiro, que los árboles que se elevan sobre las márgenes del arroyo Abroñigal, el olivar llamado del Fraile, y algunas huertas y pequeños jardines, y sin más edificios que la Plaza de Toros y el Hospital de niños de Jesús, entre algunas casas y quintas de particulares. Al Sur y Sudoeste, el territorio se manifiesta mucho más quebrado, apareciendo sucesivamente, después de algunos cerros áridos y desnudos, la iglesia y la
huerta de Atocha, el cuartel de Inválidos, las dos hileras de árboles que forman el camino de Vallecas, el barrio del Pacífico, el ferrocarril del Mediodía, el barrio del Sur, los cementerios de San Nicolás y de San Sebastián y el paseo de las Delicias, que, partiendo de la puerta de Atocha, se dirige al Canal, en cuya pradera se celebra el miércoles de Ceniza la gran festividad Ilamada el entierro de la sardina; y el de Santa María de la Cabeza, que arranca del mismo punto y, dividido en tres calles adornadas de árboles, como el anterior, va á terminar en el Embarcadero. Siguen después, entre algunas fábricas y edificios aislados de nueva planta, el barrio de las Peñuelas, la fábrica de gas, situada poco antes de la puerta de Toledo, desde la cual se extienden tres paseos con buen arbolado, que concluyen en la hermosa plazuela adornada con estatuas que se encuentra á la entrada del puente, y á la conclusión de éste, los tres caminos que conducen: el del centro, á los Carabancheles, alto y bajo; el de la derecha, á la ermita de San Isidro, y el de la izquierda, denominado la carretera de Valencia. A la izquierda del mencionado puente se ve el cementerio general del Sur; en las inmediaciones de éste, el del hospital general; entre los caminos de Carabanchel y Getafe, el de San Lorenzo y San José; en el sitio que ocupó la ermita de San Dámaso, el de Santa María, y á la derecha del camino de Carabanchel é inmediato al anterior, el de los protestantes. A espaldas del parador de Gilimón y sobre la orilla del Manzanares, se ve una variada ribera de huertas, con multitud de casas diseminadas, la cual se extiende hasta más allá de la antigua puerta de Segovia, y desde el camino principal de la ronda de este nombre se desprende un pequeño ramal que conduce á la citada ermita de San Isidro, famosa por la concurrida romería que en su pradera se celebra todos los años el 15 de Mayo. Contiguos á la expresada pradera, se levantan el cementerio de San Pedro y San Andrés, el más antiguo de los que pertenecen á sacramentales; sobre una eminencia, que domina todo el circuíto, el de San Justo y San Millán, y siguiendo á la derecha, un sinnúmero de casas y posesiones bellísimas de particulares. Hemos llegado á la parte occidental de MADRID, que es, sin disputa, la más montuosa, poblada y pintoresca de los áridos alrededores de esta población. Al extremo del puente de Segovia hay una gran plaza, en la cual nace la carretera de Alcorcón ó de Extremadura, sobre la cual se extiende una larga hilera de casas de moderna construcción. En las inmediaciones del antiguo parador, denominado del Angel, da principio la tapia de la Casa de Campo, y siguiendo en la misma dirección, el camino viejo de Castilla. Volviendo á la puerta de Segovia, encuéntrase, á continuación de ésta, la llamada Cuesta de la Vega, en la cual puede decirse que comienza el Campo del Moro, con sus calles de árboles, su plazoleta y sus dos hermosas fuentes; inmediatas á la misma puerta, varias huertas, á cuyo extremo se levanta la ermita de Nuestra Señora del Puerto, y pasada la hondonada, que forma el camino de igual nombre, aparece el portillo de San Vicente, y á su derecha. el paseo de la Florida, célebre por ser la primera verbena que celebra el pueblo madrileño. La ermita de Nuestra Señora del Puerto se encuentra sobre la margen izquierda del Manzanares. La de San Antonio de la Florida está situada entre la Moncloa y la Montaña del Principe Pio. Por la izquierda del camino antes mencionado, corre el río Manzanares formando varios islotes, que ocupan multitud de mujeres dedicadas á la penosa tarea del lavado, distinguiéndose en ambas orillas muchas casas destinadas á habitaciones de los arrendatarios de los lavaderos y á despacho de vinos y comidas. En este punto puede decirse que termina la pintoresca ribera de aquel río, la cual empieza antes de llegar al puente de Toledo, viéndose ondular, en toda esta extensión, las blanquísimas ropas colocadas en numerosos tendederos, formados de cuerdas y estacas. Hacia el Norte de MADRID, se halla el real sitio de la Florida: es de figura irregular, ocupa próximamente una superficie de á kilómetros de largo por 2 de ancho, y linda: por el Norte, con el terreno y tapias del real bosque del Pardo; por el Este, con el camino y establecimiento de San Bernardino y término de Fuencarral; por el Sur, con la Cuesta de Areneros, y por el Oeste, con el camino real de Castilla y Puerta de Hierro. El terreno de la parte alta, situado á la derecha del camino que, desde la puerta de San Antonio, conduce á la de la Dehesa de la Villa, es bastante quebrado y está dividido por los arroyos denominados de San Bernardino y de Cantarranas; el de la parte baja, es más llano, aunque con algunas desigualdades. Sobre una eminencia, que domina la mayor parte de estos jardines, se levanta el palacio, de figura rectangular, compuesto de planta baja, principal y guardillas. La Cuesta de Areneros divide este real sitio de la Montaña del Príncipe Pío: á su conclusión aparece el paseo de San Bernardino, que conduce al establecimiento del mismo nombre, distinguiéndose los nuevos barrios de Arquelles y de Pozas; y entre el portillo de San Bernardino y el de Fuencarral, el cementerio general y las sacramentales de San Justo y San Ginés; siguen luego la antigua puerta de Bilbao, en la cual empieza la carretera de Francia; el populoso barrio de Chamberí, el de Santa Bárbara, el de Indo, y, finalmente, el delicioso paseo de la Castellana, punto del cual partimos al describir los extensos contornos de esta insigne población. 27. MapriD antiguo. —Antes de ocuparnos del MADRID moderno, diremos algo del MADRID antiguo, ya que autores veraces nos prestan su pluma.
Designemos, pues, con ellos, los límites de esta villa, desde la época más rémota que cabe demarcarlos, y veamos cómo fueron éstos ensanchándose con el transcurso del tiempo. 28. Primer perímetro.—Se supone que la cerca de MADRID empezaba entonces por el antiguo alcázar, levantado en el mismo sitio que hoy ocupa el palacio real; seguía la puerta de la Vega por detrás de las casas del marqués de Pobar y de las muy suntuosas que fueron del duque de Uceda, hoy los Consejos, haciendo división entre ellas y lo que solía llamarse Huerta de Ramón, que desembocaba en la calle de Segovia,, frente á la casa de la Moneda: este lienzo terminaba en el arco de Santa María, que se hallaba entre el mencionado edificio de los Consejos y la calle del Factor; proseguía luego la muralla por donde se encuentra esta calle; descendía después por otra, que se denominaba de la Parra, y pasando por delante de San Gil, cerraba con el alcázar. Esta muralla era extraordinariamente fuerte; construída de cal, canto y argamasa; de tres metros de espesor, con grandes cubos, torres, barbacanas y fosos; siendo su mayor defensa la que ofrecían el alcázar, la Torre de Nariques, situada junto á las aguas del Pozacho, cerca de la puerta de la Vega, hacia la parte del muro contiguo á las casas del marqués de Pobar, v la llamada Torre Gaona, que se hallaba fuera de muros y próxima á los Caños del Peral; hoy, plaza de Isabel II. En este primer recinto, sólo había dos puertas: la de la Vega, que miraba á Occidente, era de entrada angosta, se hallaba debajo de una torre caballero y tenía dos estancias: en el hueco de la de adentro, había dos escaleras por donde se subía á lo alto; en la de afuera, se veía en el punto del arco un agujero, en donde se ocultaba una enorme pesa que, en tiempo de guerra, dejaban caer con violencia para despedazar á los que se encontraban debajo: en medio de estas dos estancias aparecían las puertas, guarnecidas con una recia hoja de hierro y gruesa clavazón. La segunda puerta, ó Arco de Santa Maria, miraba al Oriente: era también una torre caballero, de pedernal, bastante angosta y extremadamente fuerte. 29. Segundo perímetro.— La circunferencia que dejamos descrita se ensanchó más tarde: la muralla de MADRID, partiendo de la misma puerta de la Vega, venía á seguir, con corta diferencia, la línea de demarcación por los actuales puntos de la cuesta y callejón de San Lázaro, calle de Segovia, plazuela y costanilla de San Andrés, plazuela de la Paja, la de Puerta de Moros, Cava Baja, plazuela de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel; atravesaba la de las Platerías y siguiendo por la de
los Milaneses, á la de las Fuentes (otros autores designan el cerco por la-calle de Milaneses á la del Espejo, cerrando con el alcázar por la huerta de la Priora), pasaba por detrás del juego de pelota á la puerta de Balnadú, uniéndose con el antiguo cerco junto á la plazuela de Santo Domingo. La villa recibió un ensanche de 334 metros, por el centro y parte del Norte, y de 639 por la del Sur, cuya nueva periferia encerraba, además de lo mencionado, la Cuesta de Ramón, calle de la Ventanilla, de la Villa. plazuela de la Cruz Verde, calle del Rollo, plazuela de San Javier, calle y plazuela del Cordón, calle y costanilla de San Justo, costanilla de San Pedro, calle del Nuncio, pretil de Santisteban, calle del Almendro, del Sacramento y de MADRID; plazuela de la villa, calle del Codo, de la Almudena, plazuela y calle del Conde de Miranda. 30. Entradas del segundo perímetro.— La puerta principal de este nuevo recinto era la de Guadalajara, situada como á la embocadura de la calle de Milaneses, la cual se contaba entre las más suntuosas que había en Castilla. Componíanla dos torres colaterales de pedernal con dos inexpugnables caballeros á los lados; la entrada era pequeña y con tres vueltas, que se derribaron luego para ensanchar la puerta y mejorar el paso. Esta quedó destruida, en 1580, por un incendio que ocasionó la gran profusión de luces que se colocaron en ella, una noche en que celebraba fiesta la villa, en conmemoración de la conquista de Portugal por Felipe II. La Puerta de Moros, llamada así porque daba al camino de Toledo, se hallaba al Mediodía cerca de la iglesia de San Andrés; era igualmente angosta y se entraba por vueltas. La Puerta Cerrada tenía la misma fortaleza que las otras; se encontraba en la plazuela que aun hoy conserva su nombre: su entrada era angosta; al principio, derecha; hacia la mitad, formaba una vuelta en linea recta, y al final, otra para entrar en el pueblo: de suerte que ni los de adentro podian ver á los de afuera, ni los de afuera á los de adentro. Anteriormente habíase denominado de la Culebra, por terminar su arco con un dragón; conservándose hasta el mes de Junio de 1562, época en que se derribó para ensanchar el paso. Más tarde se llamó Cerrada, porque, en las estrecheces y revueltas que formaba, escondíanse de noche los facinerosos para robar á los que entraban y salían; y para remediar tan gran daño, se la incomunicó, permaneciendo cerrada hasta que, poblándose la parte exterior, volvió á abrirse para poner en comunicación el arrabal con la villa.—La puerta de Balnadú se hallaba al Norte, junto á la antigua casa del Tesoro, cerca del palacio: su entrada y fábrica eran semejantes á las de las anteriores. 31. Arrabales.—Extramuros de la población, estaban los arrabales de San Francisco, San Martín y San Ginés. 32. Edificios.— Adornaban el antiguo recinto de la villa edificios suntuosos, muchos conventos, hospitales y establecimientos de caridad. He aquí los más notables. 33. Casas de particulares.—Contábanse entre éstas: la de los Lujanes, en la plazuela de San Salvador, hoy de la Villa, en cuya torre estuvo prisionero el rey de Francia Francisco I; la de don Pedro Laso de la Vega, al Este de San Andrés, llamada hoy del Infantado; la de don Juan Victoria, en la calle de Santiago, derribada hace mucho tiempo; la de los Coellos, en la Puerta Cerrada, cerca de San Justo; la de don Alfonso Alvarez de Toledo, junto á la iglesia de Santiago, comprada después por los condes de Lemos; la de los Luzones, en San Salvador, como quien va á Palacio; frente á éstas se hallaban las de don Bartolomé Velázquez de la Canal; tocando á San Miguel, las de don Pedro Zapata y don Pedro Arcilla; próxima á Santa Clara, la del marqués de Auñón; inmediata á San Nicolás, la del conde de Chinchón, y en sus alrededores la del marqués de Camarasa, con otras muchas de antiguos mayorazgos que, con el tiempo, fueron pasando á distintos dueños. 34. Hospitales. — Saliendo por la puerta de la Vega, sobre la izquierda, extramuros, había un hospital, Ilamado de San Lúzaro, donde se curaba á los leprosos; junto á las Caballerizas reales existió otro, llamado del Campo del Rey, porque se hallaba cerca del alcázar, con doce camas para mujeres; inmediato á la ermita de la Virgen de Atocha se fundó un hospital para recoger y curar á los muchos peregrinos que concurrían á visitar aquella santa imagen; fué trasladado después á la esquina de la que entonces se llamaba calle Imperial, subiendo del arroyo de San Ginés al monasterio real de las Descalzas; y cuando aquella ermita se dió á la orden de santo Domingo, tomó el nombre de hospital de Caballeros de San Ginés. La calle de la Paz se denominó así de un hospital que se encontraba á su entrada, destinado á enfermos incurables; y, finalmente, en la actual calle de Fuencarral y sitio que ocupó después el monasterio de Santa Ana, de monjes bernardos, hubo otro para los convalecientes. 35. Extramuros; ermitas. San Isidro. —Hizola construir á su costa la emperatriz Doña Isabel, en 1528, con motivo de haber recobrado la salud el príncipe Don Felipe bebiendo el agua de aquella fuente; siendo reedificada de nuevo, en 1724, por don Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero. La fuente, que brota del ángulo Norte de la ermita, tiene una décima que dice: .Oahijada tan divina Como el milagro lo enseña, Pues sacas agua de peña, Milagrosa y cristalina, El labio al raudal inclina Y bebe de su dulzura, Pues san Isidro asegura Que si con fe la bebieres, Y calentura trujeres, Volverás sin calentura.» 36. Ermita de Nuestra Señora del Puerto.—La fundación se atribuye al corregidor de MADRID don Francisco Antonio Salcedo, y la imagen que en ella se venera fué trasladada á aquel sitio en procesión solemne, desde la iglesia del colegio imperial, el 10 de Septiembre de 1718. 37. Ermita de San Antonio de la Florida.—Fué edificada en 1720; destruida en 1768, con motivo de la construcción del camino del Pardo, y levantada de nuevo en 1792; correspondiendo, por su estructura y ornamentación arquitectónica, al excelente gusto que dominaba en aquella época. 38. Establecimientos de caridad.— Más allá de la casa que habitaba el nuncio de su santidad, yendo desde la iglesia de San Pedro, existió un recogimiento de beatas, que más tarde se unió á las monjas de la Concepción; cerca de la puerta de Balnadú, frente á la casa del Tesoro, otro igual, donde se educaban señoritas hasta tomar estado, y la iglesia parroquial de San Miguel fué también en un principio casa de recogimiento, bajo la advocación de San Marcos. 39. Ermitas.—Eran: la de Atocha, hoy basílica de igual denominación; Santa Catalina, Santa Coloma, Santa Polonia y San Juan Evangelista, situadas todas en el mismo distrito de la primera; la de San Sebastián, junto al hospital de Antón Martn, que desapareció al fundarse la parroquia de aquel nombre; la de Santa Cruz, que pasó después á ser parroquia; la de San Cebrián, muy frecuentada de los labradores; la de San Luis obispo, actual parroquia del mismo título; la de Santa Bárbara, que se convirtió luego en convento, y la antiquísima de San Millán. Frente á Santo Domingo el Real, situado á la salida de la puerta de Balnadú, había un humilladero, y otro fuera, á bastante distancia de la puerta de Guadalajara, que, en tiempo del emperador Carlos V, se transformó en hospital real de la Soledad ó del Buen Suceso. 40. Parroquias.—Interiormente, la población se hallaba dividida en las nueve parroquias siguientes: Santa María la Mayor, San Juan, Santiago, San Pedro, San Miguel de la Sagra, San Justo y Pastor, San Nicolás, San Salvador y San Andrés. Cada uno de los arrabales tenía su parroquia, llamándose de San Martín y San Ginés. — Tal era MADRID en su segunda ampliación. 41. Nuevos ensanches.—Los reyes, que por ciertas temporadas venían á establecer su corte en esta villa, fueron dándola después mayor incremento, como lo atestiguan: las nuevas Puerta del Sol, que sustituyó á la de Guadalajara: la de la Latina; la del Pueblo ó Santo Domingo, y la de Antón Martín, que se levantaron por entonces. Esta demarcación designaba,
con corta diferencia, una linea desde la plazuela de Santo Domingo y calle de San Martín á la Puerta del Sol, de la cual, formando escuadra, pasaba á la plazuela de Antón Martín; de aquí seguía en línea recta al hospital de la Latina, dirigiéndose hacia Puerta de Moros, en cuyo punto se unía con el anterior cerco. Con esta variación recibió MADRID un aumento de 974 metros, desde la plazuela de Antón Martín á Puerta de Moros; otro, de 529, desde la esquina de los Milaneses á la Puerta del Sol, con un ancho de más de 723, desde el hospital de la Latina á la plazuela de Santo Domingo; aparte los 418 que vendrían á componer los ángulos y recodos que formaba la irregularidad del terreno. Dentro, pues, de este nuevo espacio, quedaban: las plazas de San Martín y Mayor; las plazuelas de Navalón, Trujillos, Descalzas, Celenque, San Ginés, Pontejos, Leña, Aduana Vieja, Provincia, Progreso y Concepción Jerónima; y las calles de San Martín, Mayor, Carretas, parte de la de Atocha, Magdalena, parte de la de Toledo, Concepción Jerónima, Barrio Nuevo, Colegiata ó del Burro, Relatores, Estudios y otras muchas. En las épocas subsiguientes experimentó la villa otras variaciones y aumentos, como la transformación en palacio real, por Carlos V, del alcázar levantado bajo la dominación sarracena, según unos, y por Alonso VI, según otros. La edificación del convento de los jerónimos, dispuesta por Enrique IV; la construcción del de Atocha y otros varios edificios; la reparación y ornato de algunos, como la verificada en la parroquia de San Andrés, erigida en capilla real, cuando los Reyes Católicos habitaban las casas contiguas de don Pedro Laso de Castilla; y por último, la fundación de diferentes establecimientos de beneficencia, vinieron á hacer de MADRID un pueblo muy principal. Su extensión iba aumentando á medida que se derribaban los muros viejos y se le agregaban sus arrabales, poblándose el vasto campo que mediaba entre la Puerta del Sol y el convento de San Jerónimo. Felipe II fué el monarca que mayor ensanche dió á esta villa, al trasladar á ella la corte, que se hallaba en Toledo. Por esta época constaba la población de 2.520 casas y de unos 25 á 30.000 habitantes, según algunos autores; pero esta cifra fué creciendo con tanta rapidez, que, considerándose ya reducida la circunferencia que abarcaba, aun después del ingreso de los arrabales, hubo necesidad de darle mayor latitud, trasladando: la Puerta del Sol, al camino de Alcalá: la de Antón Martin, al arroyo de Nuestra Señora de Atocha; la de la Latina, al puente que ocupa actualmente la puerta de Toledo, y la de Santo Domingo, al camino de Fuencarral. 42. Nuevas construcciones y mejoras realizadas bajo distintos reinados.—En todos estos nuevos barrios formáronse calles regulares y magníficas, como las de Alcalá, Atocha, San Bernardo, entre otras; lo cual, unido á los edificios que levantaban los particulares, al mismo tiempo que el rey concluía las obras de palacio, fundaba los conventos de la Trinidad, las Descalzas Reales, el Carmen Calzado, San Bernardino, San Bernardo, los Angeles, el suntuoso y magnífico del Escorial y varios establecimientos de beneficencia, vino á dar á MADRID la supremacía sobre los demás pueblos de España. Durante el reinado de Felipe III continuó aumentando y engrandeciéndose la población; se trajo mayor abundancia de aguas; se edificó, en el corto intervalo de dos años, la hermosa Plaza Mayor y se levantaron la casa de los duques de Uceda, hoy los Consejos; los conventos de San Basilio, Jesús, Santa Bárbara y Trinitarias, entre otros, y el notable monasterio de la Encarnación, fundado por la reina Doña Margarita de Austria. Del bullicioso reinado de Felipe IV quedaron el palacio real y jardines del Retiro, varias estatuas y monumentos públicos, la cárcel de Corte y algunos otros edificios; el borrascoso de Felipe V nos legó el cuartel de Guardias de Corps, el Hospicio, el seminario de Nobles, el antiguo teatro de la Cruz, la grandiosa obra del nuevo palacio real, el teatro del Príncipe, la fábrica de tapices, el Pósito, varias fuentes y edificios de utilidad común; fundándose simultáneamente la Academia Española, la de la Historia, la de Medicina, la Biblioteca real y diferentes establecimientos de instrucción pública. Las Salesas, la antigua plaza de Toros, y puerta de Recoletos, entre otras construcciones, y la institución de la Academia de San Fernando corresponden al reinado del sexto rey de este nombre. Sucédele á su muerte Carlos III é inaugúranse caminos, canales, puentes, palacios, iglesias y otras muchas obras; á su regia iniciativa se deben la limpieza y policía de la capital, el alumbrado de las calles por el método antiguo, el establecimiento de los alcaldes de barrio, las escuelas gratuitas, las diputaciones de caridad, la Sociedad de A migos del Pats, diferentes academias y otros estudios públicos, el Banco nacional, las loterías y las grandes compañías mercantiles; en su tiempo se amplió el palacio real y se elevó el grandioso Museo de Pinturas, bajo los planes del arquitecto Villanueva; á unas malas tapias y miserable puerta sustituyó la suntuosa de Alcalá, levantándose á la vez en la calle de este nombre la gran fábrica de la Aduana, hoy Ministerio de Hacienda, y el Museo de Historia Natural. La casa de Correos, la de los Gremios, la Imprenta Nacional, la fábrica-platería de Martínez, el colegio de Veterinaria, el de San Carlos, el convento de San Francisco, el Hospital general, la puerta de San Vicente, la de los Pozós, el Observatorio astronómico, el Jardín Botánico, el delicioso paseo del Prado con sus bellas fuentes, el de la Florida, el del Retiro, embellecido con varias obras, el canal de Manzanares, los cómodos caminos que conducen á la capital y otra multitud de mejoras, que sería molesto enumerar, deben igualmente su existencia al celo infatigable de aquel monarca y de sus ministros. Bajo el gobierno de Carlos IV se edificaron el Depósito Hidrográfico, el palacio de Buenavista, el del duque de Liria, la casa del conde de Altamira y la de Villahermosa. Bajo el de Fernando VII, se reparó y terminó la obra del Museo del Prado, destinado á la colocación de la rica galería de pinturas y escultura; se embelleció y adornó el real sitio del Buen Refiao, lestruido pr los francasas, se reparó y mejoró el cegado canal de Manzanares y sus contornos; se formó y colocó el museo y parque de artillería en el palacio de Buenavista; se edificó el lindo casino de la reina y sus jardines; echáronse los primeros cimientos al teatro de Oriente, en el sitio que ocupaba el de los Caños del Peral, construido en tiempos de Felipe V; lleváronse á cabo las obras del museo militar de artillería é ingenieros y la colocación de la Biblioteca real en un edificio particular; se creó el Conservatorio de María Cristina, la Dirección de Minas, la Bolsa de Comercio y Consulado de MADRID; se revocó el palacio y sitios reales; se repararon los caminos y abrieron nuevos paseos al rededor de la capital; se terminó la obra de las Caballerizas reales, la puerta de Toledo y el cuartel de caballería de la bajada de Palacio; se levantó la fuente de la Red de San Luis, trasladada más tarde á una de las plazoletas del Parque de MADRID; se mandó fundir en bronce la estatua de Cervantes, que adorna hoy la plaza de las Cortes, é hizo poner un recuerdo honorífico en la casa en que murió este escritor ilustre, y se prestó eficaz apoyo á numerosas empresas industriales. Finalmente, bajo el mando de los gobiernos posteriores, y muy señaladamente, de veinte años á esta parte, han recibido gran impulso las artes, progresado las industriales, extendido el comercio y realizado infinitas reformas, así económicas y administrativas como de ornato y utilidad pública. 43. MADRID moderno.—Hemos Ilegado al postrer período de ensanche, de aumento y desarrollo de esta población; á la época de los últimos progresos y transformaciones. 44. Perímetro del término de MADRID. —Según los trabajos practicados por la Comisión de Estadistica municipal, la circunferencia desarrollada de todo el perímetro del término de esta villa es, aproximadamente, de 76.600 metros lineales; evaluándose la del perímetro anterior en 47.260. 45. Puertas.—No hace muchos años contaba MADRID cinco puertas (Alca
lá, Bilbao, Segovia, Toledo y Atocha) y once portillos (Recoletos, Santa Bárbara, Fuencarral, Conde-Duque, San Bernardino, San Vicente, La Vega, Vistillas, Gilimón, Embajadores y Valencia), los cuales han ido desapareciendo con el derribo de las débiles y desiguales tapias que circuían la capital, conservándose únicamente, como monumento del arte arquitectónico, las de Alcalá, Toledo, San Vicente y Hierro, dignas, particularmente la primera, de especial mención. 46. Puerta de Alcalá.—Este notable monumento ocupa hoy el centro de la nueva plaza de la Independencia, situada al Oriente de la población. Consta de un solo cuerpo, como todas las construcciones de su clase, y de cinco entradas: tres en el centro, con arco de medio punto, y una en cada extremo, á regla ú horizontal. La decoración de la parte exterior consiste en diez columnas, que sientan sobre doble zócalo y llevan capiteles de orden jónico moderno, modelados por los que inventó el gran Miguel Angel para el Capitolio, en Roma; las diez columnas mencionadas se hallan perfectamente distribuidas: cuatro, en el resalto que forma el arco principal; y dos, en cada uno de los restantes. Por la parte interior corresponden pilastras á las columnas, excepto en el arco del medio, que, en su resalto y adorno, es idéntico por ambos frentes. Sobre los indicados capiteles corre un cornisamento, en el que se eleva un ático, que sólo se extiende lo que resalta el arco del centro y su decoración, continuando un sotabanco por los demás, decorado de trofeos y genios. En la clave central de los tres arcos mayores se ve una cabeza de león; en los recuadros, que aparecen sobre las puertas pequeñas de los extremos, cornucopias erizadas. Un escudo de armas reales, sostenido por una Fama y un genio, sirve de remate, por el lado del campo, al frontispicio semicircular del ático. La elevación de este elegante y suntuoso arco triunfal es de 19 metros, sin contar lo que sobresale el escudo de armas: cada uno de los tres arcos de medio punto se levanta 9 metros sobre el nivel del suelo y tiene 5 de luz. El material empleado en esta gran fábrica es granito de excelente calidad y piedra caliza, llamada de Colmenar. La construcción de esta sólida y gallarda obra empezó en 1778 con diseños y bajo la dirección de don Francisco Sabatini; el escudo de armas, los trofeos y los genios, fueron ejecutados por don Francisco Gutiérrez; las cabezas de leones y las cornucopias, por don Roberto Michel. 47. Puerta de Toledo.—Sobre una eminencia, que se enlaza en el puente de aquel nombre, y dando frente al Mediodía, levántase arrogante la inmensa mole de granito que forma el arco triunfal de Fernando VII. Decoran esta obra, por el exterior, dos medias columnas estriadas, de orden jónico antiguo, colocadas en el centro, y pilastras en los lados: distínguense entre aquéllas un grande arco de medio punto de 10 metros de altura con tres de luz, y una puerta cuadrada con recuadro encima, á cada extremo. El cornisamento corre sobre los tres ingresos, y en el medio se ve interrumpido el arquitrabe. La fábrica tiene 18 metros de elevación y 15 de frente: sobre el cuerpo ático hay un grupo de escultura, que representa á España dispensando su protección á las artes, el cual levanta cinco metros más sobre la expresada altura. Fué modelado por don José Ginés y ejecutado en piedra de Colmenar por don Ramón Barba y don Valeriano Salvatierra. Sobre la puerta de los extremos, y á uno y otro lado del ático, se ven trofeos militares. Esta obra, tan criticada por su excesiva pesadez y falta de gusto, empezó á levantarse en 1813, bajo la dirección de don Antonio Aguado, para perpetuar la memoria del feliz éxito que alcanzó la gloriosa lucha de la Independencia. 48. Puerta de San Vicente.—En 1775, el hábil profesor don Francisco Sabatini levantó en el paseo de la Florida este ingreso con la solidez y buen gusto que se observan en todas sus obras. En la parte que mira al campo, levántanse, sobre un doble zócalo, dos columnas arrimadas, en cuyo intercolumnio hay un arco de medio punto almohadillado: el cornisamento está adornado de triglifos, con casti Ilos en las metopas, terminando el todo un frontispicio triangular, coronado por unos trofeos. En la parte que da frente á la población, se ven sólo fajas en el ingreso central; una puerta con arco horizontal á cada lado, y en los extremos, fajas con trofeos y piñas en los remates. La arquitectura de esta puerta es de orden dórico: el material empleado en su construcción, granito y piedra caliza de Colmenar. 49. Puerta de Hierro.—Se levantó en la segunda mitad del siglo XVII: es de granito, y los ornamentos, de piedra caliza. Consta de tres entradas; la del centro presenta un arco de medio punto, con archivolta decorada y pilastras dóricas estriadas, sobre las cuales sienta un frontón triangular con las armas de España; los vanos laterales tienen sólo pilastras, terminadas por jarrones, y entre los ingresos ha y recuadros con esculturas, que representan trofeos de guerra y caza. Abierta la Moncloa y facilitada la continuación de la línea de circuito de la capital, que antes se detenía en las tapias de aquélla, y que hoy está llamada á continuar hasta la carretera de Castilla, la puerta de que se trata, especie de ingreso á la posesión del Pardo, puede ya considerársela como una de las entradas de la villa. 50. Perímetro de MADRID.— La circunferencia de la población, ó sea la longitud del muro que la cercaba, se evalúa en 13.150 metros. 51. Interior de la capital.—No pretendemos describir minuciosamente todos y cada uno de los puntos que aquélla comprende en su vasta extensión, en sus infinitas relaciones en todos los ramos de la administración general del Estado: tarea es ésta que daría asunto para algunos volúmenes y que, además de ser superior á nuestras fuerzas, pecaría de demasiado prolija, quizás de enojosa. Conocida ya la posición de MADRID, su clima y su circuito, daremos á conocer su superficie, el número de habitantes y edificios que ha contado desde el siglo xVi; el desarrollo longitudinal de sus calles y paseos; el total de las vías públicas, con su correspondiente clasificación; sus plazas más notables, sus establecimientos de recreo y diversión, jardines y paseos interiores; su división local, bajo el punto de vista administrativo, jurídico y eclesiástico; las corporaciones científicas, literarias, filantrópicas y de corrección; la organización municipal, su administración, presupuestos, policía, ornato, fuentes, alumbrado, enseñanza y beneficencia, y describiremos detalladamente, según su belleza, utilidad ó importancia histórica, los monumentos, templos y edificios así públicos como particulares, y consignaremos cuantas noticias y curiosidades á nuestro juicio lo merecieren. 52. Extensión.— La superficie encerrada dentro de las antiguas tapias, incluyendo el Parque de Madrid (antes sitio del Buen Retiro), Jardín Botánico, huerta y convento de Atocha, Montaña del Príncipe Pio y Campo del Moro, es de 7.779 36 metros cuadrados. 53. Descripción.—El total de las vías públicas que existen dentro del perímetro de la población, es de 899, divididas en esta forma: calles, 701; callejones, 15; caminos, 4; campillos, 3; carreras, 2; cerillos, 1; costanillas, 12; cuestas, 7; glorietas, 5; pasadizos, 2; pasajes, 2; paseos, 27; plazas, 76; pretiles, 2; rondas, 8; travesías, 32.—El desarrollo longitudinal de las calles y paseos, comprendidos dentro del recinto de MADRID, es, aproximadamente, de 348 kilómetros, 877 metros.—El número de edificios, que constituyen el casco de la población, ha sufrido, desde el siglo XVI, las siguientes alteraciones: en 1571, contaba la corte 4. 000edificios; en 1597 subió esta cifra á 7.016; en 1766, á 7.049; en 1797, á 7.080; en 1844, descendió este número á 6.600 fincas urbanas, cuya disminución se atribuye á la reunión en una sola de dos ó más pequeñas, á las demoliciones llevadas á cabo durante la guerra de la Independencia, y á las verificadas para formar las plazas de Oriente y otras. El número de fincas urbanas existentes hoy en el casco de la capital, zona de ensanche y término de MADRID, es de 8.207, distribuídas en 1.248 manzanas, correspondiendo 598 al interior de la villa; 295, á la primera zona de ensanche; 193, á la se
