Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Jenofonte

tomo 3 · página 238 · ver la página del original

Jenofonte. Ilustre historiador, filósofo y general ateniense, que nació en Erquia, en el Atica, hacia el año 445 antes de Jesucristo y murió en 335. De su familia sólo se sabe que su padre se llamaba Grylus. A la edad de 16 años era ya uno de los discípulos más queridos de Sócrates y estaba dotado de una singular belleza, ventaja muy estimada entre los griegos, que no creían que el talento ni las virtudes pudiesen tener asiento en un cuerpo mal conformado. Sócrates, según refiere Diógenes de Laercio, le encontró un dia en la plaza pública, y sorprendido de su hermosa figura le atajó el paso con su bastón, preguntándole: «¿Dónde compras las cosas necesarias á la vida?—En el mercado, respondió el joven.—¿Y dónde puedes aprender á ser hombre honrado?» JENOFONTE se quedó suspenso. —Sígueme y lo aprenderás, le arguyó Sócrates.—Desde aquel momento JENOFONTE se unió de tal modo á su maestro, que á todas partes le acompañaba. Tan cerca de él se encontraba en la batalla de Delium (424), que Sócrates le salvó la vida. Algunos años más tarde, en un encuentro cuyo nombre ha quedado desconocido, parece ser que quedó prisionero de los beocios, siguiendo entre ellos, según el testimonio de Philostrato, las lecciones de Pródico de Ceos. Entre esta batalla y la marcha de JENOFONTE al ejército de Ciro, veintitrés años después, hay una laguna no explicada en su biografía. Se supone que sirvió en alguna de las expediciones de la guerra del Peloponeso, y que, á la pericia militar desplegada entonces, se debieran el puesto que ocupó en la retirada de los Diez mil y la confianza de sus compañeros. Debió asimismo escribir algunas de sus obras durante este periodo, el Banquete, por ejemplo, cuya fecha puede fijarse en el año 421 antes de Jesucristo. El festín, que es el pretexto, del diálogo, fué dado, en efecto, con motivo de la victoria de Autolycus en el Pancracio, victoria que, según Ateneo, se alcanzó en el cuarto año de la olimpiada 89. Este escrito debe ser, pues, sólo posterior en algunos años al encuentro de Delium. A otro diálogo de

JENOPONTE, el Hierén, se asigna la fecha de 402. Entre el Banquete y el Hierón, debió seguir la escuela de elocuencia de Isócrates, cuya influencia, bajo el punto de vista del estilo, parece manifiesta á los ojos de la crítica en la segunda de aquellas obras. Fundado en este dato, se cree que vivió de 405 á 401 en la corte de Dionisio el Antiguo, tirano de Sicilia. En la misma época acabó y publicó la Historia de la guerra del Peloponeso, de Tucidides, cuyo manuscrito sólo él poseía. En 401, JENOFONTE partió para el Asia, llamado á la corte de Ciro el Joven. Sócrates, á quien habia consultado previamente, no había querido ni retenerle ni obligarle á abandonar la Grecia, aconsejándole que se atuviera al oráculo de Delfos; pero JENOFONTE, á quien aquel viaje halagaba vivamente, en lugar de preguntar si haría bien ó mal en emprenderle, se limitó á consultar qué sacrificio debería hacer para atraerse el favor de los dioses. A su vuelta de Delfos, saludó á su maestro y se embarcó. En Cerdeña encontró á Próxenes, enviado antes que él á la corte de Ciro. Este príncipe, que iba á emprender contra Artajerjes la lucha en que perdió la vida, no dijo nada á JENOFONTE de sus proyectos; Clearco era el único de los griegos que estaba en el secreto de la expedición, y fué el que hizo partícipe de él á JENOFONTE. Después que la lucha contra Artajerjes se desenlazó con la victoria de Cunaxa y con la muerte de Ciro, la situación de los griegos que éste tenía á sueldo se hizo por extremo critica; situación que se agravó cuando Clearco y otros veinticuatro jefes del ejército, cayendo en un lazo tendido por Tisapherno, fueron asesinados. En este momento es donde comienza el verdadero papel de JENOPONTE. Cuando todo parecía perdido, cuando los griegos, distantes más de seiscientas leguas de su país y en una tierra desconocida y hostil, privados de los jefes en que tenían puesta su confianza, estaban próximos á desbandarse para buscar individualmente su salvación, JENOFONTE reanimó el valor de los soldados, demostró que un ejército de 10.000 hombres, bien armados y disciplinados, podía mucho; y, reuniendo á los principales capitanes, logró que adoptasen sus ideas. Conseguido esto, fué elegido con otros cuatro para ejercer el mando, y aunque colocado en último término por ser el más joven de ellos, fué en realidad el alma de aquella sorprendente retirada de los Diez mil, que ha inmortalizado al historiarla. JENOFONTE no abandonó el ejército que había salvado hasta después de haberle entregado en manos de Tymbrón, á las órdenes del cual los mercenarios griegos volvieron al Asia á hacer la guerra contra Pharnabaza y Tisapherno á sueldo de Esparta (399). En el momento en que JENOFONTE entraba en Atenas, Sócrates era condenado á muerte. Puede suponerse que en esta época fué cuando escribió los Dichos memorables, la Apologia de Sócrates, la Economía y la Hipparquia. Como apologista de Sócrates, tenía por rival á Platón; pero hay motivo para suponer que existiera poca simpatía entre ambos, pues mientras que Platón no nombra siquiera á JENOFONTE, éste sólo le menciona una vez, y á propósito de un hecho insignificante. Estos trabajos ocuparon á JENOFONTE durante el intervalo que separa su vuelta de Asia, con los Diez mil, de su marcha al mismo pais á las órdenes de Agesilao. Su unión al ejército expedicionario del rey de Esparta se debió á un decreto de destierro pronunciado contra él á causa de su laconismo; esto es, de su adhesión á la Lacedemonia. Sólo por un error pudo Pausanias retrogradar la fecha de este decreto á la época en que JENOFONTE partió con el ejército de Ciro, sin ver que él mismo nos muestra que, á su vuelta de la retirada de los Diez mil, todavía no había sido desterrado.

