Roque Barcia · 1880-1883
Huesca
tomo 2 · página 1247 · ver la página del original
Huesca. Masculino. Geografía. Provincia de tercera clase, una de las tres en que modernamente quedó dividido el antiguo reino de Aragón.
Corresponde, en lo judicial, á la audiencia de Zaragoza; en lo militar, á la capitanía general de Aragón, y en lo eclesiástico, á las diócesis de su nombre, Barbastro y Jaca. 1. Situación y límites.—Se encuentra entre los 41°-43° latitud y 2°-4 longitud oriental del meridiano de Madrid, confinando: al Norte, con los Pirineos, que la separan de Francia; al Este, con la provincia de Lérida; al Sur, con la de Zaragoza, y al Oeste, con ésta y la de Navarra. 2. Extensióny población.—Los anteriores límites abarcan una extensión de 134 kilómetros de largo, de Norte á Mediodía, 115 de ancho, de Oriente á Occidente, 15.224 cuadrados de superficie; distribuídos en siete partidos y 363 ayuntamientos con 1.002 poblaciones, que ocupan 275.723 habitantes.
3. Clima.—Los partidos judiciales comprendidos en toda la parte del Norte, disfrutan de una temperatura fría y destemplada, á causa de las continuas nieves que coronan las cumbres de los Pirineos; en los de HUESCA, Fraga, Barbastro y otros, las estaciones son más benignas y suaves, y el cielo más despejado. 4. Montes y valtes.—Las elevadas y rudas cordilleras pirenaicas se presentan, por lo general, perpendiculares, guardando siempre entre sí cierta uniformidad, y formando con sus estribos los montes y valles que atraviesan el territorio de esta provincia. El primer valle que se ofrece al Oriente es el de Ansó, contiguo al de Roncal, separados ambos por las peñas y sierra de Ascaurri, la cual se interna hasta el frente de Isabel, siguiendo sus ramificaciones y enlaces hasta el río Aragón. Al Oriente del valle de Ansó, continúa el de Hecho, divididos por un estribo de la principal cordillera: á unos 5 kilómetros al Este, se encuentra el puerto y paso del Palo, estrecho y fuerte, con algunas subi
das y bajadas practicables por una especie de prado; y 9 kilómetros más adelante, en la misma dirección, el puerto denominado Aguas Tortas, que comunica inmediatamente con el paso de Seeín. Prosiguiendo la frontera, se ven: el valle de Aragüés, más pequeño que los anteriores, con un mal puerto, llamado la Trinchera; el de Aysa, que es de los más reducidos de esta línea; el de Borán, más pequeño todavía que el precedente; el de Canfranc, que sigue al Este, con más de 11 kilómetros de frontera, considerado como el de mayor importancia de todos los que forman el límite que separa las dos naciones; y algo más internado y en la misma línea, el de Garcipollera, separado de aquél y del de Tena, que sigue á la derecha, por altas y escarpadísimas montañas. Después de este último valle y continuando igual dirección, se entra en el llamado de Broto, que tiene más de 11 kilómetros de frontera; y siguiendo á éste, el de Vió, cuyos montes ásperos é intransitables sólo ofrecen el pequeño paso ó puerto denominado de Godi ó Picalayuela. Al Este del indicado valle se halla el de Puértolas, que ocupa la estrecha barrancada que se forma entre los dos estribos que le separan del precedente y del Bielsa, cuya superficie tiene la figura de un triángulo irregular; y á continuación de éste, se encuentra el de Gistain, de mucha mayor longitud que el anterior, y el de Benasque, que es el de más consideración de todos los de la frontera. Su territorio oriental no está determinado con el occidental de Cataluña: existe un espacio intermedio, ceñido entre la sierra Maladeta, Coll de Toró, montes de Andolfa, Gavás y el río Noguera Ribagorzana, en cuyas vertientes hay varios pueblos que se comunican entre sí y con Francia. Dejando los montes y valles, de que hemos hecho mérito, formados por la línea de los Pirineos, se nos presenta la de Guara, en el partido judicial de HUESCA. Da aquélla principio en el salto de Roldán, y punto en donde termina la de Gratal que, con la de Rasal, comunica con la de Sarsa Marcuello, pasando por Marruecos á cruzar el río Gállego, en dirección á Navarra, y concluyendo en las gargantas de Rodellar, de donde parten diferentes colinas, como la de Adahuesca, que va á unirse á la de Sevil. Esta sierra forma con la de Guara un semicírculo, é inclinándose un poco de Oriente á Mediodía, termina en el territorio de Alquezar, en el término de Barbastro, después de atravesarla