Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Jaén

tomo 3 · página 222 · ver la página del original

1. Jaén. Masculino. Geogra fía. El más reducido de los cuatro antiguos reinos de Andalucía, formado por los árabes é incorporado en el siglo xII á la corona de Castilla. Su pequeño territorio abarcaba una extensión de 110 kilómetros de largo, otros tantos de ancho y sobre 1.474 cuadrados de superficie. Los cinco partidos que lo constituian, según el Nomenclátor ó Diccionario formado en tiempo de Floridablanca, comprendían 5 ciudades, 58 villas, 13 lugares, un barrio, 15 cortijos, 12 despoblados y 2 ventas, repartidos de este modo: JAÉN, 2 ciudades, 21 villas, 5 lugares, 9 cortijos y una venta. Andújar, una ciudad y 2 lugares. Baeza, una ciudad, 14 villas, un lugar, un barrio, 5 cortijos, 8 despoblados y una venta. Martos, JAÉN 9 villas y un lugar. Ubeda, una ciudad, 14 villas, á lugares, un cortijo y á despoblados. Los nuevos pueblos de Sierra Morena, que componían entonces una intendencia aparte, fueron agregándose á la actual provincia, en virtud de las divisiones territoriales llevadas á cabo en el presente siglo.

JAÉN.— Una de las 8 provincias en que se halla dividida actualmente la comarca de Andalucía, formada en 1822 de la mayor parte del antiguo reino de su nombre, y de algunas pequeñas porciones de los de Granada y Murcia y de la antigua provincia de Toledo. Está considerada como de tercera clase en lo civil y administrativo, correspondiendo, en lo judicial y militar, á la audiencia y capitanía general de Granada, y en lo eclesiástico al arzobispado de Granada. 1. Situación y límites.—Se encuentra situada entre los 37° 28-38° 33' de latitud septentrional, y los 0° 35' de longitud occidental y 0° 50' de longitud oriental del meridiano de Madrid, á 286 kilómetros de distancia de esta población. Confina, al Norte, con la provincia de Ciudad Real; al Este, con la de Albacete; al Sur, con la de Granada, y al Oeste, con la de Córdoba. 2. Extensión y población.—Los anteriores límites comprenden una extensión de 142 kilómetros, de Oriente á Occidente; 115 de Norte á Mediodía, y 13.426 cuadrados de superficie, que ocupan 731 poblaciones, distribuidas en nueve partidos judiciales (Andújar, La Carolina, Cazorla, Huelma, JAÉN, Linares, Martos, Orcera y Ubeda), divididos en 99 ayuntamientos, cuya población total asciende á 457.188 habitantes. 3. Orogra fía.—La provincia que se describe se encuentra casi completamente circuida de montañas, las cuales se ramifican por el territorio en una grande extensión. Entre las principales, figuran: Sierra Morena, que se interna en el pais por Villa Rodrigo, determinando los límites que le separan en Ciudad Real, por el lado del Norte y parte del Oeste, hasta Córdoba. En el pueblo de Genave da principio la sierra de Segura, que forma el limite oriental de la provincia, se enlaza en Bujaraiza con la de Cazorla y Cuatro Villas, y concluye, al Este, en las márgenes del Guadiana menor. De este paraje arranca otra cordillera, que termina en la Piedra del Neblin, entre los términos de Cabra y Jodar, llamada Sierra Cruzada ó Sierra de Cabrilla del Santo Cristo. De la mencionada Piedra del Neblin parte otra cordillera en dirección de Nordeste á Sudoeste, la cual va tomando los nombres de diferentes pueblos que cruza, dividiéndose en Puerta de Arenes, en donde nace una nueva cadena que se prolonga de Sur á Oeste, atravesando otras varias poblaciones comprendidas dentro del perimetro de la provincia.

4. Hidrografia.—El término de

JAÉN JAÉN, rodeado de sierras, como ya hemos indicado, presenta en el centro una alternativa de cerros, más ó menos elevados, y de valles deliciosos que bañan y fecundizan numerosas corrientes, distinguiéndose sobre todas el Guadalquioir, el cual recoge todas las aguas que fluyen por la provincia. Nace éste cerca de Cazorla; costea su sierra y la de las Cuatro Vi Ilas, en dirección al Este; pasa por Bujaraiza, y siguiendo diferentes rumbos y engrosando su caudal con el tributo de muchos ríos, fuentes y arroyos, se interna por Montoro, en la provincia de Córdoba. En el número de aquéllos, que desaguan en el Guadalquivir, figuran: el Aguacebas, ó Guadacebas, formado por dos ramales principales: el uno, nace en la fuente llamada de la Acena, en donde se contemplan las risueñas explanadas de Jabalcaballo, y alimentado por diferentes arroyos se precipita de Oriente á Mediodía, formando las dos pintorescas cascadas conocidas con los nombres de Chorro Gil y Chorro de la Puerta, por los cuales desciende el agua desde una altura de más de cuarenta metros; el otro, compuesto de tres abundantes arroyos; uno, que tiene su origen en Blanquilla la Baja, otro en Piedras-Morenas, y el tercero en el Aguadero de los Hermanillos, los cuales, reunidos en la Herradura, constituyen un riachuelo, cuyas cristalinas aguas permiten ver las arenas y hasta los objetos más diminutos que se encuentran en su fondo; el río Cazorla nace en la falda Noroeste de la sierra de igual nombre, corre de Mediodia á Norte, y después de regar multitud de vegas, huertas y olivares, desagua en la margen izquierda del Guadalquivir, en las inmediaciones de Santo Tomé; el Guadiana Menor, formado tambien de dos ramales, el Barbata y Guardal, y de otros varios ríos, desemboca por el sitio denominado Puente de la Reina, término de Ubeda, frente á Torre-pero-gil; el Jandulilla parte de la sierra de Huelma, pasa faldeando las eminencias de Sierra-Cruzada hasta la venta del Vidrio, corre por entre los términos de Jodar y de Quesada, y, después de recoger algunos arroyos, termina su curso por frente de Ubeda, un poco más arriba del Puente Viejo; el de Cuadros, tiene su origen en la falda de la sierra de Torres y Albanchez, baja por el término de Bezmar, en donde toma este nombre, atraviesa la aldea de Garcies, fecundiza las tierras del cortijo de Ninches y muere, como los otros, en el Guadalquivir, por el término de Baeza, á muy corta distancia del magnífico puente de Mazuecos.— Finalmente, depositan sus aguas por la orilla izquierda de aquel río, el Torres, el Jaez y el Salado, mientras que lo verifica por la derecha el Guadalimar.

