Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Inglaterra

tomo 3 · página 101 · ver la página del original

Inglaterra. Femenino. Geografia. Uno de los tres Estados diferentes de que se compone en Europa el Reino Unido de la Gran Bretaña. 1. Noticias preliminares.— Este dilatado país insular parece haber sido separado del continente y dividido por las irrupciones del Océano polar, cuyas aguas barrieron algunas veces su superficie y trastornaron sus selvas, convirtiéndolas en minas de hulla y abundantes hornagueros. Estas islas, que tan distinguido lugar ocupan en la historia moderna, permanecieron ignoradas de los pueblos de la antigüedad. Tomadas por los romanos, fueron luego invadidas sucesivamente por los sajones en 447, por los daneses en 879 y 1012, y por los normandos en 1066. Esta tierra fría y brumosa, conquistada siete veces por los bárbaros; esclavizada por las leyes romanas, sajonas, danesas y normandas; devastada durante siete largos siglos por guerras feudales, dinásticas, extranjeras, civiles y religiosas; gobernada por cincuenta reyes, de los cuales ninguno llegó á merecer el nombre de justo, estaba sin duda destinada por la Providencia á ser un día la patria de uno de los más grandes pueblos modernos, cuna de las libertades civiles de Europa, modelo de los gobiernos parlamentarios, fundador del juicio por el jurado, y de cuyos famosos puertos partieron los atrevidos navegantes que han fundado sobre las orillas del Ganges un imperio tan poderoso y extenso como el de los Césares romanos. Sus legisladores, sus comerciantes é industriales han constituído el poder industrial, mercantil y maritimo más grande de la tierra; sus filósofos y sus inventores han dado á la civilización europea los descubrimientos más maravillosos. Los pueblos contemporáneos le deben el conocimiento de la gran fuerza motriz que dirige la mecánica celeste, la invención de la vacuna, del alumbrado por el gas, los caminos de hierro y la aplicación del vapor á las manufacturas, á los transportes y á la navegación. Patria de Bacon, de Newton, de Jenner y de James Watt, INGLATERRA ha adquirido legítimamente por el portentoso genio de estos hombres ilustres, títulos indisputables al reconocimiento eterno de todas las naciones. Su libertad política; su industria, que han multiplicado las riquezas de su suelo; su culto, que debe su principal fuerza al aislamiento de toda influencia extranjera, han inspirado á sus habitantes, según expresión de Malte-Brun, ideas exclusivistas, principios de egoismo, que se ha convenido en llamar espíritu nacional, los cuales han dado á la politica inglesa una dirección oblicua, que hasta sus mismos aliados observan con recelo. ¡Extraño y admirable país, cuya fuerza, puramente artificial, como la de las máquinas que centuplican los productos de su industria, ha llegado á extenderse de tal modo, que no se puede contemplar sin asombro el espectáculo de su poder formidable, que tanta influencia ejerce en la balanza del mundo! ¡Región sin igual, en donde el lujo y el boato corren parejas con la miseria; en donde la buena fe del individuo se encuentra en contradicción flagrante con el sistema gubernamental, basado en las máximas de Maquiavelo, y en donde el amor á la patria se ve afeado por la ruindad del exclusivismo! 2. Geografia fisica.— Limites. La INGLATERRA, propiamente dicha, está limitada: al Norte, por la Escocia, de la cual la separan una parte de la corriente del Twed, los montes Cheviot y el Liddel; al Este, por el mar del Norte; al Sur, por la Mancha, y al Oeste, por el canal de San Jorge y mar de Irlanda. 3. Situación astronómica.—El territorio comprendido en los expresados limites, ocupa la parte meridional de la isla denominada la Gran Bretaña, y se extiende, con el de la Escocia, en forma de triángulo, entre los 49° 57-55° 49' de latitud septentrional y los 5° 25' Este y los 3° Oeste del meridiano de Madrid.

4. Extensión. — Los geógrafos la evalúan en 408 kilómetros de largo, 400 de ancho y 1.080 de circunferencia.

5. Mares, islas y faros.—Los mares que rodean las islas británicas son: el del Norte, la Mancha, el canal de Irlanda y el Océano Atlántico, que las ciñe por el Occidente.—Las islasituadas cerca de las costas de INGLATERRA, la de Wight, al Mediodia; las Sorlingues, en número de 145, al Sudoeste, y la de Man, al Occidente, en el mar de Irlanda.— Entre la multitud de faros principales que se hallan en las costas, se distinguen, el de Eddystone, colocado en la entrada de la bahía de Plymuth; el de Tuscar, sobre la costa de Wexford, en Irlanda, cuyas luces rojas y blancas se distinguen desde mas de 30 kilómetros de distancia; el de Bell-Bock, cerca de Berwick, en Escocia, cuyos movimientos rotatorios se perciben á los 36 kilómetros, y el de la isla de Lundy, en la embocadura del canal

de Brístol, cuyos vivísimos resplandores se alcanzan desde los 40.

6. Costas, cabos, golfos, bahias y canales.—Las costas orientales y meridionales se presentan menos cortadas que las occidentales, y miden sobre 2.000 millas, comprendidas las sinuosidades.—Estas ofrecen algunos cabos, que vienen á ser para la marina nacional como otros tantos puntos de reconocimiento: frente por frente de las islas Sorlingues, avanza el de Land’s End ó Finisterre, el Bolerium Promontorium de los geógrafos antiguos; al Norte del Paso de Calais se encuentran los dos de Suth-Foreland y Nort-Foreland, este último en la entrada del golfo donde desagua el Támesis; el de Flamborugh, formado de rocas blancas de 150 á 180 metros de elevación, y el de San David ó David’s-Head, el cual termina al Oeste el país de Gales.—Entre los golfos más considerables deben citarse, al Oriente, el de Wash, en el mar del Norte; que aparece cubierto de agua en las altas mareas, casi seco, en las bajas, y que es muy peligroso á causa de las arenas movibles; al Mediodía, el de Exeter; en la costa oriental, los de Murray y Dornoch, y en la opuesta, los de Clyde y Solway.—Las bahías más importantes llevan los nombres de Caernarvón y Cardigan.—Los canales, el de San Jorge, cuyas aguas lamen el litoral del condado de su nombre, al Oeste del país de Gales, y el de Bristol, situado al Oriente, en el mar de Irlanda, que baña el litoral Sur del condado de Monmuth, la parte oriental del de Glócester y las costas septentrionales de los de Sómmerset y Devón.

7. Montañas, ríos y lagos. — Las montañas que ocupan el centro de INGLATERRA son numerosas, aunque poco elevadas; 160 de éstas han sido medidas por Jámeson, Playfair, Smith y Conybeare, y su altura varía de 500 á 1.000 metros: todas ellas forman una cadena de colinas con muchos picos ó crestas, la cual se extiende desde el cabo Finisterre hasta los montes Cheviots, en una longitud de 720 kilómetros, elevándose y ramificandose en Escocia, en donde uno de sus ramales toma el nombre de montes Grampianos.—Casi todos los ríos de INGLATERRA descienden de las montañas que atraviesan el país en su parte occidental; su número asciende á 325, y entre los más caudalosos, se cuentan: el Támesis (Thames), que tiene su origen en los montes Cotswold; el Trent, que nace en el monte Stone; el Tay, que parte de Ben-Lhomond, y el Severn, que arranca del monte Plynlimmon: este último desemboca en el canal de Bristol; los tres primeros, en el mar del Norte. Casi todos se hallan unidos por numerosos canales navegables, que ofrecen al país un vasto sistema de comunicación; las embocaduras de los más importantes de aquellos rios se encuentran en las entradas de mar, formando excelentes puertos.—Entre los lagos de mayor importancia, figuran el de Derwent, que mide cerca de á kilómetros de largo por l'/, de ancho; el Winandermere, situado sobre el límite de los condados de Lancáster y de Westmoreland; el Ulliwater, el Sohammere y el Ramsaymere.

8. Climatologta. — En INGLATERRA no se conocen esos calores y fríos extremados que se experimentan en los paises del continente situados en la misma latitud: atemperadas las estaciones más opuestas por las constantes brisas del mar, la temperatura que se disfruta es, por lo general, dulce, templada, casi tibia. La excesiva humedad del aire y de la tierra conserva en la vegetación una frescura y lozanía que no se encuentran en ninguna de las otras comarcas. El fenómeno de la lluvia tiene lugar en INGLATERRA bajo la influencia de todos los vientos, y así debe naturalmente suceder, puesto que la incesante evaporación del mar es transportada allí por cada fluctuación del aire, sea cual fuere su dirección. Ahora bien; la cantidad de agua que anualmente desciende, está calculada por los hidrógrafos en 1.000 milímetros: 600 de éstos corresponden á las estaciones de otoño y del estío; pero como no se necesitan más que 541 para el riego de los campos, resulta un sobrante de 59 milimetros, que retardan la madurez de los vegetales y, principalmente, de los frutos. El viento Oeste distribuye las Iluvias de una manera muy desigual entre las dos costas opuestas de la Gran Bretaña: en la oriental, se cuentan sobre doscientos treinta dias buenos; en la occidental, ciento sesenta solamente; en los parajes combatidos por los vientos borrascosos del Atlántico, la excesiva humedad del clima, favoreciendo la vegetación, viene á ser para sus moradores causa perenne de numerosas enfermedades. Los médicos atribuyen á aquella humedad la frecuencia de la consunción, la cual produce la cuarta parte de la mortalidad de Londres. 9. Ventajas y desventajas de la situación topográfica del territorio británico. — Una situación insular, que contribuye á la seguridad del país y mantiene su independencia; la gran proximidad de las regiones occidentales de Europa, foco de la civilización moderna; un clima templado por la influencia que ejerce el Océano sobre la atmósfera; un suelo que hace fecundo la tibia humedad del aire; un desarrollo de costas de más de 24.000 kilómetros, que facilita las comunicaciones comerciales y favorece la pesca; grandes ríos que permiten á los buques internarse en el país; la multitud de puertos que ofrecen las costas en toda la circunferencia de la Gran Bretaña y de Irlanda; la ausencia absoluta de algunas de las plagas que desolan á ciertas comarcas del continente, como los temblores de tierra, las sequías y las inundaciones de insectos: tales son, según M. Moreau de Jonnès, las ventajas del territorio británico. He aqui ahora, en opinión del mismo autor, sus principales desventajas: una posición que somete las provincias septentrionales á la influencia atmosférica de las regiones boreales, y que priva al país de los hermosos cultivos de Europa, particularmente, del viñedo; una inmensa extensión de tierras estériles, como los arenales de INGLATERRA propiamente dicha, los pantanos de Irlanda, los matorrales de Escocia y los terrenos cascajosos del país de Gales; la falta de bosques y de selvas, que, no obstante la abundancia de las minas de hulla, ejerce una influencia perniciosa en el estado fisico y social del país, y las copiosas y frecuentes lluvias, ocasionadas por la evaporación continua de los mares que le circuyen. El clima, empero, si bien húmedo, es bastante saludable, especialmente en las comarcas del interior, menos expuestas que las marítimas á las constantes brumas que invaden la atmósfera desde los primeros dias del mes de Noviembre; y la estadística demuestra que hay en INGLATERRA gentes tan robustas y de edad tan avanzada como en los demás países europeos. 10. Rigueza y clasificación de los terrenos.—Hay tres modos de poseer el suelo de INGLATERRA: bajo el nombre de frec-hold (feudo franco) se designa toda propiedad que pertenece por completo al que la ocupa, aunque lo sea mediante una renta anual; el copy-Rold (arriendo temporal) es la propiedad dependiente de alguna tierra feudal, y sujeta á contribuciones en caso de fallecimiento ó transferencia; se da, por último, la denominación de leaschold (arriendo por contrato) á la propiedad cuando el enfiteuta, terrateniente ó propietario, no la posee más que por vida, ó por un término que puede extenderse á algunos siglos. Ordinariamente, el verdadero propietario otorga el derecho de enajenación mediante una renta. Según recientes estadísticas, las dos séptimas partes de los agricultores de la Gran Bretaña poseen el suelo que cultivan. El número de éstos, en INGLATERRA y el país de Gales, se evalúa en más de 200.000; las rentas anuales de aquellas propiedades varían desde 40 schelines (48 pesetas próximamente) á 100.000 libras esterlinas (2.425.000 pesetas). En el Oeste, la propiedad se halla más dividida que en el Este, en donde el suelo ha sido acaparado por los grandes arrendatarios.— La INGLATERRA, propiamente dicha, y la Irlanda apenas cuentan 2.572 kilómetros cuadrados de bosques y de selvas, ó sea, sobre poco más ó menos, la vigésimaquinta parte de su superficie; es, sin disputa, el país menos poblado de Europa. En cambio, las praderas y aprovechamiento de hierbas ocupan más de una tercera parte del suelo, esto es, 24.288 kilómetros cuadrados; las tierras cultivadas, 22.736, la tercera parte de su superficie total. He aquí la última estadística de INGLATERRA, que nosotros conocemos, tal cual aparece en los documentos pu

blicados, no hace mucho tiempo, por el Gobierno británico: tierras laborables y jardines, 10.352.800 acres (160 perchas cada uno); praderas, pastos y aguazales, 15.379.200; bosques y varios pastos susceptibles de cultivo, 3.354.000; terrenos completamente estériles, 3.256.000.— La cultura del trigo ocupa anualmente sobre 1.500.000 hectáreas (3.040 kilómetros cuadrados, casi la undécima parte de la superficie total); la del centeno, 100.000 hectáreas; la de la cebada, 900.000; las del trébol, coles y otras verduras, 1.200.000; la del lúpulo, 19.000; huertas, 20.000, semilleros, 6.600. Los principales bosques son el de Windsor, cantado por Pope y Dryden, y los de Dean Sherwood. 11. Producciones.—I. Agricultura. El suelo, montuoso y arenisco en Escocia, y pantanoso en INGLATERRA, sólo se muestra fecundo en las llanuras y en los valles; pero el genio eminentemente laborioso y activo de los ingleses ha logrado vencer los obstáculos naturales, y le hace producir toda clase de substancias alimenticias en mayor cantidad de la que permiten las condiciones del terreno, merced también á los progresos, cada vez más notables, que en este país alcanza aquel importante ramo de la riqueza de los pueblos. Las haciendas más fértiles son las de los condados de Northumberland, Norfolk, Sussex y Essex; el mejor trigo se cosecha en los de Kent, Su folk, Rutland, Hertford, Essex, Henford, Berks y Hamp. La cebada constituía antiguamente la base del alimento de los campesinos: hoy, sólo se emplea en el principado de Gales, en Cumberland y en Westmoreland. Las mayores cosechas de patatas se hacen en los condados de Chester, de Lancaster, de York, de Cumberland, de Essex y de Cornuailles; la cidra abunda en los del Mediodía y del Sudeste; las cerezas son excelentes en el de Kent. Las principales producciones agrícolas consisten en granos, patatas, legumbres, frutas, azafrán, lino, cáñamo y lúpulo, con el cual se fabrica la cerveza.