el río Vero en uno de los parajes más peligrosos, Ilamado Villacanta. De Sevil arrancan varios ramales que se dirigen hacia el Este y Sur; la cordillera que mira al Oriente, contiene, desde la sierra de Colunga, las de Naval y el Grado, y muere en el río Cinca: entra luego la de Carrovilla, en el partido judicial de Tamarite, dando principio por el Norte en el puente de piedra del río Esera, y se extiende por el Sur hasta más allá de Fonz, con varios ramales por el Este que llegan junto al río Noguera, punto divisorio entre Aragón y Cataluña. Independientes de estas cordilleras se encuentran además algunas eminencias de consideración, á que se da el nombre de montañas, como la de Castanesa, la de Turbón y otras. Entre las sierras de segundo ó tercer orden, pueden citarse las de Merli, Sis y Lascuarre, en el término de Benabarre, y la de San Gregorio, en el de Fraga. 5. Ríos y arroyos.—El río más importante de esta provincia es el Cinca: nace en la cumbre del Pirineo junto á Bielsa, desde cuyo pueblo va recogiendo las aguas de diferentes arroyos, como el de Barzosa, Yaga, Be Ilos y Yesa, hasta llegar á la Buerda y Aínsa, donde toma las del río Ara, que pierde su nombre; pasa luego por Plampalacios á Arasanz y Mediano; sigue su curso en dirección á Liguerri, y después á Clamosa, que pertenece ya al partido de Benabarre; se adelanta hacia el Grado, que corresponde á la jurisdicción de Barbastro, y continuando por Fraga, sale por Torrente á Mequinenza, que es de la provincia de Zaragoza. Los demás ríos que, con el Cinca, bañan y fertilizan esta comarca, son el Gállego, el Esera, el Ara, el Alcanadre, el Isabena, el Flumen, el Isuela, el Guatizalema y el Vero, á los que se unen las aguas de varias fuentes, regatas, barrancos y arroyos, cuya enumeración se haría pesada. 6. Suelo y producciones.—Atendida su naturaleza, el terreno de esta comarca puede dividirse en meridional y septentrional: el primero se compone de tierras muy fuertes, y están consideradas como las mejores de la provincia, particularmente para granos, cuyas cosechas son abundantes, si no les falta el beneficio de las aguas; los terrenos de la parte septentrional son más delgados y pedregosos; especialmente en las montañas elevadas, y su cultivo exige mayor esmero.—Entre las principales producciones, figuran: cereales, vinos de excelente calidad, seda, aceite, frutas y legumbres de todas clases; las faldas de los puertos presentan interminables y espesos bosques de pinos y de hayas, que se remontan hasta una considerable altura; los montes bajos producen abetos, robles y carrascas. Los arbustos más comunes son el boj, la aliaga, el enebro, la griñolera y la retama; se coge mucha frambuesa, de la que se elabora un riquísimo jarabe que sirve de refresco, y se dan la dulcamara, la cicuta y otra infinidad de hierbas medicinales.— Los montes abundan en sabrosos pastos para el ganado lanar, mular, caballar, cerdal y vacuno; entre los minerales se cuentan el plomo argentífero, cobre, hierro, barniz, cobalto, carbón, yeso blanquísimo, piedra de jaspe y de molino, granito pardo, pizarra negra, y una clase de piedra blanca que ofrece la singularidad de poder cortarse, cuando se extrae, con una hacha ó navaja y que, una vez expuesta al sol y al sereno, se transforma en duro y fuerte pedernal.—La caza consiste en perdices, conejos, liebres, tordos y otros varios pájaros: en los parajes montañosos se ven el lobo cerval, la cabra montesa, el jabalí, el corzo, el zorro, el lagarto, la culebra, el erizo, la ardilla y la comadreja; y descollando sobre las cimas, el águila imperial, la paloma torcaz, la cotorra y el esparaván.—La pesca está reducida á barbos y truchas, muchas de ellas asalmonadas y muy exquisitas, que se crían en unos lagos ó pozos llamados libones, y anguilas en los ríos y en las lagunas ó estanques. 7. Aguas minerales.—Entre los muchos y diversos manantiales que brotan en diferentes puntos de esta provincia, ocupan un lugar distinguido las termales de Panticosa, situadas en el partido judicial de Jaca, tan eficaces para las afecciones del hígado y del estómago, para los herpes y otras muchas dolencias; las de la fuente de la Cueva, en la jurisdicción de Sarsa del Abadiado, muy recomendadas para las enfermedades de la boca, especialmente el escorbuto; las de la fuente del Baño, en Alquezar y junto al río Vero, que se emplean contra la hipocondría, obstrucciones y retenciones de orina; las termales del paraje llamado La Jueba, próximo á San Victoriano, que curan, por medio del baño, las úlceras exteriores, y usándolas interiormente, las afecciones del estómago y pecho, y últimamente, las ferruginosas de Benasque, especialísimas para reumas, escrófulas, herpes, hidropesías y heridas. Entre las salinas, son notables las de Peralta de la Sal y las de Naval, aparte de las muchas fuentes y pozos que existen al pie de los Pirineos y multitud de sierras. 