Roque Barcia · 1880-1883
Job
tomo 3 · página 246 · ver la página del original
Job. Masculino. Historia Sagrada. Personaje bíblico, que vivía en Arabia hacia el siglo XVI antes de nuestra era, y que sólo nos es conocido por el libro de la Santa Biblia, que Ileva su nombre. A juzgar por este libro, Jop debía ser un hombre sencillo y recto, temeroso de Dios y enemigo implacable del mal. Habitaba en la tierra de Hus, territorio cuya situación se ignora. Tenía siete hijos y tres hijas; poseía 7.000 cabezas de ganado lanar, 3.000 camellos, 500 pares de bueyes y 500 caballerías; era dueño de numerosos criados y se le reputaba con justicia por gozar de la posición más opulenta de la comarca. A pesar de sus riquezas, conservó un corazón recto y temeroso de Dios. Pero como Satán afirmase que su fe dependía sólo de su prosperidad, el Señor, para probar lo contrario, le permitió someter á Jos á las más rudas pruebas, sujetándole á toda clase de males, excepto la muerte. A consecuencia de esta permisión, de allí á poco los sabeos le roban sus bueyes y caballerías; el fuego del cielo devora sus rebaños; sus 3.000 camellos caen en poder de los caldeos, y, por último, un viento furioso, soplando del Desierto, derriba la casa donde todos sus hijos estaban reunidos y los sepulta en las ruinas. Jos recibe estas tristes noticias una á una, y un solo grito escapa de su pecho: «Desnudo salí del seno de la tierra, desnudo volveré á ella. Dios me lo habla dado todo: El me lo quita; que su santo nombre sea bendito.» Pero la prueba se extiende bien pronto al mismo JoB. El desdichado se ve cubierto de una lepra asquerosa, que se extiende rápidamente desde sus piés hasta su cabeza. Sentado en un muladar, rae con un pedazo de teja el fétido humor que escapa de sus úlceras, y cuando su misma mujer viene á culparle por su resignación y su humildad: Todo se lo debemos á Dios, le responde; si de El recibimos los bienes, ¿por qué no recibir los males? Tres de sus amigos, Eliphaz, Baldad y Sophar, sabedores de sus infortunios, acuden á verle; pero ante el espectáculo de los males de que le ven herido, permanecen mudos siete días y siete noches; por fin, consiguen hablarle y tratando de convencerle de que las adversidades sólo pueden caer sobre los malvados, le dirigen las més sangrientas invectivas y le abruman á humillaciones. Jos toma á Dios por testigo de su inocencia y protesta que es oprimido sin razón. En la historia de Jos se encuentran pensamientos de una profundidad increible con respecto á la existencia del mal fisico y del mal moral, bajo el imperio de un Dios poderoso y bueno. De pronto un nuevo interlocutor, llamado Eliu ó Elihú, más joven que los otros, toma la palabra, no para acusar á Jos de haber merecido por sus crimenes los severos castigos que Dios le envía, sino para hacerle notar que ha mostrado demasiado orgullo, protestando de su inocencia, porque ningún mortal puede jactarse de penetrar los altos juicios de Dios y de haber sido siempre perfecto á sus ojos. Luego toma Dios la palabra, y después de reprender la presunción del joven Elihú, recuerda algunos de los prodigios que ponen de manifiesto su poder, en un lenguaje Ileno de elevación, de grandeza y de majestad. Entonces Jon reconoce que había traspasado los límites que debían marcarle su pequeñez y su ignorancia; á consecuencia de lo cual, Dios, satisfecho de su mansedumbre, le cura de sus males y le duplica las riquezas que había perdido. El patriarca vivió todavía ciento cuarenta años, durante los cuales concedióle Dios siete hijos y tres hijas.—El muladar de JOB, su resignación, los reproches de su mujer y las invectivas de sus amigos, han pasado al lenguaje vulgar, dando motivo á frecuentes alusiones.