gunda, y 162, á la tercera. Las 8.207 fincas antes mencionadas, dan, por distritos, el número de habitaciones de todas clases que á continuación se expresa: distrito de Palacio, 9.068; Universidad, 10.657; Centro, 7.243; Hospicio, 8.596; Buenavista, 10.689; Congreso, 8.307; Hospital, 10.320; Inclusa, 10.315; Latina, 10.131; Audiencia, 8.495: total, 93.821. La superficie ocupada por edificios en el interior, sin incluir el ensanche, es de 4.061.387 metros cuadrados. 54. Población.—En 1530, contaba MADRID 5.000 habitantes; en 1566, 25.000; en 1600, 58.000; en 1870, 339.024, en 1877, 399.523; hoy, según cálculo aproximado, asciende ya aquella cifra á 466.000. 55. Plazas.—Con una sola plaza, propiamente dicha, la Mayor, aparece la Corte en el siglo xIX: las restantes, inclusa la Puerta del Sol, no eran otra cosa que reducidos espacios ó mezquinas encrucijadas que se llamaron plazuelas. A mediados del citado siglo, todavía eran en corto número para tan gran población, contribuyendo poco á su embellecimiento, ya por lo irregular de sus plantas, ya por la escasez de monumentos. En la actualidad, de las 76 que encierra la villa, comprendido el ensanche, las más notables por su belleza, ó su historia, son las siguientes: 56. Plaza Mayor ó de la Constitución. —Tuvo su origen bajo el reinado de Juan II y se llamaba Plaza del Arrabal de Santa Cruz. Demolidos los pobres y toscos edificios que la formaban, por mandato de Felipe III, dió principio su reconstitución en 1617, bajo la dirección del hábil arquitecto don Juan Gómez de Mora; cuyas obras, que duraron dos años, como lo expresa la inscripción que existe en el pórtico de la Panadería, costaron un millon, según Baena. Afecta la figura de un cuadrilongo de 121 metros de largo por 93 de ancho y 428 de circuito. Las casas fueron levantadas sobre pilares de granito formando soportales: todos los huecos se hallan decorados con jambas simétricas de piedra en los tres pisos; las entradas están formadas por ocho grandes arcos de medio punto (dos en cada uno de los cuatro angulos), y uno, rebajado, cerca de la escalerilla, que abren paso á diferentes calles. Ocupa el centro de esta plaza una explanada elíptica, embellecida hoy con jardines y fuentes y circundada de una pequeña verja, y en medio de aquélla se ve, sobre un pedestal, rodeado de otra verja más elevada, la estatua ecuestre de Felipe III, ejecutada en bronce. Numerosos son los acontecimientos que registra la historia de esta plaza, figurando entre ellos fiestas magníficas, incendios horrorosos, repugnantes autos de fe y terribles ejecuciones de personajes notables; pues hasta el año de 1790 no se trasladó á la plazuela de la Cebada el cadalso que repetidas veces se había levantado frente á la Panadería. 57. Plaza de Oriente.—Esta plaza que, atendida la situación que ocupa, debería con más propiedad llamarse de Occidente, fué formada en 1811, bajo el gobierno de José Napoleón, llamado el Rey Plazuelas, con el derribo de varias manzanas, que comprendían los conventos de San Gil y Santa Clara, la parroquia de San Juan, la Biblioteca, el jardín de la Priora y 56 casas, conjunto de vulgares construcciones, que apenas dejaban espacio entre el palacio y ellas. Frustrado el magnífico proyecto del rey intruso, el cual consistía en formar en aquel sitio una extensa plaza, que sirviera de punto de partida de un boulevard que debía concluir en el arco de Alcalá, conservóse por largo tiempo el inmenso é irregular espacio que dejaran los derribos, cuyo tránsito era sumamente molesto en el rigor de las estaciones. La reedificación y embellecimiento de esta plaza data del año de 1841, en cuya época se llevó á cabo el jardín central, la explanación y alineación de las calles y la compra de los solares con que se procedió á formarla. Ocupa el centro de la mencionada plaza una glorieta elíptica, la cual se eleva como dos piés sobre el nivel del suelo, y está rodeada de una elegante escalinata, compuesta de tres gradas de piedra caliza, interrumpidas por 22 zócalos de granito, en los que descansan pedestales con intermedios de piedra de Colmenar: sobre estos pedestales se elevan otras tantas estatuas de reyes y condes españoles, de gran magnitud, pertenecientes á la colección que ocupó la balaustrada que corona el palacio real. La escalinata, cuyo circuito mide 358 metros, da acceso á una calle de igual figura, de 18 metros de ancha, que adornan dos hileras de acacias: en el medio se levanta sobre zócalos de cantería y piedra de Colmenar, con asientos á uno y otro extremo, la elegante verja de hierro bronceado, que cierra la glorieta en una circunferencia de 247 metros, dentro de la cual se ve un lindisimo jardín, con cuatro pequeños y graciosos surtidores. En el centro de la referida glorieta se eleva un alto zócalo de granito, y sobre éste, un hermoso pedestal de planta rectangular, cuyo recto, adornado por los costados con dos bajorrelieves, presenta, en cada uno de los dos frentes, oriental y occidental, una fuente monumental. Consiste ésta en la estatua de un anciano, que simboliza un río, el cual vierte el agua de la urna en unas conchas que, formando una especie de cascada, la derraman en un gran pilón semicircular. Entre estos dos pilones, atando con los mismos y por cada uno de los costados del monumento, hay un plano al que dan acceso tres gradas: en él se ven un mascarón que arroja agua en otro pequeño pilón, y á los lados, asientos y balaustradas de hierro: estos planos, unidos á los pilones, forman una circunferencia elíptica, en perfecta relación con la de la glorieta. En los cuatro ángulos se elevan cuatro pedestales, con otros tantos leones de bronce de gran magnitud; y descansando sobre el monumento, la bellísima estatua ecuestre de Felipe IV, obra admirable del escultor toscano Pedro Tacca, y de la cual, el famoso erudito y excelente crítico don Antonio Pons dice en su curiosa descripción lo siguiente: «Hay muy pocas obras modernas de esta línea, que se le igualen en el brío como está expresado el caballo, en la dignidad del jinete, en la hermosura y lo acabado de las labores que se ven particularmente en los estribos, freno, silla y en la banda del monarca.» Un detalle afea este hermoso y agradable sitio: el eje mayor de la glorieta elíptica antes mencionada, corre desde Palacio al teatro de la Opera, cuya deplorable fachada forma, por su pésimo gusto, raro contraste con la regularidad de las nuevas casas, la extensión de aquel polígono, la belleza de sus jardines y la grandiosidad de la morada de los reyes. 58. Puerta del Sol.—Llámase así por una imagen del Sol que había pintada encima de la puerta de un castillo fabricado, en 1520, pará defender á MADRID de la sorpresa de los bandoleros y forajidos. Esta plaza, estrecha é irregular entonces, se componía de casas informes y miserables de 160 á 200 metros superficiales, las mayores, con uno ó dos balcones en cada piso; en el sitio que hoy ocupa el Ministerio de la Gobernación, edificio levantado en 1768, veíanse amontonados treinta y tantos edificios, y enfrente otros semejantes, que formaban la callejuela llamada del Cofre, con salida á la calle de la Zarza. Entre la Mayor y la del Arenal, se hallaban las casas de mancebía pública. Las Cortes constituyentes, por ley de 21 de Julio de 1855, declararon la reforma de utilidad pública, y por decreto de 26 de Mayo de 1856, previo dictamen de la Academia de San Fernando, se procedió á su ensanche y embellecimiento, levantándose nuevos y uniformes edificios y colocándose en el centro una anchísima fuente, con un surtidor, que eleva el agua á una considerable altura, descendiendo luego en forma de lluvia. A esta plaza, que viene á tener hoy la figura de un tricornio, van á confluir las principales arterias de la población: por el Este, las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo; por el Sur, las de Carretas y del Correo; por el Oeste, la Mayor y la del Arenal, y por el Norte, las de Preciados, Carmen y Montera. Con el presente siglo empezó á ser el forum matritense, como ingeniosamente la llama un autor, el gran teatro de la vida pública, viendo dictar bárbaras sentencias, desde el sitio que hoy ocupa el Ministerio de la Gobernación, á la comisión militar, presidida por Grouchy, y sacrificar las victimas en el patio del Buen Suceso; y presenciando luego grandes ovacio
nes y sangrientas luchas. Actualmente continúa siendo el punto más famoso de la Corte, por su situación central, bellos edificios y gran concurrencia; la galería en donde se exhiben los tipos característicos de MADRID y el barómetro fiel de la opinión pública. 59. Plaza de Palacio.—Forman esta plaza, de grande extensión y figura casi cuadrada por el Norte, la fachada principal de palacio; por el Este, el ala lateral, ó galería, que mandó construir Carlos III; por el Sur, la Armería, y por el Oeste, algunos arcos de la otra galería lateral, no concluida, y una balaustrada con vista al campo. 60. Plaza de la Villa.—Su formación, que se llevó á cabo con los derribos de varias casas, data del reinado de Enrique IV: es regular, casi cuadrada y abierta por la calle Mayor. Antiguamente fué largo tiempo considerada como la plaza principal de la villa, pues la Mayor estaba por entonces en el arrabal, al lado exterior de la muralla. Hasta mediados del presente siglo ocupó su centro una fuente de pésimo gusto. 61. Plaza de las Cortes.—Ocupa parte del solar en que se hallaba el convento de Santa Catalina, delante de la fachada de las casas de este nombre, entre los palacios de Híjar y nuevo de las Cortes, al Norte; el Prado, al Este, y la casa del duque de Medinaceli, al Sur. Forma un cuadrilongo muy extenso y confluyen á ella las calles del Prado y Carrera de San Jerónimo, al Occidente; las del Florin y Turco, al Norte, y la de San Agustín, al Mediodía. Desde la fuente de Neptuno suben dos hermosas calles de árboles hasta la mencionada calle del Florin; á su cabeza se ve un elegante jardín, circuído de una verja de hierro, y en el centro elévase sobre un pedestal la magnifica estatua del maestro de la literatura española, obra notabilísima del escultor de cámara de Fernando VII, don Antonio Solá. He aqui lo que acerca de esta obra artística decía en el Diario de Roma el señor Salvador Betti, secretario perpetuo de la insigne y pontifical Academia Romana de San Lucas: «¡Loor al señor de Solá, quien con tanta verdad y perfección del arte nos hace ver la imagen de este famoso escritor! Le vemos en ella; es el mismo Miguel de Cervantes, como lo manifiesta su noble figura, su espaciosa frente, sus ojos llenos de fuego del alma, su andar franco, tan natural al hombre de armas y de aventuras, y aquel aire en que se ven las maneras españolas del siglo XVI. Lleno de una sublime imaginación, está en actitud de mudar el paso; actitud que no podía mostrarse por el artista con más facilidad y maestría, ya por el movimiento natural de las piernas, á que acompaña el de toda la persona, ya por el contraste de los pliegues del vestido; y especialmente, de la capa, que mueve el aire con suavidad. Tiene en la mano derecha un lío de papeles, muestra de un literato; la izquierda descansa sobre el puño de la espada, en prueba de su profesión militar y nobleza de sus antepasados; y para ocultar la imperfección de esta mano, á causa de una herida de arcabuz, que en ella recibió en la batalla de Lepanto, Solá ha tenido la singular idea de cubrirla con un pliegue de la capa, conservando de este modo todo lo perfecto, sin exponerse á la censura de los que exigen la verdad. Todo es vida en esta estatua, todo verdad, al propio tiempo que se conserva la dignidad conveniente. Y en mi cualidad de intendente de las Bellas Artes, digo, como sentencia universal, que esta estatua es una de las más célebres que se han hecho en este siglo, vuna de las más importantes por representar á tan grande hombre. Añadiré además que, hace muchos años, no se ha fundido en bronce en este país otra igual, pues es semicolosal, teniendo diez palmos y medio de altura.» Esta celebrada estatua, cuyo autor hizo el modelo en Roma, fué fundida por los famosos artistas prusianos Luis Jollage y Guillermo N. Hopsgarten. El pedestal contiene dos relieves, obra del escultor don José Piquet, que representan: el uno, á don Quijote y Sancho Panza guiados por la diosa de la locura, y el otro, la aventura de los leones, y además la siguiente inscripción: «A Miguel de Cervantes Saavedra, príncipe de los ingenios españoles, año de 62. Plaza de Santa Ana.—Se halla situada al principio de la calle del Prado y conclusión de la de la Gorguera, en el derribo del convento de carmelitas de Santa Ana, llevado á cabo durante la dominación francesa. Su extensión, que era antes de 59 metros de largo por 44 de ancho, ha aumentado con la desaparición de la manzana de casas que impedía la vista del Teatro Español; y la fila de árboles, que rodeaba la plazuela, así como la sencilla aguja de piedra que la adornaba, ha sido substituída por una fuente y un elegantísimo jardín, cuyo centro ocupa el hermoso pedestal que sostiene la noble figura del patrón literario de MADRID, el insigne Calderón de la Barca. 63. Plaza del Progreso.—Se encuentra entre el principio de las calles de la Magdalena, Colegiata, Duque de Alba, Mesón de Paredes, Jesús y María y conclusión de la de Barrio Nuevo, en el mismo solar que ocupaba el vasto convento de la Merced, cuyo edificio sólo tenía de notable el haber servido de morada, desde 1620 á 1645, al ingenioso poeta el maestro Fray Gabriel Téllez, conocido por Tirso de Molina. La plaza, que tiene 88 metros de largo por 48 de ancho, disminuye hasta 48 por el frente que mira á la calle de la Magdalena. En 1842 se situó en el extremo oriental una fuente de caprichosa forma; y en 1869 se hermoseó la plaza con un jardín, se colocó en su centro la colosal estatua de Mendizábal y se la rodeó de una bonita verja. 64. Plaza de Isabel I1.—Es casi cuadrada, de una extensión bastante regular, y se halla á lo último de la calle del Arenal, entre ésta, la de los Caños y las que conducen á Palacio. Forman su adorno la fachada del Teatro Real, una hermosa estatua de la Comedia y un pequeño jardín que rodea, como el anterior, una sencilla verja. 65. Plaza de Bilbao.—Está situada entre las calles de las Infantas, San Bartolomé y costanilla de los Capuchinos, en el lugar que ocupó el convento de estos regulares. Su figura es un cuadrado de 62 metros; su terreno se halla más elevado que los de las calles que la circuyen, razón por la cual se la cerró completamente con la verja de hierro que estuvo en el salón del Prado, dejándola seis entradas: una, por la costanilla; otra, por la calle de San Bartolomé, y dos en cada uno de los otros frentes, con grandes faroles en los ángulos, buenas escalinatas y rodeada de hermosos bancos de piedra. Modernamente ha sido también embellecida con un jardín. 66. Plaza de Murillo.—Constitúyela el espacio comprendido entre el ingreso al Jardín Botánico y la más hermosa de las fachadas del Museo Nacional de Pintura y Escultura, destacándose en el medio una grande estatua de Murillo, rodeada de un sencillo y elegante jardín. 67. Plaza de la Independencia.—Esta bellísima plaza, de moderna construcción, contiene en el centro el hermoso arco de la puerta de Alcalá, ya mencionado, embellecido también con un pequeño jardín que lo circuye. Su figura es circular, y tiene: al Norte, la calle de Serrano; al Este, la carretera de Aragón y una de las entradas al Retiro; al Sur, la calle de Alfonso XII, y al Oeste, la de Alcalá. Casi todas las demás plazas, cuya enumeración omitimos, se hallan adornadas con elegantes farolas y frondosos árboles, que ofrecen una vista deliciosa durante la estación del verano. 68. Calles principales.—Las calles de MADRID, á pesar del considerable desnivel que en su mayor parte se observa, son generalmente de agradable aspecto. Entre las principales se distinguen, en lo anchas, largas y elegantes, las siguientes: calle Mayor: arranca de la Puerta del Sol y termina en la calle de Bailén; su longitud es de 400 metros lineales; su anchura media, 18.—Carrera de San Jerónimo: nace en la misma Puerta del Sol y muere en la plaza de las Cortes; su longitud, 480 metros lineales; su anchura media, 18.—Carretas: parte de la indicada Puerta y acaba en la de Atocha; su longitud, 240 metros; su anchura media, 13.—Calle Ancha de San Bernardo: empieza en la plaza de Santo Domingo y concluye en la calle de Carranza; su longitud, 899 metros; anchura, 20.—Barquillo: tiene
su origen en la calle de Alcalá y termina en la de Hortaleza; longitud, 800 metros; anchura, 7.— Hortaleza: parte de la calle de la Montera y desemboca en la plaza de Santa Bárbara; longitud, 850 metros; ancho, 12.— Fuencarral: arranca de la calle de la Montera y concluye en la glorieta de Bilbao; longitud, 1.032 metros; latitud, 11.—Atocha: entra en la plazuela de Santa Cruz y sale al paseo del Prado; longitud, 1.240 metros; anchura, 19.—Caballero de Gracia: parte de la calle de la Montera y acaba en la de Alcalá; longitud, 407 metros; anchura, 6.—Principe: comienza en la Carrera de San Jerónimo y concluye en la calle de las Huertas; longitud, 296 metros; anchura, 8.—Montera: parte de la Puerta del Sol y termina en las calles de Fuencarral y Hortaleza; longitud, 333 metros; latitud, 19. — Huertas: empieza en la plaza del Angel y concluye en el paseo del Prado; longitud, 642 metros; anchura, 11.—Preciados: entra en la Puerta del Sol y sale á la plaza de Santo Domingo; longitud, 530 metros; anchura, 5.—Calle del Prado: empieza en la plaza de Santa Ana y concluye en la de las Cortes; longitud, 312 metros; anchura, 8.—Carmen: tiene su entrada por la Puerta del Sol, y la salida á la plaza del Callao; longitud, 376 metros; anchura, 6.—Santa Isabel: da principio en la plaza de Antón Martín y concluye en la calle del Hospital; longitud, 554 metros; anchura, 12.—Calle de Toledo: parte de la plaza de la Constitución y termina en la puerta de su nombre; longitud, 1.008 metros; anchura, 18.—Magdalena: empieza en la plaza del Progreso y acaba en la de Antón Martín; longitud, 550 metros; anchura, 11.—Mesón de Paredes: comienza en la citada plaza del Progreso y termina en el Barranco de Embajadores; longitud, 810; anchura, 7.—Por último, la magnífica de Alcalá, que se extiende desde la Puerta del Sol á la plaza de la Independencia, sobre una longitud de 1.285 metros lineales y una anchura media de 32; las hermosas y elegantes casas que la forman, y las anchísimas aceras y calles de árboles que la adornan, la harían una de las mejores de todas las capitales de Europa si estuviese unida y hubiera más igualdad en los edificios y en el pavimento; pero perjudican notablemente á su belleza la pesada cuesta que forma desde las inmediaciones del Prado hasta más allá de su mitad, para volver á descender cerca de la Puerta del Sol; la figura piramidal, que presenta en todo su largo, y la curva que describe desde la embocadura de la calle de Peligros. 69. Palacios, monumentos y edificios públicos y particulares.—Dada una idea general del casco de la población, pero suficiente para que se comprenda su importancia, pasaremos á describir particularmente sus palacios y monumentos más famosos y á enumerar sus edificios más notables; que en este punto es MADRID bastante rico para no tener que envidiar á las capitales extranjeras. 70. Palacio real.—Situado en la parte más occidental de la villa, elévase imponente y majestuoso sobre la misma área que antes ocuparan el famoso y vetusto alcázar de Madrid y el palacio-fortaleza edificado después por los monarcas Carlos V y Felipe II. Reseñaremos ligeramente, bajo su triple aspecto, las vicisitudes y transformaciones que ha experimentado este grandioso é histórico monumento. 71. El alcázar de MapriD.—La historia de su origen ó fundación es muy oscura. El primer indicio cierto acerca de la antigüedad de este notable edificio, que unos atribuyen á los moros, y otros á Don Alfonso VI, aparece en tiempo de Don Pedro I de Castilla, quien lo reedificó y amplió convenientemente, dándole una grande importancia. Bajo el reinado de Enrique II sufrió un horroroso incendio; en 1389, León V, rey de Armenia, á la sazón señor de MADRID, mandó reedificar las torres del deteriorado alcázar, al cual dió Enrique III, en 1405, alguna forma de palacio, añadiendo nuevas torres, en donde depositó los tesoros que hizo restituir á los grandes. Un terremoto, que se dejó sentir en 1466, arruinó parte del regio alcázar madrileño; el cual, reparado y aun mejorado después por Enrique IV, situado entre precipicios y cuestas y asegurado con varios cubos y torreones, llegó á ser una fortaleza inexpugnable, como lo demostró la obstinada resistencia que, á su abrigo, opusieron los 400 hombres escogidos por los partidarios de Doña Juana la Beltraneja al aguerrido ejército de Isabel la Católica. 72. Palacio antiquo.—Al llegar más tarde á MApriD el emperador Carlos V, como cobrara afecto á la población por lo saludable de su clima, determinó algunos años después reedificar y ampliar el alcázar. Era éste por entonces, como ya hemos indicapo, más que palacio, una fortaleza; apenas ocupaba más terreno que el de su perímetro y cercábanlo: por el Este, varias casas, algunas de ellas, de aspecto miserable; por Norte y Oeste, cuestas y precipicios, y por el Sur, la parroquia de San Miguel, que era pequeña, muy antigua y estaba delante de la puerta del alcázar; por cuyo motivo fué demolida, para dar ensanche á las proyectadas obras del Emperador, siendo trasladada, bajo el nombre de San Gil, á un punto inmediato. Dirigidos alternativamente los trabajos, desde el año de 1537, por el célebre Covarrubias y Luis de Vega, se renovó la capilla, se levantaron dos torres é hiciéronse varias habitaciones y patios con galerías de columnas, sobre las cuales volteaban diferentes arcos, en cuyos lunetos campeaban escudos de armas imperiales. En 1543 sali; de España el Emperador, dejando el gobierno del reino á su hijo el príncipe Don Felipe; no bien subió éste al trono, por abdicación de su padre, cuando prosiguió con singular empeño las comenzadas obras, y se compraron los terrenos necesarios para hacer plazas, jardines, parques y caballerizas; en cuyas adquisiciones iba incluído el Campo del Rey, nombre que se daba al espacio comprendido entre el alcázar y la puerta de la Vega. Entre las obras llevadas á cabo durante el reinado de aquel monarca, figuran una galería en la fachada del Occidente y varios salones magníficos. Los monarcas austriacos, que sucedieron á Felipe, continuaron embelleciendo el alcázar; sin embargo, las noticias que sobre las obras se conservan, son escasísimas; sábese únicamente que, en 1606, al regresar la corte de Valladolid, hizo Felipe III, entre otras reformas, el arreglo de los pasadizos; en 1608, se aumentó el aposento de la reina, el cual se tasó en 200.000 ducados, por lo que se impuso á la villa una sisa sobre los comestibles; se habla de algunos frescos de Lucas Jordán, pintados en la capilla real, y de una estantería de nogal tallado; y consta igualmente que la fachada prineipal, hecha de sillería en el primer tercio del siglo XVII, era extensa, suntuosa, de muy buen gusto y daba al Sur, como la primitiva del mismo alcázar y la del actual palacio. El aspecto de las otras, á pesar de sus antiguos cubos, no ofrecía nada notable: unus pueredes eran, de tierra y otras de argamasa, sin orden ni simetría en los huecos, pisos y tejados. Un pórtico conducía á dos grandes patios con arcos, sobre los cuales había terrazas adornadas de tiestos y estatuas de mármol. En el fondo se veía la escalera principal, que era anchísima, con los pasamanos de piedra azulada y adornos dorados: daba acceso á la sala de guardias, en donde daban la suya las tres compañías de la cuchilla, los borgoñeses, los flamencos, los alabarderos españoles y los tudescos. El edificio tenía suficiente extensión, pues contenía dentro de su recinto las siguientes habitaciones: en el patio principal se hallaban establecidas diferentes dependencias del Estado. como los Conseios de Castilla. de Aragón, de Portugal, de Italia, de Flandes y de las Indias; en los aposentos bajos, llamados covachuelas, que, aunque espaciosos, eran bastante oscuros, trabajaban los llamados covachuelistas; y en una de aquellas bóvedas, algo más decente, aderezada con algunas sillas, varias papeleras y una mesa de despacho, tenía el suyo el secretario de Estado. En el primer corredor del piso principal se hallaban la capilla y las habitaciones de la familia real; más adelante, una sala de 47 metros de longitud por 9 de latitud, la cual estaba destinada para comer el rey en público, para recepción de los embajadores, para las ceremonias oficiales, para la represen
tación de comedias, para máscaras, torneos y fiestas. Después de algunas salas, seguían los aposentos del monarca, un pasadizo secreto, adornado de estatuas, por el que se bajaba al Campo del Moro y Casa de Campo; la galería del Cierzo, sobre la cual se hallaba la torre que sirvió de cárcel á Francisco I; luego el salón donde se reunían las Cortes; y, por último, los cuartos de la reina y de los príncipes, varias salas, oratorios, retretes y viviendas para las damas. En otro patio estaban los departamentos de los infantes de Castilla y el guardajoyas. El palacio contaba 560 aposentos y numerosas puertas, casi todas pequeñas y mezquinas. En 1622 se abrieron las escuchas ó ventanillas para que el rey oyese, sin ser visto, los debates y las decisiones de los Consejos; en 1639 se doró el salón, supónese que el de Embajadores; se ensancharon las claraboyas para darle más luz y se adornaron las paredes, con mármoles y jaspes, y la bóveda con pinturas. Estas obras, según refiere un autor, costaron 19.000 escudos, la vida de dos hombres y las piernas y los brazos de otros cuatro, que cayeron de un andamio. Un detalle falta exponer para terminar esta reseña histórica. El exterior de este alcázar, si se exceptúan la fachada del Mediodía y la torre llamada de Carlos V, era desagradable y carecía de todo mérito; pero atesoraba el interior grandes riquezas en adornos y pinturas, y se hallaba colocado entre los deliciosos jardines del Parque y la Priora, en tanto que, por el Norte, carcomían sus muros al descubierto todas las aguas inmundas de Madrid, como lo prueban las siguientes frases: «Bien manifiesto »está que por la parte del Norte (in »mediato al real palacio) transitan »descubiertas todas las aguas impu »ras que bajan de MADRID, cuyos va »pores, que no se puede dudar exha »lan y se introducen en él, es innega »ble sean muy ofensivos.» En estos términos se expresaba el ingeniero don José Alonso de Arce en las «dificultades vencidas para la limpieza y aseo de la Corte;» memoria que sometió á la censura, en 1734, y se hallaba en prensa, cuando tuvo lugar el famoso siniestro que destruyó el alcázar. En efecto, la noche de Navidad del referido año, en ocasión en que los monarcas se habían trasladado al palacio del Buen Retiro, un voraz incendio, cuya causa no ha podido averiguarse, auxiliado por un viento impetuoso, redujo en breve espacio á un montón de escombros y de cenizas «el insigne y ricamente adornado palacio,» como decía la Gaceta de Madrid de á de Enero de 1735. 73. El Palacio nuevo.—No pareciendo digno de la grandeza del soberano de España el modesto edificio del Buen Retiro, única residencia que le quedaba después de la completa desaparición del antiguo alcázar, formó Felipe V el proyecto de construir un palacio que aventajara en extensión y magnificencia á los mejores de Europa. Al efecto, hizo venir de Turín y encargó los planos del nuevo edificio al abate don-Felipe Jubara, muy conocido por sus notables obras ejecutadas en aquella ciudad, en Roma y Milán. Eligió el famoso arquitecto las excelentes alturas que actualmente ocupa el barrio de Pozas y parte de la Moncloa, para levantar un magnífico palacio cuadrado, de 473 metros por cada fachada, ó sea una superficie de 233.729. El edificio, según el proyecto del citado artista italiano, contaba 34 entradas, 23 patios, 2.000 columnas, otras tantas estatuas, vastísimos jardines, espaciosos locales para los Consejos, secretarías de Estado, biblioteca, iglesia, teatro; y tanto éstas como las demás partes principales, así como las accesorias y de ornato, debían guardar la más perfecta armonía con la grandiosidad del conjunto. Consideradas las obras de una magnitud extraordinaria y de una ejecución costosísima, desecharon los reyes el proyecto de Jubara, el cual murió de pesadumbre, según es fama. Bajo la dirección de este arquitecto y con arreglo á la traza que había delineado, se hizo un precioso modelo de este palacio, minuciosamente ejecutado en madera, que aun se conserva en el museo de artillería. Reemplazó á Jubara su discípulo y compatriota don Juan Bautista Sacheti, á quien se impuso por principal condición que el nuevo palacio había de levantarse sobre la misma área del antiguo alcázar, que era el punto designado por el rey Felipe. Aprobados los planos de Sacheti, empezáronse las obras del nuevo edificio, cuya primera piedra, que era de granito, se puso en 7 de Abril de 1738, en el centro de la fachada del Mediodía, á I1 metros de profundidad, contados desde la superficie de la plazuela; asistió al acto procesionalmente el arzobispo de Tiro con la capilla real, mientras que el marqués de Villena, duque de Escalona, introdujo en nombre del rey una caja de plomo, que contenía monedas de oro, plata y cobre de las fábricas de MADRID, Segovia, Méjico y Perú, en un hueco de la mencionada piedra; sobre la cual se grabó la siguiente inscripción: Ædes Maurorum quos Henricus IV composuit. Carolus V amplificavit. Philippus III ordenavit. Ignis consumpsit octavo kalendas Januarii Anno MDCCXXYIV. Tandem Philippus V spectandas restituit æternitate. Anno MDCCIXXVII. Bendijo luego el prelado la piedra fundamental y todo el terreno que comprende tan suntuosa fábrica, con las ceremonias de costumbre, hallándose presentes el arquitecto Sacheti, el duque de Montemar, como testigo, y otras muchas personas distinguidas. 74. Duración y costo de las obras.— Examinados escrupulosamente, año por año y número por número, las Gacetas y Mercurios de aquellos tiempos, resulta: que desde Julio de 1735, época en que aparece que regresó la corte de Sevilla, hasta el 1.° de Diciembre de 1764, en que, al volver del Escorial, se instaló la real familia en el nuevo palacio, vivieron en el sitio del Buen Retiro, Felipe V, Fernando VI y Carlos III, todas las temporadas que pasaron en MADRID, asistiendo á la tribuna y á las capillas públicas en la iglesia de San Jerónimo; de modo que, según estos datos fidedignos, puesto que la Gaceta da siempre de oficio el punto en donde el rey se encuentra, el nuevo palacio tardó en estar habitable, contando desde el 7 de Abril de 1738, en que se puso la primera piedra, hasta el referido 1.° de Diciembre de 1764, en que se inauguró, veintiséis años, siete meses y veintitrés días.—En cuanto á las cantidades invertidas en su construcción, las cuentas presentadas por la Tesorería, desde el 7 de Enero de 1737, en que empezó la demolición del antiguo alcázar, hasta 1808, en que rindió la última, arrojan un total de 298.820.785 reales 31 maravedises (cerca de trescientos millones en números redondos). 75. Materiales empleados en la construcción.—La cornisa, las columnas, las pilastras, las jambas, los derechos, los frontis de las ventanas; en una palabra, todo lo que aparece de relieve y esculpido, es de piedra blanca de Colmenar; el resto de la fábrica, de granito ó piedra berroqueña; las puertas y las ventanas, por lo general. de caoba; la cubierta, de plomo; lo demás, de hierro. 76. Exterior del Palacio.—La planta de este grandioso edificio forma un cuadro: sus ángulos están flanqueados de cuerpos salientes que, á manera de pabellones, cortan la linea horizontal, los cuales sobresalen ó metros y tienen 26 de frente, constituyendo un todo aislado, que se compone de cuatro fachadas. Miden éstas 131 metros cada una y son casi idénticas en su arquitectura; diferenciándose sólo en la elevación, que es aproximadamente: en las del Sur y Este, de 28 metros; en la del Norte, de 42, y en la del Oeste, de 56; único modo con que se pudo remediar el enorme desnivel del suelo y dar al edificio una altura general. La fachada principal del palacio da su frente al Mediodía, y consta de piso bajo, primero, segundo y sotabanco. Desde el plan terreno de la plaza se levanta un cuerpo senci Ilo almohadillado, que forma el zócalo, sobre el cual se eleva el cuerpo superior; el centro de cada una de las fachadas y los resaltos ó pabellones de los ángulos están adornados de medias columnas estriadas de orden jónico compuesto, las cuales se ven reemplazadas en los demás entrepaños por pilastras dóricas. Unas y otras sostienen la cornisa superior, sobre la que corre una balaustrada, interrumpida á trechos por varios pedestales, que adornan hoy grandes jarrones, y que antiguamente coronaba una colección de estatuas de TOXOmI