—I. Ganaderia. La mitad de las tierras cultivables están reservadas para pastos, que se destinan á la cría de ganados y mejora de las razas, que constituyen la riqueza territorial de INGLATERRA. Los caballos ingleses, especialmente los de caza y carrera, son los más estimados de toda Europa: de las demás especies se saca todo el partido posible, así de la carne como de la manteca, sebo, queso y cueros que proporcionan. Los carneros permanecen en el campo de dia y de noche, durante casi todo el año, lo que aumenta notablemente la finura de la lana. Los estadistas ingleses no han hecho todavía, que nosotros sepamos, un recuento exacto del ganado vacuno; pero todo induce á creer que pasan de 6.000.000 de cabezas: el número de los carneros de INGLATERRA y del pais de Gales está calculado en 36.000.000. El peso medio de un buey es de 800 libras inglesas; el de un becerro, de 140, el de un carnero, de 80; el de un cordero, de 40 á 50. Los cultivadores y especuladores de Londres y de sus cercanías sostienen sobre 12.000 vacas, cuya leche produce 800.000 libras esterlinas (19.400.000 pesetas próximamente); en algunos condados se cría una magnífica raza de cerdos, cuyos jamones son objeto de un considerable tráfico.—III. Mineralogía. El granito constituye la base de todas las montañas que cruzan el territorio. Los terrenos que las rodean son todos ricos en minas de hierro, estaño, cobre, plomo y carbón de piedra. La pizarra y la hulla son las dos producciones minerales de mayor importancia de la Gran Bretaña. Las principales hornagueras se hallan, al Norte, en Mánchester, Newcastle y Sunderland; al Norte y al Noroeste, en Birmingham, Chesterfield, Newcastle-under-Tine y Wednesbury; al Oeste, en Caermathen, Deanforest, Swansea y Tenby; los depósitos de hierro, al Norte, en Bradfort, Dalton, Newcastle, Rotherham y Sheffield; al Noroeste, en Birmingham, Coalbrookdale y Wolverhampton; al Oeste, en Abergavenny, Deanforest, Tydwill y Neath. Las minas de plomo, al Norte, en Bakewell, Allondale, Darlington, Richmond y Stockton; al Norte y al Oeste, en Bristol, Hol y well, Mold y Wolverhampton; al Sur, en Helston; las de estaño, al Mediodia, en Bedruth, Anstel, Tavistoch, Helston, Truro y en las montañas de granito y de esquisto del Cornuailles y del Devonshire (estas minas vienen explotándose desde hace más de dos mil años). Las de cobre se encuentran, al Sur, en Hawk’s Head, Newcastle-under-Tine; al Sudoeste, en Aber-Conway, en la isla de Anglesey y Holywell; al Oeste, en Helston, Sent-Anstel, Sent-Just, Tavistock, en el Devonshire y Cornuailles. En ciertos parajes se encuentran también algunas minas de oro, plata, zinc y antimonio. Los estadistas evalúan en 240.000.000 de pesetas la riqueza mineral de la Gran Bretaña y de Irlanda. Las salinas más abundantes están, al Norte, en Spa, Buxton, Weterby, Horiowgate, Leamnigton y Mathock; al Este, en Witham; al Oeste, en Bath, Cheltenham, Glócester y Hotwels; al Sur, en Tunbridge.—IV. Caza y pesca. El ciervo, el gamo y el corzo sólo se encuentran en los parques: los lobos y los osos han sido casi por completo exterminados; las aves acuáticas, la cigüeña y varias clases de rapiña, particularmente el águila, son bastante numerosas. La pesca es abundante, variada y exquisita, especialmente las truchas y los salmones que se crían en los lagos de Escocia, los cuales constituyen la riqueza más importante del país. 12. Industria.—Por todas las circunstancias que dejamos expuestas, y por diferentes razones puramente históricas, la INGLATERRA debe ser considerada como el pueblo más industrial del mundo. Sin embargo, la superioridad de su industria sólo data de ochenta años á esta parte. La estadistica de los principales inventos industriales hechos ó introducidos en aquel pais, demostrará lo que pueden la energía y la actividad de un pueblo. La primera manufactura de vidrio fué establecida cerca de Londres, en 1457, bajo el reinado de Enrique VI; la hulla viene empleándose como combustible desde el año 1307; en 1588, se publicó en Londres el primer diario inglés; los primeras manufacturas de seda datan de 1600; en 1670, un francés importó en INGLATERRA el arte de estampar los tejidos de algodón; en 1725, estableció New Comen la primera gran máquina de vapor, llamada atmosférica; en 1738, inventó John Wyat, de Bírmingham, otra para hilar el algodón, la cual no quedó realmente establecida hasta 1770; ocho años más tarde, dió á conocer Crompton la Mull-Jenny, máquina con la que se obtenía el número 315 en la filatura del algodón; James Watt, que en 1769 había ya montado las primeras máquinas de doble efecto, aplicó esta poderosa fuerza á la mecánica de las hilanderías; en 1801, estableció Trvithick las de vapor de alta presión y locomotrices, y en 1803 inventó Radcliffe otra mecánica con la cual se obtenía, á un mismo tiempo, el encadenamiento ó ligadura y la trama de los tejidos.

Finalmente, en 1809, concedió el Parlamento á Cartwright una recompensa de 259.000 francos para el perfeccionamiento de un telar movido por el vapor; y en 1812, James Watt construyó sobre el río Clyde el primer buque de vapor que ha surcado las aguas de la Gran Bretaña. No entra en nuestros propósitos hacer la historia de la industria inglesa; sólo hemos querido indicar estos grandes descubrimientos, porque ellos han sido otros tantos manantiales de la riqueza de un pais cuya actividad comercial ha venido igualmente desarrollándose hasta el más alto grado.—La industria británica abraza toda clase de manufacturas, sobresaliendo singularmente en las de algodón, quincallería, maquinaria, paños y otros tejidos, que se transportan á las Indias orientales, á Persia, á las Escalas de Levante, á los paises del Norte, á España, Portugal y a las Américas. 13. Comercio.—Como quiera que la industria y el comercio de un país marchan siempre en perfecto paralelismo, por la variedad y riqueza de la industria inglesa podrá fácilmente deducirse la actividad y extensión de su comercio. Este puede dividirse en cuatro categorías bien distintas: 1.a, mercancías importadas, que se invierten en el consumo de las fabricas ó de la poblacion: 2.a, mercancías importadas que quedan en depósito para ser luego transportadas á otros parajes; 3.a, mercancías exportadas, provenientes de las manufacturas ó de la agricultura del país; 4.a, mercancías

exportadas procedentes de las colonias ó del extranjero.—Las operaciones mercantiles de INGLATERRA están evaluadas en más de 3.000.000.000 de pesetas anuales, no comprendidas las del tráfico exterior. Este extraordinario movimiento está representado, según M. Moreau de Jonnès, por el flete de más de 26.000 buques, aforados en 3.000.000 de toneladas; los salarios de 200.000 marineros y de 7.000.000 de industriales; los gastos de construcción de 1.300 buques por año; el crédito necesario para sostener una deuda que ascendía no hace muchos años á 19.000.000.000; y, por último, el sostenimiento, para asegurar este comercio inmenso, de una flota de 500 á 600 buques de guerra y armada de 81.000 hombres, que, en tiempos de paz, cuestan á la nación sobre 300.000.000. La importacion y exportaciones consisten principalmente en caballos, ganados de todas especies, manteca, queso, esperma, carne, pescados salados, cerveza, ron, tejidos de todas clases, manufacturas de sombreros, zapatos, curtidos, paños, armas, instrumentos de todo género, relojes, quincalla, joyería, papel, colores, vinos y artículos coloniales. 14. Vias de comunicación.—Contribuyen también poderosamente á la envidiable prosperidad del comercio inglés la inmejorable posición geográfica que el país ocupa y la facilidad y expedición de las comunicaciones, así terrestres como maritimas.—Constituye las primeras una inmensa red de ferrocarriles (railnays) que tiene por centro á Londres; son éstas la del Norte, la del Noroeste, la del Oeste, la del Sudoeste, la del Brighton, la de los condados del Oriente y la de Cambridge, de las cuales se desprenden multitud de ramales de consideración que cruzan el territorio en todas direcciones. Favorecen las segundas infinidad de canales, como el de Forth, el de Clyde, el Caledonio, el gran Tronco, el que va de Leeds á Liverpool y otros; los magnificos puertos de Londres, Bristol, Liverpool y Southampton, y una numerosa marina mercante, protegida por otra de guerra que es, sin disputa, la más formidable del mundo y sólo tiene por rival la de los Estados Unidos en tiempo de guerra. 15. Arquitectura.— Los monumentos más antiguos de la arquitectura inglesa son las piedras druídicas ó célticas, de formas variadas: se Ilaman menhirs (del céltico men, piedra, é hir, larga) ó peulvans (de peul, pilar, y van, piedra) ciertos monolitos de forma prolongada, plantados verticalmente en la tierra á una profundidad bastante considerable, y cuya altura sobre el nivel del suelo varía, por lo general, de 2 á 10 metros. Estas construcciones, elevadas por los pueblos célticos, principalmente en las Galias y en la Gran Bretaña, en una época que no se ha podido precisar, han recibido en esta última comarca el nombre de mensao (piedras derechas), y ofrecen cierto interés, si no bajo el punto de vista del arte, al menos como testimonio de una civilización todavía naciente. Varios arqueólogos hacen remontar hasta la época de los bretones algunas pequeñas fortalezas que se encuentran en diferentes puntos del país y que se cree hayan servido de residencia á sus caudillos. Las primitivas edificaciones civiles, en INGLATERRA, fueron de madera, de arcilla, de cañas ó de piedras irregulares: las casas eran circulares; los techos, de bálago ó paja, se elevaban en figura de pirámide y presentaban una abertura, que servía de chimenea, por donde penetraba la claridad. Los romanos no llegaron á construir más que malecones y muros fortificados, destinados á atajar las correrías de los caledonios. Desde la conquista romana hasta la de los normandos, los anglo-sajones emplearon frecuentemente á los artistas franceses para la construcción de sus iglesias y monasterios; el convento de Weremuth y la catedral de Hexham fueron levantándose en el siglo vi por obreros del continente. La ornamentación ofrecía por entonces una mezcla confusa y fantástica de figuras de animales. Los anglo-sajones no han tenido nunca arquitectura propia, por más que se haya introducido en la lengua de las artes la denominación de estilo sajen.—Los normandos importaron el estilo grosero de la arquitectura romano-bizantina, que todavía se observa en las catedrales de Glócester, de Durham, de Exeter, de Peterborugh, de Santa Cruz, cerca de Winchester, y del Priorato de Botholp, pertenecientes á la misma época. Como obra de arquitectura militar, puede citarse el Torreón blanco de la Torre de Londres. La ojiva ó arco diagonal en la bóveda gótica, vino, como en Occidente, aunque un poco más tarde, á reemplazar la cimbra, siendo introducido por el obispo de Winchester, Enrique de Blois, hermano del rey Esteban. Bajo el mando de Enrique II, el estilo ojival quedó definitivamente establecido, pasando de la forma más sencilla á la más complicada en el siglo XIV. El número de los edificios religiosos levantados desde el siglo xIn al XV es considerable: sólo bajo el reinado de Enrique III se han contado hasta 157. Entre los más notables, figuran la catedral de York, la de Cantorbery, la de Salisbury, la de Lincoln, la de Lichfield, de Wells, de Winchester, de Chichester y el monasterio de Wéstminster. La arquitectura militar sigue las mismas fases; la civil ofrece el palacio de Windsor y el gran salón del palacio de Eduardo III, en Westminster, considerados como dos notabilísimos modelos. El estilo ojival inglés presenta dos caracteres que le son propios: 1.°, los cruceros de las ventanas, que suben rectos hasta la bóveda principal, de donde tomó el nombre de perpendicular, que le han dado algunos arqueólogos; 2.°, las bóvedas cuadradas que se hallan en cierto número de iglesias. En general, el estilo gótico se ha bastardeado en INGLATERRA: los edificios son más groseros y se hallan más recargados de adornos que en el continente; en lugar de las elegantes capillas abovedadas, que se encuentran en los templos franceses, sólo se ve en el fondo de la nave una capilla alumbrada por una ventana enorme; las naves son largas y bajas; las torres, cuadradas y guarnecidas de almenas, que le dan todo el aspecto de las torres almenadas de los castillos feudales. La decadencia se anuncia por el estilo amanerado y exuberante que se llama de los Tudors, el cual consiste en una mezcla singular de los caracteres del estilo gótico con las formas del Renacimiento. La desaparición del género gótico se ha atribuido sin fundamento al cambio de religión de los ingleses, siendo así que fué ocasionada por la reforma que, en el arte arquitectónico, se produjo en Italia y que penetró en INGLATERRA más tarde que en los otros países. Los monumentos más curiosos del estilo de los Tudors, son el palacio de Richmond, construído por Enrique VII; el de Hamptors Curt, y, en el monasterio de Wéstminster, antes citado, la capilla Ilamada de Enrique VIII. El estilo clásico acabó por generalizarse en INGLATERRA, y los colonos greco-romanos prescindieron en absoluto de los adornos flamigeros de la ojiva. Jaime I hizo edificar por Iñigo Jones el palacio de White-Hall; el mismo arquitecto levantó la galería de Sommerset Huse, la iglesia de San Pablo en Covent-Garden, y la casa real de Greenwich, hoy hospital de los inválidos de la marina. La arquitectura, abandonada bajo los gobiernos respectivos de Carlos I y la república, no volvió á remontar su vuelo hasta después de la restauración de los Estuardos. Cristóbal Wren, á consecuencia del incendio de Londres, en 1666, propuso un plan general de reconstrucción, conservando el estilo francés en la mayor parte de sus edificaciones. Bajo la dirección de este artista se levantaron la iglesia de San Pablo, bajo el modelo de la de San Pedro, en Roma; la de San Esteban, el Theatrum de Oxford y el hospital de Chelsea. Entre los arquitectos contemporáneos de Wren, se citan á James Gibbs, que construyó los templos de San Martin y de Santa María, en Londres; á Nicolás Hanksmoor, que trabajó en los castillos de Blenheim y de Howard; á Tomás Archer, á quien se debe la iglesia de San Juan, en Wéstminster; á Juan James, que edificó la de Greenwich y la de San Lucas, en Middlesex; á Fliteroft y á Talman, arquitectos respectivamente de Woburn-Abbey y del palacio de Chats worth. John Vanbrugh, pintor y arquitecto á la vez, empleó el estilo del Renacimiento, descargándole de los adornos caprichosos que le distinguen en otros países: sus construcciones civiles son groseras y prueban que no compren

día la belleza de las proporciones y de los detalles, así como la distribución de la luz y de la sombra. Los grandes señores del siglo xvInI hicieron restaurar sus castillos feudales, y los arquitectos se vieron entonces obligados á estudiar el estilo, con el objeto de imprimir á aquellas construcciones el carácter propio de la época; pero resultó una escuela de estilos diferentes, que da á la arquitectura inglesa cierto viso de singularidad extravagante. Por esta misma época se operó una revolución, provocada por la publicación de la obra de Revett y James Estuart, sobre los monumentos de la antigua Grecia, en virtud de lo cual desapareció casi del todo el estilo del Renacimiento, sin que fuera reemplazado por otro original. La imitación de la arquitectura griega prevaleció por fin después de este tiempo; los ingleses se apresuraron á reunir los dibujos de todas las construcciones de aquella procedencia, y hoy poseen las mejores colecciones que existen de las obras antiguas, las cuales reproducen en sus espléndidas publicaciones. El descubrimiento de las ruinas de Pompeya y de Herculano ha venido á aumentar esta pasión de los ingleses por lo antiguo. Algunas sociedades sabias fijaron igualmente su atención en el arte gótico: John Carter, Britton, Pugin y otros artistas han publicado al efecto varios trabajos muy importantes, y en la actualidad, no sólo se restauran los antiguos monumentos, sino que se imitan con perfección. Entre los grandes trabajos modernos, se citan el puente de Waterloo, uno de los más notables del mundo, y el famoso túnel que pasa por debajo del Támesis, construido por el arquitecto francés Brunel. Los ingleses se distinguen por la valentía de sus obras de fundición, de las cuales dieron una brillante prueba en la erección del palacio de la Exposición universal de Londres en 1851, denominado Cristal Palace, transportado después á Sydenham.—Pueden verse Archaologia britanzica, obra publicada por la sociedad de los anticuarios de Londres, 1770; Ducarel, Antiguedades anglo-sajonas, traducida al francés por Léchaudé d’Anisy; Strutt, Antiguities of England, traducida al francés por Boulard; W. Roy, The military antiquities of the Romars in Britain, Londres, 1793; Iw. King, Monumenta axtigua, 1799-1806; Storer, Antiquariam itinerary, Londres, 1815-18, Pugin, Specimen of Gothic architecture, 1821; Chronological and historicalillustrations of the ancient architecture of Great Britais, Londres, 1820-25; J. Carter, The ancient architecture of England, 1795-1816; Dallway, English architecture, Londres, 1840; Dugdale y Ellis, Monasticon Gallicanum, 1817-30. 16. Escultura.— Este arte no llegó nunca á florecer entre los ingleses. Los antiguos bretones, poco hábiles en la reproducción de las imágenes de hombres y de animales, esculpían adornos de diferentes géneros en sus carros de guerra. Los romanos llevaron á INGLATERRA las estatuas de sus dioses y de sus grandes hombres; pero fueron destruidas por los cristianos, los caledonios y los daneses. Sólo un modelo de escultura resta de los anglo-sajones: el cuerno de Ulphus, conservado en York. Después de la conquista normanda, las obras más notables fueron ejecutadas por artistas extranjeros: tales son, entre otras, la urna de Eduardo el Confesor, del escultor romano Pedro Cavalini, colocada en la iglesia de Westminster; las esculturas de los templos de Cantorbery, de Croyland, de York, de Wearmouth y de Ely. Hasta el siglo xIn no empezó la escultura inglesa á producir obras estimables; pero sólo como auxiliar de la arquitectura, cuyos monumentos decoraba. Los trastornos provocados por la herejía de Wicleff y la guerra de las Dos Rosas, detuvieron estos primeros progresos del arte escultural. En tiempos del Renacimiento llegó de Italia un artista distinguido, Torregiano, el cual hizo dos obras maestras: el sepulcro de Enrique VII y el de su madre Margarita, condesa de Richmond. A esta misma época pertenece el túmulo de lady Isabel Rusell, que se ve en el monasterio de Wéstminster, obra de un autor desconocido. Después de la restauración de los Estuardos, produjo INGLATERRA dos escultores notables: Gibbons, que sobresalió en el trabajo en madera, y Cibber, autor de las estatuas de la Demencia, que adornan el vestíbulo del hospital de Bedlam. En el siglo xVIII ejecutó Francis Bird algunos bajo relieves en el monasterio de Wéstminster; el francés Roubilliac, discípulo de Coustou, las estatuas de la Elocuencia y de Nemton; y el flamenco Rysbrack, los monumentos de Newton, de Prior, del almirante Vernon y un Hércules, cuya cabeza ha sido copiada de la del Hércules Farnesio. En general, los artistas ingleses se han distinguido más en la escultura de ornamentación que en la estatuaria. Los bustos, las estatuas ó los grupos de Westmacolt, de Rossi, de Barry, de Macdonald, de Wyat, de Nollekens, de Carew y de West, gozan de una reputación merecida. 17. Grabado.—Los grabadores ingleses empezaron á darse á conocer en los siglos XVI y XVII, siguiendo la misma senda trazada por los artistas de las demás naciones. Strange imitó á Laurent Cars; Vivarès y Voolet tomaron la forma de Le Bas; pero unos y otros sobrepujaron á sus maestros, y Voolet, particularmente, hizo grandes y nobles esfuerzos en el manejo del buril. La escuela inglesa alcanzó un grande éxito en el grabado de animales; y las láminas ó planchas de Landseer son, en este género, verdaderas obras maestras. Por lo que toca al estilo elevado, INGLATERRA no ha dejado modelos dignos de estudio, por cuya razón se debe suponer que no se hallaba en armonía con el genio particular de los ingleses, más práctico que imaginativo, más sólido que estético. 18. Pintura.—Este sublime arte vino desarrollándose con lentitud, casi con pereza, entre los ingleses: hasta el siglo xVI no se conocen más que las iluminaciones de los manuscritos y algunos frescos groseros en las paredes de las iglesias y de los castillos. Los monumentos más antiguos son el Libro de Durahm, el Evangelio de San Cuthbert, el Libro de San Ethelwald y diversas miniaturas de San Dunstán en la Biblioteca bodleinne. La Reforma destruyó la mayor parte de las pinturas religiosas. A la aparición de algunos extranjeros débese el que el arte inglés alcanzara cierto brillo despues de esta época: Mabuse, Gerardo, Horenbout y Holbein florecieron en la corte de Enrique VIII; Antonio Moor, bajo el gobierno de María Tudor; Zucchero, Lucas de Heere y Cornelio Katel durante el reinado de Elisabeth. El retrato era entonces el género de moda, y dos ingleses, Hilliard y Oliver, se conquistaron cierta reputación al lado de los artistas extranjeros. Jacobo I llamó igualmente á INGLATERRA al holandés Mytens; Carlos I, apasionado por la pintura, que él mismo cultivaba, llevó á su corte á Rubens, á Van Dyck, Diepenbeck, Gentileschi y Juan Petitot; adquirió algunas pinturas de Rafael y reunió una preciosa colección de cuadros. El retratista Jorge Jámeson, que practicó su arte en Escocia, fué discípulo de Rubens; W. Dobson y Roberto Walker se formaron con el estudio de las obras de Van-Dyck. Por estos tiempos, la miniatura alcanzaba notable perfección en las hábiles manos de John Hoskins y de Samuel Cooper. La influencia del partido de los puritanos, durante la revolución de INGLATERRA, fué tan funesta para la pintura como lo había sido antes el triunfo de la Reforma: á los ojos de este partido, las artes, como la literatura, eran obra de Satanás, hasta el punto de que el Parlamento largo hizo vender los cuadros y las estatuas del palacio de White-Hall. Después de la restauración de los Estuardos, dos extranjeros, Peter Lely y Gottfried y Kneller, devolvieron á la pintura de retrato su antiguo brillo; adornáronse de frescos la mayor parte de los edificios, en los que alcanzaron gran renombre dos extranjeros, Verrio y Laguerre. La pintura de historia en INGLATERRA tuvo su origen en los primeros años del siglo xvnI; pero toda ella se reducía sencillamente á escenas mitológicas y alegorías faltas de gusto, y si exceptuamos á James Thornhill, que la dió algún impulso con sus pinturas de San Pablo, en Londres, del palacio de Bleinheim y de la sala de armas en Green-Wich, no tuvo escuela ni sucesores.