— La mejor traducción que, separándonos de la incluída en la Biblia, se conoce del Libro de JoB, es la que M. Ernesto Renán dió á luz en Paris en 1859. En su prefacio, el autor declara que su versión está hecha sobre el texto massorético, salvo dos ó tres pasajes, en que todos están de acuerdo que deben corregirse; pero, francés antes que todo, se aparta por completo del método alemán, que consiste en calcar escrupulosamente la palabra alemana sobre la hebrea. M. Renán ha suprimido la división en capítulos, como introducida en una época posterior al poema, y ha tratado de inspirarse en el estilo del Libro de Jos, para que se sienta en la traducción algo de la sublime cadencia que presta tanto encanto al texto hebreo. Los personajes del poema no son judíos; el lugar de la escena está situado fuera de la Palestina; en él no se encuen
tra alusión alguna á los usos mosaicos, y JoB no parece conocer otro culto que el patriarcal. Desorientados por todas estas circunstancias, hábiles críticos han pretendido que el Libro de JoB no era de origen hebraico. Esta opinión debe ser tenida como errónea, si se quiere decir con esto que la lengua empleada en él no es puro hebreo, ó que el texto que ha llegado á nosotros no es más que la traducción hebraica de una obra escrita en otro dialecto semítico. Lo que no admite duda, es que el fondo de las ideas de JoB no es especial de la raza hebrea, sino común á toda la semítica; de donde es preciso concluir que el Libro de JoB es anterior á la época en que las instituciones religiosas de los hebreos tomaron una forma definitiva merced á la legislación mosaica. Según Renán, la composición entera de esta obra admirable descansa en una leyenda idumea, y las tesis filosóficas desarrollas en sus diálogos, no son otra cosa que lugares comunes de la doctrina semítica. Por la comparación de los textos, por el estudio de los historiadores y de la estética de la lengua hebrea, hay fundamento para adherirse á una opinión muy acreditada, que coloca la aparición del libro hacia el año 700. Queda que sondear una nueva cuestión, la de la autenticidad del precioso documento que se examina. ¿Es todo él de la misma mano? Renán no lo cree; pero al mismo tiempo combate á los críticos que le suponen obra de muchas generaciones. A despecho de numerosas contradicciones que presentan las diversas partes en el fondo y en la forma, no admite como cierta otra interpolación que la del discurso de Elihú. Aquí termina la parte científica del comentario de M. Renán; pero antes de darnos el texto de la obra, se esfuerza en señalar la grandeza y la profundidad de su pensamiento. En ninguna parte, con efecto, la austeridad, la elevación y sobrio ornato que caracterizan á todas las obras originales de la raza semítica, se manifiestan con un hechizo más seductor. Jamás libro filosófico ó religioso alguno ha denotado tanta vivacidad de imaginación, tanta fuerza, ni tanta pasión concentrada y encerrada en los límites del más escrupuloso razonamiento.
M. Renán hace también notar que la época del Libro de JoB es la de la decadencia, entre los hebreos, de las ideas mitológicas, que hormigueaban en la ley mosaica en sus primeros pasos. En una palabra, el Libro de JOB es la expresión de la turbación inevitable que se apodera de la conciencia humana en aquel instante supremo en que principiaba á desvanecerse la vieja teoría patriarcal, fundada únicamente en las delicias de este mundo, es decir, en los goces de la vida terrestre. Por consiguiente, el Libro de JoB marca un trastorno necesario y profundo en el espíritu de aquellas edades, una verdadera palingenesia providencial.
Reseña.—Príncipe de Arabia, célebre por tres cosas que rayaron en lo sublime: una fe extraordinaria, una extraordinaria poesía y una extraordinaria paciencia; en cuyo sentido se dice, á guisa de proverbio: «tiene más paciencia que JOB.» (Anónimo.)
la historia de «job», de obra en obra →
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra