Roque Barcia · 1880-1883
Grecia
tomo 2 · página 1021 · ver la página del original
Grecia. Femenino. Geogra fía. Hemos llegado á la heredera histórica de los helenos, de los pelasgos, de los fenicios, de los egipcios, de los persas, de los etíopes; compendio de la antigüedad; templo de aquella civilización; cuna de su ciencia; dechado de su arte; perenne ejemplo de empresas fabulosas; fuente de vida para los pueblos hijos de Roma, á quien inspirara el pensamiento y la noción de la humanidad, que el Occidente recibió del Lacio, como una magnífica adivinación de los santos dogmas de Jesús. En esta reseña nos cireunscribiremos estrictamente á la geografía física de GRECIA, puesto que la parte referente á su mitología, á su historia, á su erudición y á sus costumbres, toca á los artículos especiales, que hemos consagrado y que consagraremos á sus tradiciones, á sus monumentos, á sus ciudades, á sus sabios y héroes. No hemos sido testigos de las magnificencias portentosas del pueblo levantado; pero hemos bajado la cabeza ante las ruinas del pueblo caído, y allí se aprende que no es una ilusión el encanto de la tristeza. Al hablar de montes que hemos visto más de una vez; al hablar de ríos que hemos atravesado; al hablar de piedras, de las cuales arrancó nuestra mano una reliquia, que conservamos en nuestro poder, nuestro corazón siente lo que pudiéramos llamar el amor del olvido, que es al mismo tiempo amor y poesía, porque Dios es tan bueno, que hasta se deja ver en el silencio de las sepulturas. Quien dió una hora de delicia á las nieblas pálidas de Occidente, tenía que dar una hora de éxtasis á la religión de las cosas pasadas, alma de almas que en la tierra lloraron, suspiro prodigioso de suspiros que se perdieron, si es verdad que se pierden los suspiros. ¡Qué arte tan profundo y tan sabio es el arte del tiempo! ¡Qué designio tan sabio y tan profundo es el designio de la Providencia! GRECIA ANTIGUA 1. Preliminares. — Los geógrafos dan generalmente el nombre de GRECIA á la gran península que forma la Europa extendiéndose de Norte á Sud en la parte que ocupa su Sudoeste. Dicha península está situada entre el mar Jonio, al Oriente, y el del Archipiélago, al Este; aunque es verdad que la antigua GRECIA no ocupaba tan vasto territorio, puesto que no comprendía la Macedonia, ni la Iliria, ni el Epiro, de cuyos países hablaremos también en este ligerísimo trabajo. La GRECIA fué llamada así por los romanos, del antiguo pueblo de los greci, cerca de Tesalia, que fué el primero que conocieron de aque Ila nación. Los habitantes de la península griega se llamaban helenos, nombre que les venía de Heleno, hijo de Deucalión, al cual hacían remontar su origen muchas naciones de aquella península. La literatura, las artes y la guerra, que era la grande arte de aquellos tiempos, ilustraron la GRECIA con industria tan peregrina, que todo el afán de Alejandro Magno se cifraba en captarse la simpatía de aquel pueblo invencible, lo cual es igualmente honroso para el pueblo y para Alejandro. Así se explica el hecho de que los romanos, al par que subyugaron á los griegos, fueron subyugados por la GRECIA, puesto que adoptaron su civilización. Roma venció á GRECIA con sus alfanjes: GRECIA venció á Roma con sus maravillas, y el mundo vió cómo los señores se engalanaban con la librea de los esclavos. Y ¡cuán superior es vencer con maravillas que vencer con alfanjes! 2. Límites.—La península helénica, que comprendía la Iliria, Macedonia, Tracia y GRECIA, propiamente dicha, tenía por límites: al Norte, la cordillera del monte Hemus, que, elevándose desde las orillas del Ponto Euxino, va á unirse, bajo diversos nombres, á la de los Alpes, cerca de las costas del Adriático; al Oriente y al Sur, el trozo de mar inferior ó Mediterráneo, conocido más generalmente por mar Jonio (JONIUM mare); al Este, el mar Egeo, cubierto en parte por sus islas; el Helesponto, ó estrecho de los Dardanelos, la Propóntide y el Bósforo de Tracia. 3. Mares y golfos.—Acabamos de mencionar los dos mares más grandes que forman los limites de GRECIA; el Jonio y el Egeo; el mar Adriático, al Nordeste, y el mar de Creta, al Sud. Este mar de Creta está situado entre la grande isla de Candía, al Sud, y las Cíclades, al Norte. En la extensión de mar Adriático, ocupada por las costas de Iliria y unida á la península helénica, hay varios golfos, cuyos antiguos nombres se han perdido en la noche del tiempo. Los golfos más notables del mar Jonio, son: el de Ambracia (AMBRACIUS sinus); hoy, golfo de Arta, cuya entrada cierra el famoso promontorio de A ctium; el golfo de Corinto (sinus CORINTHIACUS); hoy de Patrás ó Lepanto, continuación del primero é internado hasta 178 kilómetros en tierra firme; el golfo Chelonites (CHELONITIS sinus); hoy, golfo de Garruni; el golfo de Mesenia (MEs SENIACUS sinus); hoy, de Corón; y el de Laconia (LAcONICUS sinus); hoy, golfo de Marathonisi, al Sud del Peloponeso. En el mar Egeo, ó Archipiélago, al Sudoeste de la península helénica, era notable el golfo Argólico (ARGOLICUS sinus); hoy, golfo de Namphi, al Sudoeste del Peloponeso. El golfo Argólico estaba comprendido en la extensión del Archipiélago, llamada Myrtum mare, mar de Myrtos. Seguian el golfo Hermiónico (HERMONIACUS sinus), al Este del anterior, el cual no es otra cosa que un estrecho que separa del continente la isla de Hydrea; hoy, de Hidra; el golfo Sarónico (SARONICUS sinus); hoy, golfo de Atenas, que forma al Este la península del Peloponeso, internándose hacia el Norte de tal modo que, entre su punta y el golfo de Corinto, no queda más que un istmo, cuya anchura no excede de á kilómetros, llamado el istmo de aquella ciudad. Al Norte del golfo Sarónico, se halla el célebre estrecho de Salamina, el cual separa del continente la isla que lleva su nombre, situada al Sudeste de Atenas. Al Noroeste del mismo golfo, un brazo del mar de Myrtos forma un estrecho, llamado antiguamente Euripus, que corre á internarse entre el continente y la grande isla de Eubea. En su parte más ancha, no tiene arriba de 200 pasos, presentando el rarísimo fenómeno de que, á cada luna, experimenta un flujo y reflujo repetido hasta doce veces al día. Este estrecho, que es lo que hoy se llama canal de Ta
lanti ó Negroponto, se ensancha en la parte septentrional y forma, al Noroeste, el Miliacus sinus, ó golfo de Miliaco; hoy, de Zeitum; y volviendo hacia el Este, después de haber formado en la costa Noroeste de la Eubea un pequeño estrecho ó canal, vuelve hacia el Norte, terminando en golfo, que es lo que se Ilama PELASGICUS sinus; hoy, golfo de Volo. Finalmente, en el mar Egeo, hacia la Macedonia y la Tracia, se encuentran dos golfos notables: el Termaico (TERMAICUS sinus); hoy, golfo de Salónica, y STRYMONICUS sinus, golfo Estrymónico; hoy, de Contesa, el cual abraza una gran península llamada en otro tiempo Calcídica, en cuya parte meridional se hallan también dos golfos pequeños; el TORONAICUS sinus, ó golfo de Hagios Mamas, y el SiGiTiCUs sinus; hoy, golfo de Monte Santo.
4. Orografía. — Las montañas de GRECIA son muchas y muy célebres como todo lo que se relaciona con este pueblo prodigioso, que pudiera llamarse el pais de la fama. En la GRECIA propiamente dicha, hallamos: el Pind (Pindus); hoy, Psiloriti; el Timphrestus; hoy, Smocoro; el Klytzos; el Parnaso, una de las más elevadas cumbres de la GRECIA; el Hélicon; hoy, Zagora; el Citherón; hoy, Elatea; el Hymeto, famose por su miel; el Olimpo; hoy Macria, y el Œta, hacia el golfo Maliaco y el desfiladero de las Termópilas, formado por los grupos del monte Anopeo y los pantanos que forma el golfo. Hablando ahora del Peloponeso, es notable una cordillera que se une con la de GRECIA, propiamente dicha, y separa las aguas estancadas del mar Jonio de las de los golfos Argólico y Lacónico. Hállase también el monte Cronius, cerca del nacimiento del Eurotas; el Taygeto (TAYGETUS mons), en el promontorio de Tenasa; el Joloe; el Erimanto; los montes Menala y Lyceo, los cuales rodean el nacimiento del Alfeo; y el Home, llamado hoy Umarno.
5. Hidrografía.—Rtos.—En el mar Adriático sólo desembocan ríos pequeños, tales como el Apsus y el Aous; que descienden de la cordillera del Pindo. En el mar Egeo desembocan: el Hebras, que sale de Tracia; el Strymón, que va á parar al golfo de su nombre; el Axius, tributario del golfo Termaico; Peneus, que vierte sus aguas en dicho golfo; el Sperchius, tributario del golfo Maliaco; el Cephissus (Kephissos) y el Ilissus (Tlissos), riachuelos que, regando la campiña de Atenas, desembocar en el golfo Sarónico. Van al mar Jonio, entre otras corrientes de poca importancia, el famoso Simois, el Thiamis ó Calamas, el Aqueronte ó Maoro Potamos; el Cocyto (Kocytus) ó Paramithia, y el Inachus, que muere en el golfo de Ambracia; el ancho é impétuoso Achelous, ó Aspro Potamos; el Enenus; el Esopus y el Crathis, tributarios del golfo de Corinto; el Peneus, Peneo, tributario del golfo Chelonites; el Alfeo, de 132 kilómetros de curso; el Pamissus, tributario del golfo de Mesenia, y el tan nombrado Eurotas, que lleva sus aguas al golfo de Laconia.
6. Islas.—Hállanse las siguientes: Corcyra, en el mar Jonio; hoy, Corfú, que Homero cita, separada del continente por un canal: Leucas, ó Leucadia; hoy, San Mauro, terminada al Sudoeste por el promontorio desde el cual se arrojaban los amantes desesperados; Ithasa, ó Dulichicum; hoy Teaki, isla larga, estrecha y montañosa, que fué capital de los Estados de Ulises; Cephalonia; hoy, Cefalonia, frente por frente del golfo de Corinto; Hyacinthus; hoy, Zantho, al Sur de la anterior, la cual tomó su nombre de Jacinto, hijo de Dárdano. Al extremo meridional del Peloponeso y al Sur del golfo de Laconia, se halla Cythera; hoy, Cerigo, en donde tenía un culto famosísimo la diosa Venus; un poco más al Sudeste, la isla de Creta; hoy, Candía, de 908 kilómetros de longitud y 67 de latitud, la mayor de todas, que tomó su nombre de Creto, hijo de Júpiter, según la opinión de algunos autores. Su monte más notable era el Ida, en donde Júpiter, al decir de la fábula, fué criado por la cabra Amaltea. Sus tres ciudades principales fueron: Gnosus, al Norte, mansión de Minos; Gorthyna, hacia el centro y al Sur, y Cydonia, al Noroeste. En el mar Egeo eran notables las Cyclades, nombre que les dieron por creer que estas islas rodeaban circularmente la de Delos, que era una de las más pequeñas, pero lamas célebre por ser la de Ap lo. Al Norte de las que formaban el grupo de las Cyclades ó Cycladas, hay la de Andros, de fértil suelo y limpias aguas; Tenos; hoy, Tina, y Mycones, un tanto árida. Lindando con la Tracia, estaba Thasos; hoy Taso, isla muy productora y abundante; al Este de la de Eubea se hallaba Scyros; hoy, Skiro, tierra de hermosos mármoles, y luego, Kubea; hoy, Negroponto ó Egripos, separada del continente por un canal estrecho, cuyo flujo y reflujo es violentísimo en todas sazones. Esta isla era muy fecunda en aceite, trigo, vino y toda clase de frutas deliciosas. Sus dos ciudades de consideración eran Chalico, al Oriente, en un estrecho, sobre el cual se colocaha un puente que se levantaba para dar paso á los buques mayores, y Fretria, cuya heroicidad resistió á los persas. Más hacia el Sur, hallábase Ceos; hoy, Zia, en los alrededores del Atica, muy nombrada en el mundo por su fertilidad y por sus higos. Algo más hacia el mismo punto, se encontraban Siphnos; hoy, Sifanto, con sus minas de plata y de oro; Milos, una de las más ricas del mar Egeo; Naxos, la más fértil de todo el Archipiélago, lo cual hubo de valerle el renombre de pequeña Sicilia, y Paros, sin igual en mármoles blanquísimos, hasta el punto de pasar á proverbio. Las principales islas del mar Egeo, situadas en la costa de Asia, eran: Lemnos; hoy, Lemos, frente á la embocadura del Helesponto; Samothracia: más hacia el Norte, Lesbos; hoy, Metelín, patria de Pitaco, que entró en el número de los siete sabios, de Terpandro, de Safo y de Alceo; Samos, patria de Pitágoras; Cos, patria de Hipócrates y de Apeles; Quío (Xtoc, Chíos), cuna de Homero. 7. División política. — La GRECIA antigua puede dividirse en dos partes: la parte Norte, allende el istmo de Corinto, y la parte Sur, aquende dicho istmo. Territorios situados al Norte del istmo de Corinto: Macedonia, Iliria, Epiro, Tesalia, Acarnania, Etolia, Lócride, Fócide, Beocia, Megánide y Atica.
Macedonia.—Al principio se llamó Emacia y tomó el nombre de Macedonia por uno de sus reyes, Macedón. Tenía á su Este la Tracia, de la cual la separaba el monte; al Sur, el monte Olimpo y los Cambunios, que la separaban de la Tesalia; al Oeste, la continuación de la cordillera del Pindo, que la separaba del Epiro y de la Iliria, y al Norte, el monte Scardo, que la separaba de la Dardania. Los ríos que la regaban eran tres: el Strymón, al Este; el Axius, en el centro, y el Halsaccín, al Sur. A Macedonia pertenecía la ciudad de Pela (HéAla), patria de Alejandro el Grande. Iliria ó Iliricum, limítrofe de Macedonia y la primera provincia griega, de que se apoderaron los romanos. Cerrábanla al Norte el río Drilo, así como al Sur, los montes que la separan del Epiro. Cerca de la embocadura del Aous estaba la ciudad de Apolonia, de la cual no existen más que ruinas.
Epiro, llamado actualmente Alta Albania. Estaba separado por el monte Pindo; hoy, Metrovo, y cerrado al Sur por el golfo de Ambracia, el cual lo dividía de la Acarnania. Los diversos pueblos de este territorio fueron gobernados por Pirro; pero se dividieron muy pronto, aunque sin perder el sentimiento de sn libertad, puesto que Roma, para domeñarlos, tuvo que incendiar setenta ciudades en un solo día. Las más notables del Epiro eran: Buthrotum, en los contornos de Corcyra; Ephira, cerca del lago de A cherusia, en donde se reunen Cocyto y el Aqueronte, ríos que formaban después el puerto Glyhis, Limen ó Puerto Dulce.
Tesalia. Hallábase cerrada al Norte por los montes Cambunios y el Olimpo; al Poniente, por el Pindo; al Este, por la extensión del mar Egeo, llamada golfo Termáico, y al Sur, por el (Eta; hoy, Cumaita, tan famoso por el sepulcro de los trescientos espartanos que perecieron en las Termópilas, y el epitafio de Simónides. El más notable de sus ríos es el Peneo, denominado actualmente Salembria, que recoge á su paso muchas aguas, atravesando el estrecho valle de Baba antes de morir en el mar. El Sperchius corre en la parte meridional y lleva sus aguas al gol
fo. Las principales ciudades de Tesalia eran: Larisa, fundada por los pelasgos, en la orilla izquierda del Peneus: Pharsalus, hoy, Farsalo, célebre por la gran batalla que en sus cercanías se dió entre César y Pompeyo; Melithea; Pagasæ, puerto en el golfo Pelásgico, donde fué construído el navío Argo; Folchos, en el fondo del golfo referido; Heraclea, en el golfo Maliaco, y Lamia, cerca del paso de las Termópilas, ó Puertas Calientes, que inmortalizó el heroísmo de Leónidas. A carnania.—Estado el más occidental de la GRECIA, propiamente dicha, cerrado por el mar Jonio, al Oeste y al Sur; por el golfo de Ambracia, al Norte; y al Este, por el río A chelous, que lo separaba de la Etolia. Su ciudad principal era Stratos, en las orillas del Achelous, y Actium, á la entrada del golfo de Ambracia, á cuya vista se verificó el combate naval entre Octavio y Antonio.
Etolia.—Extendíase por el Sudeste hasta el estrecho que forma la entrada del golfo de Corinto. El río Evenus regaba la parte oriental, y su ciudad más considerable era Calydon; hoy, arruinada. Lócride ó Locri-Osole.—Se extendía á lo largo de la costa septentrional del golfo de Corinto. Su capital era Lepanto, conocida por otro nombre á la sazón.
Fócide.—Estaba situada al Nordeste de la Lócride, su río principal era el Cephissus; hoy, Gravios; y su monte más célebre, el Parnaso, á cuyo pie se hallaba la ciudad de Delfos, tan renombrada por ser el oráculo de Apolo.