5. Climatologĺa.—El viento Oeste, el más constante de todos en cualquiera época y estación, denominado Abrego por los naturales del país, es JAÉN fresco en el verano y húmedo en el invierno; el Norte, que domina también, aunque con menos frecuencia, seco y frío; el Este, llamado Solano y que reina algunas veces, abrasador en el estío, frío en el invierno, y deletéreo en todo tiempo; el Sur, apenas llega á ser conocido. La atmósfera, bien sea por los cerros que circuyen la provincia, bien por la posición elevada que ésta ocupa, ó por los vientos saludables que la combaten, aparece casi siempre clara, pura, tibia y diáfana. El clima, aunque húmedo y cálido en algunas comarcas, es generalmente sano y favorable á la vegetación; el termómetro Reaumur raras veces excede de los 30° sobre O ni desciende á 4° bajo O. A todas estas circunstancias se debe sin duda la salud robusta de sus habitantes y la ausencia casi absoluta de esas enfermedades endémicas que en otras partes diezman las poblaciones. 6. Calidad y circunstancias del terreno.—Los montes que ciñen este territorio ocupan más de la mitad de su superficie. La parte comprendida entre las vertientes de Sierra-Morena y la orilla derecha del Guadalquivir, constituye la zona más templada de la provincia. La naturaleza de su terreno, salvas pequeñas excepciones, es silicea, poco compacta y muy á propósito, por consiguiente, para el cultivo del olivo. Las comarcas situadas entre los ríos Guadalimar y Guadalquivir, y desde la margen izquierda de éste hasta la derecha del Guadiana, corresponden á la segunda zona: su temperatura es notablemente más fría que la anterior; el terreno, extremadamente tenaz y compacto, pues en todo él se encuentra la greda en abundancia, está destinado, casi en su totalidad, á la siembra de cereales. El espacio que se extiende entre las desembocaduras del Guadiana y del Guadalbullón, y la orilla izquierda del Guadalquivir, forma la tercera zona: su temperatura guarda un término medio entre las dos precedentes; el terreno, ni es tan ligero como el de la primera, ni tan tenaz como el de la segunda, pero da considerables cosechas de granos y, particularmente, de aceites. Desde la izquierda del Guadalbullón y su desembocadura en el Guadalquivir, y toda la izquierda de éste, hasta salir de la provincia, se considera como la cuarta y última zona: su temperatura, por lo común, si no tan elevada, se aproxima mucho á la primera, especialmente en las inmediaciones del Guadalquivir; su terreno es el más privilegiado de todo el país; ni tan tenaz como el de la segunda, ni tan siliceo como las otras, guarda en su composición la proporción más adecuada para toda clase de cultivos, los cuales son tan variados como abundantes.

7. Producciones.—El suelo de la provincia que nos ocupa es poco fértil en los puntos elevados, cuya superficie aparece poblada de árboles; estéril y arenoso en algunas comarcas; fecundo y riquísimo en los valles; pero el cultivo de los campos está algo descuidado, si se exceptúan los alrededores de la capital. La sierra de Segura presenta una vegetación inmensa; sus maderas son numerosas y de la mejor calidad. En sus cumbres, en sus sinuosidades y quebradas elevadísimas, crecen árboles corpulentos, á propósito para la construcción naval: el pino, de todas especies, particularmente el llamado blanco, ó salgareño, es el que más abunda y el que adquiere dimensiones más colosales. Siguen á éste la encina, el roble, el fresno, el tejo y otros diferentes árboles y arbustos utilísimos para la construcción civil y las artes, y para el sostenimiento de los animales, que constituyen la casi exclusiva riqueza del país; la cantidad de enebros, de que se hace uso para la extracción de la miera; la salvia, el tomillo, el romero, la alucema y el espliego, que producen estos montes, así como el alquitrán, la pez y las resinas que de ellos se saca, son igualmente de alguna consideración. Los montes de las Cuatro Villas, como los de Cazorla, Quesada y Pozo-Alcón, ofrecen en sus producciones grandes analogías con los de Segura. En ellos se crian también multitud de pinos, aunque de inferior calidad; carrascos de una elevación y rectitud admirables; sargatillos, robles, tejos, fresnos, acebos, sabinas y enebros; infinidad de arbustos, como madroños, agraces, lentiscos, marañas, coscojas, romeros y bojes; avellanos, perales y otros frutales tan apetecibles como delicados, y muchas plantas aromáticas y medicinales, como la salvia, el sen, la centaura y otras. La riqueza y variedad de estos montes; la exuberancia y finura de sus aguas; sus magnificas cascadas, sus inmensos é impenetrables bosques, sus profundos valles y elevadas rocas, desde alguna de las cuales se alcanza á ver una zona de 220 kilómetros, hacen de este país uno de los más pintorescos, sorprendentes y agradables del suelo peninsular. Entre las principales producciones agrícolas, citaremos: el trigo, la cebada, la escaña, garbanzos, habas, maíz, vino y aceite; algo de lino, cáñamo y seda; muchas y sabrosas legumbres y hortalizas, y frutas delicadas de todas clases, entre las que se distinguen las exquisitas guindas garrafales del río de JAÉN, los ricos melones de Grañena, las apetecidas brevas y granadas de Jimena, los excelentes higos de Quesada, los nombrados melocotones de Alcaudete, las ciruelas claudias de Ubeda, que compiten con las mejores de España, y las peras de agua de los pueblos confinantes de Jandulilla, que no ceden en lo dulces á las famosas bergamotas de Guadix. 8. Riqueza pecuaria.—Con los nutritivos pastos que abundan en toda la provincia, se mantienen muchos y muy buenos ganados de todas clases,;