W. Hogarth fué el primer pintor verdaderamente original que produjo INGLATERRA, el cual creó la caricatura de su país, sobresalió en la sá

tira de las costumbres de su tiempo y de los vicios inherentes á la humanidad; imprimió á la pintura cierta tentencia á expresar exactamente la naturaleza que la caracteriza, y grabó una infinidad de obras muy estimadas de los inteligentes. Después de Hogarth, Joshua Reynolds, aunque debía su celebridad al retrato principalmente, se empeñó en dar impulso á la gran pintura y ensalzó en sus escritos el mérito de los maestros italianos, que él mismo había estudiado. Todos los esfuerzos que se hicieron en este género fueron inútiles, por más que los grandes señores formaban ricas galerías de cuadros; faltaba á la pintura de historia la protección y el auxilio del Gobierno, que no encomendaba grandes trabajos, y los artistas tenían que sujetar su genio á las conveniencias y á los caprichos de los particulares, mientras que el clero anglicano hacía una oposición tenaz á la pintura decorativa de los monumentos religiosos. Reynolds encontró dignisimos rivales en los retratistas Allan Ramsay y Jorge Romney, en Tomás Gainsborough paisista y pintor de animales, y, principalmente, en Ricardo Wilson, imitador de Claudio Lorrain. Benjamin West, que le reemplazó en la presidencia de la Academia Real de Bellas Artes de Londres, fué menos notable por sus obras que por la organización de las exposiciones de pinturas. Barry, Opie, Northcote, Wright, Copley y demás pintores de la misma época, tienen más ó menos calor é imaginación; pero todos pecan por la debilidad del dibujo y la exageración de lo heroico y de lo patético. Loutherbourg se conquistó un lugar distinguido como pintor de marinas, y G. Morland trató los asuntos de la vida común al estilo flamenco. Por último, la pintura sobre vidrio tomó nuevo vuelo, gracias á los trabajos de Jarvis y de Eginton, y R. Barker cultivó con éxito la pintura de panorama. En el presente siglo no faltan artistas en INGLATERRA. La revolución operada por David, en Francia, en la pintura de historia, apenas ha ejercido influencia sobre los ingleses: Westall es quien mejor ha imitado los efectos teatrales y el estilo atildado y pulido del artista francés. En Boydell, Hilton, Etty, Briggs, Stothard y otros hay más independencia; John Martin ha sabido crearse una escuela con sus composiciones colosales; pero Danby, imitador de su estilo, apenas ha Ilamado la atención. Entre los retratistas, figuran Tomás Lawrence, John Jackson, Jorge Dawe, Th. Philipps, A. See, H. Howard, W. Beechey, James Ward, R. Rothwell, Pickersgill y W. Hobday; entre los paisistas más notables, Constable, Collins, Lee, Glover y Calcott; entre los acuarelistas, género que ha tomado prodigioso desarrollo, deben citarse á Wild, Prout, Robson, Essex y Nash, y finalmente, entre los miniaturistas se distinguen Engleheart, Harding, Newton, Roberston, Douglas y Davis.—Véanse H. Walpole, Anecdotes of painting in Eagland; J. Carter, Ancient paisting and sculpture in England, Londres. 1837-1838, y L. de Pesquidoux, Ecole anglaise, Paris, 19. Música.—Los primitivos habitantes de la Gran Bretaña tenían un gusto muy pronunciado por la música: los bardos, poetas y músicos á la vez, llegaron á ser muy estimados por los jefes de tribu, y sus cantos, llenos de impetuosidad ó de una melancolía salvaje, tenían el doble privilegio de excitar y de aplacar el furor de los combates. Cuando los bretones, huyendo de la invasión de los sajones y de los ingleses, se retiraron al pais de Gales, instituyeron allí anualmente las fiestas musicales (Eisteddwood); fijáronse las reglas de la poesía y de la música y se concedieron recompensas á los más hábiles. Esta tradición se perpetuó hasta fines del siglo XInI, época en que Eduardo I sometió á los habitantes de aquel pais é hizo pasar á cuchillo á los bardos. Esto no obstante, el Eisteddrood fué restablecido en tiempos de Enrique VII y protegido después por Enrique VIII y Elisabeth, viéndose con frecuencia en nuestros dias á ciertos cantores, agrupados al rededor de un tocador de arpa, improvisar versos ó cantar pennills (estrofas antiguas). Los sajones introdujeron con ellos otros cantos, cuyo carácter contrastaba con la música de las tribus célticas; sus aires nacionales se distinguían por la energía y la sencillez. Después de la conversión de los anglo-sajones al cristianismo, el canto gregoriano fue adoptado en las iglesias, y los monjes abrieron escuelas para la enseñanza de la música eclesiástica; pero se les acusa de haber hecho desaparecer todas las canciones profanas de los nuevos convertidos, de las cuales no queda, en efecto, la menor señal. La imperfección del sistema y de la notación musical era tal en aquella época, que los estudios no duraban menos de diez años. El órgano se generalizó en INGLATERRA mucho tiempo antes que en Francia. El rey Alfredo el Grande tocaba el arpa con maestría, y fundó, en 886, una cátedra de música en la universidad de Oxford, sin que la invasión normanda consiguiese ahogar estos primeros progresos del arte. En la batalla de Hastings, el músico ambulante Taillefer entonó, á la cabeza del ejército de Guillermo el Bastardo, la famosa canción de Rolando. En el siglo XIII, un monje de Evesham, Walter Odington, escribió un interesante tratado sobre la música de sus tiempos, y en él se ve que las notas del diapasón se designaban por las siete primeras letras del alfabeto; que el solfeo se practicaba en INGLATERRA según el método de Guido de Arezzo, y que allí se conocía el espacio musical de cinco líneas, la distinción de las largas y de las breves en el canto llano, la división de los tonos y hasta el empleo de la apoyatura. Del tiempo de los músicos ambulantes se han conservado algunos cantos eclesiásticos; si bien los profanos han desaparecido por completo, pues el más antiguo que se posee fué escrito con motivo de la batalla de Azincourt, en 1415. Los instrumentos de música que se usaron en INGLATERRA hasta el siglo XII, fueron: el arpa, una especie de violón de cinco cuerdas, el cistro, el óboe, la zampoña, el caramillo, la flauta, el clarinete, la trompeta, el tambor y el címbalo; las obras de Chaucer mencionan además la viola, la gaita, el salterio, el laud y la guitarra. No se conoce la época en que los signos actuales de la notación musical fueron introducidos en INGLATERRA. Tomás de Walsingham (siglo XV) menciona cinco signos que se usaban en su tiempo: la múxima, la larga, la breve, la semibreve y la minima. El modelo más antiguo de música impresa se encuentra en el Polychronicon de Ralph Higden (Wéstminster, 1495). Existen además dos colecciones de música inglesa compuesta en el siglo XV: una de ellas, contiene los aires que se atribuyen á W. de Pewark, Sheringham y Turges (músicos de Enrique VI); Tutor ó Tudor, Banester, Browne, Ricardo, Davy y Cornyshe (músicos de la capilla de Enrique VII), y Phelyppes y Fairfax, compositores muy conocidos en el dia; en la otra, conservada en la escuela de música de Oxford, se encuentran las composiciones religiosas de Taverner, Avery Burton, Kafar, Hugh Ashton, Th. Ashwell, J. Norman, J. Shephard y Tye. Enrique VIII compuso algunas piezas sagradas y profanas, que muestran cierta instrucción en el contrapunto.—En la reforma litúrgica, que se operó bajo el gobierno de Eduardo VI, suprimiéronse los himnos á la Virgen y á los santos, y se tradujeron al inglés los salmos de David para adaptarlos al antiguo canto gregoriano. En cuanto á la música pro ana, hallábase casi completamente abandonada cuando, en 1588, publicó Bird una colección de madrigales con acompañamiento de espineta, importados de Italia, cuyo género fué cultivado con algún éxito por Weelkes, Kirbye, Wilbye, Morley, Dowland y Bennet. El laúd y la viola eran entonces, con la espineta, los principales instrumentos de la música de cámara, para los cuales se escribían algunas piezas en estilo fugato, duro y grave, pero bien entendido. Durante la comida de la reina Elisabeth, se ejecutaban singulares conciertos con trompetas, timbales, pífanos, cornetas y tambores. A este reinado se hace remontar la introducción de la música en las representaciones dramáticas: los violones se dejaban oir antes del primer acto; las cornetas, antes del segundo; las flautas, antes del tercero; los óboes, antes del cuarto, y los tambores, antes del quinto. Pocos serán los dramas de Shakespeare en que no se encuentren algunas piezas de canto. La revolución de INGLATERRA fué

aún más funesta que la Reforma para el arte musical, puesto que las iglesias fueron despojadas, la música sagrada prohibida, los órganos destruidos y los teatros cerrados. Después de la restauración de los Estuardos, quedó restablecido el servicio de la capilla real; se agregó una banda de 24 violones á la corte de Carlos Il; instituyéronse conciertos públicos, se inauguró en Londres una ópera italiana en el teatro Hay-Market, y solo entonces empezó á formarse realmente alguna idea del arte del canto. Enrique Purcell, Humphrey y Gibbons fueron los compositores más notables de su tiempo. Al lado de la ópera italiana se abrieron otros teatros líricos: en Drury-Lane y en Covent-Garden, se representaron algunas operetas inglesas, análogas á las óperas cómicas francesas; pero este nuevo género alcanzó corta vida, pues la alta sociedad lo abandonó por la ópera italiana y el pueblo sólo gustaba de sus melodias nacionales. En INGLATERRA existen hoy muchas asociaciones importantes: los cantantes y los instrumentistas se reunen en gran número para hacer oir las obras de los grandes maestros; pero la ejecución, grave y majestuosa, notable por el conjunto y la precisión, conserva siempre alguna frialdad y carece de ese primoroso arte, de esa delicadeza de gradaciones que se admira en otros paises. En resumen: INGLETERRA, bajo el punto de vista del arte musical, se halla muy distante de los paises del continente. Esto no obstante, ha producido varias obras de mérito, entre las que se citan: Una introducción de la música práctica, por Th. Morley, Londres, 1597; Principios de música, por Ch. Butler, 1636; Sobre los principiosnaturales de la armonía, por W. Holder, 1694: Historia general de la música, por Hawkins, 1778. 20. Lenqua.— La lengua inglesa, tal cual se habla y se escribe en nuestros dias, tuvo por elementos: el céltico, idioma primitivo de los pueblos occidentales; el teutónico ó germánico, introducido en la Gran Bretaña en el siglo vpor los angle-sajones, y el normando ó francés mixto, que hablaban en el siglo xI Guillermo el Couqvistedor y sus compañeros. Puede decirse que el inglés actual se compone de una tercera parte, ó poco menos, de palabras gaélicas ó célticas, de otra tercera parte de palabras sajonas ó alemanas, de un gran número de vocablos franceses y de ciertas voces latinas, que no han quedado en el idioma francés. La lengua de los anglosajones, que estuvo en uso durante seis siglos en todo el pais, excepto en el Cumberland, los paises de Gales y de Cornualles, en donde la población primitiva habia buscado un refugio contra la invasión germánica, no desapareció por completo hasta un siglo después de la conquista normanda. Viciada por esta conquista, que abandonando su uso á las clases inferiores exclusivamente, dió la preferencia á la lengua francesa, resistió, sin embargo, y se enriqueciódeexpresiones nuevas, de giros felices y de cierta elegancia y energia, de que no habría sido susceptible sin el auxilio de un nuevo elemento. ¿En qué época deberá fijarse la formación de la lengua inglesa? «Hacia 1150, dice el Dr. Johnson, el anglo-sajón tomó una forma en la cual distinguíanse ya los primeros elementos de la lengua inglesa actual; la introducción del nuevo idioma no fué, como generalmente se cree, el efecto inmediato de la conquista, visto el corto número de palabras francesas que se encuentran mezcladas en la lengua hablada ó escrita durante todo el siglo último.» Importa no olvidar que en 1042, bajo el reinado de Eduardo el Confesor, que había pasado veintisiete años en su destierro de Normandía, la lengua francesa no era completamente extraña en la corte de este monarca, y no es de extrañar que ciertos autores hayan colocado la aparición de la lengua inglesa en una época anterior á la que le han asignado Johnson, Ellis, Hallam y Campbell, entre otros. Sin embargo de que, después de la conquista, la lengua primitiva no volvió á aparecer en los actos públicos y en la sociedad de las clases superiores, encuentranse todavía algunos escritos en prosa anglosajona, hacia el reinado del rey Esteban (1135). Un contemporáneo del poeta anglo-normando Roberto Wace, el anglo-ajón Layamont, hizo en su lengua madre una traducción del Bruto de aquel pueta, y su obra debe señalar el principio de la inglesa, por la mezcla de las voces normandas introducidas en el poema, que estaban ya consagradas por el uso. Existe tambien una composición literaria que un erudito del siglo XVI, Petrus Novilis, dió á conocer en Francia sin recordar su origen inglés. El país de Cocagne (Te Land of Cokayne) ha servido á los rebuscadores de los orígenes de la lengua inglesa para precisar aproximadamente la época de su definitivo establecimiento. Según sus diversas opiniones, se han necesitado casi dos siglos para llegar á este resultado; pero la extinción de las voces sajonas, y, lo que caracteriza principalmente la lengua inglesa, sus numerosos galicismos, que se introdujeron en el siglo xII, dan fe de ello. Si se compara, dice Hallam, el inglés del siglo xIi con el anglo-sajón del siglo XII, se ve que el primero de estos idiomas es una lengua particular, más bien que una modificación del segundo. Distintos procedimientos han podido concurrir muy bien á la transformación del sajón en inglés, tales como la contracción ó modificación de la pronunciación y de la ortografía de las palabras; la omisión de ciertas inflexiones, especialmente en los nombres, y, por consecuencia, el empleo más frecuente del articulo y de los auxiliares; la adopción, frecuente también, de las terminaciones francesas, y, finalmente, el uso de la inversión y de la elipsis, sobre todo en la poesía. Pero el desarrollo de la nueva forma de lengua fué tan lento, tan graduado, que la dificultad de llegar á una solución cualquiera quedó casi la misma, puesto que las composiciones literarias de aquella época pueden pasar por las últimas producciones de la lengua madre, ó por los primeros frutos de la que se le da por hija. Desesperanzados de determinar la causa, los mejores maestros modernos han concluido por introducir, en sus tratados sobre la vieja lengua, la palabra francesa semisajona, para expresar este estado mixto y todo lo que ha aparecido desde 1150 á 1250. Podría aún añadirse que el idioma inglés no llegó á hacerse popular hasta los tiempos de Chaucer (1328), que fué quizás el hombre que más eficazmente contribuyó á la formación de la lengua. Durante el tiempo transcurrido desde la conquista (1066) hasta mediados del siglo XIII, fueron uniéndose los normandos y las razas primitivas paulatinamente hasta confundir sus intereses y sus sentimientos. A medida que la seguridad y el bienestar iban consolidándose, reanimábase la poesía nativa, y los poetas, traduciendo ó imitando las baladas normandas, los cuentos y los romances de los trovadores franceses, enriquecieron la lengua de palabras nuevas, introducidas en los originales extranjeros; y según la necesidad que experimentaran de sustituirlas á las de su propio vocabulario, las empleaban como más expresivas ó más agradables. Es de suponer que, en un principio, llegara á establecerse entre las clases del pueblo una especie de jerigonza, producida por la mezcla de los dos idiomas; sin embargo, la lengua nacional, al recibir del francés la cantidad de voces necesaria para expresar las ideas y las cosas nuevas, no hubo de admitirlas sino por grados y después de someterlas á las reglas de su propio idioma y de su gramática. Esto es lo que le ha dado el carácter particular que distingue á la lengua inglesa, la cual, formada de elementos distintos, ha sabido aprovecharse del genio de las otras lenguas sin perder nada de su originalidad. La langua inglesa ofrece ciertas singularidades que proceden más de su carácter primordial que de ninguno de los diversos idiomas que le fueron impuestos, en los cuales no se encuentra nada parecido. En efecto; un solo monosilabo, the, sirve de artículo definido para todos los géneros y todos los números; a ó ax, según que la palabra que le siga empiece por una consonante ó por una vocal, sirve de artículo indefinido para los dos géneros. El pronombre posesivo presenta otra particularidad, puesto que se refiere, no al género de la cosa poseída, sino al del poseedor: his (su, sus) se emplea cuando el poseedor pertenece al género masculino (his son, su hijo, hablando del padre); her, cuando al

femenino (her soz, refiriéndose á la madre). Hay también un pronombre particular para los animales y las cosas inanimadas: its. El futuro, en los verbos auxiliares y otros, ofrece igualmente una singularidad notabilísima, y es que se compone del infinitivo con dos auxiliares, shall y mill, cuyo empleo cambia completamente el sentido de la frase. Shall, en la primera persona, y mill, en las dos restantes, designan simplemente una acción futura; mill, en la primera persona, y shall, en las otras dos, expresan la voluntad del que habla, la resolución, la promesa, la orden ó la amenaza: you mill see, «usted verá;» you shall sel, «soy yo quien habla, yo se lo haré ver á usted.» Una costumbre especialísima en el idioma inglés es la prodigiosa cantidad de abreviaturas que se emplean en la lengua hablada, y que hacen dificilísima la audición para los extranjeros. Por lo demás, la lengua inglesa cuenta casi tantos dialectos como condados. Pueden citarse, entre otros, el cookn-y. el jowring y el northumbrien; pero ninguno de los dialectos se aleja de una manera sensible del idioma principal. Las diferencias consisten en una tendencia más pronunciada á las abreviaturas, en la conservación de cierto número de palabras anticuadas ó no usadas en otras partes, y en el empleo de algunos idiotismos locales. Pueden verse las obras siguientes: Peyton, History of the Englis lanquage, Londres, 1771; Henshall, The Saron ana English lanquages reciprocally illustrative of each other, Londres, 1798; Skinner, Etymologicon linquæ anglicane, Londres, 1671; Etymologicum anglicanum, Oxford, 1743; W. Lemon, English etymology, Londres, 1783; Bailey, Universal etymological English Dictionary, Londres, 1736; S. Johnson, Dictionary of the English lanquage, Londres, 1755, completado por Joord, Londres, 1818; Svalker, A critical pronouncing dictionary, Londres, 1791; Webster, Dictiomary of the English language, Londres, 1831; Lindley Murray, The English grammar, York, 1795; Siret, Eléments de la lanque anglaise, París, 1805; Edwid Guest, History of English rhythms, Londres, 1838. Además han sido publicados varios Diccionarios ingleses y franceses por Boyer, Chambaud Fleming, Tibbins y otros, y uno de Kelham de las palabras franco-normandas que se encuentran en la lengua inglesa. 21. Literatura.—Los primeros ensayos de la literatura inglesa, que había precedido á la de los anglo-sajones, datan del siglo xIi: á partir de esta fecha, un apreciable critico francés la divide en los siete períodos siguientes.—Primer periodo. La crónica rimada del monje Roberto de Glócester, desprovista de arte y de originalidad, indica, no obstante, la época en que la lengua empezó á formarse: esta obra no aparece escrita ni en sajón ni en francés, sino en inglés. Por este mismo tiempo, los poetas de la Gran Bretaña traducían ó imitaban á los trovadores; pero la poesía no llegó á tomar verdadero caracter hasta el reinado de Eduardo III. Las Visiones de Pedro el Labrador data del año 1362 y es la primera obra poética de alguna extensión y de cierta importancia que se encuentra en la historia de la literatura inglesa. Fué escrita por un sacerdote secular, Roberto Langland, quien se propuso hacer la sátira alegórica de las costumbres del clero y la sociedad laica de su tiempo; pero el escritor más grande del siglo XIV en INGLATERRA fué Chaucer, á quien se llamaba, en el estilo de la antigua critica, el padre de la poesía británica. En sus primeras obras imitó la forma alegórica de la Novela de la Rosa; después hizo un viaje en Italia y se inspiró en las producciones italianas, particularmente, en las de Boccacio. Su gran poema, los Cuentos de Canterbury, que contiene varios retratos de las costumbres contemporáneas vigorosamente trazados, y en el que emplea todos los tonos, desde el más familiar hasta el más sublime, está compuesto bajo el modelo de los celebrados Cuentos del citado autor italiano. Chaucer ha conservado el lugar más distinguido en la literatura inglesa, puesto que la critica moderna le coloca al nivel de Spencer y de Shakespeare. Al lado de su ilustre nombre, se cita alguna vez el del poeta Gower, de quien se tiene un poema intitulado: Confessio amantis. À esta primera época pertenecen el viajero Mandeville, que había visitado el Oriente, y John Wickliffe, profesor de teología en Oxford, los dos primeros fundadores de la prosa inglesa.—Segundo periodo (de 1400 á 1558). «La aparición de Chaucer en la historia de la literatura inglesa ha sido comparada á la de un hermoso día de primavera, que habiéndose anticipado prematuramente á la marcha regular de las estaciones, se ve luego reemplazado por los frios y las nieblas.» En efecto, después de Chaucer no se encuentran, por espacio de mucho tiempo, mús que escritores de segundo orden. En la poesía se citan á Lydgate, que hizo la historia de Tebas y la de la destrucción de Troya; á Roberto Henryson, que compuso algunas fábulas morales, y el conde de Surrey, soldado, viajero y poeta, el cual imitó la rima y la melodía de la poesía italiana y tomó á Petrarca por modelo. Surrey tuvo por rival á sir Tomás Wyatt, cuyas canciones y sonetos, á pesar de su afectación, no carecen de gracia ni de viveza. Los reinados más estériles de este período fueron los de Eduardo IV, Ricardo III y Enrique VII. Entre los principales prosistas aparecen: en el siglo XV, sir John Fortescue, que escribió un tratado político sobre la Diferencia entre una monarquía absoluta y una monarquía limitada, obra destinada á demostrar la supremacía de INGLATERRA sobre Francia; y después, bajo el reinado de Enrique VIII, el célebre Tomás Morus, autor de la Utopía y de varios escritos en los que se encuentran los primeros modelos de la bellísima prosa inglesa. Mientras que Tomás Morus defendia la fe católica, otro hombre de talento, Hugh Latimer, combatía en favor de los protestantes. El escritor más erudito de principios del siglo xvI fué Leland, discípulo de las universidades de Cambridge y de Oxford, y tan conocedor de las lenguas antiguas y modernas como de la suya propia. El movimiento literario que se produjo durante el reinado de Enrique VIII, tuvo un carácter esencialmente religioso, y su resultado más importante fué la publicación de varias traducciones de la Biblia, de las cuales la mejor se dió á luz en Witemberg bajo la inspiración directa de Lutero. Entre los escritores de esta época se cita á Roger Ascham, preceptor de la reina Isabel, el cual, en su Maestro de escuela, expuso sanas y elevadísimas ideas sobre la educacion.— Tercer pertodo (de 1558 á 1649). Constituye este periodo la edad de oro, el siglo de Augusto de la literatura inglesa. El estudio de las literaturas clásicas, la invención de la imprenta, la libertad con que se discutia sobre todas las cuestiones religiosas y el predominio de la filosofía de Platón sobre la de Aristóteles, dieron á los talentos de aquella época una fuerza y actividad singulares. La lengua se enriqueció de muchas voces importadas de la antigüedad, al mismo tiempo que el Renacimiento pasó de Italia y Francia á INGLATERRA. Algunos escritores ingleses tradujeron, no solamente las obras maestras de los griegos y de los latinos, sino también las de los italianos modernos y de los franceses. La lectura de la Biblia, traducida á la lengua vulgar y repartida con profusión en todas las clases de la sociedad, contribuyó poderosamente á aquel movimiento literario, exaltando las imaginaciones y proponiéndolas por modelos las bellezas sublimes de la poesía hebraica. Isabel dispensó toda su protección á las letras, y principalmente al teatro; y sus sucesores, Jacobo I y Carlos I, príncipes más literatos que políticos, continuaron la obra comenzada, coadyuvando con generoso ardor á los progresos de la literatura inglesa. Fuera de la escena, el nombre más glorioso entre los poetas fué entonces el de Spencer, autor de La Reina de las Hadas, poema caballeresco y alegórico. en que el rey Arturo desempeña el principal papel. El poeta, uniendo la alusión à la alegoría, designa bajo nombres convencionales algunos de los personajes más conocidos de su tiempo. La Reina de las Hadas fué acogida con singular entusiasmo por la nación inglesa, la cual admiró en ella el lujo de las imágenes y la melodía de la rima. Spencer es, en efecto, el más armonioso y abundante de los poetas descriptivos de INGLATERRA. Su imaginación no es menos vi

gorosa que la de Ariosto y del Tasso, sus modelos; pero la continuación de la alegoría hace la lectura de su obra menos agradable y más dificil de comprender que la Jerusalén libertada y el Rolando furioso. En una linea inferior á Spencer, figuran: Roberto Southwell, sacerdote católico, perseguido y encarcelado por sus creencias; Daniell, autor de tragedias, de poemas y de algunas piezas ligeras y agradables; Tomás Carew, poeta cortesano, inclinado á los cumplimientos oficiales y á los panegíricos, y Fairfax, el brillante traductor del Tasso. Pero las obras en que más sobresalió la poesía inglesa, en el siglo XVI, fueron las dramáticas. El teatro tuvo su origen en INGLATERRA, como en el resto de Europa, en los Misterios, apólogos ó sentencias morales de la Edad media. La primera comedia, propiamente dicha, que lleva el título de Ralph Royster Douster, es de N. Udall y data del reinado de Enrique VIII; la primera tragedia es la de Gorboduc ó Ferrex y Porrez, escrita por Sackville y Norton, y representada en Whitehall, en 1561, ante la reina Isabel. Antes de la aparición de Shakespeare, varios poetas dramáticos habían obtenido ya algunos triunfos en la escena. Entre ellos figuran: Lyly, autor del Fuphues ó de la Anatomía del espiritu; Kyd, autor de la Tragedia española, tan popular en un principio y tan ridiculizada más tarde por los escritores dramáticos; el satírico Nash, el delicado Greene, y Lodge, actor, poeta y médico. El más célebre de los predecesores de Shakespeare, es Cristóbal Marlowe: tres de sus obras, Eduardo II, tragedia histórica; el Judío de Malta, y principalmente, la Vida y la muerte del doctor Faustus, encierran, entre algunas exageraciones y bufonadas de mal gusto, bellezas admirables. El nombre de Shakespeare bastaría por sí solo para llenar la gloria literaria del siglo de la reina Isabel: es el poeta dramático, cuyo renombre se ha extendido más y disputado menos en el mundo. Shakespeare tomó sus asuntos de los noticieros italianos, de las leyendas de la Edad media, de las antiguas piezas inglesas, de las Vidas de Plutarco, traducidas por North, ó de las crónicas nacionales de Holinshed: Shakespeare escribió tragedias, comedias y piezas llenas de imaginación y de fantasía, que no pueden clasificarse en ningún género determinado. Sus mejores tragedias son: El Rey Lear, Hamlet, Otelo, Macbeth, Julio César, Ricardo II y Ricardo III; entre sus comedias, se citan en primer término: El Mercader de Venecia, Las alegres comadres de Windsor y Como usted quiera; entre las piezas puramente fantásticas, El Sueño de una noche de verano y La Tempestad. El gran mérito de Shakespeare consiste en la variedad y profundidad filosófica de sus concepciones. Puede haber obras más acabadas que las suyas, pero más vigorosas, no. Su estilo es desigual con frecuencia, grosero y afectado algunas veces; pero estos defectos desaparecen ante la abundancia de las imágenes y el brillo de su poesía alucinadora.

Shakespeare, que apareció en una época la más fecunda del teatro inglés, había tenido predecesores; tuvo en vida rivales, y el movimiento dramático del siglo, que no había empezado con él, no terminó tampoco con su muerte. El público inglés aplaudió al mismo tiempo que á Shakespeare, y aun después de éste, á Ben Johnson, el más sabio y clásico de los autores dramáticos de esta época, el cual compuso tragedias romanas y comedias regulares; Beaumont y Fletcher, cuyas tragedias se aproximan algunas veces á las de los maestros; Chapman, que tradujo á Homero y escribió para el teatro; Webster, autor de La Duquesa Amalfi y del Diablo blanco; Middleton, Marston y Massinger, cuyas obras se representan todavía en Londres; Ford y Tomás Heywood, que tenían el don de lo patético, y Shirley, cuya elegancia es muy renombrada. Este teatro tan poderoso fué brutalmente cerrado por la revolución de INGLATERRA, en 1642, y no volvió á abrir sus puertas hasta la restauración de los Estuardos. El número de prosistas que produjo este brillante período de la literatura inglesa, no fué menor que el de los poetas. El primero que aparece es Felipe Sidney, quien compuso, treinta años antes que Orfey publicara La Astrea, la célebre pastora de la Arcadia. Hooker está considerado en la Gran Bretaña como uno de los talentos más vigorosos que hayan escrito sobre la teología: Bacon ha fijado en el Novum organum las reglas del método experimental y abierto á la ciencia moderna un sendero que no había sido seguido desde Aristóteles. Pero el genio de Bacon era universal: su nombre famoso merece ser citado, no sólo como filósofo, sino también como hombre de Estado, como publicista, como orador, como jurisconsulto, como historiador y como moralista. La INGLATERRA no ha contado otro prosista mejor, debiéndosele considerar como el primero que hizo de la prosa inglesa una lengua tan concisa y enérgica como el latín. Sir Walter Raleigh, tan conocido por sus aventuras y por su inmensa fortuna, seguida de una terrible desgracia y de una triste muerte, creó, en su Historia del mundo, el género y el estilo históricos, que habian de inspirar después libros inmortales. En esta misma época distinguiéronse también muchos cronistas doctos y concienzudos viajeros, como Howell y sir Tomás Herbert; arqueólogos y anticuarios, como Guillermo Camden, y filósofos como Hobbes, que redujo la filosofía á la observación de los fenómenos sensibles, y la política al derecho del más fuerte. Entre los teólogos, pertenece el primer lugar á Jeremías Jaylon, á quien se ha Ilamado el Spencer y aun el Shakespeare de la teologia anglicana. Este gran escritor compuso, para las necesidades de la polémica del día, un gran número de obras de controversia, que es la porción menos importante de sus producciones. Sus escritos dogmáticos respiran mayor elevación moral, un gran deseo de conocer las verdades divinas y un desdén absoluto de las pasiones mezquinas que agitan á los hombres. Si se quisiera hacer el resumen de los caracteres generales de los prosistas de esta edad, se vería que lo que más domina en ella es la libertad de la composición y el amor de la antigüedad. Entonces no existían ni escuelas ni géneros determinados: muchos poetas escribían en prosa, y no pocos prosistas componían versos. Unos mismos talentos se ejercitaban en los asuntos más variados y más opuestos, al parecer, debiendo decirse que aquella época fué el siglo de los genios originales.—Cuartopertodo (de 1649 1689) Estos cuarenta años son el periodo de transición entre el siglo de Isabel y el de la reina Ana. Los grandes talentos que en él se distinguieron, no aparecen aún afiliados á ninguna escuela; ofrecen la misma originalidad y espontaneidad del tiempo presente, y, sin embargo, en manos de los últimos de ellos, la lengua se pule y toca á la perfección clásica. Entre los poetas, descuellan: Cowley, que sobresalió en la oda anacreóntica y cuya naturalidad y sencillez llegaron á hacerle popular; Waller, poeta de salón, elegante, gracioso y tierno, adulador de la república y de la restauración sucesivamente, y Denham, autor de un poema descriptivo escrito con soltura y excelente gusto. El nombre poético más grande de este periodo es el de Milton, el cual, antes de su Paraíso perdido, que es la única obra que de él conocemos, había ya escrito algunos poemas encantadores del género descriptivo: Comus, Lycidas, A llegro y el Penseroso. El estilo de Milton es clásico y pintoresco á la vez, modelado en el de los poetas trágicos de la Grecia, Ileno de imágenes y de vida. Su prosa nerviosa y extensa lleva el sello de las obras latinas, en las cuales está calcada, y cuyas inversiones y giros conserva en inglés. Samuel Butler adquirió al lado de Milton una celebridad que dura todavía, merced á la publicación de su poema burlesco Hudibrás. El teatro, cerrado por los puritanos, fué abierto por Carlos II; pero no llegó á representarse más que un pequeño número de las obras que habían sido ya juzgadas por el público antes de la república. El rey y los cortesanos, á su regreso de Francia, pusieron en moda, en lugar de las obras dramáticas de Shakespeare, tragedias heroicas, en versos rimados, imitadas del francés, pero escritas con una libertad de lenguaje que respondía á la relajación de las costumbres de la corte de INGLATERRA. La licencia de las obras dramáticas, que venian á ser una pura comedia de intriga, imitación de nuestro teatro, era tal, que ni aun hoy puede leerse ninguna de las piezas que Dryden com