8. Industria y comercio.—Los ramos más importantes de la industria de este país son: el transporte de maderas para diferentes puntos de la Península; varias fábricas de aguardiente, jabón, loza ordinaria, vidriado, telares de lienzo, paños ordinarios y bayetas; papel, curtidos y demás artes mecánicas y de necesidad indispensable para la vida; algunas de utilidad, de adorno y de lujo; la agricultura, que constituye la ocupación preferente de la mayoría de sus habitantes, y la multitud de molinos de aceite y harineros que existe en casi todos los pueblos para atender á la precisa elaboración de sus frutos. Los principales artículos de consumo que se exportan son: cereales, vino, aceite y ganados, importándose, en cambio, hierro, lino, cáñamos, géneros coloniales y ultramarinos, del reino y del extranjero. 9. Etno rafía.—Los naturales de esta provincia suelen ser de mediana estatura, rehechos, fornidos, fuertes, infatigables, de color sano y agradable presencia. En cuanto al caracter, son bulliciosos y un tanto altivos,
hasta frisar á veces en soberbios; pero francos, ingenuos, alegres, laboriosos, enemigos de la traición y capaces de toda empresa heroica. Los contrabandistas de la raya, al ejercer su vedada industria, hacen cosas que rayan verdaderamente en lo increible. En aquel país se encuentran héroes, como en Italia se encuentran músicos. Esa virilidad indomable de raza, heredada de los celtíberos y de los bárdulos, constituye el fondo del noble genio aragonés. 10. HUESCA. Capital de la próvincia de su nombre, situada á los 42° 5 latitud y 3° 25' longitud oriental del meridiano de Madrid, en una extensa llanura fértil y bien poblada que llaman La Hoya, con 13.041 habitantes. Ocupa una pequeña eminencia de unos 20 metros de elevación, al rededor de la cual se extienden sus calles y edificios, formando un círculo abierto por la parte del Norte y dando á la población, por casi todo su circuíto, el aspecto de un anfiteatro. Dista de la corte 374 kilómetros; y su horizonte, que es muy despejado, termina á lo lejos en cuatro sierras: la de A lcubierre, al Mediodía; dos de escasa altura, al Oriente y al Occidente, y la de Guarra, al Norte. El clima es generalmente destemplado; pero ni el frío ni el calor son excesivos. El interior de esta ciudad, asiento un día del poder de los walís, y más tarde, de los reyes de Aragón, no ha perdido aún del todo el venerable aspecto de su antigüedad, puesto que todavía conserva señales evidentes de algunos monumentos venerables. Sus calles, particularmente las del centro de la muralla, son estrechas y tortuosas, pero empedradas y limpias por las alcantarillas que las cruzan: las de los distritos de fuera del recinto, más rectas y de excelente perspectiva; distinguiéndose sobre todas la del Coso, tanto por su extensión y anchura, cuanto por hallarse en ella establecidas las principales tiendas de comercio de todas clases, los abastos de todo género y los cafés; sirviendo al propio tiompo de delicioso paseo en las primeras horas de las noches de verano. Las plazas son anchas y espaciosas, formando polígonos irregulares, excepto la de Santa Clara, que es la mayor de todas, y se halla en el límite Sur de la capital. Los edificios más notables que, aun hoy, denotan la antigüedad que por todas partes ofrece la población, aparecen adornados con una galería arqueada por debajo del tejado, cuyo alero se compone generalmente de molduras, figuras y artesonados: el interior constaba de largos salones de elevado techo, que los modernos, anteponiendo la comodidad á la magnificencia de los tiempos antiguos, han reducido y rebajado de varios modos, respetando, no obstante, los grandes y espaciosos patios, llamados lunas en el país, y las anchas y suaves escaleras. Entre estos edificios, se citan, como más notables, el del conde de Guara, el de los Abarras, el del marqués de Nibbiano y el célebre de Lastanosa, cuyos salones, ricos en recuerdos históricos, fueron convertidos, en el siglo XVII, en museo aragonés; y además, la Casa Consistorial, el colegio real de Santiago, el de San Vicente y varios conventos. Las casas de los particulares son de dos ó tres pisos, poco uniformes, si se exceptúan las del Coso, mercado y calle de Santo Domingo. El recinto de esta población contiene además lindísimos paseos, seminario, hospital, hospicio, casa de maternidad, graneros públicos, cuarteles, teatros, varios colegios y una magnífica catedral, edificada en el siglo XVI, que merece ser conocida y admirada de nuestros lectores. Elévase este grandioso monumento sobre uno de los extremos de una vastísima plaza de figura rectangular. El frontis del edificio aparece flanqueado de una torre octágona y cuadrada en su base. La puerta principal presenta siete arcos, que van en disminución del exterior al interior, ocupando el grueso de la pared, adornados de figuras de santos, de relieve entero, colocados en sus respectivos nichos, con sus pedestales de variada y finísima labor. A dos metros del pavimento, se destacan majestuosamente catorce estatuas de piedra, siete á cada lado, representando apóstoles y mártires, de un tamaño mayor que el natural. El centro de la fachada tiene por adorno un gran florón calado; y la parte superior está guarnecida, en sus extremidades, de torrecillas acanaladas. El interior de la iglesia tiene la forma de una cruz y presenta una bellísima nave central, cuya primorosa bóveda sorprende y arrebata el ánimo cuando se contempla su elevación: las dos colaterales son bajas, estrechas y sombrías, y en ellas se ven los arcos que dividen las capillas, que ascienden á veinticinco: diez y ocho en el crucero y las naves, y siete más pequeños al rededor del coro. Pero todo el primor y delicadeza de este trabajo, todo el mérito verdaderamente extraordinario de este monumento, se encuentra reunido en el gran retablo ó altar mayor. He aquí cómo un autor describe esta obra notabilísima, creación portentosa del genio nacional.—«El altar, de riquísimo alabastro, tiene unos 25 metros de alto y 17 de ancho; se compone de dos partes: el cuerpo principal con sus remates, y el inferior, con su basamento. Tres zonas constituyen el primer cuerpo; la inferior puede casi considerarse como zócalo, y tiene siete recuadros con elegantes adornos; en los de los extremos, se ven los retratos de Forment y de su esposa, orlados de lindísimas guirnaldas. La ornamentación del retablo pertenece al estilo godo-germánico: sobre la zona inferior, aparecen las dos inmediatas que dividen verticalmente, en siete espacios, por pirámides y torrecillas de hermosísimos calados, con estatuas pequeñas y crestería; en la zona que se halla al nivel del altar, hay siete nichos; y en cada uno de ellos, representados asuntos del Señor con exquisita precisión. Cada pasaje histórico está cubierto con su magnífico dosel con calados tan diminutos, que pueden competir en elegancia con los de un finísimo encaje. Otras torrecillas de extraordinario mérito decoran los mismos nichos en la zona superior de este primer cuerpo: en el centro, está el Salvador; á uno y otro lado, los apóstoles, divididos entre sí por una columnita espiral, con sus respectivos adornos y doseletes: en la misma línea, se ven sentados los santos mártires Lorenzo y Vicente, situados en un espacio, donde hay dos elegantísimas puertas que conducen por detrás del retablo al sagrario, practicado en lo más alto de él. No hay palabras para expresar el gusto y la elegancia con que están adornados los lados é intradós de estas puertecitas, y los bellísimos grupos de niños que sostienen los asientos de las citadas estatuas, adornados por lindos marquesines. En el cuerpo principal del altar se ve representado el acto sobrehumano de nuestra redención, cuyos preludios se ejecutan más abajo: componen este cuerpo tres grandes nichos divididos por las pirámides y agujas correspondientes, con figuras de profetas, que miran cumplidos sus vaticinios. En el nicho del lado del Evangelio, sale Jesucristo, con la cruz sobre sus hombros, de la puerta judiciaria, rodeado de una turba de gente á pie y á caballo: la Virgen y las santas mujeres caen traspasadas de dolor en el primer término de esta escena. El siguiente nicho representa el Descendimiento de la cruz y el cuerpo del Señor sostenido. por