Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Hipócrates

tomo 2 · página 1184 · ver la página del original

Hipócrates. Célebre médico griego, natural de Cos, llamado el Padre de la Medicina; nació por los años de 460 antes de Jesucristo, y murió de edad muy avanzada. Dedicóse al arte de curar.y viajó con el fin de instruirse por toda la Grecia y por muchas provincias de Asia, residiendo tan pronto en Cos como en Tesalia ó en Tracia, así como igualmente en Pella en la corte de Perdicas, rey de Macedonia, y en Atenas, enseñando y practicando la Medicina. Se dice que los habitantes de Atenas le regalaron una corona de oro en premio de los servicios que les prestó en una peste; y que rehusó las proposiciones que le hizo Artajerjes Longimano para que dejara la Grecia. Fué el primero que divulgó los métodos curativos que hasta entonces nadie sabía, y despreció la hipótesis á que se entregaban los médicos de su tiempo; consignó en sus escritos el fruto de sus observacio nes; trató con especialidad de los síntomas de las enfermedades y prescribió los remedios más sencillos. Con el nombre de HIPÓCRATES se conservan gran número de obras en dialecto jónico: pero se duda que todas ellas pertenezcan al mismo autor, y aun se presume que algunas son debidas á la pluma de otros médicos de la misma familia, que tuvieron igual nombre. Las que se le atribuyen con más seguridad son: De la naturales del hombre; De las fracturas; De las aguas y de las localidades; Pronósticos y Aforismos.

Resumen.—Los contrarios de la escuela hipocrática, si es verdad que esta escuela puede tener contrarios, acusan á HIPÓCRATES de ser un ignorante en materia de anatomía. Nos otros contestamos que HIPÓCRATES nO fué ignorante en nada y que conoció toda la anatomía que un genio grande pudo conocer en sus tiempos: e decir, hace más de veintitrés siglos. Si los que dirigen semejante cargo al hombre ilustre de esta biografía hubiesen vivido en aquellas edades, es muy posible que no insistiesen en su blasfemia, y la denominamos así, porque, á más de ser una herejia, e una falta de respeto, de veneración y de gratitud. La Medicina, en toda la tierra, debe más á HIPÓCRATES que á todos los sabios reunidos, desde el siglo v antes del Salvador hasta e instante en que trazamos estas líneas Enumeremos someramente las mejo ras que la ciencia debe al insigne au

tor del libro titulado: Sobre la naturaleza del hombre. Si la Medicina tiene dogmas, aquel libro fué el dogma de la Medicina en tiempos de nuestro personaje. Si tiene religión, aquel libro fué la religión de la ciencia en la infancia del mundo médico. 1. HIPÓCRATES inventa el método de la observación, la cual no era otra cosa que un empirismo miserable. 2. Establece el régimen dietético y lo hace parte del plan curativo. 3. Hermana la práctica de la cirugía con el ejercicio de la Medicina, hecho que nos asombra, dada la nulidad de los estudios anatómicos en aquella época. 4. Funda la ciencia dificilísima del diagnóstico, sin la que es posible el arte ó la industria; pero no la ciencia de curar.

5. Funda, asimismo, la ciencia del pronóstico, si bien, hablando propiamente, el pronóstico no tiene razón propia, puesto que no es más que una consecuencia del juicio que el médico forma sobre la índole del padecimiento. Si así puede decirse, el pronóstico no tiene principios, sino caracteres, viniendo á ser como la mecánica del diagnóstico. Y, sin embargo, aun tratándose del pronóstico, determinó sus signos con tanta maestría, que la cara de sus moribundos ha llegado á nosotros con un nombre que durará siempre: el sublime nombre de cara hipocrática. 6. Dió á conocer sus inapreciables observaciones bajo la forma de sentencias, de donde vienen sus aforismos, en los cuales revela tantos arcanos de la humanidad con una paciencia, con una fe, con un amor, con un entusiasmo, que nos anuncian al sabio y al apóstol. ¡Cuántos detalles!, ¡cuántos hallazgos!, ¡cuántas curiosidades preciosísimas! HIPÓCRATES viaja por todas partes, hasta por las sombras del sueño, hasta por la noche de la vida, y nos dice con una precisión matemática que: «cuando el sueño nos invade, el cuerpo se enfría. Cum somnus invaserit, corpus frigescit.» 7. Sobre todo (y en esto consiste la gran metafísica y la inmortal gloria de HIPÓCRATES) se atuvo á los esfuerzos espontáneos que la naturaleza hace y á las crisis que esos mismos esfuerzos producen, reconociendo en la esencia de nuestra vida una fuerza medicatriz, que es la razón y el fundamento de la ciencia humana. Cuando la Medicina de los libros contradice la Medicina de la naturaleza, puede asegurarse que la Medicina del hombre es absurda; aunque aquel hombre sea un sabio profundo. Esto consiste en que, por más sabio que el hombre sea, nunca será tan sabio como el principio de la vida, subordinado á leyes infalibles y eternas, como el sistema universal. La doctrina de HIPÓCRATES nos lleva, como por lá mano, á una filosofía tan trascendente como práctica, resumen de todas las civilizaciones, ideal supremo de todas las edades de la historia. Hay un elemento, una substancia, una naturaleza; es la vida. Hay una negación; hay una relación contraria; es la muerte. Esta muerte no es una substancia, una naturaleza, un elemento de la creación, como no es un elemento la ignorancia, ni la maldad, ni el vicio, ni un error de la inteligencia. La vida es substancia, del mismo modo que es substancia la luz; la muerte es ausencia, del mismo modo que es ausencia la sombra. Un vaso se derrama y viene el vacío, el cual no es otra cosa que la negación del elemento que el vaso contenía. ¿Quién conoce la naturaleza de unasubstancia que no existe? Esta doctrina sería tan absurda como dar por sentado el ser de la nada, lo cual equivaldría á negar el ser; haciendo del vicio un poder tan grande como el de la virtud, haciendo también de la mentira un poder tan grande como el de la verdad, ó haciendo de la sombra una belleza tan divina como la belleza de la luz. El médico que estudie la naturaleza, que la observe, que sepa ajustarse á sus consejos, como un filósofo del inmenso axioma que reina en todas partes, será un buen médico por el solo hecho de no contradecir la naturaleza del paciente. El que haya nacido con talento para conocerla, será el médico consumado, por el solo hecho de favorecerla y ayudarla, dejando á Dios la gloria de ser el autor de la vida y de la salud. ¡Ay! ¡En cuántos casos, al atacar la muerte, no se ataca la vida! ¡Cuántas y cuántas veces, al combatir la enfermedad, no se combate la salud, y el paciente va á la sepultura, no tanto por sus males, como por sus médicos! ¡Cuántas y cuántas luces no se han sacrificado á las sombras! Registre el médico su pasado, consulte su memoria, ponga la mano sobre su conciencia, como quien la pone sobre los santos Evangelios, y conteste después. Fuera de un reducido número de específicos, en que el médico hipocrático puede obrar de su cuenta con la debida precaución, la doctrina de HIPÓCRATES es la única ciencia posible. HIPÓCRATES fué un sabio tan grande, llegó tan adelante en punto á descifrar misterios de la naturaleza que, aun cuando llegasen los tiempos en que otros sistemas sucediesen al hipocratismo, el hipocratismo será eternamente la razón, la base, la sólida filosofía de toda Medicina discreta; esto es, de toda Medicina fundada en el conocimiento de la naturaleza del hombre, cuyo patriarca es el insigne personaje de esta biografía. Llamarse enemigo de HIPÓCRATES, es. llamarse enemigo de la humanidad.

ETIMOLOGÍA. Griego híppos, caba Ilo, y kratéo, ser fuerte: latín, Hippocrâtes; italiano, Ippocrate; francés, Hippocrate; catalán, Hipócrates. La etimología de este grande hombre (kratéo, ser fuerte) tiene razón, puesto que HIPÓCRATES reina en el mundo hace dos mil trescientos años.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Hipócrates», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/hipocrates.