JAÉN caballar, mular, asnal, vacuno, lanar, cabrío y de cerda. El ganado caballar, aunque no goza hoy la nombradía que alcanzara en otra época, por haberse casi concluído la hermosa raza de Loma de Ubeda, críanse, sin embargo, en JAÉN y en la misma Loma, otros de gran fuerza y vigor, si no de estampa tan gallarda como aquélla; el mular, destinado generalmente para las rudas faenas del campo, se cría en toda la provincia, y es de buena estampa, corpulento, brioso y de mucha resistencia; el asnal, no es tan basto como el de Castilla ni tan fino como el de la Andalucía baja, pero existen algunas castas excelentes que reunen la fuerza á la agilidad; el vacuno ha sido de los más bravos y aun pujantes: encerrado durante seis meses en la sierra de Cazorla, sin ver en este tiempo un solo hombre, ni á su gañán siquiera, se hacía fiero y pegajoso como ninguno; pero esta famosa casta ha ido debilitándose hasta el punto de no poder hoy competir con las célebres ganaderías de otras partes; el lanar no es tan abundante como en otra época por la falta de pastos frescos que se observa desde que han sido roturadas todas las sierras susceptibles de labor; sin embargo, críase el suficiente para abastecer á los pueblos y aun para exportarlo á otras provincias; el cabrío, menos delicado para los pastos que el anterior, es mucho más numeroso, y de su leche se fabrican sabrosos quesos; el cerdal, perfectamente cebado con los buenos pastos que hay en los cortijos y dehesas, y particularmente con la bellota de las sierras, es excelente, abundante y preferido al de los demás países. 9. Caza y pesca.—La caza mayor y menor, así en los montes como en las llanuras y en los valles, es también considerable en esta provincia: la terrestre consiste en jabalies, venados, corzos, cabras monteses, conejos, liebres y ciervos, las cuales aparecen en Sierra Morena tan luego como empiezan á derretirse las nieves; la volátil es de perdices, chochas, codornices, palomas, zorzales y otros pájaros de paso. En todos los rios que nacen de los montes de Segura y de sus ramificaciones, se pescan exquisitos barbos, anguilas, bogas y muchas truchas de gran tamaño, especialmente en el Aguamala, algunas de las cuales han llegado á pesar hasta siete libras. 10. Mineralogía.—Este importante ramo ha constituido en todos los tiempos una de las principales bases de riqueza de la provincia de JAÉN. Todas las montañas que dividen su territorio, singularmente las de Sierra Morena, contienen riquísimos criaderos de minerales de hierro, de plata, de oro, y en particular de cobre y de plomo, los cuales se presentan, por lo común, en filones de más ó menos potencia en terreno primitivo. Este último, sobre todo, forma la base de la industria minera del país: sus minas JAÉN producen anualmente, por término medio, sobre 2.750.000 kilogramos de mineral, que dan: 900.000 kilogramos de plomo de primera y 200.000 de segunda.—En las faldas de todas las sierras de la provincia se encuentran abundantes canteras de piedra tosca y berroqueña, jaspes y pizarras de un brillo agradable: cerca de JAÉN existen algunas, de las cuales se extrajo la piedra para su magnífica catedral, la elegante balaustrada que la circuye y las columnas del museo de pinturas de Madrid; es de un color claro y hermoso, ni tan blanca como el mármol, ni tan negra como algunos jaspes. En el cerro de Jabalcuz las hay también excelentes, de un color oscuro, aplomado y negro, de muy buen efecto cuando se las pulimenta con esmero; y en otros varios puntos una piedra durísima, llamada jabaluna, y la franca de la Loma de Ubeda, que, aunque arenisca en su raiz, se endurece y fortifica extraordinariamente con la impresión del aire atmosférico y se ennegrece por completo con el baño de las aguas pluviales.—En los términos de Cazorla y de Quesada se encuentra multitud de espumeros y arroyos salados, y en las inmediaciones del camino de Baeza á JAÉN y sitio de la Venta Quemada, se ven las famosas salinas de Don Benito, capaces de abastecer por sí solas á toda la provincia. 11. Aguas minerales.—Los celebrados baños de Jabalcuz, llamados así por el cerro en cuya falda nacen, están situados á unos tres kilómetros de JAÉN, entre Oriente y Occidente. Sus virtudes medicinales, según el resultado de observaciones clínicas, son eficaces en todas aquellas afecciones que reconocen por principal causa la irritabilidad del sistema nervioso, la rigidez en los sistemas muscular y fibroso, en los flujos rebeldes y habituales, en la dismenorrea ó menstruaciones cortas, en las gastritis crónicas, obstrucciones viscerales y en las nefritis calculosas; siendo aun más marcada la acción terapéutica de estas aguas en las afecciones gotosas, y más especialmente, en las reumáticas; cerca de Villalba, surge un venero de agua ferruginosa y medicinal muy acreditada y eficaz para las dolencias de estómago; á ocho kilómetros de distancia de la ciudad de Andújar, se hallan las aguas sulfurosas de la Fuente de la Encina, ensayadas con éxito en los padecimientos cutáneos; y en los alrededores de Martos, se encuentran los baños sulfurosos de su nombre, que se recomiendan para las mismas enfermedades que las de la fuente anterior. 12. Industria.—Los principales ramos industriales del país consisten en la minería y la agricultura, cuyas producciones van aumentando considerablemente con la mejora del cultivo; sigue á éstos la corta y conducción de maderas de las sierras, la fabricación de capotes, paño pardo, jabón, sombreros, curtidos, lienzos co JAÉN munes, tejidos de hilo, mantelerías finas y telas para colchones, cuyos preciosos dibujos y colores imitan la de Lombardía. Existen además numerosos telares donde se tejen lienzos ordinarios de cáñamo y lino, estambrados, estameñas y mantas para los aperos de las mulas de labranza; infinidad de molinos harineros; muchas ebanisterías y ferreterias en notable progreso, y todas las demás artes y oficios que exigen las necesidades de un pueblo culto. La elaboración del aceite es extraordinaria, pues hay pueblos, como Ubeda y Martos, en cuyo recinto se cuentan más de cien molinos aceiteros. 