José y Nicodemus de pie sobre las escaleras: en medio de la Pasión, llama la atención el grupo de santas mujeres en actitud doliente, y entre ellas, la Reina de los mártires. El nicho del centro se eleva sobre los de los colaterales como unos cuatro metros, y en el centro de este espacio hay un disco con su cristal, adornado de lindísimos querubines; es la ventana del camarín donde está el Santísimo Sacramento, y no parece sino que la luz del disco tiene vida en el pecho del Eterno Padre, cuya figura, esculpida en alto relieve, se presenta con los brazos un tanto abiertos contemplando el cruento sacrificio. Debajo del disco se ve la paloma simbólica del Espíritu Santo, y á los lados, dos ángeles con ricas vestiduras asiendo con sus manos instrumentos músicos. Una preciosa marquesina gótico-peritagonal saliente y perforada forma un dosel á estos grupos del centro, sobre el cual se elevan, hasta el remate, varias pirámides y torres de crestería, con cinco pequeñas estatuas de santos: de igual estilo son los doseles que cubren los otros dos nichos, en cuyas cimas se hallan los doctores de la Iglesia griega y latina. Este triple coronamiento
forma una hermosa vista de adornos y calados; el altar está guarnecido de un marco con su ancha y magnífica orla de hojas trepadas, llamadas polseras, y en la cima, dos ángeles que, con otros dos de los extremos, sostienen el escudo de la iglesia. En el arranque de la orla, hay dos profetas en bajorrelieve. Todas las figuras de los tres grandes nichos son del tamaño natural, y su escultura, de alto relieve, exceptuando el segundo término. El número total de las que decoran el retablo, se aproxima á ochenta, sin contar las infinitas que contienen los siete pasajes de la Pasión. El color del alabastro es limpio y transparente; tiene algunos trozos plateados; otros, amarillentos mates en ciertos sitios y lustrosos en otros, según corresponde al objeto de cada pasaje. Rico sería este altar, aunque sus figuras no estuvieran trabajadas con la perfección que en ellas se admira; pero es inapreciable al considerar aquellos grupos de santas mujeres, que rayan verdaderamente en lo sublime. La manera con que en las figuras está representado el desarrollo de afectos y pasiones encontradas, es admirable, hasta el punto de que algunas imágenes hacen sentir una emoción casi ideal. Todas las figuras desnudas demuestran en su perfección el estudio profundo que el artista hizo de la naturaleza y de la estructura del cuerpo humano. Sus fisonomías están revelando las sensaciones, de un corazón conmovido; todo es verdad y sentimiento, notándose además gran precisión y originalidad en los pensamientos, mucha elegancia y hermosura en los adornos y extraordinario lujo de genio artístico. Por estas últimas palabras se concibe la importancia del altar mayor de la catedral de HUESCA. Varios artistas han dicho que en él llegó Forment á la cumbre de su talento; otros lo denominaron maravilla: nosotros, que hemos tenido el gusto de verlo, decimos que es uno de los monumentos que mayor gloria y esplendor dan á las artes españolas. Según consta en la contrata celebrada entre el obispo don Juan de Aragón y Navarra y el ilustre escultor valenciano Damián Forment, las obras de esta magnífica construcción dieron principio en 1 de Septiembre de 1520; se ajustaron en 110.000 sueldos y quedaron completamente terminadas en el año de 1533.—En esta antigua ciudad fundó Sertorio la primera academia romana, origen de su universidad, modernamente suprimida, cuyo notable edificio ocupa hoy el instituto. La justa celebridad que en todo tiempo alcanzó aquel establecimiento; el real privilegio que Don Pedro IV le otorgó designándole como el único estudio general del reino, en donde se daba la enseñanza de la teología y sagrada Escritura; los derechos canónico y civil; la filosofía y la Medicina, y demás ciencias y artes, con la prohibición absoluta de que en ninguna otra parte se enseñaran estas facultades; así como el numeroso catálogo de los esclarecidos varones que difundieron, dentro y fuera de España, la ilustración y el saber que habían adquirido dentro de aquellos claustros, constituyen uno de los timbres más gloriosos que acompañarán siempre el famoso nombre de la invicta ciudad que nos ocupa.