puso para diversión y entretenimiento de los hijos de Carlos I. Este periodo habría sido de completa decadencia para el teatro inglés, si á él no pertenecieran las dos obras más patéticas que han sido representadas en la escena de la Gran Bretaña, la Huér fana y Venecia salvada, de Otway; de las cuales ha dicho un crítico «que habian hecho derramar más lágrimas que Romeo y Julieta y Otelo.» A la cabeza de los prosistas de esta época aparecen dos nombres: Milton y Dryden.—En la filosofía y en la politica siguen, después de Milton, Cowley, cuya prosa es tan sencilla como enfática su poesía; Algernon Sidney, autor de la obra intitulada Discursos sobre el gobierno, en favor de las ideas republicanas; Tomás Burnet, que dejó una Teorta sagrada de la tierra; sir William Temple, uno de los escritores que más han contribuido á los progresos de la lengua inglesa; y á quien se deben algunas Memorias, varias notas oficiales, una vasta correspondencia diplomática, unas misceláneas llenas de gracia y naturalidad; y por último, Locke, cuya filosofia, que explica todas nuestras ideas por la experiencia y los hechos derivados de la sensación y de la reflexión, fué introducida en Francia por Voltaire y desarrollada luego por Condillac.— La historia se halla dignamente representada en este siglo por lord Clarendon, quien ha relatado, en un estilo sobrio, la lucha de los realistas y de los republicanos, en la cual había el autor tomado una parte muy activa, figurando en las filas de los primeros.—La Iglesia anglicana nos ofrece también los nombres de algunos de sus más elocuentes predicadores y de sus más profundos teólogos: Stillingfleet, Sherlock, South y, sobre todos, Barrow y Tillotson. Los sermones de Barrow admiran por la profundidad y la fuerza de pensamiento; los de Ti Ilotson, escritos frecuentemente sin arte y en un lenguaje inculto, encantan, sin embargo, por la naturalidad del sentimiento y la elevación moral que en ellos campean. A la literatura propiamente dicha, se unen las obras de Fuller, de Walton, de Estrange y de Tom Brown. La lista de los escritores de este período puede terminarse con el nombre glorioso de un escritor que, desde la más humilde condición social, supo elevarse hasta las elevadas regiones del genio: Bunyan, el autor del Viaje del peregrino, la más popular de las obras que han sido escritas en lengua inglesa, sin exceptuar Robinsón Crusoé, y de la cual se habían hecho ya, en los comienzos del siglo xIX, más de cincuenta ediciones.—Quinto pertodo (de 1689 à 1727). En este período, que generalmente se designa con el nombre de Siglo de la reina Ana, imperó la escuela francesa: el carácter común que en él domina es el buen juicio, la corrección y la elegancia. Jamás la lengua inglesa ha sido empleada con más discernimiento ni escrita con más arte. Los poetas no tienen nada de la petulancia y desigualdad que distinguen á los escritores del siglo de Isabel: son claros, precisos, oportunos, siguiendo religiosamente las reglas del Arte poética, de Boileau. El primero, en fecha, es Prior, hombre politico, diplomático, representante de la corte de INGLATERRA en Versalles. Todo el tiempo que le dejaban libre sus trabajos oficiales, lo empleaba casi exclusivamente en escribir odas, canciones, epistolas, epigramas y cuentos: su versificación, fácil y armoniosa, esmaltada de imágenes brillantes y de pensamientos atrevidos, recuerda á Horacio, á quien tomó sin duda por modelo. Pope se aproxima más todavía al poeta latino, al cual se le puede comparar muy bien por la pureza del gusto y la sostenida elegancia de su estilo, siempre correcto y delicado. Es, sin disputa, el más clásico de los poetas ingleses. La escuela moderna le ha atacado con sañudo empeño; pero no ha conseguido destruir su fama ni arrebatarle el mérito de haber compuesto, en diferentes géneros, las obras más acabadas de la poesía inglesa. En su Bosque de Windsor, revela este poeta un sentimiento verdadero de las bellezas de la naturaleza; en su Epistola de Eloisa á A belardo, una sensibilidad exquisita; en su Ensayo sobre la crítica, un espíritu firme y seguro; en su Dunciade, el talento de la sátira; en su Ensayo sobre el hombre, el alma de un filósofo y de un sabio, y en todas sus composiciones, la imaginación y el estilo de un gran poeta. En la ópera y en la pastoral, especie de drama bucólico, obtuvo Gay un éxito que debió al donaire de su fácil estilo. La Ermita, de Parnell, que Pope llamaba una obra excelente, valió á su autor una popularidad merecida. Al lado de estos poetas queridos del público, consignaremos, como recuerdo, los nombres de Green, de la condesa de Winchelsea y de Sommerville.—La literatura dramática de este período sólo ofrece obras de segundo orden: en todos los escritores que trabajaban para el teatro, se nota la misma falta de inspiración. La prosa nos ofrece un género nuevo de literatura, que ha dado origen á la Revista moderna: el Ensayo, periódico semanal, consagrado á describir las costumbres nacionales ó á reproducir los rasgos más salientes de la naturaleza humana. Steele fué el fundador de este nuevo género, creando El Hablador; Addison, el periodista que más lo engrandeció, en su célebre Espectador. La influencia de los Ensayos fué igualmente favorable para la moral y la lengua.

Addison, particularmente, difundió por todo el país una infinidad de ideas sanas, al mismo tiempo que daba á la prosa una corrección y una pureza elegante, de que apenas se encuentran ejemplos en las épocas anteriores. En 1719, Daniel de Foe, uno de los escritores más fecundos de su tiempo, inauguró brillantemente la novela moderna con la creación de su popular Robinsón Crusoé.—En esta época, el género epistolar, que Cowper había ya empleado con éxito, fué cultivado por lady Montagú, esposa del embajador de INGLATERRA cerca de la Puerta Otomana, la cual ha dejado, de su viaje por Oriente, una serie de cartas poéticas y picantes.— La filosofia tuvo por representante á Shaftesbury, uno de los talentos más atrevidos del siglo XVII, autor de las Observaciones sobre la virtud y de una famosa epístola sobre el entusiasmo; y á Berkeley, creador de un sistema idealista, en virtud del cual los cuerpos no existen, pues sólo presentan á nuestras miradas una apariencia engañosa, semejante á la Mâya de los indios. A esta misma época pertenece el más grande erudito de INGLATERRA, Bentley, editor de Horacio, de Terencio y de Fedro.—En la teología, nos encontramos con el nombre del célebre doctor Clarke, adversario de Espinosa y de Hobbes, y corresponsal de Leibnitz.—Sexto periodo (de 1727 á 1780). Este fué, si no de los más grandes, de los más fecundos de la literatura inglesa, y en el que alcanzaron las letras mayores progresos en el pueblo, penetrando hasta en las clases inferiores de la sociedad. Blair compuso un poema intitulado El Sepulcro; Young escribió sus Noches, las cuales no respiran, como han creido algunos espíritus superficiales, la dulce melancolía del siglo XIX, sino que expresan el dolor acerbo de un alma herida. Thomson elevó en Las Estaciones el género descriptivo, por la nobleza del sentimiento moral, la viveza del patriotismo y el amor de la libertad, que animan sus escenas, copiadas de la naturaleza; y Collins dejó algunas églogas orientales y varias odas, notables por la brillantez del colorido más que por la novedad y la energía del pensamiento. Los Placeres de la imaginación, de Akenside, es un poema demasiado filosófico y abstracto, pero en él se respira la moral más pura; y las Odas pindáricas, de Gray, pueden compararse á los mejores fragmentos de poesía lírica que ha producido la literatura inglesa: su elegía del Cementerio ha sido vertida á todos los idiomas.—El teatro experimentó durante este período la influencia del gusto francés: la separación del género trágico y del cómico, que Johnson había ya indicado en tiempos de Shakespeare, quedó establecida como una de las leyes fundamentales del arte dramático. Este período fué infecundo en obras originales, pero el genio del actor Garrick supo dar vida y popularidad á las piezas que interpretaba.—Entre los prosistas del siglo XVIII, ocupan el primer lugar: Richardson, gran anatómico del corazón humano; Fielding, pintor sutil y verdadero de la sociedad y de la vida práctica: no pretende conmover el corazón, pero interesa vivamente el espíritu por la variedad y la exactitud de los cuadros que nos presenta; Smollett, poeta, historiador,

traductor y crítico ha dejado algunas novelas muy populares en INGLATERRA, que son mucho más estimadas que sus trabajos históricos; Sterne ejerció una grande influencia sobre el gusto de sus contemporáneos, y está considerado como uno de los más célebres escritores satíricos ingleses. A la escuela de este último pertenece otro escritor más delicado, aunque menos original y ameno, Enrique Mackenzie, autor de El Hombre sensible, de El Hombre de mundo y de Julia de Roubigné.—La historia está igualmente representada por grandes nombres en esta gloriosa época de la literatura inglesa, inspirada por el espíritu crítico y penetrante de la filosofía moderna y exornada con todas las galas del lenguaje. En 1754, apareció el primer volumen de la Historia de la Gras Bretaña, de Hume; obra que no ha alcanzado gran autoridad, bajo el punto de vista histórico, pero cuya claridad y galanura de estilo, así como el arte primoroso de las narraciones, la hacen interesante é instructiva.

Robertson, autor de la Historia de Escocia, no tiene el aticismo y el gracejo de su rival; pero es docto, erudito, de miras generosas y liberales, y llega á frisar en la elocuencia por la sinceridad y la elevación moral del sentimiento. A las cualidades comunes de estos dos historiadores, reunía Gibbon conocimientos mucho más vastos: en su Historia de la decadencia y de la caida del imperio romano abraza un asunto más grande que ninguno de sus predecesores, revelando en su desarrollo una extensión de talento que ni Hume ni Robertson alcanzaron.—Entre los filósofos encontramos el nombre de David Hume, el cual atacó la idea de causa y la relación de causa á efecto, creando un escepticismo de un género nuevo que nos reducía al nihilismo: Reid, adversario del anterior, aplicó el método de observación al entendimiento humano. El poeta Beattie tomó parte también en la lucha contra la escuela escéptica, pero sin cenirse á las rigurosas reglas de la lógica. A la escuela filosófica del último siglo pertenece también el estimado moralista y economista Adam Smith, el cual, en su Teoría de los sentimientos morales, explica toda la moral por la simpatía, y, en su Riqueza de las naciones, recomienda la división del trabajo y la libertad completa del comercio y de la industria.— La teología fué objeto de empeñadas disputas, en las que se desplegó gran lujo de talento y de ciencia. En el número de los teólogos, figuran, en primer término, Warburton, Whitefield, Wesley, el doctor Blair, más conocido como crítico que como autor de sermones, y el doctor Campbell, que escribió, en contestación á Hume, una Disertación sobre los milagros. Los literatos puros, que no pueden figurar en ninguna categoría determinada, constituyen una clase numerosa, á cuyo frente aparece Samuel John SOR, crítico enérgico y de sano juicio. — La elocuencia parlamentaria, que cuenta nombres tan celebrados como los de Chatham, Burke, Fox y Shéridan, no es de los géneros literarios menos gloriosos de esta época famosa.—Séptimo pertodo (desde 1780 hasta nuestros días).—Aquí empieza lo que generalmente se llama escuela romántica. El movimiento intelectual que anima en Alemania la critica, y las obras de Herder y de Gœthe, se comunica á INGLATERRA en el momento mismo en que la Historia de la poesía, de Warton, y de las viejas baladas nacionales, reunidas por el obispo Percy, afirman el imperio y la libertad nativa de la poesía inglesa. El resultado de este retorno á la inspiración espontánea de la Edad media, fué: subordinar el arte á los vuelos de la imaginación y desarrollar en los escritores el gusto de la fantasía, á expensas del método y de la medida, que eran los signos característicos de la edad precedente. El poeta que dió la señal de esta transformación de la poesía inglesa, fué Cowper, el cual pasó casi toda su existencia en la soledad: sus versos llevan impreso el sello de una melancolía religiosa que era el rasgo más saliente de su carácter. El creó, en algún modo, la nueva poesía lírica, en la que el alma, dilatándose por completo con sus más secretos impulsos, entra en comunicación con la naturaleza. El recibo de un retrato de su madre, el aspecto del campo en invierno, un paseo por el bosque, eran para él motivos de poesía intima, que los escritores de la escuela de Pope habrían positivamente desdeñado. Tal era el carácter de la nueva escuela. Despuës de Cowper, Darwin, escritor ingenioso y brillante, abuso tanto del estilo descriptivo, que sólo alcanzó una popularidad efimera. Gifford perteneció á otra escuela: erudito y satírico, conservó las tradiciones de Pope, y en su Baviade y su Maviade ridiculizó á los malos poetas de su tiempo. Crabbe fué uno de los escritores que mejor han descrito los paises de INGLATERRA; sus escenas marítimas son verdaderas y encantadoras. Samuel Rogers, en su mejor poema, Los Placeres de la memoria, se ocupa más bien en observar las evoluciones misteriosas de la inteligencia que en reproducir el aspecto movible del mundo exterior. La poesía de Wordsworth, el poeta más grande de la escuela romántica, después de Byron, es metafísica y descriptiva á la vez: divaga generalmente sobre las relaciones del hombre y de la naturaleza; pero no podría ser transportada á un idioma extraño, porque el encanto de sus expresiones pintorescas y la melancolía un tanto vaga de su imaginación, se evaporarían necesariamente al abandonar las hermosas tinieblas del claustro materno. Coleridge es también un poeta lírico renombrado en INGLATERRA; pero su estilo, tan adornado y recargado de imágenes, no siempre corresponde á la intensidad de la pasión que le anima y á la elevación de su pensamiento.— El arte dramático ha alcanzado en INGLATERRA una fortuna totalmente contraria á la de la poesía lírica; de suerte que, á medida que ésta se elevaba, aquél decaía. El procedimiento de los sentimientos personales, de los cuales era indicio infalible la invasión del lirismo, ahogó forzosamente el drama. Shéridan Knowles, el más feliz de los trágicos modernos, ha tratado los asuntos de Virginia, Cayo Graco y Guillermo Tell. En cuanto á la comedia, su reaparición en la escena fué debida al talento de Jorge Colman, autor de una infinidad de piezas populares.—En la prosa, la novela ocupa el sitio de preferencia como en el siglo anterior. La primera obra notable de este género, posterior al año 1780, es el Valtek de Backford, cuento árabe, que recuerda las graciosas ficciones de las Mil y una noches. El Fraile, de Lewis, producción extraña, pero originalísima, en la que se mezcla lo patético con lo maravilloso, ha obtenido un grande éxito y merece larga vida.

Godwin, publicista, moralista, biógrafo é historiador, expresa, en su célebre novela de Caleb Villiam, los sentimientos valientes y filantrópicos que inspira á aquellas almas generosas el espectáculo de los vicios del sistema social. Edgeworth ha descrito con delicadeza, en obras interesantes y morales, las costumbres de su pais. Pero todas estas celebridades quedan oscurecidas ante la gloria de Walter Scott, que supo elevar la novela á la altura del drama y del poema heroico. Este insigne escritor poseia en un grado eminente todas las cualidades del novelista: imaginación, sensibilidad, espíritu de análisis, finura, gracia y viveza de genio. Basta recordar los títulos de sus obras, Kenilworth, Los puritanos de Escocia, Ivanhoë, La prisión de Edimburgo, que serán siempre otras tantas joyas de la literatura universal. Despues de 1780, la ciencia histórica alcanzó en INGLATERRA los mismos progresos que en el continente: la Historia de Grecia, de Mitford, empezada en 1784 y concluida en 1810, ha sobrepujado á todo lo que anteriormente se habia escrito sobre el asunto.