Acompañó, pues, á Agesilao al Asia, volvió con este príncipe cuando la coalición, excitada por los medos contra Lacedemonia, obligó á la república á poner sobre las armas á su ejército, y se halló al lado del rey de Esparta en la batalla de Coronea. A los atenienses, aliados de los tebanos en aquella guerra, les costó no poco trabajo perdonar á sus conciudadanos el haber peleado contra ellos; y sólo al cabo de veintisiete años se decidieron á derogar el decreto de destierro. JENOPONTE pasó todo aquel largo período en Esparta. Se había casado á la vuelta de su primera expedición al Asia y tenía dos hijos, á quienes se llamaba los Dioscuros, no sabemos si porque eran gemelos ó por su agilidad en la equitación y en los juegos circenses. Parece ser que poseyó en Scillonte, entre Esparta y Olimpia, considerables dominios, que le habían sido donados por Esparta, llegando á decir Pausanias que se le había hecho el presente de la ciudad de Scillonte, colonia de Lacedemonia, lo que es imposible, pudiendo admitirse sólo que los lacedemonios le hubieran conferido su gobierno. Sin embargo, JENOFONTE no habla de nada parecido á esto, por más que se detenga con complacencia en describir en el Anabasio su estancia en Scillonte. En aquel hermoso retiro es donde escribió el Anabasio (retirada de los Diez mil), la Cyropedia, los Cynegéticos, el Tratado de la Equitación, y donde acabó las Helénicas, de las que ya había escrito anteriormente dos libros para continuar la Historia de Tucidides. Allí vivía en reposo hacía cerca de veinticuatro años, cuando los helenos invadieron aquel territorio (368); los dominios de JENOFONTE fueron devastados y él mismo tuvo que emprender la fuga. Entonces se retiró á Lepreum y después á Corinto, llevándose con él á sus dos hijos. Al año siguiente, los atenienses, á propuesta de Eubulo, revocaron el decreto de destierro que pesaba sobre él, pero es dudoso que volviera á Atenas, pues su avanzada edad, que ya frisaba en los 80 años, hace creer que vacilara en cambiar de domicilio. Demetrio de Magnesia supone que murió en Corinto, donde había terminado la Cyropedia y las Helénicas, y escrito un breve tratado de Economía sobre las cuestiones de hacienda del Atica. «Antes de bajar al sepulcro, que vea al menos á mi patria tranquila y floreciente,» decía en ella, lo que prueba que el destierro no había apagado su patriotismo. Sus dos hijos se alistaron bajo las banderas atenienses, y como los papeles se habían trocado en Grecia, siendo entonces Atenas aliada de Esparta contra los tebanos, los hijos de JENOFONTE, combatiendo por su patria, permanecían fieles á la politica de su padre, siempre adicto á Esparta. Uno de ellos, Grylus, pereció en Mantinea. JENOPONTE recibió esta noticia en Corinto, en el momento en que celebraba un sacrificio. Al escucharla, se quitó la corona que tenía en la cabeza; pero sabiendo luego que su hijo había muerto con valor y que había herido por su propia mano á Epaminondas, volvió á ponérsela sin verter una lágrima, contentándose con decir: «Ya sabía yo que tenía un hijo mortal.» Los escritos de JENOFONTE se dividen en cuatro series. Escritos históricos: el A nabasio, las Helénicas, la Cyropedia y la Vida de Agesilao. Escritos didácticos: la Hipparguia, la Eguitación y los Cynegéticos. Escritos políticos: la República de Esparta, la República de Atenas y las Cuestiones económicas del Atica. Escritos filosóficos ó morales: Dichos memorables de Sócrates, A pología de Sócrates, la Economta, el Banquete y el Hierón. La primera edición, aunque incompleta, de las Obras de JENOFONTE, se debe á Ph. Junte (Florencia, 1516). La primera completa fué emprendida por Melanchthon (Haya, 1540), y Enrique Estienne dió en 1561-1581 una mejor, á la cual va unida la traducción latina. Posteriormente, Gail (1797-1804) hizo una edición que da, á la vez que el texto griego, las traducciones latina y francesa en seis tomos, conteniendo el 7.° una rica colección de variantes y de observaciones críticas. Entre las traducciones francesas que existen, además de la de Gail, citaremos las de Dacier, Dumas, Larcher, Levesqué y Talbot. De el Anabasio, la Cyropedia, la A pologta de Sócrates, los Dichos memorables y la Equitación, se cuentan un gran número de traducciones y ediciones separadas. Una de las más notables por su esmero es la de la Equitación, hecha por P. L. Couvier, y que va acompañada del texto griego.

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