13. Comercio.—Entre los artículos de consumo que son objeto de exportación, figuran: el trigo, la cebada, garbanzos, escaña, judías, centeno, orejones, higos, ciruelas y otras frutas secas; aceite, vino, aguardiente, bellotas, castañas, peras, guindas, manzanas y toda clase de ganados; las importaciones consisten en pescado seco y fresco, arroz, azúcar, bacalao, patatas, batatas, naranjas y otros productos. 14. Ferias.—Las más notables de la provincia son: la de Noalejo, que se celebra el 8 de Septiembre; la de Alcalá la Real, del 21 al 24 de Septiembre; Baeza, del 18 al 31 de Mayo; Ubeda, desde el 29 de Septiembre al 15 de Octubre; La Carolina, el 3 de Mayo, y Andújar, del 20 al 22 de Septiembre; los principales objetos de tráfico, son: ganados de todas clases, útiles para la labor, frutas secas y frescas, ropas, quincalla, dulces, juguetes para niños y objetos de cobre y hierro. En JAÉN hay un mercado semanal, y sus ferias, que tienen lugar el 15 de Agosto, el 18 de Octubre y el 30 de Noviembre, consisten principalmente en ganados asnal, caballar, de cerda y vacuno para carne y labores. 15. JAÉN. — Ciudad con ayuntamiento, residencia de un gobierno civil, de una comandancia militar, de un obispado sufragáneo de Granada, de una administración de rentas, y capital de la provincia y de la jurisdicción de su nombre. Se encuentra enclavada entre sierras, en la falda terriza de un monte denominado Cerro del Castillo, sobre el Guadalbullón, á los 37° 48' de latitud septentrional y 0° 57 30" de longitud oriental del meridiano de Madrid, con 25.000 habitantes. El clima es benigno y saludable; las estaciones se suceden con bastante regularidad, si se exceptúa la primavera, que algunas veces no llega á ser conocida, ya por la prolongación del invierno, ya por la anticipación del verano; estas dos estaciones, aunque suelen experimentarse en ellas excesos de frío y de calor, son generalmente de poca duración; el otoño es con frecuencia la estación más templada y agradable del año. Esta ciudad estuvo encerrada dentro de unos límites muy estrechos, durante las guerras contra los moros, en que la necesidad de la defensa

JAÉN aglomeraba los edificios hacia la raíz del peñón del castillo: hoy la población va extendiéndose por el lado que mira al Oriente, en términos que, los grandes barrios de San Ildefonso y de la Catedral, han sido edificados fuera de las antiguas murallas.—La ciudad está bastante bien construida, si se exceptúa la parte del castillo; las calles antiguas son, por lo común, más estrechas, inclinadas y tortuosas que las modernas; están formadas por edificios más irregulares y medianamente empedradas. Las calles, por lo general, son poco anchas; las principales tienen de cuatro á cinco metros de latitud; la más notable de todas, llamada de la Carrera, es igual en toda su extensión y mide sobre diez metros de ancho.— La necesidad de oponer una resistencia firme contra los vientos del Oeste y Sudoeste, cuya violencia ha llegado á derribar casas, árboles y personas, ha hecho que las casas se edifiquen con gruesísimas paredes ó de buen tapial encajonado en esquinas y pilares de piedra. La forma general de los edificios regulares consiste en un portal con segunda puerta, un patio claustrado, habitaciones bajas para verano, un cuarto más elevado con ventanas ó balcones con cristales y aposentos para invierno con cocinas en el mismo piso; y sobre éste, una cámara con ventanas á la calle. Por este modelo hay bastantes casas magníficas, modernas casi todas, muchas de ellas con un tercer piso habitable, hermoseadas con jardines, particularmente las que forman las líneas de circunvalación, y con buenos pozos de agua potable.— Tres son las plazas principales que embellecen esta capital: la de Sania María, que mide 72 metros de largo, de Norte á Mediodía, por 43 de ancho, de Oriente á Occidente; la de Saz Francisco, de figura un tanto irregular, formando declive y con una fuente de taza en su parte más elevada, y la del Mercado, que es la mayor de todas, de 74 metros de longitud, de Oriente á Occidente, por 38 de latitud, de Norte á Mediodía, con buenos bancos de piedra labrada y adornada de flores vistosas, de acacias y otros árboles americanos.—La población cuenta además numerosas fuentes públicas y particulares de exquisita agua, algunas de ellas de elegante arquitectura; doce iglesias parroquiales, varios hospitales, baños públicos, monte de Piedad, museo, teatros, biblioteca, sociedad Económica de Amigos del País, cárcel, matadero, cuarteles, hospicio, casa de expósitos, seminario, instituto, colegios y multitud de escuelas de primera enseñanza. Entre los edificios públicos y de particulares, citaremos como notables: el palacio episcopal y el de los condes del Villar Don Pardo; la casa del señor obispo Suárez de la Fuente el Sauce; la del capitán don Fernando Quesada Ulloa, la de don Cristóbal de Vilches, la del conde Garciez y la llamada de los Masones; JAÉN el Calvario, el cementerio, el polvorin y una alameda, cuyo salón tiene 94 metros de largo por 18 de ancho, con asiento corrido y algunos pequeños jardines. Entre sus monumentos es digna de mención una hermosa catedral, cuya obra, trazada y dirigida por don Ventura Rodriguez, director de la Academia de San Fernando, quedó completamente terminada en 1801 y consagrada