reyes, desde Ataulfo hasta Fernando VI. En los espacios comprendidos entre las columnas ó las pilastras, se ven varias ventanas de forma diferente: las del cuarto bajo tienen guarda polvos; las del principal, jambas y frontispicios triangulares y circulares alternativamente, con molduras, labores, resaltos, mascarones y conchas en los tímpanos; las de los pisos superiores son oblongas y sin ornamentación. Los tres huecos de en medio del cuarto principal dan salida á un balcón sostenido por cuatro columnas dóricas y rodeado de una balaustrada de piedra; sobre el medio punto del vano central, se ve la España en un medallón de escultura, y debajo de éste, el río Tajo y la siguiente inscripción: Contulit Augustus generat qui cuncta regant. En el centro y parte superior de la fachada, se levanta un ático con una esfera de reloj en medio; encima, un escudo de armas, y á los lados, el sol recorriendo el zodíaco. Las tres fachadas restantes son idénticas á la referida en forma y ornato, hallándose los pisos de las cuatro en un mismo plano horizontal y terminando con una cornisa y balaustrada generales; pero el gran desnivel del terreno hizo necesario, en las dos bandas de Occidente y Norte, un cuarto inferior al piso bajo, que se extiende también, aunque poco, por el lienzo de Oriente. Para encontrar terreno firme por Poniente y en la arroyada que anteriormente corría por el Norte del cerro, levantáronse desde el Campo del Moro monstruosos murallones de contención, que llegan hasta el ángulo de las Caballerizas y calle de Pavía, y se formaron por Occidente rampas que conducen á los jardines, y cuyo pequeño desarrollo las condenó á ser violentas y pendientes, y se sobrepusieron grandes galerías subterráneas, que tienen su asiento en el nivel del Manzanares. La única diferencia que se nota en las cuatro fachadas referidas consiste en que las de Oriente y Occidente presentan el balcón central, sostenido por ménsulas, mientras que el del lienzo del Sur lo está por columnas, y, finalmente, en que el resalto central de la fachada del Norte, en donde se encuentra la capilla, es de cinco intercolumnios. La ornamentación que decora esta colosal fábrica es bien escasa, pues toda ella se reduce al medallón de España y el río Tajo ya mencionados, en la plazuela principal; san Andrés y Gedeón, en los referidos intercolumnios centrales de la banda del Norte; unos grandes escudos de armas, situados sobre la cornisa en el medio de las cuatro fachadas, y varios bustos colocados en los remates acuartelados que terminan los pabellones de las esquinas. 77. Puertas.—Seis son las principales que conducen al interior de este magnífico palacio: una, llamada del Principe, en la fachada oriental, y cinco, en la meridional; todas, con arco de medio punto. Las tres centrales, que llenan los intercolumnios sobre que descansa el balcón principal, abren paso á un espacioso atrio de planta elíptica, con dos puertas en los extremos del eje mayor y vano rectangular, sobre el que se distingue en cada una, bajo un medio punto, un escudo de armas reales. 78. Interior del Palacio.—Por estas puertas, que contienen columnas anichadas, se comunica el mencionado atrio con otros cuadrados, que se encuentran en las puertas colaterales, constituyendo todos ellos un suntuoso y dilatado vestíbulo, de cuyo centro se pasa á un pórtico adornado con columnas estriadas, en donde toman el coche los monarcas. Dando el frente á la escalera principal, hay una estatua de Carlos III, ejecutada en mármol blanco, con armadura y manto á la romana. El atrio central y el pórtico se hallan cerrados con vidrieras. 79. Patio.—Por este último se penetra en el patio principal, que es cuadrado: tiene 1.121 metros de superficie y se halla circuído de otro pórtico y una galería con nueve arcos de frente en cada lado. El referido pórtico aparece decorado con pilastras dóricas sobre las que se encuentran otras de orden jónico moderno, que adornan la galería superior, cerrada con grandes vidrieras, propiamente tales, en cuyo cornisamento sienta una balaustrada, la cual hace oficios de antepecho al espacioso terrado que se extiende por toda la crujía. Inmediatos al patio que acabamos de describir, ha y otros dos pequeños en comunicación con aquél, los cuales corresponden á los ángulos Nordeste y Noroeste del palacio. 80. Escaleras.—Una de las partes más notables de este edificioes. sin disputa, la escalera principal. Hállase en un anchuroso pórtico, de que ya hemos hecho mérito, y se compone de tres ramales con mesillas intermedias: uno, de subida, en el centro, y dos de bajada, en los costados. Estas escaleras conducen paralelamente á la sala que se llamó de Guardias. Los peldaños forman una subida muy suave; y tanto éstos como las balaustradas y los dos leones que sobre pedestales adornan la mesilla general, son de rico mármol blanco y negro. La suntuosa caja de esta magnífica escalera aparece decorada por doce columnas estriadas de orden compuesto, que sientan sobre un zócalo general, y cuyos capiteles ostentan hermosos castillos, leones y collares del Toisón de Oro. Cierra la citada caja una vasta y elevada bóveda de ladri Ilo, enriquecida con molduraje tallado y dorado en los perfiles de los lunetos y recuadros de los entrepaños; adornada de florones, trofeos y otros objetos de excelente éfecto y embellecida de numerosas pinturas al fresco, ejecutadas por Corrado Giaquinto, entre las cuales figura una en que aparece la España, en traje de heroína, con espigas en la mano derecha y un dardo en la izquierda, y seguida de la Providencia, la Constancia, la Integridad y el Celo religioso, rindiendo sus homenajes á la Iglesia católica. Grandes claraboyas simétricas, abiertas sobre el cornisamento, iluminan convenientemente la preciosa escalera en cuestión. Aparte de ésta, cuéntanse sobre 25, en esta forma: dos, de segundo orden; una, en el ala del Este, en el ingreso de la puerta del Principe, que termina en el piso de la galería alta, y otra, estrecha, de dos ramales, en la del Oeste, que conduce desde el piso bajo á la terraza; cuatro, de servicio; cuatro, reservadas, en cada uno de los cuatro pabellones de los ángulos; y varias, secretas; cuatro, en el lienzo del Mediodía; cuatro, en el del Norte; tres, bajo la escalera principal; y una, en la capilla. Por todas ellas se desciende hasta el Campo del Moro. 81. A posentos reales.—Todas las habitaciones interiores del palacio que nos ocupa, particularmente las que se hallan situadas en el piso principal, están decoradas con una magnificencia extraordinaria. Hermosas esculturas y bellísimos frescos, que representan en su mayor parte asuntos mitológicos, adornan las bóvedas y enriquecen los salones del suntuoso edificio, guardando perfectamente armonía con las preciosas telas de las paredes, la exquisita colección de mármoles del pavimento, de las jambas y dintéles de las puertas, de los frisos y chimeneas; los caprichosos adornos de las salas y las magníficas colgaduras y tapices; admirándose por último, en toda clase de muebles, lo más primoroso y delicado que ha producido el arte. Entre los cuadros que todavía se conservan, son verdaderamente notables el Descendimiento y el Padre Eterno, ejecutados por Mengs; los cuatro doctores de la Iglesia latina, por Guercino; algunas obras bellísimas de Rubens, Murillo, Jordán, Sneyders y Goya, y varios de los pintores contemporáneos, Madrazo, Ferrant, Esquivel, Villamil y otros no menos estimables. En los lienzos de Oriente y Occidente de la galería, hay primorosos gabinetes con pavimentos de mármoles, caprichosamente adornados de estucos, espejos y otros ornamentos; la última sala, del lado del Mediodía, ostenta en su espaciosa bóveda estucos chinescos, imitando el dibujo de éstos los mármoles del solado; y en la banda del Oriente, se ve un gabinete llamado de la China, por hallarse sus paredes cubiertas de vistosas porcelanas. Pero los departamentos más vastos, ricos y majestuosos de todo el palacio, son el salón de Embajadores, ó del Trono, el de Columnas y la Capilla, á los cuales vamos á consagrar algunas palabras. 82. Salón de Embajadores.—Ocupa este anchuroso y regio salón el centro de la fachada principal, que da al Mediodía, y se halla perfectamente alumbrado por cinco balcones con vistas á la plaza. Las paredes de esta regia
estancia están vestidas de terciopelo carmesí, bordado de oro, y entre los muchos objetos de inestimable valor que la adornan, figuran doce magnificos espejos, colocados sobre costosas mesas, algunos bustos de mármol y otros objetos de gran valor, y las dos elegantes y hermosas arañas que penden del techo. En los ángulos resaltan cuatro medallones dorados, contenidos en grandes conchas y con dos estatuas en cada uno, mayores que el natural: en el primero se hallan representadas el Agua y la Primavera; en el segundo, el Aire y el Estío; en el tercero, el Fuego y el Otoño; en el cuarto, la Tierra y el Invierno. Las estaciones se hallan figuradas por medio de cariátides. Sobre una puerta de comunicación aparece pintada la Abundancia en un gran óvalo sostenido por dos genios; y en otro óvalo, situado en el lado opuesto, el Mérito y la Virtud. La pintura de la bóveda representa la monarquía española, ensalzada por los seres poéticos, asistida por las Virtudes y rodeada de sus Estados en los dos hemisferios. En un trono, á cuyos lados se ven Apolo y Minerva, está sentada majestuosamente la Monarquía; inmediata á ella, la ciencia del Gobierno; en el extremo opuesto, la Paz y la Justicia, y por el aire, la Virtud. La Abundancia y la Clemencia forman entre otras figuras, un grupo sobre nubes; cruza toda la bóveda el arco iris, y entre éste y el gran círculo de nubes, rodeado de genios, que cubre la Monarquía y delante del cual vuela Mercurio, se distingue un jeroglifico de la Paz.
Eolo, Júpiter, Minerva, Baco, el Océano y su esposa Tetis, Flora y Céfiro, Neptuno, Vulcano, Venus, Apolo y Marte, constituyen otros hermosos grupos que, envueltos tambien entre nubes y á distancias diferentes, circuyen el mencionado trono de la Monarquía española. En la misma bóveda hay una alegoría en elogio de Carlos III, formada por la Magnanimidad, con la Gloria á la derecha; la Afabilidad, á la izquierda; y un poco más allá, el Consejo. La Fe, colocada en un trono de nubes, aparece acompañada de la Esperanza, la Caridad, la Prudencia, la Fortaleza y la Victoria; tiene á su izquierda un altar con fuego y un genio lleva una cadena con un medallón para premiar las Nobles Artes. Como atributo de la Gloria, hay cerca de la matrona, que la representa, una pirámide, en cuya parte inferior se lee la siguiente inscripción: ARDUA QUÆ ATTOLLIS MONUMENTA ET FLECTIER AVO NESCIA TE CELEBRANT CARÔLE MAGNANIMUM Sobre la cornisa están representadas las provincias de la Monarquía española. Frente al balcón del medio de la fachada principal y en el centro de la pared, que da á la antigua sala de Guardias, se levanta el trono, cubierto con un rico dosel de terciopelo carmesí, bordado de oro. A la derecha se ve la estatua de la Prudencia; á la izquierda, la de la Justicia, y en los dos ángulos, que trazan las gradas, cuatro leones de bronce dorado. La bellísima y complicada pintura que enriquece la bóveda de este soberbio salón, fué ejecutada por don Juan Bautista Tiépolo, hábil artista de la escuela veneciana; la escultura, por don Roberto Michel. La regia estancia cuya descripción terminamos, está considerada como la mejor de todo el palacio y una de las primeras de Europa. 83. Salón de Columnas.—Doce columnas, arrimadas á pilastras, con los caprichosos capiteles de castillos, leones y collares del Toisón de Oro, de que ya hemos hecho mérito, adornan este magnifico salón, cerrado con una elevada bóveda de ladrillo, embellecida con tallas doradas é iluminada con grandes claraboyas. En el centro hay una alegoría pintada al fresco por Corrado Giaquinto, la cual representa la salida del sol, á cuya presencia se agita y alegra toda la Naturaleza. En la parte superior aparece Apolo radiante en un carro de nubes, tirado por cuatro caballos; precédele la Aurora, rodeada de ninfas que van esparciendo flores, distinguiéndose detrás parte del zodíaco, con los signos correspondientes á Febrero, Marzo, Abril y Mayo. Céfiro detiene los vientos fuertes. Por debajo se destacan varios grupos: Ceres, simboliza el Estío; Baco, sentado sobre un jumento, que está echado en el suelo, representa el Otoño; Venus, la Primavera, y Vulcano, el Invierno. Entran igualmente en la composición Diana y Par con su caramillo, y en la base aparece Galatea en el mar con tritones y nereidas. Esta hermosa sala sirve para bailes, y en ella se celebra la ceremonia de servir el monarca la mesa á doce pobres y lavarlos y besarles un pie el día de Jueves Santo, terminados los oficios. Sobre la puerta que comunica con la antigua sala de Guardias, hay una medalla ovalada, sostenida por un león y rodeada de niños con palmas y guirnaldas, en la cual pintó el mencionado artista la Majestad de España. 84. Capilla. —Se encuentra en el centro de la fachada del Norte, al nivel ’delnas'nàbitaciones reles. La pianta presenta en el centro la figura de una elipse, con dos grandes nichos en los extremos de su eje mayor; á un lado se ve otra elipse menor, que forma la entrada, y al frente de ésta, una semielipse. Su decoración consiste principalmente en 16 columnas de mármol negro y de una sola pieza: estas columnas y las pilastras tienen capiteles dorados de orden corintio, y sobre unas y otras corre el cornisamento. Los cuatro arcos torales están dorados, y en las bóvedas hay florones y otros ornatos, alternando con estucos, que imitan mármol blanco. Corona y cierra el cruce una media naranja, compuesta de un ático decorado exteriormente por ocho flameros é iluminado por cuatro grandes claraboyas, adornadas por el interior, como los macizos que hay entre ellas, de bien trabajadas esculturas. Elévase el mencionado ático sobre la cubierta del edificio, y en él sienta la semiesfera, que es una rosca de ladrillo pintada al fresco. En el coro principal se ven varias figuras alegóricas con molduras doradas al rededor, y en el otro coro, sobre el altar mayor, á Jesucristo con el Padre Eterno y unos ángeles. Decoran la entrada de este sagrado recinto cuatro evangelistas colocados en hornacinas á los extremos de la elipse, que forma el ingreso. Dos ángeles sostienen dos grandes lámparas de bronce á los lados del presbiterio, y pendiente del anillo de la cúpula se ve otra de plata en el centro. La mesa del altar y sus correspondientes gradas han sido labradas de ricas piedras, al par que bellísimos frescos y hermosas esculturas enriquecen esta regia capilla. Además de las tribunas reales, hay otras varias repartidas por las paredes cerca del cornisamento. La cruz que se eleva sobre la media naranja, fué colocada en 1757: contiene en el centro de los brazos uh pomo circular de bronce dorado, y en su circunferencia, que encierra varias reliquias, se lee la siguiente bella inscripción de Iriarte: INTUS SACRA LATENT PARCE PROCELLA SACRIS. ANNO 1757. 85. Una anécdota.— Terminamos la imperfecta descripción de esta regia morada, tan notable por la magnitud y solidez de su construcción como por las muchas riquezas y preciosidades que contiene, con la siguiente anécdota: cuéntase que, subiendo Napoleón I las suaves gradas de la escalera principal de este palacio, dijole á su hermano José, admirado de la suntuosidad del edificio y de su excelente distribución: «Tenéis mejor alojamiento que yo.» 86. Palacio del Congreso.—El 21 de Marzo de 1842 dió principio la demo lición de la iglesia y convento que había sido de PP. del Espíritu Santo, y en 10 de Octubre de 1843, día del natalicio de la reina Doña Isabel II, puso ésta la primera piedra del edihĉio que nos ocupa, depositándose seguidamente en un arca de plomo varias monedas de oro, plata y cobre, los periódicos del día, un ejemplar de la Constitución de 1837, la Guía de forasteros y la paleta de plata que sirvió á S. M. para echar el material del primer cimiento. Las obras, presupuestadas en 14.800.000 reales, quedaron terminadas en 1850, bajo la dirección del arquitecto don Narciso Pascual Colomer, autor del proyecto aprobado por la Academia de Nobles Artes de San Fernando. El edificio está construido en el solar que ocupaba el convento antes mencionado, sobre una superficie de 11.895 metros: comprende ocho lados, todos en
ángulos rectos, dando su frente á la plaza de las Cortes. La línea de esta fachada principal tiene 55 metros; las de las calles del Florín y Floridablanca, 57 cada una; y 13, las dos que vuelven al testero, contando seis el saliente del centro y 29 de extensión. La construcción es, en general, ladrillo sobre bóveda de rosca; la fachada principal, toda de piedra de granito con ventanas intermedias del almohadillado corrido: las repisas, jambas, dintel, friso y guardapolvo, son de piedra calcárea de color blanco; las tres fachadas restantes, de ladrillo, decoradas en armonía con todo el edificio. El pórtico de la fachada principal, al que da subida una escalinata, consiste en un cuerpo saliente, compuesto de seis columnas corintias y estriadas con sus respectivas contrapilastras, notándose en los capiteles de las primeras, cabezas de leones en vez de la flor del abaco. Sobre este pórtico sienta el cornisamento, cuyo friso y arquitrabe se ven interrumpidos por la lápida de mármol, en que se lee la sencilla inscripción de: Congreso de los Diputados, terminando el todo de este elegante cuerpo con un frontispicio triangular, en cuyo tímpano hay un bajo relieve, en el que aparece la España abrazando la Constitución del Estado, rodeada de la Fortaleza y la Justicia; al lado de aquélla están las Bellas Artes, el Comercio, la Agricultura, los Ríos y Canales de navegación; inmediato á la Justicia se halla el Valor español, que sirve para sustentarla; las Ciencias, que aseguran la Industria y la Navegacion, fomentadas por la Paz y la A bundancia, que completan la alegoría. Los dos leones, colocados en los extremos de la escalinata, han sido fundidos con el metal de bronce, procedente de los cañones tomados á los enemigos en la guerra de Africa: fueron fundidos en Sevilla en la fábrica de la Nación; pesan 2.300 kilogramos, el uno, y 2.668 el otro, y son de una sola pieza, excepto las colas. La planta en general está sobre una de las mayores vertientes de MADRID, cuyo desnivel, en sentido longitudinal de la fachada que hemos descrito, es próximamente de cuatro metros. En el piso bajo se hallan los sótanos para el cuerpode guardia, algunas habitaciones de dependientes, almacén de objetos útiles y de uso periódico y hornillos para los caloríferos: la segunda planta está destinada al objeto principal; en su centro se encuentra el gran salón de sesiones, de l.811 metros superficiales; la sala de conferencias, y otras cuatro más pequeñas para gabinetes de lectura, recibo ó audiencias de los diputados, el vestíbulo principal, la secretaría, el archivo, la sala de presupuestos, el gabinete del presidente y el del Ministerio; la tercera, comprende las salas de las comisiones y habitaciones de los empleados de la casa que viven en ella; y la cuarta, ó sotabanco, las de los dependientes subalternos. La sala de sesiones es semicircular; tiene 31 metros de diámetro, prolongados sus extremos paralelamente, y el testero, 11: cierra el salón una bóveda rebajada, de cuyo centro pende una elegante lucerna en forma de abanico: los escaños de los diputados están dispuestos en anfiteatro; son de caoba maciza, forrados de terciopelo color de guinda, numerados los asientos y cada uno de los cuales tiene un pupitre, escribanía y un cajón para guardar papeles. Forman las galerías de las tribunas unas columnas de hierro, blanco y oro, en las que se ven enlazados, por orden alfabético, los escudos de las 49 provincias de España. La curva de la bóveda mide nueve metros de altura en toda la extensión de la sala: ésta se halla revestida de escayola, imitando mármoles, y, como el plano que forma el techo, riquísimamente decorada de pinturas de Rivera, en las cuales se ven representados los legisladores griegos, romanos, godos y aragoneses que más se distinguieron en estas cuatro grandes épocas de la civilización europea. El decorado de los demás departamentos que componen este edificio, se halla á la altura del salón que dejamos descrito. 87. Palacio del Senado.—Se denominó en su primitivo origen Colegio de Doña Marta de Aragón, quien lo fundó en el sitio Ilamado entonces Vistillas del Río, siendo dama de la reina Doña Ana, cuarta esposa de Felipe II, para casa de religiosos agustinos calzados. Demolida la mencionada iglesia y levantado el edificio actual, sirvió de salón de sesión á la Cámara única que existió desde 1820 al 23; y en los postreros años de Fernando VII estuvo abierto como iglesia hasta 1835, en que se instaló en ella el Senado. La fachada del salón en que celebra sus sesiones esta aristocrática Cámara, da frente á la calle de la Encarnación y consta de un solo cuerpo, decorado por cuatro pilastras con capiteles caprichosos, coronando el todo un frontispicio triangular con un bajo relieve en el tímpano, que representa á Isabel II en un solio, con el león á los piés y varias figuras alegóricas al rededor. Adornan el indicado frontispicio tres ornatos de escultura, uno en el vértice y los restantes en los extremos; consiste el primero en un pequeño grupo, que contiene el busto de Isabel la Católica con varios trofeos, y simbolizan los otros las armas de Castilla, representadas por medio del castillo y del león. La planta del salón de sesiones es elíptica y de regular extensión y forma, y está decorado con ocho columnas anichadas de orden jónico moderno. Enfrente de la puerta y hacia el extremo del eje mayor de la elipse, se ve el trono con un rico dosel de terciopelo, y distribuidas por las paredes del salón varias pequeñas tribunas con arco recto, y otra mayor, destinada para el público, frente al dosel. Todo el adorno de este salón y de su fachada es de yeso: de modo que, tanto por su arquitectura como por los materiales empleados en su construcción, el edificio carece de toda importancia, fuera del objeto á que está destinado. 88. Casas Consistoriales.—La primera reunión que celebró el Ayuntamiento en la casa que en la actualidad ocupa, tuvo lugar el día 19 del mes de Agosto del año de 1619. Anteriormente á esta fecha, según consta en un libro de acuerdos de MADRID desde 1462 á 1485, los concejos de la villa se celebraban á campana tañida; unas veces en el Mirador del Rey, otras, en la Cámara claustra de la iglesia de San Salvador, situada sobre el pórtico de esta parroquia, como así lo refieren Quintana y Baena, citando el primero un documento que se menciona en el apreciable Manual doer senor Mesonero Romanos, y en el que se expresa con fecha ó de Octubre de 1503, que para otorgar unos acuerdos sobre cambios de terrenos, estaba reunido el concejo «en la sala que es encima del portal de la iglesia de San Salvador de la dicha villa, según que lo hen de uso y costumbre.» Atendido su forma y ornato, el edificio que nos ocupa debió construirse en el mismo siglo en que se celebró en él la primera reunión que ya hemos indicado. Consta aquél de dos pisos, bajo y principal, decorado éste con frontispicios triangulares; en cada uno de los extremos se eleva una torre cuadrada, cuyo balcón adorna un frontón semicircular, terminando el todo con un capitel. La fachada, que da á la calle de la Almudena, es menos extensa que la referida y tiene igualmente dos torres con un peristilo, formado por seis columnas y dos pilastras dóricas de granito en el piso principal, las cuales sostienen una cornisa que ata con la general del edificio. En el capitel, que corresponde á la torre de la esquina de la plazuela y calle de la Almudena, se ve el reloj que había en la torre de San Salvador, llamada antiguamente atalaya de la villa, y que fué derribada con la iglesia de aquel nombre. En el interior hay un pequeño patio con pilastras, una espaciosa escalera de piedra y varias salas; entre ellas, la de Columnas, llamada así por las dos que se ven en el testero, y la modernamente habilitada para sesiones; contigua á ésta se encuentra un pequeño oratorio, recientemente restaurado, cuyas bóvedas, pintadas al fresco por don Antonio Palomino, répresentan, entre otros asuntos sagrados, varios pasajes de la vida de san Isidro. El resto del edificio es bastante irregular y poco notable, habiendo servido durante algún tiempo de cárcel pública. 89. Diputación provincial.—Hállase establecida en una casa vieja que perteneció á la familia de los Lodeñas, y labró de nuevo, á principios del siglo XVII, don Sancho de la Cerda. marqués de la Laguna. Este edificio, situado en una rinconada de la pla
zuela de Santiago, no ofrece nada de notable, á pesar de las considerables sumas invertidas en obras para embe Ilecerlo. 90. Palacio de la Presidencia.— Este edificio, conocido en otro tiempo por la casa de los Heros y por el Almacén de cristales, fué edificado en 1801, en uno de los mejores sitios de la calle de Alcalá. Su fachada, de buenas proporciones, da entrada á un atrio que se extiende á un anchuroso patio con salida á la calle de la Greda: una escalera de dos ramales, que arranca del referido atrio, conduce al piso principal, en donde se encuentran las habitaciones más lujosas del edificio y un regular salón, que ocupa el centro, con vistas á la calle de Alcalá. 91. Ministerio de la Gobernación.— En la Puerta del Sol, punto el más central de MADRID, y aislada por sus cuatro caras se encuentra esta antigua casa de Correos, que fué construida en 1768, bajo la dirección del arquitecto francés don Jaime Marquet. La fachada principal da al Norte y consta, como las tres restantes, de un zócalo, piso bajo y principal, con entresuelo intermedio. El cuerpo central sale poco de la fábrica y presenta dos pisos con tres huecos en el frente, de los cuales, en la planta baja, sirve de ingreso el del centro, que es un espacioso arco de medio punto, con ventanas á los lados y un mascarón en la clave. Encima de aquéllas hay dos recuadros, en lugar de los vanos del entresuelo, y sobre este primer cuerpo está el cuarto principal, con un balcón de mucho vuelo, sostenido por cuatro grandes ménsulas con varias molduras y cabezas de leones en los frentes, terminando el todo con un frontispicio triangular, en cuyo timpano se ven las armas reales, acompañadas de leones y trofeos. La decoración de las dos fachadas, que miran al Oriente y Occidente, es igual y se reduce á un pequeño resalto en los ángulos y jambas labradas en los vanos de los tres pisos, rematando con una cornisa general, en la que sienta un antepecho que encubre el tejado. La fachada del Mediodía, semejante en altura y número de huecos á las referidas, se diferencia de éstas en que toda es de agramilado. En el interior se hallan dos patios rodeados de un pórtico, sobre el que se levanta el piso principal. La construcción de este suntuoso edificio es, en su mayor parte, de piedra caliza Ilamada de Colmenar; de granito, en los zócalos exteriores y en los pórticos del patio, y de ladrillo fino, en la fachada del Mediodía y en los entrepaños de la de Oriente, Norte y Occidente. Esta obra, aunque regular en su conjunto, ha sido criticada por su falta de esbeltez y de elegancia. 92. Ministerio de Hacienda.—Este edificio se levantó para aduana, con arreglo á los planos del general don Francisco Sabatini, el cual terminó las obras en 1769. La fachada principal da su frente á la calle de Alcalá: sobre un zócalo de poca elevación se eleva un cuerpo almohadillado de piedra berroqueña, al que corresponden dos pisos bajos y entresuelo. Distribuidos convenientemente, se ven en el expresado cuerpo cinco ingresos: tres de éstos, ocupan el centro, con arcos adintelados los dos menores, y de medio punto, el mayor. Las otras dos puertas, que hay en los extremos, tienen también arco de medio punto con cabezas de leones en las claves. Sobre el referido cuerpo se levantan tres pisos, principal, segundo y sotabanco; presentando la fachada seis órdenes de ventanas de 17 huecos cada uno. Los vanos del piso principal se hallan elegantemente decorados con jambas y frontispicios triangulares y semicirculares alternativamente; en el centro, sobre las tres puertas principales, corre un gran balcón sostenido por cuatro ménsulas, dos de las cuales terminan con bustos de sátiros; y los restantes, de cariátides. En el guardapolvo de en medio sientan dos Famas de mármol, con un escudo de armas de igual materia; el segundo piso tiene jambas y guardapolvos en cada una de sus ventanas, terminando la fachada con una cornisa adornada. El interior de este vasto edificio corresponde al exterior. Las dos puertas laterales, arriba mencionadas, conducen á dos patios cuadrados, con farolas en el centro y cinco vanos por banda, entre los cuales está la escalera principal; empieza ésta en dos ramales simétricos, que se unen en una meseta, desde donde arranca un slo ramal, que vuelve en la siguiente á dividirse en dos, continuando en la misma forma y distribución hasta los pisos altos. En el centro del edificio se encuentra el patio principal; es un paralelógramo rectángulo, con un pórtico y una galería alta en tres de sus lienzos. La severidad y excelente construcción de la fachada del Norte guardan perfecta armonia con lo grandioso de esta fábrica, levantada con piedra berroqueña, caliza y ladrillo, la cual, á no hallarse empotrada entre las casas de la misma acera, sería sin disputa uno de los mejores edificios de Europa, por su extraordinaria magnitud y elegante arquitectura. 93. Ministerio de Fomento.— La fundacion de éste edificio, convento que fué de trinitarios calzados, y cuyos diseños se atribuyen á Felipe II, y la dirección de las obras á don Gaspar Ordóñez, data del año de 1547. La iglesia era una de las mejores y más capaces de MADRID; se hallaba decorada por pilastras corintias, con un cornisamento de excelente cstilo, y en ella se veía el suntuoso sepulcro de Fonsdeviela, trasladado después al cementerio de San Luis. El convento, que, á excepción de la escalera, nada ofrecía de notable, ha tenido, después de la exclaustración, diferentes destinos; habiéndose revocado últimamente la fachada principal y hecho grandes obras, así en el interior como en el exterior, para que lo ocupase el citado Ministerio. 94. Ministerio de la Guerra.—Este magnífico palacio, obra de los opulenlos duques de Alba, se eleva majestuoso sobre una eminencia situada entre la calle de Alcalá y paseo de Recoletos. Constituye este edificio un rectángulo con la fachada principal en la banda del Sur, de 70 metros de linea por 18 de elevación, cuatro órdenes de vanos, incluídos los de los sótanos, 17 balcones en cada uno de los dos pisos superiores, y 14 en el entresuelo. En el centro se halla la portada con dos grandes hornacinas; comprende en el cuerpo el cuarto principal y el segundo, terminando con un frontispicio triangular, que sienta sobre cuatro pilastras estriadas de orden corintio. Si se exceptúa este cuerpo central, las fachadas laterales son idénticas á las del Mediodía. Atando con la base de dicho triángulo, se extiende por uno y otro lado la cornisa. En las tres fachadas mencionadas hay un zócalo de sillería, sobre el que se levanta un cuerpo almohadillado de mampostería hasta la imposta, que separa el entresuelo del principal, cuyos balcones se ven decorados con guardapolvos; y los del segundo, con jambas. Las lujosas casas levantadas en la calle del Saúco han sacado este edificio de su aislamiento, dándole un buen ingreso por la parte del Norte; para lo cual se han cerrado las dos alas del palacio con una buena crujía, que deja dentro un ancho patio; se han construido otros dos cuartelillos al lado Este y se ha cerrado la línea de la expresada calle con una elegante verja, interrumpida por dos puertas. El efecto que causa el conjunto de esta. hermosa fabrica, no puede ser mejor, contribuyendo á ello singularmente su ventajosa posición sobre terreno muy elevado, la armonía de sus tres hileras de balcones, su hermoso jardín y su magnífica verja, que contrastan admirablemente con su bellísima y majestuosa arquitectura. 95. Ministerio de Marina.—El trazado y dirección de este edificio, levantado en 1776, fueron encargados al famoso general de ingenieros don Francisco Sabatini. Presenta dos fachadas; una, á la plaza de los Ministerios; y otra, á la calle de Bailen, y consta de piso bajo, principal y entresuelo intermedio. La parte más notable de este edificio es la escalera: el ingreso aparece adornado con ocho columnas de granito de orden dórico, que sientan en la primera mesilla; de donde parte un ramal de pocas gradas, también de granito, y con mesillas de mármol; á derecha é izquierda del expresado ramal, arrancan luego otros dos, que terminan en el piso principal; los cuales se hallan perfectamente iluminados por medio de linternas y decorados por columnas y pilastras de orden jónico. En el pórtico y en la escalera se ven muchos ornatos de escultura de exqui
sito gusto, como igualmente en las pinturas al fresco, los mármoles, las columnas y los objetos que se admiran en las salas. Este edificio se construyó expresamente para que le ocupara el marqués de Grimaldi, ministro de Estado entonces; sirvió luego de residencia á don Manuel Godoy, príncipe de la Paz; y más tarde, de alojamiento al general francés don Joaquín Murat. 96. Ministerio de Estado.—Ocupa éste las habitaciones del piso bajo, situado en el ala izquierda del Mediodía del palacio real. 97. Ministerio de Gracia y Justicia.—Ocupa este edificio un espacio de 6.130 metros en la calle Ancha de San Bernardo, y fué construído, en el siglo anterior, por la marquesa de la Sonora, en el solar de la antigua casa del marqués de la Regalía. Está considerado como una de las construcciones más sólidas y regulares de MADRID. Estuvo sin concluir cerca de un siglo; pero un particular lo compró al fin, terminó la obra y se la vendió al Estado para que se instalara el Ministerio. 98. Ministerio de Ultramar.—De la planta baja del palacio real, pasó este Ministerio á ocupar el de la Audiencia, situado en la plaza de Provincia, número 5.—Este antiguo local, uno de los pocos que posee MADRID del tiempo de la casa de Austria, cuya época recuerda uno de los períodos más brillantes para la arquitectura española, fué construído para cárcel de Corte, según el diseño y bajo la dirección del arquitecto italiano Juan Bautista Crescenti. El cardenal de Trejo, presidente á la sazón del Consejo, puso la primera piedra de este edificio, en 14 de Septiembre de 1629. La fachada es sencilla y seria, cual convenía al objeto para que se le destinaba; consta de dos pisos con once huecos cada uno; á los lados se levantan dos torres con capiteles, uno de los cuales se quemó.—La portada, que ocupa el centro, es de piedra y se compone de dos cuerpos; cada uno de ellos, presenta seis columnas estriadas de orden toscano, en el primero; y dórico, en el segundo; terminando en un frontispicio con las armas de España. En la actualidad sólo queda un ángel colocado sobre el vértice del frontispicio triangular del remate. Al frente de la puerta principal se ve la escalera, que es de piedra y de un solo tiro, ancha y majestuosa, con mesillas intermedias; á ambos lados hay dos patios de planta cuadrada con cuatro arcos de medios puntos por banda, sostenidos por columnas toscanas y dóricas, que forman dos galerías, hallándose la superior en el plano de la conclusión de la escalera. A espaldas de este edificio. formando parte del mismo, se encontraba la vieja cárcel de Corte. 99. Palacio de los Consejos.— Este vasto palacio, construído sobre el terreno que ocuparan las casas en que habitó Doña Juana de Austria, era en el siglo xVi el primer edificio de MADRID, después del alcázar. Forma casi un cuadrado; la cornisa ocupa un mismo plano horizontal en las cuatro fachadas, á pesar del desnivel del terreno; tres de ellas, aparecen magníficamente decoradas; la cuarta, que es precisamente la que queda á la vista de la nueva prolongación de la calle de Bailén, carece de regularidad y desluce el edificio. La principal, mira al Norte, consta de tres pisos, con 14 huecos en cada uno, coronando frontispicios triangulares los del cuarto bajo; y semicirculares, los del principal; todos de granito, así como las portadas que adornan la fachada. Cada una de las portadas contiene dos columnas dóricas, estriadas y aisladas en el primer cuerpo, con triglifos en el cornisamento, y otras tantas jónicas, también estriadas y entregadas en el segundo, rematando con un frontispicio semicircular, interrumpido por un gran escudo. La fachada del Este es semejante en el orden de vanos á la principal; la del Sur, tiene cinco pisos con diez y sieté vanos eu cada uno; el interior, que es destartalado, quedó sin terminar. Nuestro ingenioso (uevedo, al retratar al duque de Uceda, autor y dueño de la casa que nos ocupa, dijo que ésta había sido «distraimiento de su hacienda y descrédito de su gusto.» 100. Casa de la calle de Torija.—Este sólido edificio fué labrado para residencia de los inquisidores generales; tiene su fachada en la calle referida, con vuelta á la de Fomento y á la plazuela de los Ministerios. La materia de que está construido, es firmísimo agramilado y piedra berroqueña, notándose en su excelente fábrica algo de pesadez en la forma. Sobre un zócalo, en el que se ven las ventanas de los sótanos, se levanta el entresuelo, adornado de grandes jambas en todos sus huecos. Sienta en la correspondiente imposta el segundo cuerpo decorado por fajas de agramilado, ostentando los balcones jambas á la manera del piso bajo. Dichas fajas comprenden un segundo piso con vanos pequeños cuadrangulares, guarnecidos por jambas llanas. Ocupa el centro de la fachada una portada, cuyo primer cuerpo está sencillamente decorado; y en el segundo, se distinguen dos columnas estriadas de orden dórico á los extremos del balcón principal; y sobre su guardapolvo, un escudo de armas reales. El zócalo, impostas, cantones y cornisón son de granito en todo el edificio. 101. Otros edificios públicos.—Al catálogo de los que dejamos descritos, pueden añadirse: el Tribunal de Cuentas del Reino, modernamente construído en la calle de Fuencarral, en el solar de un antiguo cuartel, que ocupó antes la casa del conde de Aranda; el Palacio de Justicia, levantado sobre una superficie de 37.631 metros cuadrados, de grandioso aspecto, bella arquitectura y rica ornamentación; la Dirección de Correos y Telégrafos, edificado en la calle de Carretas, para Imprenta Nacional, por los arquitectos Turrillo y Arnal, y regularmente decorado; la Casa Panadería, que ocupa el centro de la banda que mira al Norte de la Plaza Mayor, incendiada en 10 de Agosto de 1672 y reedificada en 1674. Los edificios que ocupan el Gobierno civil de la provincia y la capitanía general de MADRID apenas tienen importancia. 102. Monumentos.— Aparte de las estatuas, puertas y palacios anteriormente descritos y que, como obras de arte, pueden considerarse también como verdaderos monumentos, merecen consignarse los siguientes: 103. Pirámide del Dos de Mayo.— Decretada por las Cortes en 24 de Mayo de 1814 la creación de una sencilla pirámide, que inmortalizara la memoria de los dos primeros héroes de la independencia de España y demás victimas inmoladas por los franceses en 2 de Mayo de 1808, emprendiéronse las obras, bajo la dirección del arquitecto mayor de Palacio, don Isidoro Velázquez, y terminadas aquéllas el día mismo del aniversario de aquel triste acontecimiento, trasladáronse al sitio, consagrado con el nombre de Campo de la Libertad, las cenizas de los malogrados Daoiz y Velarde y las de otros esforzados hijos de MADRID. El monumento consta de cuatro cuerpos: consiste el primero en un zócalo de planta octagonal de piedra berroqueña común azulada; mide 27785 metros de altura, con 14210 de diámetro, y sirve de basamento general. Cuatro graderías rectas conducen al sobretecho de este cuerpo, cuyos laterales aparecen decorados con cuatro hermosos flameros de la misma materia. Elévase sobre aquél el segundo cuerpo, que representa un grandioso sarcófago ó urna de planta cuadrada, de 6’403 metros de línea, en cada uno de sus frentes, constando su basamento de tres hiladas de piedra berroqueña, tostadiza, de 557 milímetros de alto; apóyase sobre aquél un talón de piedra blanca de Colmenar, al que sigue el cuerpo principal, que es de granito rojo; su ancho, de 5 metros; y su altura total, de 6, próximamente, comprendida la base de piedra berroqueña. En el primer frente se halla colocada la urna de mármol, que encierra las cenizas de los mártires, la cual tiene sobre 2/300 metros de elevación y 2400 de longitud: en los muros, que resultan á los lados, se ven dos antorchas inversas, como emblema de la muerte, entre los antiguos. En el frente opuesto se observa un bajorrelieve incrustado, obra de don José Tomás, que representa un león defendiendo con su garra el escudo de las armas nacionales, que sostiene un genio. En las jambas laterales van, igualmente incrustados, dos vasos lacrimatorios. Los tableros de los dos frentes, que miran al Norte y Medio
día, contienen otras tantas inscripciones; en la primera, se lee: A LOS MARTIRES DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA, LA NACIÓN AGRADECIDA. CONCLUIDO POR LA M. H. VILLA DE MADRID EN EL AÑO MDCOCXL. La segunda dice: LAS CENIZAS D LAS VICTIMAS DEL à DE MAYO DE 1808 DESCANSAN EN ESTE CAMPO DE LEALTAD REGADO CON SU SANGRE ¡HONOR ETERNO AL PATRIOTISMO! En el frente principal y parto superior del sarcófago hay una meda Ila, en bajorrelieve, en la que aparecen los retratos de Daoiz y Velarde; en el opuesto, el escudo de armas de la villa; y en los laterales, coronas de laurel con ramos de ciprés y de roble, ejecutado en piedra blanca por don Diego Hermoso. Sobre este cuerpo continúa el tercero, que presenta un zócalo octagonal de piedra berroqueña de un metro de alto por 4’455 de diámetro, en el que descansa un pedestal de orden dórico, en planta cuadrada, de 2’660 metros. de latitud por 4’200 de elevación: sus cuatro frentes están decorados por otras tantas estatuas de 2510 metros, de piedra blanca, las cuales representan: la Constancia, obra de don Francisco Elías; el Valor, trabajada por don José Tomás; la Virtud, debida á don Sabino Medina, y el Patriotismo, ejecutada por don Francisco Pérez. Constituye el cuarto y último cuerpo un majestuoso y proporcionado obelisco de 1’400 metros de lado, en su planta cuadrada, desde cuya base va disminuyendo progresivamente hasta unos 13 metros de elevación, terminando en un bisel de 1’672. La altura total del monumento es de 287772 (28 metros 772 milímetros); su importe, comprendidos los gastos de nivelación de terreno, jardín y verja, que lo circuye, ascendió á 1.460.702 reales 25 maravedises, ó sea 365.175 pesetas 73 céntimos próximamente. 104. Grupo de Daoiz y Velarde.— Ocupa en la actualidad el centro del bellisimo jardín formado enfrente de la fachada occidental del Museo de Pinturas, y representa el acto en que ambos héroes se prestaban mutuamente el juramento de morir por la patria. Este grupo, quizá el más simpático del pueblo español, cuyas actitudes y valentía se hallan admirablemente expresadas, está ejecutado en mármol de Carrara por don Antonio Solá y descansa sobre un elegante pedestal. 105. Obelisco de la Castellana.—En el centro de un macizo de plantas y flores, se levanta, sobre un zócalo de granito, un gran pedestal de la misma materia, el cual corona una cornisa de piedra caliza, de excelente gusto y ejecución. Decoran el lado saliente, que da al Mediodía, las armas de España; y el del Norte, las de MADRID. Sobre este primer cuerpo, se eleva una aguja de granito rojo con su correspondiente basa de piedra caliza, que sienta en un cubo de granito; y hállase interrumpida por un dado de piedra de Colmenar, embellecido con ornatos ejecutados en bronce, terminando el todo por una estrella del mismo metal. Este monumento se construyó por los dibujos y bajo la dirección de don Francisco Javier Mariátegui. 106. Palacios y casas de particulares.—Entre los muchos que embellecen las plazas, calles y paseos de la coronada villa, merecen singular mención por su magnificencia ó suntuosidad: el del duque de Liria, edificado en 1770; forma su planta un paralelógramo rectángulo, con trece huecos en cada una de sus líneas mayores; y cinco, en las menores; consistiendo la decoración de las dos fachadas principales en pilastras dóricas y columnas animadas del mismo orden, que adornan el cuerpo saliente del centro, sobre el que se eleva un gracioso ático, en el cual campean las armas de las casas y las cifras de los duques fundadores: una hermosa escalera de ida y vuelta conduce á las habitaciones principales, convenientemente distribuidas y elegantemente decoradas. El delicioso jardín, que circuye este hermoso edificio, está cerrado por una verja de hierro, con pilares almohadillados de granito, coronados de esfinges. 107. Palacio del duque de Villahermosa, situado en la plaza de las Cortes: constituye la planta, próximamente, un rectángulo, y decoran la fachada principal, que da al Mediodía, dos columnas dóricas, sobre las que sienta la repisa del balcón central, con balaustrada de piedra. La materia de que está fabricado este palacio, es solidísimo agramilado con los cantones, testeros de crujía, impostas, jambas y guardapolvos de balcones y ventanas de granito. La fachada opuesta, que da frente á un vasto jardín, es, sin disputa, la más notable; su centro, casi todo de sillería, aparece coronado por un elegante frontón, sobre cuyo vértice se destacan airosamente las armas ducales, primorosamente esculpidas en piedra caliza. La escalera, que no carece de suntuosidad, da acceso al piso principal, en donde se encuentra un magnifico salón de baile. 108. Palacio del marqués de Cusa Riera, levantado en la parte más ancha de la calle de Alcalá: forma la planta un paralelógramo rectángulo; cada una de sus cuatro fachadas consta de tres pisos, y sirve de ingreso al edificio un frondoso jardín, el cual ocupa el solar del antiguo convento de las Baronesas. La fachada principal está decorada de pilastras en su centro y lados, con frontones triangulares en todos los huecos del primer piso. El sencillo vestíbulo, la espaciosa escalera y los ricos salones, adornados con exquisito gusto, son verdaderamente dignos de admiración. 109. Palacio del duque de Medinaceli, construído en la plaza de las Cortes: su planta es un polígono irregular de 17 lados, con 68.205 metros de superficie: la planta principal, que mira al Norte, se compone de dos crujías, en las cuales se hallan piezas de distintas formas, enriquecidas con pinturas y adornos de gran mérito artístico. Este palacio contiene, dentro de su vasto recinto, oratorio, sacristía, biblioteca, varias oficinas, armería, estatuas de mármol, bustos de emperadores y caballeros romanos, y otras muchas curiosidades y objetos de inestimable valor. 110. Palacio del Banco Hipotecario (antes del marqués de Salamanca), situado en el paseo de Recoletos: ocupa el solar del convento de este nombre y consta de planta baja y piso principal, con nueve huecos en cada una; la portada presenta, en el centro, tres ingresos de medio punto decorados por pilastras con molduras; el ornato del segundo cuerpo es más rico; sus arcos descansan sobre impostas, sostenidas por columnas y pilastras; el resto de la decoración de la fachada principal y laterales consiste en pilastras con pedestales, cubiertos de labores. Corona el edificio una balaustrada interrumpida en los costados por un cuerpo con ventanas. 111. Palacio del marqués de Salamanca, en la plaza de la Moneda: ha sido construído con muy buenos materiales, en el terreno que ocupaba la huerta de las Salesas, por el duque de Uceda, y es de estilo francés, de la época de Luis XIV. Actualmente corresponde á la duquesa de Medinaceli. Son igualmente dignos de citarse: el palacio de Altamira, situado en la calle Ancha de San Bernardo, por la sencillez, grandiosidad, admirables perfecciones y perfecta armonía de su fachada; el del Infantado, en la calle de Don Pedro, por su modesto aspecto exterior, gran magnificencia de sus salones, su hermoso jardín, su biblioteca, armería, cocheras, caballerizas y guadarnés; el de Alcanices, en la calle de Alcalá, por su rica ornamentación y los curiosísimos documentos históricos que atesora su archivo; la casa del conde de Oñate, en la calle Mayor, notable por su extensión y la severidad de la menor de sus portadas, que corresponde al siglo XVI; la de la condesa de Montijo, en la plazuela del Angel, elegantemente decorada; la del conde de Teba, en la calle de San Sebastián, por la sencilla decoración de su fachada. 112. Templos.—No es MADRID de las poblaciones que se distinguen por la magnificencia de los monumentos consagrados al culto. He aquí lo que á fines del siglo anterior decía el erudito Pons, al ocuparse de las iglesias de la Corte: «El tocar todo lo malo sería un trabajo sin fin. Infinitos rimeros de madera dorada en lugar de altares... ¡Qué gastos!, ¡qué diligencias!, ¡qué aturdimiento para Ilenar los templos de los objetos más quiméricos que á entendimiento humano pudieran ocurrir! Casi todas las esta
tuas de los templos son de pino, pintadas ó doradas, cosa verdaderamente mezquina; pero generalmente practicada. ¿Cómo ha de estudiar y desvelarse un buen escultor trabajando en un leño tan fácil de podrirse y quemarse, si no puede eternizar su nombre, á manera de los antiguos y modernos de Italia y otras partes, que lo ejecutan en mármoles y bronces? Si el vulgo gusta de estas figuras pintadas, es porque no le ponen otra cosa á la vista, ni se le instruye. ¿Y qué diremos de los bultos vestidos de paños, estameñas, terciopelos ó brocados, con encajes ó bordaduras?De diferentes imágenes de María Santísima con peinados, cotillas y semejantes trajes? ¿Qué de tantos Crucifijos con cabellos postizos, con enaguas ó sayas, cuando la Iglesia y sus tribunales han ocurrido repetidas veces á la decencia y mayor propiedad en orden á representar los sagradas imágenes sin extravagancia? Si uno se atreviese á escribir que Jesucristo estuvo así en la cruz, se le condenaría como necio ó impío; pues ¿por qué se ha de permitir que en dicha forma se figure? Si al santo Evangelio no se le puede contradecir con las palabras, ¿por qué se ha de hacer con las obras? En cuanto á arquitectura, se puede añadir que la mayor parte de los templos constan de miembros, que nunca han conocido aquella noble arte, y si algunos los tienen verdaderos, pocos son en donde no estén dislocados, truncados ó mezclados con mil hojarascas, sin representar ni significar cosa alguna. No es posible llevar con paciencia el ver un buen cuadro de altar con un mamarracho de talla delante, que suele á veces cubrirle la mitad, y de ello se encuentra mucho en las más de las iglesias. Todo esto se toca generalmente en este prólogo, para no irlo repitiendo, después en cada párrafo, como sería necesario al dar razón de los templos. Pocos hay en MADRID, de los que son tenidos por buenos, que se diferencian notablemente en sus plantas. La mayor parte tienen cúpulas en su capilla mayor; muchas, son ridículas en extremo, así en los ornatos como en las figuras. Los coros sobre las puertas destruyen la grandiosidad de los templos, oprimen sus entradas principales y los hacen cavernosos y oscuros. Los altaritos pegados á los postes, que dividen las capillas, parecen otros tantos remiendos que se han echado allí; y cuando la arquitectura es arreglada, no se puede sufrir semejante despropósito.» Esto, no obstante, mencionaremos los más notables, que son: Salesas Reales; monasterio magnífico, erigido por D. Fernando VI y su augusta esposa Doña María Bárbara de Portugal, y que hoy ocupan el Tribunal Supremo de Justicia y los juzgados de primera instancia.— San Francisco el Grande; templo el más grandioso y severo de MADRID; el escogido por los reyes para las ceremonias, desposorios y exequias, y en donde se halla hoy instalado el Panteón Nacional, acerca del cual dice el señor Cuadrado en sus Recuerdos y bellezas de España: «Si no fuéramos cristianos antes que artistas, diríamos que mejor que el destino de templo, compete á su estructura el que se ha intentado darle de Panteón Nacional.»—Co.egiata de San Isidro: levantada con diseños y bajo la dirección del hermano Francisco Bautista, coadjutor de la Compañía de Jesús, sobre el terreno que ocupaba la primitiva iglesia, en el primer tercio de siglo XVII, época en que todavía se conservaban los buenos principios del gusto clásico.—Iglesia del Buen Suceso: se inauguró el 25 de Marzo de 1868, la fachada principal se ve sencillamente decorada y todos sus cuerpos se hallan perfectamente determinados, sin perjudicar á los demás, formando un conjunto agradable: este templo, que tiene capacidad para 1.200 ó 1.500 personas, ocupa una superficie de 14.091 metros cuadrados y se hizo según los planos del arquitecto don Agustín Ortiz Villajos.— Basilica de Atocha: en esta iglesia, cuyas obras dieron principio en el siglo xVI y quedaron terminadas en el XVII, reposan los restos mortales de Castaños, Palafox, Prim, Ríos Rosas y Concha (don Manuel): los sepulcros de los dos primeros, son murales: el mausoleo del general Prim es un lecho mortuorio de hierro, bronces dorados y plateados, con una estatua yacente del marqués de los Castillejos; el monumento, obra del distinguido artista don Plácido Zuloaga, aparece rodeado de una elegantísima verja de hierro de forja.—San Jerónimo: fué fundado en 1464 para perpetuar el recuerdo de las hazañas de don Beltrán de la Cueva, en el torneo celebrado á orillas del Manzanares, y en cuyo recinto se reunieron las Cortes desde el reinado de Fernando el Católico y se celebraron las juras de los príncipes de Asturias, desde la de Felipe II, en 1528, hasta la de Doña Isabel II, en 1833: actualmente se están revocando su ruinosa fábrica y su gótica fachada, destruida por los franceses en 1808.—Nuestra Señora de la Almudena: cercó Alfonso VI á Mageriacum, MADRID, sentando sus reales cerca de la puerta de Guadalajara; se apoderó del arrabal de San Ginés, habitado por cristianos, y se hizo dueño de la villa; purificó la mezquita mayor y la dedicó, como iglesia cristiana, á la Virgen de la Almu lena, llamada de esta suerte, por haberse hallado la imagen escondida cerca del almudit, ó depósito del trigo. Tal es la imagen que hoy se venera en el nicho abierto á espaldas de la antigua casa de Pajes, dando frente á la Cuesta de la Vega.—La Virgen de la Paloma: en un corral, perteneciente á las monjas de San Juan de Alcalá, se crió una paloma, la cual, según tradición piadosa de aquellos tiempos, volaba sobre la Virgen de Maravillas, cuando la llevaron al convento de su nombre. El suceso se representó en un cuadro que, hallándose abandonado en el corral entre la leña destinada á encender el horno, llamó la atención de una tal María Isabel Tintera, quien lo compró á unos muchachos. Limpió la reliquia, la colocó en el portal de su casa, la devoción del barrio le atribuyó luego cierta celebridad milagrosa, de donde viene la capilla que, en el siglo pasado, se consagró á la imagen bajo la advocación de la Virgen de la Paloma. 113. Cuarteles.—Los ocho de que tenemos noticia, llevan las denominaciones siguientes: Cuartel de Guardias, construído en el reinado de Felipe IV por el arquitecto don Pedro Rivera; cuartel de San Gil, que empezó á levantarse en tiempos de Carlos III, por los diseños de don Manuel Martin Rodríguez; cuartel de Palacio, edificado en 1833, bajo la dirección del arquitecto Velázquez; cuartel de San Francisco, que ocupa el vasto convento de este nombre; cuartel de la Mon taña, construído por don Angel de la Pozas, durante el mando del general O'Donnell, sobre la Montaña del Principe Pío; cuartel de los Docks, establecido en el local que ocuparon estos almacenes junto á la estación del Mediodía; cuartel del Rosario, situado á espaldas del de San Francisco, y el de Caballerizas, en la calle de Bailén. 114. Puentes.—Citaremos, en primer término, el de Segovia, una de las pocas fábricas que conserva MADRID del reinado de Felipe II, edificado por el famoso Juan de Herrera, con la solidez é imponente severidad que caracterizan sus celebradas obras; sigue después el de Toledo, de fundación antiquísima, reedificado en distintas ocasiones; el de la Casa de Campo, construído de granito con adornos de piedra de Colmenar, bajo el reinado de Fernando VII, con objeto de facilitarle paso á aquel sitio, desde los nuevos jardines de palacio, por el túnel que José I mandó abrir por debajo del paseo alto de la Virgen del Puerto; el de San Fernando, de piedra granito y de regulares proporciones; el del ferrocarril del Norte, de excelente construcción; el del ferrocarril del Mediodía, de poca importancia, y dos de madera para peatones. 115. Fuentes. — Son notables: la de Neptuno, ejecutada con exquisito gusto en mármol blanco, por don Juan Pascual Mena; la de Cibeles, primorosamente trabajada por don Roberto Michel y don Francisco Gutiérrez; las que embellecen el Parque de MADRID, que mencionaremos al hablar de este delicioso y concurrido sitio; la de Recoletos, situada en el paseo de este nombre; la de A polo, construida en 1780; la de los Tritones, de hermoso mármol blanco, enriquecida con muchas y buenas esculturas del estilo y tiempo de Berruguete; la de las Conchas, que adorna el centro de la plazoleta que forma el jardín del Campo del Moro; las de
la Puerta del Sol y plazas de Oriente y de Santa Ana, anteriormente descritas; las cuatro fuentes, situadas en la glorieta del paseo del Prado, frente á la plaza de Murillo; otras varias de segundo orden, destinadas para el servicio de los aguadores, y numerosas de vecindad convenientemente distribuídas en la mayor parte de las calles de la población. 116. Jardines públicos y particulares.—La villa de MADRID, que en tiempos anteriores se mostró poco aficionada á estos saludables sitios de recreo, ya por la escasez de agua, ya porque tuviese en más la construcción de edificios en los lugares que aquéllos habían de ocupar, cuenta hoy en su interior muchos, extensos y amenísimos jardines, así públicos como particulares, los cuales vamos á reseñar someramente. 117. Botánico.—Según afirma Morejón, los árabes fueron los primeros que cultivaron en España gran número de hermosos jardines, no sólo para su esparcimiento y galanura de sus palacios en Andalucía, sino también para formar huertas y almácigas de árboles, en donde pudieran estudiar y multiplicar el cultivo. Esta provechosa costumbre cayó en desuso durante muchos siglos, hasta el punto de que sólo existían hábiles herbolarios, que facilitaban con sus excursiones botánicas las plantas requeridas para la conservación de la salud pública. En tiempo de Felipe II florecieron en España ilustres botánicos; novido por su médico el doctor Laguna, estableció un jardín en el sitio de Aranjuez, que más adelante sirvió de modelo al de Sevilla, formado por el médico Simón Tovar, y al que en el mismo MADRID estableció Diego de Cortadilla Sanabria. Ninguno de estos jardines ha dado origen al que actualmente existe en MADRID. Teniendo noticia Fernando VI de la utilidad de los jardines del conde de Miranda y duque de Atrisco, que fueron los primeros que, puestos al cuidado del célebre Quer, pudieron recibir con alguna propiedad el nombre de botánicos, estableció en 1755 un jardín, cediendo al efecto la huerta de Migas Calientes; hoy, vivero municipal, nombrando primer profesor á Quer, y segundo, á don Juan Menuart, gran amigo de Linneo y de Lœfling. En 1774, ocupando la plaza de primer catedrático don Casimiro Gómez Ortega, que había recorrido los mejores jardines de Francia, Inglaterra, Holanda é Italia, promovió la creación del Jardín de MADRID, así como el establecimiento de cátedras y jardines en las poblaciones más importantes de España. El Jardín Botánico está rodeado de una elegante y sólida verja, fabricada en Tolosa de Guipúzcoa por Francisco Arrivillaga y Pedro José de Muñoa, con asientos exteriores y pilares de piedra en toda su extensión; en la línea del Prado se levanta una portada de granito con un arco de medio punto con archivolta y dos columnas de orden dórico y cornisamentos, en que hay un frontispicio triangular que da lugar á la siguiente inscripción: Carolus III, P. P. botanices instaurator civium saluti et oblectamento, anno MDCCLXXXI. El los costados del arco se abren dos pequeñas puertas con arco adintelado. Floridablanca protegió grandemente la formación del Jardín. Carlos III enviaba por diversas regiones expediciones científicas y órdenes á los virreyes y gobernadores de las provincias ultramarinas para que remitiesen semillas y plantas vivas y disecadas, llegando el Jardín Botánico á tal altura de esplendor, que facilitó sus sobrantes á otros establecimientos análogos de España y del extranjero. Solo en 1803 se remitieron del Jardin de MADRID 7.649 paquetes de semillas al extranjero, siendo distribuidos entre los jardines públicos de París, Montpeller. Londres, Viena, Turín, Pavía, Filadelfia, Lisboa, Copenhague, etc. La biblioteca llegó á contar 2.500 volúmenes, y las especies de los herbarios ascendieron á más de 30.000; muchas, raras ó poco conocidas. La primera distribución del Jardín se reducía al cultivo de las plantas de la escuela linneana; más adelante se destinó una sección para seguir el sistema de Cabanilles; y por último, las plantas de adorno y los estudios prácticos de agricultura y horticultura tienen también sus secciones especiales. Al principio no había más estufas que las dilatadas galerías de columnas, levantadas á uno y otro lado del vestíbulo, que en el fondo del Jardín da entrada á la cútedra de botánica; hoy, hay dos, construídas según todas las reglas del arte: una de ellas, cubierta de cristales y con armazón de hierro y columnas del mismo metal, en la cual florecen las más peregrinas y preciosas plantas del Nuevo Mundo. En 21 de Septiembre de 1789, con ocasión de la ceremonia de la jura del príncipe de Asturias, Carlos IV, la reina, los príncipes y comitiva entraron en el Botánico por el terreno, hoy, plaza de Murillo, y salieron por la puerta principal, para gozar de la fiesta que les estaba preparada; 200 niños y niñas, de 10 á 12 anos, sorteados de los que se educaban gratuitamente por las diputaciones de caridad, formaban un semicírculo á la derecha de la entrada; cada uno, con una hacha encendida en la mano: concluido el acto, se les sirvió una cena en el invernadero del Jardín: hallábase éste vistosamente iluminado en toda su extensión, y en la entrada, centro y salida había tres bandas de música. Hace pocos años, por iniciativa de don Mariano de la Paz Graells, se intentó establecer un jardín zoológico á imitación de los de París, Londres y otras capitales, aunque en escala mucho menor. La aclimatación de animales útiles y raros de otros países ha recibido gran desarrollo estos últimos años en toda Europa; hasta ahora no había jardines zoológicos, si bien desde la más remota antigüedad se conocían las casas de fieras, donde los reyes ó los grandes y magnates tenían sujetos en jaulas animales feroces por instinto de dominación, más bien que por curiosidad y para observaciones útiles. Estas prisiones de nada servían, ni para la ciencia ni para las bellas artes. La civilización moderna no apetece casas de fieras, sino ejemplares de animales vivos que gocen de la amplitud y libertad necesarias, para que no degeneren en esclavos los que gozan de libertad en las selvas. Las frondosas arboledas, extenso emparrrado y magníficas flores de este jardín, hacen de él un delicioso paseo, donde se permite la entrada pública durante la primavera. Recientemente ha sido adornado con bellas estatuas de piedra de cuerpo entero, erigidas á Quer, el célebre médico y naturalista que escribió una flora española; Cabanilles, el sabio autor de las observaciones sobre el artículo España de la Enciclopedia; La Gasca, el primer botánico de nuestro siglo, el único que durante muchos años sostuvo en el mundo científico el honor de la botánica española en la cátedra que tan brillantemente habían ocupado Quer y Cabanilles, y en diversos escritos que publicó. Su nombre está repetido mil veces en las obras de botánica de toda Europa: obligado á abandonar á España en 1823, se creyó que en la retirada de Sevilla á Cádiz había perdido todos sus manuscritos y dibujos, los cuales se hallaron afortunadamente en el Instituto de Málaga. Hace veintiocho años que aquellos preciosos documentos duermen allí, y se nos figura que semejante sueño se parece mucho á la muerte. Exhortamos fervorosamente al señor ministro de Fomento á que reclame con urgencia aquellos dibujos y manuscritos, dándolos á la imprenta, pues á ello tienen derecho la ciencia del mundo y la gloria de España. 118. Parque de MADRID.—Fué fundado por Felipe IV, por consejo de su primer ministro y valido el condeduque de Olivares en 1633: se halla dentro de la población, y el desarrollo de sus sombrías calles se calcula en 22 kilómetros. Embellecen este concurrido y ameno sitio anchas plazoletas, pintorescas cascadas, deliciosos paseos de copudos árboles, ricas estufas, vastos parterres, elegantes chocolaterías, un bien provisto restaurant, casas de fieras y varios estanques, entre los que se distingue el llamado grande, que forma un paralelógramo de bastante extensión, cercado por una barandilla de hierro, con asientos de piedra y el edificio del embarcadero: en los ángulos hay cuatro casones cuadrangulares, de regular arquitectura, que son otras tantas norias, cuyas aguas, con las sobrantes de la posesión, constituyen aquel gran lago, en el que se ven infinitos patos y pequeñas lanchas ocu mi