Beocia.—Hallábase al Sudeste de la Fócide, cercada de montañas, con el río Hipocrene, el monte Hélicon y el gran lago Copais, en el centro. Su ciudad capital era Tebas, patria de Pindaro. A Beocia pertenecía Ascra, cuna de Hesiodo. Megánide ó Meganda.—Estaba enclavada en el extremo del golfo de Corinto y tenía por ciudad capital á Megara ó Megasis, patria de Euclides.
Atica, la más famosa de las provincias de la GRECIA antigua, cuya capital era Atenas, al Este de Megánide. Era un país muy montañoso, casi enteramente rodeado de mar, cuyo nombre pasó á proverbio como sinónimo de delicadeza, de gracia y gusto clásico, tanto en hablar como en escribir. El extremo meridional del .tica se llamó cabo Sunium; hoy, Capo-Coloni, aludiendo á 17 columnas que allí quedaron en pie, restos de un templo de Minerva. Al Atica pertenecía la célebre ciudad de Marathón, cuna gloriosa de la libertad griega, así como la isla de Salamina, patria de Solón. A tenas.—No ocupaba primeramente más que un montecillo, encerrado en la ciudadela, el cual se denominaba Cecropia, de su primer rey Cecrops, quien se estableció en ella diez y seis siglos antes de la venida del Salvador (1570). Cuando la ciudad se fué extendiendo al rededor del montecillo, tomó el nombre de-Atenas, por haberse puesto bajo la protección de la diosa Minerva, á quien los griegos denominaban ’Aonvãc (Athẽnãs), la Virgen. Sus casas, generalmente hablando, eran pequeñas y poco elevadas; sus calles, torcidas y montuosas; pero suntuosísimos los edificios públicos; sobre todo, los templos levantados á sus dioses, cuyas ruinas asombran al mundo. La parte occidental, llamada Cerámica ó Tullertas, aludiendo á los muchos objetos de alfarería que allí se fabricaban, era también un magnífico barrio de Atenas, en donde estaban la plaza mayor, el palacio de los senadores y la colina en que se reunía el Areópago. Atenas tenía tres gimnasios: el Liceo, el Cinosargo (Cynosargus) y la Academia. Una larga calle, que formaban dos paredes simétricas, conducía al mar, en donde tenía tres puertos: el Falero, el Munichio y el Pireo, el más considerable de todos, en el golfo Sarónico, que existe todavía, y que llegará á ser una ciudad preciosa. Excusado parece decir que Atenas dió al mundo grandes capitanes, filósofos ilustres, poetas clarísimos, admirables mujeres, mártires famosos. 8. Territorios al Sur del istmo de Corinto.—Lo que nos falta describir de la antigua GRECIA, es el Peloponeso; gran península que tomó su nombre de Pelops, establecido en él en 1362 antes de Jesucristo. Este territorio, que hoy lleva el nombre de Morea, comprendía ocho estados principales: Acaya, Sicionia, Corintia, Elide, Mesenia, Arcadia, Laconia y Argolis. A caya.—Ocupaba el ángulo Noroeste del Peloponeso, sobre el golfo de Corinto, y sus ciudades principales fueron Patre y Ægium, al Este.
Sicionia, al Este de la Acaya, propiamente dicha. Cortábala de Norte á Sur el río Asope y tomó su nombre de Siciona, hoy Vasilico, cerca del golfo de Corinto, donde tenía un puerto.
Corintia, al Sudeste de la Sicionia, sobre la parte occidental del istmo. Su capital era Corinto, una de las ciudades más mercantiles, ricas y heroicas de la antigua GRECIA, en donde Alejandro visitó á Diógenes en su tonel. Elide ó Elis, al Sudoeste de la Acaya. Se extendía á lo largo de la costa del mar Jónico hasta las orillas del riachuelo Noda, que la separaba de la Mesenia. La ciudad principal era Elis, sobre el Peneo.
Mesenia.—Ocupaba todo el ángulo Sudoeste del Peloponeso y fueron sus ciudades principales: Cyparissia, hoy Arcadia; Pylos, morada de Néstor; Cosoné, cerca de Cosón; Mesina, hoy arruinada, é Ithome, fortaleza.
Arcadia, en el centro del Peloponeso, regada por el Alfeo. Eran sus ciudades principales: Tegea, cerca de Tripolitza; Gerisa, célebre por el triunfo de Epaminondas sobre los lacedemonios; Orchomene, muy famosa por sus ganados; Hereo, sobre el Alfeo, y Megalópolis.
Laconia, al Oriente de la Mesenia. Ocupábala parcialmente el célebre monte Taygetes ó Taygeto; la enriquecía el hermoso valle del Eurotas y tuvo á Esparta por capital, patria de Leónidas.
Argolis, regada por el Inachus en la parte Nordeste del Peloponeso. Tenía por ciudades principales: Argos, sobre el golfo Argólico; Epidauro, mansión predilecta de Esculapio; Hermione, célebre por su púrpura; Micenas, rival de Argos, y Nauplia ó Nápoli de Romanta, sobre una península del golfo Argólico. GRECIA MODERNA 1. Resumen histórico.—GRECIA fué ocupada por los pelasgos y los helenos con mezcla de egipcios y fenicios, viniendo á ser como el teatro de una gran parte de la civilización del Oriente. Los reyes macedónicos amenazaron la independencia griega cuatro siglos antes del Salvador, mientras que los romanos, dos siglos después, la redujeron á simple provincia del poderoso imperio de Occidente. Durante el siglo Iv de la era cristiana, fué incorporada al imperio de Constantinopla, que es lo que se llama Bajo Imperio. Después de las cruzadas, fueron sus señores los franceses, los genoveses y los venecianos. Invadida luego por los turcos, vuelta á tomar por los venecianos á fines del siglo XVII, cayó finalmente en manos de Turquía á principios del siglo XVIn (1715). La desgraciada GRECIA tuvo que levantarse en masa, encomendando su salvación á su propio despecho. La insurrección que estalló en 1821, dió lugar á una guerra de fuego y sangre en que GRECIA logró reconstituirse, aunque parcialmente, mediante la ayuda de Francia y el aliento de todas las naciones regidas por leyes constitucionales. 2. Situación astronómica.—La GRECIA, sin las islas, está comprendida entre los 36° 20' y los 38° 50: latitud Norte, y los 24° 47 y 27° 47 longitud Este.
3. Límites.—Está limitada al Norte por la región meridional del Pindo, por el monte (Eta y por la Turquía de Europa, cuyas fronteras, no determinadas aún, debieran seguir la corriente inferior del Aspropótamo; al Este, por el Archipiélago; al Este y al Sud, por el mar Jónico. Tiene 330 kilómetros de largo, de Norte á Sud, y casi los mismos de anchura, de Este á Oeste. 4. Aspecto del país.—El aspecto de GRECIA es delicioso y variado, como todo país montañoso; el clima, templado y salubre; el suelo, fértil; pero la falta de conocimientos agrícolas tiene el cultivo en grande atraso. Abunda en frutas delicadas, y sus montañas están cubiertas de frondo
sos bosques. Hay abundantísimos gusanos de seda, excelente miel en varias provincias, así como riquezas metalúrgicas que no están explotadas como merecen. 5. Orografía.—La cordillera helénica termina en el cabo Matapán. En la GRECIA, propiamente dicha, aquella cordillera toma los nombres de Parnaso, Pindo, Hélicon, Citherón. En el Sur de Morea se denomina Maina. Sus ramas orientales son: el ta, que termina frente al Negroponto y rodea con el mar el desfiladero de las Termópilas; los montes del Atica, á los cuales pertenece el Hymeto (Hymetus), en los alrededores de Atenas. 6. Hidrografia.—Entre los ríos tributarios del mar Jónico, se distingue el Achelous, que desemboca junto á la entrada del golfo de Patrás, en la frontera de Etolia y de Albania; el Alfeo, que desagua en el golfo de Arcadia, y el Kurotas, en el golfo de Marathonisi. Las islas que, por naturaleza, deben formar parte de este estado, son: el Negroponto (Eubea), hermosa isla que se extiende cerca de la costa oriental de la GRECIA, propiamente dicha; Scyros, al Nordeste del Negroponto; las Cycladas, al Sur del Archipiélago, entre cuyas principales ciudades se deben contar: Naxos, Paros, Santorín, Salamina y Egina, la cual, durante algún tiempo, ha sido metrópoli del actual gobierno de GRECIA. La península del Atica, cuya extremidad forma el cabo Sunium; hoy, Colona ó Capo-Coloni, limita al Este el territorio de la GRECIA, propiamente dicha, mientras que la peninsula de Morea (antiguo Peloponeso) proyecta otras cuatro. El mar Jónico forma un golfo sobre la GRECIA y la Morea, el cual se denomina en su embocadura golfo de Patrás, mientras que en el resto de su extensión se llama golfo de Lepanto ó de Corinto. 7. División política. —La GRECIA, propiamente dicha, comprende cuatro antiguas y célebres regiones, cuyos nombres han resucitado los modernos: Etolia, al Oeste; la Fócide y la Beocia, en el centro; Atica, al Este. La Morea comprende: al Norte, la A caya; al Este, la Argolia; al Oeste, la Elida; en el centro, la Arcadia; al Suroeste, la Mesenia; al Sudeste, la Laconia.
8. Gobierno.—Es monárquico constitucional hereditario. Un nomarca (jefe político ó gobernador civil) desempeña la administración de cada provincia. En cada heptarquía (distrito) la administración está á cargo de un heptarca, especie de subgobernador (asistido por un Consejo), el cual tiene bajo su dependencia á los demogerontes, «ancianos del pueblo,» especie de alcaldes, los cuales administran los distritos, equivalentes á nuestros partidos judiciales. La GRECIA está bajo la triple protección de Francia, de Inglaterra y de Rusia.
9. Religión; escuelas.—La religión es la griega cismática y la reformada con tolerancia de todos los cultos. Se hallan muchos católicos en varias islas y son numerosos los conventos. Respecto á la enseñanza, hay muchas escuelas y la instrucción penetra en las masas, aunque lenta y penosamente. 10. Moneda.—La unidad imaginaria es la lepta, casi equivalente á nuestro céntimo, cuyo vocablo significa menuda, porque es una forma de lextóς (leptós), menudo, participio de Aexo (lépõ), quitar la corteza, despojar. La moneda propia del griego moderno es el dracma de 100 leptas, equivalente á 95 céntimos de peseta; aunque su circulación es muy rara, así como la de las piezas de 5 dracmas, que llaman b0vec (othones), aludiendo á la efigie del rey Othón, que las decora. Las monedas corrientes y usuales son las piezas de 5 y 10 leptas, equivalentes á nuestras monedas de 5 y 10 céntimos, y otras que denominan zmanziger, que tienen el mismo valor del dracma ático, es decir, 95 céntimos de peseta. Tienen curso corriente y fijo las monedas siguientes: franco, 100 leptas; lira italiana, 100 leptas; escudos sicilianos, que llaman bóknpa (thálëra), 5 dracmas y 70 leptas, ó 5 pesetas y 45 céntimos; thaler de Baviera, de Sajonia, de Austria (los de María Teresa), á razón de 5 dracmas y 80 leptas, ó sea 5 pesetas y 55 céntimos; duros columnarios de España, del Perú, de Bolívar, de Méjico, ó dracmas, ó sea 5 pesetas y 70 céntimos; el cheling, un dracma y 40 leptas, esto es, una peseta y 35 céntimos. A contar desde 1.° de Enero de 1871 empezó á regir el sistema monetario francés, ó decimal, por cuya razón el dracma fué acuñado con el valor del franco francés ó de la lira italiana, con la efigie del rey Jorge. En cuanto al papel-moneda, circulan sin quebranto billetes de 10, 12, 25, 30 y 100 dracmas. 11. Lengua.—El griego moderno es una mezcla de griego antiguo, de eslavo y de albanés, cuyo último elemento es acaso el que más domina. Esta mezcla produjo el bajo griego, que debía marcar el período de decadencia, como el bajo latín marcó el período de la decadencia latina en el imperio bizantino. Nótase un fenómeno que debe llamar la atención de los hombres doctos: las mezclas y las corrupciones del idioma están retratadas en el carácter y en las costumbres del país. Se nos figura que la nación griega se regenerará cuando se regenere el idioma griego. 12. Etnografía.—El griego es de mediana estatura, moreno, de mirada viva y penetrante, ágil, flexible, airoso, gallardo. Es apasionado é impetuoso; pero las pasiones magnánimas de la antigüedad, los impetus heroicos de los grandes tiempos han venido á cierta decadencia, próxima alguna vez á la degradación. La vida de los griegos en Constantinopla (hombres y mujeres) se presta á toda clase de oficios viles, lo cual supone que una parte de la población ha perdido la energía de raza, esa emoción constante y pura, ese ardimiento guerrero que constituye el gran carácter de los pueblos, porque aquellas nobles pasiones son en nuestro espíritu lo que es el aliento en nuestra boca. Esto quiere decir que una parte de GRECIA está durmiendo todavía, y le sucede lo que es natural. El que está dormido, no sabe que duerme. Tratándose de Atenas, la población toma cierto aire general, en donde parece extraviarse ó. confundirse la herencia de raza; pero en el interior se conserva aún el tipo griego. Particularmente en el campo, se hallan mujeres que recuerdan la Venus de Médicis, que está en Florencia, ó la Venus de Milo, descubierta en 1820, la cual se encuentra en el museo del Louvre. Distinguese la mujer griega por facciones muy bien delineadas, como una pintura de correcto estilo, y por un conjunto de formas elegantes, redondeadas y armoniosas, á lo cual se une un contorno vago, una expresión confusa, un espíritu, que no llega á ser misterioso, pero que es realmente indefinible; en donde hallamos una alegría que no se parece al regocijo, una tristeza que no se parece á la melancolía, una languidez que tiene algo de pureza, ó una pureza que tiene algo de languidez. Adviertan nuestros ilustrados lectores que cierta languidez es la última pincelada de la belleza mujeril; pero tiene un riesgo gravísimo, y es que no se puede imitar. La mujer griega nos ofrece el encanto del sexo, la malicia de la mujer y la idealidad de la virgen. Si tuviese la gracia de las españolas y el arcano de las orientales, pudiera decirse que la mujer griega representaba en este mundo el genio del amor, es decir, «el hermoso martirio de secretos cuidados,» como ha dicho un poeta. ATENAS Cuando vimos, desde las ruinas de la Acrópolis, una población que se perdía á lo lejos en una llanura entre las sombras de la tarde, nos parecía veíamos una aldeita en medio de un campo. Aquella aldeíta era Atenas, el prodigio de la antigüedad. Ni la presencia del gran desierto de la Libia, ni la vista de las soledades del Océano, infunde en el alma una impresión más misteriosa que la presencia de aquel grupo de casas en aquella llanura. Del fondo de aquella aldeíta, parecía brotar la enorme metrópoli del mundo gentil, entre apariciones de una grandiosidad que no puede explicarse. En efecto, existe una grandiosidad más imponente que los. más grandes espectáculos de la naturaleza: es la grandiosidad de la historia. De otro modo, ¿cómo se pudiera explicar el milagro de que esa aldeita es más grande, infinitamente más grande que Londres? 1. ación astronómica.—Atenas
está situada bajo el 37° 58' latitud Norte, en la llanura principal del Atica. 2. Aspecto de la ciudad.—Habiendo sido reedificada en muchos barrios nuevos, según los planos del sabio arquitecto alemán Schaubert, ha perdido su aspecto oriental, ganando en simetría lo que perdiera en variedad y carácter histórico. Puede afirmarse que la Atenas de nuestros tiempos es de las ciudades más limpias y uniformes de Oriente, si se exceptúan Alejandría y el Cairo. Pero la verdad es que un friso roto del Partenón, una piedra despedazada de aquel arte, vale mucho más que todos los planos del sabio arquitecto. Aun suponiendo que esta ciudad Hlegara á ser un prodigio de Europa, la Atenas de hoy, la Atenas de mañana no será otra cosa que un recuerdo pálido de la otra Atenas, el ocaso de aquel Oriente, la tristeza de aquellos gozos, en donde escuchamos el ruido de una piedra de Fidias, un canto de Homero, un suspiro de Safo. Estas memorias tienen aquí una soberanía que avasalla todos los espíritus, sin necesidad de la servidumbre que lleva aparejada el vasallaje. Es un obsequio personal que todo el mundo presta; pero que no hace esclavos. Y, ¡plegue al cielo que no los haga, porque en la tierra no convienen ni aun los esclavos de la gloria! 3. Montes.—La llanura de Atenas está rodeada del Parnaso y del Egaleos, ramificación de aquella montaña, por la parte del Norte; del Brilessos ó Pentelykón, al Nordeste, y del Hymettos, al Oeste.
4. Ríos.—El Ksztesoc de los griegos (Kephissos), es el único río del Atica que conserva un escaso raudal durante el verano, y el "Ihiggos (Ilissos), arroyo de monte, corre únicamente en la estación lluviosa.
5. Colinas.— Una cadena de colinas, denominada hoy Turho Vuni, separa el valle del Cefiso del Iliso, teniendo por punto culminante el Lycabettos de los antiguos, hoy montaña de San Jorge. Otro collado separa el Lycabettos, lá roca escarpada de la Acrópolis y la colina del Areópago, mientras que, más hacia al Oeste, corre otro grupo de colinas, que son las llamadas de Philopappos, de Pnyx y de las Ninfas, las cuales descienden en declives suaves de la parte del golfo Sarónico.