el 22 de Marzo. Este magnífico edificio, situado entre la plaza de la Constitución, la de San Francisco y callejón de la Mona, ha sido levantado sobre el mismo solar que ocupaba una mezquita árabe, que el rey Don Fernando III transformó, en el siglo xIII, en templo del cristianismo. Su planta exterior es rectangular, pues aunque la sacristía y sala capitular, situadas en el costado izquierdo, y el sagrario, en el derecho, forman dos cuerpos salientes, como los brazos de una cruz, corre de uno á otro extremo, comprendiendo la fachada principal, un atrio, que cerca un enverjado de hierro sólido y de elegante dibujo, interrumpido por pilares que sostienen, sobre bases áticas, piñas y flameros. La fachada principal, que mira al Occidente, tiene 19 metros de elevación y 32 de latitud, sin comprender las dos torres que la flanquean: éstas, que tienen 11’50 metros de grueso en su base, se elevan hasta una altura de 62 metros, formando cuatro cuerpos: los dos primeros, de sección cuadrada y senci Ilos; el segundo, tiene también dos balcones á la altura de las ventanas del atrio; el tercero, presenta en sus ángulos dos medias columnas corintias estriadas y adaptadas á unas pilastras áticas, y en cada frente, tres arcos, en donde se hallan colocadas las campanas; el cuarto cuerpo es un octágono inscrito en una balaustrada de piedra, interrumpida por pedestales que sostienen unas preciosas pirámides. En cada uno de sus lados hay una ventana; en el centro de la del Norte, está colocado el reloj, y sobre la cornisa del octágono, se elevan unos remates, coronándolo todo la cúpula, que termina en otro en que descansa la cruz. Las tres puertas, que dan entrada á las naves de la iglesia, aparecen divididas por ocho medias columnas de orden corintio, estriadas: la del centro, que es mayor que las otras, está comprendida entre cuatro medias columnas pareadas, y en sus jambas y en la archivolta del arco presentan una graciosa decoración, y otra, más sencilla, en las laterales. Sobre estas puertas se destacan unos altos relieves, que representan la Asunción, en el centro; santa Catalina, á la derecha, y san Miguel, á la izquierda, perfectamente ejecutados. En los intercolumnios se ven, en nichos ligeramente decorados, las estatuas de san Pedro y san Pablo, y encima, así como sobre las puertas, cinco balcones en la fachada, y dos, en las torres, en la misma linea, adornados con diferentes molduras. La cornisa general, ornada con algunas labores, sirve de apoyo á una balaustrada de piedra dividida por pedestales decorados, sobre los cuales descansan las estatuas del rey Don Fernando, en el centro, y los evangelistas y doctores de la ley, en los costados. Forma el segundo cuerpo un ático, adornado sencillamente con pilastras, entre las que se ven tres ventanas, y sobre él corre un zócalo, en el que se asientan unos remates graciosos, que coronan el edificio por todas sus partes. En el costado del templo que da frente al Mediodía, hay una linda portada de los órdenes dórico y jónico. El arco de la puerta ostenta una pintoresca decoración, y en sus enjutas resaltan dos alegorías de la Piedad y de la Religión, primorosamente ejecutadas; sobre la puerta, un relieve que representa la Asunción y varios angelitos, que sostienen el manto de la Virgen. La portada del Norte está formada por dos columnas de orden compuesto, que sostienen un cornisamento, sobre el que descansa un ático, en cuyo centro aparece un nicho, que ocupa la Concepción, rodeada de serafines, y á los dos lados, las estatuas de David y Salomón. En los muros laterales del templo se ven, en el primer cuerpo, unas ventanas que dan luz á las capillas, y en el segundo, balcones adornados con molduras y frontones semicirculares. El cuerpo del cimborio sobresale, y en sus muros tiene abiertas las ventanas que dan luz á la iglesia, en cuya parte superior hay una cornisa, en la que asienta el zócalo, el cual sostiene los remates que adornan el edificio por todos sus lados. Finalmente, en la bóveda que cubre este último cuerpo, carga la linterna, en que se reparten ocho ventanas, que coronan una cornisa, sobre la que se apoya la cúpula. El interior de la catedral afecta la figura de una cruz latina, presentando la forma de un paralelógramo rectángulo, y, en dirección de su longitud, se halla dividida en tres naves, de las cuales, la central, que es la mayor, tiene sus bóvedas sostenidas por grandes y elegantes pilares de orden corintio de sección cuadrada, que descansan sobre un elevado pedestal del mismo género. El pavimento de este gran edificio es de mármol. Las naves laterales presentan sus bóvedas apoyadas, por una parte, en los pilares de la central; y el arranque de la opuesta, sobre medias columnas corintias en idénticos pedestales, adaptadas á la pared que forma el frente exterior de las capillas. Estas se encuentran adornadas de riquísimos cuadros y esculturas de mérito. Una de ellas contiene una preciosa reliquia, la Santa Faz, impresa sobre el paño de la Verónica. El coro está decorado con gran lujo y riqueza. El presbiterio se eleva sobre un atrio de tres piés de altura, formado por una escalinata de mármol negro, en sus cuatro frentes, y cercado por una verja dorada; en su centro, sobre tres o o uI