—El terreno comprendido en este término municipal es casi llano y forma parte de la célebre Hoya de HUESCA, cuya dilatada llanura se extiende de Norte á Sur, desde la Sierra de Guarra á la de Alcubierre, paralelas ambas entre sí: en la parte septentrional y empezando por el Occidente, se encuentran los valles de Ansó, Hecho, Aragües, Ainsa, Canfranc, Vió, Bielsa, Gistain, Broto, Benasque y otros menos importantes, formados por las montañas que se destacan de los Pirineos en dirección al Mediodía. Las tierras de los parajes más elevados son de secano, menos recias que las de las llanuras; pero más propias para el cultivo del olivo y de la vid, cuyo vino es muy superior al de la huerta: las de la Hoya son de más miga, más gredosas y fuertes, á propósito para la siembra de cereales, y más todavía, para hortalizas y hierbas filamentosas; especialmente, el cáñamo, que se cosecha en abundancia. El viñedo produce muchísimo fruto, aunque de inferior calidad que el de secano, como queda expuesto. Las huertas, propiamente dichas, de donde se sacan las frutas, las legumbres y todo cuanto se halla comprendido en la palabra genérica hortaliza, se encuentran en la parte denominada de la Almunia, en la confluencia de los ríos Flumen é Isuela, que es la más fértil y deliciosa á la vez de todo el término. La tierra de regadío da, en pagos alternados de barbecho y rastrojo, trigo, cebada, avena y otros granos. Las aguas que fertilizan esta pintoresca campiña, se hallan distribuídas bajo un perfecto sistema de igualdad, por medio de azudas y acequias bien conservadas y limpias, y proceden del grande pantano construido en una de las gargantas que dan salida á un valle situado más acá del pueblo de Arguis, y de los mencionados ríos Flumen y el Isuela, que ferundiza la hermosa vega de los alrededores, en donde se admiran las feracísimas huertas de Mendoza, de los descalzos del Carmen, de la Compañía y otras muchas, sombreadas de grande variedad de árboles y caprichosas plantas.—Las principales y más abundantes producciones de este término son cereales, legumbres y hortalizas de todas clases; muchas y exquisitas frutas; vino y aceite; hierbas de pasto para ganados y otras odoríferas y medicinales, como la agrimonia y malvavisco. La caza de perdices, liebres y conejos es muy numerosa; la de tórtolas y codornices, mediana; la pesca, insignificante en los ríos; pero de alguna consideración en las albercas, que abundan en tencas y anguilas.— Como puede deducirse de lo anteriormente expuesto, la agricultura constituye la principal industria de lá mayoría de los habitantes de la capital. Esta cuenta además con buenas fábricas de jabón, de paños comunes, de loza entrefina, de tejas, de ladri Ilos y de pieles; molinos harineros, toda clase de manufacturas y oficios mecánicos, entre los cuales ha sobresalido siempre el de la construcción de peines de boj, pues ha habido época en que se han expendido hasta doscientas mil docenas en un año.—El comercio se ocupa, en primer término, de la exportación del sobrante de las producciones del país; particularmente, granos y algunos artículos industriales; é importaciones de géneros ultramarinos, hierro, telas, paños, lienzos finos, arroz, sedas, garbanzos y quincalla procedentes de varias provincias de la Península, y telas y ganado mular, de Francia. 11. Poblaciones.—A la capital, siguen en importancia las poblaciones siguientes: Barbastro, ciudad que fué episcopal; situada sobre el Cinca, con una hermosa vega que bañan sus aguas, catedral, palacio, fábricas de curtidos y 7.958 habitantes; Fraga, ciudad también, cuya descripción hallará el lector en la letra respectiva; Tamarite, con 4.502 habitantes y buenas cosechas de aceite; Monzón, sobre el río Cinca, con 3.816 almas, fuerte castillo, feraz campiña y abundante fruta; Jaca, ciudad episcopal y plaza fuerte, con 3.792 habitantes, ciudadela, catedral, fábrica de paños y término de muchos pastos que riega el Aragón; Sariñena, con 3.364 almas y extenso comercio en ganados; Graus, villa con 3.235 almas, fábricas, curtidos, jabón, papel, aguardiente y algunas minas de carbón de piedra; Ayerbe, villa con linda plaza y 2.375 habitantes; Benabarre, capital del antiguo y famoso condado de Ribagorza, que dió origen al reino de Aragón, con espesos bosques, los cuales producen excelente madera de construcción, una fuente intermitente, llamada la Mandrágora, y 2.099 almas; Ansó, con 1.997, muchos pastos, maderaje y minas; Benasque, en un delicioso valle, con 150 almas, castillo, aduana y un puente sobre el Esera; Boltaïa, sobre el río Adra, con 1.546 habitantes y fabricación de paños burdos; Canfranc, en un pintoresco valle, con 1.773 almas, aduana, exquisitos pastos, madera de construcción y un buen camino que conduce á Francia; Ainsa, antigua corte de los reyes de Aragón, con 529 habitantes; Gistain, con 491; varias minas de plomo, hierro, cobre y una de cobalto; y siguiendo á éste, los valles de Vió, Broto y Tena, en donde se hallan las acreditadas aguas de Panticosa. 12. Historia.—Huesca llevó antiguamente el nombre de Osca; fué una de las poblaciones más célebres de aquellos tiempos, y con justicia la