6. Trajes.—La infinidad de trajes distintos que se ve en las calles de Atenas, da á la ciudad cierto carácter pintoresco, sumamente agradable. En cuanto á las mujeres de condición, puede decirse que han dejado de ser atenienses en su porte, puesto que se visten según las modas de París. Las mujeres del pueblo suelen añadir un birrete de lana encarnada; blanca, rara vez, y cierto tocado del país que sujetan con una presilla de oro. El tráje nacional griego de nuestros días es el traje albanés: birrete de lana encarnada con gran borla azul; chaqueta azul ó encarnada, de mangas abiertas, bordadas ricamente; chaleco bordado también, camisa de largas mangas flotantes; cinturón de correa, del cual va pendiente un porta-armas de cuero; chupa blanca; pantalones cortos; polainas encarnadas y zapatos de punta del mismo color. Los obreros y los vectotas (nesiõtas), isleños, llevan otro traje, que parece ser de origen turco: birrete alto y muy empinado; chaqueta corta de color oscuro, chaleco encarnado; anchos pantalones de algodón verde ó azul bajo, á modo de nuestros antiguos gregüescos, los cuales dejan ver las piernas desnudas ó con medias, y zapato de hebilla. Este mismo traje llevan los cretenses, con la diferencia de que, en lugar de medias, usan botas cumplidas. En la estación de la lluvia y del frío, todo el mundo lleva unos abrigos de capucha, de pelo de cabra, que denominan zá *a (Rúppa), voz que tomaron del bajo latín. Las mujeres de los campesinos albaneses, que podríamos llamar griegos modernos, usan todavía su traje propio, que tiene el encanto de todo aquello que es característico de una raza: larga camisa bordada en las mangas y en la parte inferior; enagua corta de lana blanca, á guisa de basquiña; cinturón atado muy bajo; cadenas, formadas de monedas unidas entre sí, que son el adorno de la cabellera y del cuello.
7. Población.—Atenas no se ha visto nunca despoblada, desde su fundación hasta nuestros días. Aun en el período de su decadencia lastimosa, después de perder toda su importancia política y social, el estado de esta ciudad era floreciente, comparado con el de las demás ciudades griegas. A esta prosperidad relativa de Atenas hubieron de contribuir dos hechos históricos: las escuelas de filosofía, las cuales atraían un gran número de extranjeros de todos los países, y la dominación de los duques franceses, que tenían aquí su especie de corte durante una parte de la Edad media. Pero llegó un día en que la ciudad se vió reducida á tal grado de enflaquecimiento que, cuando el gobierno griego fué trasladado, de Nauplia á Atenas, no encontraron más que un barrio miserable de 300 casas ruines. A la sazón, el puerto de Pireo no existía ni aun de nombre, puesto que los italianos le llamaban Porto-leone (Puerto-león), á consecuencia de un león de mármol que se llevaron los venecianos para colocarlo delante del arsenal de Venecia. Desde la erección de Atenas en metrópoli del nuevo reino, es la más poblada de sus ciudades, habiendo alcanzado en 1871 la cifra de 42.000 habitantes, la cual va en aumento. Pireo, en donde sólo había unas cuantas barracas de pescadores, tenía en dicho año 6.500 almas. Los 13.000 habitantes que los tratados de geografía dan á la ciudad que describimos, deben referirse á 1835, en que el asiento del gobierno pasó á Atenas. Volvemos á decir que en 1871 contaba ya 42.000 almas, se GR gún antecedentes oficiales que hemos visto en la misma ciudad. 8. Calles y plazas.—Hay dos calles maestras, las cuales se cruzan en el centro de la ciudad y forman las arterias de la circulación, si así puede decirse: la calle de Hermes (Obo; "Epuot), que parte de la plaza del Castillo y se extiende hasta la estación del ferrocarril, cerca de la iglesia de Hagia Triada, en donde se junta con la calle denominada de Pireo; la calle de Eolo (Od0z Alcloo), que parte de la torre de los Vientos, en la vertiente septentrional de la Acrópolis, y se extiende en línea recta hasta fuera de la ciudad, terminando en un lugarcito que se llama Patissia. A estas dos calles desemboca una infinidad de callejuelas irregulares que forman el núcleo de la población, en donde el forastero no debe entrar solo, porque es seguro que se perdería en aquel dédalo. Otro sistema de calles se agrupa en torno de la plaza del Castillo y de la plaza de la Concordia (rhareta T̃c ·Ouovoias), en la parte Norte de la ciudad. Estas calles, anchas y rectas, con dos filas de árboles, constituyen la parte nueva de la población, que es alegre y graciosa, aunque poco característica, llamada NeóRohς (Neópolis), nueva ciudad. Las dos plazas, Concordia y Castillo, están enlazadas por las calles denominadas de la Universidad y del Estadio (O8o6 Eraôtov), á cuya izquierda está el Congreso (BooAú); y más allá, el ministerio de Hacienda con un jardín pequeño, umbroso, fresquisimo, mansión deliciosa en los días calurosos del verano. Otra calle, la de Minerva (Oboc AOnvac), se extiende hacia el Sud desde la plaza de la Concordia, ensanchándose, casi á la mitad de su curso, hasta tomar la forma de una especie de plaza en embrión, cuyo costado izquierdo sirve de estación á los carruajes del servicio público. Otra calle, que parte de la misma plaza, se extiende rectamente hasta Pireo, ofreciendo magníficas vistas al mar. Merece citarse un bulevar que arranca de la plaza del Castillo, que conduce al Sud, da vuelta á la Acrópolis y se extiende hasta el antiguo templo de Teseo. La calle Philothéas (Delobéac) debe mencionarse, por contener, en la parte Sud, las ruinas de la iglesia de San Andrés sobre grandes trozos de mármol antico. Los arqueólogos entienden que la antigüedad tuvo en este paraje un Serapión. Por fin, Atenas inmortalizó también la memoria de un mártir suyo, poniendo á una de sus calles un nombre venerado. Aun hoy existe la calle de Sócrates (06os Zoxpátove). La plaza del Castillo está situada en la extremidad oriental de la calle de Hermes con un pabellón octógono, en el centro, y un jardín cuadrangular, al lado del Este, contigua al Castillo (và aváxtopa), edificado de 1834 á 1838, según los planos del arquitecto Gœtner, y que era propiedad particúlar del rey Othón desde 1867.
Vamos á terminar con lo que se denomina la Vía Sagrada (Iepa oõoc), por donde iba la procesión de los iniciados en los misterios de Eleusis, cuando, desde Atenas, se dirigían á dicha ciudad para el cumplimiento de sus ritos. La Vía Sagrada era la que, pasando por delante de Hagia Triada, se extendía hasta Eleusis por el bosque de los Olivos y los antiguos demos Lahkiade y demos Hermos. Marcaban el camino dos hileras de monumentos funerarios, cuyos vestigios existen todavía de trecho en trecho. Los misterios de Eleusis representan, sin duda, una de las más grandes tradiciones de la mitología griega. 9. El jardín del Castillo, abierto al público desde las cuatro de la tarde, fué fundación de la reina Amalia. La verdura de esta gran plaza, antes desierta, ofrece una sombra y una vista agradables. Hacia la izquierda de la puerta de entrada, hállase un mosaico de mucha extensión, perteneciente en otro tiempo á una casa de baños. En el comedio del jardín, hay un pequeño estanque, una jaula con una leona, y á modo de un vasar, que contiene restos antiguos. En la parte del Sud, se encuentran las estatuas del presidente Capodistrias y del banquero genovés Eynard, magníficas palmeras, en que se adivinan las palmeras de Egipto, y extensas vistas del Júpiter olímpico y del mar, especialmente desde lo alto de un peñasco que hay en el ángulo Sudeste, cerca del cual se ve un segundo mosaico romano. Esta parte meridional del jardín es verdaderamente variada y graciosa. 10. Academia. — Se construyó, á expensas del generoso barón Sina, con mármol pentélico. 11. Universidad (Ravertetnuíov). — Se fundó en 22 de Mayo de 1837, según el modelo de las universidades alemanas, teniendo, como ellas, cuatro facultades: teología, filosofía, medicina y jurisprudencia. Depende de la universidad el observatorio (deceposxorsiov), en la colina de las Ninfas, que el barón de Sina fundó y proveyó de los necesarios instrumentos; una escuela de farmacia, una biblioteca de 100.000 volúmenes, colección de monedas é historia natural y un museo anatómico, cuyos dos últimos establecimientos están enclavados en el edificio de la Universidad. Enseñan en ella setenta profesores ordinarios y extraordinarios (cáxtixot «al ἐxτanτοι καOnynταί) y doce agregados (bonyntat), mientras que el número de escolares (porenta?) no suele exceder de 1.200. 12. Escuelas de niñas.—En la misma calle de la Universidad se halla una escuela de niñas, llamada el instituto Arsakion, cuyo nombre recibió de Arsáhës (’Apgáxre), fundador de la escuela, quien la dotó espléndidamente. Es un preciosísimo modelo de esta clase, único en todo Oriente, y que ha de contribuir en primera línea á la cultura de la ciudad, porque educar á la mujer es educar á la mujer y al hombre. Querer que viva en la barbarie y en la esclavitud (la esclavitud es la natural condición de toda barbarie) una criatura que se muestra madre, nuestra compañera y nuestra hija, pudo ser un sistema antes de Jesús; pero es un sacrilegio después que el cristianismo creó la familia, enalteciendo á la mujer en la Madre del Salvador, tipo el más grande, personificación la más augusta del sublime dolor cristiano. La escuela de niñas que acabamos de ver, vale media Atenas. 13. Escuela politécnica.—Para esta escuela se está construyendo un gran palacio en la calle Patissia, al lado del museo arqueológico. 14. Gimnasio Varvakión.—Hacia la derecha del lugar que sirve de estación á los carruajes de plaza, situada en la parte ancha de la calle de Minerva, se encuentra el gimnasio Varvakión, que recuerda el nombre de su constructor Barbúhes (Bapoáxnc), en donde está la colección de la sociedad arqueológica (ἀρχαιολογικί ἔταιpía), que no se puede visitar sin que admiremos muchas y ricas curiosidades. El edificio se compone de una antecámara, de cuatro salones y de un pequeño gabinete. La entrada de la primera sala está exornada por un Neoptolemo y un Peleo, de estilo arcaico, y por una Tetis, que lleva sus armas á Aquiles. Son dignas de notarse con afectuoso interés muchas figuras de barro cocido, lo que el francés llama terre-cuite, ejecutadas con doctísimo arte. Entre las mil cosas que se disputan nuestra avidez, se distinguen diferentes objetos de adorno y coronas de oro, encontrados en las tumbas áticas; una magnífica cabeza de Bárbaro; una preciosa antorcha arcaica de Egina; varios fragmentos de arquitecturas con vestigios de colores y un grande y hermoso Lekythos, con diseños de color violeta sobre fondo blanco. Los juguetes antiguos de todas clases que se encuentran en la última sala, impresionan de una manéra particular, porque siempre es grato hallar un pueblo que se acuerda hasta de los juguetes de los niños. 15. Ministerio de Cultos.—Tiene una colección de objetos antiguos en las salas de la oficina del eforo de antigüedades, que era á la sazón un señor llamado Eustratiadis, tan ilustrado como obsequioso. En la primera sala, en el armario que está casi tocando con la puerta, hay unos relieves de barro cocido, los cuales representan á Phrixos con su carnero. Estos relieves, llamados pinahes, solían ponerse en el interior de los sepulcros. Pero lo digno de admirarse, es una representación, la más exacta que existe, de la Minerva de oro y marfil que decoraba el Partenón, considerada por la antigüedad sabia como la obra maestra de Fidias. Es un preciosísimo monumento qae merece un viaje á Atenas, y nunca podrá sentirse bastante que una obra de tal concepto no esté concluida. 16. Iglesia de San Nicomedes, á la derecha de la plaza del Castillo. Es actualmente la iglesia de los rusos y cuenta once siglos, pues fué construída en el año 800. Las crónicas del imperio de Oriente hacen relación de una emperatriz de Bizancio, Irene, la cual fundó una iglesia en la ciudad que aquí se describe. Esta iglesia de San Nicomedes es la iglesia fundada por dicha emperatriz. Tiene un monumento curiosísimo, el cual consiste en una cripta, que hubo de estar destinada á baños y que parece ser de construcción romana. 17. Iglesia inglesa.—A la derecha de la iglesia de los rusos, está la iglesia de los ingleses, que no tiene nada de particular, lo cual es una cosa particularísima, encontrándonos en Atenas. 18. Capnicaraa.—Es otra iglesia, situada casi en el comedio de la calle Hermes, construcción complicada y confusa, que parece marcar cierto periodo de decadencia en el estilo bizantino. Es una fábrica monstruosa, pues monstruoso es todo lo confuso. 19. Iglesia metropolitana (perpózo Rc).— Se edificó durante quince años, desde 1840 á 1855, habiendo dirigido la obra cuatro arquitectos: dos griegos, un francés y un alemán. Se emplearon en este templo los materiales de 70 iglesias y capillas derribadas á consecuencia del decreto de 1840. El exterior no es otra cosa que una reproducción en grande escala de la pequena métŕopòl, situada al Sud de la grande, llamada Panagia Gorgópilo. La pintura roja y amarilla del exterior de la iglesia metropolitana de Atenas no es otra cosa que una imitación del Hagia Sophia de Constantinopla. En cuanto al interior, ofrece el espectáculo de una brillantez que no acaba de ser brillante, porque no tiene gusto. Es una creación espléndida, hasta fastuosa; pero le falta algo, lo cual quiere decir que le falta la majestad de la sencillez, ó la sencillez de la majestad. Propiamente hablando, le falta y le sobra al mismo tiempo, pues lo que le sobra de profusión, le falta de arte. 20. Panagia Gorgópiko.—Fué edificada con restos antiguos por el príncipe Othón de Laroche hacia 1259. Todas las cornisas y la ligazón de la fábrica no son más que una copia de antiguos monumentos, así como las repugnantes y aplastadas figuras de animales, que allí se ven, deben ser otra copia de un mal trabajo bizantino. Sobre el ábside, por ambos lados, hay relieves con representaciones de sacrificios; y en el mismo muro del ábside, un buen relieve arcaico, taraceado en el anverso. Es curioso un calendario antiguo de las fiestas griegas, que está sobre las puertas principales del lado del Poniente, con capiteles de pilastras corintias decorando los ángulos. Pero el trabajo de más mérito que presenta el exterior
de este edificio, se halla coronando la puerta del Sud, y consiste en un magnífico fragmento de arquitrabe dórico, con cabezas de toros y rosetas en las métopas, hachones cruzados y vasos en la parte anterior de los triglifos. Aunque se escandalicen los doctos arquitectos de la iglesia metropolitana, nosotros decimos que la damos por el arquitrabe, por el relieve y por el calendario de Panagia Gorgópiko. 21. San Teodoro.—Hemos dejado para lo último este pequeño templo, situado al lado derecho del frondoso jardín del ministerio de Hacienda. Es de las iglesias más antiguas de Atenas y de la cristiandad, tipo perfecto del gusto bizantino, en donde se expresa acabadamente el sentimiento enérgico de la religión, el espíritu penetrante de la fe, expresión suprema de la vida humana. No se puede significar el aura apacible, la emoción tranquila, el sentimiento delicioso que se experimenta en torno de estos mármoles, tradición de los primeros tiempos cristianos, monumento de más felices esperanzas, santo tugurio de un dogma tan grande. 22. Visitas de establecimientos públicos, correrías.—Hemos visitado la iglesia Hagia Triada, el jardín botánico (Boravtxóc xnnoc), el hospital militar, el hospital de enfermedades, de los ojos (dobz)uoxopstov), el café de la hermosa GRECIA (ogzíα ElAac), la caserna y otros muchos establecimientos, que fuera prolijo enumerar, con lo cual debemos despedirnos de la ciudad moderna, porque estamos pisando los límites, los inmensos limites de la ciudad antigua. Esto quiere decir que salimos de la Atenas chica para entrar en la Atenas grande. ¡Cuán grande es! La grandeza de esta ciudad no puede comprenderse hasta que se visita la Acrópolis. ¡Adiós, reina del Atica! ¡Adiós, reina del mundo antiguo! Dí á tus manes que no sean ingratos á este saludo, ya que, desde nuestra primera infancia, hemos suspirado por verte, alimentando nuestra alma con la gloria de amarte. Antes de pasar á la ciudad de los tiempos heroicos, debemos advertir que hemos preguntado inútilmente por los restos del Kynosargo, como por el pórtico bajo el cual enseñó Zenón el estoicismo, como por el solar de la casa de Friné, la que propuso reconstruir á Tebas á expensas suyas; como por la estatua de Pindaro, que le erigió Tebas y que halló Pausanias seis siglos después; pero, en cambio, nos hemos paseado holgadamente por los solares de la Academia que ilustró Platón con la ciencia más pura, más creyente, más consoladora de la antigüedad. También registramos el solar del antiguo Liceo, en donde Aristóteles fundó una doctrina que Ilenó al mundo y dió tanto que hacer al pensamiento del género humano. Pero la vista del Liceo nos dió á conocer una porción de antigüedades de que no teníamos la menor noticia. Para visitar el solar mencionado, se toma el camino que va a Kiphissia, se llega á un convento, llamado Somatón, se tuerce á la derecha y allí está el solar del Liceo. Después atravesamos el brazo del Ilisso, el Eridanos de otras épocas, y proseguimos caminando hasta llegar á las ruinas de una construcción avanzada, que los griegos llamaban metochi; de donde se pasa al convento denominado Kœssariani, en una garganta poblada de árboles. En este paraje se encuentran vestigios de un antiguo santuario de Venus y otra curiosidad no menos notable, la cual se refiere sin duda á la existencia de dicho santuario. El manantial de la corriente, que allí se ve, era la, fuente que los antiguos designaban con el nombre de Killou pira, cuyas aguas tenían, según la tradición, una maravillosa eficacia contra la esterilidad de las mujeres. Esta superstición existe todavía, por lo cual supondrá el lector que nunca falta aquí alguna devota en pretensión de posteridad. Es indudable que la virtud tradicional de las aguas de Killou pira vine á explicarnos la existencia del santuario ó templo de Venus, considerada como diosa de la fecundidad y del amor. El convento de Kœssariani está tocando con los estribos del Hymeto, por cuyas faldas nos encaramamos sin seguir ninguna vereda. Desde la cima de este monte se descubre una vista extensa, imponente, grandiosa. Al vernos en la cumbre del Hymeto, nos parece escuchar el zumbido de la antigua abeja y ver el color amarillo de sus ricos panales de miel. Estas tradiciones, siempre vivas, de una raza que ha muerto, ejercen sobre nuestra memoria una atracción que no se puede definir. El amor nos habla aquí de la naturaleza, ó la naturaleza nos habla del amor; y esto es natural, porque natural es que la luz nos hable del cielo, ó que el cielo nos hable de la luz. No hay nada parecido á la emoción que experimentamos, recorriendo estos montes de GRECIA, entre los recuerdos de la historia, las bellezas del paisaje y el alma bendita que vive en el campo. Aquí se pasan horas de una dicha inefable, casi sagrada, en que se siente lo que llamamos arrobamiento del espíritu, Pero hay que dejar estas delicias del monte Hymeto, porque nos esperan dos grandes sepulcros. Hemos visitado el paraje en que estuvo la aldea de Colito, cuna de Platón, homenaje de admiración y de respeto que hemos querido tributar á la sombra de aquel inmenso apóstol del paganismo. Otra sombra nos Ilamaba también en el antiguo Demos Lahhiade, y hemos acudido á saludarla. Daremos cuenta á nuestros lectores del itinerario que hemos seguido, á fin de dar á estas descripciones la realidad que deben tener. Caminando por la Vía Sagrada, se deja á izquierda el jardín botánico y se sigue hasta el bosque ó la selva de los Olivos, alguno de los cuales fué testigo aún de las glorias de Atenas. En este bosque de los Olivos se encontraba el famoso Demos Lakkiade, donde nació el héroe de un gran día, el primer Salvador de GRECIA, aunque la GRECIA le condenó á morir en un calabozo. Nos referimos al ilustre padre de Cimón, héroe á su vez bajo la conducta de Temístocles. ¡Espectáculo maravilloso! Milcíades, el caudillo de Marathón, muere en una mazmorra, mientras que Cimón responde al martirio de su padre con la batalla de Salamina. Este bosque de los Olivos era muy célebre en la antigüedad por el tamaño enorme de los rábanos que producía. Cerca del brazo del Cefiso, que por aquí corre, se encontraba el primer olivo que se plantó en el Atica, el mismo que Ceres regaló á Phytalo, según refiere la mitología. Detrás del bosque de los Olivos, el camino atraviesa una colina, denominada de Hagios Elías, San Elias, nombre de una capilla que corona su cumbre; de donde se pasa el collado de Daphni, que también se designa con el nombre de Poikilón, el cual corta en dos la cadena de los Egaleos. A la derecha, se divisa el lugarcito, llamado Gaidari, á cuya izquierda se encontraba el antiguo Demos Hermos, en cuyos contornos existe hoy el convento de Dafni (Daphni), que fundaron los duques de Laroche, en el siglo xIIi de la era cristiana, sobre el solar del santuario de Apolo Pythión, algunas de cuyas columnas jónicas existen todavía del lado del Oeste, no existiendo todas las demás, porque se las llevó á Inglaterra el embajador inglés lord Elgin. Los vestíbulos del Poniente de la preciosa iglesia, casi arruinada hoy, contienen los feretros de los fundadores del convento de Dafni, en los cuales no hay otros ornamentos que su escudo de armas. La iglesia del convento, próxima á caer en ruinas, es celebradísima por un magnífico mosaico y por su Christos Pantocrator de la cúpula. A los pocos pasos, se nos presenta un golfo, de hermosa vista, cuyo nombre no queremos decir en este instante, del mismo modo que una pared con nichos, hacia la derecha, la cual pertenecía al templo de Afrodite Filé, «Venus amada,» (Aphrodit; Philé), tan concurrido y festejado en los antiguos tiempos. Insensiblemente nos encontramos con la orilla del mar, cuyas ondas, de un azul muy subido, parecen bordar su arena amarilla. Inclinando la vista hacia la derecha, se distingue un pequeño lugar, en el extremo opuesto de una bahía, casi redonda, que fué teatro de un gran suceso histórico. Siguen los montes llamados Kerata (los cuernos) aludiendo á los picos que forman, los cuales tienen, á su derecha, el Chiterón, y á su izquierda, la famosa Gerania de Megara. Siguiendo la orilla del golfo, hay un punto en que la roca viene á juntarse con el mar: este es el paraje denominado Kakisharia (mal paso), no lejos de la fértil Ilanura de El Rharion pedion (To Paptov xeôtov), en donde dice la
mitología que la misma Ceres condujo el arado y enseñó á los hombres el arte de cultivar la tierra. Atravesada la llanura, que es muy extensa, nos encontramos en un lugarejo, compuesto-de algunas barracas miserables, llamado Lepsina. Hacia la derecha se divisa el camino de Tebas, la capital de la antigua Beocia; más allá, en una capilla de San Zacarías, hallamos reliquias del antiguo templo de Triptolemo. Hacia la derecha del camino, sin salir de la aldea, se distinguen fragmentos numerosos y notables del gran vestíbulo de un templo hecho á imitación de las monumentales propyleas de Atenas. Ahora sigue un segundo vestíbulo, que consiste en una abertura de 10 metros 40 centímetros de latitud, entre dos paredes tangentes de 16 metros de longitud, cuyo pasaje se estrecha en el centro hasta el punto de quedar reducido á una puerta de 3 metros 9 centímetros de anchura, exornada de antas y de columnas con capiteles de una figura particular. El camino, que se encuentra aquí, rodeaba el ángulo de la roca y se extendía hasta la platea, en que se levantaba imponente y majestuoso uno de los templos más grandes y célebres de la antigüedad, denominado el templo místico (poztxós mqxóc). Sus bóvedas, sostenidas por 28 magníficas columnas y un ancho peristilo de 12 columnas dóricas, cubrían un espacio de 16 metros 35 centímetros cuadrados. De aquellas grandezas de un pasado que asombra, no quedan más que algunas esculturas é inscripciones, sin contar los restos y escombros que se encuentran, como perdidos, entre las barracas de unas pobres gentes, en cuyos ojos no brilla la concieneia de sus antiguas glorias. Los persas devastaron el templo primitivo; Mnesikles é Ictinos empezaron la reconstrucción bajo Pericles; la terminó Philón, bajo Demetrio Falero, hacia el año 311 antes del Salvador; los romanos lo modificaron; los godos de Alarico lo destruyeron, en 396 después de Jesucristo; y desde entonces, el templo cayó para no levantarse más; y con el templo, cayó la ciudad famosisima. Guardamos á nuestros apreciables lectores una porción de nobles. sospresas. El golfo cuyo nombre callamos, era el de Salamina, en donde Temístocles y Cimón decidieron de la suerte de GRECIA. El templo de que hemos hablado, era el templo de los Misterios. Esta desdichada Lepsina, en que nos hallamos, era Eleusis, la segunda ciudad del Atica, la que llegó á eclipsar á la reina del mundo con la magnificencia de sus santuarios, con la solemnidad de sus ritos, con la celebración y la fama de los misterios, que llevan su nombre. Pero volvámonos á Atenas inmediatamente, querido lector, porque si hemos de seguir las huellas de las antigüedades, será necesario recorrer, sitio por sitio, piedra por piedra, toda la GRECIA antigua. A la vuelta, hemos visitado los lagos salados de Rheiti, formados por corrientes de agua salada, los cuales eran en lo antiguo propiedad de los sacerdotes del templo de Eleusis. Hoy se les utiliza, por medio de diques, como fuerza motriz de varios molinos harineros. Detrás de estos lagos y á lo largo de las montañas, seguía el antiguo camino que llevaban los iniciados en los misterios de Eleusis, cuando iban desde Atenas á dicha ciudad. En este momento volvemos los ojos á la aldea. ¡Pobre Lepsina! No nos causa tanto dolor la miseria que sufren sus hijos, como la ignorancia en que viven de las grandezas de que descienden. Si ellos supieran lo que son, no vivirían así, y aunque así vivieran, tendrían el consuelo de exclamar: «somos pobres aquí; pero somos reyes en la historia.» 23. Templo de Júpiter Olímpico, en la plaza del 'Olopretov (Olympeion).— Nuestros ilustrados lectores se asombrarán cuando les digamos que la construcción de este monumento gigante tuvo lugar en el transcurso de seis siglos y medio, tiempo suficiente para destruir cualquier fábrica. Por esto se ha dicho que este templo necesitó para edificarse el tiempo que otros necesitan para destruirse. En efecto, lo empezó Pisistrato en el siglo vi antes del Salvador, sobre un solar que estaba consagrado al culto religioso desde la antigüedad más remota. Continuó la obra Antíoco III de Siria, en 174 antes de la era cristiana, bajo la dirección del gran arquitecto Cossutius, cuyos proyectos fueron el espanto de aquella época. Dicho arquitecto pretendía levantar un templo en la tierra, para que sirviese de homenaje á la grandeza de Dios en el cielo, según se infiere de las palabras de Tito Livio: templum unum in terris pro magnitudine Dei. Antíoco murió sin terminarlo, y Syla Ilevó á Roma nada menos que 68 columnas aisladas de aquella obra gigantesca. Augusto sucedió á Antíoco en la continuación del templo; pero su muerte-legó al emperador Adriano la gloria de darle remate, casi en las postrimerías de su imperio. Principióse este edificio en 550 antes de la era cristiana y se terminó en el año 135 del Mesías, cuyos guarismos dan una fecha de 680 años. Al lado de la estatua de Júpiter, que era de oro y de marfil, como la Minerva del Partenón, se erigió la del emperador Adriano, sin contar otras muchas que poblaban todas las avenidas del edificio. Después del templo de Diana, en Efeso, el Júpiter Olímpico es el monumento de esta especie más espacioso que creó el arte de Atenas. Tenía de longitud 116 metros 16 centímetros, por 56,022 de latitud, con 126 columnas, cada una de las cuales medía 19 metros de altura (19,05) por 2,011 de diámetro. En un extremo de la plaza en que nos hallamos, hay una especie de platea, donde se ven 16 columnas magníficas; la mayor parte de ellas, con el arquitrabe. Una de las columnas referidas, perteneciente á la hilera interior de la fachada del Sud, cayó desplomada á consecuencia del huracán de 5 de Octubre de 1852, que sopló de la parte del Mediodía. El capitel, de orden corintio puro, muy deteriorado, consta de dos trozos y su anchura mide 2,09 metros. Desde esta platea, dominando el inmenso solar en que se ven esas columnas, teniendo delante un horizonte que va á perderse en la costa argólida, el viajero adquiere una idea infinitamente más grande del arte del hombre y del poder de Dios. Aquí no es posible dudar, ni discurrir, ni aborrecer. Viendo ese cuadro de creaciones tan espléndidas, no es posible otra cosa que creer y amar. Hace mucho tiempo que peinamos canas; sentimos por nosotros la natural consideración que se tiene á los viejos; no quisiéramos hacer reir, y tememos que nuestros lectores van á reirse de nosotros, si les decimos lo que en este lugar experimentamos. Al mirar la planicie de Júpiter Olímpico, se nos figura que el sol alumbra más ó que nuestros ojos se han aclarado, de donde resulta que vemos más mundo, más vida, más historia, más religión. La columna que está en el suelo, tiene aquí una poesía irresistible. Se nos antoja que es un coloso de otros siglos, que viajaba por el mundo, que hubo de cansarse y que se echó en la tierra. La ilusión es tan semejante á la verdad, que nos da gana de decirle: «janda, levántate!» La mujer, más que el hombre, comprende el sentimiento con que nos avasalla esa piedra caída. Muchas mujeres, al sentarse en aquella columna, lloran. Y más llorarían si se acordaran de que ellas, durante muchos siglos, fueron también piedras caídas en la casa del hombre, columnas desplomadas en otro Júpiter Olímpico. ¡Qué hermosas son las lágrimas de la mujer sobre el desierto de esa columna! 24. Arco de Adriano.—Este arco, fundado por el emperador del mismo nombre, era la entrada en el patio del templo de Adrianópolis, ciudad de Adriano, cuyo nombre aludía al barrio nuevo que mandó edificar dicho emperador. La parte occidental del arco se conserva admirablemente, pero en el resto hay gran deterioro. Su anchura es de ó metros 5 centímetros, entre cuatro columnas corintias, dos de las cuales se levantaban á cada lado. Por la parte del Occidente, se ven todavía los pedestales de aquellas columnas; y por la de Oriente, el arquitrabe. El arco tenía un segundo piso, el cual presentaba, en el centro, un doble nicho decorado de medias columnas y coronado de un frontón, terminando en un arquitrabe, que sostenían dos columnas corintias, cuya elevación era de 18 metros (18,02). Por la parte del Este, se lee: «Aquí está la ciudad de Adriano, no la de Teseo;» y por la parte del Oeste: «Aquí está Atenas, la antigua ciudad de Teseo.»
25. Callirrhoë.—Hacia la parte Sud de la gran platea de Júpiter Olímpico, se encuentra la fuente, tan famosa en la antigüedad, llamada Kallirrhoë, «la hermosa corriente,» la cual tomó el nombre de Enneakrounos, «los nueve tubos ó los nueve caños,» aludiendo á que Pisistrato le dió cierto juego de aguas, haciéndola brotar por nueve surtidores distintos. Al pie de una masa de roca, que se extiende al través del cauce del Ilisso en línea recta, filtra continuamente un hilo de agua, el cual llena un pequeño estanque, en cuyo alrededor se agrupan hoy las lavanderas de toda Atenas. Estos lugares tienen un atractivo seductor. Como dice De Lamartine: «¡qué bien se está aquí!» 26. Estadio panatenaico.—Lo construyó el orador Licurgo 350 años antes de Jesucristo. Cinco siglos después, 140 de la era cristiana, Herodes Atico añadió las gradas de mármol pantélico. Hoy no se distingue otra cosa que dos testeros de pared y una entrada en la roca, en el ángulo Sudoeste, sin que se haya averiguado el uso á que se destinara en la antigüedad. De aquí arrancaba un puente de piedra sobre el Ilissos, el cual fué demolido en 1769, para suministrar materiales á la muralla turca de la ciudad. Los que destruyen puentes griegos para levantar murallas turcas, no podían ser los amos de Atenas. 27. Eleusinión y monumento corégico de Lysicrates.—La calle Aionysou nos conduce á una especie de muro, en donde se conservan fragmentos de un edificio antiguo, llamado Eleusinión, por donde se llega á una plaza, la cual nos presenta un monumento que nos llena de asombro: es el monumento corégico de Lysicrates, que el pueblo ateniense denomina: linterna de Demóstenes. Sobre un basamento cuadrado de ó metros 9 centímetros de altura, se levanta un pequeño templo circular de ó metros 5 centímetros de elevación, cuyo techo está sostenido por seis esbeltas medias columnas de orden corintio. El techo, que remataba antiguamente en trípode, es de una sola pieza, incluyendo la bellísima flor que lo corona. El friso representa la transformación en delfines de los piratas tyrrhenos, que asaltaron á Baco, en donde se admira con hechizo tanta riqueza de detalles como primor de mano y gala artística. La inscripción grabada en el arquitrabe recuerda la victoria de Lysicrates con un coro de jóvenes, obtenida en el año 335. antes del Salvador. En celebridad de la victoria de los coristas, el premio de los vencedores en los juegos de Baco (Dionysios) era efectivamente un trípode. Esta inestimable reliquia del arte antiguo, estuvo mucho tiempo en el patio del convento francés de capuchinos, en donde Byron improvisó su alcoba. Si la antigüedad tiene perfume, aquí se respira el perfume de la antigüedad. ¡Qué deleite tan puro! ¡qué alegría tan casta! ¡qué vida tan dichosa! 28. Teatro de Baco.—Este teatro debió empezarse hacia el año 500 antes de Jesucristo; lo terminó el orador Licurgo hacia el 350 antes de la era cristiana; lo reconstruyó el emperador Adriano en el siglo n de la misma era y lo reparó el arconta Fedro (Phedros) en el siglo siguiente. Los trabajos de este monumento, en diferentes épocas, suponen un cómputo de siete siglos. El teatro tiene trece divisiones, que los griegos llamaban xeput̀ec (Rerkides), y podía contener hasta 30.000 espectadores. Se hallaba en, el recinto sagrado de Dionysios (Baco), á cuyo templo pertenecen sin duda los cimientos que existen detrás de la escena, así como el ara circular de aquel dios. En la pared del escenario se admiran algunos relieves y varios silenos, como acurrucados, en donde la mitología logró inspirar todo un gusto. Son notables dos columnas con trípodes, premios de victorias; y más abajo, una caverna, lugar de orgía, consagrada hoy «á la Madre de Dios de la gruta de oro.» Delante de la gruta se ven algunos restos del monumento corégico de Thrasyllos, desbaratado en un bombardeo de 1827, los cuales son preciosos para los anales del arte griego. Pero lo más digno de llamar la atención, por la verdad histérica que revela, es una hilera de sillas en la parte baja del teatro; especialmente, la fila inferior, en donde están las sillas de mármol, reservadas á los sacerdotes, y en medio, la del sacerdote de Baco, con varias inscripciones, en que se halla un verdadero sabor de época, que casi se confunde con el sentimiento de la historia. Atendidas las reparaciones que se han hecho en este teatro, es presumible que quede poco de aquella escena, verdadero mundo de gloria para el pueblo ateniense. De cualquier modo, en este lugar, en este suelo, entre estas reliquias, se estrenaron, las obras con que Eschiles, Sófocles y Eurípides asombraron á la humanidad con los ímpetus de su genio. 29. Odeón de Herodes Atico.—Llámase también el Odeón de Regilla, porque Herodes lo edificó en memoria de su mujer Regilla, hacia el año 140 después de Jesucristo. Varias escaleras dividen la parte inferior en cinco divisiones, y en diéz la parte superior, todas las cuales podían dar cabida á unos 6.000 espectadores. La escena, á la cual se sube por seis gradas, se conserva muy bien, así como los agujeros y los utensilios de que se servían para hacer que el telón bajara, cuyo detalle es uno de los más curiosos del Odeón. En un nicho, cerca de la entrada occidental, hay un inválido que atrae las miradas del artista. Dícese que el techo del Odeón era magnífico; pero su fachada, de gusto romano, impresiona mal, porque el arte romano en GRECIA es un contrasentido y un mal gusto de GRECIA y de Roma. 30. Santuario de Erinnyes ó Euménides.—Hallábase en el declive septentrional de la colina del Areópago, en lo más sombrío y profundo de la quebrada. Allí pasó la acción de la famosa tragedia de Eschyles, titulada Erinnyes. Cuando se baja á esta profundidad hay necesidad de permanecer solo, porque hay necesidad de hablar con el mundo de las sepulturas. ¡Cuánto mayor no es el mundo del muerto que el mundo del vivo! ¡Pobre soberbia la soberbia de la humanidad! ¡Cuán pequeñas parecen aquí las cosas grandes! ¡cuán grandes parecen aquí las cosas pequeñas! 31. Colina del A reópago. (CApstos ráyos, colina de Marte.)—Esta colina viene á ser una masa de roca que conservó el nombre de Areópago al través de los siglos. Las diez y seis gradas que se encuentran hoy, son las mismas por donde subieron los jueces para celebrar sus sesiones nocturnas. Estas gradas humildes, esa colina de roca aviesa, ese tribunal que no tiene ejemplo en el mundo, donde no sabemos si lo salvaje impera en lo sublime ó si lo sublime impera en lo salvaje, tiene toda la fantasía de la antigüedad y del prodigio. Al ver la roca, nos parece que vemos el tribunal. 32. Plaza de Teseo.—Cerca de la casa del guarda, en la parte oriental, se ve una Victoria de Megara, como cerniéndose en el aire; en la parte Norte, un sarcófago y un pedazo de lava, de Thera, con inscripciones en que se emplearon los más antiguos caracteres del alfabeto griego; grandes monolitos funerarios, descubiertos en la iglesia Hagia Triada, entre los cuales sobresalen los monolitos de Symmachia y de Archippes. 33. Templo de Tesco, antiguo trofeo de Marathón (Onocetov).—Es el templo mejor conservado entre todos los monumentos de la antigua ciudad. Debió construirse hacia el año 470 antes de Jesucristo. Aunque no consta positivamente la época de su fundación, el estilo de la arquitectura patentiza que el Partenón es bastante posterior á esta fábrica. Créese que lo erigió Cimón en honor de Teseo, conmemorando la aparición de aquel personaje en lo más reñido de la batalla de Marathón (490 antes del Mesías), con el fin de ayudar á sus compatricios y salvar á GRECIA con la victoria. Las cenizas del héroe del Atica fueron llevadas de la isla de Scyros á Atenas, y colocadas en el santuario, en medio de grandes festejos y solemnidades. Pero el héroe que castigaba á los malvados y mataba á los monstruos, se vió reemplazado por el santo cristiano que mata al dragón, San Jorge, á quien el templo se dedicó, como iglesia cristiana, en 667. Las métopas del frontón de Levante representan los trabajos de Hércules; las del frontón del Norte vienen á ser la historia de las hazañas de Teseo, mientras que el friso del Oeste representa, en 20 figuras, el combate de los lapithas y centauros. Penetremos ahora en este magnífico cementerio del arte de Atenas. Inmediatamente que se
entra, se halla el monolito de Aristión, obra de Arístocles, famoso y rico por su estilo arcáico y por los preciosos vestigios de pinturas que lo decoran. Se encontró cerca de Marathón y representa seguramente á uno de los guerreros atenienses muertos en la batalla. Al lado del monolito, se admira una estatua de Andros; al lado de la pared del Sud, una figura en actitud de andar, la cual representa, según parece, á un Meleagre, ora sea Hermodio, ora Mytogitón. Enfrente, descuella una Victoria mutilada; á un lado, el relieve llamado de Eleusis, el cual representa á Triptolemo entre Ceres y Proserpina, de la época inmediatamente posterior á Fidias, ha llado en Eleusis en 1859. Siguen: una figura egipcia, un Apolo arcaico, una sirena, gallardamente ejecutada, otro Apolo, de estilo antiquísimo, de Thera, y muchos hermosos monolitos representando escenas de despedida. Pero Hemos dejado para el final una curiosidad singularísima por su sentido y por su arte. Hacia la pared del Norte, se ven dos placas con un relieve de friso antiguo; y enfrente, un gran monolito funerario de Aminocleo, en donde resalta la figura de una mujer, verdaderamente encantadora, á quien otra mujer, puesta de rodillas á sus piés, ata las sandalias. No cabe en lo posible dar más hechizo al semblante y al alma de una criatura; y decimos alma, porque sin una alma del Supremo Hacedor no se concibe semejante embeleso en el rostro de las mujeres. Esta figura inspira candor, inspira niñez, inspira inocencia. Aquí sentimos lo que siente un corazón virgen, cuando mira una flor que se abre entre los albores de la mañana. Muchas veces nos hemos acordado de aquella figura de Aminocleo y hemos exclamado en nuestro interior: ¡Bien haya el artista que la hizo! ¡Qué hermosa es! Si nos pudiéramos resignar á vivir lejos de nuestra patria, lo cual no puede ser, porque la patria es más hermosa que la belleza del escultor, nuestra vivienda no sería otra que el antiguo templo de Teseo. 34. Hagia Marina.—Hacia la derecha de la colina del Areópago, hállanse las rocas de Hagia Marina, llamadas así porque tal es el nombre de una pequeña iglesia que córona su cumbre. Entre estas rocas se encuentran numerosos vestigios de cimientos de casas, de escaleras, de cisternas, restos antiquísimos de la primitiva población. Pero entre estas peñas, en donde menos lo aguardábamos, hemos hallado una curiosidad tan extraordinaria, que no se le asemeja ninguna otra. Es quizás uno de los secretos más curiosos de las pasadas generaciones. Nosotros notábamos que la superficie de las rocas era muy lisa por la parte del Sud, como si la industria del hombre las hubiera pulido para ciertos fines. Pero no acertando á colegir los fines que pudiera tener la industria del hombre en el pulimento de estas rocas, preguntamos á nuestro guía. El caso es el siguiente. Las mujeres de Atenas creían, en virtud de alguna tradición, que dejándose escurrir por las peñas, de arriba abajo, tenian por seguro un remedio contra la esterilidad. Cuando las recién casadas veían que pasaba el tiempo necesario sin novedad, alguna, iban con su pleito á las rocas del Hagia Marina. Y tantas fueron, y tantas veces se repitieron las aventuras, que la superficie de las rocas quedó pulida como si en ellas hubiera trabajado el cincel. Calculen los lectores cuántos escurrimientos no debieron tener lugar para que el traje de aquellas mujeres hiciera sobre la roca viva lo que solamente puede hacer el hierro. Sin embargo, esto no es tan extraño como parece, puesto que el hierro no es tan duro como la preocupación de un fanatismo. 35. Colina de las Ninfas.—Cerca de las alturas anteriores se encuentran las colinas de las Ninfas, en cuya cumbre se levanta el observatorio que construyó Hamsen por cuenta del barón de Sina, verdadero restaurador de Atenas. Una inscripción que existe en la roca, hacia la derecha de la plaza que precede al observatorio, dió á estas colinas el nombre que tienen. 36. Sepulcro.—Hacia el Sud de la famosa Pnyx se encuentra la pequeña capilla de san Dimitrión, y á su derecha el sepulcro del hijo de Milciades, el insigne Cimón, rival de Pericles, uno de los héroes de Salamina. Este sepulcro fué ocupado luego por un tal Zosimiano, según se lee en la inscripción. Las piedras que tenemos delante encierran veinticuatro siglos. 37. La Pnyx.—En la vertiente Norte de una de las colinas pertenecientes al grupo de las Ninfas, hay un terraplén en hemiciclo, el cual se remonta á los primeros tiempos de Atenas, siendo muy posible que haya servido de teatro á la más poderosa de sus grandes tradiciones políticas. Dicho terraplén está inclinado hacia el Norte, y su extensión mayor en la dirección de Norte á Sud, es de 74 metros por 117 de Poniente á Levante. Apóyase en un enorme muro de sostén, de forma semicircular, compuesto de grandes pedazos de roca en cubos irregulares, obra evidente de la arquitectura pelásgica; es decir, de la arquitectura primitiva. El peñasco que está sobre la abertura cuadrada, tiene 3 metros 9 centímetros de longitud por muy cérca de 2 de altura. Hacia el lado del Sud, tallaron la roca en dos paredes verticales, que se reunen casi en el centro, formando una especie de ángulo obtuso. La pared oriental, que tiene más de á metros de elevación (4,09), ofrece una hilera de nichos en que se colocaban objetos y reliquias de devoción, á manera de nuestras antiguas presentallas. En el ángulo, se hallan un gran dado de piedra, cortado cuidadosamente en la roca viva, que descansa sobre tres asientos, y una escalera que conduce á él por cada lado. En el raro conjunto de estas construcciones se ha creído ver la célebre Pnyx, que era el lugar en que los atenienses celebraban sus asambleas políticas, semejante á la Rostra de los latinos. En virtud de esta conjetura, harto probable, el dado de piedra se designa con el nombre de Tribuna de los oradores (a, bema). Si la suposición es exacta (tiene todos los visos de serlo), éste fué el paraje en que el pueblo ateniense, colocado en el terraplén, oyó los discursos más elocuentes que se han pronunciado en la tierra, puestos en boca de Demóstenes, Esquines, Pericles y tantos oradores ilustres. En la extremidad occidental de la Pnyx, se ve el principio de un muro polígono, compuesto de dos grandes pedruscos, cuyo destino: no se ha averiguado. 38. Monumento de Philopappos.— Pasada la cima del collado, cerca del sepulcro de Cimón, se encuentra el monumento de Philopappos, que ha dado su nombre á la colina, llamada anteriormente del Museo (Movgetov). Se construyó en el año 110 antes de Jesucristo, con el objeto de que sirviese de monumento funerario á los descendientes de Antíoco IV, último rey de Comageno, en el Asia menor. El edificio formaba un arco, un poco inclinado hacia el Nordeste, sobre el cual se elevaban tres nichos entra cuatro pilares, conservándose los cinco asientos de piedra de Pireo en la parte superior de un relieve, el cual representa un triunfo de Trajano, mientras que á su lado hay un bárbaro entre cadenas. Siguen un nicho cuadrangular y el principal del centro, que es redondo, con sus pilares correspondientes. La estatua del nicho de la izquierda representaba, según se lee en la inscripción, á Antioco, hijo de Antíoco IV, y la estatua del centro, á Philopappos, hijo de Epiphanes, de la propia familia. El pilar, situado hacia el centro, único que conserva toda su altura, tiene una inscripción en que se habla de un Antíoco Philopappos, que debió ser más joven que el anterior, según resulta del contexto. Maravilla observar el gran número de sepulcros que los magnates de otros paises mandaban construir en territorio griego, como si intentaran que sus cenizas estuviesen bajo el amparo del genio de Atenas. Tal ha sido, tal será siempre, la utilidad práctica de la gloria, lo cual consiste en que la gloria representa la poesía de la fama, y la poesía es la realidad primera de todo pueblo. Desde las alturas de la colina de Philopappos, 138 metros sobre el nivel del mar, se disfruta una de las vistas más sorprendentes de la tierra. En el centro, aparece la Acrópolis en toda su majestuosa extensión: al pie de la Acrópolis, el Odeón de Herodes y el teatro de Baco; más allá, hacia la derecha, el arco de Adriano y las columnas de Júpiter Olímpico; después, las colinas del Estadio, cerrando el horizonte el monte Hymeto; á izquier-
da de la Acrópolis, el templó de Teseo y la colina de las Ninfas; más allá de la gran llanura de Atenas, los Egaleos y el Parnaso; más arriba de la Acrópolis, el Lycabettos y parte del Pentélico ó Brilessus; por la parte del Sud, la vista se pierde en el golfo Sarónico, sus islas y sus costas. Sin embargo, desde el Lycabettos (Auz 6ntróc) que tiene doble altura (280 metros) se abraza una vista más extensa, puesto que se dilata hasta el Citherón, en Beocia, y hasta la Gerania, en la Megánide. 39. Prisién.—Al descender de la colina de Philopappos, se torna á izquierda y nos hallamos con tres aberturas practicadas en la misma pared de la roca, cortada á pico. Estas tres aberturas parecen realmente tres puertas. Atenas designa este paraje con un nombre de emoción profunda, la cual se apodera de nuestro ánimo al visitar el interior de este sombrío monumento. La habitación que está á la izquierda, de 3 "/, metros de longitud (3,057) y de 2,027, de latitud, tiene un plafón completamente plano; y en el pavimento se advierten vestigios de un sarcófago que allí había. El aposento de la derecha, de las mismas dimensiones que el anterior, tiene un plafón muy semejante á un fuste triangular, mientras que una abertura esférica, la cual arranca de uno de sus ángulos, conduce á una especie de rotonda de 13 "), metros (13,047) de diámetro, con bóveda elíptica. Esta rotonda es lo que el griego clásico llama O6hos (Thólos), equivalente á la camera fastigiata de los romanos, «bóveda de un templo,» ó «estancia de forma circular.» La abertura redonda estaba cerrada por dos baldosas, una de las cuales se conserva aún. Este paraje es lo que se llama la prisión de Sócrates, compuesta de tres aposentos sepulcrales tallados en la roca viva. Al visitar esta catacumba del paganismo, imaginamos que la sombra de Sócrates se va reproduciendo por todas partes en una confusión infinita como la pena del remordimiento. Hemos sufrido lo que Dios sabe. 40. Kolonós.—Saliendo de la calle de Sócrates, se entra en el campo, se toma el camino de la izquierda y se sigue hasta divisar una colina baja, en donde brillan á los rayos del sol dos monolitos funerarios blancos. Este es el paraje llamado Kolonós, en que están enterrados Alfredo Müller y Carlos Lenormant; aunque tal recuerdo no es la tradición más poderosa de este monumento. Aquí puso Sófocles la escena de su Edipo en Colona; y estas son las campiñas que el gran poeta celebraba en estrofas corales que' han hecho su nombre eternamente célebre. A pocos pasos de este lugar estaba la famosa Academia, que recuerda también nombres inmortales. 41. Cementerio de Hagia Triada.— Este monumento se encuentra cerca de la puerta principal de la ciudad, llamada Dipylón (dos puertas, puerta doble), y debió ser el primer cementerio de la antigua Atenas. Sobre las paredes, ora polígonas, ora regulares, que circuían las plateas en que estaban las sepulturas, se levantan aún muchos monumentos funerarios de todas clases. Generalmente hablando, en cada losa están talladas ciertas escenas que caracterizan el genio ó la historia del difunto, cuando no pintan pasajes domésticos, en que no es tan notable el ingenio del artificio como el sentimiento de la familia. Hay muchas escenas de despedida, semejantes á las siguientes: un moribundo, postrado en el lecho, da la mano á una mujer, la cual inclina la cabeza: dos huérfanos se abrazan en presencia del padre en el momento de espirar: un padre se despide de sus hijos. Hay un detalle que impresiona extraordinariamente: en una losa aparecen dos manos cruzadas. Aquellas dos manos sobre una sepultura causan tal impresión, que dan escalofríos. Hay otro detalle preciosísimo sobre toda comparación: en la losa de un monumento se ve á una niña arrodillada, la cual cubre su rostro con ambas manos, al mismo tiempo que apoya la parte superior de la frente sobre el lecho del moribundo. Es un cuadro de piedra que va derecho al corazón. Estos pasajes son ciertamente los que más interesan bajo el punto de vista social, moral y religioso; pero hay otras obras de mucho más concepto artístico. En el extremo de la derecha, hay un monolito en que se ve al difunto dentro de la barca de Carón. Es notable el monumento de Dexileos, hijo de Lysanias, nacido en el año 395 antes del Mesías. El caballero que derriba á su adversario, es el difunto, quien, en unión de cuatro guerreros, había llevado á cabo empresas heroicas en la famosa guerra de Corinto, según se lee en la inscripción. También es notable el monolito de Lysanias, hallado de pie en época reciente. Pero la verdadera obra de arte de esta necrópolis, es una magnífica cabeza de toro, desgraciadamente en mal estado. Sabemos cuándo entramos en el cementerio de Hagia Triada, pero no sabemos cuándo salimos. El que quiera conocer á fondo la moral, la fe religiosa, la civilización de un pueblo, que visite el lugar de sus sepulturas. Generación que descuida á sus muertos, generación salvaje. Así vemos que el culto á la muerte se confunde en la humanidad con el culto de Dios. Por consecuencia, cuando lleguéis á un pueblo cuyos habitantes permiten que los animales devoren los huesos de sus padres y de sus hermanos, echad á correr, como si vieseis una partida de salteadores. Y muchos dicen: «pero qué significa una violeta sobre la tumba del que duerme el sueño del olvido?» Esta violeta significa cuanto puede significarse en este mundo: esa violeta significa el sueño del amor adorando el sueño de la eternidad: esa violeta significa el sueño del hombre adorando el sueño del Altísimo. Ahoguemos en la conciencia humana estos sentimientos consoladores, estos grandes suspiros del corazón, y toda la tierra se convertirá en una mazmorra. En fin, este cementerio de Hagia Triada es el único monumento de Atenas que hemos visitado tres veces; y si permaneciéramos un día más, lo visitaríamos por cuarta vez. 42. La torre de los Vientos, ó de Eolo (vaós Atóhoo), Ilamada también el reloj de Andrónicos Kyrrhestes.— Mandó construirla, hacia el año 100 antes del Salvador, Andrónicos de Kyrrhos, de Siria, con el doble fin de tener dos relojes: uno, solar; otro, hidráulico, y una veleta que marcara la dirección del viento. El edificio es octógono, con dos pórticos á dos columnas, hacia el Noroeste y Nordeste, amén de un anejo circular en forma de torre, por la parte del Mediodía. Su altura es de más de 12 metros (12,084); su diámetro de 8,056, en tanto que cada fachada mide tres. Las ocho fachadas están orientadas según la rosa de los vientos. El friso que las corona tiene un relieve de escasísimo mérito, el cual representa el viento respectivo que toca á cada una: al Norte, Bóreas; al Noroeste, Scirón; al Oeste, Céfiro; al Sudoeste, Lips; al Sud, Noto; al Sudeste, Euro; al Oeste, A peliotes; al Noroeste, Cæcius. Sobre el remate del fuste estaba colocado un tritón con una especie de bastón en la mano, el cual giraba hacia el punto del horizonte por don ’de venia er viento, hi par que indicaban la hora solar unas rayas trazadas por debajo de los relieves. El anejo redondo de la pared del Sud contenía una arca de agua, la cual se traia de la fuente Clepsydra, que se hallaba en la extremidad Nordeste de la Acrópolis, por medio de cierto acueducto del cual quedan algunos arcos. Aquel depósito de agua alimentaba un reloj hidráulico, que daba la hora durante la noche y cuando el cielo estaba nebuloso. El pavimento ofrece aún claros vestigios del arca de agua. La torre de Eolo contiene además curiosidades dignas de mención, porque son tradiciones exactas y genuinas de la antigüedad. Puesto de espaldas á la pared del pórtico Nordeste, hay un monolito funerario, en que se representa, á unos niños en el momento de despedirse de su madre. En el interior de la torre, se halla: un abaco ó regla para contar; una antorcha de amazona y un monolito funerario de Sosifanes. También encontramos dos curiosidades preciosas, que nos han llamado particularmente la atención: un efebo, sobre un monolito, va á la palestra con su raedera (strigilis) y sus jarros de aceite; en el tercer segmento de la torre hay un monolito pintado, en donde se ve, aunque confusamente, la figura de una mujer, la cual está sentada, teniendo detrás su canastilla de labor, lo que el griego llamaba xá Aaboc (hálathos). Es una figura en que
el arte no ha hecho casi nada, y, sin embargo, tiene su hechizo; la naturalidad. 43. Puerta de la Agora (xóAn ene ayopñc). Puerta de la Agora significa: puerta del mercado. Es digno de notarse que la torre de Eolo se hallaba en una plaza, cercada de columnas, una de las cuales se ha conservado en el patio de la caserna. A dicha columna acompaña un trozo de arquitrabe. Por el lado Oeste, se comunicaba con otra plaza de más extensión, la cual terminaba cerca de la puerta de la Agora. Cuatro columnas dóricas de un metro de diámetro (1,04) y 8 "/, de altura (8,045) sostienen todavía un arquitrabe, varios triglifos y un frontón. La anchura del intervalo que separa las columnas del centro, hace evidente que fué una puerta. Las antas terminan en las columnas de los ángulos posteriores. La inscripción grabada en el arquitrabe dice «que el monumento se consagró á Minerva por Julio César y Augusto, quienes lo levantaron á expensas suyas,» por cuya razón coronaba el fuste una estatua de Lucio César, sobrino de Augusto, en el año segundo de la venida de Jesucristo. Dicha plaza era el mercado de aceite, según resulta de una larga y preciosa inscripción grabada detrás de la puerta, la cual contiene ciertas prescripciones sobre la venta de aquel producto; de tal suerte que, más que una inscripción, parece un edicto. Consta que aquellas ordenanzas fueron publicadas por Adriano, 4. El mercado de A ttalo y el de la antigua Atenas.—A 250 pasos de la antigua plaza del Aceite, por el lado del Norte, se hallan los restos del único edificio que se ha conservado de un mercado famoso. Estos restos pertenecen sin duda al stóa (sróx), pórtico, que mandó construir Attalo, acaudalado rey de Pérgamo, en el año 175 antes del Salvador, hacia la extremidad Noroeste del antiguo y célebre mercado de Atenas, único en el mundo. La stóa de Attalo medía 120 metros (120,04) de longitud, con 21 puertas cuadrangulares, delante de las cuales se levantaba una doble columnata de la misma extensión. Pero de aquella suntuosa fabrica queda apenas una insignificante reliquia. En cuanto al mercado (à dyopa à èv Kepapetzõ) de la ciudad en los tiempos de su fortuna, debe inferirse que era uno de los más grandes monumentos atenienses. Baste decir que, por la parte de Oeste, se extendía hasta el pie del monte ó colina de Teseo; por la parte del Sud, hasta la colina de Marte ó del Areópago, extensión casi fabulosa. En donde hoy existe el barrio más sucio de la ciudad, se levantaba el mercado antiguo con sus pórticos resplandecientes, con sus templos, con sus columnas y sus estatuas. 45. Gimnasio de Adriano, llamado también stóa (pórtico) de Adriano. Al llegar al extremo de la calle de Marte (Holós Areos, oto; "Apsoc), partiendo de la puerta del Mercado, se tuerce á la derecha y asoma de frente lo stóa ó gimnasio de Adriano. Este gimnasio formaba parte de los lujosos edificios con que el emperador Adriano decoró la ciudad de Atenas, desde 114 á 137 de la era cristiana. Los cimientos de la muralla del Este se ven todavía cerca dé la calle de Eolo. La pared de la fachada delantera se extendía paralelamente á la estrecha calle del Bazar, lo cual demuestra que la parte que se ha conservado no es otra cosa que la mitad Norte de la pared occidental. Por consiguiente, la superficie de esta extensión era: longitud, 112 metros (112,02) por 71,09 de anchura, con pórticos de columnatas, una biblioteca, un templo de Júpiter, un templo de Hera (Juno) y un santuario de todos los dioses, ó sea un pántheon (xávêsov). Siete columnas de una sola pieza (monolitos), de mármol de Karystos, perfectamente conservadas, con preciosos capiteles corintios de mármol pentélico, decoran espléndidamente la pared de mármol de este hastial de muro. La columna acanalada que forma la parte saliente del lado del Oeste, enfrente de un anta, pertenecía á un pórtico (xpoxóhatov, propylaion) de cuatro columnas, que precedía á la entrada principal. En el ángulo del Sud, hay una pared semejante, decorada con siete columnas. Este paraje es de lo más rico y mejor conservado de la antigua Atenas. Las siete columnas de una sola pieza, de que hablamos primeramente, tienen: 97 centímetros de espesor por 9 metros á centímetros de elevación. Réstanos notar que, en el intervalo de las columnas, se ha establecido un pequeño museo de esculturas, en donde hallamos una buena obra de arte y una curiosidad de mucho interés. La obra de arte se refiete á un pequeño friso, de Lamia, en donde campean con dichosa porfia la gracia y el gusto, el cual representa hipocampos y demonios marinos. La curiosidad de interés consiste en unas pinturas bizantinas, de carácter clásico, procedentes de una capilla cristiana que existió antiguamente por estos lugares. 46. Los anguípedos, «piés de serpiente.»—Partiendo de la calle de Filipo. (6 DtAinxoo), casi tocando con la callejuela que desemboca enfrente de la iglesia de San Felipe, se tuerce á izquierda y se ve una plaza solitaria, desierta en absoluto, cerrada con verja de hierro. Allí se presentan dos estatuas singularísimas, llamadas atlantes, gigantes ó anquípedos. Adviértase que están puestas de espalda á unos pilares, que indudablemente sustentaban un pórtico. Por lo demás, no se sabe ni quién las hizo, ni quién las trajo, ni quién las erigió, ni para qué fueron erigidas. Estos mármoles y estos sitios parecen cosas que no pertenecen al mundo. 47. Excavaciones.—Cuando se vuelve del Partenón, hállase, delante de su ángulo Noroeste, un trozo de arquitrabe del templo circular, jónico ó corintio, de Roma y Augusto, cuyo arquitrabe debía tener seis metros de diámetro, según el fragmento que se conserva. En los alrededores de las excavaciones que allí se practican, se construye un museo, destinado á guardar las reliquias del arte antiguo. Hacia su ángulo Este, hay un pedestal cuadrangular con varios relieves, los cuales representan á Minerva, Baco, Mercurio y Vulcano; esto es, Hephaistos (Hepatgroc). Los cimientos de muros antiguos que se extienden hacia Levante, pertenecen al arsenal (skeuothéhe, ozsbobijxn), que fundó en la Acrópolis el orador Licurgo en el siglo iy antes del Mesías. Al Sud del arsenal, se admiran los enormes cimientos de la muralla de Cimón, descubiertos completamente hasta el asiento de la roca. Pero lo curioso y notable de este lugar consiste en una piedra desenterrada. Las excavaciones han extraído varios tambores de columnas, que pertenecían al Partenón en época anterior á Pericles, los cuales fueron desechados, como inútiles, cuando tuvo lugar lareconstrucción de aquel templo, y enterrados en este paraje. Descubiertos ahora, resulta que desecharon aquellos-mármoles por estar calcinados, á causa del incendio de los persas. Nadie puede formarse una idea del efecto que causa ver en aquellos mármoles la señal de un fuego, que más de veinte siglos no han podido borrar. Nosótros damos una grande importancia á estas pequeñeces, porque presumimos que, antes de la historia del pergamino y del papel, se escribió la historia del mármol, por cuya razón hemos creido siempre que el primer libro de este mundo es el libro de piedra. ¡Ah! Cuando la historia de los pueblos olvida tal vez el fuego bárbaro de los usurpadores, una piedra quemada, desenterrada hoy después del transcurso de más de dos mil años, viene á denunciarlo á la conciencia de los hombres. Esa piedra quemada es un monumento para todas las generaciones, porque es una fecha para la historia y un gemido para la humanidad. 48. Dos bailarinas á cielo raso.—Un poco más allá de lo que nosotros llamamos la honda quebrada de Erinnyes, se sube el repecho de la colina y nos damos de frente con una antigua entrada de la Acrópolis, á la cual se ha dado el nombre de Beulé, en justa memoria de haber sido él quien la descubrió. La puerta, tal como hoy existe, se construyó con restos de edificios antiguos y data, cuando más, del siglo m de nuestra era; pero las torres que la flanquean en varios sentidos, alcanzan mayor antigüedad. Ahora está cerrada y hay que buscar la entrada en la Acrópolis por la parte del Sud. Esta entrada consiste en un pasaje abovedado moderno; pero que parece relacionarse con la antigua vía de comunicación que conducia al monu
mento mencionado. Pasadas las casillas de los guardas, se nos agregó cierto inválido, hombre pertinazmente silencioso, á quien, si fuéramos poetas, dedicaríamos todo un canto épico. Aquí encontramos estatuas y relieves al aire libre, en donde descuella la franca donosura del arte ático. Son notabilísimos: el gran sepulcro de Frasicleo; una figura, sin cabeza, sentada, de gusto arcaico, y un relieve que representa á una mujer montada en un carro, en donde hallamos una ingenuidad y valentía de arte que, no sólo hieren la imaginación, sino que impresionan profundamente el sentimiento. Pero enfrente de la mujer del carro, hay dos bailarinas, las cuales atraen de una manera poderosa las miradas del espectador. La una de ellas es de estilo alegre y licencioso; la otra, de estilo reposado y severo. ¿Cuál gusta más? Ambas, porque ambas son dos tipos acabados. Pasada otra puerta de comunicación, nos encontramos en los Santos Lugares de Atenas, cuyo nombre no nos atrevemos á pronunciar. Un Milton escribió: El Paraíso perdido. Otro Milton debe escribir: El Paratso desolado. Aquí se comprende que el poeta nos lleva al escultor, como el escultor nos conduce al poeta. Convirtamos la Ilíada en un monte de sabios mármoles y se llamará Acrópolis; convirtamos la Acrópolis en el portento de una epopeya y se llamará Ilíada. Homero nos habla de Fidias, como Fidias nos habla de Homero. ¡Conciertos incfables del ser! ¡Armonías sagradas del pensamiento universal! En este momento, clavamos los ojos en el inválido que nos acompaña, quien resistió nuestra mirada de un modo impasible. Es un hombre unigénita y congénitamente silencioso, sin que haya poder humano que le arranque un acento. Nosotros exclamamos en nuestro interior: «será inválido de la lengua.» 49. Acrópolis.—¿Por qué palpita nuestro corazón? ¿por qué temblamos? No lo sabemos; pero ello es lo cierto que temblamos y que palpita nuestro corazón. ¡Cuántos crímenes y cuántas glorias! ¡cuánta catástrofe y cuánto heroísmo! ¡cuántas sublimidades y cuántas miserias! Estamos en presencia del primer monumento del arte gentil. Torciendo hacia el ángulo saliente de la muralla, que conduce al templo de la Victoria (Nihẽ), nos hallamos delante de la puerta solemne de la Acrópolis, cubierta de templos, de los cuales dijo un retórico antiguo con tanta verdad como elocuencia, «que eran un presente de los dioses.» Los pelasgos, primitivos habitantes del Atica, debieron nivelar la superficie superior de la enorme roca en que está fundada la Acrópolis, al par que hicieron más inaccesibles sus flancos, cubriendo con una fortificación de nueve puertas el declive que forma hacia el Poniente. Aquella especie de alcazaba era á la sazón el palacio de los reyes de Atenas, delante de cuyas puertas oían las reclamaciones y administraban la justicia. Todos los principales templos del Estado se agrupaban en los contornos del alcázar real. Posteriormente, los tribunales y las asambleas se trasladaron á la ciudad baja, en tanto que en la ciudad alta se quedaron los dioses. Pero vinieron los pisistrátidas y todo el gobierno de la ciudad se instaló de nuevo en la fortaleza, habiendo edificado, en el lugar que ocupa el Partenón, un templo de Minerva (Athenãs), llamado entonces Hecatómpedos, «de cien piés,» encareciendo con esta expresión su magnitud y su grandeza. En tiempo de los descendientes de Pisistrato dieron también al alcázar real una entrada más digna de su importancia y de su destino. En 480 y 479 antes de Jesucristo, los persas saquearon todos los edificios de la ciudadela, habiendo dejado no pocas señales del pillaje y del fuego. En primer lugar, Temístocles reedificó inmediatamente las murallas del Norte, aunque los tambores de columnas y piezas de entabladura, procedentes del Partenón destruido por los persas é incrustadas en dichos muros, ponen de manifiesto la precipitación con que ejecutaron tales reparaciones, obligados tal vez por la necesidad de da defensa. Cimón reparó luego brillantísimamente la muralla del Sud con el templo de la Victoria (Nixn); pero la suerte reservó á Pericles la noble fama de ser al mismo tiempo el héroe de la guerra y el héroe del arte. Pericles, reedificando los santuarios de las divinidades que habían protegido la causa de los griegos, según la fe de aquellos siglos, tuvo de su parte el sentimiento nacional, el más poderoso de sus sentimientos, el sentimiento religioso; dispuso á su arbitrio de las riquezas del país y hubo monumentos para todos, para las deidades y para los héroes, para los templos y para los triunfos. He aquí lo que se ha llamado fortuna de Pericles. No fué la fortuna; fué que en torno suyo se mueven las manos, se agitan los buriles, se animan las piedras. Y de aquellas piedras y de aquellos buriles brotaban templos, brotaban dioses, brotaban mundos. Es evidente que de donde brotaban aquellos mundos desconocidos, brotó también el siglo de Pericles. No fué.la fortuna; fué la historia, porque la historia es quien manda en los pueblos. Y para decirlo más claramente, fué la necesidad de aquellas edades, pues no hay hazaña que no lleve consigo una apoteosis. Pericles no fué ni más ni menos que la apoteosis social de todas las hazañas de los tiempos heroicos. GRECIA necesitaba un gran retablo de las glorias griegas: ese retablo griego se Ilamó Pericles. En 488 antes del Salvador, dió principio á esta obra verdaderamente colosal, que parecía superior al ingenio humano, bajo la dirección de Fidias, «el primero de los artistas en todos tiempos,» como dicen aquí. Tanscurridos cuarenta años (438), plazo increíblemente corto, el monumento del Partenón recibió su última piedra. Desde 442 hasta 437 antes de la era cristiana, esto es, en el transcurso de cinco años, se levantaron las Propyleas, bajo la dirección de Mnesikles; y sin embargo de la pasmosa celeridad con que se practicaron estas obras, su perfección técnica y artística fué tan grande, que estas maravillas causaron el asombro de todos los siglos, permaneciendo casi intactas hasta muy entrado el siglo xVII, lo cual supone una duración de dos mil años. Los arquitectos Polícrates é Ictinos edificaron el Partenón en el punto más culminante de la platea de la Acrópolis, en una extensión de 325 metros de longitud por 165 de latitud, 153 sobre el nivel del mar. El Partenón era el templo de la Virgen (llapoévo, Parthéno), por la cual se entendía Minerva, á cuya diosa estuvo consagrado hasta el siglo vi de Jesucristo, en cuya época se dedicó á la Virgen Madre de Dios (Osótozoc, Theótokos). Los franceses lo destinaron luego á ser la principal iglesia católica de Atenas, ó sea la metrópoli; pero los turcos la convirtieron en mezquita desde 1459. Acaecida la explosión de una bomba de los venecianos, en 1687, época de fatal recuerdo, otra mezquita turca apareció en medio de las formidables ruinas del Partenón. Tal era el estado y ser de las cosas, cuando llegó á Atenas el embajador inglés lord Elgin, en 1801. Este señor se llevó á su tierra un fragmento del friso y las más perfectas estatuas de dos frontones. El friso sólo del antiguo templo de Minerva, tasado hoy, constituiría la riqueza de una ciudad, si el tasarlo fuera posible. ¿Quién tasa un mármol creado otra vez por el genio? ¿quién tasa una labor de Fidias? Y en aquel friso ¡hay tantas labores! Los escombros que quedan, después de tantas y tan crueles devastaciones, son todavía, lo serán siempre, el monumento más hermoso de la divinidad histórica de este país; la Acrópolis. Por la parte superior de la entrada de la fortaleza, de 55 metros de anchura, se puso una puerta de hojas desiguales, que sería positivamente la más gigantesca del mundo. Ora por la originalidad del proyecto, ora por lo enorme de su tamaño, ora por la magnificencia de su ejecución, dicha puerta parecía eclipsar el monumento, denominado por los antiguos: «astro que centellea sobre la Acrópolis.» Excusado fuera decir que este monumento era el Partenón. En el siglo XIII, los franceses llevaron su cancillería ducal al ala del Norte y construyeron una torre, denominada Franca, por encima del ala del Sud. Los bajás turcos fijaron allí su residencia hasta que, á mediados del siglo XVII (1656), voló la fábrica central, á consecuencia de una explosión de pólvora. La tercera ruina de la Acrópolis, el Erechtheión, comprendía los más antiguos y venerados santuarios de TOMO
Atenas, puesto que allí se custodiaban los sepulcros de los royes míticos, Erechtheo y Cecrops; allí se custodiaban el olivo sagrado que Minerva hizo brotar del suelo y el agua salada que brotó también bajo el tridente de Neptuno, cuando estos dioses lucharon en la Acrópolis por la posesión de la ciudad; allí tenía su principal culto la diosa protectora de Atenas, la Minèrva Poliade, del mismo modo que su primera sacerdotisa, Ilamada Pandrose. Despuës de la destrucción de los persas, el santuario se reparó de un modo mezquino, pudiendo decirse que su reconstrucción no principió hasta la guerra del Peloponeso, en 431 antes de Jesucristo, pero hubo de suspenderse á poco; se prosiguió en 409 y se terminó en 393; de suerte que las reparaciones parciales del templo no excedieron de treinta y ocho años. Es admirable la simetría que existe entre la exquisita delicadeza de las columnas jónicas y la finura de su ornamentación respecto de la proporción de las dimensiones. El Frechtheo se convirtió en iglesia católica durante el siglo vi de nuestra era. Durante el siglo xiII, fué la residencia de los duques de Francia, hasta que el bajá de Constantinopla lo convirtió en harem durante el siglo xv. Lord Elgin lo desposeyó (habíamos escrito lo despojó, pero esta palabra nos pareció muy fuerte) de una de sus columnas jónicas del pórtico oriental, así como de una de sus cariátides; otra cariátide fué despedazada por una bala de los turcos, en 1825, lo cual motivó que el pórtico del Sud viniese á tierra por falta de apoyo, no habiendo sido levantado hasta 1816. En 1828 fué bombardeado el pórtico del Norte, á cuyo bombardeo siguió un huracán que derribó la pared del Oeste. La operación de quitar el ripio de la Acrópolis duró desde 1834 á 1862, esto es, veintiocho años. 50. Erechtheo.—El plano exterior de este edificio, que se encuentra al Norte del Partenón, se distingue aún con facilidad; mientras que su distribución interior ha desaparecido completamente, á consecuencia de las numerosas construcciones posteriores. Tres vestíbulos (xooztisete, prostúseis) conducían al templo, el cual medía sobre 20 metros (20,015) de largo por 10,072 de ancho. El pórtico del Este es un pronaos (parte anterior) regular de seis columnas jónicas, de 75 centímetros de diámetro por 6,082 de altura. Aquí no hay más que cinco, puesto que la sexta se halla en Londres. Dicho pórtico conducia al templo de Minerva Poliade, Ilamada así porque era el genio custodio de la ciudad. La próstasis del Norte presenta cuatro columnas jónicas de frente, las cuales forman simetría con las otras cuatro que hay en la parte posterior de 3 "/, metros de profundidad (3,057). Dicha próstasis está situada 2 metros ó centimetros más baja que el pórtico oriental, y sus columnas tienen 16 centimetros más de espesor, y 97 de altura, que las columnas del Este. Aquí- hay una puerta, muy bien conservada, por la cual se entraba en un pasadizo, que conducía á los otros templos y que recibía la luz por tres ventanas practicadas en la pared occidental, entre las medias columnas jónicas. Más hacia el Oeste del mismo pórtico, hállase una puerta, menor que la anterior, la cual establecía una comunicación con el recinto consagrado á la diosa Minerva y se extendía, por el Nordeste, hasta la gruta, llamada de Agraulos, en la muralla septentrional de la ciudadela. Esta gruta era antiguamente una entrada secreta de la Acrópolis, funesta á los griegos, pues se cree que por ella penetraron los persas cuando se apoderaron de la fortaleza de entonces, apenas defendida á la sazón. Este lugar es doblemente célebre por haber servido de pasaje á las sacerdotisas de la diosa cuando fueron al santuario de Agraulos, situado en la parte baja. El arimez del Sud es el pórtico de las kórais (cariátides), pues los griegos llamaban hórais (muchachas, doncellas) á las figuras que sustentaban la entabladura de los pórticos. Estas estatuas, de proporciones algo mayores que la natural, están colocadas sobre un podium (pequeño muro, que forma una especie de galería) de más de dos metros de altura (2,06) llevando en la cabeza una especie de capiteles. Si vale creer en la tradición, bajo el pórtico de las zópαts (hórais) esta enterrado el rey Cecrops. La segunda cariátide del lado del Oeste no es otra cosa que una reproducción del original, que se halla en Londres, pues bien dice el adagio, que de fuera vendrú quien de casa nos echará. En cuanto á la otra cariátide, que se halla colocada detrás en la hilera del Norte, es una buena restauración de Imhof. La pared exterior del templo estaba decorada por un friso, que representaba diferentes figuras de mármol blanco, aplicadas sobre un fondo de piedra negruzca de Eleusis, y en la parte superior, por una franja de palmas pequeñas y hermosas, cuyo conjunto daba al monumento un aire de elegancia que se confundía con la esplendidez. Entre los fragmentos que se hallan en las gradas del Sud, hay el relieve de una trirreme, que debe ser muy atendido. Enfrente del pórtico del Norte, se ve un pedazo bien conservado de muralla; y en el ángulo, una estatua sentada, arcaica. En la parte inferior de la galería de una casita, que se halla al Oriente del Erechtheo, se conserva un Hermes arcaico, que lleva una ternera sobre la espalda, obra que merece llamar la atención. La colección de fragmentos antiguos que contiene dicha casita, debe ser estudiada por las personas inteligentes, del mismo modo que las reliquias conservadas en la cisterna, que se encuentra en las cercanias de la pared del Norte. Levantemos ahora nuestra relación á cosas más subidas. ElErechtheo guarda la memoria de tres grandes curiosidades del gentilismo. Las dos primeras se encontraban en el pórtico del Este, y consistían en una antigua estatua sentada de la diosa Minerva y en la lámpara que ardía eternamente, imagen del fuego perpetuo de los egipcios. La tercera curiosidad consiste en dos perforaciones ó agujeros, que aparecen en la parte inferior del pórtico del Norte, en donde la leyenda cree reconocer el golpe del tridente de Neptuno, cuando el dios del mar hizo salir la corriente de agua salada de la roca viva de la Acrópolis. La arquitectura compuesta del Erechtheo lo revestía de cierta expresión varia, pintoresca, rica, garbosa. 51. Clepsydra.—Continuemos nuestra visita en medio de esta inmensidad de bellezas, que asombran, y de desgracias, que conmueven. Después de pasar el segundo enrejado moderno, se halla á la derecha el testero (pygros, xvoc) de la muralla Sud de Cimón; á su izquierda, la puerta de Beulé con las torres que la flanquean y su ancha escalera sin parapetos; y en frente, el basamento de la estatua de Agripa. Dicho basamento, de mármol del Hymeto, tiene una altura de ocho metros 75 centímetros, y mide 8metro cuadrado. Detras del basamento de Agripa, debajo de un bastión que mandó construir el general griego Odysseos, en 1822, se encuentra la famosa fuente Clepsydra (zetó 5pa), á la cual se baja por dos escaleras antiguas de bóveda moderna. Esta fuente no tiene de notable otra cosa que la fama de la antigüedad; advirtiendo que es peligroso bajar sin luz, cosa que no volveríamos á hacer. La gruta que está á mano izquierda de la entrada, es la denominada de Apolo Hypocrœos (Apolo bajo la altura), en donde supone la fábula que tuvo lugar una aventura célebre de sabor picante. Allí fué en donde Apolo dió un susto á Creusa, hija de Erechtheo, de cuyas resultas tuvo á Jon, el padre de la raza jónica. La escalera que conducía desde aquí hasta la cima de la Acrópolis, estaba interrumpida por una rambla, de la cual se conserva un fragmento, situado en el mismo paraje que ocupó antiguamente. La escalera anterior era la gran entrada por donde subían á la Acrópolis las comitivas de los panatheneos, de los caballeros y de las víctimas destinadas al sacrificio. El mundo gentil no vió nunca una pompa tan semejante á la apoteosis; aquellas pompas en que las deidades y los hombres parecian confundirse en un mito común, como si los dioses pasaran á ser griegos, ó como si los griegos pasaran á ser dioses. 52. Templo de la Victoria sin alas (Nihe ápteros).—Se le llamó así para dar á entender que, no teniendo alas, no podía volar; y no volando, no podía salir de Atenas, es decir, no podía abandonar á los atenienses. Es de or
den jónico y se reconstruyó sobre su antiguo basamento en 1835-1836, bajo la dirección de los arquitectos alemanes Ross, Schaubert y Hamsen. Tiene de altura 8,075 metros, y de anchura 5,015; se levanta sobre un basamento de tres gradas; está exornado en cada fachada de cuatro columnas jónicas de á metros á centímetros de elevación, por 76 centímetros de diámetro, con los ángulos descubiertos, formando lo que el griego llama un anfipróstilo (circulo de columnas en la parte anterior). El friso, una parte del cual fué á Inglaterra, estaba en mal estado y se sustituyó por una imitación de barro cocido, de tiempos posteriores al Partenón y á las Propyleas. El friso representa combates entre griegos y bárbaros. Desde la pequeña escalera hasta la extremidad Oeste del testero de la pared, se extendía antiguamente una balaustrada de mármol, decorada de muchos y famosos relieves, algunos de los cuales se conservan en el interior del monumento, tales como las dos Victorias, que llevan un toro al sacrificio; la Victoria que adorna un trofeo; la otra Victoria, que se ata la sandalia, bella y airosa por demás. Este paraje fué teatro de una aventura célebre, según la leyenda. Desde aquí se precipitó Egeo, víctima de la desesperación, cuando, al ver el buque en que venía Teseo, procedente de Creta, observó que traía velas negras, en lugar de traer velas blancas en señal de albricias. El templo de la Victoria sin alas es un monumento sencillo, elegante, lleno de fuerza, lleno de ilusión, porque el arte tiene también sus ilusiones. Es pequeño y parece muy grande; pero nos aguarda otra solemnidad mayor, una inmensa solemnidad, de que la tierra no tiene ejemplo alguno. Al girar hacia el lado derecho, nos damos de cara con las Propyleas. 53. Las Propyleas. Si lo que vemos es-una creación sublime, ¡qué sublimidad tan prodigiosa! Si es una creación deforme, ¡qué deformidad tan sublime! ¡Cuanta osadía! ¡cuánta majestad! Lo diremos todo de una vez: ¡cuánto genio! Nosotros miramos al inválido ante el portentoso espectáculo de las Propyleas; pero el inválido cálla como un muerto. No sólo es un hombre tenazmente mudo; sino inviolablemente silencioso. Acostumbrado á vivir entre estatuas, ha tomado el lenguaje de la piedra. La fábrica de las Propyleas se divide en tres partes: el edificio central y las dos alas, al Norte y al Sud. La puerta monumental tiene de anchura cerca de 19 metros (18,085) y se compone de dos pórticos, que dan cara al Oeste y al Este, en la parte anterior de la pared, en que están practicadas las puertas, propiamente dichas. Sobre los dos pórticos se elevan dos frontones, los cuales dan cara á la parte exterior é interior del monumento, sostenidos en la antigüedad por seis columnas dóricas de una altura de 9 metros 1(9,042) y 1,05 de espesor, cuyo intercolumnio medía 4,022 metros, en el lugar que servía de pasaje, mientras que la distancia que separaba á las demás no excedía de 2 metros 27 centímetros. El pórtico del Oeste, que avanzaba sobre el borde de un precipicio, en un basamento de tres gradas, tiene muy cerca de 14 metros (13,097), mientras que su plafón estaba sostenido por dos hileras de columnas jónicas, cada una de las cuales medía II metros de altura por cerca de un metro de espesor (0,97). Debajo del pórtico, en el suelo, hay fragmentos de los capiteles antiguos. El muro, con sus cinco puertas, se levanta imponentemente sobre cinco gradas, la última de las cuales era de un riquísimo mármol de Eleusis, de color entre azul y negro. Los huecos cuadrangulares de las puertas estaban decorados con ricos ornamentos que los griegos llaman antepagmenta, y cerrados con un aparato de bronce. Las seis columnas del pórtico del Este distan 7 metros de la pared. Las poderosas entabladuras de piedra que arrancaban de las paredes del Sud y del Norte del pórtico del Oeste, iban á descansar sobre los capiteles de las columnas jónicas. Otras entabladuras, no menos formidables, que franqueaban el ancho intervalo entre la pared y las seis columnas del pórtico del Este, presentan piedras colosales, de las mayores que existen labradas, las cuales excitaban el entusiasmo de los antiguos. Entre esas piedras descomunales ponían una especie de compartimientos ornados de molduras, como se hace hoy en los plafones y en las bóvedas, cuyos adornos hacían completa la ilusión de la antigüedad, porque debe advertirse que los ornamentos de las Propyleas eran molduras resplandecientes. Este enorme vestíbulo de la Acrópolis estaba sembrado de estatuas y relieves tales como el Hermes Propylacos y las tres gracias vestidas, de Sócrates. Las dos alas de las Propyleas forman un ángulo saliente de 8 metros por el lado de Oeste. En el ala del Norte, hállase un ante-pórtico de más de 3 metros de profundidad (3,09) sobre tres columnas en las antas. Detrás, hay un espacio cuadrangular de I1 metros de profundidad (11,037), que recibe la luz por unas ventanas altísimas. Este es el famoso ante-pórtico denominado Pinacotheca, aludiendo á que allí se exponían los cuadros de los grandes pintores. Esta fábrica se ha conservado por fortuna, incluso su elegante friso, de triglifos con su basamento. Sin embargo, el plafón no ha llegado