Roscoë, muerto en 1831, dejó escritas la Vida de Lorenzo de Médicis y la de León X. Mackintosh y Lingard se consagraron al estudio de la historia natural. Hallam, por su Ojeada sobre el estado de Furopa en la Edad media y por su Iatroducción á la historia de la literatura en Europa, llegó á adquirirse una doble gloria de crítico y de historiador: la firmeza de sus juicios, la extensión de sus conocimientos y la gravedad y energía de su estilo, le colocan á la cabeza de los prosistas modernos. El coronel Napier ha escrito su Historia de la guerra de España con más imparcialidad que Alison su notable Historia de la Europa de 1789 á 1815.— Durante este último periodo de la literatura inglesa, la filosofia ha

estado gloriosamente representada por Dugald Stewart, cuyas obras se han hecho clásicas; por Brown, su sucesor en la cátedra de la universidad de Edimburgo, y por Mackintosh. Entre los autores de misceláneas literarias, sería injusto pasar en silencio los nombres de Hazlitt, crítico delicado, y de Isaac Israeli, autor de las Curiosidades de la literatura. En otro orden de ideas, Jeremías Bentham y Malthus se han conquistado igualmente una gran reputación; el primero, como moralista y jurisconsulto, y el segundo, como economista.— Terminamos este breve é imperfecto resumen histórico, consignando: que el carácter más notable de la actual literatura inglesa es el predominio de la prosa sobre la poesía, y en la prosa, la superioridad de la historia y de la novela sobre los demás géneros. Todas las celebridades poéticas se han visto eclipsadas por la fama del historiador Macaulay, así como por los brillantes triunfos de Dikens y de Thackeray.—Puede verse á Roberto Chambers, Cyclopedia of English literature; S. Johnson, Lifes of the poets; Warton, The history of English poetry; Horacio Walpole, Catalogue of the royal and noble authors of England, Londres, 1806; J.-G. Barlace, An historical shetch of the progress in knomledge in England, 1819; Nichols, Historia de la literstura inglesa, 1817-31; Gray, Historical sketch of the origin of English prose literature and its progresess, Londres, 1835; Hawkins, The origin of the English drama, Oxford, 1773; Campbell, Lifes of the poets; Ch. Coquerel, Histoire de la poesie anglaise, París, 1827; Allán Cúningham, Biographical and critical history of the British literature of the last fifty years, Paris, 1834; L. Mézières, Histoire critique de la litterature anglaise, París, 1841, 3 volúmenes. 22. Gobierno. — El de INGLATERRA es una monarquía hereditaria y constitucional. El soberano reune á la dignidad de magistrado supremo de la nación, la de jefe de la Iglesia: la primera, le da el derecho de convocar el Parlamento cuando las circunstancias lo exijan, declarar la guerra, hacer la paz, alianzas ó tratados de comercio, levantar tropas de mar y tierra, prorrogar, suspender ó disolver las Cámaras, nombrar á todos los empleados civiles y militares, y á las principales dignidades eclesiásticas; la segunda, le confiere el de convocar los sinodos nacionales y provinciales.— El rey confia el poder ejecutivo á doce ministros, que forman el Gabinete, á saber: el presidente del Consejo, el Gran Canciller, que preside la Cámara de los Pares, el Canciller del sello privado, el primer lord de la Tesorería, que es el primer ministro; el ministro de Hacienda, un secretario de Estado para los asuntos interiores, y otro para los exteriores y las colonias, el presidente de la oficina del Registro y del Comercio, el intendente de la Moneda y el primer lord del Almirantazgo ó ministro de Marina. Estos departamentos ministeriales y las administraciones que de ellos dependen, ocupan un número menor de funcionarios que en los demás países europeos, relativamente á la población, pero están mucho mejor remunerados. El poder legislativo se halla representado por el Parlamento inglés, el más antiguo de las asambleas legislativas de Europa. Se compone de dos cámaras: la de los Pares y la de los Comunes. Constituyen la primera 3 príncipes, 2 arzobispos, uno de ellos, irlandés; 20 duques, 22 marqueses, 138 condes, de los cuales, 28 son escoceses y 16 irlandeses; 28 vizcondes, 27 obispos, 112 barones y 11 pares. Se distinguen en cuatro clases: pares de INGLATERRA, de Irlanda, de Escocia y eclesiásticos: su número varía, según las vacantes por defunción y los nombramientos. La Cámara de los Comunes tiene un número determinado de 658 miembros: 471 por INGLATERRA, 29 por el pais de Gales, 53 por Escocia y 105 por Irlanda. De los 471 diputados que corresponden á INGLATERRA, 144 son nombrados por los condados, á por las universidades y 323 por las ciudades y villas. A los representantes de los condados se les designa con el nombre de haights of the shire, caballeros del condado. El Parlamento propone las leyes y los impuestos anuales; pero ni éstos son elevados á la categoría de ley sin la aprobación previa de las dos Cámaras, ni aquéllas adquieren fuerza ni valor alguno hasta después de recibir la sanción real. 23. Sistema electoral.— Según el Acta de reforma de 1867, que ha modificado el sistema electoral de INGLATERRA, todo habitante de las grandes villas (ciudades) que ocupe una casa á título de propietario, es elector, siempre que lleve un año de residencia y haya satisfecho la cuota municipal ó de pobres. Los enfiteutas, householders (jefes de familia), son electores después de un año de domicilio, y á condición de pagar personalmente la cuota municipal, y por el arrendamiento, un schelling y medio cuando menos (1 peseta 82 céntimos próximamente) cada semana. Los que se designan bajo la denominación de compund houscholders, deben satisfacer directamente la cuota que antes entregaban por conducto de sus landlords ó propietarios territoriales. En cuanto á los inquilinos parciales (lodgers), tienen el derecho de franquicia, siempre que justifiquen un año de residencia y paguen anualmente un alquiler de 10 libras esterlinas (243 pesetas). En los condados basta para ser elector poseer la propiedad de una tierra que produzca 5 libras esterlinas, ó de ocupar un inmueble, pagando 12 libras de alquiler ó arrendamiento, y estar sujetos á la correspondiente cuota de pobres. Las circunscripciones electorales han experimentado también alguna modificación, pues varias pequeñas poblaciones que, por sí solas, elegían en otro tiempo un representante, se ven hoy privadas de tal prerrogativa. Las ciudades de menos de 10.000 almas, sólo mandan un diputado al Parlamento. El número de los electores, después de la citada reforma, se evalúa en 1.440.000; de éstos, 750.000 corresponden á las grandes ciudades, de los cuales 450.000 son obreros. En INGLATERRA, la elección se hace levantando la mano; pero si el resultado es dudoso, se recurre al poll ó voto escrito. 24. Organización judicial.— La justicia está administrada en los condados por jueces de paz, elegidos entre los principales propietarios, y su número asciende en INGLATERRA y el país de Gales á más de 18.000; pero el título sólo es honorífico para algunos de ellos. Ejercen gratuitamente sus funciones, conferidas casi siempre á perpetuidad; y entienden en lo criminal y en lo civil. Su competencia civil está circunscrita, poco más ó menos, á los mismos límites que nuestros juzgados de paz; pero cuando se reunen en sesión trimestral, constituyen un gran jurado y su jurisdicción es mucho más extensa. La justicia civil está igualmente ejercida por los tribunales de los condados, especie de juzgados de primera instancia, compuestos de un solo magistrado inamovible. INGL TERRA está dividida en 8 circunscripciones judiciales, las cuales son visitadas cada seis meses por los miembros de los tribunales superiores de Londres, quienes presiden los jurados. En dicha capital existen además tribunales especiales, como el del Almirantazgo y el de Divorcios. La Cité tiene dos tribunales de policía, regidos por el lord corregidor y un aldermaz, cuyo último cargo equivale á nuestros regidores. Ciertas causas pueden elevarse en apelación ante la Cámara de los Lores. 25. Administracion comuxal. — El cuerpo municipal, totalmente reformado en virtud de una acta reciente del Parlamento, se compone de un alcalde y de varios regidores (alderman) y burgueses. Se comprende bajo esta última denominación, á todos los individuos que llevan tres años de residencia en la población y son dueños de una casa ó tienda, los cuales son llamados á elegir los concejales. Para ser elegible, es necesario poseer un capital de 1.000 libras esterlinas en las ciudades compuestas de cuatro barrios ó distritos (wards), y otro, de 500 libras, en las poblaciones menos considerables. El número de los concejales es proporcionado al de la población. 26. Marina y fuerzas militares.—La prosperidad de la navegación inglesa data del protectorado de Cromwel: una acta reservó exclusivamente á los buques nacionales el comercio de INGLATERRA y de sus colonias: las mercancías procedentes de los demás países no podían entrar en los puertos de la Gran Bretaña, sino bajo el pabellón inglés. La marina mercante ha sido desde entonces una grande escuela, de donde la marina militar ha reclu

tado los hombres más hábiles é intrépidos para cubrir las vacantes que dejaban en las tripulaciones así las victorias como las derrotas.—Componen la marina real inglesa 910 buques de toda clase, á saber: 312 de construcción moderna; 213 de construcción antigua; 90 torpederos de 1.a clase; 70 de segunda; 147 vapores y barcos de vela para servicios de estación y 78 vapores para servicios varios. Los 312 buques de construcción moderna suman 1.098.995 toneladas, con fuerza total de 2.245.500 caballos; tienen en conjunto 1.889 cañones de más de 10 centímetros, 955 tubos lanzatorpedos y 74.875 tripulantes. Los 213 buques de construcción antigua suman 480.923 toneladas, 338.000 caballos de fuerza, 998 cañones, 164 tubos lanzatorpedos y 34.342 tripulantes.—La defensa del territorio está confiada principalmente á las fuerzas navales; el ejército figura en segunda linea, á menos que el enemigo no amenace las costas, ó que el Gobierno intervenga en las guerras continentales. El reemplazo del ejército se hace por alistamientos voluntarios; y es necesario que una ley declare en peligro la patria, para obligar á un ciudadano inglés á empuñar las armas. El Parlamento fija el número de las tropas regulares todos los años. El reclutamiento de la marina se hace también por alistamiento, como en el ejército; pero, en tiempo de guerra, puede el Gobierno recurrir á los alistamientos forzosos ó presse (leva), la cual consiste en apoderarse de todos los individuos que parecen aptos para el servicio de la marina.—El efectivo del ejército permanente es de 253.675 individuos, de los cuales 132.005 prestan servicio en el Reino Unido y los restantes se hallan distribuidos en la India (73.162), Malta (10.682), Colonia del Cabo y Natal (8.733), Gibraltar (5.430) y Egipto (4.369). 27. Iastruccion pública.— El Gobierno británico no sostiene grandes establecimientos de instrucción; pero el país cuenta, sin embargo, muchas instituciones fundadas y asistidas por los particulares.—La enseñanza superior se da en nueve universidades, entre las que figuran: la de Oxford, fundada en el año 896; la de Cambridge, en 915; la de Londres, en 1826; la de Edimburgo, en 1852; la de Glasgow, en 1453; la de San Andrés, en 1411; la de Aberdeen, en 1494, y la de Dublín, en 1591. Los tres grandes colegios de Eton, Wéstminster y Winchester están destinados para preparar á los discípulos que deben seguir los cursos en las universidades. Los establecimientos de instrucción primaria han sido, en su mayor parte, creados por los particulares, ó por sociedades filantrópicas: la enseñanza es gratuita. Se distinguen las escuelas de párvulos; las de los domingos, que frecuentan sobre 2.000.000 de adultos, y las nacionales, en donde se sigue el método conocido con el nombre de enseñanza mutua. Con el importe de las suscripciones de particulares, se ha costeado también el Colegio del Rey, establecido en Londres; en casi todas las poblaciones manufactureras se han fundado, bajo la denominación de mechanic’s institutes (academias mecánicas), establecimientos para los artesanos, y los dissenters ó disidentes han erigido multitud de escuelas para los niños de sus correligionarios. El número de las academias é institutos científicos es considerable; especialmente, en los grandes centros de población, y los trabajos de algunos de ellos los han colocado en primera línea, entre las sociedades científicas de Europa: tales son, por ejemplo, la Sociedad Real de Londres, fundada en 1662, y la Sociedad Real de Edimburgo. El Gobierno no contribuye en nada al sostenimiento de estos centros de instrucción, costeados exclusivamente por las suscripciones voluntarias.—Las bibliotecas públicas son riquísimas en obras preciosas y se calculan en 900.000 los volúmenes que contienen. 28. Población y cultos.—La INGLATERRA, propiamente dicha, vendrá á ser como la mitad de la Prusia, la Noruega ó la Italia: la superficie de su territorio no está en proporción con el número de sus habitantes, con su poder y su riqueza. Su actual población es de 27.483.490 habitantes. —La división de esta población, según la diferencia de cultos, ofrece detalles de estadística extremadamente curiosos. Las prolongadas guerras civiles, de las cuales fué la religión, si no la causa, el pretexto, dejaron á los habitantes de las islas británicas divididos en varias sectas, enemigas irreconciliables las unas de las otras. Los anglicanos siguieron los ritos de la Iglesia episcopal de INGLATERRA, establecida por Enrique VIII, cuando éste se separó de la Iglesia romana, que era el culto dominante, la religión del Estado, la que poseía la autoridad y la riqueza. Los católicos constituyen el culto primordial y el de la mayor parte de la población irlandesa. Los disidentes forman tres categorías: la de los metodistas, especie de reformados anglicanos, que se han multiplicado prodigiosamente en INGLATERRA desde principios del presente siglo; la de los puritanos, que componen la población de Escocia, que fueron los más ardientes auxiliares de Cromwell y los que más contribuyeron al establecimiento de la república en INGLATERRA; la de los anabaptistas ó cuákeros, esparcidos por todas las islas británicas, los cuales cooperaron poderosamente á la fundación de las colonias inglesas, de que se formaron los Estados Unidos, y los judtos, que residen principalmente en INGLATERRA. La Iglesia anglicana posee en este reino sobre 9.860 parroquias: el personal de su clero se compone: de dos arzobispos, el de York y el de Cantorbery; de 25 obispos, que son los de Londres, Durham, Winchester, Bangor, Bath y Wells, Carlisle, Chester, Chichester, Ely, Exeter, Glócester y Bristol, Herefort, Lichfield, Lincoln, Llandaff, Mánchester, Norwich, Oxford y Peterborough, Ripon, Róchester, Salisbury, Stasaph, Sent-Davids, Wórcester, Sodor y Man. El número de los ministros del expresado culto se calcula en 20.000; sus rentas, en 222.500.000 pesetas próximamente; la dotación de cada eclesiástico, en más de 11.000 pesetas.—Los prelados mejor retribuídos, son: los de Durham, que poseen sobre 576.000 pesetas de renta; los de Cantorbery, 500.000; los de York, 336.000. Los menos ricos, son los de Sodor y de Man, cuya renta apenas excede de 55.000 pesetas. Los rectores de las parroquias están menos retribuidos que el alto clero: la mayor parte de ellos sólo perciben 2.000 pesetas. Los ministros disidentes ni tienen rentas ni honorarios, por cuya razón están atenidos á los donativos voluntarios de sus feligreses. Desde el reinado de Enrique VIII, los soberanos de INGLATERRA vienen ejerciendo la doble autoridad temporal y espiritual; son los jefes supremos de la Iglesia y los que disponen ú ordenan los ayunos, las oraciones y los que confirman los nombramientos de los prelados. La celebración del domingo se observa en INGLATERRA con una religiosidad de que no se conoce ejemplo en ningún otro país. Así sucede que en dicho día no se abren los teatros, ni se baila, ni aun se juega en las casas particulares, llegando esta rigidez hasta el extremo de imponer multas al que se arriesga á cantar ó tocar algún instrumento. Londres, en un día festivo, más que una ciudad, parece un campo santo. 29. Propiedad territorial. — La nobleza inglesa es la menos numerosa y la más rica del universo: no cuenta otros privilegios que los que van unidos á su calidad de propietaria y á la dignidad de pares, ni está exenta del pago de los tributos. Algunos lores disfrutan una renta que supera con mucho á la que figura en los presupuestos de varios soberanos de otros países: la casa de Sutherland posee en Escocia una superficie de 400.000 hectáreas, ó sea I.168 kilómetros cuadrados. La propiedad daba, no hace mucho, sólo en la Gran Bretaña, un total de 22.668.000 hectáreas de tierra y 2.511.994 casas habitadas é inhabitadas: el número de los propietarios apenas ascendía á 600.000. Por consecuencia, cada propiedad representaba, por término medio, 40 hectáreas y á fincas. Se cuenta un propietario de tierra ó de casas por cada 24 habitantes; un propietario rico por cada 350 personas, y un propietario acomodado por cada 33. Contrariamente á lo que sucede en otros países, las propiedades medianas son más numerosas que las pequeñas, y estas últimas no forman más que una 125. parte de la población. Con razón, pues, se dice que INGLATERRA es la nación más rica de Europa y la que