padas por los aficionados á la natación. Dando frente al Norte, se destaca, entre los dos casones, situados al Mediodía, la denominada fuente egipcia; en las dos plazoletas, que aparecen en los extremos occidentales del mencionado estanque, las llamadas de la A lcachofa y Red de San Luis; y en medio de la anchurosa plaza, en que termina el paseo de los coches, se ve un gran pilón circular, que antes ocupaba la fuente china, de cuyo centro se eleva un bonito pedestal, y sobre éste, la bellísima estatua de Bellver, fundida en bronce, que representa el Angel caído. Este sitio tiene cuatro ingresos: por la puerta de Alcalá, por los Jerónimos, por Atocha y por la carretera de Aragón: estas dos últimas, destinadas para los coches. A estos jardines pueden añadirse los del Campo del Moro, Cuesta de la Vega, Recoletos y los particulares de los duques de Liria, de Medinaceli, de Villahermosa, marqueses de Alcañices, de Casa-Riera y otros muchos. 119. Paseos.—Además de los jardines mencionados y, hecha excepción de las avenidas y calles de las antiguas puertas de Toledo, Segovia, San Vicente, Cuesta de Areneros, Chamberí, Alcalá é inmediaciones del Canal, regularmente poblados de árboles, hay los anchos y elegantes paseos de Atocha, Prado, Recoletos y Fuente Castellana, los cuales se extienden sucesivamente sobre una longitud aproximada de tres kilómetros, adornados de hermoso arbolado, bellísimas fuentes, multitud de bancos, y alumbrados de noche por numerosos faroles de gas. 120. Diversiones públicas.—En punto á espectáculos y sitios de recreo, la villa que nos ocupa lleva inmensa ventaja á todas las capitales de España. Para la temporada de invierno, cuenta, además del considerable número de cafés, los teatros Español, Real, Zarzuela, Apolo, Comedia, Variedades, Novedades, Eslava, Lara, Alhambra, Martín y otros de menos importancia; para la época de verano, los jardines del Buen Retiro, de la Alhambra, Orientales y de Apolo, el teatro del Principe Alfonso y el circo de caballos. (Véase TEATROS.) 121. Establecimientos de crédito.— Redúcense á tres importantes: Banco de España, Banco Hipotecario y Banco de Castilla. 122. Establecimientos científicos, artísticos y literarios.—En la actualidad existen en MADRID: 123. Gabinetes.—El de Historia natural, fundado en 1771; el Meteorológico, situado en el Observatorio (Parque de Madrid); el Mineralógico, en la escuela de Minas, y el Anatómico, en la Facultad de Medicina. 124. Colecciones. — La del Jardin Botánico, cuyo número de plantas se calcula en más de 20.000; la de antigüedades, en la Universidad, y la de antigüedades en Caballerizas, entre otras varias de particulares. 125. Musros.—Se cuentan doce: el Arqueológico, Naval, Ultramarino, de Artillería, de Ingenieros, de Pintura y Escultura, de la Academia de San Fernando, Nacional, de Tapices, Anatómico, Industrial y el Antropológico del ilustre doctor Velasco. (Véase Museos.) 126. Bibliotecas.—Son diez y seis: la Nacional, la de Palacio, San Isidro, Universidad, del Museo de Ciencias naturales, de la Facultad de Medicina, de la Facultad de Farmacia, del Congreso, del Senado, de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia Española, de la Academia de San Fernando, de la Academia de Ciencias, la de los ministerios de Estado, Fomento, Marina y Gracia y Justicia, y otras muchas particulares de larga enumeración. 127. Archivos.—Los de los diferentes ministerios y diversas armas del ejército y de la armada; el de las Ordenes militares, el del Consejo de Estado, el histórico nacional, el de la Villa de MADRID, el de la Vicaría, el de Escrituras públicas y el del Tribunal de Cuentas. 128. Instrucción pública.—Este importante ramo cuenta, las corporaciones científicas y centros de enseñanza que á continuación se expresan: 129. Academias.—La de estudios superiores, de Estado Mayor, Española, de la Historia, de Bellas Artes, de Ciencias morales, de Ciencias exactas, de Medicina y Cirugía, Médicoquirúrgica, de Jurisprudencia, la Greco-latina y otras. 130. A teneos.—El científico y literario y el mercantil. 131. Sociedades.—La Económica Matritense, Antropológica, libre de Economía política, Hahnemanniana y Fomento de las Artes. 132. Escuelas.—De Bellas Artes, Normal de párvulos, Modelo, de Comercio, Artes y Oficios, de Taquigrafia, de Veterinaria, de Ingenieros de montes, de Ingenieros de minas, de Ingenieros de caminos, de Arquitectura, Diplomática, de Música, Declamación, la de San Antón, de San Fernando, Normal de maestros, maestras é institutrices, y un número considerable de instrucción primaria de niños y de niñas, así públicas como privadas. 133. Colegios.—El de Nuestra Señora de la Paz, de huérfanas, de la Concepción, de la Asunción, de San Ildefonso, de sordo-mudos, de educación de idiotas y otros varios; y finalmente, una universidad; dos institutos, el de San Isidro y el Geográfico y Estadístico; dos facultades, la de Medicina y la de Farmacia; un Depósito Hidrográfico y un Observatorio astronómico. 134. Beneficencia.—Cuenta este ramo con los siguientes establecimientos: hospitales: el Provincial, el del Buen Suceso, el de Jesús Nazareno, el de la Latina, el de Nuestra Señora del Carmen; el de Nuestra Señora de Montserrat, el de la Orden Tercera, el de la Princesa, el de San Juan de Dios, el Militar, el de Inválidos, el de Incurables, dos thermopáticos, el de San Luis de los franceses y el de los italianos. 135. Asilos.—El de los ancianos de las hermanitas de los pobres, el de las lavanderas, el de Nuestra Señora de la Asunción (huérfanos de artesanos), el de Nuestra Señora de la Asunción (niños pobres de artesanos), el de San Bernardino, el hospicio de San Fernando y la Inclusa. 136. Establecimientos de previsión y corrección.—Figura entre los primeros, el Monte de Piedad, la Caja de Ahorros y varias sociedades de seguros contra incendios y de socorros mutuos; entre los segundos, las prevenciones, la detención en el Gobiernocivil, la cárcel-modelo (de construcción reciente), la de mujeres, el Saladero y las prisiones militares de San Francisco. 137. División local.—Vamos á considerar la división del área de MADRID bajo su triple aspecto administrativo, judicial y eclesiástico. 138. División administrativa.—Municipalmente, la capital se halla dividida en diez distritos, cien barrios, y para los efectos de la ley electoral, en varias secciones. Las diez alcaldías de distrito están situadas en los puntos siguientes: la de Palacio, en la calle de Fomento, núm. 6; Universidad, Flor Alta, 9; Centro, Caños, 4; Hospicio, Barco, 26; Buenavista, Reina, 8 duplicado; Congreso, Costanilla de los Desamparados, 15; Hospital, Santa Isabel, 36; Inclusa, Cabestreros, 10 y 12; Latina, Santos, 1; Audiencia, Plaza de la Constitución, 3. 139. División judicial.—Para la administración de justicia, divídese la Corte en diez juzgados de primera instancia, establecidos en las Salesas Reales, correspondientes á los diez distritos municipales anteriormente mencionados. 140. División eclesiústica.—Para la administración de los sacramentos, se divide la villa en 17 parroquias, que á continuación se expresan: Santa María, situada en la calle del Sacramento; San Martín, Desengaño; San Ginés, Arenal; San Salvador y San Nicolás, en la plazuela de San Nicolás; San Pedro, en la del Nuncio; San Andrés, en la plaza de su nombre; San Justo y San Miguel, en la calle de San Justo; San Sebastián, en la de Atocha; Santiago y San Juan, en la plaza de Santiago; San Luis, calle de la Montera; San Loren 20, Salitre; San José, Alcalá; San Millán, Embajadores; San Ilde fonso, plazuela de igual nombre; San Marcos, en la calle de San Leonardo, y la de Chamberí. 141. Cuerpo municipal.—Constitúyenlo un alcalde presidente, 10 tenientes de alcalde, 39 regidores y 50 vocales asociados. En el desempeño de sus funciones le auxilian: una junta municipal, compuesta de 25 concejales, otros tantos contribuyen
tes, el registrador de la propiedad, un individuo de la comisión de Estadística y un ingeniero agrónomo, que entiende en el reparto de la contribución sobre bienes inmuebles; las juntas que componen los síndicos y clasificadores de los gremios y que intervienen en el reparto de la contribución industrial; la junta de Instrucción pública; la de Sanidad, la de Beneficencia, y para el cumplimiento de la ley electoral, la de rectificación del censo. 142. Nombramientos.—El monarca nombra al alcalde y los tenientes de alcalde; el primero, con entera libertad; los segundos, entre los regidores y los concejales elegidos por el voto popular. 143. Autoridad y facultades del alcalde.—Dentro del Ayuntamiento, la autoridad del alcalde presidente es casi omnímoda: preside las discusiones, promulga y ejecuta lo dispuesto, y nombra y separa á su antojo á los delegados de los barrios.—En el vasto círculo de sus facultades entran: la de cuidar del gobierno político interior del Municipio, atender al orden público y á la seguridad individual, haciendo que se cumplan fielmente las leyes generales y cuantas disposiciones emanen de la corporación que preside. 144. Atribuciones del Ayuntamiento. —Abrazan éstas las materias siguientes: gobierno político y régimen interior del Municipio; hacienda; obras públicas y servicios municipales; instrucción pública; beneficencia y sanidad. 145. Organización municipal. — La secretaría del Municipio se halla dividida en ocho secciones; y éstas, en negociados, amén de las dependencias que, por su carácter y especial importancia, constituyen un centro casi independiente, como la contaduría y la tesorería, entre otras. Los gastos del personal de la secretaría, que se compone de unos 130 individuos, asciende á 276.975 pesetas.—Cada una de las alcaldías de distrito tiene también su secretaría, la cual consta de secretario, tres oficiales, un revisor y dos ordenanzas; en cuyo sostenimiento se invierten 96.500 pesetas; 67.001 25, en el material, y 100.000, en las oficinas de los alcaldes de barrio. Para atender á la seguridad pública, se lleva un registro especial de todos los licenciados de presidio; en las alcaldías se expide á cada sirviente una cartilla en donde puede el amo anotar las faltas que aquél cometa; se forman padrones de vigilancia, se exige el nombre y demás condiciones á cuantos residen en establecimientos públicos y se inscriben los nombres de los vagos en un padrón especial. Para los ramos de policía urbana y rural, existen varias comisarías: la de alumbrado, la de carruajes, la de paseos y arbolados, la de limpiezas y riegos, la de lavaderos, bancas y baños, la del Parque de Madrid, la de propiedades y derechos de la Villa, la de mercados, la de incendios, la de mataderos y la de fiel contraste y almotacén. Al frente de cada comisaría se halla un concejal ó un director facultativo, cuidando sólo el regidor de la marcha general del departamento. Los gastos del personal de estas oficinas importan 277.52775 pesetas; los del material, 14.182. 146. Fuerza armada.—Para el exacto cumplimiento de sus órdenes, el alcalde de MADRID dispone de una fuerza de 48 inspectores y 448 guardias municipales, cuyos haberes ascienden á 528.000 pesetas; además de los guardas de consumos, de la ronda de vigilancia subterránea y otros varios cuerpos. 147. Obras públicas. — Hállanse igualmente á cargo de varias comisarías: las obras de detall, de que están encargados cinco arquitectos, cinco ayudantes y otros empleados no facultativos; de la fontanería, absorbederos y recipientes urinarios, un arquitecto; de las vías públicas, un ingeniero jefe; otro, primero, y un ayudante; de las aceras y empedrados, dos sobrestantes; uno, mayor, y otro, de caminos y carreteras. En los presupuestos se consignan, para obras municipales de nueva construcción, 1.534.855 pesetas; para entretenimiento y conservación de lo construido, 1.605.43625. 148. Instrucción primaria.—Este ramo, que nosotros consideramos como el más importante de la administración pública, no se encuentra—nos duele decirlo—al nivel de la primera capital de España. Fuera de la escuela Frœbel, verdadero modelo de establecimientos de esta clase, la mayor parte de los colegios establecidos en MADRID, ni reunen las condiciones necesarias al objeto á que se los destina, ni los métodos pedag igicos, que en ellos se emplean, se hallan á la altura de los adelantos de la época. En 1844 lleváronse á cabo algunas reformas en la instrucción primaria de MADRID. En virtud de la real orden de 25 de Julio del referido año, redújose á 30 el número de las escuelas de cada sexo, dotadas por el Ayuntamiento; se dejó á cargo de éste el dividir la población en diez distritos; establecer en cada uno de ellos una de enseñanza mutua, convenientemente modificada, sobre la base de 160 discípulos, distribuyendo las restantes de enseñanza simultánea, igualmente modificada, sobre la base de 70: se facultó asimismo á la Municipalidad para que eligiese de entre los 87 profesores de ambos sexos, que ya existían, los 60 más idóneos y de mayores méritos para cubrir el servicio de las escuelas mencionadas, las cuales se pusieron bajo la inmediata dirección del Ayuntamiento, salvas las atribuciones que se reservaran la comisión superior de la provincia y el Gobierno de S. M. para casos especiales. La asignación señalada en la citada reforma fué: de 6.000 reales anuales á los que regentasen una escuela de las de enseñanza mutua; 4.007, á los que fuesen de la simultánea; 5.000, á las maestras de primera clase, y 3.000, á las de segunda; casa gratuita para sí y su familia y abono de gastos menores de enseñanza, según costumbre. En cada uno de los expresados distritos se mandó instalar una comisión, compuesta de un teniente de alcalde, presidente, un cura párroco y tantas personas como escuelas hubiera en su demarcación, nombradas por el alcalde, con la aprobación del jefe superior político, para que cuidase del buen orden que debia observarse en ellas, y del adelanto moral é intelectual de los alumnos: la vigilancia general de los distritos quedó sometida á dos inspectores, nombrados por el Gobierno, á propuesta del Municipio, y dotados con 10.000 reales anuales cada uno: disponiéndose, por último. que en los sitios correspondientes se establecieran seis escuelas más de párvulos sobre las que ya existian. Treinta y siete años y medio han transcurrido desde la publicación de la real orden citada, y, sin embarg., el ramo que nos ocupa poco ó nada ha progresado. Hoy, como entonces, se conservan los mismos estudios, en muchos de los colegios, idénticas costumbres y hasta casi el mismo género de castigos. El niño, según la feliz expresion de Frœbel, es una planta que, como el vegetal, necesita oxigeno, luz y movimiento; pero el movimiento, la luz y el oxígeno, que el tierno organismo de esos pequeños seres necesita para el desarrollo natural de sus facultades, no creemos que puedan hallarse en el oscuro y reducido espacio, que generalmente ocupan en MADRID los establecimientos de primera enseñanza. Dos cosas, pues, consideramos desde luego de urgentísima necesidad: la fundación de nuevos jardines de la infancia, en que se practique en toda su pureza el sabio método del ilustre Frœbel, y la creación de buenas escuelas de instrucción primaria, en donde, abandonando para siempre añejas costumbres, bárbaros tratamientos y caducos sistemas, se establezca, siguiendo el ejemplo de otros países, un nuevo plan de enseñanza más en armonía con los progresos de la ciencia y de la civilización. Para llevar á feliz término ambas reformas, no creemos que los Municipios tengan que hacer grandes esfuerzos; pero aun cuando así fuera, todo sacrificio debería parecerles poco, tratándose de la institución que mayor influencia ha de ejercer en el desenvolvimiento de las facultades humanas, en el carácter general de los pueblos y en el destino futuro de las naciones. El Municipio de MADRID sostiene en la actualidad: 14 escuelas de párvulos; 33 elementales de niños y 38 de niñas; 9 escuelas superiores para los primeros y 7 para las segundas; 12 de adultos y ó dominicales de adultas. En 1880, concurrieron á estos establecimientos, 3.600 niños, 4.008 niñas y 1.800 adultos.
149. Beneficencia municipal.—Dividese ésta en varias secciones: asilos, colegio de San Ildefonso, hospitales, asistencia médica y casas de socorro. Los asilos son el Hospicio y San Bernardino. El vasto edificio que ocupa el primero de estos establecimientos, se halla situado en la calle de Fuencarral, número 48, y su construcción data del siglo XVIII: la fachada principal, que corresponde á la citada ca Ile, pertenece á aquella época y tiene decorados todos sus vanos y cantones con almohadillado de granito, de cuya materia son igualmente los escudos de armas que se ven repartidos sobre los primeros. En el centro hay una portada de muy mal gusto, hecha por don Pedro Rivera, y en el nicho abierto sobre la puerta, un grupo que representa á san Fernando, recibiendo las llaves de Sevilla, obra de don Juan Ron. Dentro del Hospicio hay escuelas de primera educación para los niños de ambos sexos: en el departamento de mujeres, diferentes salas para las niñas que empiezan á hacer faja y calceta; para las bordadoras; para las guanteras; para costura de nuevo; para el remendado de ropas interiores y exteriores; para las calceteras; para las desmontadoras de lana; para las devanadoras, etc.; en el de los hombres, fábricas de paños, de lienzos, alpargatería, carpintería, ebanistería, herrería, calderería, vidriería, espartería y otros oficios, en los cuales se ocupa diariamente un personal bastante numeroso. Para ser admitido en este establecimiento, es necesario ser hijo de MADRID, ó de su provincia, ó llevar diez años de residencia.—En cuanto al asilo de San Bernardino, lo fundó, en 1834, el marqués de Pontejos, en el local conocido hasta entonces por el convento de frailes gilitos, de la orden de San Francisco, denominado de San Bernardino: su instituto fué para admitir á cuantas personas necesitadas se presentasen y á todos los mendigos de cualquiera edad y sexo, así forasteros como naturales. Para atender á su manutención y demás gastos, se abrió una suscripción voluntaria y el Municipio le fijó una cantidad semanal de 10.400 reales: se establecieron talleres y obradores de oficios análogos á la capacidad y disposición de los acogidos y las oficinas correspondientes para su mejor administración. Así ordenado, continuó el asilo dando resultados excelentes, hasta que en 1842 dispuso el Ayuntamiento, del cual dependía, que su dirección quedara unida á la del Hospicio; siendo trasladados á éste los talleres y todos los individuos útiles de ambos sexos, quedando en él únicamente los impedidos. En la actualidad este establecimiento acoge á los pobres que carecen de medios de subsistencia; se les enseña un oficio y se les proporciona ocupación. Como en el Hospicio, hay también dos departamentos; uno, para los hombres y niños; y otro, para las mujeres y niñas. El número de los acogidos de ambos sexos es, por término medio, de 600, cuyos gastos de manutención pueden calcularse en 90.000 pesetas. En este asilo se recogen especialmente los mendigos que no son de MADRID y se remiten á sus respectivas provincias. El colegio de San Ildefonso, fundado desde tiempo inmemorial bajo los auspicios del Ayuntamiento de esta capital, contaba por los años de 1700, 40 alumnos, los cuales, para ser admitidos, debían acreditar ser huérfanos de padre, por lo menos, naturales de la Corte é hijos legítimos de matrimonio. Declarado establecimiento municipal de primera enseñanza, continúa bajo la tutela del Ayuntamiento y está destinado á la educación de niños pobres, que reunen las circunstancias anteriormente expuestas. La enseñanza que al principio se les daba, era muy reducida; en la actualidad es bastante extensa, y la educación, más acomodada y provechosa. Se calcula en 400 el número de alumnos que reciben educación en este importante establecimiento. El vecindario cuenta además diez casas de socorro, distribuídas en los distritos en que se halla dividida la capital. 150. Subvenciones.— El Municipio de MADRID contribuye á la enseñanza con las siguientes subvenciones: 12.500 pesetas, que concede al colegio de San Antonio Abad para la instrucción gratuíta de los niños pobres de la villa; 2.000, á la sociedad de Fomento de la educación popular; 1.500, á la asociación de escuelas dominicales; 3.000, á las escuelas de artes y oficios, y 1.000, á la sociedad organizadora de orfeones en España; 2.000, á la asociación de la enseñanza de la mujer; y además, 6.000 pesetas para pensiones á los niños y niñas de las escuelas de esta capital, que más se distingan por su aplicación y sean hijos de esta villa y de padres pobres; 1.000, para la fundación de un museo pedagógico; 1.500, para una señorita, y 25.000, para la creación de cuatro escuelas. A los establecimientos de beneficencia concede la Municipalidad: 1.098 pesetas para dos pensiones, por tiempo de tres años, á los alumnos del colegio de San Ildefonso que más se distingan; 2.500, para dos premios á la virtud, y 250, à las hermanitas de los pobres, como ayuda para la construcción de su casa-asilo. 151. Limpiezas, riegos, incendios, alumbrado público y arbolado.—Estos servicios están á cargo de sus respectivas comisarías. Para la limpieza de la población existen un personal de más de 500 hombres y numerosas bocas de riego, abiertas de trecho en trecho en todas las calles de MADRID: para atender al servicio de incendios, el cual, dicho sea de paso, no está tan bien organizado como en otras ciudades, sostiene el Municipio una cuadrilla de operarios, compuesta próximamente de 80 individuos entre capataces y mangueros, que se ha distinguido siempre por su inteligencia y arrojo. Las bombas de incendios se hallan repartidas en 14 puntos de la capital. El número de faroles destinados al alumbrado público excede de 5.000, sin contar las farolas de tres y cinco mecheros ó bombas situadas en las plazas y plazuelas de la villa; el número de árboles que adornan las vías y paseos públicos, era, en 1855, de 40.000; en el vivero antiguo, llamado de Migas Calientes, se contaban sobre 280.000 piés de varias clases, y en el de Santa Isabel, ó sea del Pañuelo, 17.000. 152. Presupuestos municipales.— La administración de la Hacienda de esta capital viene á ser tan importante como la de algunos pequeños Estados de Europa. Los presupuestos correspondientes al actual ejercicio de 1881 y 82, aprobados por los concejales y vocales asociados, que el Municipio nombra de entre los contribuyentes, que satisfacen determinada cuota de contribución, ascienden: el de gastos, á 27.071.526 48 pesetas; el de ingresos, á 25.350.43079, resultando de ambas cifras un déficitde l.721.095 69 pesetas. 153. Recursos y arbitrios municipales.—Entre los primeros, figuran los siguientes; rentas y productos procedentes de bienes, derechos, establecimientos de instrucción, de beneficencia, recargo sobre contribuciones directas, ingresos extraordinarios y eventuales é impuesto de consumos. El producto de las propiedades del Municipio de esta capital está calculado en 790.495 57 pesetas: la beneficencia, en 112.145. Los arbitrios municipales, en cuyo crecido número figuran el á por 100 de recargo de la contribución territorial, el 10 por 100 de la industrial, el 15 por 100 sobre el impuesto de las cédulas personales y el 100 por 100 sobre el de consumos y el de la sal; el sello municipal, que se exige en los recibos de depósitos provisionales que se hacen en la tesorería del Ayuntamiento, y en otros documentos; las certificaciones que se expiden, los derechos sobre los artículos de comer, beber y arder, materiales de construcción y otra infinidad de servicios; los arbitrios de la romana, almotacén de pesos y medidas, de mataderos y bancas, baños y licencias de aguadores, espectáculos públicos, fiel romana, licencias de construcción y reparación de fincas; la ocupación de la vía pública, como los mercados, los puntos en donde se estacionan los coches de plaza, el genado de lujo, el caballar, el mular y vacuno, cualquiera que sea el objeto á que se le destine; los canalones existentes en las fincas urbanas, los anuncios, los tranvías y las concesiones para construirlos, las vallas que se colocan en la calle cuando se procede á la edificación ó revocación de una casa, los puntales ó asnillas para apeo de casas, las ferias, verbenas, titiriteros ambulantes, sillas en los paseos,
cañerías del gas y otra multitud de arbitrios, que sería prolijo enumerar, producen en junto una cantidad que no baja de 1.470.104 pesetas. El Ayuntamiento de esta villa exige asimismo, competentemente autorizado por el Gobierno, un recargo especial sobre las contribuciones directas, cuyo total importe está calculado en 2.913.000 pesetas; la recaudación por ingresos extraordinarios y eventuales se evalúa en 71.450, y la del impuesto de consumos, que constituye el principal y más importante recurso del Municipio, representa la suma de 19.993.32478 pesetas (ochenta millones en números redondos). 154. Mercados.—Este servicio, uno de los más gravosos y desatendidos de la villa hasta hace poco, cuenta en la actualidad, hecha excepción del de ganados, establecido en las afueras de la puerta de Toledo, tres mercados públicos de alguna importancia, situados en las plazas de la Cebada, Mostenses y Riego; y ocho, de segundo orden; San Miguel, Carmen, San Ildefonso, San Antón, Tres Peces, Trasmiera, Gratados y Chamberí; los dos primeros, explotados por el Ayuntamiento; los restantes, de propiedad particular. 155. Otros servicios.—El digno y celoso Municipio de MADRID nos favorece á última hora con los siguientes curiosos datos, de que no debemos privar á nuestros ilustrados lectores. Aprovechamos esta ocasión para significarle nuestra gratitud por las muchas y preciosas noticias, que debe á su bondad el presente artículo. 156. Consumo de la población.—La cantidad y clases de las especies de mayor consumo, introducidas en MADRID durante el ejercicio de 1880-81, fueron las siguientes: vinos de todas clases, 22.312.366 litros; aguardientes, 1.665.892; leche, 3.665.728; carne de vaca, 11.338.916 kilogramos; de ternera, 1.332.901; de cabrito, 53.905; de cordero, 1.264.801; de carnero, 1.325.666; de oveja, 192,542, de cerdo, 3.936.021; jamón, 573.289; tocino, 26.292; manteca salada, 51.236; embutido de todas clases, 412.091; pescado fresco, 1.366.838; pescado salado, 147.584; garbanzos, 7.773.937; aceite vegetal, 5.235.035; aceite mineral, 1.834.490; arroz, 18.682 quintales métricos; trigo, 437.244; cebada, 251.154; habas, 1.473; algarroba, 4.595; otros granos y semillas, 102; legumbres secas, 20.911; pan elaborado, 3.155; harina de arroz, 62; de trigo, 130.839; de cebada, 315; de algarroba, 4.709; de legumbres secas, 74; de los demás granos, 50.—El número de reses muertas en los mataderos públicos en el mismo ejercicio, fué: cerdos, 35.662; vacas, 59.810; terneras, 26.993; carneros, 109.818; ovejas, 18.227; corderos, 76.255. El número de las muertas durante el primer semestre del actual año económico de 1881-82, asciende á 33.340 vacas, 86.642 carneros, 7.300 corderos, 14.460 ovejas y 11.935 terneras, que representan 7.698.401 kilogramos de carne, que han producido 2.280.094 pesetas, 40 céntimos. 157. Plazas de aquadores y carruajes. —Para el suministro de agua diaria al vecindario de la villa, cuenta el Ayuntamiento con 1.125 plazas de aguadores, en las cuales hay vacantes en la actualidad unas 140 próximamente.— Numerosos coches del tranvía, partiendo de opuestas estaciones, cruzan frecuentemente las calles principales y las más apartadas del centro de la capital.—Para servicios especiales de la población, existen en MADRID, comprendidas las vacantes, 200 ómnibus y 602 coches de plaza. 158. Coches y caballos de lujo.—Ignórase el número de coches de particulares que hay en MADRID, calculándose éste por el de los caballos de tiros matriculados, que asciende á 1.240; y á 283, los de silla. 159. Nuevos barrios. — Los trece nuevos barrios, que han dado origen al considerable ensanche de la población de MADRID, se hallan situados: al Norte, el de Chambert, entre la carretera de Francia y la calle; el de Santa Bárbara, entre la calle de Santa Engracia y la Ronda de Recoletos; el de Indo, entre la Ronda de Recoletos y el paseo del Obelisco; el de la Castellana, á continuación del paseo del Obelisco; el de Salamanca, entre el paseo de la Castellana y la estación del tranvía; al Nordeste, el de la carretera de Aragón, entre la estación del tranvía y la Plaza de Toros; al Sudeste, el del Pacífico, entre la Ronda y la carretera de Valencia; al Mediodia, el del Sud, entre la estación del Mediterráneo y el paseo de las Delicias; el de las Peñuelas, entre el paseo de Embajadores y el de las Acacias; al Noroeste, el de Argüelles, entre la Montaña del Príncipe Pio y la Moncloa; el de Pozas, entre la calle de la Princesa y el paseo de Areneros; el de Valle Hermoso, entre el paseo de San Bernardino y la calle de Magallanes, y el de Bellas Vistas, entre la calle de las Navas de Tolosa y la carretera de Francia. 160. Nuevos arrabales. — Encuéntranse éstos: al Norte, los de Tetuán, Chamartin, Prosperid ad y Guindalera; al Oriente, los del Espíritu Santo y Concepción; al Mediodía, los de Vallecas, Toledo y San Isidro, y al Occidente, los de Segovia y Manzanares. 161. Curiosidades.—I. Distintivo de los concejales de Madrid. Los Ayuntamientos, llamados perpetuos, usaron durante muchos años, en los actos solemnes y ceremonias públicas, la cruz del 2 de Mayo. Porteriormente, los concejales se distinguieron por una medalla dorada, que pendía de una cinta verde. En 1869 se adoptó una faja de seda, convertida después en fajín, con el color dorado del pendón de Castilla, y el rojo y oro de la bandera nacional. 2." Antigüedades de la Universidad. Del inventario de armas, procedentes del colegio mayor de San Ildefonso, año 1526, sólo se conservan en la biblioteca de la Universidad dos armaduras incompletas; un arcabuz y una escopeta de mecha; dos hierros de alabardas quebradas y hasta arregladas arbitrariamente en época muy posterior, y una ballesta rota. En cambio, hay tres banderas y el estandarte de Cisneros, que se llevaban en las procesiones de la Universidad, pero que no constan en el indicado inventario. Existen también allí las llaves de Orán: el cáliz en que consumía Cisneros; el anillo, el amito y el alba que vestía y el breviario en que rezaba. El cáliz está revestido de follajes de gusto gótico y tiene en la parte superior la le yenda: Ave María, gratia plena; el anillo ostenta en una amatista un busto de la Virgen, rodeado de diamantes. y el breviario se halla escrito en vitela con mucho primor y enriquecido de orlas, viñetas é iniciales de colores. También hay un pequeño incensario, consagrado por la memoria de Cisneros y muy característico de la época. 3.a Armería Real (como edificio). — La Armería Real, que está enfrente de la fachada del Sur del Palacio, cerrando con él una espaciosa plaza, es un edificio sencillo, sin ornato, aunque de una extensión considerable. En uno de sus ángulos hay un grandioso arco de piedra almohadillado, que da entrada á la plaza de Palacio, y todo el edificio participa del carácter de seriedad del tiempo de Felipe II, en cuyo reinado se construyó por Gaspar de la Vega, su arquitecto, colocándose en él la Armería Real, que se trajo de Valladolid en 1565. Todo el piso principal es una galería. cuya longitud de Oriente á Poniente contiene 227 piés castellanos, con 36 de latitud y 21 de profundidad. 4. Armería Real (como gabinete de antiguedades).—Bajo este título se esconde el más bello y más rico, si no el más numeroso, depósito de armas y de objetos artísticos é históricos que existe en Europa; tal ha sido, sin embargo, el abandono qne ha habido en estas cosas, que el que visitaba aquel museo le recorría á expensas del inventario que publicó Abadía en 1793, ó de los cicerones que, con sus errores tradicionales sobre aquella magnífica colección, suplían la falta de una guia ilustrada para visitarla con provecho. Por fin en 1850, gracias á las laboriosas investigaciones del señor Martínez Romero, apareció un catálogo perfectamente hecho, dando la verdadera significación á las preciosidades que encierra aquel gran tesoro artístico é histórico. En el edificio que construyó para sus caballerizas, reunió Felipe II en 1565 los muchos objetos históricos que se hallaban en Valladolid y Simancas, á los cuales se fueron sucesivamente agregando otros, hasta el punto que marca el citado inventario de Abadía. Son de notar los siguientes, que indicamos con el número con que están señalados: 141. Armadura de malla de Alfon
so V de Aragón. 233. Rodela ganada por Don Juan de Austria á los moriscos de las Alpujarras. 293. Media armadura del condestable de Castilla don Iñigo Fernández de Velasco. 321. Panoplia ó armadura completa del elector de Sajonia, prisionero de Carlos V. 376. Media armadura del infante cardenal Don Fernando, gobernador de los Paises Bajos. 878. Celada con gola del emperador Carlos V. 390. Rodela flamenca á prueba de mosquete, enviada por Pio V á Don Juan de Austria. 397 y 408. Celadas turcas cogidas en Lepanto. 402. Armadura fébrida de Don Juan de Austria. 426. Media armadura de Felipe III. 453. Media armadura de Diego García de Paredes. 481. Armadura del emperador Carlos V. 483. Rodela flamenca de Felipe II. 499. Armadura alemana de Carlos V. 544. Media armadura del conde Niebla. 630. Media armadura de niño, regalada por el duque de Osuna á Felipe III. 640. Ballesta del duque de Alba. 901. Armadura del marqués de Pescara. 927. Media armadura del poeta Garcilaso de la Vega. 939. Escudo ó rodela famosa del Juicio de Paris. 1132. Media armadura de Juan de Padilla. 1157. Armadura de don Alvaro de Bazán. 1181. Armadura del marqués de Mondéjar. 1231. Media armadura de Juan de Aldana. 1241. Escudo del marqués de Villena. 1249. Media armadura del capitán Alonso de Céspedes. 1327. Media armadura enviada á Felipe IV, equivocadamente atribuida á Isabel la Católica. El armario A contiene objetos cogidos en el palacio del bey de Orán y tomados de Alí-Bajá, que mandaba la capitana en el combate de Lepanto. Marcados con los siguientes números se hallan los objetos que vamos á indicar: 1519. Bolsón de terciopelo con un libro de oración en árabe. 1525. Pendón que Carlos V llevó á Túnez. 1543. Chapines chinos. 1544. Bastón, carcax y calabaza de un cacique americano. 1563 y 68. Dos krytes malayos. 1577 y 78. Sables persas. 1588. Brazalete turco de Alí-Bajá, almirante de los turcos en Lepanto. 1598. Espada llamada de Boabdil, último rey moro de Granada. 1614 y siguientes. Montantes regalados por los papas y los reyes de España. 1632. Yelmo de Don Jaime el Conquistador. 1644. Espada del mismo. 1645. Espada de don Diego Hurtado de Mendoza. 1654. Espada de Fernando III. 1659. Espada de Pelayo, traída de Covadonga. 1662. Espada atribuida á Roldán. 1666. Escudo de la cabeza de Medusa, perteneciente á Carlos V. 1694. Otro ídem. 1696. Espada toledana de Fernando el Católico. 1697. Espada sin guarnición del príncipe de Condé. 1698. Espada de Bernardo del Carpio. 1702. Espada del Gran Capitán. 1705. Espada valenciana de Isabel la Católica. 1711. Gran partesana de Don Pedro I de Castilla, 1713. Espada de Carlos V. 1721. Espada notabilísima por su trabajo, que se supone de Benvenuto Celini. 1727. La Colada, famosa espada del Cid. 1731. Freno atribuído al caballo de Witiza. 1732. Adarga que se supone perteneció á Felipe II. 1762. Espada zaragozana de Don Juan de Austria. 1765. Montante de Fernando el Cató lico. 1769. Espada de Francisco Pizarro. 1772. Tarja ó tarjeta de Francisco I. 1773. Espada de Felipe II. 1775. Ronfea ó espada larga de Diego García de Paredes. 1776. Espada de Carlos V, traída del monasterio de Yuste. 1807. Espada de Hernán Cortés. 1814. Espada petrificada, hallada en el río Tajo. 1842. Escudo ó rodela de la conquista de América. 1845. Espada de Juan de Urbina. 1848. Espada del segundo Don Juan de Austria. 1862. Espada de Hernando de Alarcón. 1868. Escudo del Rapto de las Sabinas. 1870. Espada del perrillo, del poeta Garcilaso. 1872.Espada de Carlos II el Hechizado. 1874. Daga regalada por Luis XIV á Luis I. 1879. Escudo del triunfo d’Amore. 1880. Espada de Felipe IV. 1912. Espada de Felipe III. 1913. Espada de Olivares. 1916. Espada de Garcilaso de la Vega, el que mató al moro. 1917. Espada de don Suero de Quiñones. 1928. Espada del marqués de Santillana. 1931. Platos de hierro de la vajilla de campaña de Carlos V. 1932. Bota de montar del elector de Sajonia. 1933. Bandera austriaca, procedente de la guerra de Sucesión. 1940 y 44. Cañones de mano y de cuerda mecha, pertenecientes á Don Jaime el Conquistador. 1934 y sucesivos.
