Roque Barcia · 1880-1883
Laura
tomo 3 · página 344 · ver la página del original
Laura. Femenino. Antiquedades. Nombre de unos antiguos monasterios de Oriente, cuyas celdas, independientes unas de otras, formaban una especie de caserío.
ETIMOLOGÍA. Griego Mopa (láura), lugarejo de calles largas; de lauros, largo; latín, laura. Laura de Novés. Dama de la Provenza, á quien han hecho célebre los amores de Petrarca. Nació en Aviñón, y tal vez en Novés, arrabal de aquella ciudad. Su padre era Audiverto de Novés, caballero poseedor de extensos dominios en el condado de Aviñón. LAURA casó en 1325 con Hugo de Sade y se distinguió por su virtud y su pudor en medio de la corrupción de las costumbres de la ciudad papal, tanto como por el encanto de su hermosura y de su talento. Una nota latina, escrita por Petrarca en uno de los márgenes de su Virgilio, cuya autenticidad está completamente demostrada, es el documento más irrecusable para probar que LAURA DE NoVÉS es la dama que el poeta ha inmortalizado. Esta nota, traducida literalmente, dice así: «LAURA, ilustre por sus propias virtudes y largo tiempo celebrada en mis versos, apareció por primera vez á mis ojos, en los albores de mi adolescencia, el año del Señor 1327, el día 16 del mes de Abril, en la iglesia de Santa Clara de Aviñón; pero el año 1348, aquella purísima luz fué arrebatada á la vida, mientras que yo estaba accidentalmente en Verona—¡ay de mí!—ignorante de mi desgracia. La fatal nueva llegó á mí en Parma, por mediación de mi querido Luis, el mismo año el 10 de Mayo. Aquel castísimo y hermoso cuerpo fué colocado en la iglesia de Hermanos menores, el día mismo de su muerte, por la tarde.» El precioso Virgilio en que se encuentra esta nota manuscrita, se halla depositado en la Biblioteca Ambrosina de Milan, después de haber pertenecido durante el breve período de 1796 á 1815, á la biblioteca nacional de París. La indubitable certidumbre de este documento ataja todas las hipótesis de los críticos y los eruditos, que no han querido ver en la LAURA del poeta otra cosa que un personaje imaginario, una creación ideal. Sin embargo, queda una duda. ¿Hay identidad entre la LAURA de Petrarca y la LAURA DE NOVÉS, casada con Hugo de Sade? Este es un punto extremadamente delicado. El poeta dedicó á LAURA 318 sonetos y 88 canciones, escribió los Triunfos, rica apoteosis de la belleza á quien amó, en donde el vate mostró sus dolores en arranques poéticos que asombraron al mundo; y sin embargo, en ninguna parte de esa preciosa literatura hay un solo indicio que pueda revelar á la mujer que fué el delirio de su vida. El autor anónimo de una Vida de Petrarca impresa en 1471, y que fué contemporáneo del poeta, dice: «que LAURA no era casada, que se llamaba Laureta, que habitaba un castillo cerca de Aviñón, que fué la musa de Petrarca, que permaneció casta, en tanto que el poeta desoyó las exhortaciones del Papa, que le suplicaba se casase con ella, temeroso de ver disminuir su amor.» Un anticuario italiano, Vellutello, ha corroborado este testimonio con sus propias investigaciones; y el padre Costanig, tomando en cuenta todos los argumentos invocados por los adversarios de LAURA DE NOVÉS, pretende, en su MusA De PETRARCA (1820), que «la dama ideal del poeta fué LAURA DE BAUX, de la casa de Orange, cuya tumba se ve todavía en Galas.» Esta hipótesis no debe admitirse, puesto que se tiene el testimonio de Petrarca acerca del lugar de la tumba de la que había cantado. En favor de la identidad de LAURA DE NOVÉS con la LAURA de Petrarca, pueden citarse los argumentos aducidos por Sade en dos abultados volúmenes titulados: Memorias sobre la vida de Petrarca (1764, 1767), de cuyas noticias se deduce que, si la identidad no puede tenerse por segura, es por lo menos muy probable. De lo referido minuciosamente por el gran poeta, se infiere con seguridad que no entró nunca en casa de LAURA, que no la trató ni habitó con ella, consistiendo sus relaciones exteriores en verla pasear á lo lejos bajo los limoneros de un parque del castillo en que LAURA vivía, ó bien encontrándola en la iglesia. Es evidente que si Petrarca la hubiera visitado, no habría comprado una heredad cerca del castillo de su amada, la cual, uniendo al hechizo de su hermosura la virtud del recato, supo mantener siempre vivo el amor del poeta. Este amor puro no estaba exento para él de ciertos dolores, puesto que frecuentemente se queja de la violencia de sus deseos. LAURA era célebre en vida, idealizada ya en cierta manera por los sonetos y las canciones de su amante, como lo patentiza
el hecho de Carlos de Luxemburgo, emperador después de Alemania. Habiendo pasado este personaje por Aviñón, preguntó por la dama ideal del poeta, con cuyo motivo fué presentada á Carlos, entre las señoras de la ciudad, besúndola en la frente y en los ojos. Amén de las poesías del Petrarca, que son ciertamente el primer monumento de la memoria de aquella mujer, su retrato existe en un bajo relieve que los eruditos afirman haber pertenecido al gran poeta, así como en ciertas pinturas de Simón Siena, amigo del Petrarca, las cuales se conservan aún en Aviñón. Créese que el mismo pintor hizo también el retrato de LAURA, aunque se ignora su paradero. De dicho retrato sólo quedan las reproducciones que se hallan en los grabados de algunas ediciones del autor. En cuanto al relieve, de que hemos hablado, pertenece hoy á una familia de Florencia. Si LAURA DE NOVES fué realmente la amada del inspirado vate, murió á los 41 años, el ó de Abril de 1348, á consecuencia de una peste que hubo en Aviñón por entonces, de donde se deduce que nació en el año de 1307. Por consecuencia, cuando la vió Petrarca el día 16 de Abril de 1327, en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, LaURA contaba 20 años menos 10 días.
Reseña.—Existe un cuadro, donde LAURA aparece en una pradera, circuida de aldeanas jóvenes, sentadas sobre el césped, con los vestidos pintorescos de aquella edad. La pradera en cuestión está situada cerca de la famosa fuente de Voclusa. A cierta distancia del césped, en donde se encuentra nuestra heroina con las aldeanas, se ven unas piedras rodeadas de árboles, entre las cuales hay una figura de hombre, vestido de negro, puesto de espaldas, cuyo semblante no se ve, porque el pintor hubo de tener miedo de expresar el arcano de aquella vida. En la pintura que examinamos vienen á confundirse instantáneamente las pasiones del sentimiento, los vaticinios de la conciencia, las memorias del campo y los prodigios de la mujer, entre audaces imaginaciones de una inútil malicia. Es un cuadro de fantasía vaga, armoniosa, indefinible; de emoción intima y profunda; de fascinadora belleza. Petrarca, más que como hombre, se representa allí como una sombra. LAURA, más que mujer, es un ángel del mundo, un sueño de la vida, un suspiro del alma, dulce y apacible, como el aura que mueve las hojas de los árboles; dulce y amoroso, como la esencia que vive en la flor. ¡Ay! ¿quién no ama la poesía? ¿quién no ama un sublime misterio? Al mirar aquel cuadro, el corazón se agranda y dice: ¡Qué hermoso es creer! ¡qué hermoso es amar! ¡qué hermoso es vivir!
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