encierra mayor número de gentes miserables. 30. Monedas.— La quinea, moneda de oro, vale cerca de 25 pesetas 75 céntimos: la corona ó cromm, de plata, se divide en cinco schellines, cada uno de los cuales equivale á l peseta 25 céntimos: el schellin se subdivide en 12 peniches ó dineros. La libra esterlina vale aproximadamente 24 pesetas 25 céntimos. 31. División política.—La INGLATERRA y el país de Gales, incorporado á ésta en 1285 por Eduardo I, contienen juntos 52 shires ó condados: 40, la primera, y 12, el segundo; 6, están situados al Norte; 10, al Mediodía; 18, en el centro; 6, al Oriente, y 12, al Occidente. Los condados del Norte son: Northumberland, Cumberland, Wetsmoreland, Durham, York y Láncaster: sus capitales respectivas, Newcastle, Carlisle, Appleby, Durham, York y Láncaster.—Condados del Mediodia: Sommerset, Wilt, Berck, Surrey, Kent, Cornwall, Devon, Dorcet, Southampton y Sussex: capitales, Bath, Salisbury, Reading, Guilford, Cantorbery, Launceston, Exeter, Dorchester, Winchester y Chichester.— Condados del centro: Chester, Derby, Nottingham, Lincoln, Stafford, Léicester, Rutland, Shrop, Worcester, Warmich, Northampton, Huntington, Hertford, Monmouth, Glôcester, Ox ford, Bed ford y Búchingham: capitales, Chester, Derby, Nottingham, Lincoln, Stafford, Léicester, Oaklam, Shrewsbury, Wórcester, Warwich, Northampton, Huntington, Hertford, Monmouth, Glócester, Oxford, Bedford y Búckingham. Condados del Oriente: Nor folk, Cambridge, Suffolh, Here ford, Essex y Middlesex: capitales, Norwich, Cambridge, Ipswich, Herfort, Cólchester y Londres.—Condados del Occidente ó del país de Gales: Anglesey, Caernarvon, Denbigh, Flint, Merioneth, Montgomery, Cárdigan, Radnor, Pembrohe, Caermarthen, Brecknock y Glámorgan: capitales, Beaumaris, Caernarvon, Denbigh, Flint, Dolgelly, Montgomery, Cárdigan, Radnor, Pembroke, Caermarthen, Brecknock y Cardiff. 32. Poblaciones.—Las más notables del reino que se describe, son: Londres, capital (véase en la letra respectiva).—A corta distancia de aquélla, se halla Windsor, sobre el Támesis, residencia ordinaria de lacorte, con 13.000 habitantes (población aproximada), hermoso palacio con magnífica capilla y parque.—Birmingham, con 240.000 almas, considerada como el inmenso taller del reino por sus grandes fábricas de armas, sus joyerías, máquinas de vapor y gran comercio en quinca Ila.—Liverpool, ciudad grande y hermosa, eminentemente mercantil, situada en la embocadura del Mersey, con 440.000 habitantes, vastísimos astilleros, buenas fábricas de maquinaria, muchos establecimientos científicos, soberbios edificios, gran centro manufacturero, el primer depósito de algodón y el segundo puerto del mundo por su activo y extenso comercio. Para que nuestros ilustrados lectores puedan concebir una idea del movimiento vertiginoso de Liverpool, bastará decir que los buques que frecuentan su puerto anualmente, representan más de 6.000.000 de toneladas.—Mánchester, ciudad populosa del condado de Láncaster, asentada sobre el Irwel, con más de 400.000 almas, y el mayor centro de la industria algodonera que se conoce en el globo, rodeada de poblaciones con excelentes fabricas de seda y maquinaria.—Leeds, centro de los hilados de lanas, de la fabricación de paños y primer mercado de estos artículos en el reino, situada en el condado de York, con 190.000 habitantes.—She ffield, con 140.000 y buenas fábricas de obras de acero y de máquinas de vapor.—Plymouth, asentada sobre la costa en el condado de Devon, entre las embocaduras del Plym y del Tamar, con 100.000 almas, puerto militar, quizá el más considerable de INGLATERRA, arsenal y fortificaciones. — Brístol, ciudad limpia, hermosa, bien edificada y la más mercantil después de Londres, con 160.000 habitantes, vastos establecimientos para construir locomotoras y vapores, industria, universidad, baños termales y magnífico puerto.— Greenrich, en las cercanías de Londres, con 80.000 almas, espacioso astillero, hospital para la marina y el principal observatorio astronómico del reino.—Portsmouth, en la costa meridional y condado de Southampton, frente á la pequeña isla de Wigth, con 80.000 habitantes, principal departamento de la marina inglesa, plaza de las más fuertes del Reino Unido y puerto de los más extensos, más seguros y mejores del Océano.—Bath, con 60.000 almas, fábricas de papel y famosos baños termales muy concurridos.—Ox ford, capital del condado de su nombre, ilustre y célebre por su docta universidad, con 35.000 almas, multitud de colegios, bibliotecas y gabinetes de curiosidades. — Pork, ciudad lindísima, antigua mansión de emperadores romanos, situada sobre el Ouse, con 40.000 habitantes, y una catedral, que es de los mejores edificios góticos de INGLATERRA. — Hull, sobre la orilla izquierda del Humbert, en excelente situación para el comercio, que hace con todos los países del mundo, con 100.000 almas y el primer puerto del reino para la pesca de la ballena.—Southampton, con 45.000 habitantes, extraordinario comercio en vinos franceses y principal estación de los vapores que hacen la carrera de América y de las Indias orientales.—Súnderland, con 140.000 almas, numerosa marina mercante, activo comercio, abundantísimas minas de carbón, espacioso puerto y un elevado puente sobre el Wear.—Cambridge, con 36.000 habitantes, célebre universidad y buenas bibliotecas.— Derby, con 50.000 almas, fábricas de loza y china.—Chester, situada sobre el Dee, con 30.000 habitantes, notable por su canal y exquisito queso.— Nottingham, capital del condado de igual nombre, con 70.000 habitantes, considerada como el principal depósito de las mejores medias de seda, de lana y de algodón.—Caermarthen, capital del principado de Gales, con 10.000 almas, en cuya comarca se encuentran las notables minas de estaño de Cornuailles y las de hierro de Merthyr-Tydvil. 33. Historia.—Por los años 55 antes de la era cristiana, conquistaron los romanos la INGLATERRA y una parte de la Escocia. Esta grande isla hallábase entonces habitada por los caledonios, que ocupaban el Norte, y los bretones, el Mediodía, quienes habían conservado los hábitos de la Galia céltica. El retrato que César y Tácito nos han legado de estos pueblos, recuerda á los naturales de la América septentrional. Julio César dió la primera descripción auténtica del pais que nos ocupa, al cual se trasladó, después de la conquista de las Galias, sin que obtuviera grandes resultados. A principios del siglo v abandonaron la isla las legiones romanas; pero quedaron sus moradores sujetos á las correrías de los pictos y scotos del Norte, y en 449 viéronse obligados á reclamar el auxilio de los pueblos de la baja Sajonia, denominados angli, anglos y sajones, los cuales, so color de amigos y de aliados, arrojaron á los pictos del territorio, y haciendo luego lo propio con los bretones, se apoderaron del país, lo dividieron en siete pequeños estados, y tomando sus respectivos jefes el titulo de rey, viéronse entonces elevarse otros tantos reinos, unidos entre sí por una confederación política, conocida en la historia con la denominación de heptarquía, la cual duró hasta principios del siglo iX. Por esta época (827), fueron reunidos estos siete reinos en uno solo, y quedó fundada la monarquía inglesa bajo el cetro de Egberto, rey de Wessex, el cual dió á todo el territorio que abarcaban sus dominios, el nombre de Angleland (tierra de los anglos), de donde se deriva la denominación moderna England, que los españoles traducimos por INGLATERRA. Eran los anglos una tribu de suevos, pueblo de raza germánica; habitaban el Schleswig, entre el Báltico y el mar del Norte; se establecieron principalmente en el Northumberland, que comprendía toda la parte septentrional del Humber y la meridional del Jorth, é importaron de la Germania los principios de organización social y politica. Alfredo el Grande intentó en vano introducir luego los reglamentos administrativos de Carlomagno, sin que sus sucesores alcanzaran resultados más felices en su oposición con el espíritu de libertad que animaba á supueblos. En 1014 fue conquistada por Suenón, rey de Dinamarca, y en 1066 ciñó la corona Guillermo de Normandía, llamado el Conquistador; fijó la división geográfica actual y fundó el feudalismo, pero sin poder destruir la antigua base de la organización so

fNatn cial anglo-sajona, que aun subsistía en el espíritu del pueblo inglés. Desde el año 1100, Enrique I, hijo de este último monarca, se vió forzado á reconocer los derechos de las ciudades y municipios, concediendo á sus vasallos la Magna Carta, primer fundamento de la Constitución inglesa: este pacto político, entre el pueblo y el soberano, reconocía la necesidad de una Asamblea nacional, el derecho exclusivo y absoluto de autorizar el impuesto, la garantía del juicio ó fallo de los pares y de la observancia de ciertas formas legales en todo procedimiento criminal. Bajo las dinastías de los sajones, la Asamblea nacional, ó Witenagemat, se componía de prelados, de abades ó clérigos, de aldermaz y de jueces: bajo las de los normandos, la constituyeron exclusivamente los jefes de la Iglesia y del ejército. En 1215, los condados, las ciudades y los municipios arrancaron á Juan sin Tierra una nueva confirmación de la Magna Carta; pero este monarca, después de haberlo prometido á los barones revoltosos, se hizo relevar de su juramento por el Papa, el cual declaró la Carta ilícita é inicua, anulándola y prohibiendo su observancia bajo pena de excomunión. Los barones entonces acudieron á las armas y elevaron al trono á Enrique III, quien confirmó la Magna Carta, en 1265, con grandes modificaciones; en 1272, fué sancionada por Eduardo, y los miembros del Parlamento alcanzaron una sentencia de excomunión contra quien quiera que violara el pacto fundamental.

Parece, sin embargo, dice un historiador, que estas precauciones no inspiraban gran confianza, puesto que el Parlamento exigió repetidas veces de los soberanos de INGLATERRA la ratificación y confirmacion de aquel gran código político, á saber: cuatro veces á Enrique III, quince á Eduardo III, siete á Ricardo III, seis á Enrique IV, y una á Enrique V. Merced á esta noble y valiente perseverancia, quedó establecido el principio fundamental de la Constitución inglesa, de que «ningún impuesto sería reclamado sin previo consentimiento del común consejo del reino.» 34. Dinastías.—Las dinastías que se han sucedido hasta el día de hoy en IXGLATERRA, son once: las de los sajones y Plantagenets, que duraron de 200 a 250 años, y las de los Tudors y de la casa de Brunswick, que reinaron durante más de un siglo. Después de la dinastía sajona, la de los Plantagenets ha sido la que mayor número de reyes ha dado á INGLATERRA. Durante este largo período, el gobierno inglés experimentó profundos cambios y grandes vicisitudes. Las guerras sangrientas y luchas civiles que, desde largo tiempo, venían perturbando al país, llegaron á su colmo por la competencia de las casas de Láncaster y de York, que se disputaban la corona con empeño, dividiendo á la nación en los dos famosos bandos de la rosa blanca y la rosa encarnada, por los años de 1461; Enrique VIII produjo un cisma, en 1534, separándose del gremio de la Iglesia romana: su hija Isabel elevó la INGLATERRA á un grado de poder extraordinario é hizo importantes adquisiciones en Ultramar; pero manchó su gloriosa historia y su grande genio, haciendo morir en un cadalso, en 1587, á su prima María Estuardo, reina de Escocia. El secreto del gran poder de INGLATERRA no empezó á ser conocido hasta el reinado de aquella princesa. Isabel fué llamada al trono en el instante mismo en que la reforma religiosa arrastraba tras sí á todos los espíritus; se puso al frente del movimiento, y hábil en sacar todo el partido posible de la Constitución inglesa, tuvo el singular talento, el raro tino, de gobernar despóticamente sin herir los instintos de la nación. Restableció el poder de las leyes, introdujo el orden en la Hacienda, dió nuevo impulso al comercio y á la marina, armó una flota para que diese la vuelta al mundo, envió colonias á las dos Indias y echó los cimientos de aquella poderosa compañia comercial que conquistó después todas las comarcas que fertilizan el Ganges y el Indo, fundando de esta suerte el pueblo más rico del globo. Su sucesor, Jacobo VI, rey de Escocia, proclamado soberano de INGLATERRA bajo el nombre de Jaime I, reunió las dos coronas que el interés común debió colocar, desde largotiempo, sobre unas mismas sienes. Bajo el reinado de este príncipe alcanzó el comercio exterior un alto grado de prosperidad; pero la paz del reino se vió turbada por una profunda revolución á que dieron margen la debilidad y tendencias despóticas de su hijo Carlos I, el cual, condenado por los jueces partidarios de Cromwell, fué decapitado en 1619. Con el dictado de protector, gobernó Cromwell el reino, bajo cuyo mando adquirió la marina inglesa un poder extraordinario, que será siempre un título de gloria para aquel astuto y terrible hombre de Estado. Restablecida la monarquía, subió al trono Carlos II, quien, sabiamente aconsejado por Clárendon, protegió el comercio y la agricultura, y fundó la Sociedad Real de Londres; pero comprometió luego los intereses de INGLATERRA, uniéndose á Luis XIV para destruir el poder de Holanda, y su sucesor, Jaime II, arrojado del trono por la doble influencia de la Iglesia anglicana y de la aristocracia, vió después decretada la corona en favor de su yerno Guillermo, príncipe de Orange. El Parlamento, instruido por la experiencia del pasado, redactó el bill of right ó petición de derechos, que restringía el poder real y encargaba á las Cámaras la vigilancia de los gastos públicos. Durante el reinado de Ana, hija de Jaime II, Terranova, la bahía de Hudson, Menorca y Gibraltar fueron reconocidas como posesiones inglesas. En 1714, con arreglo al acta de sucesión, la casa de Brunswick suministró á la Gran Bretaña una nueva dinastía. Los reinados de Jorge I y de Jorge II tuvieron que luchar contra las usurpaciones del príncipe Carlos Eduardo. Elevado al trono Jorge III, en 1760, firmó en 1763 el tratado que aseguraba á INGLATERRA el Canadá, la isla de Francia, el cabo Bretón, la Dominica, la Granada, Tabago, San Vicente y una parte del Senegal; pero estas conquistas habían agotado el Tesoro público, cuya deuda llegó á elevarse á la considerable suma de 3.552.000.000 de francos. Para atender al pago de esta enorme cantidad, se aumentaron los impuestos, los cuales hirieron de una manera especial á las colonias de la América del Norte, que, hasta entonces, habían disfrutado el derecho de determinarlos en sus asambleas provinciales. Los diputados anglo-americanos rechazaron el impuesto votado por el Parlamento inglés, y, reunidos en congreso nacional, publicaron la célebre declaración en virtud de la cual las colonias coaligadas se erigían en Estados libres y soberanos, bajo la denominación de los Trece-Estados Unidos. Mandados por Wáshington y auxiliados por la Francia, consiguieron los anglo-americanos emanciparse para siempre del yugo de la metrópoli. Como si intentara indemnizarse de la pérdida de la América del Norte, conquistó la INGLATERRA la mitad de los Estados de Tipoo-Saëb, en la India, y echó de este modo los fundamentos de la más rica de las siete colonias. En el interior, la tolerancia religiosa hizo grandes progresos; el derecho de los jurados, en materia criminal, quedó establecido, y la abolición de la esclavitud proclamada. Cuando estalló la revolución francesa, sus principios fueron acogidos con verdadero entusiasmo en las reuniones políticas; pero el partido tory, recuperando en el acto todo su imperio, organizó contra la Francia, en 1793, la primera coalición, terminada por el tratado de Amiens, en 1802. Una nueva coalicion, llevada á cabo en 1805, bajo los auspicios de INGLATERRA, dió por resultado la caida del imperio francés y el restablecimiento de la casa de Borbón. 35. Resumen histórico.—El feudalismo duró en INGLATERRA desde 1066 á 1485, bajo los reinados de veintitrés reyes; el despotismo, desde 1485 á 1641, bajo el mando de siete monarcas; la república y el protectorado, desde 1641 á 1660, y el gobierno representativo, desde 1668 hasta nuestros dias.—He aquí ahora el cuadro de los soberanos que han reinado en la Gran Bretaña, desde la invasión normanda: Guillermo el Conguistador subió al trono en 1066; Guillermo II, en 1087; Enrique I, en 1100. Esteban, en 1135; Enrique II, en 1154; Ricardo I, en 1189; Juan sin Tierra, en 1199 Enrique III, en 1216; Eduardo I, en 1272; Eduardo II, en 1307; Eduardo III, en 1327; Ricardo II, en 1377; Enrique IV, en 1399; Enrique V, en 1413; Enrique VI, en 1422)

fGt Eduardo IV, en 1461; Eduardo V. en 1483; Ricardo III, en 1483, Enrique VII, en 1485; Enrique VIII, en 1509; Eduardo VI, en 1547; la reina María, en 1553; Isabel, en 1558; Jacobo I, en 1603; Carlos I, en 1625; república y protectorado de Cromwell, desde 1641 á 1660; Carlos II, en 1660; Jaime II, en 1685; Guillermo III y María II, en 1689, la reina Ana, en 1702; Jorge I, en 1714; Jorge II, en 1727; Jorge III, en 1760, Jorge IV, en 1820; Guillermo IV, en 1830; en 1837, Victoria I, y en 1901, Eduardo VII, que actualmente reina. 36. Etnogra fía. — La palabra inglés recuerda uno de los pueblos más grandes del mundo, y viene á ser como sinónima de nacionalidad, de actividad mercantil, de industria, de riqueza y de fastuosidad. Estudiada etnográficamente, la nación inglesa se halla muy lejos de ofrecer la homogeneidad de raza que á primera vista presenta. Los descendientes de los antiguos anglos y sajones, es decir, de los ingleses de pura raza, forman una familia tan bien proporcionada como vigorosa. Los galos, que habitaban la comarca, á la cual dieron su nombre, han conservado, sin mezcla alguna, el tipo bretón: son menos rudos y francos que los descendientes de los anglos; pero más afables y muy corteses con los extranjeros. Estos tipos, estas diversidades de razas, tienden á perderse, ó mejor dicho, á confundirse en la gran nacionalidad inglesa. Con todo, en el suelo británico, más que en ninguna otra comarca de Europa, las tradiciones se hallan profundamente arraigadas; las costumbres tienen allí fuerza de ley, y un hombre de Estado, sea cual fuese su influencia, no osa jamás atacar de frente los usos de los tiempos antiguos. A principios de este siglo, un famoso escritor francés, Châteaubriand, trazó, en su Genio del Cristianismo, el siguiente retrato: « El pueblo inglés, mezcla de sangre alemana y de sangre francesa, descubre por todos conceptos su doble origen. Su gobierno, formado de trono y aristocracia; su religión, menos pomposa que la católica, y más brillante que la luterana; su soldado, tardo y activo á la vez; su literatura y sus artes, su lengua, sus ímpetus, y hasta las formas de su cuerpo, todo, en fin, participa de los dos orígenes de que procede. A la sencillez, á la calma, al buen sentido, á la lentitud germánica, reune la brillantez, la ira, la sinrazón, la vivacidad y la elegancia del carácter francés. Los ingleses tienen el espíritu público: los franceses, el honor nacional.» Los hombres y las cosas, añade otro escritor francés, han cambiado mucho desde entonces: en nuestros dias, la cualidad más dominante del carácter inglés es ese orgullo indomable que le arrastra á acometer las empresas más difíciles. «Este pueblo se considera superior en todo á las demás razas que pueblan la tierra. Cuando dice: soy inglés, cree haber dicho: «soy todo lo que se puede ser en este mundo.» Añadamos, empero, que las costumbres inglesas van despojándose paulatinamente de su repugnante exclusivismo y que, si se encuentran todavía en INGLATERRA la gravedad y la flema tradicionales, se observa también al mismo tiempo una marcadísima tendencia hacia el nuevo espíritu de sociabilidad; aunque el carácter nacional, absorto en si mismo, se resista aun al sentimiento de efusión humana. Desde los comienzos del presente siglo, el inglés ha viajado mucho por el continente, de tal modo, que así se le halla en los Alpes y en los Pirineos, como en las alturas del Tibet y del Himalaya. Franco y leal, poco exigente bajo el punto de vista de los cumplimientos, el inglés ha venido á hacerse un huésped bastante cómodo, por consecuencia de su contacto con los pueblos del continente, y, sobre todo, del francés. Pero no es en el extranjero donde hay que estudiar el carácter, las costumbres, los hábitos, el tipo de una nación: dibujemos, pues, con el citado autor, el retrato del inglés en sí, en su ciudad de Londres, en sus condados, en sus ciudades, en sus villas, en sus cortijos.—La sociedad inglesa, asentada todavía sobre la base del feudalismo, presenta tres categorías diferentes: la aristocracia, el estado burgués ó clase media y el pueblo. La aristocracia goza todavía de una parte de los privilegios de la Edad media; casi todos sus lores tienen la pretensión de descender de los gentilhombres normandos que acompañaron á Guillermo el Conquistador, y no obstante, según algunos genealogistas, es muy dudoso que lord John Russell mismo, ese Montmorency de INGLATERRA, descienda de los Roussel normandos. Byron, el gran poeta Byron, decía también con orgullo que sus antepasados pertenecían á la raza conquistadora. Sin descender á investigar el fundamento de estas romancescas pretensiones, diremos solamente que la mayor parte de los lores ingleses descienden de comerciantes, de industriales ennoblecidos, sin contar que algunos son hijos de sus obras. Roberto Peel y lord Brougham se han creado á sí mismos sus titulos nobiliarios. La nobleza inglesa ha tenido siempre el buen talento de reclutar entre las capacidades y celebridades del estado burgués. Tan luego como un industrial, un mercader, un abogado ó un médico ha adquirido bastante fortuna para comprar una villa, es decir, para hacerse elegir miembro de la Cámara de los Comunes, toma asiento en el Parlamento; y si llega á ser un buen orador, un hombre de Estado distinguido, bien pronto se le concede un escudo de armas y un blasón, y al hacer su entrada en el mundo aristocrático, se le recibe como si realmente descendiera del mismo Gui Ilermo el Conquistador. Los lores son los hacendados, los enfiteutas, esto es, los señores del suelo nacional, y reciben el sudor y la sangre de sus vasallos, mientras que los lores eclesiásticos reciben el diezmo. Puede afirmarse que las excesivas riquezas del clero anglicano, como las excesivas de la aristocracia británica, han de ser la causa infalible de la común ruina. El sistema que pone en manos de veinte señores feudales el terreno de la inmensa ciudad de Londres, no tiene títulos para ser más estable que el sistema de la usurpación. Lo cierto es que, segun dice la historia de todos los pueblos, una riqueza tan fastuosa, una opulencia tan desmedida, es el enemigo más formidable de los hombres. La clase media inglesa es, ante todo, comerciante é industrial: separada de la aristocracia por una línea de demarcación hasta hoy infranqueable, se ha mostrado en todo tiempo favorable á los movimientos populares que han estallado en las naciones vecinas. La Cámara de los Comunes, en la cual toman asiento sus representantes directos, es el centro, el foco real del gobierno, del poder, de la nacionalidad: en esta Cámara es donde se han formado todas las celebridades políticas y hombres de Estado, á quienes debe INGLATERRA sus libertades constitucionales. El pueblo, es decir, la clase obrera de las ciudades y de los campos goza de toda la plenitud de la libertad individual: la ley le protege, como á los lores y á los burgueses; pero estas dos últimas clases le tratan con cierto desdén, el cual ha inspirado á un viajero francés las siguientes frases: «en INGLATERRA, el obrero está mejor retribuído; en Francia, más considerado.» Y así es, en efecto: en INGLATERRA, el precio de los salarios es más elevado que en Francia; pero el obrero se halla, en cierto modo, reducido al estado de paria indio; la sociedad, con asegurarle el precio de su trabajo, cree haber cumplido todos sus deberes. Así se ve el aspecto triste y desconsolador que ofrecen las calles de Mánchester, de Birmingham y aun de Londres, cuando las fabricas arrojan aquellas oleadas de millares de obreros sucios, andrajosos, embrutecidos por el abuso de los licores fuertes. Debemos hacer constar, sin embargo, la solicitud con que el Gobierno ha procurado en todo tiempo mejorar la existencia material de los artesanos, y así sucede que casi todos los artículos que constituyen el principal alimento de las clases populares se hallan exentos de pago de derechos. La aristocracia inglesa quiere, ante todo, que el trabajador est alimentado, pero nada más. La bestia de carga debe tener fuerza para trabajar, llevando á la casa del amo su utilidad y su granjería. Quien no ve el peligro de este régimen, está ciego, porque es claro que llegará una hora en que la bestia conocera que es hombre y arrojará la carga.—Elinglés, observado y estudiado en el hogar doméstico, en la familia, presenta tam

bién un tipo y un carácter que le son propios. El derecho de primogenitura existe alli en toda su extensión; la propiedad es en algún modo inalienable; desuerte que, para comprar una tierra, es necesario comprar también el título á la cual va casi siempre unido. Si un lord ó un opulento hacendado tiene hijos varones, así que éstos van cumpliendo la edad de 21 años, los llama y les dice: «Tú, que eres el primogénito, heredarás mis títulos y todo lo que yo poseo, así lo quiere la ley inglesa; tú, que eres el segundo, serás militar, yo te compraré un grado en el ejército; tú, que eres el menor, irás á Calcuta ó á otra posesión británica, yo te daré una pacotilla, harás tus negocios, te enriquecerás, regresarás á INGLATERRA á los 40 años, comprarás entonces un título é irás á sentarte en la Cámara de los Lores, al lado de tu hermano mayor.» En cuanto á las jóvenes, si no encuentran un esposo, no sólo rico, sino con títulos, no les queda otro refugio que los conventos ó monasterios, á menos que no prefieran envejecer, bajo el nombre terrible de tias, en la casa paterna. Y he aquí llegada la ocasión de decir algunas palabras sobre la condición de la mujer en INGLATERRA, y de destruir algunos errores tan grandes como inveterados. Créese generalmente que en la familia inglesa la mujer desempeña un papel secundario, y no es cierto. En ningún pais del mundo se encuentra la posición de la mujer mejor determinada, más claramente definida, que entre los ingleses. La madre de familia, ya sea noble, ya burguesa, no se ocupa más que de los cuidados del interior, mientras que el marido le ahorra los quehaceres de los negocios de fuera, y jamás le comunica el menor detalle sobre este punto. La mujer, por su parte, educada según la tradición nacional, no pregunta nunca nada sobre aquellas cosas que deben serle extrañas. Si es bastante rica, ni aun se ocupa del interior, dejando este cuidado á una ama de gobierno. En cuanto á la influencia moral que ejerce, es tanta ó quizás mayor que en otros países de Europa, en donde las obligaciones de la madre de familia están incontestablemente mal definidas, y en donde se la ve constantemente mezclada en los asuntos comerciales ú otras ocupaciones, sin tener asignado en la sociedad un oficio concreto. La ventaja, por lo tanto, se encuentra desde luego de parte de la madre de familia inglesa, la cual no ha conocido nunca las dificultades é inconvenientes que ofrece la vida pública. Se dice también que cada familia inglesa vive en el más completo aislamiento, retirada en sí misma como en una fortaleza: en efecto, las reuniones son raras en aquel país, á menos que no tengan un objeto político, y aun en estos casos excepcionales, no se mueven los elementos de la vida pública como se mueven y se combinan en otras partes. En 1848, se insurreccionó el pueblo de Londres; millares de obreros, reunidos en uno de los barrios de aquella populosa capital, amenazaban atentar seriamente contra la seguridad pública; pero así que los relojes de Londres dieron las seis de la tarde, toda aquella enfurecida muchedumbre se dispersó como por encanto. ¿Qué era, pues, lo que allí había ocurrido? ¿Habían recibido los grupos alguna carga de los horseguards (guardias de á caballo)? Nada de eso; era la hora de tomar el te, y el obrero, rutinario por carácter y esclavo de las necesidades materiales, había ido á encerrarse en las tabernas, olvidándose por completo del objeto del motin. Es esencialmente positivo el profundo, el religioso respeto que el pueblo inglés profesa á la ley; la vara negra de un jefe de policía basta para disolver un grupo, y no se ha oido jamás que haya habido quien se resistiera al mandamiento de aquel humilde magistrado. Pero es preciso que los legisladores y las personas encargadas de la ejecución de las leyes permanezcan fieles al culto de la tradición, aun á las costumbres más vulgares. Así el lord canciller sería considerado como un profano, si, en el ejercicio de sus funciones, no llevara puesta la peluca tradicional que, por sí sola, constituye la mitad, cuando menos, de su autoridad originaria. Los jueces y los abogados no ejercen sin peluca: será muy grotesco; pero la tradición queda de esta suerte mantenida en toda su fuerza, y en INGLATERRA ha reinado siempre de una manera tan despótica y absoluta, que, en nuestros dias, los hombres de Estado se ven obligados á invocarla para obtener las reformas más útiles y necesarias. Eso que se ha convenido en llamar el de corum, ejerce también una grande influencia sobre la sociedad inglesa. Cuando los ingleses han evitado el shocking (chocante) creen hallarse á cubierto de toda tacha, porque el shocking sirve para expresar todo lo que podría herir las conveniencias sociales, lo que nosotros Ilamamos el ridículo. La mujer inglesa, además de sus cualidades físicas, que son excelentes, es buena, afectuosa, caritativa, y, después de la francesa, la más afable del universo.—El inglés es alto, delgado, rubio, inteligente, sagaz, valeroso, idólatra de su independencia y amante de su tradición: orgu Iloso de sus instituciones liberales, no estima más que aquello que pertenece á su patria. Un embajador extranjero decía: «en todas partes, la pobreza es una desgracia; en INGLATERRA, un crimen.» No hay país en el mundo en donde menos rubor cause el pedir y recibir dinero. La seriedad flemática que, generalmente, caracteriza á los ingleses, hace que se les juzgue mal á primera vista; pero cuando conceden su amistad, lo hacen sin reserva y sin dolo. La patria y la familia absorben por completo todas sus afecciones: hay en el fondo de su carácter una extraña mezcla de generosidad, humanidad, codicia y egoismo. Como cosmopolitas y pródigos, recorren todas las regiones del globo buscando un remedio contra el spleen ó melancolía negra que los devora, causa de tantos suicidios. Las clases inferiores se entregan á la bebida, y el número de los criminales condenados es mayor en INGLATERRA que en ningún otro de los Estados de Europa. La gravedad y el desdén nacionales tienden á desaparecer, de algún tiempo á esta parte; el Gobierno mismo, separándose de la senda del aislamiento y del exclusivismo, procura acortar las distancias que separan á los pueblos, favoreciendo con su poderosa influencia y eficaz iniciativa las relaciones internacionales. En efecto; en 1851 dió de ello noble ejemplo á todos los países de la tierra, abriendo un gran concurso á las artes, á la industria, á todas las producciones del geniohumano; espectáculo verdaderamente grandioso que constituye uno de sus mejores timbres, y que ha sido más tarde dignamente imitado por otras naciones; luchas magníficas, en que vencedores y vencidos pueden estrecharse fraternalmente las manos; santas victorias que, sin costar una lágrima, sin derramar una sola gota de sangre, han inaugurado la nueva era de la fraternidad de los pueblos. Pero el organismo interior de la familia inglesa exige de nosotros una palabra más. 37. Vida intima.—Por lo que se refiere á la vida íntima de las clases acomodadas, puede decirse que el inglés ha copiado su vida del árabe, raza única en materia de procurarse goces. El matrimonio en INGLATERRA no se junta jamás en una misma estancia y en un mismo lecho, sino para los fines del amor. Fuera de dichos casos, vive en habitaciones inmediatas, pero distintas, cuya separación conviene á la salud, á las aficiones, á los hábitos ó á los achaques de cada uno, evitando así la presencia de ciertos hechos de la vida real. Podrá decirse que tales hechos son naturales, pero nadie ignora que la naturaleza tiene inconvenientes, que son contrarios á las fantasías de un deseo amoroso, porque no hay nada tan fantástico como las aprensiones del deseo. ¿Cuántas y cuántas veces no consiste nuestra felicidad en una aprensión? El matrimonio no ve allí lo que no debería ver ningún matrimonio, ni oye tampoco lo que un matrimonio no debe oir. Es evidente que en la vida intima del hombre y la mujer, hay muchas cosas que deben dejarse al feliz secreto de la ignorancia, y esta discreción no es posible sino en el sistema de los árabes, que es el sistema de los ingleses. La inglesa se levanta por la mañana y se encierra en su tocador, en donde el marido no puede entrar sin permiso de su mujer. Los ingleses ven á sus esposas cuando ya están aderezadas, pudiendo conservar indefinidamente la virginidad de sus ilusiones, por lo cual se ha dicho con razón que «las inglesas no dejan nunca de

ser novias.» Respecto de lo que sucede en otros paises, no es necesario hablar. Un hombre se casa con una mujer, que él llama un ángel, y acaso acontece que el ángel amanece con un párpado legañoso, haciendo caso omiso de ciertas flaquezas y hasta de ciertas liviandades de temperamento, porque el temperamento de cada cual tiene tambien sus liviandades. Aquella mujer será tan ángel y tan deidad como su esposo quiera; pero es algo raro ver á una deidad con legañas. ¡Cuántos maridos no están hastiados de sus mujeres al octavo dia del casamiento! ¡Cuántas mujeres no están hastiadas de sus maridos al tercer día de su matrimonio! La situación de dichos casados es la siguiente: la desventura, si se toleran; el divorcio, si no se sufren; el envenenamiento y el asesinato, si acuden al crimen. La constitución interior de la familia en INGLATERRA, el régimen doméstico, tiene muchas ventajas: 1.a, la salubridad y la higiene del matrimonio; 2.a el decoro y la libertad de la mujer; 3.a, la independencia y la comodidad del hombre; 4.a, el menor número de divorcios y de delitos; 5.a, el mejoramiento de la raza, en virtud de una idealidad que no puede explicarse, pero que existe realmente en la metafisica misteriosa de la imaginación y del sentimiento. No se sabe el por qué, pero la alegría, la felicidad y el amor de los padres aparecen en la generación de los hijos. Puede asegurarse que el sistema interior de la casa indemniza al inglés en cierta manera de las enormes monstruosidades del orden civil, no menos que de los azares de una política excesivamente nacional, apasionada, peligrosa, fantasma terrible de lo futuro.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Inglaterra», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/inglaterra.