Pistolas, arcabuces y pedreñales curiosos. 2038 y 39. Estandarte de la batalla de Lepanto. 2107 y sucesivos.
Cañones, escopetas y pistolas de fábrica española. 2189 y sucesivos. Silla morisca y otros regalos hechos á Carlos III. 2218. Escopetas de Carlos III. 2272. Bandera turca procedente de Lepanto. 2309. Media armadura del obispo Acuña. 2311. Silla de armas del Cid. 2316. Armadura de Carlos V, traida de Yuste. 2321. Armadura ecuestre de Carlos V sobre un caballo bardado ó encobertado. 2323. Casco de Carlos V, falsamente atribuido á Julio César. 2332. Armadura del duque de Alba. 2340. Armadura milanesa de Antonio de Leiva. 2342. Armadura de Hernán Cortés. 2343. Celada perteneciente á Boabdil, el rey chico de Granada. 2351. Traje de un jefe lipano. 2355. Armadura de Cristóbal Colón. 2373. Casco con vuelo, perteneciente á Don Juan de Austria. 2384. Armadura de Felipe III. 2388. Armadura de Felipe II, con que le retrató el Ticiano. 2389. Casco de Ali-Bajá, almirante de los turcos en Lepanto. 2396. Armadura chinesca regalada á Felipe II por el emperador de la China. 2397. Cañones gemelos usados en España en el siglo xIv. 2398. Armadura de Felipe II, sobre un caballo bardado. 2399. Armadura del principe Don Carlos, hijo de Felipe Il. 2408. Toldillo ó sillón portátil de campaña de Carlos V. 2411. Armadura completa ecuestre de Carlos V con que entró en Túnez. 2110. Borgoñota del mismo. 2425. Litera de cuero del mismo. 2434. Armadura de Juan de Escobedo. 2459. Armadura japonesa, regalada á Felipe II por el emperador de la China. 2479. Armadura ecuestre del marqués de Villena. 2490. Armadura del Gran Capitán. 2498. Armadura ecuestre de Hernando de Alarcón. 2517. Armadura completa de torneo sobre un caballo bardado. 2521. Casco de Francisco I. También estaba allí como glorioso trofeo de la batalla de Pavía la espada que el mismo Francisco I rindió á Juan de Urbieta; pero manifestó Murat al ministro Caballero deseos de que sé le entregase, y Fernando VII inauguró su reinado con el decreto de 30 de Marzo de 1808, mandando la entrega de aquel glorioso trofeo ganado con sangre de los españoles, que fué puesto en manos del enemigo por las del caballerizo marqués de Astorga, con la pompa de que dió cuenta la Gaceta de 5 de Abril de 1808. De tal modo exasperó á Velarde, el héroe del Dos de Mayo, este acto de fastuosa galantería, que proyectó evitar la entrega, y aun se dice que llegó á reunir alguna gente, con intención de lanzarse sobre la comitiva y apoderarse de la espada para estorbar que saliera de España. Son curiosísimas una armadura completa de san Fernando en una efigie del santo rey; dos armaduras de Isabel la Católica, compuestas de peto y espaldar, brazaletes y morrión, en cuyas viseras se lee: Isabel; así como inspira un vivísimo interés histórico la armadura de Juan de Escobedo, la misma que llevaba en la noche en que fué asesinado, viéndose en ella las abolladuras que causaron los terribles golpes de los asesinos. Cuando se visita este gabinete monumental, parece que se alienta el espiritu de otras edades, que se siente la emoción del tiempo y que agranda nuestro corazón el prestigio sagrado de la historia. Más que reliquias de la antigüedad, se nos figura ver los manes severos de otras generaciones, sombras augustas de nuestra patria. 5.a Banderas de Atocha.—Bajo el punto de vista de trofeos nacionales, podemos afirmar que Atocha, más que una iglesia, es un rico museo; aun cuando la curiosidad histórica nos deje tanto que desear en punto á las noticias y al origen de monumentos tan preciosos. Vamos á insertar cuanto se ha dicho sobre las célebres banderas de A tocha. «Con espíritu claramente saturado de pasión política se ha discurrido estos últimos años acerca de los genuinos colores de la bandera española, callando lo que pudiera servir de apovo á uno y aduciendo en favor de otros razones completamente débiles. Hubiera zanjado la cuestión el de la enseña de Pelayo, el héroe de la Reconquista; pero Pela
yo no tuvo otra que la cruz de la victoria ó de los ángeles; habríala resuelto el matiz del pabellón triunfante en Granada, emblema de la unidad nacional; pero lo que apareció resplandeciente en las almenas de la Alhambra fué la gran cruz de plata que los Reyes Católicos Ilevaban consigo en todas las lides; cruz que tuvo por acompañamiento las banderas de Castilla, de Aragón, de Santiago, y el pendón de guerra del cardenal Mendoza, que se conserva en Toledo; entonces no se daba todavía importancia á los colores del pabellón nacional y cada caudillo ó capitán alzaba, á su capricho, bandera propia. Contra los flacos argumentos en favor de los colores rojo y oro, fundados en el de la orden é insignia de la Banda, en hechos que se refieren exclusivamente á Cataluña, en versos que no hacen al caso y en pinturas posteriores á la rota de Villalar, con cuya sangre se procuró teñir y cambiar el color morado, hay otros datos de más fuerza ciertamente. Morada es la cruz compuesta de cuatro hierros de lanza, que recuerdan el escudo de Alonso el Bravo y los famosos jinetes de MADRID, que se distinguieron en las conquistas de Toledo y Cuenca, en las Navas de Tolosa, en los sitios de Córdoba y Sevilla, en la batalla del Salado y en las campañas de Granada, y morado, respetando aún la tradición, es el interior del manto que usa el cuerpo colegiado de la nobleza de MADRID. Morado el pendón de Castilla, visto con ojeriza desde que el desgraciado Juan de Padilla le tomó como enseña de resistencia á la usurpación que del extranjero sufrieran fueros y libertades. Nada significa para la cuestión de los colores nacionales que á Carlos V se le antojara adoptar el color rojo de la insignia de la Banda; que Felipe II vistiera la infantería de amarillo con cuchillos rojos; todo eso lo echó por tierra Felipe V con estos dos renglones del decreto de 28 de Febrero de 1707: «Es mi voluntad que cada cuerpo traiga la bandera coronela blanca, con la cruz de Borgoña, según el estilo de mis tropas;» y vistiendo además á los soldados con el color señalado en Francia por Luis XIV, en vez de los que les había puesto Felipe II; mientras tropezando Carlos III con los inconvenientes que ofrecían en los mares las banderas blancas de Francia, España, Nápoles, Toscana, Parma, de todos los Estados regidos por la casa de Borbón, que no siempre mantenían entre sí la buena armonía de familia, escogía entre doce modelos el actual; mientras José I le alteró, y Fernando VII volvió á dar á los regimientos la bandera blanca y la cruz de Borgoña, y el Gobierno provisional de 1843 restableció la roja y amarilla; á través de estos efimeros cambios, morado siguió siendo el estandarte que se enarbolaba al tope mayor de los buques de guerra, cuando en ellos se hallaba el rey; moradas fueron las banderas del regimiento inmemorial del Rey, vulgarmente llamado tercio de los morados; moradas eran las banderas de los cuerpos facultativos en virtud de privilegio reconocido desde Felipe V hasta el decreto de 1843, que, al establecer los colores rojo y amarillo en las banderas del ejército, decía: «Art. 2.° Los cuerpos que por privilegio ú otra circunstancia llevan hoy el pendón morado de Castilla, etc.;» moradas y blancas se escogieron las cintas de la cruz de San Hermenegildo y la banda de Damas nobles; moradas son las cintas de las cruces creadas para premiar la defensa de Ciudad Rodrigo y la batalla de San Marcial, que tienen más significación y nos atañen más que la orden de la Banda; moradas aran la c. banderas de los hatallones provinciales de Valladolid, Zamora, Sevilla y MADRID, que se conservan en el Museo de Artillería; moradas las de la milicia nacional de toda España, que tanto contribuyó á vencer la bandera blanca enarbolada por los partidarios de don Carlos, y de que vino muestra desde Vergara al citado Museo. Que el color morado ó violado fuera privativo en la antigüedad de reyes y soberanos, en nada se opone á que fuese también el del pendón de Castilla, como no sería razón para hacer la guerra al rojo, que haya sido del agrado de Carlos V y Felipe II. Banderas de dinastías hay aquí varias; bandera que pueda presentarse como simbolo de la colectividad nacional, no hay ninguna: proponga quien quiera que se agrupen los colores de todos los antiguos reinos; pero no hay razón para hacer la guerra al de Castilla y abogar por los que escogió quien acabó con sus fueros, ni acaso hay conveniencia en añadir á la falta de reglas fijas sobre el particular, que el lector notará fijándose en las banderas de que vamos á ocuparnos, y sobre todo á los mil y un medios que los españoles hemos imaginado para nuestras luchas políticas, nueva confusión por asirse tenazmente con crítica histórica de circunstancias á tal ó cual color, para aumentar á tantos pretextos de lucha, otro más sobre los matices del arco iris. En el templo más lejano del centro y, artísticamente considerado, uno de los más insignificantes de MADRID, varias veces arruinado é incendiado, se hallan revueltas una multitud de banderas de cuya procedencia no existe dato alguno, ni siquiera el de las fechas en que fueron entregadas á aquella iglesia. Como en ninguna de las obras que se ocupan de MADRID hay noticia circunstanciada de aquellas reliquias nacionales, daremos la única posible, tomada de una descripción que recientemente ha hecho, como ha podido, un distinguido oficial del cuerpo de inválidos. En el presbiterio al lado del Evangelio.—Grupo de quince banderas procedentes de la Guardia real de infantería y provincial. Entre ellas, se halla el pendón de Castilla de gro morado, y una bandera fondo blanco con las armas reales bordadas á realce en seda y oro; pendón y bandera, fueron bordados por Doña María Cristina de Borbón. Encima de dicho grupo se ve otro compuesto de cinco banderas. La más baja de la derecha: bandera de una tela fuerte toda blanca, y la inscripción: «Por el rey Fernando VII, su cuarto batallón de reales Guardias españolas.» La otra baja de la izquierda es en un todo igual á la anterior y perteneció á dicho regimiento. Encima de la bandera baja de la derecha hay otra coronela sobre fondo blanco, sosteniendo las armas reales dos leones de buen tamaño, delineados, así como las armas, con retales de telas de seda de colores, amarillo, azul y encarnado, unidas con cordones negros. En los cuatro ángulos se halla un escudo en la misma forma que los del centro, y una torre en medio; se ignora el regimiento á que perteneció. Al lado opuesto de la anterior hay otra, también coronela, sobre fondo blanco, cruz de Borgoña además de las armas reales, y en los extremos de aquélla, un escudo con las barras de Aragón. Encima de la corona que cubre cada uno de los escudos, se halla un murciélago en fondo negro, de que se deduce que dicha bandera perteneció á alguno de los cuerpos del reino de Valencia, que le tiene en sus armas. En el centro de dicho grupo hay otra bandera coronela sobre fondo azul y encarnado, armas reales sostenidas por dos leones, formado uno y otro con retales de seda de colores amarillo, azul y encarnado, unidos con seda negra, que forma un cordón de bastante visualidad. No se sabe el regimiento á que perteneció ni la época de su adquisición. En el mismo presbiterio, al lado de la epístola.—Grupo de ocho estandartes de caballería, dos pequeñas banderas de cadetes y cinco grandes de infantería. Estandarte de caballería, de damasco encarnado, fleco de plata alrededor. Las armas reales y varios trofeos militares, bordado todo de oro y plata á realce. Se cree perteneciese al regimiento de Almansa. Otro estandarte, fondo azul, con las armas reales, bordadas de seda, plata y oro, á realce, lo mismo que diferentes adornos. Fleco de plata alrededor, sin inscripción alguna. Se ignora el cuerpo á que perteneció. Otro estandarte, de damasco encarnado, con una greca bordada de plata y fleco de lo mismo, todo alrededor. Cuatro flores de lis en el campo, bordadas con dicho metal, y en el centro, por un lado, las armas reales, también bordadas en plata, seda y oro, y por el otro, en la misma forma, un escudo con san Miguel en medio, teniendo el diablo á sus piés. No se sabe su procedencia ni el regimiento á que perteneció. Otro estandarte de iqual tela, fleco y bordados que el anterior; el campo sembrado
de trofeos militares bordados de plata: en el centro, las armas reales por un lado; y por otro, un escudo con corona real; en el centro de éste, el ave fénix, con varios trofeos militares por debajo y una inscripción latina bastante borrada. Se infiere que perteneció al regimiento de caballería de la misma denominación, aunque se ignora la época de su entrega. Otro estandarte, de damasco encarnado con una greca bordada de plata y fleco del mismo, todo alrededor; en el campo, cuatro flores de lis bordadas del mismo metal; en el centro, las armas reales bordadas en sedas de colores, oro y plata, y en el reverso, otro escudo de lo mismo representando la efigie de san Miguel con el diablo á sus piés; se ignora su origen y la época de su adquisición. Otro estandarte, en todo igual al anterior, y del cual se ignora igualmente la procedencia. Otro estandarte lo mismo que los dos precedentes y de los cuales, únicamente por la antigüedad del dibujo de la flor de lis, puede inferirse que son de época anterior á la guerra de la Independencia. En el centro del grupo se halla el estandarte procedente de la extinguida Guardia real; su fondo, de damasco encarnado, bordado á realce en plata y oro, igual en ambas caras; en toda su circunferencia le adorna una cenefa formada por palmas y laureles, con fleco de plata de canelón y de hilillo de más de tres dedos de ancho; en los cuatro ángulos, una flor de lis bordada en oro de canutillo; encima de esta alegoría, correspondiente á cada uno de los cuatro regimientos de granaderos, coraceros, lanceros y cazadores, de que se componía la Guardia real de caballería. En el centro, las armas reales bordadas en relieve, todo en oro, plata, y únicamente seda para distinguir los cuarteles y matizar el campo. En un lazo que circula dos terceras partes del escudo se lee la inscripción siguiente: «La reina Cristina á los granaderos de caballería de la Guardia real.» En el mismo grupo se hallan dos handeras de pequeño tamaño, de tela sobre fondo encarnado y fleco alrededor, las armas de España pintadas en un lado; en la otra, las de la corona de Aragón, y al pie, la inscripción siguiente: «Caballeros cadetes que con su sobresaliente aplicación aspiran á ser útiles á la patria y llegar á la cumbre del honor.» Se ignora quiénes fueron los cadetes que la usaron, y en qué tiempo, aunque se infiere sería en la guerra de la Independencia. Las cinco banderas de infantería que hacen parte del grupo que se describe, tienen la colocación siguiente: á la derecha: bandera coronela sobre fondo blanco; cuatro escudos en los ángulos y un castillo bordado en cada uno, circundados todos con palmas y laurel, sin inscripción alguna; por lo tanto, se ignoran el cuerpo á que perteneció, su origen y procedencia. Debajo de la descrita bandera se halla otra, también coronela, sobre fondo blanco; en los cuatro ángulos opuestos presenta las barras de Aragón dentro de un escudo con corona real y una inscripción que dice: «Segunda sección, primera legión,» de lo que se deduce perteneció á las legiones catalanas formadas en la guerra de la Independencia; pero se ignoran los demás pormenores que aclaren su adquisición. Al lado izquierdo, la bandera de encima es otra, también coronela, sobre fondo blanco: cuatro escudos en los ángulos, figurando el mar, y una fortaleza y un lema que dice: «Regimiento de milicias urbanas de Málaga.» Se cree perteneció á la guerra de la Independencia, y se ignora lo demás. Debajo de la anterior, otra bandera coronela, fondo blanco, escudo de armas, y á su pie, entrelazados, dos fusiles, y en los cuatro ángulos, un escudo con las barras de Aragón. Encima de la corona real del escudo del centro se halla una inscripción abreviada, que dice: «1.a legión;» de que se deduce perteneció á las que, en Cataluña, se crearon durante la guerra de la Independencia, ignorándose lo demás. En medio de las cuatro descritas banderas, otra, también coronela, de fondo blanco, y las inscripciones siguientes: «Pro Fide, Pro Rege, Pro Patria;» al pie del asta tiene otro escudo con corona real, y en el centro, cinco flechas atadas; encima, un arco tendido, y la inscripción que dice: «Tanto monta;» de lo que se infiere procede de la corona de Aragón; pero se ignora lo demás que á ella se refiera. Encima del descrito grupo de banderas y estandartes hay otro compuesto con cinco de aquéllas, cuya descripción es como sigue: bandera de batallón, fondo blanco; cinco escudos en la cruz de Borgoña, y en el del centro, la imagen de la Virgen; en los ángulos, cuatro efigies de santos, y en el campo, un lema que dice: «Murviedro, tercio saguntino;» otro lema, alrededor de una cruz, con las palabras: «Viva la fe y por ella muramos;» de lo que se deduce perteneció á la guerra de la Independencia. Otras tres banderas, iguales en un todo á la anterior, con las propias inscripciones, y que por lo tanto pertenecen á la misma época. Bandera coronela sobore fonablanco, esedao ae armas reales y cruz de Borgoña, teniendo á los cuatro extremos de sus aspas otro escudo, dividido en cuatro cuarteles, y en cada uno de éstos, la cruz correspondiente á las cuatro órdenes militares. Pendiente del escudo de armas, otra cruz con cuatro brazos azules, y en el centro de ella, con orla laureada, la inscripción siguiente: «Tolosa, 1.° de Abril de 1814;» de lo que se infiere que fué regalada esta bandera en conmemoración de la batalla ganada por las armas españolas cerca de la ciudad de aquel nombre en Francia; pero se ignora el cuerpo á que perteneció. En la cornisa, al lado del Evangelio, desde el altar mayor al coro.—Bandera de gro blanco, pintada en el centro la imagen de la Virgen, con diferentes trofeos militares; una greca alrededor. y además una inscripción que dice: «Conspirar con ardor á competencia por la fe, por Fernando y por Valencia;» de donde se infiere que perteneció á este reino en la guerra de la Independencia; pero se ignora todo lo demás que á su historia haga relación. Bandera compuesta de tres paños: colores encarnado, blanco y amarillo: en ellos, pintada la imagen de san José con el Niño, y un ángel con una sierra; debajo de ésta, una inscripción que dice: «Voy con vosotros.» Se ignora todo lo demás que con esta bandera tenga relación. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña, y en los extremos de las cuatro astas, un escudo figurando las columnas de Hércules y los dos mundos, y la inscripción que dice: «Segundo de América, infantería de línea;» infiérese que perteneció á este cuerpo en la guerra de la Independencia. Bandera coronela, sin inscripción alguna, fondo blanco, armas reales y cruz de Borgoña; en el remate de las cuatro aspas de ésta hay un escudo que figura un puente doble con una cabeza en el centro: de lo que se infiere pudo pertenecer á la ciudad ó provincia de Segovia, que usa estas armas. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña, y en los cuatro ángulos, un escudo con las barras de Aragón, y en el campo, la inscripción que dice: «Infantería ligera, cazadores de Cataluña.» Esta inscripción marca la provincia á que perteneció el batallón que la usaba; pero se ignora su época. Otra bandera, también de batallón y de fondo blanco; cuatro escu los iguales en los ángulos, con una cruz en el campo, y la inscripción siguiente: «Saboya, 5.° de línea.» Bandera coronela, sobre fondo blanco, armas reales y una faja figurando lazo con la inscripción: «Voluntarios de Málaga.» En los dos ángulos opuestos, una imagen con corona y cetro y un niño rey á los piés; y en los otros dos, un escudo con una parte de fortificación antigua á un lado, y en el centro, una T. y una M., bordadas de seda negra, cuyas iniciales pueden significar: «Tiradores de Málaga,» ignorándose todo lo demás que con su historia pueda tener relación. Bandera de batallón, fondo blanca, con cuatro escudos iguales en las aspas de la cruz de Borgoña, figurando un manto real coronado y tres flores de lis bordadas en seda amarilla en el centro del escudo. Se ignora el cuerpo á que pudo pertenecer. Bandera coronela, fondo blanco, con dos leones sosteniendo el escudo de las armas reales; en los ángulos, otros escudos con Santiago á caballo y una bandera en la mano; tiene la banda de Carlos III en la circunferencia de la cruz y la inscripción: «Virtud y mérito;» no se sabe el cuerpo á que pudo pertenecer, ni su época. Bandera coronela, fondo blanco, con dos leones que
sostienen las armas reales como la anterior. En los cuatro ángulos, un escudo con una llave bordada en seda blanca; una inscripción que dice: «Perpetua memoria de los hombres: conquista de San Fernando;» no se sabe la época á que hace referencia esta bandera. Bandera coronela, de una dimensión extraordinaria, fondo blanco, ocupando todo su campo el escudo de las armas reales, formado de piececitas sueltas de tafetán de colores azul, negro, amarillo, verde y encarnado, y sostenido el escudo por dos leones de la propia forma. Se ignora su procedencia. Bandera coronela, fondo blanco; además de las armas reales, un escudo en cada uno de sus cuatro ángulos, y en ellos, las efigies de los mismos santos que se ven en los tercios saguntinos, pero sin ninguna inscripción que dé á conocer el cuerpo á que perteneció. Tres banderas, iguales todas, de batallón, con fondo blanco, cruz de Borgoña y una inscripción que dice: «Regimiento infantería de línea de Avila.» En los extremos de las aspas, un escudo figurando un castillo bordado, y aunque se deduce que pertenecieron á dicha provincia en la época de la guerra de la Independencia, se ignora su adquisición. Bandera de batallón, fondo blanco y cruz de Borgoña: en los dos ángulos opuestos de las aspas, un león rampante; en los otros dos, un escudo figurando la portada de un templo, y encima, la estatua de un rey con una espada levantada, y la inscripción que dice: «Voluntarios de Avila.» Se presume es de la época de la guerra de la Independencia. Bandera coronela, fondo blanco, armas reales. Bandera blanca, con el escudo de armas reales en el centro; debajo de éste, un león devorando un águila, y encima de la corona real, la inscripción que dice: «Primer batallón de Vizcaya,» sosteniendo este lema dos palmas enlazadas: en los cuatro ángulos, un escudo igual, figurando un león, que tiene sostenido el emblema de una cruz con dos zorras al pie de ella. Se cree pertenece á la guerra de la Independencia. Bandera sobre fondo blanco, un escudo en medio con diferentes trofeos; en los cuatro ángulos, un escudo con un árbol bordado y dos zorras al pie de cada uno en la misma forma; la inscripción dice: «Primer batallón de Vizcaya;» ignorándose todo lo demás que á esta bandera haga referencia. Otra bandera iqual á la anterior, con armas reales, los cuatro escudos en los ángulos y la inscripción que dice: «Segundo batallón de Vizcaya;» por lo que se ve pertenece á una misma época y provincia. Bandera de batallón, fondo blanco en los cuatro ángulos, y al remate de la cruz de Borgoña, cuatro escudos iguales; en el centro, la imagen de san Fernando y dos obispos; alrededor, la inscripción que dice: «Sevilla murada de torres y muros altos. El rey Santo me ganó con Garci-Pérez de Vargas;» al pie, una madeja figurada con el lema á los lados: «No-Do,» que significa: «No madejado.» Por la inscripción se viene en conocimiento de la época á que perteneció esta bandera, pero se ignora su historia. Bandera de batallón, fondo blanco; en los cuatro ángulos, un escudo formado con laurel y palma; encima, la corona real, y en el centro figurada una madeja con la inscripción á los lados: «No-Do;» en el campo, las palabras: «segundo de línea;» de lo que se deduce perteneció también á la ciudad ó provincia de Sevilla, pero no se sabe la época. Bandera coronela, fondo blanco, cuatro escudos en los ángulos con dos cruces en cada uno de ellos, y la inscripción: «Valenzain, 1808,» y en el campo el lema que dice: «Regimiento de Valenzain,» que fué creado después de la guerra de la Independencia, en conmemoración, sin duda, de la detención de Fernando VII en la fortaleza de la misma denominación en Francia, ignorándose todo lo demás que á esta bandera haga referencia. Bandera de batallón, fondo blanco, y en los ángulos la cruz de Borgoña, cuatro escudos iguales con la misma inscripción: «Valenzain, 1808;» de lo que se deduce perteneció á uno de los batallones del propio cuerpo. Bandera de lienzo blanco, en el centro un escudo sobre campo azul, y en él, pintado, un pórtico con tres columnas, cuatro banderas, dos azules y dos encarnadas, que le sirven de adorno, y en una cara, la inscripción siguiente: «Por la religión, por el rey y por la patria;» en el lado opuesto dice: «Ciudad-Rodrigo;» de lo que se infiere perteneció á alguno de los tercios de aquella ciudad ó provincia en la guerra de la Independencia. Otra igual á la anterior en todas sus partes, advirtiendo que ambas tienen corbatas de tela de cáñamo, blanca y encarnada. Bandera encarnada con la cruz de Borgoña, en fondo blanco; en el remate de una de las cuatro aspas de la cruz, una parte de muralla con torres y almenas, y alrededor, flechas y arcos bordados; en el centro de la cruz, la cifra de «Fernando VII,» y encima de esta cifra, la inscripción de: «Regimiento de Milicias Urbanas de Málaga,» sin que otra cosa se sepa de su historia. Bandera sobre fondo blanco, cruz de Borgoña y escudo de armas reales en el centro; en una cara tiene representado un león, un artillero al pie del cañón haciendo fuego; y en medio de los dos, la efigie de un guerrero armado con lanza, y un letrero alrededor que dice: «Premio de valor y lealtad: Irún, 1.° de Agosto de 1794;» en el lado opuesto á esta inscripción y en la circunferencia del escudo de armas, se lee la inscripción: «Regimiento suizo de Kaiser, número 3.°: vencer ó morir por Fernando VII y la nación española.» La primera inscripción indica que la entrega de esta bandera al citado cuerpo provino de algún hecho de armas en la época de la república francesa; pero la invocación á Fernando VII en la última, la hace creer de fecha posterior, por lo que no se puede fijar su origen. Bandera de batallón, fondo blanco, con cuatro escudos iguales; en los extremos, la cruz de Borgoña; las barras de Aragón, divididas en cuatro cuarteles, y debajo de la corona real, la inscripción siguiente: «Barbastrenses;» al rededor del escudo un lema en latín, que dice así: «Have Militaria Signa, Pro Deo Reg.: et Patria Pugnaturi, sup. felicisimus Caroli IV. Auspicis Regere;» al final de la bandera, en signos romanos, está bordado el año de 1794. Ignórase su adquisición y lo demás que á ella haga referencia. Otra bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña encarnada y en los cuatro ángulos un escudo con corona y manto real, dividido en cuatro cuarteles, y en cada uno de éstos una de las cruces de las cuatro órdenes militares. No se sabe su procedencia. Bandera con fondo blanco, dos corbatas; la una, blanca; y la otra, encarnada, una cruz que abraza los cuatro ángulos, de color amarillo y encarnado: en el centro, un escudo que contiene una torre antigua y un barco, un león rampante, una cadena rota y, encima de todo, un ramo de laurel y un sable. Se ignora su época y el cuerpo á que pudo pertenecer. Lado de la epístola, desde el altar mayor al coro, en su cornisa.—Bandera de batallón, fondo blanco, con cuatro escudos en los extremos de la cruz de Borgoña, figurando dos castillos y dos portadas, con una inscripción que dice: «Ciudad-Rodrigo, batallón número 2.°» Ignorándose todo lo demás que á esta bandera haga relación. Bandera española, compuesta de tres paños, encarnado, amarillo y blanco: en medio, la efigie de san Vicente Ferrer con la inscripción: «Timete Deum et Date illi.» Se ignora su origen y procedencia, pero por la imagen de san Vicente, que invocan los valencianos, se deja conocer perteneció á alguno de los cuerpos de aquel reino, probablemente en la guerra de la Independencia. Otra bandera, también de batallón, con fondo blanco, y los cuatro extremos de los brazos de la cruz de Borgoña, un escudo figurando una portada sobre campo azul; ignorándose todo lo demás que á ella haga referencia. Bandera coronela, fondo blanco, armas reales en los ángulos, cuatro escudos iguales con la figura de un santo coronado, parecido al de las armas que tiene la ciudad de Burgos. Al pie tres castillos, y dos en el campo del mismo, escudo. Todo lo demás que á la historia de esta bandera pertenezca, se ignora. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña, y en los extremos de las cuatro aspas de la misma, un escudo con corona real y un castillo bordado en el centro; pero se ignora su procedencia y el cuerpo á que perteneció. Bandera de batallón, fondo blanco con la cruz de Borgoña, y en un escudo, al extremo de las cuatro aspas, n