á nosotros, pues se hundió cuando quisieron añadirle un piso, en la Edad media. Entre los numerosos fragmentos que aquí se conservan del monumento que examinamos, hay algunos interesantísimos; pero ninguno tan interesante como unos pequeños relieves en los cuales vemos la estatua de Minerva, tal cual Fidias la había ejecutado en oro y marfil para el Partenón. En cuanto al ala del Sud, se componía solamente de un pórtico de 5 metros (5,05) de profundidad, en el cual se hallaba un cuerpo de guardia, comprendido hoy en el espacio que ocupó la torre de los Francos, en cuya pared interior se ven todavía dos columnas del pórtico de las Propyleas. Hacia el Oeste de la torre se distingue también el anta (así como los restos de un pilar) de una columna de ángulo y de una cadena de hierro, situada entre el pilar y la columna, sobre unas baldosas de mármol. Es digno de notarse que las baldosas que se extienden hasta debajo del, mismo pórtico, pertenecían á la puerta de entrada de los pisistrátidas, así como los restos de un edificio que se halla al Sud. También pertenece á la misma puerta un pilar, puesto enfrente de la pared del edificio central, que era independiente de la muralla, formada de peñascos polígonos, resto indudable de la fortificación primitiva, puramente pelásgica. Pero no debemos echar en olvido un detalle precioso. Hay una pared de roca viva, tallada á pico, sobre la cual se levantaba el muro de circunvalación de cierto lugar consagrado á Diana Brauronia, nombre que tomó de Braurón, gran santuario que tenía en el Atica. Esta era la Diana que los griegos llamaban Artemis (’Aprepte). Al pie de la muralla de la fortaleza primitiva, se hallan restos curiosos del plafón de las Propyleas, con marcados vestigios de pintura, algunos de los cuales son indudablemente bizantinos. También se halla un ancho pedestal en que figuraba una familia, representada en grupo por los grandes artistas Leochares y Sthennis, una de las más ricas joyas del arte antiguo. Pero vamos á decir algo de ciertas reliquias que nos han inspirado un profundo interés, bajo el doble concepto de la belleza y de la historia. La primera es un pedestal, que tiene su apoyo en la columna más occidental del pórtico del Este. Es el pedestal de la estatua de Minerva Hygiea, como diosa de la salud, ejecutada por el artista Pyrrhos y que Pericles mandó erigir en este lugar, cuando Minerva se le apareció en sueños y le indicó un remedio para salvar la vida de uno de sus esclavos favoritos que se hallaba en peligro de muerte, en tiempo en que se levantaban las Propyleas. ¡Rareza singular! La estatua de la diosa, en este paraje, era el voto de un rey por la salud de un pobre esclavo de sus pasiones, tal vez pasiones viles. La humanidad es de tal guisa, que hasta las pasiones más viles han erigido estatuas de dioses. La segunda reliquia es otro pedestal, que sostenía á un criado joven del escultor Myrón, contemporáneo de Fidias, cuyo mancebo conducía un vaso sagrado. La tercera es otro pedestal, que sostenía la estatua de Perseo con la cabeza de Medusa, obra de Lycios. Nos ha llamado la atención ver una cortadura vertical, practicada en la
roca viva: era la división del templo de Diana Brauronia y del de Minerva Ergané, como patrona del trabajo, del griego érgon (epyov), obra. Pero lleguemos á una reliquia de más valor. Todavía se conserva el enorme cimiento que sustentaba la estatua colosal de Fidias, en bronce, representando á Minerva Promachos, «la que combate en primera fila, la que va delante de la batalla.» La figura tenía 19 metros de elevación (19,05); estaba revestida de toda clase de armas y se apoyaba sobre una lanza de punta reluciente, que era lo primero que alcanzaban á ver los navegantes griegos, cuando volvían del cabo Sunium. Pero aun existió aquí una reliquia más famosa: era la imitación del caballo de Troya, Pegaso, en bronce también, obra maestra de Strongylión, joven contemporáneo de Fidias. El pedestal de esta célebre estatua está sepultado bajo los escombros, al Oeste del santuario de Diana. ¿Cuándo será desenterrado el ilustre difunto? Sea cual fuere el punto de la Acrópolis en que nos situemos, para abarcar de un golpe de vista este indescriptible panorama, hay un gigante que lo domina todo. Al penetrar en los dominios de aquel gigante, bajo el peso de tanta grandeza, bajo la sombra del Partenón, volvimos los ojos á nuestro inválido: pero, nada: ni su lengua, ni su semblante, dieron señal de sí. Este hombre puede definirse: «vivir sin hablar.» Si una mujer lo viese, se horrorizaría. El sumo pont: fice, teniendo delante este dechado, debería hacer una santidad, bajo la advocación de san Silencio, que es un santo muy grande. 54. El Parthenón (Ilatosvóv).-El basamento (stylobato) del Partenón, en mármol, de casi 2 metros de altura (1,078) se levanta sobre un terraplén de 81 metros de longitud por 37 de latitud, el cual se practicó en la misma roca, formando declives por todos lados, desde el punto culminante de la Acrópolis. Este terraplén parte de un poderoso basamento sin moldura (stereobato), en mármol de Paros, que alcanza ó metros de altura por el lado del Sud (6,05). Así sucede que la base de las columnas del Partenón se halla casi al nivel de la cima de las Propyleas, al mismo tiempo que su ángulo del Noroeste toca el punto más alto de la roca. Es curiosísimo notar que las gradas no son completamente horizontales, sino que presentan una curva levemente convexa, que la vista descubre mejor situándonos al nivel de una grada y siguiendo la linea que describe en todo el curso de su longitud. La grada superior tiene de largo 74 metros, por algo más de 32 de ancho (32,08), y lleva 46 columnas de I1 metros de altura y de 2 de diámetro, ora en los dos frentes del monumento, ora en sus ángulos respectivos. Sobre las columnas descansa el arquitrabe, coronado de triglifos, entre los cuales se intercalan métopas de á centímetros de metro cuadrado, en número de 14 en cada frente, y de 32 en cada una de las fachadas laterales, lo cual forma un conjunto de 92 métopas, presentando las unas y las otras multitud de figuras en altos relieves. Todas las métopas del Este y del Oeste, 11 del Norte y una sola del Sud, se hallan en su puesto. En cuanto á las demás, 16 del Sud, están en Londres; una en París, y otra se halla expuesta en el mismo Partenón. Las métopas del Este describen las hazañas de Teseo y de Hércules; las que aun quedan en el lado del Norte, ofrecen representaciones de objetos sagrados, de un estilo culto y severo. Al Oeste y al Sud, están los combates de los lapithas y de los centauros, de un estilo más libre, pero fastuoso. Sobre las fachadas del Este y del Oeste se alzan los frontones, que el griego llama àsópara (aetomata), «la altura triangular de los templos», cada uno de los cuales contenía escenas ricas en figuras, de tamaño más que natural. Para que nuestros ilustrados lectores conciban una idea de la magnificencia de esta ornamentación, bastará decir que sólo el frontón del Oeste tenía 18 magníficas estatuas. Lo que queda de estos trabajos (una buena parte está en Londres) es de lo más perfecto y grande que ha dejado á GRECIA el arte antiguo. Del lado del Este se veía el nacimiento de Minerva, la cual salía del cerebro de Júpiter. De esta obra no quedan más que algunos restos en los ángulos, tales como dos cabezas de caballos que tiraban del carro del Sol (Helios), elevándose en los aires, y la cabeza de uno de los caballos del carro de la Luna (Selené)en el momento de descender hacia la tierra. Al Oeste, se ven un grupo de Hércules y Hebe y el gran combate de Minerva y Neptuno, disputándose la posesión del Atica. Las personas no propensas al vértigo, pueden subir por la escalera del minarete y adelantarse hasta las estatuas que hay en la cornisa del frontón. Cuando miramos hacia Atenas desde estas alturas de los tiempos, los griegos de hoy parecen ser enanos que se mueven en una tierra de gigantes. En el interior del peristilo, dos tramos más arriba que las antas de la nave, se halla de cada lado una hilera de seis columnas dóricas, de cerca de 2 metros (1,078), la cual forma al Este, como en todos los templos de los dioses olimpicos, el pronaos, esto es, la parte anterior, y el postico, es decir, la parte posterior. La pared exterior de la nave y de los dos vestíbulos se hallaba coronada de un friso de 169 metros de longitud por un metro de altura, en donde estaban representados los preparativos y ritualidades del gran cortejo de los panatheneos, el cual se repetía cada cuatro años. De esta creación casi fabulosa queda aún la parte del Este y un pequeño fragmento del postico en el lado del Sud. Los viajeros aficionados á estos preciosísimos estudios, pueden visitar 17 fragmentos, que se hallan en la parte baja del edificio; 81, que están en Londres. En el interior de los largos costados del templo, había diferentes tribunas, que los griegos llaman órepoa; (huperõas), sos tenida cada una de ellas por 9 columnas dóricas de un metro de diámetro, cuyos vestigios se distinguen aún en el pavimento. ¡Horrible instante debió ser aquel en que el monu mento se abrió por la mitad, en la catástrofe de 28 de Septiembre de 1687! Nos referimos á la bomba de los venecianos. Si esa bomba fuese una criatura responsable, ¿qué no merecería esa criatura? Son tantas las ideas que se agolpan á la imaginación, que lo mejor es no decir nada. Para condenar perpetuamente el tremendo azote de la guerra, bastaría decir: «una bomba fué la caida del Partenón.» Despidámonos de estos lugares, que no volveremos á pisar, saludando algunos prodigios, entre los infinitos que se presentan á nuestros ojos y á nuestra alma en este universo sin fin; más á nuestra alma que á nuestros ojos. El primero es la gran batalla que ganó Pericles y que esculpió Fidias en los frisos de este monumento. La batalla del escultor es aún más famosa que la otra batalla que ganó el héroe en los campos de la Tróade, cuyo ejemplo demuestra que no existe en la humanidad un prestigio mayor que los divinos fingimientos de la belleza, ni aun el prestigio de la historia, que parece ser la sentencia del tiempo. Cuando se visita el globo que habitamos, no se puede menos que exclamar: ¡poder inmenso el poder der arte! Vayamos al segundo prodigio, que bien pudiera figurar en lugar del primero. La nave, que el griego denomina gnxós (sehós), está dividida en dos espacios. La parte del Este, que abarcaba 31 metros de longitud (31,085) por más de 20 de latitud (20,047), era lo que se denominaba Partenón ó Hecatómpedos, para diferenciarlo de la otra parte, llamada Opisthódomos. En el Partenín, propiamente dicho, se hallaba el numen del monumento, el genio de GRECIA, la patrona de la ciudad, la metafísica más profunda, el arte más sabio, la concepción más portentosa de la imaginación gentil, Athené Parthénos,
Minerva, la Virgen, representada en una estatua de oro y de marfil, erigida en la parte del templo cuyo piso está decorado por baldosas de mármol de Paros. La estatua de que hablamos, fué la obra maestra del escultor; esto es, la obra maestra del maestro. El escultor, aquí, quiere decir Fidias. Trátase de una estatua de más de 13 metros, cuyas partes desnudas eran de marfil, mientras que las demás eran de oro, incluso el manto, el cual podía separarse del cuerpo. El peso del oro empleado en la estatua. se calculaba en cinco arrobas, que valían sobre 44 talentos, ó sea 2.000 onzas de oro aproximadamente. La diosa estaba representada de pie, abarcando una pica con la mano de
recha, mientras que en la palma de la otra mano llevaba una Victoria de dos metros de altura: su broquel estaba apoyado en el flanco izquierdo, al mismo tiempo que se le enroscaba una serpiente; cubría su cabeza un casco ornado de grifos y esfinges; en el pedestal aparecía el nacimiento de Pandora; en las sandalias, el combate de los lapithas y de los centauros; en el cerco interior del broquel, el combate de los dioses y de los gigantes; en el cerco exterior, el de los atenienses con las amazonas. Al terminar aquel monumento, el escultor pudo decir: «he hecho la primera estatua de la humanidad.» ¡Qué suerte la de GRECIA! ¡tener un Homero para una Troya! ¡tener una Minerva para un Partenón! ¡tener un Fidias para una Minerva! La generación que así creaba y que así sentía, debió ser el pueblo de los semidioses. ¡No! La mitología no fué una fábula, sino la historia de la GRECIA, la historia y la literatura de aquel prodigio. La mitología fué su historia, como Homero fué su poeta, como Fidjas fué su escultor, como Temístocles fué su héroe, como Platón fué su filósofo. Añadamos á la riqueza prodigiosa de decoración escultural el brillo del oro, de los colores y del mármol pentélico, reluciente, deslumbrador, y concebiremos la singularidad histórica, única en los fastos del hombre, de que el Partenón se representase en la fantasía de los antiguos griegos como una especie de divinidad protectora, que tenía en su mano el cetro del mundo. ¡Qué lección más grande! GRECIA cayó cuando cayó su Virgen Parthéno; aquel pueblo cayó cuando cayó Minerva: es decir, aquel mundo cayó cuando cayó su divinidad, porque no es posible vivir sin un Dios. Pero nos resta el último milagro. Queremos subir sin compañía á la platea de la Acrópolis, pues hay cosas que no se pueden ver acompañados, y hemos discurrido despedir al inválido dándole una propina. No habló, pero alargó la mano; es decir, habló sin hablar. Nosotros dijimos para nuestro coleto: «pues, señor, no es mudo; sobre todo, no es manco.» Después de haber atravesado las Propyleas, se sube, por una pendiente suave, á la cúspide, de la Acrópolis. ¡Laberinto inconmensurable del genio humano! Aquí las piedras rotas no son un objeto desolador, sino un espectáculo grandioso. Aquí las ruinas forman un mundo. En efecto, lo que se ve en nuestro alrededor es el mundo de las ruinas. Si hay un juicio final de piedras, esto es el juicio final. En fin, no podemos expresar la idea de esta portentosa desolación sino diciendo que el, silencio de estos escombros impone más que la elocuencia de los monumentos. El lector no debe suponer que exageramos, cuando escribimos lo que vemos sobre las piedras de estas ruinas. Hagamos ahora que desaparezca este océano de mármoles rotos; hagamos que la imaginación desande veinte siglos en la historia del tiempo. é imaginemos el cuadro siguiente: vemos á nuestros piés una multitud de templos suntuosos de todas proporciones: hacia la izquierda, el hermoso Erechtheo con todo el brillo de su decoración de estatuas y pinturas: hacia la derecha, el Partenón, enseñoreándose de la Acrópolis; esto es, enseñoreándose de la gran señora del mundo; abajo, un bosque de estatuas, de relieves, de grupos de mármol, que centellean á la luz, cuando abren las Propyleas sus puertas colosales de bronce á las pompas fascinadoras de los panatheneos. Después de vivir un instante en las luminosas regiones de esta fantasía, no extrañaremos el entusiasmo de Aristófanes, el cual exclamaba: «¡Oh nuestra Atenas!, ¡oh tú, coronada de violetas, ciudad brillante, envidia del mundo!» Todo habla aquí un idioma particular, hasta las piedras de las calles, porque hasta las piedras de las calles son el coloquio de grandezas pasadas, que no acabaron de pasar, que no pasarán nunca, puesto que viven en nuestro pensamiento y en nuestra fantasía. El aire deleitoso que aquí nos circuye, viene de que el arte es el mundo de los arcanos, la lengua de las maravillas, que es también la lengua del corazón. El arte, el gran civilizador de los pueblos, engendra en nuestro-espíritu una emoción íntima, profunda, indescriptible, como la emoción que nos inspira la hermosura de las mujeres. Y por eso sucede que no podemos determinar en donde el arte principia á ser mujer ni en donde la mujer principia á ser arte. Hay quien intenta separar lo pasado de lo presente, como hay quien intenta separar lo presente de lo porvenir. ¡Qué ignorancia de las grandes virtudes de la vida!, ¡qué desconocimiento de las grandes leyes de la conciencia!, ¡qué olvido tan triste de la piedad del cielo! La piedra que cayó, no puede separarse de la piedra que cae, así como la piedra que cae no puede separarse de la piedra que caerá, porque siempre caerán piedras. Ya lo hemos dicho al comenzar este DICCIONARIO, pero conviene repetirlo aquí. Tan vida nuestra es nuestra cuná como nuestro sepulcro; tan tiempo nuestro es el instante de nacer como el instante de morir, y el tiempo no puede separarse del tiempo; el hombre no puede separarse del hombre; Dios no puede separarse de Dios. ¿Qué es la memoria sino el bautismo del pasado? ¿qué es el sentimiento sino el bautismo del presente? ¿qué es la esperanza sino el vaticinio sublime de lo futuro? ¡Basta de luchas imposibles! ¡basta de ofender á la Providencia! En este momento volvemos la cara y divisamos á una mujer entre las ruinas del Partenón, envuelta por las sombras del ocaso, herida por los rayos de algunas estrellas de Occidente, que parecen ser las primeras vírgenes de la noche. Al verla, presumimos que veíamos en el aire la figura de una matrona arrodillada ante una cruz. Presumimos también que del fondo de aquellos mármoles se arrancaba una voz que decía: «yo soy la alianza de todas las edades; yo soy la paz de las generaciones.» ¡Oh monumento del poder humano! ¡oh ruinas inmensas! ¡oh genio grandioso! Inspira al mundo esa vida que reina en tu amorosa soledad; y la llamamos amorosa, porque ese monumento no pudo hacerse sin amor. Entre las ruinas de Cafarnaum ó de Samaria, el arte es una aparición; entre las piedras de Palmira ó Balbek, es un sueño; entre los colosos de Carnac, una amenaza; entre la enorme esfinge de las grandes pirámides, un horror; entre los mármoles de Atenas, una apoteosis. Hacia el anochecer salimos de Pireo. Cuando nos internamos en el golfo Sarónico, la luna reflejaba su luz sobre las ruinas de la Acrópolis, como una lámpara del cielo refleja su luz sobre un sepulcro de la tierra. El ateo que quiera sufrir un castigo horrible, que visite de noche las ruinas del Partenón.
¡Salve, pueblo insigne, patria del genio, en donde el hombre no puede pisar un grano de arena sin pisar una gloria! ¡Adiós, ruinas! Ya no os volveremos á ver. ¡Ay! ¿Qué mano oprime nuestras entrañas?
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