JAÉN gradas de jaspe encarnado, se levanta el altar, en el que está colocada una mesa cubierta por un paño ejecutado en bronce, y tres ángeles de mármol blanco en ademán de recogerle. Sobre aquella superficie se alza un tabernáculo, compuesto de ocho columnas de serpentina, con basas y capiteles de bronce dorado, y otras preciosas labores, y sobre una cornisa de mármol de mezcla, descansa la cúpula, que termina en una cruz de cristal de roca: apoyados en los pedestales de cuatro pilares en que descansa la bóveda, se elevan sobre nubes otros tantos ángeles, cada uno de los cuales sostiene una hermosa lámpara de plata. Este magnífico monumento, que acabamos ligeramente de reseñar, fué obra del espíritu religioso de los habitantes de JAÉN, la cual pudo llevarse á cabo merced á sus limosnas y al celo de los prelados de aquella época: en su fábrica, toda de piedra, primorosamente labrada, el edificio aparece grandioso; considerado en su orden y suntuosa decoracion, se ostenta verdaderamente sublime. 16. Término, forma, divisiones, productos, aspecto del país.—El término de la ciudad se halla circundado de montes y cerros en todas direcciones y á distancias diferentes de la población, excepto por el Norte y Oriente: su figura es irregular, con muchos ángulos entrantes y salientes en su circunferencia. El suelo puede dividirse en dos grandes porciones: la parte montuosa y de plantación; la parte llana ó campiña. Todos los terrenos comprendidos dentro del extenso círculo que abraza su término, forman un magnífico valle, sobre el cual se destacan gallardamente los cerros del Zumel, Zumel Redondo, Peñas de Castro, Peña de Celada y varias colinas, ofreciendo á la vista un suelo desigual, variado, extraordinariamente pintoresco. Cruzan este valle, en dirección del Mediodía al Norte, el río de JAÉN, con su magnifica corona de huertas, y el arroyo Valparaíso, de Sudoeste á Este, completando el encanto de su fecundísima ribera. En estos terrenos se encuentran todas las plantaciones de vides y olivos, las cuales tapizan casi literalmente el suelo hasta la cumbre de los cerros del interior. Hubo un tiempo en que estos sitios eran montuosos y apenas producian otra cosa que pastos, salvo algunas viñas y olivares, diseminados sin orden ni armonía: hoy, por el contrario, todo aparece cuidadosamente cultivado; todo es vida y vegetación. Los variados colores de la vid, del olivo y otra infinidad de plantas; el animado movimiento de las gentes del campo; las numerosas casas, de blanquísimas paredes, que pueblan aquel valle; la multitud de veredas que lo cruzan en todas direcciones y la transparencia de las aguas que lo bañan, reflejando los objetos, forman un conjunto delicioso, que ofrece grata contemplación al filósofo, inspiraciones al poeta y mo JAÉN tivos de aplicación práctica al economista. La calidad de los terrenos situados al Mediodía de la ciudad, mejora en los parajes llanos que median entre los cerros; así es que, mientras en las faldas elevadas de éstos, el terreno se presenta arenoso y pedregoso, en los llanos se ve con frecuencia la tierra arcillo-arenosa, tan á propósito para el cultivo de la vid y del olivo. Esta circunstancia y la de recoger las humedades y substancias que descienden filtradas de las alturas, hacen de los llanos unos terrenos muy superiores y susceptibles de sostener por largos años la vegetación. Los terrenos que se extienden al Oriente y Norte de la población, desprovistos de montes y de cerros, son los que se conocen con el nombre de campiña. En ellos no se encuentran plantaciones de árboles, pues se hallan dedicados casi exclusivamente al cultivo de cereales; en particular, del trigo. 17. Flora.—La flora de este término es por demás variada: en la familia de las rosáceas, en sus dos tribus más interesantes, tanto amigdaláceas como pomáceas, se dan exquisitos frutos: el almendro, el melocotón y el ciruelo con muchas de sus variedades; el albaricoquero y el cerezo, con otras de extraordinario mérito; el manzano, con otras muchas á cual más apreciables; el peral, con algunas variedades excelentes; el membrillero, el níspero y algún acerolo. En la especie más notable de la familia de las ampelídeas, que es la vid, se crían igualmente otras variedades muy buenas para postre, las cuales se cultivan en las huertas; en la familia de las inglandeas, figura el nogal, de sabroso fruto y de rica madera. El espárrago, alcarcil silvestre y la alcachofa de cultivo son muy abundantes. En los jardines y los campos crecen bellísimas flores de delicioso aroma y delicados matices: en las ranunculáceas se encuentran los ranúnculos más variados y de elegante poesía; en las jazmíneas, el jazmín, la lila y otras mil de gran mérito en diferentes especies; en las labiadas, que tanto abundan en este término, principalmente en los montes, se cuentan el romero, el espliego, la salvia, la menta ó hierba buena, el tomillo, el orégano, la mejorana, el toronjil y la albahaca: entre las plantas medicinales, se citan la cicuta, la mostaza, zaragatona, malvas, malvavisco, cinoglosa, vetónica, beleño, acónito, anís, cominos, rudas, lepidimus latifolium, belladona, manzanilla, chicoria, salvia, rábano rusticano, lirios, sabina, tréboles y otra infinidad que sería prolijo enumerar. Entre las producciones agrícolas, haremos mención del trigo, cebada, garbanzos, lentejas, alberjones, guijas, habas y maíz, en cuanto á semillas; en líquidos, aceite de olivas y vino; en hortalizas, lechugas, escarolas, tomates, pimientos, berengenas, nabos, rábanos, coles, brécoles, coliflores, acelgas, cardos, apio, habichuelas, calabazas, JAÉN verdolagas y zanahorias; en frutas: los melones, las sandías, el pepino y otras. Entre las maderas, se utilizan el cerezo, el moral, el álamo, el fresno, el nogal y algunos pinos. 18. Caza.—El desmonte y las roturaciones han disminuído mucho la caza, que en otro tiempo era abundante; sin embargo, en la actualidad hay bastantes perdices, chochas, zorzales, palomas, codornices, trigueros, totovías, gangas y otros pájaros; liebres y conejos. Entre los animales dañinos, se encuentran lobos, zorras, turones, tejones y topos.—En cuanto á ganados, no es muy abundante; especialmente, el de cerda, caballar y lanar, por la falta de buenas dehesas; la labor de arado de la campiña se hace con bueyes; la trilla, con yeguas, y las conducciones, en carretas de bueyes ó á lomo, en burros. 19. Industria.—La industria agrícola es la más importante de esta población, en la cual figuran además varias fábricas de paños pardos, de lienzos, de mantelería, lienzos lisos y fuertes, telas rayadas para pantalones, fajas de estambre, jabón blando y de piedra, y aguardientes; molinos de aceite y demás artes y oficios necesarios. 20. Comercio.—El comercio es insignificante; pues todo él se reduce á la importación de los artículos indispensables para el consumo de la ciudad, y exportación del sobrante de las cosechas y de algunas manufacturas. 21. Poblaciones. Las más notables de la provincia, son: Linares, que describiremos en su letra respectiva; Ubeda, ciudad situada en los famosos cerros de su nombre, con 20.000 habitantes, colegio de padres escolapios, campiña feraz y rica en pastos, con que se mantiene una de las mejores razas de caballos andaluces; Alcalá la Real, ciudad también, con 16.041 habitantes, un antiguo castillo, campo poblado de vides y en cuya jurisdicción se encuentran los baños minerales de la Ribera y Fuente álamo; Martos, población muy nombrada en la historia de Fernando IV el Emplazado, por la célebre peña de la cual fueron precipitados los hermanos Carvajales, con 17.000 habitantes y aguas minerales; Baeza (véase en su letra correspondiente); Andújar, asentada sobre el Guadalquivir, con 16.000 habitantes, abundante campiña, extensos olivares, hermoso puente, alguna industria y fábricas de alcarrazas; Bailén, ciudad famosísima desde la guerra de la Independencia, por la gloriosa batalla ganada á los franceses en sus cercanías, con 8.580 habitantes; Alcaudete, en terreno quebrado, pero muy feraz, con 6.237 almas; Porcuza, población notable, con mucho grano y 9.150 habitantes; Villacarrillo, con 8.219, aceite, garbanzos y buenos pastos; Quesada, villa en país quebrado, con 4.822 habitantes y buenas salinas; Cazorla, en las sierras de su nombre, con 5.580 habitantes y abun

JAÉN dancia de higos, maderaje y sal; la Carolina, población nueva, de hermosa construcción, capital de las colosios de alemanes establecidas en Sierra-Morena en el reinado de Carlos III, con 6.468 habitantes y considerables plantíos de olivos, moreras, vides y frutales; Mancha-Real, en terreno de muchos granos, con 5.688 almas; Segvra, situada en la sierra de su nombre, con 2.900 habitantes y poblada de bosques, que producen excelente madera de construcción; Arjona, villa de alguna importancia, con 6.524 habitantes; y Navas de Tolosa, célebre por la grande y decisiva batalla que Alfonso VIII ganó á los moros, la cual celebra la Iglesia anualmente bajo el título de Triunfo de la Santa Cruz. 22. Etnografía.— Los habitantes de esta provincia son, por lo comun, activos, laboriosos y sufridos, por carácter; dóciles, sobrios y pacíficos, por temperamento y educación; altivos y agradecidos al mismo tiempo, ni saben mostrarse ingratos, ni soportan con paciencia la humillación. La virtud de la hospitalidad es general en todos los naturales del país, si bien se marca más en los de las aldeas y pueblos de escaso vecindario. El carácter de los habitantes de la capital participa de la honradez y formalidad castellanas, sin carecer de ese gracejo peculiar de los andaluces; así se dice, y no sin fundamento, que la provincia de JAÉN es la Galicia de las Andalucias. Las mujeres son generalmente muy bien formadas, y no es raro admirar en ellas todos los encantos propios de su sexo llevados á un alto grado de perfección. 23. Historia.—El origen de esta población se pierde en la oscuridad de los siglos: algunos autores dicen haberse llamado Avringia; por cuyo antecedente, confirmado por otras circunstancias, se asegura que es la Oningis bética, adscrita al convento jurídico de Ecija, nombrada por Plinio. Esta adulteración de Auringis en Osingis es, en concepto de un geógrafo, sumamente fácil, siendo permutables la A y la O, la N y la R entre los antiguos, como se ha observado repetidas veces.—La historia, en la primera mención que hace de ella, la presenta ya opulentísima, con un terreno de los más fértiles, y á sus habitantes, explotando minas de plata. (TITO LIVIO.) El cartaginés Asdrúbal Gisgón la fortificó con extraordinario esmero, considerándola como ciudadela inexpugnable para apoyar en ella sus expediciones mediterráneas, como lo era Cartagena para las marítimas, En la famosa expedición militar llevada á cabo por los dos hermanos Escipiones, tan próspera y feliz que casi puso á su disposición las dos Españas, se dió enfrente de esta ciudad, según el autor antes citado, una gran batalla, en la que quedaron los cartagineses completamente derrotados, perdiendo 8.000 hombres, cerca de 1.000 prisioneros y 58 banderas. Los Escipiones no lograron, sin em JAÉN bargo, apoderarse de la ciudad, ni se detuvieron á ponerla sitio; su conquista estaba reservada para Publio Cornelio Escipión, llamado el Joven, y, más tarde, el A fricano, el cual la sitió estrechamente y la tomó, por último, mediante un sangriento y horroroso asalto. Esta conquista fué muy del agrado de Escipión, quien no cesó de aplaudirla, comparándola á la de Cartagena, año 208 antes de Jesucristo.—Algunos restos de un acueducto y otras antigüedades romanas, recientemente descubiertas, atestiguan también su existencia en tiempo de los romanos. Dificil sería puntualizar la historia de JAÉN durante las invasiones bárbaras que asolaron las provincias del imperio y muy particularmente la Bética, hasta que se redondeó el dominio de los godos en la península, hallándose envuelta en la general del país. Destruida esta dominación en las orillas del Guadalete, por el territorio de JAÉN se dirigió Tarik hacia Toledo, contándose entre las poblaciones que quedaron bajo el libre dominio del godo Teodomiro, en virtud del célebre tratado de Orihuela, celebrado entre aquél y el caudillo musulmán Abd-el-Azid. En el reparto de tierras hecho por Abulkhatar, año 744, pasó esta ciudad á los de la tribu de Kiusrin, de la cual tomó el nombre de Kiurin. Bajo el poder musulmán alcanzó un estado floreciente, pues los árabes la fortificaron y denominaron Gien, que los españoles tradujeron luego por JAÉN. En la división de España hecha por Yusuf, año 747, aparece con el nombre de Kivrin ó Daguén, figurando entre las principales poblaciones del Andalós. Proclamado Abdalá por muerte de su hermano Moudhir, emir de Córdoba en 788, confió á Omar el gobierno de JAÉN, que su padre había ejercido anteriormente, el cual fué luego pasando de manos de varios walís, entre otros, Omar-ben-Hescham-ben-Abdel-Acid, Obeidalá-ben-Omeya, Labiben-Obeidalá, Mohamed-ben-Abd-el Wadh, Abu-Djafar-el-Oskey y Abu Oman-Ali-ben-Muza; el cual lo era en 1245, cuando el rey Don Fernando puso cerco á nuestra ciudad. El emir de Granada, Mohamed-Alhamar, salió en auxilio del walí de JAÉN, siendo derrotado por Fernando, que le salió al encuentro. Finalmente, en 1246, después de un sitio que duró algunos meses, logró el monarca cristiano apoderarse de la población, cuyo territorio se vió atacado y saqueado por los árabes en 1295, 1368 y 1407. Los habitantes de JAÉN figuran en varias empresas militares de aquellos tiempos, y entre otras, en la guerra que el rey Don Juan hizo al de Granada para obligarle á pagar su tributo; en la algarada que el señor de Valdecorneja y el obispo de JAÉN emprendieron por los campos de Guadix en 1435, y otras frecuentes hostilidades. Diez años después, la cedió el rey de Castilla á su hijo el príncipe Don Enrique, y en 1507 se hallaba en poder JAÉN del infante Don Juan Manuel. La historia de esta ciudad no ofrece nada de notable, desde esta fecha hasta el año de 1808, en que reconoció la suprema autoridad del gobierno establecido en Sevilla, no sin algunos desórdenes, de los cuales fué víctima el corregidor, asesinado en un pueblo inmediato, adonde había sido conducido preso por sospechas de traición. A fines del mes de Junio del citado año, entraron los franceses sin resistencia en este pueblo indefenso, quemando y saqueando las casas y degollando hasta los niños y los viejos. En 1810, volvieron los invasores á apoderarse de JAÉN, en donde permanecieron hasta el 17 de Septiembre de 1812, en que fué completamente evacuado. En 26 de Febrero de 1820 salió el batallón de provinciales de esta ciudad contra el inmortal caudillo de la libertad don Rafael del Riego; y en 19 de Marzo juró la población el Código venerando, formado por las Cortes de Cádiz bajo el cañón enemigo. El día 12 de Septiembre entró en JAÉN el general Riego, al frente de 7.000 infantes y 400 caballos; el 13 se alarmó el vecindario al tener noticia de la aproximación de una división francesa compuesta de 12.000 hombres; el malogrado general Riego sostuvo un ataque reñidísimo por espacio de seis horas, defendiendo la puerta de Moros y el castillo, viéndose los franceses obligados á replegarse hacia la vega; pero la llegada de otra división de 18.000 hombres por el camino de Andújar, forzó á Riego á retirarse hasta Jimena. En 30 de Agosto de 1835, se sublevó JAÉN contra el ministerio Toreno; once días después salía el bata Ilón de milicia urbana con el provincial de Murcia, el de Córdoba, algunas compañías del de Guadix y Jerez, el regimiento de caballería 4.° ligero, un escuadrón de Sagunto y siete batallones de milicia, que componían la brigada de la provincia, á tomar el punto de Despeñaperros, para hacer frente á las tropas del gobierno, que mandaba el general Latre, las cuales se pronunciaron el 19 del mismo mes; y el 25 entraban de nuevo en JAÉN la milicia y demás tropas que habían salido, siendo recibidas con grandes festejos. En 1.° de Agosto de 1836, proclamó esta ciudad la Constitución de 1812; en 8 de Septiembre de 1840, se pronunció la población, así como la milicia, cuya sensatez evitó todo desastre y el que se atentara, como algunos pretendían, contra la vida del gobernador; y en 28 de Junio de 1813 volvió de nuevo á pronunciarse por el programa del ministerio López, manifestando las mismas tendencias liberales en todos los movimientos políticos que, desde entonces, han venido sucediéndose en España. 24. Hombres notables.— JAÉN cuenta entre sus hijos á los esclarecidos varones Jorge Escobedo y Alarcón, camarista de Indias y autor de varias obras relativas á la mejor administración de aquellos paises; don Gonzalo

Fernández de Córdoba, consejero de Castilla y autor de varias obras sagradas y de legislación; Sebastián Martínez, pintor del rey Don Felipe IV; Fray Manuel Molina, émulo del anterior; el arzobispo Don Maximiliano de Austria y Fray Francisco Rades de Andraba, capellán de honor del rey Don Felipe II. 25. Heráldica.—El escudo de armas de esta ilustre ciudad, cuartelado, ostenta dos castillos y dos leones, orlado de siete castillos dorados en campo de gules, y siete leones rojos sobre plata y corona real al timbre, concedida por el rey Don Enrique I con los títulos de Muy NOBLE Y MUY LEAL GUARDA Y DEFENSA DE LOS REYES DE CASTILLA.

ETIMOLOGÍA. Latín Giennium, i, Gienna, e, origen del árabe Djayén (t.=).

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Jaén», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/jaen.