se lee: «Batallón de Tolosa, 10de Abril de 1814.» De cuya inscripción se infiere que sería entregada á alguno de los cuerpos que más se distinguieron en la batalla que se dió cerca de la ciudad del mismo nombre, en Francia, en la época de la guerra de la Independencia, á que se refiere. Bandera coronela', fondo blanco, escudo de armas reales, y al rededor un lema que dice: «Regimiento infantería de Vitoria, núm. 39 de linea.» En los cuatro ángulos, un escudo con una torre y dos leones en el centro, y al rededor de cada uno, la inscripción siguiente: «Hœc Est Victrria Qua vincisti,» alusivo sin duda á la victoria conseguida por las armas españclas junto á la ciudad del mismo nombre, en la provincia de Alava, en la guerra de la Independencia, y en cuya conmemoración se formaría aquel cuerpo. Bandera coronela, fondo blanco, armas reales, cuatro escudos en los ángulos figurando los dos mundos, con una corona real encima y la cifra abreviada de Fernando VII; infiriéndose de aquí que pertenece á la guerra de la Independencia, aunque se ignora el cuerpo que la usaba. Otra, también coronela, fondo blanco, armas reales, y en cada uno de los cuatro ángulos, un escudo: en dos de ellos, las barras de Aragón con un águila al pie, teniendo una espada en la garra, y á los lados, las iniciales O. A. En los otros dos ángulos opuestos, y en el centro del escudo, las iniciales bordadas O. D. G., cuyo significado no es fácil de describir, ni menos se puede saber su procedencia y origen. Bandera coronela, fondo blanco, cruz de Borgoña: en los cuatro extremos de las aspas, un escudo con una granada bordada; en el centro de aqué Ila, la cifra de: «Fernando VII,» enlazada y adornada con laureles, teniendo encima de todo la inscripción: «Regimiento de Santa Fe;» de lo que se infiere que perteneció al cuerpo de la misma denominación, creado en la guerra de la Independencia. Bandera coronela, fondo blanco, en los cuatro ángulos un escudo: los dos, con las barras de Aragón y corona real, y los otros, figurando en el centro un aspa, sin que se sepa su procedencia y origen. Bandera blanca con las armas reales pintadas en una cara, y en la opuesta, un escudo con las propias del reino de Navarra; igual escudo se encuentra en los cuatro ángulos, y en toda la circunferencia de la bandera, la inscripción siguiente: «2.° Regimiento de infantería Voluntarios de Navarra;» de lo que se infiere que perteneció á los cuerpos creados en aquel reino en la guerra de la Independencia. Otra bandera igual á la anterior, con la sola diferencia de tener la inscripción: «7.° Batallón Voluntarios de Navarra de infantería;» de lo que se deduce perteneció al mismo reino y á la propia época. Otra igual á las dos que preceden, con la diferencia única de ser la inscripción: «Tercer regimiento,» en vez de 2.a. Bandera blanca con las armas reales pintadas en un lado, y en el opuesto, un escudo con las de Navarra colocadas entre dos laureles: en la misma está pintada la cruz de Borgoña, y en sus cuatro extremos del reverso, otro escudo igual al anterior, sin laureles, y en ambas partes la inscripción: «5.° Regimiento de Voluntarios de Navarra;» perteneció á la misma provincia y época citada. Otra bandera igual á la que precede en los adornos, con la sola diferencia de tener en la inscripción: «6.° Regimiento» en vez de 5.°; tiene el mismo origen que las anteriores, aunque se ignora su historia. Bandera de batallón con cuatro escudos en los extremos de las aspas de la cruz de Borgoña, y en cada uno de ellos figurada una torre con dos leones al pie y una inscripción al redador, que dice: Hec est Victoria Quæ vincit; en el centro el lema: «Batallón 2.° de Vitoria, número 39;» de lo que se infiere que perteneció al regimiento de la misma denominación creado en la guerra de la Independencia, ignorándose todo lo demás que á esta bandera haga relación. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña; en los dos ángulos opuestos, un escudo formado con palmas y laureles; en el centro de él, las barras de Aragón, y en los otros dos, siete coronas. No tiene inscripción alguna y se ignora el cuerpo á que perteneció. Otra bandera de bata Ilón, de fondo blanco, cuatro escudos pintados en los ángulos de la cruz de Borgoña con un castillo en medio, y al rededor, la inscripción que dice: «Fidelísima y ejemplar Tortosa;» en el campo, con letras de oro, se lee el texto: «Voluntarios de Tortosa;» de lo que se deduce perteneció á la guerra de la Independencia y á alguno de los cuerpos de su creación, ignorándose lo demás de su historia. Bandera de fondo blanco con la cruz de Borgoña pintada de encarnado: en los cuatro extremos de las aspas, un escudo con corona real, las barras de Aragón en los dos, y la torre de Castilla en los opuestos: en el centro, el ave fénix abrasándose, y pendiente del pico un lema, que dice: «Por Fernando 7.?;» de lo que se deduce que perteneció al tiempo de la guerra de la Independencia, aunque se ignora el cuarro reu iattsia paiuular.. Rouzdera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña, cuatro escudos diferentes en los extremos de las aspas, y una inscripción que dice: «Regimiento infantería de Granada y cuarto del reino de Murcia;» se supone sea de la guerra de la Independencia por otro lema en que se leen las palabras siguientes: «Los murcianos por la religión, patria y Fernando VII;» ignorándose todo lo demás que á esta bandera haga referencia. Bandera coronela, fondo blanco, y cuatro escudos; en el primero se lee la inscripción vascongada: «Trurac-Bat;» en el opuesto, «Batalla de Tolosa de 10 de Abril de 1814;» siendo los otros dos iguales á los que preceden; en el campo, la gran cruz de Isabel la Católica, y alrededor, las palabras siguientes: «Guachi, Verdeloma, Tunisagua, Genoy;» en un rótu 1», la inscripción: «Primer batallón ligero Voluntarios de Aragón.» Las inscripciones que contiene esta bandera, hacen sin duda referencia á los hechos de armas en que se distinguió el batallón que la tremolaba en sus filas, así en América como en Europa, sin que esto sea más que una presunción. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña, cuatro escudos en los extremos de las aspas de aquélla, figurando la portada de un casti Ilo; pero se ignora el cuerpo á que perteneció y su historia particular. Bandera coronela, fondo blanco, armas reales entrelazadas con palma y laurel, teniendo en una faja la inscripción siguiente: «Batallón de infantería ligera de gastadores de Aragón;» adornan esta bandera cuatro escudos en los ángulos, con las barras de aquel reino, que es su divisa; infiriéndose de todo ello que perteneció á la guerra de la Independencia. Bandera de fondo blanco, armas de España bordadas en seda floja, dos cornetas en los ángulos y las letras iniciales F. O R. K. enlazadas unas con otras, cuyo significado se ignora, así como su adquisición y cuerpo á que perteneció. Bandera de batallón, fondo blanco, y en los extremos de las aspas de la cruz de Borgoña, un águila imperial en fondo negro; en el campo, la inscripción: «Imperial, Alejandro, segundo batallón.» Fué creado después de la goen al dad udecpedeicc e b quio al emperador de Rusia, Alejandro, por haber sido uno de los bata Ilones de prisioneros españoles que mandó Napoleón organizar para la guerra de Rusia, y se pasaron á esta potencia. Banderacoronela, fondo blanco; en los cuatro ángulos, un escudo con castillo y la inscripción: «Hac Est Victoria Quæ vincit.» En el campo, el lema: «Regimiento infantería de Vitoria, núm. 39.» Este cuerpo fué disuelto, como los demás del ejército, en el año de 1823, y probablemente se mandarían depositar sus banderas, aunque no puede asegurarse. Bandera de batallón, fondo blanco, cruz de Borgoña; en los dos ángulos opuestos, un escudo con una «F» bordada y una corona real encima, y en los otros dos, una «Y» también bordada, con igual corona. Se ignora el significado de estas letras, así como la adquisición de la bandera. Otra bandera de batallón, con cuatro escudos y en ellos diferentes trofeos militares, como son espadas, cornetas y otros: en el centro, la figura de un copón sembrado de cruces al rededor. Bandera coronela, fondo blanco: cuatro escudos en los ángulos con las barras de Aragón; al extremo, una corona de laurel; encima, una estrella con flores de lis, y en el centro, una inscripción que dice: «La patria es mi norte.» No se sabe el cuerpo á que perteneció esta bandera. Bandera fondo blanco, y en vez de las armas reales, un escudo so
bre azul con siete coronas ducales; al rededor de un corazón, las palabras siguientes: «Bcsaltate et amor priscas novisime,» y en el centro del corazón, una flor de lis y un león con corona ducal; cuatro escudos en los extremos de las aspas de la cruz de Borgoña, y en ellos, las inscripciones siguientes: 1.a «Deseos consagrados á la religión, patria y Fernando VII.» 2.a «Murcianos, á la victoria.» 3. «La Junta de Murcia;» y 4.a «Primer batallón voluntarios tiradores de Murcia.» Bandera, fondo blanco: en el centro, el símbolo de la justicia; debajo, dos leones desgarrando un águila y la inscripción: «Primer batallón de los Pardos de Aragón, 1898.» Este lema da bien á conocer la época de su formación, así como el batallón á que servía de enseña, pero se ignora lo demás que con ella tenga relación.
Coro.—Estandarte de damasco encarnado, con fleco de seda en toda su circunferencia: en el centro, un guerrero á caballo, espada en mano, y la cruz de la orden de Santiago al pecho, todo ello bordado en seda y plata: debajo de este guerrero, un escudo de armas, dividido en siete cuarteles, teniendo dos de éstos una caldera, un león y otros trofeos; circundado de castillos, leones y flores de lis, rematando con corona real. Al dorso del citado escudo se encuentra otro igual al anterior, y encima, formando el centro del estandarte, la imagen de la Virgen, teniendo al Niño Jesús en brazos y otros diferentes atributos, bordado todo ello en seda y oro. Por tradición se dice que este estandarte es el mismo que tremolaba Don Juan de Austria en su navío Almirante en la batalla de Lepanto. Fué entregado por el inspector goneral de infantería, don José Fernández, el 19 de Noviembre de 1838. Se halla muy deteriorado y con diferentes roturas, ignórase si producidas por el transcurso del tiempo ó por el hierro ó plomo enemigo. Otro estandarte ó bandera de torre, de gran dimensión, compuesto de los colores encarnado y amarillo. En toda su circunferencia se lee esta inscripción: «Valor, Independencia, Lealtad, Venganza.» En el centro, un escudo, dividido en cuatro cuarteles, con las barras de Aragón pintadas, un león, un castillo y una cruz encarnada, adornando dicho escudo hojas de laurel y el lema siguiente: «La Religión, el Rey y la Patria,» coronando el todo un castillo con murciélago encima. Se cree que perteneció á alguno de los batallones creados en el reino de Valencia en la guerra de la Independencia; pero se ignora todo lo demás relativo á esta bandera. 5.a En el archivo de Palacio existe la siguiente singular partida de cuenta: «Más se pagó á Juan Laso, cerrajero de S. M., por las obras que ha hecho desde 1.° de Enero hasta fin de Abril del año de 1568:—Por un cerrojo grande con quatro armellas para la puerta ó ventana del pasadizo del Príncipe, y por enclavar la dicha ventana; y por ocho cerrojos grandes para las ventanas de la tapicería, con sus cerraduras; y por otro cerrojo grande para la puerta de la tapicería, con sus crampones y clavos, y una llave para la dicha puerta; y por un cerrojo grande pnra la puerta de la sala de la guarda, ochenta y nueve reales y medio.» Este trabajo costaría hoy 1.000 reales. 6.a RELACIÓN DETALLADA DEL COSTE DEL PALACIO REAL DESDE 1737 HASTA REARES En 1787 se gastaron en obras...... En 1738.. .....
Desdei.° de Enero de 1743 hasta 19 de Febrero de Desde 20 Febrero de 1746 à 12 de Enero de 1717. En 1747.. Ultima cuenta que se rindió de las obras de Palacio en 1808...... 14 "-CSS2S°c3 .d Sta78. 7.a El antiguo guardajoya de la corona de España contenía muchas y preciosas alhajas, de las cuales no quedan más que las facturas de lo que costaron y algunos dibujos que las acompañaban, según la relación del señor Figuerola. (Relación leída por el señor ministro de Hacienda en las Cortes Constituyentes de 1869.) He aqui la nota del precio de las alhajas referidas: Una sortija tasada en ochenta y tres mil duros, número redondo(1.665.000 reales). Un caracol, en sesenta mil duros próximamente (1.188.570). El diamante, llamado Estanque, en noventa mil duros (1.805.100). Un lazo para el pecho, en ciento veinte mil duros (2.388.974). Sb" =N c co La famosa perla Peregrina, cuyo precio no consta. El diamante Estangue pesaba 188 quilates y medio; la perla Peregrina, 57 y medio. 8.a Coche de Doña Juana. En las caballerizas reales se conserva el famoso coche que se supone haber pertenecido á Doña Juana, esposa de Felipe el Hermoso. Es de madera pintada de negro y perfectamente tallada, formando medallones, genios, flores y otros adornos de excelente gusto, los cuales se atribuyen á Alonso Berruguete. Si no son de aquel hábil artista, pertenecen sin duda á su escuela. El interior está forrado de terciopelo negro y se notan las marcas de los asientos, como si estuvieran rozados. Pretenden algunos que las ruedas no 2 son las primitivas de aquel carruaje, cuya opinión no está fundada en ningún dato histórico. No falta tampoco quien haya afirmado que Doña Juana llevó consigo en aquel coche el cadáver de Don Felipe. Esta reliquia histórica es un objeto curiosisimo, ya por el buen estado en que se conserva, ya por referirse á un suceso tan interesante, ya por traernos á la memoria el nombre de una reina tan desgraciada, ya también por haber sido el primer coche que rodó en España, va para cuatro siglos; es decir, en 1546. 9.a El Rastro.—Hablar de MADRID y no hablar del Rastro, fuera seguramente no hablar de MADRID. Nosotros concedemos tanta importancia al presente asunto, que lo consideramos como la primera de las curiosidades de la capital. Por Rastro se entiende la especie de mercado tradicional de la Ribera de Curtidores, semejante al Temple de Paris y al Ladra de Lisboa, superior á ellos en clasicismo, en historia y en sabor picante. El Rastro es la feria diaria, perenne, múltiple, revuelta, confusa, indefinible; repertorio de los desechos, almacén de los hurtos, arsenal de las cosas viejas, exposición de la polilla, programa vivo de los barrios bajos, el gran maestro de Ramón de la Cruz, en donde hallamos, desde la chupa bordada de oro, hasta el harapo del ropavejero, el jirón de percal, el pestillo lleno de moho y el tubo de vidrio,
roto y ahumado. A pesar de la inmensa revolución que se ha operado en las costumbres y en los edificios, el Rastro conserva cierto parecido de sus primitivas facciones. Si desapareciera un gran mercado, MADRID perdería un monumento: si desapareciese lo que se llama el Rastro, MADRID perdería una gran parte de sus tradiciones, de sus caracteres, de su vida, de su propia alma. Hemos dicho que es el gran maestro de Ramón de la Cruz, porque allí fué donde el célebre autor tomó los tintes inimitables de su comedia. Propiamente hablando, el Rastro es el sainete de MADRID, como la comedia de Ramón de la Cruz es el sainete del teatro. Este teatro originalísimo del siglo xVII tiene dos autores: Ramón de la Cruz y el Rastro de MADRID. 162. Atnografia.—La población de MADRID se compone de elementos heterogéneos, puesto que es una mezcla de españoles de todas las provincias, de extranjeros de la mayor parte de las naciones europeas y de todo el mundo. Si fuera á analizarse con escrupulosidad, lo que menos se encontraría en esta enorme masa de habitantes es una población de madrileños: de aquí se origina la dificultad de determinar con precisión el carácter propio, peculiar, de sus naturales. Sin embargo, en tesis general, puede decirse: que los rasgos característicos más salientes de los hijos de esta provincia participan algo de las cualidades distintivas del castellano viejo; y que tanto éstas como aquéllos, se diferencian notablemente del carácter especialísimo de los hijos de la capital. Su físico alcanza, generalmente, escaso desarrollo: los madrileños son pequeños, delgados, de complexión débil; pero de fisonomía expresiva y de aspecto agradable. Moralmente considerados, obsérvase en ellos ingenio feliz, talento precoz, viveza natural, comprensión fácil, gran perspicacia y cierta facundia, que suele tornarse en locuacidad. La nombradía de perspicacia es un hecho histórico, puesto que de aquí viene el calificativo vulgar de: gato de MADRID. El madrileño es poco sufrido en materia de abusos del poder, valiente, generoso, desprendido hasta la demasía, y algo inclinado á seguir las costumbres extranjeras en perjuicio de las nacionales, sin dejar de amar sus tradiciones. Hay dos cosas principalmente que resumen, si así puede decirse, la pasión de los madrileños, los toros y las modas. Por lo que toca á las madrileñas, son notables por su finura, su elegancia, su gusto en el vestir, su culto melindre, su coquetismo singular y agradable, haciendo gala de un talento que pudiera Ilamarse el talento de sociedad. Su fisico es, no sólo simpático, sino interesante; su estatura, pequeña, pero bien formadas; su color, quebrado; su talle, flexible; su andar, garboso y distinguido. Su perfección en el canto y baile; su conversación primorosa, su natural viveza y el raro tino con que sabe hermanar la gracia española con las invenciones y las fantasías extranjeras, hacen de ella un tipo especialísimo, que no se puede confundir con ningún otro. Una es la pasión dominante de la madrileña, aunque no le es exclusiva, el lujo. En cuanto al pueblo, llamado bajo, hay dos creaciones sociales características: el chulo y la chula, tipos degenerados del manolo y de la manola, embeleso y terror de la villa en los comienzos del presente siglo. 163. Resumen de esta materia.—Distinguese el carácter de los hijos de MADRID en que así participa de la tragedia como del sainete, mezclando siempre algo de sainete en la tragedia, y mezclando algo de la tragedia en el sainete. Para probar esta confusión y variedad de tintas, que representan la cara interior del hijo de MADRID, vamos á ofrecer un cuadro vivo de sus costumbres y de su genio. Se trata del famoso motín de Esquilache, en que 3.000 amotinados recorren las calles de MADRID, pidiendo las palmas del domingo de Ramos, que era costumbre colocar en los balcones; sacan de Santo Tomás á la Virgen del Rosario y pasan por delante de palacio con estandartes y faroles, en cuya sazón expuso sus quejas á los reyes, tornándose en lengua del motín, un individuo que vestía chupa encarnada y sombrero blanco. No dejaron de ser sangrientas las consecuencias de aquella célebre asonada. A un caballero murciano, que habló en un corrillo en la Puerta del Sol, le ahorcaron en la plaza Mayor, cortándole antes la lengua, y muchos individuos fueron secretamente agarrotados en las cárceles. A pesar de eso, á un bando del presidente del Consejo de Castilla contra los que publicasen pasquines, coplas y sátiras contra el Gobierno, opusieron los revoltosos el siguienie curioso contrabando; «A todos los habitantes de MADRID. Nos los Tribunos por la gracia de la plebe: En vista de lo respondido por el nuestro Fiscal en tribunal pleno, juntas las Cámaras de Avapiés, Barquillo, Maravillas y el Rastro: Mandamos la inobservancia del bando publicado el día de ayer, sobre prohibición de papeles relativos á los motivos y resultas de nuestro pasado movimiento, por ser intempestivo, contrario á las leyes é indecoroso á nuestras personas y á la sagrada del soberano, como en su respuesta manifiesta el Fiscal y verá el público.
MADRID, etc.—Está rubricado.» He aquí el fiel retrato del pueblo de MADRID; tan capaz de chistes como del heroísmo; tan inclinado á los festejos de la risa más picaresca como á los misterios de la lágrima más profunda; tan amigo de la jácara más donosa como del patético más sublime. Nadie puede creer que nos proponemos lisonjear al glorioso pueblo del Dos de Mayo. 164. Madrileños célebres.—Forman un extenso catálogo, que comprende todas las jerarquías sociales. He aquí una relación de los más distinguidos por su elevado rango en santidad, política, ciencias, armas, literatura y artes: 1. Santos.—San Isidro Labrador; san Dámaso, papa; Beata Mariana de Jesús y otros varios.
2. Monarcas.— Isabel la Católica, según algunos autores; Felipe III; Luis I; Fernando VI; Carlos III. 3. In fantes.—Doña Juana, hija de Enrique IV, conocida por la Beltraneja; Doña Juana de Austria, hija del emperador Carlos V y madre del rey Don Sebastián; Doña María Teresa de Austria, hija del rey Don Felipe IV; Don Juan de Austria, hijo natural de dicho rey, y otros muchos.
4. Prelados.—Don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia; don Antonio Zapata de Cisneros, arzobispo de Burgos, cardenal de la Santa Iglesia romana y virrey de Nápoles. 5. Hombres de Estado.—Rui González de Clavijo, embajador en la corte de Tamerlán; Iñigo Cárdenas y Zapata, embajador en la república de Venecia y París, calumniado como cómplice del regicida Ravaillac; marqués de Grimaldo, secretario de Felipe V; Antonio Pérez, secretario de Felipe II; Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache, virrey del Perú; Jerónimo de Ortega y Robles, consejero de Felipe IV. 6. Hombres de guerra.—Pedro de Heredia, uno de los conquistadores de América; Francisco Ramírez, general de artillería, quien contribuyó á arrojar á los moros de Granada; Francisco Ramírez, capitán general de los Reyes Católicos; Rodrigo Zapata de León, el capitán de la bandera de la sangre, militar intrépido, el primero que plantó la bandera española en las baterías de San Quintín; Gato, valeroso soldado, que trepó la muralla de MADRID en el asalto dado por Don Alfonso VI; don Diego de Mesia y Guzmán, primer marqués de Leganés, capitán general de España, del Estado de Milán y del ejército de Flandes; don Gaspar Téllez de Girón, gobernador del Estado de Milán.
7. Jurisconsultos.— Don Francisco Vargas y Mejía, privado de los Reyes Católicos y embajador de Carlos V en el Concilio de Trento; Don Juan Chamucero y Carrillo, presidente de Castilla.