calificó Plutarco de ciudad grande y poderosa. Plinio la supone vascona; Ptolomeo, ilérgeta; pero esta misma diversidad de opiniones es un antecedente, como oportunamente hace notar un autor que, cuando menos, acredita su posición en el límite de ambas regiones. Sertorio la destinó para que compitiese cón Roma, en aquella magna cuestión en que vino disputándose por espacio de catorce años, si Roma había de mandar á España, ó España á Roma. HUESCA fué en donde aquel famoso caudillo de los españoles ensayó por primera vez la forma del gobierno romano y la idea de una capital, creando un Senado, fundando toda clase de establecimientos públicos y reuniendo en ellos á los jóvenes de las primeras familias celtíberas para que le sirviesen de prenda y garantía de la fidelidad -de sus deudos á su partido, que representaba la causa de los españoles. Pero éstos, como dicen Estrabón y Veleyo Patérculo, no supieron unirse, y España no logró levantarse sobre Roma. Esta desunión fué entonces, como lo ha sido siempre, origen y asiento de todos sus desastres. HUESCA usó en sus medallas el dictado de Urbs victriz (ciudad vencedora), y en una de ellas, se la menciona como municipio. Además de sus medallas, cuyos troqueles, hasta aquí conocidos, llegan á veinte, todavía conserva esta ciudad algunos restos de antigüedades romanas. Asesinado Sertorio por Perpena, y vencedora Roma, siguió César otorgándole toda suerte de franquicias é inmunidades; conservó su jerarquía de gran ciudad en los siglos medios y se vió elevada á sede episcopal. Reducida luego al irresistible poder de los musulmanes, nada perdió tampoco su importancia; se le respetaron su religión y sus leyes; fué regida por walís y caídes, en representación de los emires de Córdoba, y considerada como una de las poblaciones principales de esta parte de España. Como tal se la menciona con el nombre de Weschha que le dieron los árabes, y así aparece con frecuencia en la historia de aquella dominación. Por esta época vino figurando HUESCA en una no interrumpida serie de acontecimientos, en los que demostró siempre la extraordinaria fortaleza de su espíritu. En el año 774, figura su walí como auxiliar del de Zaragoza, en el alboroto popular que estalló contra él; en 778, aparece entre los que obligaron á Carlo Magno á tramontar los Pirineos; en 790, se la ve formar parte de la liga propuesta por Bahlulben-Makluk-Abul-Hedjadji, que se había apoderado de Zaragoza é intentado la independencia común; y en 797, pasó, por último, á poder de los francos, entregada por su walí Hasán con villanos contratos, según los árabes refieren, siendo luego recobrada por El-Hakén. En 852, figuró entre las poblaciones que se adhirieron á Muza-ben-Zayad-el-Djedzai, walí de Zaragoza, en la sublevación que éste y su hijo provocaron contra el emir de Córdoba, que los había separado de sus gobiernos. Las crónicas musulmanas presentan como una de las batallas más sangrientas la que en 1080 tuvo lugar en HUESCA, por el emir de Zaragoza. En 1094 fué formalmente sitiada por Sancho Ramírez, así que éste hubo logrado apoderarse de todos los puntos de la comarca. Cansado el rey Don Sancho del largo cerco y resuelto á tomar la población á todo trance, quiso antes practicar por sí mismo un reconocimiento sobre la muralla, y como advirtiese un lugar á propósito por donde le pareció que se podría intentar con buen éxito el asalto, extendió el brazo para indicarle á los que le acompañaban; peco., .ae, mmca. flecharo. una saeta del adarve al punto donde el monarca señalaba, la cual fué á herirle mortalmente debajo del mismo brazo. Antes de espirar, hizo reconocer por su sucesor á su hijo Don Pedro; y después de exigirle juramento de que no levantaría el sitio hasta apoderarse de la ciudad, exhaló el último suspiro arrancándose la saeta por sus propias manos. Su cuerpo fué llevado á Monte-Aragón y depositado en el monasterio de Jesús Nazareno, que el mismo Don Sancho edificara, desde donde se le trasladó luego á San Juan de la Peña. Los hijos, fieles á su juramento, llevaron adelante el sitio, decididos á no separarse de allí hasta vengar aquel desastre y destruir la ciudad. El cerco duró todavía mucho tiempo; cada día iba apretándose más; y los cercados, cansados de tantos males y reducidos ya al último extremo, llamaron en su auxilio á Abd-el-Melek, emir de Zaragoza, el cual se dirigió á HUESCA, acompañado de los sahebes de Játiva y Denia. En 1096, perdida toda esperanza de defensa, tuvo al fin que rendirse aquella muy noble y brava ciudad, después de nueve días de sangrientos y empeñados combates. Todos los autores concuerdan en que, en adelante, las armas de los reyes de Aragón fueron una cruz en campo plateado; y en los cuarteles del escudo, cuatro cabezas rojas con la sangre de otros tantos reyes y capitanes que perdieron su vida en la célebre batalla que se dió en la llanura de Alcoraz, el 18 de Noviembre del expresado año. En 1136, tuvo lugar dentro de los muros de HUESCA un famoso acontecimiento: según las tradiciones históricas, Don Ramiro II Ilegó á ser, por su edad, tan menospreciado, así de los príncipes como del pueblo, que vulgarmente se le llamaba el Rey Cogulla. A ejemplo, pues, de Periandro, tirano de Corinto, y de Tarquino, último monarca de los romanos, cuéntase que llamó á Cortes á los grandes, con el objeto, al parecer, de aplacar algunas diferencias que se habían suscitado entre los nobles del reino; acudieron éstos al llamamiento, y una vez reunidos, hizo prender y degollar secretamente á 15 de los señores que aparecían como sus principales contrarios; cinco de la casa de Luna, y los restantes, de la principal nobleza del reino. Este suceso, que se refiere de distintos modos y que algunos autores atribuyen á consejos del abad del monasterio de San Ponce de Tomeras, á cuya comunidad religiosa había pertenecido Don Ramiro, ha servido de asunto á varias composiciones dramáticas de nuestros poetas, é inspirado hace pocos años al excelente pintor señor Casado La Leyenda del Rey Monje, cuadro notabilísimo, que ha dado mucha fama á su autor, expuesto en el último certamen. Después de aquella fecha, continuaron celebrando Cortes en el recinto de esta ciudad, bajo sus respectivos reinados, los monarcas Don Alonso II, Don Jaime I y Don Alonso III. Recibida en Huesca la noticía de la entrada de los bearneses, verificada en 1592, armáronse sus habitantes y salieron en su persecución 300 hombres y muchos clérigos y frailes, capitaneados por el obispo, como si se tratara de una guerra de religión: Los mismos patrióticos sentimientos ha mostrado siempre esta provincia en cuantas ocasiones se le han presentado: en 1808, tomando una parte muy activa en favor de la independencia de la patria; en 1820, abrazando con singular civismo el Código venerando de 1812; en la guerra civil de los siete años, peleando valientemente contra las huestes carlistas y contra el mismo Don Carlos, que había conseguido apoderarse de la población, y en los frecuentes trastornos y radicales cambios políticos de los últimos tiempos, defendiendo siempre la causa nacional y del progreso con grande entereza, circunspección y patriotismo.—Al glorioso nombre de HUESCA aparecen estrechamente unidos, en su historia, el de varios varones ilustres, como san Lorenzo, diácono y mártir; san Orencio, obispo de Aux; san Vicente mártir; don Martín Cleriguet y Cáncer, autor de unos doctos discursos sobre los fueros de Aragón; don Vicente Juan de Lastanosa, que escribió un tratado sobre la moneda jaquesa y algunos diálogos sobre las medallas españolas, y don Francisco de Artiga, arquitecto distinguido, que murió en 1711. 13. Heráldica.—El escudo de armas de esta ciudad ostenta un jinete con lanza en ristre y el lema: Urbs victrix Osca, como recuerdo de sus glorias en la época romana, y cuatro cabezas coronadas, alusivas á los cuatro reyes moros que los anales aragoneses suponen muertos en la batalla de Alcoraz, de la cual hemos hecho mérito en la parte histórica del presente artículo.
ETIMOLOGÍA. Es el Osca de Plinio; árabe IVeschha, de donde procede la forma actual.
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