Roque Barcia · 1880-1883
Kepler
tomo 3 · página 293 · ver la página del original
Kepler. Masculino. Astronomía. Nombre de una cuarta mancha de la luna.
ETIMOLOGÍA. Kepler, astrónomo: francés, Kepler. Kepler ó Keppler (JUAN). Ilustre astrónomo, y uno de los creadores de la astronomía moderna, que nació en Masttatt, cerca de Weil (Wurtemberg) el 27 de Diciembre de 1571, y murió el 15 de Noviembre de 1630. Hasta la edad de doce años sirvió en una taberna, que había abierto su padre; pero cerrado este establecimiento por una quiebra, tuvo que dedicarse á los trabajos del campo, que bien pronto la debilidad de su constitución le obligó á abandonar. Buscando entonces un porvenir en los estudios teológicos, entró á los 18 años en el seminario de Tubinga, donde poco después, y gracias á los consejos de Mæstlin, se consagró al estudio de las matemáticas, siendo nombrado á los 22 años profesor en Grœtz (Styria). Arrojados en 1600 los profesores protestantes de sus cátedras, tuvo que abandonar la ciudad; pero Ilamado por Tycho-Brahe, fué á establecerse en Praga, donde, á la muerte de aquel sabio (1601), le reemplazó, como astrónomo de la corte, con la asignación de 1.500 florines, que le fueron siempre mal pagados. Nombrado luego profesor de Lintz, trasladó á aquella ciudad su residencia y de allí fué llamado para salvar de la hoguera á su madre, acusada de hechicería, muriendo en Ratisbona en uno de los viajes que se veía obligado á emprender para solicitar el pago de los atrasos de sus pensiones. A su muerte sólo dejó 22 escudos, un traje y dos camisas, mientras los príncipes á quienes había servido, le debían 29.000 florines. KEPLER había abrazado el sistema de Copérnico y deseaba ardientemente hacer un descubrimiento que lo confirmase. Copérnico y Tycho-Brahe habían conservado una parte de los círculos de Ptolomeo, y KEPLER no se apartó por el pronto de estos sistemas. En la hipótesis de movimientos circulares de los planetas alrededor del sol, aceptada hasta entonces, era necesario admitir los centros de órbitas fuera del sol en un punto vacío de materias. KEPLER sostuvo que los movimientos planetarios debían referirse al centro del sol verdadero. Para explicar sus observaciones, emprendió largos y penosos cálculos, que le condujeron, por fin, á la verdad. Las observaciones de Marte, hechas por Tycho-Brahe, le habían llevado á reconocer que las intersecciones de los planos de las órbitas planetarias con el de la eclíptica, son rectas que pasan por el centro solar. Descubrió que las áreas descritas por los rayos que parten del centro del sol, son proporcionales á los tiempos y que las curvas descritas representan elipses, de las que el centro solar es un foco. Hasta el ó de Marzo de 1618, no pensó en comparar la duración de las revoluciones con el cubo de las distancias; pero un error de cálculo no le permitió descubrir la ley, hasta que, volviendo á sus observaciones el 15 de Mayo siguiente, encontró al fin la proporción de los cuadrados de las distancias con el cubo de los ejes. Desgraciadamente, KEPLER mezclaba á los más sabios descubrimientos de su genio, disertaciones extrañas sobre las ideas pitagóricas relativas á las propiedades místicas de los números, á la rítmica de los cuerpos celestes y á la influencia de los astros, tal como la había considerado la astrología. En cuanto á las predicciones sacadas de sus observaciones astronómicas, se le disculpa diciendo «que no hacía otra cosa que ceder á las instigaciones de los príncipes que le empleaban y á las preocupaciones de su tiempo.» En cuanto á las otras ideas, son fruto de su imaginación idealista. KEPLER había buscado durante mucho tiempo los lazos que podían existir entre las distancias medias de los planetas al sol; y había encontrado que, imaginando una sucesión de esferas de radios iguales á los de las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno y circunscribiendo á los cinco primeros el octáedro, el icosáedro, el dodecáedro, el tetráedro y el hexáedro regulares, cada sólido sería inscrito inmediatamente en la esfera inmediata. Pero las distancias, mejor conocidas hoy, no concuerdan con los números que se obtienen de estas consideraciones geométricas, además de resultar que los planetas descubiertos posteriormente no podrían ser clasificados, puesto que no pueden tenerse más de cinco polie
dros regulares. Sin embargo, KEPLER, además de su poderoso talento, estaba dotado de una perseverancia á toda prueba, y después de estas ideas que se encuentran expuestas en su primera obra: Prodromus disertationum cosmographicarum, publicada en 1596, dió todavía un paso más. Una vez determinadas las leyes del movimiento de los planetas, estaba demasiado cerca de su causa; esto es, de la ley nentoniana, para no tratar de descubrirla. Así se le ve hacer residir la fuerza motriz en el sol y comparar la acción de esta fuerza al flujo de laluzque emana de aquel astro, mostrando la afección mutua que existe entre los cuerpos, y probando que esta atracción, semejante á la del imán, es proporcional á la masa. Lo sorprendente es que la comparación que establece entre la atracción y la luz, no le condujera á la ley de la razón inversa del cuadrado de las distancias. Las nociones mecánicas estaban poco adelantadas en aquella época y ésta fué indudablemente la causa de que KEPLER dejase á Newton la gloria de descubrir el principio de la gravitación universal. Estos presentimientos de ella se encuentran en la obra que tiene por título: Astronomia nova, sive phisice cœlestis (Praga, 1609). A KEPLER, dedicado también al estudio de la óptica, se le debe: una teoría de la visión, algunos estudios sobre la refracción, una tabla de refracciones astronómicas y diversas explicaciones de fenómenos relacionados con la astronomía. Entre las obras de este grande hombre, las principales, además de las que ya hemos citado, son: De stella nova in pede serpentarii (Praga, 1606), obra en que se trata de la aparición de una nueva estrella en la constelación del Serpentario, y en la que se pretende probar que el principio de nuestra era debe empezarse á contar cuatro ó cinco años antes; Dióptrica (Francfort, 1611, y Londres, 1653), donde estudia las propiedades de los lentes; Harmonia mundi (Leintz, 1619), donde se encuentra expuesta su tercera ley; De comentis libri tres (Augsburgo, 1619), donde hace mover los cometas en linea recta; Tabulæ Rudolphinæ (Ulma, 1627), dedicadas al emperador Rodolfo II, comenzadas por Tycho-Brahe, y en que se encuentra la historia de la invención de los logaritmos, y J. Kepleri somnium (Francfort, 1634), obra publicada por su hijo y en la que se describen los fenómenos celestes, tales como aparecerían en un observatorio colocado en la luna.
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