8. Médicos.—Gregorio López Madera, médico de Carlos V y Felipe II; Andrés Tamayo, médico y cirujano de cámara. 9. Escritores y poetas.— Agustin de Rojas Villandrando, Alonso de Ercilla y Zúniga, Alfonso Núñez de Castro, Andrés de Rojas Alarcón, Fray Bartolomé de los Ríos Alarcón, Fray Diego de Arce, Diego Hernández de Mendoza, Fray Francisco de Rivas, don Francisco de Quevedo y Villegas, Francisco de Quintana, Francisco Santos, Gabriel Laso de la Vega,
Fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina), Gonzalo de Céspedes y Meneses, Gonzalo Fernández de Oviedo, Jerónimo Quintana, José Mamerto Gómez de Hermosilla, Juan Hurtado de Mendoza, Juan López Hoyos, humanista, maestro de Cervantes, Juan de Moncada, Juan Pérez de Montalbán, Leandro Fernández de Moratín, Fray Lope Félix de Vega Carpio, Mariano de Larra (Figaro), Nicasio Alvarez de Cienfuegos, Nicolás Fernández de Moratín, Pedro Calderón de la Barca, Pedro de Salas, Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla y Tomás Tamayo de Vargas. 10. Artistas. — Antonio Cabezón, famoso músico de la corte de Felipe II; Claudio Coello, pintor de cámara de Carlos II; Francisco Ricci, célebre pintor; Juan Pantoja de la Cruz, pintor y ayuda de cámara de Felipe II; Juan Bautista de Toledo, famoso arquitecto; Eugenio Caxes, pintor de cámara de Felipe IV; Juan de Torija, arquitecto; Teodoro Ardemáns, arquitecto; Fray Lorenzo de San Nicolás, arquitecto; Juan Bautista Mazo Martinez, célebre pintor de cámara de Felipe IV; Alonso del Arco, pintor, sordo-mudo de nacimiento, conocido por el Sordillo de Pereda, con motivo de haber sido discípulo de éste; Alonso del Barco, pintor de paisajes; Bartolomé Román, pintor muy estimado; Juan de Villanueva, arquitecto. 165. Historia. — No pretendemos engolfarnos en la cuestión, tan controvertida y aun no dilucidada, del primitivo origen de MADRID; éste aparece envuelto en la oscuridad más densa, y no seremos nosotros los que intentemos desentrañar las antigüedades de un pueblo que, ciertamente, no necesita de la paternidad romana, ibera ó árabe, por ilustre y honrosa que fuese, para ostentar grandes títulos de nobleza. Los árabes, según probables opiniones, ensancharon su estrecho recinto; otros suponen que en esta época tomó la villa el nombre de Majoritum, aludiendo sin duda al mencionado ensanche; y no falta quien asegura que Majerito se entregó á los sarracenos por medio de una capitulación, en la que se estipulaba la conservación de algunos templos cristianos para uso de los fieles. Lo que si parece fuera de toda duda, es que los moros fueron quienes bautizaron la villa con el nombre de Magrit ó Maglit, según algunos manuscritos. Después de esto, nada vuelve á saberse hasta la toma de la población por Don Ramiro II, en 933, que es la primera noticia histórica que de ella se encuentra. «Esta es la primera vez que se hace mención de MADRID en la historia con este nombre,» dice el señor Sabau en sus notas á la historia de España de Mariana. «Aquí asoma por la primera vez MADRID en toda la historia de España, » dice también con suma verdad el diligente historiador don Carlos Romey. El rey Ramiro, al apoderarse de la villa, hizo en ella horrorosos estragos y, abandonando á poco la conquista, regresó á León. No tardaron los árabes en reparar las fortificaciones de MADRID, que el rey Ramiro había destruído; pues era considerada aquella fortaleza de grande importancia, por su proximidad al cordón fronterizo de los castillos cristianos, gobernados á la sazón por el conde Fernán González. Este esforzado militar y hábil político dió á Castilla su independencia, orillando y deslindando los poderes de León y Navarra, al par que resistía sin descanso las hostilidades de las sarracenos. A fines de aquel siglo, dió igualmente á la historia el nombre de esta villa, bajo su patronímico arabizado, la fama literaria de Muslema-ben-A hmed, apellidado, por ser de MADRID, el Magrithy, el cual falleció en Córdoba en 1007, dejando un precioso curso de quimica; Ibn-el-Kateb, hablando de esta villa con tal motivo, da la importante noticia de que Magrit era, en aquellos tiempos, una pequeña ciudad situada no lejos de la de Alcalá. El rey Alfonso VI reconquistó la villa, se pobló de cristianos y se organizó un Concejo con el espíritu de independencia natural del país; el cual era de absoluta necesidad en aquella época en que los pueblos, amenazados sin cesar de nuevas conquistas, no sólo tenían que atender á su propia defensa, sino á evitar el ser ellos mismos conquistados. MADRID reunió secretamente sus armas con las de Avila y Segovia y se arrojó de improviso sobre Alcalá; pero era su castillo muy fuerte, sobre el cerro de Zulem; los árabes cercanos acudieron en su socorro y la tentativa de los tres Concejos quedó completamente malograda. Muerto aquel rey, entre las poblaciones que sufrieron el impetu de la invasión musulmana, cuéntase MADRID, la cual fué saqueada y sus fortificaciones destruídas en 1110. En 1197, sitió Abu-Yakub-Jusuf aquella población; pero se vió forzado á retirarse sin tomarla, talando sus campos y arrasándolo todo. El Concejo de MADRID suena en la victoriosa expedición que, en 1211, llevó á cabo el rey Don Alfonso contra el reino de Murcia; desde cuya época no cesa de figurar en la historia de España, ya como residencia de los reyes y punto de descanso en sus expediciones; ya por las graves resoluciones que en ella se tomaban, muertes de príncipes y magnates, ocurridas dentro de sus muros; ya, en fin, por los grandes acontecimientos que se sucedieron, los cuales, á la vez que eran objeto predilecto de la atención de los historiadores, revelan evidentcmente la gran preponderancia que iba alcanzando. En la desgraciada guerra de las comunidades de Castilla, se adhirió MADRID al movimiento de Toledo, de Avila y otras ciudades, que seguían la causa de los comuneros. Los partidarios del Emperador levantaron fortificaciones, fosos y barricadas en la parte nueva de la villa y construyeron un castillo en la Puerta del Sol, en donde tuvo lugar un reñidísimo combate entre comuneros é imperialistas. En 1525, fué recibido en MADRID con gran pompa el prisionero de la batalla de Pavia, Franciseo I de Francia; el cual recobró su libertad en 1526. Dos años después se celebraron Cortes en el monasterio de los jerónimos para la jura del príncipe de Asturias Don Felipe; y en 1534, congregadas de nuevo, otorgó el monarca á los procuradores la colocación de una corona real sobre el escudo de las armas de la villa, con el título además de imperial y coronada. En 1560, trasladó Felipe II la corte á MADRID, la erigió en metrópoli de aquella poderosa monarquía, elevándola sobre todas las demás ciudades de la Península, de donde resultó que las ciencias y las artes se agolparon en ella, contribuyendo á su hermosura y señorío. Bajo el reinado de este monarca se trasladó la puerta de Balnadú al camino de Fuencarral; la del Sol, al de Alcalá; la de Antón Martín, al arroyo de Atocha, y la de la Latisa, poco más allá del sitio en que se encuentra la de Toledo. En 1600, con motivo de la escasez que se padecía en esta villa y otras causas semejantes, se dispuso la traslación de la corte á Valladolid; pero considerando pequeña esta población para corte de España, resolvieron los reyes volver á MADRID, hospedándose en las Descalzas. En 1616, murió Cervantes, como nadie ignora. En 1621, fué preso el duque de Osuna; desterrado, el de Uceda; proclamado rey Felipe IV por muerte de Felipe III; y degollado en la plaza pública don Rodrigo de Calderón, so pretexto de las cuantiosas riquezas que había atesorado durante el tiempo de su privanza. En 1626, se construyeron el palacio y los jardines del Buen Retiro; fué Quevedo conducido á la torre de Juan Abad y encerrado en la de Jovay, desde donde escribió al presidente de Castilla: «He visto muchos condenados á muerte; pero ningún condenado á que se muera.» En 1641 sufrió este insigne escritor nuevas persecuciones, confiscándole los bienes y siendo conducido á un calabozo de San Marcos de León, en donde vivió de limosna. En 19 de Abril de 1642, salió Felipe IV de la Corte para atender á la guerra de Cataluña y del Rosellón, cuyas desgracias le obligaron á regresar de nuevo á la Corte; al año siguiente, cayó del poder el conde-duque de Olivares y se amotinó el pueblo contra el favorito, apareciendo en las puertas mismas de palacio el siguiente pasquín: «A hora serás Felipe el grande, pues el Conde Duque no te hará pequeño.» En Octubre de 1646, al regresar el rey Felipe de su expedición á Pamplona, se celebraron en MADRID grandes fiestas por la noticia de la famosa batalla de Bozolo, que tan gloriosa había sido para las armas españolas en Italia. En 1648, se descubrió un complot para asesinar al rey, en el que aparecieron como principales autores: don Car
los, don Juan Padilla, don Rodrigo de Silva, duque de Híjar, don Pedro de Silva, marqués de la Vega, y el portugués Domingo Cabral; presos y procesados, sufrieron algunos el tormento con una constancia heroica, siendo todos condenados por las sospechas vehementes que existian contra ellos: los de Padilla, fueron degollados en la plaza Mayor, el duque de Híjar tuvo que pagar 10.000 ducados para salvar su vida, que pasó en cárcel perpetua; Cabral murió en la prisión antes de ser sentenciado, y el marqués de Padilla, que si bien tenía noticia de la conspiración, no tomó parte en ella, fué condenado al suplicio por no haberlo delatado al Gobierno. En 1650, Antonio Ascham, ministro de la república inglesa en MADRID, moría asesinado en su propio domicilio, á los dos días de su llegada, por cinco partidarios de la casa Stuard, quienes vengaron de este modo la muerte del rey, que aquél había votado. En el año de 1662, el marqués de Liches, primogénito de don Luis de Haro, resentido porque no se le había concedido alguno de los empleos que desempeñara su padre, colocó unos barriles de pólvora en una mina abierta debajo del teatro del Buen Retiro, con'el intento de hacerlos volar cuando el rey estuviese dentro; descubierta la trama, fueron presos y ajusticiados los cómplices, excepto el de Haro, á quien el rey perdonó en recuerdo de la fidelidad y excelentes servicios prestados por su padre. En 17 de Septiembre de 1665 murió en MADRID el rey Don Felipe IV, siendo proclamado Carlos II, su hijo, con la pompa de costumbre. Por este tiempo tuvo lugar el motín contra el padre Nithard, jesuita confesor y favorito de la reina gobernadora, el cual, obligado á abandonar la Corte por orden del príncipe Don Juan de Austria, hijo natural de Felipe IV y de la actriz la Calderona, salió de MADRID en la tarde del 26 de Febrero de 1669, acompañado del cardenal y de los oficiales de la Inquisición, siendo objeto de los mayores insultos por parte del pueblo amotinado. En 12 de Abril de 1680, fué desterrado de la Corte y destituido de su elevado cargo el presidente de Castilla, con motivo de cierta cuestión sostenida con el nuncio apostólico. Un comerciante, llamado Marcos Díaz, ofreció probar que los regidores de la villa de MADRID, so pretexto de reintegrarse de ciertas cantidades prestadas al rey difunto, se apropiaban sumas considerables, de las que no daban las correspondientescuentas: nose hizo aprecio de su acusación, y como insistiese en ella, unos enmascarados, lanzándose sobre él, en el momento en que regresaba de Alcalá, le dieron muchos golpes, que le ocasionaron la muerte. No bien se extendió la noticia de este suceso, se amotino el pueblo, creyendo que se le había sacrificado para que no se descubriesen los robos á la Hacienda pública y porque se interesaba en el bien de sus conciudadanos; rodeó el coche del monarca gritando: «¡viva el rey y muera el mal Gobierno!» y creciendo el tumulto cuando se supo la muerte de Marcos, más de 6.000 personas continuaron recorriendo las calles por algunos días, sin que durante ellos se atreviese el rey á salir de palacio, temiendo un insulto á su persona. En 1699 estalló en MADRID una revolución con pretexto de la carestía del pan, que se atribuía al conde de Oropesa y al almirante; se agolpó el pueblo frenético bajo los balcones de palacio, pidiendo al monarca, entre vivas y aclamaciones, que volviera de su letargo y acudiese á remediar las necesidades públicas; salió el conde de Benavente, y dirigiéndose á la muchedumbre, le dijo, en nombre de su majestad: que acudiese al conde de Oropesa, que era quien estaba encargado de los abastos, y encaminándose la multitud á la casa del conde, saqueó las habitaciones, salvándose aquél y su familia milagrosamente de las iras de los amotinados. En 1.° de Noviembre de 1700, entre dos y tres de la tarde, murió Carlos II, después de una mejoría momentánea, legando á España, como última herencia de su desdichado reinado, dos guerras: una civil, y otra, europea. Durante la guerra de sucesión á la corona de España, sostenida entre Felipe V de Borbón y el archiduque Carlos de Austria, el pueblo madrileño abrazó la causa de Felipe, recibiendo con marcado disgusto al archiduque, cuando éste, retirada la corte á Valladolid, hizo su entrada en la capital de la monarquía. En 1737 fué nombrado ministro universal el marqués de la Ensenada; tres años después espiraba Felipe V en su palacio del Buen Retiro, sucediéndole en el trono Fernando VI. Muerto éste en Villaviciosa, en 1759, se encargó de la regencia la reina madre, Isabel de Farnesio, hasta la llegada de Carlos III, rey de las Dos Sicilias. Bajo este reinado tuvo lugar el famoso motín contra Esquilache, provocado por la orden que prohibía el uso de las capas y sombreros gachos; y la expulsión de los jesuítas, quienes, sorprendidos en l.° de Abril de 1767, á una misma hora, en todos los conventos, fueron trasladados á los puertos de mar y conducidos en buques españoles á los Estados del sumo pontífice. En 13 de Diciembre de 1788, murió Carlos III, siendo proclamado rey de España Carlos IV. En 15 de Mayo de 1793, se declaró en MADRID la guerra á la Francia; y el conde de Aranda fué desterrado de la Corte, en 1794, por haber sostenido la conveniencia de la paz con Francia, la cual quedó firmada al año siguiente. En 13 de Enero de 1807, hizo el príncipe de la Paz su entrada triunfal en MADRID, con motivo de haber sido nombrado protector del comercio y almirante de España é Indias, con el tratamiento de A. E. Al saberse en la Corte, en la tarde del 19 de Marzo de 1808, la sublevación de Aranjuez del 17, la caída de Godoy por decreto del 18, su prisión ocurrida el 19 y la abdicación de Carlos IV, se amotinó el pueblo y se dirigió á la casa de Godoy, que fué destruída é incendiada. A la mañana siguiente, aparecieron unos carteles en las esquinas, que anunciaban la exaltación de Fernando VII; el cual, proclamado rey, fué recibido con indecible júbilo por el pueblo de MADRID, mientras silbaba á las tropas francesas que, á las órdenes de Murat, verificaban su entrada en la capital. Las multiplicadas revistas, que el general francés pasaba á sus tropas, aumentaron la agitación del pueblo, en quien á cada instante se aumentaba el deseo de la lucha. Amaneció, por último, el fatal y glorioso dia del 2 de Mayo: al salir de palacio la reina de Etruria y el infante Don Francisco que, por orden de la Junta Suprema de Gobierno, marchaban á Bayona, se amotinó el pueblo y cortó los tiros de los coches para no dejarles salir; presentóse entonces un batallón francés con dos piezas de artillería, y como hiciese fuego contrá las masas sublevadas, desaparecieron éstas, derramándose por toda la población, comunicándola su ardimiento. Los franceses formaron en columna y fueron avanzando por la calle de Alcalá y Carrera de san Jerónimo, saqueando las casas, Ilenando de terror y sangre los puntos más concurridos, auxiliados por la artillería y la caballería de la guardia imperial. Numerosas tropas aguerridas sostenían lucha desesperada contra desorganizada partida de paisanos, quienes nó podían contar con el apoyo de la escasa guarnición de MADRID, que permanecía encerrada en sus cuarteles, mal de su grado, por orden del capitán general; y el lector recuerda perfectamente, pues hay páginas en la historia de los pueblos que no se olvidan nunca, la heroica resistencia que en el parque de artillería de Monteleón se opuso al francés, cuyo poderoso ejéreito, para enseñorearse de aquel punto, hubo de pasar por encima de los cadáveres de Daoiz, de Velarde y de un sinnúmero de valientes, dejando para la historia una página brillantísima y un recuerdo imperecedero de su gran valor cívico y profundo amor á la independencia de la patria. El 20 de Julio hizo José Bonaparte su entrada solemne en MADRID, como rey de España, cuya proclamación tuvo lugar el 25 con todas las ceremonias do costumbre. Desde el 29 de Julio al 1.° de Agosto, fueron los franceses evacuando la capital, con motivo de los acontecimientos de Bailén; el 28 de Mayo de 1813, quedó definitivamente libre de invasores, entrando en MADRID las tropas españolas al mando del Empecinado, y en 1814 se concedió á la villa el titulo de muy heroica. Muerto Fernando VII, en 1833, se encargó de la regencia del reino Doña María Cristina de Borbón, durante
la minoría de su hija Doña Isabel; hasta 1841, en que, por decreto de las Cortes, la sustituyó en aquel elevado cargo don Baldomero Espartero. En 1843 declararon las Cortes mayor de edad á la reina Isabel, la cual prestó el juramento de guardar y hacer guardar la Constitución de 1837. A partir de esta época, la capital de España ha venido siendo teatro de grandes acontecimientos, que han ensangrentado sus calles en 1846, 48, 54, 56, 65 y 66, demostrando siempre el generoso pueblo de MADRID su tendencia al progreso y su acendrado amor á la libertad, sellado con el sacrificio de su vida y honrado en la historia con la admiración que merecen los héroes. ¡Ojalá que nuestras palabras pudieran resonar en el interior de sus tumbas para consuelo de sus manes! Terminamos esta insignificante reseña con una noticia de las Cortes antiguas que se celebraron en MADRID, añadiendo algunas palabras sobre el tratado que lleva su nombre, sobre sus privilegios, sus fueros y patronos.
Primero. Cortes antiguas. — Don Fernando IV convocó Cortes, que debieron reunirse á principios del año 1309, para hacer la guerra, de acuerdo con el rey de Aragón, al de Granada, de resultas de las vistas que los dos primeros tuvieron en el monasterio de Huerta y Monreal á fines del año 1308. Son las primeras Cortes de que hay noticia en nuestra historia. En 1329 convocó Cortes el rey Alfonso XI para tratar de la guerra, que se hacía á los moros, según se dice en el Ordenamiento á las peticiones hechas en ellas. En 1339, reinando el citado monarca, se celebraron también, según dice el señor Fernández, en su Historia de Plasencia (página 68), en la cual publicó algunos capítulos del Ordenamiento. En 1311, en el reinado del citado Den Alfonso XI, las hubo igualmente, según se desprende de su carta al Consejo de Cáceres, fechada en MADRID á 29 de Enero de la era de 1379, en la cual se dice: «Hernán Velázquez, vuestro escribano, é Gómez Goncáles, vuestros procuradores, vinieron á nuestras Cortes de MADRID é mostráronnos vuestras peticiones, selladas de vuestro sello.» En 1390 y 91, reinando Don Enrique III, se celebraron Cortes, en las cuales se acordó que el rey y reino se rigiesen por un Consejo, y la baja de la moneda de los blancos. En 1393 el mismo rey las convocó para el 20 de Septiembre; y se cree que fueron prorrogadas á causa de la peste, por cuanto à 26 de Octubre del mismo año las convocó para el 10 de Noviembre, vispera de sant Martín. En 1419 se reunieron Cortes á principios de Marzo para tomar el rey Don Juan II el regimiento del reino, con el juramento de guardar sus leyes y privilegios. En 1433, reinando Don Juan II, se reunieron las Cortes el 20 de Marzo. En 1435, el 15 de Febrero, los procuradores, reunidos en Cortes, concedieron al rey Don Juan II un servicio de cincuenta y cinco millones de maravedís. En 1462, reinando Don Enrique IV, se juntaron Cortes en el mes de Marzo para jurar á la princesa Doña Juana. En 1467. à 15 de Marzo, aparece el «requerimiento que las Cortes hicieron al rey citado, para que no desmembrase los bienes de la corona, ni diese vasallos, jurisdicciones, ni fortalezas, y que las donadas las revocase, protestando que en caso contrario, no las aprobarían, por ser contrarias á las leyes.» En 1482, reinando Doña Isabel y Don Fernando, se celebraron Cortes para arreglar «muchas cosas del gobierno, y determinar nuevo modo de restablecer las hermandades contra los salteadores.» En 1510, el rey Don Fernando, hallándose en Monzón, convocó las Cortes para el 8 de Agosto, en MADRID, con el fin de volver á jurar al príncipe Don Carlos por sucesor en el reino. En 1517, dice Martínez Marina en su Teoría de las Cortes, los reinos, descontentos de la tardanza de Don Carlos, pidieron al cardenal Cisneros permiso para juntarse en MADRID á tratar de asuntos importantes. Cisneros no se atrevió á negarlo y autorizó su reunión para Enero del citado año, pero usó de tales trazas que logró que las Cortes se suspendieran, prorrogándolas hasta el otoño, y aun hasta el siguiente año. En 1528 las convocó el rey Carlos I para el 10 de Marzo. En estas Cortes otorgaron los procuradores un servicio de 200.000.000 de maravedis y juraron, como sucesor heredero en el reino, al príncipe Don Felipe. En 1534 el mismo rey las convocó para el 20 de Octubre al objeto de tratar de la continuación de la guerra con el turco. El citado monarca juntó Cortes en el mes de Octubre de 1551, las cuales terminaron el 7 de Marzo de 1552. En 1563 el rey Don Felipe II las convocó para el día 1.° de Febrero, leyéndose en estas Cortes una proposición sobre el estado de la Hacienda y empresa de Africa. En 1566 el citado monarca las reunió en el día 1.° de Diciembre. El 1.° de Marzo de 1573 las reunió el mismo Felipe II para jurar al príncipe Don Fernando. El 8 de Febrero de 1573 las prorrogó para el 15 de Abril. El 29 de Diciembre de 1573 avisó el rey á las ciudades que daba licencia á los procuradores para comunicarles lo propuesto en ellas sobre el desempeño de la Hacienda, y que los procuradores debían regresar á MADRID con la resolución para el 10 de Febrero. El 1.° de Febrero de 1574 prorrogó la licencia á los procuradores: primero, para el 20 de Febrero; y luego, para el 10 de Marzo. Al fin se reunieron el 23 de Mayo y concluyeron el 22 de Septiembre de 1575. 1576 y 1578. Comenzaron en 1576 y terminaron en 1578, bajo el reinado de Felipe II. En 1579-1582 las convocó el dicho monarca para el 15 de Febrero, con el fin de jurar al príncipe Don Diego por haber muerto en el año anterior Don Fernando, y para tratar de los demás negocios del reino. En 1583-1584 el rey Felipe II las reunió el 15 de Mayo, con objeto de jurar al príncipe Don Felipe, por haber fallecido Don Diego en el mes de Noviembre anterior. En 1586-1588 las convocó el dicho monarca. En 1588-1590 las juntó el citado Felipe II el 10 de Marzo. En 1592-1598 las convocó el mismo monarca para el 30 de Abril de 1592. En 1598-1601 las reunió el nuevo rey Don Felipe III el 15 de Diciembre, «prestando en ellas el juramento de no enajenar ciudades, villas, rentas ni otros derechos de la corona real.» En 1607-1611 Felipe III las convocó para el 5 de Abril de 1607 con el fin de jurar al príncipe Don Felipe. En 1611 y 12 las juntó el mismo rey el 3 de Diciembre, para «tratar del servicio ordinario y platicar y otorgar por Cortes todo lo que en ellas pareciere y se acordare convenir al bien del reino.» En 1615 el citado monarca las convocó para el 2 de Febrero con igual objeto que las anteriores. 1617-1620. Las juntó Felipe III el 20 de Enero de 1617 y concluyeron el 28 de Marzo de 1620. En 1621 las convocó el rey Felipe IV para el 14 de Junio siguiente. En 1623-162) las reunió el dicho monarca el 18 de Marzo. En 1632-1636 fueron convocadas por el rey Felipe IV para el 7 de Febrero, con el fin de jurar al príncipe Don Baltasar Carlos. 1638-1643. El citado monarca las juntó en el mes de Junio de 1638 para tratar de la prorrogación de los servicios que se concedieron en las Cortes anteriores, y de otros asuntos. 1646-1647. Convocó estas Cortes el rey Felipe para el 15 de Enero de 1646. En ellas se acordó servir al rey con un millón y cuatrocientos y sesenta mil ducados en plata, pagados en seis mesadas; y prorrogar los servicios de los nueve millones en plata, y extensión de la alcabala hasta fin del año de 1650; permitiendo á S. M. vender ciento y treinta mil ducados de renta sobre el segundo uno por ciento en lo vendible; y prorrogar el servicio de los trescientos mil ducados, mitad plata, mitad vellón. 1649-1651. El dicho rey las juntó para el 10 de Diciembre. Estas Cortes prorrogaron el servicio de los nueve millones en plata por tres años más, desde 1654 á 1656: el encabezamiento general en alcabalas y tercias por nueve años más, desde 1652 á
1660; y por último, la nueva forma de contribución, con varios servicios nuevos y diversas prorrogaciones. 1655-1658. Fueron Ilamadas por Felipe IV para el 19 de Febrero de 1660-1664. El citado monarca las reunió el 15 de Junio de 1660 para jurar al príncipe Don Felipe Próspero. De ellas obtuvo el rey «un servicio de doscientos mil ducados de renta en vellón sobre el tercer uno por ciento de la nueva alcabala; otro, con los impuestos de cuatro maravedís en libra de carne; una leva de cinco mil infantes; perpetuando el tercer uno por ciento que al presente corre de lo vendible; é imponiendo un cuarto por ciento en lo vendible, etc.» En 1665, Doña Mariana de Austria suspendió la reunión de las Cortes convocadas por su esposo, el rey Felipe IV, para jurar al príncipe Don Carlos, por haber fallecido su esposo el rey, lo cual participaba á las ciudades, ordenándolas alzar pendones por el principe Don Carlos, según costumbre. En 1701 el rey Don Felipe V convocó á los diputados de las ciudades y villas de voto en Cortes para que le prestasen el juramento de fidelidad, y jurar él la guarda de los fueros y privilegios del reino. En 1709 fueron llamadas por el mismo rey para que jurasen al príncipe Don Luis (7 de Abril). 1712 y 13. Las reunió el ó de Octubre el mismo Felipe V pará tratar de su renuncia á la corona de Francia, y de la de la casa de Francia á la de España. Después ordenó á las ciudades y villas que enviasen poderes á sus procuradores para establecer una nueva ley de sucesión. En 1724 fueron llamadas las Cortes por el dicho monarca el 1.° de Noviembre para jurar como principe á su hijo Don Fernando y tratar de otros negocios, si se propusieren... En 1760 se convocaron para jurar al príncipe Don Carlos Antonio, cuya jura se hizo el sábado 19 de Julio en el monasterio de San Jerónimo. En 1789 las reunió el rey Carlos IV el 1.° de Agosto para jurar al príncipe Don Fernando, y «tratar, otorgar y concluir por Cortes otros negocios, si se propusieren.» Asistieron á la jura, verificada el 23 de Septiembre en el monasterio de San Jerónimo, con los de Castilla, los de los reinos de la corona de Aragón, siendo disueltas el 9 de Noviembre del mismo año 1789. Estas fueron las últimas Cortes del antiguo régimen, que se reunieron en la actual capital de España.
Segundo. Tratado de MapriD.— Conócese con este nombre el firmado en 14 de Enero de 1526, para terminar la primera guerra entre Francisco I y Carlos V, y en cuya virtud le cedía aquél el ducado de Borgoña, el condado de Charolais, los señoríos de Noyers y de Château-Chinon y el vizcondado de Auxonne, en completa soberanía; renunciaba al reino de Nápoles, al ducado de Milán, á los señoríos de Génova y de Asti, de Flandes y del Artois, prometía casarse con Leonor, reina de Portugal y hermana del Emperador, y restituir todos sus estados al condestable de Borbón. Merced á estas condiciones onerosas, recobraba su libertad, si bien dejando en rehenes dos de sus hijos. Este tratado no se ejecutó y fué modificado por el de Cambrai (1529) en lo concerniente á la cesión de la Borgoña y sus anexos, que tampoco fué ratificado. El TRATADO DE MADRID es juzgado de muy diferente modo, según que los juicios se formulan aquende y allende el Pirineo. Nuestro Lafuente, en su Historia general de España, y otros distinguidos escritores contemporáneos, le han ilustrado y comentado desapasionadamente y con arreglo á la mejor critica histórica. Existen, sin embargo, según afirman varios paleógra os y bibliógrafos, documentos inéditos muy importantes, relativos á este asunto y á otros muchos de su época; documentos que no sabemos cuándo y dónde se publicarán. Por lo demás, ya hemos consignado que no se ejecutó ni debió tener muchos deseos de ejecutarle el prisionero de la torre de los Lujanes, que en su cautiverio aceptaba las más onerosas condiciones, y que gritaba: ¡Todavía soy rey! al pasar las aguas del Bidasoa.
Tercero. Privilegios y exenciones.— Los reyes otorgaron siempre á MADRID grandes privilegios, tales como el tener voz y voto en Cortes, no poder ser enajenado de la corona real, exención de ciertos pechos, concesión de mercados francos y de dos ferias anuales por San Mateo y San Miguel, que después se han reunido en una; exen ción de milicia y entrada á los besamanos después de los Consejos. La villa de MADRID es libre de pechos, históricamente hablando, por haberlos comprado al emperador Carlos V Don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia, para la libertad de su patria.
Cuarto. Ordenanzas y fueros.—El precioso archivo de la Villa conserva uno de los más grandes monumentos del siglo XIII, ya para la historia de las instituciones municipales, ya también si se le considera como ejemplo vivo del espíritu y de la lengua de aquellas edades. Nos referimos al códice original que el rey Don Alonso el de las Navas dió á la villa, en 1202, para el mejor orden y gobierno de ella. Está escrito en pergamino y en latín romanceado, demostrando sus ordenanzas el papel importante que la villa representaba en aquellos siglos. Este códice inestimable es lo que se llama: el fuero de MADRID. Todo el cuidado del Ayuntamiento será poco, para conservar y transmitir incólume á las generaciones venideras ese rico tesoro de nuestra historia. Es seguro que, si se nos diese á elegir fortuna para legarla á nuestro hijo, contestaríamos lo siguiente: «no queremos más que el Fuero de MADBID.» Quinto. MADRID tiene los siguientes patronos: Nuestra Señora de Atocha, la Virgen de la Almudena, san Isidro Labrador y san Miguel. 166. Heráldica.—Algunos autores, queriendo probar la antigüedad remota de MADRID, hablan del dragón que se hallé esculpido en la Puerta Cerrada, de donde infieren que la villa es fundación de origen griego, por cuanto el tal dragón era como el escudo que aquéllos usaban en sus banderas y dejaban, á guisa de blasón, en las ciudades que construían. Sin embargo, aquel dragón, que se halla pintado en el techo de una de las salas del archivo de la Villa, no se relaciona de ningún modo con los blasones y las armas de MADRID. Estas armas consisten en un escudo blanco ó plateado, en donde hay un madroño verde, de fruto rojo, con un oso en actitud de trepar á él; una orla azul con siete estrellas de plata; y por timbre, una corona real. Se ha dicho que el oso se refiere á los muchos que había en sus antiguos bosques; cuya interpretación no acaba de satisfacer, puesto que no explica el detalle de las siete estrellas. Es indudable que el oso simboliza la Osa mayor ó men er, compuestas respectivamente de sáb e estrellas más notables, que son las siete estrellas de la orla. Confirma en cierto modo esta presunción el hecho significativo de que la constelación de la Ursa, ó de Bootes, se denomina vulgarmente el Carro, que en latin es carpentum, lo cual pudo aludir á que la villa estaba comprendida en la Carpetania. El pintarse el oso abalanzado al madroño, fué consecuencia de los reñidos pleitos que hubo entre el ayuntamiento y cabildo eclesiástico de esta villa, en los cuales se disputaba el derecho á ciertos montes y pastos, habiendo terminado con una concordia en que se estableció «que perteneciesen á la villa todos los piés de árboles; y al cabildo, los pastos;» y para memoria del hecho, se acordó que el cabildo pintase la osa paciendo la hierba, y que el ayuntamiento la presentase empinada á las ramas, significándose de este modo su respectivo derecho á los pastos y á los árboles. En cuanto á la corona del escudo, la concedió el emperador Carlos V en las Cortes de Valladolid de 1544. Tal es la razón por que la villa de MADRID usa los dictados de imperial y coronada, así como los de muy noble y muy leal, concedidos por Don Enrique IV en 1455, á los cuales se agrega el de muy heroica, añadido por el rey Don Fernando VII en á de Mayo de 1814. Es cuanto hemos podido averiguar acerca del escudo de la ilustre capital de España. 167. Conclusión. Poblaciones de la provincia.—Las principales de la provincia de MADRID, son: Alcalú de Henares, ciudad situada sobre el río de su nombre, con 15.000 almas, magníficos edificios, presidios, cuarteles, término feraz, patria de Cervantes, y célebre por su antigua universidad, fun
dada por el cardenal Cisneros y trasladada luego á MaprID.—Aranjuez, sitio real, en la confluencia del Tajo y el Jarama, con 9.684 habitantes, un puente colgante sobre aquel río, fértil campiña, varios molinos, fábrica de cristales, objetos artísticos de gran mérito, bellísimo palacio, linda iglesia, buen caserío, hermosas fuentes, deliciosos jardines y frondosos alrededores.— Leganés, villa situada á 11 kilómetros de la capital, con 5.408 habitantes y un excelente establecimiento para la curación de los dementes.—Chinchón, con 4.893 habitantes, fábricas de paños y de aguardientes.—Colmenar Viejo, con 4.681 almas, con ricas canteras, sabrosos pastos y mucho ganado lanar y cabrío.— Navalcarnero, en la parte septentrional de la provincia, con 3.664 habitantes, abundante viñedo y una buena cárcel modelo, de reciente construcción.—San Martín de Valdeiglesias, villa notable, con 3.912 almas. A rganda, con 3.798, puente colgante sobre el Jarama, en cuyas praderas se crían toros muy bravos.—Getafe, con 3.821 habitantes, fértil campiña, fabricación de tejidos comunes y comercio de productos agrícolas. Pardo y Moncloa, sitios reales, situados sobre el Manzanares; el primero, con un precioso palacio, rodeado de espesos bosques, nutritivos pastos, numerosa caza y 2.530 habitantes; y el segundo, con 2.470 y fábricas de loza muy nombradas. — Valdemoro, con elaboración de jabones, tejidos de seda, colegio de guardias civiles y 2,.721 almas.— Torrelaguna, patria de Cisneros, con campo feraz, en cuyas inmediaciones comienza el canal del Lozoya, y 2.369 almas.—Pinto, con 2.388, tejidos de lana, magnífica fábrica de La Colonial y tenerías.— Cadalso, con 1.881 habitantes, fábricas de vidrio, en cuyo término se encuentran los históricos Toros de Guisando, con inscripciones, que Metelo hizo grabar en honor de sus guerras con Sertorio.—Molar, con 1.619 y baños minerales.—Miraflores de la Sierra, agradablemente situada, con 1.705 y famoso requesón.— Villaciciosa de Odón, villa lindísima, con 1.565 habitantes, antigua escuela de ingenieros de montes, elegantes quintas de recreo, hermosos jardines, fin simas aguas, mucha fruta y magnífico castillo.— Fuentidueña, con 1.205 almas y bellos puentes colgantes.— Loeches, con 950 almas y aguas medicinales.— Guadarrama, en el puerto de su nombre, con 751 habitantes.— Escorial, con 705, célebre por su maravilloso monasterio. (Véase San Lo RENZO.)—Buitrago, asentada sobre el Lozoya, con buenos pastos, abundantes truchas y 664 habitantes.— cerrada y Somosierra, en los puertos de sus nombres, can 325 y 230 respectivamente.
ETIMOLOGÍA. Latín Matritum: árabe, Malgrit; bajo latín, Mageriacum; romance antiguo, Magerit.
Reseña.—MADRID nuevo. — «Si recobrando de nuevo la existencia—dicen los señores Amador de los Ríos y Rada Delgado, en su Historia de la villa y corte de MADRID—volvieran hoy nuestros abuelos á aquel MADRID de que tan envanecidos se mostraban, creerían haberse trasladado á otra región enteramente diversa de la que ellos conocieron. Verían los sitios ócupados antes por templos y conventos espaciosos, convertidos ahora en anchas plazas, mercados, establecimientos públicos ó edificios particulares; los oscuros é inmundos callejones de algunos puntos céntri os, formando calles espaciosas ó manzanas enteras de casas, que parecen destinadas á ser viviendas de magnates; los negros y hediondos portales, de que estaba perpetuamente desterrada la limpieza, sustituídos por elegantes pórticos perfectamente adornados y con sus correspondientes porterías; en lugar de los miserables faroles, que sólo servían para aumentar la lobreguez en que quedaba sumida de noche la población, multitud de reverberos y brillantes luces de gas, que alumbran á los transeuntes; en vez de piedras agudas y desiguales, y de las aceras, por donde con dificultad podía andar una persona, empedrado de adoquines y anchas losas, que en algunos parajes forman verdaderos paseos; y contemplando además los alrededores de-la capital, cubiertos de innumerables árboles, los jardines esparcidos dentro de ella, el lujo oriental de los cafés, tiendas, teatros, casinos, oficinas y ministerios, el asombro subiría de punto, creyendo haberse efectuado tan universal mudanza por obra de encantamento.» En efecto; MADRID ha experimentado, en estos últimos años, una grande y maravillosa transformación. Las viejas y endebles tapias, que oprimían la población antigua, han desaparecido casi por completo, pues ya sólo quedan algunos pequeños trozos y la parte que comprende la Ronda de Embajadores; las mezquinas y antiguas casas de un solo piso se ven sustituídas por otras de elegante y atrevida construcción; iglesias y conventos ruinosos han sido reemplazados con edificios útiles al ornato y á las comodidades públicas, ó convertidos en mercados y anchurosas plazas, que aparecen adornadas de frondosos árboles, hermosos jardines, caprichosas fuentes, magníficas estatuas. Numerosos edificios y hasta manzanas enteras han desaparecido para dar lugar al ensanche y alineación de unas calles y la prolongación de otras. Los nuevos barrios de las afueras han tomado un incremento extraordinario y cada día es mayor el número de edificios y palacios que se levantan, ya por los poderes públicos, ya por iniciativa particular. Entre los primeros, merecen citarse, además del Tribunal de Cuentas, el hospital del Buen Suceso y cárcel modelo, arriba mencionados, y la iglesia de la Concepción y la Casa de la Moneda. Entre los segundos, son dignos de especial mención: el palacio de Portugalete, por su magnificencia, así como por sus hermosas pinturas y adornos interiores; el de Indo, por su esbelta portada, sus deliciosos jardines, sus preciosas estatuas y lindísima verja; el de Yifré, por su perfecta imitación de la arquitectura árabe en sus mejores tiempos; el de Cerrajería, por su primorosa y acabada construcción; el de Murga, esquina á la calle del Pósito, paseo de Recoletos, frente por frente de la calle de Alcalá, cuya construcción se empezó en 1874, siendo un verdadero prodigio de riqueza, de suntuosidad y solidez, hasta el extremo de que sólo el escudo de armas, que corona el frontis, ha costado setenta mil pesetas; el de Finat, por sus magníficas proporciones y elegantes formas; el de Calderón, posteriormente del marqués de Campo, cuya enorme masa no ha costado menos de doce millones de reales; y sobre todo, el de Anglada, situado en el centro de un inmenso parque, que ocupa una de las mejores posiciones del famoso barrio de Salamanca, formando manzana entre las calles de Serrano, Lista, Villamagna y paseo de la Castellana; circuido de rica verja y con dos puertas monumentales. El presupuesto de este palacio colosal no ha bajado de treinta millones. De este modo, la pequeña villa, que levantaba sus negros paredones en las humildes márgenes del Manzanares, ha venido aumentando su importancia y ostentando esa pompa con que después se ha enriquecido, hasta presentarse á la faz del mundo como la primera capital de España y una de las más grandes y galanas de Europa. Al ser testigos de esta prodigiosa mudanza; al ver y tocar tantas mejoras, hay que besar la mano del genio fecundo de quien las hemos recibido. Tres conquistas sociales han operado ese cambio increible durante la vida de una sola generación: la desamortización eclesiástica, la desvinculación civil y cierto respiro en el order político, administrativo y económico. Tales son los milagros de la libertad, soplo de Dios y espiritu del universo, que parecen juntarse en una misma esencia para regenerar al mundo.
la historia de «madrid», de obra en obra →
← MadreselvaMadrid (CASTILLO DE) →
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra