Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Granada

tomo 2 · página 1003 · ver la página del original

Granada. Femenino. Geografía. Uno de los cuatro reinos de Andalucía que fundaron los moros, y el último que los Reyes Católicos conquistaron, en 1492.—Al terminar el siglo xI. se hallaba reducido, con corta diferencia, al territorio que actualmente ocupan las provincias de Almería, GRANADA y Málaga; confinando: al Norte, con el de Jaén y parte del de Toledo; al Este, con el de Murcia; al Sur y Sudeste, con el Medite

rráneo, y al Oeste, con los de Córdoba y Sevilla.—Sus límites empezaban en las márgenes del río Guadiaro, junto á Gibraltar, y continuaban por las vertientes occidentales de la sierra de Ronda: los campos de Jimena, Hardales, Antequera, Archidona, Iznajar, Alcalá la Real, Torre Campo, La Guardia, Bedmar y Quesada formaban la línea fronteriza, desde el Mediterráneo hasta las faldas de la sierra y adelantamiento de Cazorla; proseguía por Huéscar y el Chirivel hacia los confines de Lorca, y concluía en las playas de Mojacar, término actual del reino de Murcia, como lo había sido, en tiempo de los romanos, de las provincias Bética y Tarraconense.—El territorio abarcaba una extensión de 139 kilómetros de Norte á Mediodía, desde Cambril hasta el Mediterráneo y puerto de Almuñécar; 330, de Oriente á Occidente, desde Ronda hasta Huéscar; 440 de costa, y 4.629 cuadrados de superficie.—Según el nomenclátor formado en tiempo de Floridablanca, é impreso en 1789, contenía las ciudades, villas, lugares, cortijos y despoblados siguientes: el partido de GRANADA, su vega y sierra, 2 ciudades, 8 villas y 32 lugares; el partido del Temple y general de Zafayona, agregado al de GRANADA, 23 cortijos; el de las villas, cuya cabeza era GRANADA, 16 villas; el del Valle de Lecrín, cuya cabeza era igualmente GRANADA, 2 villas y 16 lugares; las Alpujarras, 2 villas y 40 lugares; Adra, 3 villas; el Estado de Orgiva, 2 villas y 5 lugares; el de Torbiscón, 9 lugares; el partido de Motril, una ciudad, una villa y 2 lugares; Almuñécar y Salobreña, una ciudad, á villas y 7 lugares; Loja, una ciudad, á villas y un lugar; Alhama, una ciudad, 2 villas y 3 lugares; Vélez-Málaga, una ciudad, 15 villas y 7 lugares; Málaga, una ciudad, 13 villas y 7 lugares; las á villas de la Hoya de Málaga, 5 villas; Ronda, una ciudad, 19 villas, 13 lugares y 3 despoblados; Marbella, una ciudad, una villa y 2 lugares; Guadix, una ciudad, 27 villas, 5 lugares y 5 cortijos; Baza, una ciudad, 48 villas y á lugares; y Almería, una ciudad, 10 villas y 16 lugares: total, 13 ciudades, 182 villas, 169 lugares, 28 cortijos y 3 despoblados. Las nuevas provincias de Almería y Málaga quedaron segregadas de este antiguo reino por ley de las Cortes de 1822, y definitivamente, por real decreto de 30 de Noviembre de 1833. Las revoluciones y vicisitudes de la guerra confundieron ó modificaron más tarde las demarcaciones geográficas de los climas, coras y tahas en que los musulmanes dividieron la comarca granadina, para su sencillo régimen administrativo. Los climas se denominaban de Riat ó de Rute, de Elvira, Begaya y Albujarrate; se subdividían en coras, y algunas de éstas, en tahas. Los árabes, al repartirse en los primeros años de su dominación el país conquistado, asignaron límites á sus respectivas colonias, cada una de las cuales obtuvo títulos de señorío, que sirvieron de base á sus dominios topográficos.

GRANADA.—1. Situación astronómica.—Provincia de primera clase, una de las ocho en que está dividido el territorio de Andalucía, colocada al Sur de la península, en la costa del Mediterráneo, entre los 36°-38° de latitud septentrional y á los 0° 35' 12" de longitud occidental del meridiano de Madrid.

2. Límites.—Se encuentra limitada: al Norte, por las de Jaén y Albacete; al Este, por la de Almería; al Sur, por el Mediterráneo, y al Oeste, por las de Málaga y Córdoba.—Abraza una extensión superficial de 12.787 kilómetros cuadrados, repartidos entre 15 partidos, 205 ayuntamientos y 1.438 poblaciones, que ocupan 476.278 habitantes.

3. Climatología.—El clima varía según la altura á que se encuentran los pueblos sobre el nivel del mar. En la costa, la temperatura es de 10 á 12° del termómetro Reaumur, en el invierno; de 23 á 29° en el estío, y de 12 y 19° en el otoño y primavera. En los demás parajes son las estaciones poco constantes y no corresponden á la latitud y clima geográfico en que se hallan colocados. Sin embargo, en tesis general, puede decirse que es benigno, sano y hermoso, pues los calores de la zona meridional y los fríos de la más elevada, se templan mutua y respectivamente. Las lluvias son abundantes y frecuentes en otoño y en invierno, particularmente en GRANADA, cuyas sierras se cubren todos los años de nieve, excepto en la Nevada, que son perpetuas. Los vientos reinan generalmente de Sur y Oeste, húmedos y templados, y con menos constancia los del Norte y Este; el primero, siempre frío: el segundo, frío en el invierno y abrasador en el verano. 4. Orografía.— En la costa de esta provincia, que tiene unos 100 kilómetros de extensión, de Oriente á Occidente, desde la punta de Cerro-Redondo hasta la torre de Guarca, se encuentran: pasando el fondeadero de Nerja, en el territorio de Málaga, y á 5 millas de distancia, la ensenada de la Herradura, fomad- por lds puntas de Cerro-Redondo y de la Mona, cada una con su correspondiente torre de vigía; doblada la punta de la Mona, y entre ésta y la de San Cristóbal de Almuñécar, se encuentra la ensenada de los Berengueles, de una media milla de extensión por el Norte. Todo este terreno, que es bastante elevado, con algunos trozos de playa y sin ninguna población, puede prestar abrigo de los vientos del Oeste á un crecido número de embarcaciones de todos portes. A media milla Este de la punta de San Cristóbal, y en el remate de la playa, sobresale una punta con torre de vigía: en su extremidad oriental, se halla la ensenada de Belilla, y al Sudeste de la torre, el fondeadero, limpio y capaz para fragatas y jabeques. Desde este punto corre la costa de mediana altura por el Oriente hasta la playa de Salobreña, y en el espacio comprendido entre ésta y la de Motril, se ven: el peñón de Salobreña, la desembocadura del río de Motril, el castillo del varadero de esta ciudad, la Torre Nueva y la punta de Carchuna ó cabo Sacrati; á la parte Este de la referida punta, una caleta, llamada del Chucho, con una torre; siguiendo la playa á 1 3/, milla, el castillo de Carchuna, y en la extremidad de la misma, á muy corta distancia, una torre fuerte denominada de los Llanos, situada sobre una punta saliente de arena. Doblada la torre de los Llanos, entra Calahonda, en cuyo saco hay una enssvada da !20 toesa dadaargo y200 de ancho, en la que se amparan de los vientos las embarcaciones del tráfico de la costa; y en la punta del Este, que es alta y pedregosa, una torre que, con la de los Llanos, defiende esta cala. Desde Calahonda corre la costa hasta el punto Melonar, sobre la cual se eleva otra torre de vigía; y al Norte de ésta, en lo alto de un monte, el castillo de Castel de Ferro, á cuyo pie se ven dos playas de poca extensión, que sirven de fondeadero á toda clase de embarcaciones. Al Este de este punto, se encuentran el castillo de la Rávida ó Rávita y la pequeña población del mismo nombre, con cuatro torres de vigía; una, llamada de los Baños, la de Cástor, á su inmediación; luego, la de Melicena, y más hacia el Oriente, la de Punta Negra. Finalmente, á cinco millas de distancia de la Rávita, se distingue la torre de Guarca, en donde termina, como hemos indicado, la costa de GRANADA y da principio la de Almería.—La provincia que se describe está cruzada y en parte limitada, hacia el Este, por la cadena de los montes Ibéricos. De todas las sierras que atraviesan el territorio, la más notable, tanto por su extensión y altura cuanto por las maravillosas particularidades que encierra, es Sierra Nevada, situada al Mediodía, á 12 kilómetros de distancia de la capital. Arranca de la provincia de Almería, entra por los pueblos del marquesado del Cenet, al Norte, y por el de Laroles, al Sur, marcando el cerro del Almirez el limite de ambas provincias; y siguiendo en dirección Oeste, concluye en los Llanos del Suspiro, término de Padul y Dilar. Sus picos más elevados son los de Mulhacén y Velita: el primero, de 3.556 metros, y el segundo, de 3.471 sobre el nivel del mar. Desde lo alto de este pico, que domina un horizonte de más de 300 kiló metros, se ofrece á la vista un magnífico panorama que se extiende por el Mediodía hasta las sierras de Africa, descubriéndose, por la parte del Norte, la famosa Sierra-Morena, á unos 170 kilómetros de distancia. Por los alrededores de los mencionados cerros cruzan varios senderos difíciles y

sólo practicables en el rigor del estío, entre los que figuran el de la Ragua ó Laroles, el de Lobo ó Berchul, el de Trevélez y la loma de Maitena, cuyo tránsito es peligrosísimo, aun en la expresada estación, por las ventiscas que se levantan, las cuales, cerrando los senderos, son causa de muchas. desgracias. Con la riquísima vegetación que presenta la pintoresca y fértil vega de GRANADA, con sus hermosas alamedas y espesos sotos, de casi eterna verdura, forman singular contraste las desnudas colinas de Sierra Elvira, siempre áridas y rebeldes al cultivo, y en cuyo ingrato suelo, ni da flores la primavera, ni mieses el estío, ni frutas el otoño. Es más; las nieves que en el rigor del invierno cubren las cimas de las sierras inmediatas, jamás llegan á blanquear, ni aun ligeramente, las cumbres de Sierra Elvira, sobre las cuales se liquidan los copos apenas caen. La causa de este fenómeno, así como la de su constante esterilidad y de los terremotos, algunos de los cuales alcanzan á GRANADA, se atribuye, no sin fundamento, á la formación volcánica de esta sierra, como lo prueba la multitud de piritas de hierro, cobre y azufre, que se ven diseminadas por su suelo, las moles de cascajo que rellenan sus cavidades y la insondable caverna por donde brota un raudal de agua caliente, de virtud especialísima para ciertas dolencias. Esta sierra, considerada como una de las más notables de la provincia, está situada dentro del partido de Santa Fe, en el término de Atarfe, á la izquierda y sobre el camino de Pinos-Puente á GRANADA: tiene su origen en el paraje denominado la Jaura, en la jurisdicción de Albolote, y prolongándose hacia el Oriente, termina en los alrededores del citado Pinos, sin que se conozca la altura de la llamada Cima, que es su punto más culminante. Está formada por un gran montón de piedras enormes, hacinadas, sin mezcla alguna de tierra laborable, salva alguna mancha, donde se cría esparto corto y cebollas albarranas; se ofrece á la vista como una inmensa roca pelada y de color cobrizo, la cual, reflejando los ardientes rayos del sol, especialmente por la parte del Sur, que mira á la vega, despide un calor extraordinario que produce fuegos fatuos ó exhalaciones sulfúreas, parecidos á relámpagos, ocasionados por la inflamación de las sales que contiene, y que los habitantes de la comarca han observado con terror, diferentes veces, en la oscuridad de la noche. En la falda oriental de esta sierra se halla enclavado Atarfe, y á la orilla izquierda del camino de Pinos, el mencionado baño termal, abierto naturalmente, y tal vez por algún sacudimiento de la sierra, en la piedra viva, bajo la forma de un pozo profundo; en una meseta bastante extensa, por el lado que da al Norte, se encuentran varios pozos de figura cuadrada, abiertos á pico, que se cree hayan servido de silos en tiempo de la dominación árabe. Por último, en su vertiente meridional, al Oeste del expresado Atarfe, en el pago conocido con el nombre de Cortijo de las Monjas, estuvo la ciudad de Illíberis, que Plinio calificó de celeberrima y que, elevada á la categoría de municipio durante el imperio, rivalizó en riqueza y esplendor con cuantos pueblos alcanzaron el mismo privilegio. Después de los siglos transcurridos y á pesar de los estragos de la guerra, descúbrense todavía algunos cimientos de casas, varias cisternas, un acueducto y un vasto cementerio romano, de cuyos sepulcros se han extraído descarnados esqueletos; encontrándose en los huesos de éstos, brazaletes, anillos, collares y otros adornos de plata, oro-v cobre.,v, ep. sus tumbas., monedas y ánforas de barro ordinario, por cuyas formas y rótulos se ha conjeturado que deben pertenecer á la época del bajo imperio. Aparte de las sierras mencionadas, existen en varios puntos de la provincia otras secundarias y calizas, menos elevadas, las cuales se prolongan en distintas direcciones, tomando diversos nombres, según los pueblos que aparecen enclavados en sus laderas, faldas ó inmediaciones. Al Mediodía se halla la sierra de Lujar, cuyas ramificaciones llegan hasta el Mediterráneo, á la que se une la Almijara, ambas muy pobladas de árboles de diferentes clases y con buenos pastos de invierno; al Sudoeste, la de Alhama, á la que sigue por el Oeste la de Loja y luego las de Montefrío, Parapanda, Illora y Elvira, y á éstas, las de Moclín y Colomera. Con las de Alhama, se enlaza la Tejea, que entra de la provincia de Málaga, por el boquete de Zafarraya, sigue por Jatar, Arenas del Rey y Jayena, y desciende hacia la costa á empalmar con la de Almijara. Por la parte del Norte está la de Cogollos, que se extiende tocando á la de Arana ó de Iznalloz; la de Montejícar ó del Rayo; la de Castril y la de Sagra Sierra; por el Oriente, la de Baza, y, finalmente, las de Periate, María y Cullar, que van á formar, de Norte á Mediodía, el límite Nordeste de la provincia. 5. Hidrografía.—Todas estas montañas dan nacimiento á una multitud de ríos, que fertilizan el país y terminan sus corrientes en las dos cuencas del Océano y del Mediterráneo. El más importante de ellos es el Genil, que, formándose en una umbría de Sierra Nevada, corre por el barranco de Guadamón; recoge las aguas del de San Juan y las del arroyo Aguas Blancas; baña los edificios de la capital, en cuyas cercanías tiene dos puentes; recibe luego al Darro, y en la vega, los de Dilar, Monachil, Alfacar, Beiro, Cubillas y otros que aumentan considerablemente su caudal; prosigue por los campos de Loja y penetra en la provincia de Córdoba por Iznajar. El Darro nace, á 22 kilómetros de GRANADA, en una fuente abundantísima situada junto al lugar de Huétor; se desliza entre ásperas cañadas; se introduce por un ancho valle en la capital, donde tiene doce puentes, y cerca ya de su parroquia de las Angustias, desemboca en el Genil. El Guadalfeo, que es de los más notables, arranca de la cumbre de Sierra Nevada, en el sitio denominado Puerto del Rejón; pasa por las Alpujarras, atravesando los partidos judiciales de Ujíjar, Albuñol, Orgiva y Motril, perdiéndose en el Mediterráneo después de 67 kilómetros de curso, durante el cual va tomando, según los puntos por donde cruza, los nombres de Chico, Grande, Bérchules, Cadiar, de Orgiva, Velecillos ó Vélez de Benaudalla, y, finalmente, Guadalfeo. El Fardes, cuya denominación toma al llegar á la venta del Molinillo, se forma hasta dicho punto de varios arroyos que tienen su origen en las sierras de Iznalloz y ramificaciones de la de Cogollos; se dirige de Sudoeste á Noroeste; recibe los de la Peza, Graena y Beas, y al Norte de Benalúa se une al de Guadix, que se forma en las vertientes septentrionales de Sierra Nevada, al Este del elevado pico Mulhacén. A estas aguas, agréganse luego las de Guadaortuna, y juntas van á buscar el río Barbata Guareal ó Río-Grande, procedente de las sierras de Castil, que después de aumentarse con el río Caza, toma el nombre de Guadiana menor. El río Algar ó de Cacín, engrosado con las aguas de los denominados Armas, Guadañibar, Añales, Jatar y Jayena, que circulan por el partido judicial de Alhama, recibe el de este nombre en el lugar de la Moraleda, y en las inmediaci nes de Villanueva-Mesía, del partido judicial de Loja, se incorpora al Genil, por su izquierda. En cuanto á las acequias de riego, merecen mencionarse las de la vega de la capital, las de la de Motril y la que corre entre Lobres y Salobreña. 6. Geología.—El suelo de la provincia que nos ocupa, puede incluirse entre los más variados de España; todo él es montuoso, si se exceptúan las risueñas, fértiles y deliciosas vegas de GRANADA, Loja, Guadix, Baza, Motril y otros puntos, perfectamente fecundadas por los innumerables arroyos y fuentes que se desprenden de las altas cimas de las sierras y montañas que las circuyen. Bajo este punto de vista, el clima y la vegetación de la provincia de GRANADA son el clima y la vegetación de los trópicos y de las regiones polares, haciendo que esta comarca sea, si no la más rica del mundo en productos territoriales, una de las más importantes en accidentes geonósticos, botánicos y zoológicos, y de las más variadas y aventajadas de Europa, relativamente á las especies de cultivos. Y no otra cosa podría decirse al observar que, á 50 kilómetros de distancia de terrenos de escasa elevación sobre el nivel del mar, se remonta

3.556 metros sobre el mismo nivel la cumbre de Mulhacén, cubierta, como otras de Sierra Nevada, de nieve perpetua; y que mientras las altas cimas se hallan vestidas de la escasa vegetación de las regiones polares, en las playas se admiran las periplocas, aloes, estapehas, leiseras y casi todas las especies de la flora atlántica. En la constitución del terreno predomina la arcilla, á la que siguen, en proporciones regulares, la arena, la cal y tierra vegetal: el de transición, sobrepuesto al primitivo, de que se halla formado principalmente el territorio, sobresale de un modo muy marcado en Sierra Nevada; y el de acarreo, producido por el detritus de ambos, constituye los extensos valles del marquesado del Cenet y de Guadix y la feracísima vega de GRANADA. Existe además alguna parte formada de terreno secundario, y una muy pequeña, del terciario: Sierra Nevada corresponde al terreno primitivo, ó más bien, al esquistoso, formación cambriana y subformación micoesquistosa, y está formada esencialmente del esquisto micáceo y del arcilloso, apoyando sobre él la caliza de transición, que tanto abunda en toda la provincia, y que contiene sierras dilatadas, como la de Baza. En los esquistos aparecen, en cantidad considerable, granates de hierro; especialmente, en las faldas de las montañas; y el clorito pizarroso suele mezclarse con algunas masas del esquisto micáceo, al cual da cierto aspecto verdoso.

7. Agricultura.—Las producciones que ofrece el suelo de este país, son variadas y algunas de ellas abundantísimas. El trigo y la cebada se cultivan en toda la provincia, menos en la costa; el centeno, en la Sierra Nevada; las legumbres, como habas, garbanzos y habichuelas, en los pueblos situados en la falda meridional de la expresada sierra; el maíz, en todas las vegas, particularmente en las de Motril, Baza, Padul, Orgiva y en la Alpujarra; las hortalizas, de un exquisito gusto, en la mayoría de los pueblos y fuera de los cercados; las frutas, de una variedad asombrosa, en todas las huertas de la comarca; entre las cuales, merecen mención especial las cerezas górdales y las guindas garrafales de la capital; las sandías del Salo de Roma; las peras bergamotas de Guadix y las naranjas de Lanjarón. En la cosecha del vino, que constituye uno de los ramos más importantes de su riqueza, sobresalen los pueblos de la sierra Contraviesa, la costa, comprendida desde Gualchos hasta Adra, y los alrededores de GRANADA: la del aceite, que es copiosísima en Orgiva y todo el valle de Lecrín. El lino se cría en la- vega de GRANADA; el cáñamo, en dicha vega, en las del marquesado del Cenet y en las de Baza, Camiles, Zujar, Cullar de Baza, Orce, Galera, Castillejar y Huéscar; el algodón y la caña de azúcar, así como las batatas, los higos, pasas, almendras, castañas, naranjas y limones, de excelente calidad, en las Alpujarras y muchos pueblos del litoral. Las infinitas sierras que se elevan sobre la multitud de ramales que, partiendo de la cordillera de Sierra Nevada, cruzan el territorio en distintas direcciones, presentan un golpe de vista agradabilísimo, ya por el arbolado que las cubre, ya también por los pastos que las sirve de alfombra. En los montes y dehesas se encuentran corpulentos robles, fresnos, castaños, chopos, cerezos, manzanos silvestres, encinas, alisos, tejos, bojes y el pino-carrasco; hermosos nogales que se emplean en la construcción de muebles de lujo, y álamos blancos y negros que adquieren mayores proporciones que los de Aranjuez en los sitios bién regados y en las márgenes de los arroyos, señaladamente en la ribera y soto del Genil. Los mejores pinares se conservan en la sierra de Baza y Gor. en Cásulas y sus cercanías, y en Jayena y Montefrío. En el monte bajo, crecen: entre los arbustos, el espino-payete, el hayoso, la cornicabra, el plátano, la retama, el chirismollo y el piernio; y entre las plantas medicinales, la manzanilla, la salvia, el romero, el solano, la dulcamara, el tomillo, la peonía y otras muchas que los botánicos y los herbolarios buscan con avidez. De las producciones agrícolas de esta provincia se cuentan cosas increibles, las cuales, sin embargo, no son fabulosas. En años de buena cosecha, hay olivos que dan 30 arrobas de aceite, y es muy posible que los agricultores del país conozcan ejemplos de una fecundidad mayor. En las sierras de Lanjarón hemos visto el tronco de un castaño, sobre roca viva, el cual medía más de doce metros de circunferencia. Háblasé de un naranjo de Alora (que es una extensión del territorio de esta provincia), el cual produjo, en una cosecha, más de mil docenas de naranjas; es decir, más de 13.000 naranjas, puesto que la docena consta de 13, que es lo que se llama la docena del fraile. Esta rarísima singularidad fué objeto de una apuesta, que ganó el que la hizo. Háblase asimismo de un olivo de Orgiva, cuya magnitud excitó la curiosidad del duque da Maontpesier, hasta e, "pai o de hacer un viaje para verlo, lo cual motivó que el Ayuntamiento de Orgiva se lo regalara, en premio del honor de aquella visita. A su sombra tuvo lugar un gran almuerzo, con que agasajaron al duque el Municipio y personas notables. Cuéntase que el tronco medía catorce brazas; pero, aun prescindiendo de esta cifra, desde luego debe suponerse que era un olivo monstruoso. La riqueza pecuaria no es, ni con mucho, tan importante como en la Andalucía baja, Extremadura y Castilla; sin embargo, hay bastante ganado vacuno, lanar y cabrío; algo de caballar, y numerosas ovejas, cabras y cerdos en los pueblos llamados de los Montes.—La caza no es tampoco muy considerable, las cabras montesas escasean, y los cuadrúpedos silvestres son rarísimos, salvo los conejos y las liebres.—La pesca de anguilas, truchas y otras varias especies, es mediana en los ríos; pero en el mar, por la parte de Almunécar, Salobreña, Motril y Albuñol, se coge abundante pescado de varias clases, como el besugo, la merluza, boquerones y sardinas, en cuya industria se emplean barcas, jábegas y palangreras.

. Mineralogía.—En todas las montañas de que hemos hecho mérito, son comunes los criaderos de hierro; en algunas de ellas, se explotan varias minas de cobre, antimonio y otros metales; y las canteras calizadas y de yeso existen igualmente en casi toda la provincia. Las de Sierra Elvira son inagotables de mármol pardo, de tres especies, diferentes sólo en el color más ó menos subido; las de Lanjarón, ofrecen bellísimo jaspe blanco y encarnado; las de la jurisdicción de Loja, buenas piedras de molino y de silleria arenisca; en el confín de la misma, tres kilómetros más arriba de Huéjar-Sierra, una gran masa de serpentina ó jaspe verde, de que se han sacado piezas de reconocido mérito, y entre ellas, unas columnas que hay en la iglesia de las Salesas de esta corte, en San Lorenzo del Escorial y en otros templos. Las canteras de las sierras Parapanda y Fuente-Madrid presentan preciosos mármoles; la de la Cañada del Junco, jurisdicción del Salar, lindísimo jaspe encarnado; las de las Chapas, del mismo término, alabastro y piedras de molino; las de Escúzar, sillares de piedra franca para la construcción de edificios; las del pueblo de Alfacar, un mármol muy recomendable por su hermoso color azul, y las de Moclin y Vélez de Benaudalla, excelentes piedras de molino.—Esta privilegiada provincia es tan variada en producciones y plantas, como rica en nacimientos de aguas medicinales. Cítanse entre éstos, como más notables, los célebres baños de Graena, situados á seis kilómetros Oeste de Guadix: son termales; marcan en el termómetro Reaumur de 29 á 32° sobre O, y se recomiendan para los estupores, parálisis de los miembros, infartos de las glándulas linfáticas, vicios cutáneos, úlceras inveteradas y, especialmente, para las afecciones de carácter reumá tico; los de A lhama pertenecen igualmente á la clase de termales; señalan de 34 á 35° en la balsa donde nacen, y se aplican con probado éxito en todas las dolencias crónicas, debilidades, temblores y otros varios padecimientos del sistema linfático-nervioso. En las inmediaciones de Galera se encuentra la balsa de Domingo Pérez, cuyas aguas son muy probadas para los que padecen herpes, sarna, erisipelas crónicas, úlceras y otras enfermedades cutáneas; á 23 kilómetros Norte de Guadix, se halla la fuente de Alicum, comprendida también en la clasifica

ción de termales; su calor eleva el azogue en el termómetro de 26 à 27° y su uso está indicado para las afecciones ocasionadas por la debilidad; para el reumatismo crónico, tumores linfáticos, escrófulas y otras varias enfermedades de la piel. Las aguas de Lanjarón, situadas á 38 kilómetros Mediodía de GRANADA; han adquirido gran fama, no sólo como potables, sino también como baños. En sus contornos existe un considerable número de manantiales de agua ácido-ferruginosa, saturada de diversas substancias salinas, y mixturada con carbenato de hierro, circunstancias, que la hacen utilísima para las dolencias gástricas pasivas, debilidades y obstrucriones de las vísceras del vientre, no acompañadas de inflamación, y todas aquellas enfermedades que reclaman vigor y energía de los sistemas nervioso, muscular, y gástrico. La sal de que se surte esta comarca se elabora de las-fuentes salinosas de la Malá y se extrae de las salinas de Loja, 9. Industria.—GRANADA tuvo en otro tiempo, como principal industria, el ramo de la seda, y sus pueblos, particularmente los de la Alpujarra, la cría de los gusanos: así vemos que; en los siglos XVII y XVIII, que fueron las épocas de su mayor apogeo, una cuarta parte de la ciudad se hallaba ocupada en el tejido de cintas. A mediados del presente siglo, esta indus tria había desaparecido casi por completo; pero algunos propietarios dedicáronse con verdadero ahinco á la plantación y cultivo de la morera, propia para la cría de los gusanos de seda, con semilla procedente de la China; y los resultados llegaron á ser tan satisfactorios, que no hace mucho evaluábase aquella producción en 50.000 kilogramos por año, siendo de esperar que cada día alcance mayor grado de desarrollo. Además de las fabricas de seda, de filatura y de tejidos de hilo y lana, establecidas en la capital y varios puntos, cuenta la provincia otras muchas de aguardiente, jabón, sombreros, estameñas, vidrio,, aceite, paños bastos y salitre; telares de seda para tejidos angostos y algunos pañuelos; fundicionés de metales, fábricas de papel; alfarerías de barro ordinario y multitud de molinos harineros. Pero la industria más importante, la que puede decirse que constituye la principal riqueza del país, es la azucarera, la cual posee muchos ingenios y excelentes fábricas que ejecutan las operaciones de blancura, colorido y sazón del azúcar, de una manera verdaderamente admirable. 10. Comercio.—El comercio es poco activo y extenso. Los artículos que en primer término se exportan, son: trigo, aguardiente, cáñamo, aceite de linaza, lino y exquisitos alcoholes elaborados en Albuñol; por la parte de Motril y Almuñécar, algodón, batatas, higos y vino; especialmente, de Molvizar, Rubite, Lujar, Sorvilán y Albuñol; por fa de Alpujarra, aran Ijas y limones; por la del valle de Lecrín, esparto elaborado, aceite y algunas frutas, y por la de Loja y Alhama, cereales y maderas. Los de importación, consisten en los vinos, aguardientes y vinagres, procedentes de la provincia de Málaga; aceites, de las de Córdoba y Jaén; paños finos, tejidos de algodón, de Alcoy, Tarrasa, Barcelona y del extranjero, de donde se extraen al mismo tiempo objetos de quincalla, y azúcar, bacalao, y géneros coloniales de América.

GRANADA. 1. Noticias generales.— Ciudad bellísima y famosa, capital de la provincia de su nombre, situada en el nacimiento de la faldaseptentrional de Sierra Nevada, sobre la pendiente de dos colinas, á los 37° 11/ 10" de latitud Norte y 0° 3' de longitud Esté ael merrdrano de Madarrd.—Su altura sobre el nivel del mar mide 775 metros; su mayor largo, 2.574 metros; su ancho, 1.672, y su perímetro, 13.500, que ocupan 76.215 habitantes. Dista 196 kilómetros Este de Sevilla, 98 Nordeste de Málaga y sobre 390 de Madrid; y es residencia del arzobispado, capitanía general, gobierno civil, audiencia del territorio, administración de rentas y tesorería de la provincia. Los edificios que constituyen esta ciudad aparecen escalonados como las gradas de un vasto circo, ofreciendo el aspecto de una granada abierta: dos famosos ríos, el Genil y el Darro, bañan sus muros, se unen en sus puertas y fecundizan con sus cien canales la fértil llanura, de 77 kilómetros de extensión, qué forma la magnífica vega de su nombre. Sus aires puros, su temperatura dulce y benigna, su cielo azul y transparente, las numerosas fuentes y manantiales que se desprenden de las colinas y montes que la circuyen; la frondosidad de sus arboledas, la lozanía de sus mieses, la alegría de sus habitaciones, que se destacan entre bosques y jardines, y la variedad de pueblos, que ocupan los contornos, ofrecen desde las alturas de GRANADA un ameno y bellísimo paisaje y hacen de la ciudad un verdadero paraíso:— Esta población tuvo, en tiempo de los árabes, dos-fortalezas interiores, la Alcazaba y la Alhambra; y el espacioso recinto de la capital se hallaba cercado de una gruesa muralla, flanqueada de infinitas. torres. Hoy está dividida en cuatro cuarteles, cada uno de los cuales comprende un número determinado de parroquias. La parte de la ciudad que ocupa la llanura comprendida entre los cerros de Albaicin y la Alhambra, es la más importante y mejor construída. Se encuentra embellecida de numerosas fuentes, elegantes jardines, extensas plazas y buenos edificios, habitados por las familias más distinguidas. Las casas son por lo general cómodas, y están bien distribuídas; muchas de ellas, conservan su primitiva planta morisca y se componen: de un ancho portal, que abre paso, por una segunda puerta, á un patio adornado de caprichosos cuadros de flores y fuentes de agua viva: la escalera comunica, en alguno de los ángulos, con un corredor alto, por el que se pasa á las habitaciones del segundo piso, espaciosas, bien ventiladas y con deleitosas vistas á los jardines y á la vega. Las calles, principalmente las de los barrios, de construcción arábiga, son, en su mayoría, estrechas y tortuosas; las de la parte baja de la población, anchas, vistosas, regulares y adornadas de graciosos jardines (cármenes); las que se extienden sobre colinas, son pendientes é incómodas: por lo éomún, están bien empedradas y limpias, y las principales, con aceras de mármol pardo de Sierra Elvira. Entre sus plazas más notables, iguranzla del irrunfo, ailatadísira; de forma irregular y que, á no estar interrumpida por la de los Toros, presentaría una extensión de más de medio kilómetro; la de Bibrrambla, muy celebrada por los poetas árabes y romanceros moriscos, como teatro de las justas, corridas de caballos y galanteos de los caballeros musulmanes, y por haber servido alguna vez de campo de batalla á los moros granadinos; la plaza Nueva, fundada sobre la bóveda de un gran puente, por debajo del cual pasa el Darro; la de Gracia, hermoseada con cuadros de flores, frondosas alamedas y una sencilla fuente; en el centro; la de San Agustín, situada en el punto más céntrico de la población, en el espacio mismo qge ocuppba el coxento de religiosos de la propia orden; la de Capuchinos, que ocupa el lugar del convento de igual nombre, con buenos edificios; la de los Aljibes, en donde se admiran el palacio de Carlos V, la puerta del Vino, las torres del Homenaje y Quebrada, la fachada exterior del palacio árabe y torreones que miran al Darro; la del Boquerón, formada por la desembocadura dé varias calles, y la del Mentidero, que en tiempo de los moros servía á éstos para sus reuniones y tratos, de cuya circunstancia hubo de tomar nombre. Esta ciudad tiene una magnífica catedral, 23 iglesias parroquiales, varios conventos, un palacio episcopal, diez hospitales, dos cárceles, un monte de piedad, cuarteles de infantería y caballería, teatros, lindísimos paseos á lo largo del Genil y del Darro, universidad, colegios, academias de matemáticas y de dibujo, seminario conciliar, multitud de escuelas de primera enseñanza, Caja de ahorros y museo de pinturas.—Entre sus edificios, son notables: la catedral, por su hermosa cúpula, sus columnas, su riqueza de preciosos mármoles y ágatas, sus magníficas puertas, obra de mucho ingenio y de muchos años; sus cuadros, sus frescos y los magníficos mausoleos de Fernando V y de Isabel, de Felipe I y de Doña Juana su esposa; el vasto hospital de San Juan de Dios; el palacio arzobispal, y principalmente, el Generalife y la Alham

bra, dos verdaderos monumentos del arte arábigo, ante los cuales vamos á detenernos breves instantes. Pero antes de hablar de estas dos maravillas, haremos mención de una cruz que hemos visto en la suntuosísima catedral. Aparece esta cruz, sencillísima, escueta, desnuda, en la parte más alta de un lienzo de pared, la pared del fondo; de tal manera que, al entrar en aquella estancia, la cruz se ve de frente. El color de la cruz, que es negro, resalta mucho sobre la pared, que es muy blanca. Las golondrinas, creyendo que el santo madero es lo que parece, intentan posarse en la parte superior; pero, al apoyarse en el palo, no encuentran tal palo, de donde resulta que no pueden posarse. En la parte de arriba de la cruz, se ven los desconchados que hacen las golondrinas con las uñas cuando se resbalan sobre la pared. En fin, aquel madero es una cruz pintada; pero está pintada con tal ilusión, que realmente figura un madero. La presencia en aquella pared de la santa reliquia, garbosa y solitaria, produce un efecto sorprendente. Quien la ve, no la olvida, como no la hemos olvidado nosotros. Prosigamos ahora nuestro asunto. El Generalife, palabra que en lengua árabe significa casa de recreo, se halla fundado sobre una eminencia en los alrededores de GRANADA. El exterior es sencillísimo, como todas las construcciones orientales: sobre el grueso murallón que rodea el edificio, se eleva una galería con diez y siete ventanas arqueadas, desde donde se ofrecen á la vista del espectadorjardines deliciosos, bosques de verdura, el magnífico alcázar árabe con sus caprichosas torres, envueltas entre el espeso y florido follaje de sus verjeles; un poco más abajo, las apiñadas casas de la ciudad, y en lontananza, la hermosa vega con su clarísimo horizonte, formando un conjunto admirable y encantador. Una de las preciosas salas que se encuentran en el interior, contiene los retratos de muchos reyes moros y cristianos; y en el patio denominado de los Cipreses y del Estanque, descuella, entre otros muy antiguos también, un vetusto ciprés, llamado de la Reina sultana, á cuya sombra, según cuenta el vulgo, sorprendieron los rivales de los abencerrajes á la esposa de Boabdil, último rey moro de GRANADA, entregada á livianos amores con el caudi lo Aben-Amet. Este árbol, por su extraordinaria altura, su antigüedad y su tradición amorosa, Ilama singularmente la atención de los viajeros, quienes, en fuerza de arrancar astillas, que se llevan como recuerdo, han carcomido parte de su robusto tronco.

Omar, príncipe árabe de carácter dulce y costumbres voluptuosas, hizo edificar esta deliciosa morada para pasar en ella una vida tranquila, entregado exclusivamente á los goces del amor, al encanto de la música y á los placeres del campo, libre del bullicio y de los cuidados de la corte.—La A lhambra, vastisima fortaleza, residencia antigua de los monareas moros y uno de los cuatro cuarteles en que actualmente se divide la ciudad, elévase majestuosa sobre una colina árida y desnuda, denominada Sierra del Sol, circuída de dobles murallas, que besan las aguas del Genil y el Darro. Tomó el nombre de Alhambra, según unos, de la voz Medina A lhamra (ciudad rubia, como la llamaba Abu Abdallah-ben-Naser, su fundador), por el color bermejo de los materiales empleados en su construcción exterior, casi enteramente de ladrillo; según otros, por haberse edificado de noche, á la luz de teas encendidas, cuyo reflejo daba á la tierra cierto tinte rojizo, y no falta una tercera opinión que lo deriva de Alhamar, nombre de la tribu á la cual pertenecía el príncipe que empezó tan maravillosa fortaleza, cuya opinión carece de base. La Alhambra no quedó terminada hasta el año 1338. Cuando los españoles se apoderaron de GRANADA, añadiéronle algunas obras; y Carlos V hizo levantar sobre las ruinas de alguna parte del monumento un palacio, imponente en su conjunto, pero cuyo estilo no está en armonía con la construcción árabe. Vista por fuera, la Alhambra, desnuda de toda ornamentación exterior, presenta el aspecto de un edificio tosco, elevado sin orden ni reglas: examinado por dentro, aparece como la obra maestra del arte morisco. El plan de este poético recinto es completamente romano: sus patios, pórticos, galerías y salones, están modelados por los palacios de los grandes personajes de la corte de Justiniano; los detalles de su arquitectura son góticos; los dibujos de los techos, una imitación de las telas fabricadas en la India y en la China, y hasta en la disposición y figura de las fuentes se ve algo que recuerda los monumentos hebraicos y asirios de las ruinas de Nínive y de Babilonia. En una palabra: la Alhambra es la creación de un pueblo viajero, que ha visitado todas las regiones del mundo y recogido á su paso las ideas, los caracteres y las formas de todos los siglos, cuya nueva civilización ha conservado, no obstante, el sello de su originalidad nativa. La entrada principal de este indescriptible monumento, Ilamada Puerta judiciaria, porque en ella administraba justicia el cadí moro, según la costumbre patriarcal de los orientales, aparece practicada en una gruesa torre cuadrada, construída de ladrillo encarnado, á la que se encuentra adosada una bellísima fuente del tiempo de Carlos V. Por esta humildísima puerta se pasa al patio de la A lberca (del vivero ó de los baños), de 50 metros de largo por 8 de ancho, con pavimento de losas blancas de Macael; en el centro se ve un profundo estanque lleno de agua, poblado de peces de colores, al que se desciende por dos escaleras de mármol, rodeadas de espesos mirtos y naranjos, y en los extremos, tazas de mármol blanco con un surtidor en medio, de las cuales parte un canal que conduce las aguas al receptáculo. Este estanque servía para las abluciones de la familia real y de cuantas personas asistían á la Zalah, ó oración que se elevaba en la mezquita privada de palacio. Dos lados de este patio se hallan limitados por una galería que sostienen ocho esbeltas columnas, cuyos capiteles aparecen adornados, los del centro, con arcos pequeños y pendientes, como en las bóvedas, y los de los extremos con lazos y axaracas, entrelazando letras berberiscas. Los muros ó paredes de la galería ostentan un calado de estuco ó enrejado de hojas y flores, de un trabajo delicadísimo, entremezcladas de sentencias árabes. El cielorraso es plano, embutido en madera de cedro con caprichosas formas angulares y adornos pintados y dorados; y aunque expuesto constantemente al aire, no ha perdido nada de su frescura primitiva. Los colores de la Alhambra parecen ser colores eternos. Un soberbio arco de entrada, que se eleva en la galería del Norte, conduce á la sala de la Barca, desde donde se pasa al salón de Embajadores, denominado así por haber estado destinado para las recepciones diplomáticas. Ocupa este salón toda la superficie de la torre de Comares; mide 16 metros de altura y I1 por cada lado, y fué fundado por el espléndido Alhamar el de Arjona, á quien las crónicas árabes llaman Muhamed Abu-Abdallah-ben-Jusef-ben-Nasar. El adorno de las paredes de esta lujosa estancia empieza desde el suelo, con una cenefa de azulejos de variados colores, formando un exquisito alicatado; sobre ella se extiende otra de medallones ovalados, con letreros cúficos entrelazados de hojas y florones, y un poco más arriba, varios tableros con adornos diferentes. Los recuadros de la puerta, arcos de las ventanas y alacena aparente presentan una faja sobre la que corre una cenefa de arcos cruzados con nexos cúbicos y letras africanas, adornados de hojas, flores y medallones cúficos; á la que sigue luego otra cenefa de figuras estrelladas, enlazadas con hojas y flores, y por encima, otra faja con caracteres árabes. En cada uno de los lados del salón, se ven cinco ventanas, dos de ellas simuladas, como las del lienzo de la entrada, con una columnita que sostiene arcos afestonados con enjutas de hojas, flores y tableros intermedios. El cielorraso está admirablemente embutido de piezas de madera de diversos colores y de otras blancas, azules y doradas, formando círculos, coronas, estrellas y luceros, imitando la bóveda celeste. Todo el genio árabe se halla perfectamente marcado en estas obras: severidad, sencillez, hasta pobreza, en el exterior del edificio; lujo, oro, nácar y púrpura prodigados hasta el extremo en el interior de sus torres. Los motes, cifras, carteles, escudos,

flores, versos, colores admirables, que en ellas se encuentran, recuerdan los preceptos alcoránicos y los usos y costumbres voluptuosas de los monarcas granadinos. Al Oriente y Occidente del patio de los Baños, existían dos cuerpos de edificio simétricamente dispuestos: el primero, ha sido destruído en gran parte; el segundo, ó sea el del Oeste, comprende el patio de los Leones; la torre de las Dos-hermanas y las salas del Tribunal y de los A bescerrajes. Una puerta, practicada enfrente de otra, que abre paso al patio de los Baños, conduce al de los Leones, construido el año 1377 bajo el reinado de Mohamed: mide 30 metros de largo por 16 de ancho; ofrece cuatro corredores circuídos de flores y de arbustos, y está rodeado de una galería baja que sostienen 128 columnas de mármol blanco, las cuales aparecen agrupadas, de cuatro en cuatro, en los ángulos del testero de la entrada; de tres en tres, en los de enfrente, y alternando pareadas y solas en todo lo restante. Constituyen el ornamento de las paredes, que ha desaparecido casi por completo, desde el suelo hasta una altura de un metro 50 centímetros, una cenefa de azulejos azules y amarillos, formando tableros de ajedrez, orlada de pequeños escudos esmaltados de azul y oro, sobre los que se leen sentencias árabes. Hacia el interior del patio, se ven dos cenadores, sostenidos por varias columnas, agrupadas en los ángulos, de 21 centimetros de diámetro y 2 metros 75 centímetros de altura, desde su base hasta los capiteles; cuyos calados, inscripciones y labores delicadísimas rematan en el techo.

Este, elegantemente decorado, se compone de una cornisa de arcos pendientes, bóvedas, nichos y columnitas, sobre las que se apoya una cúpula hemisférica de madera primorosamente embutida. Los arcos que sostienen las columnas son de diferentes dimensiones: los mayores miden un metro 27 centímetros; los más pequeños 92 centímetros. Los pórticos de los extremos, situados al Oriente y Occidente, son más anchos que los de los lados laterales, y presentan además en el centro un pabellón abierto en forma de arimez, casi cuadrado, de unos 5 metros de lado: en su frontis hizo colocar Carlos V su águila de dos cabezas. El patio de los Leones tomó este nombre de la célebre fuente colocada en el centro: se compone ésta de un tazón de forma poligonal, de á metros 72 centímetros de diámetro, de cuyo fondo se eleva un pedestal que sirve de apoyo á otra de alabastro más pequeña, sostenidas ambas por 12 leones de mármol blanco. Las cañerías subterráneas están bien conservadas y dispuestas: un grueso chorro de agua salta con violencia de la taza superior y desciende bajo la forma de una media naranja: la que sale por la boca de los leones, cae en un arca de mármol blanco, desde donde pasa á varios canales que la distribuyen en los departamentos interiores. El patio de los Leones, siempre maravilloso, habrá sido digno de admirarse particularmente cuando se conservaba en todo su esplendor: el brillo del pavimento, el primor de los templetes y galerías, sustentados por jaspes blancos como la nieve; el adorno de las paredes, esmaltadas de oro, plata y púrpura; la ilusión de aquellas columnas sutiles, relucientes, que parece que vuelan entre apariciones soñadas, así como la transparencia del agua despeñada en la fuente de los Leones, ó saltando de las diferentes tazas de alabastro, repartidas en su recinto, ofrecería el portentoso aspecto de aquellas fantásticas decoraciones de que nos hablan Las mil y una noches. Una notable diferencia se advierte entre este patio y la sala de Comares, sin que establezcamos, empero, comparación alguna en cuanto á la excelencia de ambas obras, porque los prodigios son todos iguales. La sala de Comares es imponente, majestuosa, símbolo de la fuerza y de la energía: el patio de los Leones es una obra de arte exquisito, de una labor casi imperceptible, de un incomparable primor; pero cuya ornamentación revela distinto artífice. Las filigranas, encajes y flores que exornan esta estancia de un mundo ideal, anuncian un buril de gusto, consumado en grabados elegantísimos, fino y sutil cual ningún otro. Aquellos bordados de los miradores, en que se adivina la luz del sol, serán el embeleso de todas las generaciones. En una palabra; la sala de Comares parece hecha para ofuscar la fantasía y cegar el ánimo con el esplendor del magnate, con la pompa del trono; el patio de los Leones, para enajenar los sentidos al árabe voluptuoso en los brazos de sus esclavas, y hacerle pasar horas de delirio en una mansión, que así puede llamarse encantadora como encantada. Pasada la galería meridional del patio de los Leones, se llega á una sala de forma circular, por cuya cúpula penetra la luz del día, y cuyo centro está ocupado por un salto de agua: es la sala de los A bencerrajes. Se penetra en ella por un arco ovalado, que abre paso á una antesala muy estrecha, con puertas pequeñas en los testeros, los cuales comunican con los aposentos interiores. La ornamentación es la misma que la del resto del edificio. Una tradición, no del todo desprovista de fundamento, ha dado nombre á esta famosa estancia. Cuéntase que los abencerrajes abrigaban rencores y enemistades profundas contra los zegríes, quienes habían infundido en el ánimo apocado y cruel de Boabdil, sospechas de que uno de aquellos caballeros mancillaba su honra, manteniendo amores adúlteros con la sultana, y de que otros muchos del mismo linaje conspiraban para derribarle del trono. Enterado Boabdil, añade la leyenda, disimuló su indignación, y llamando á su palacio á los esforzados caudillos abencerrajes y al odiado rival, les hizo degollar en la hermosa taza de mármol, que existe en esta sala, en cuya piedra dejó impresa la sangre indeleble mancha, la cual, desde entonces, oscurece su fondo, dicho sea á guisa de conseja ó de crónica. Dando frente á la de los Abencerrajes, se halla la magnífica entrada de la torre de las Dos-hermanas. Ocupa ésta el eje central del patio, ofreciendo, en primer término, gran parte de un arco ovalado, con riquísimos adornos y tarjetas en sus enjutas: los machones que sostienen la fábrica, son de mármol blanco hasta la mitad de su altura; y sobre el tablero, que ocupa la otra mitad, cubierta de cifras y de pequeños arcos, circundado de una gracrosa guarnicrón ue lissones enttelazados y cintas alicatadas, descansa el arranque del marco, el cual parece sostenido por pequeñas columnas, adornado en parte de festones afiligranados, letras y cuadrantes azules, combinados de una manera singularmente caprichosa y elegante. Un estrecho pasadizo, decorado con igual gusto, separa esta puerta de la entrada principal del salón, por el que se comunica con las habitaciones interiores. En los centros de los cuatro lados de este recinto, hay otras tantas puertas semejantes á la de entrada: las dos colaterales, dan paso á dos alhamies (alcobas), donde se cree que se hallaban los reclinatorios de las favoritas del sultán. Sobre los arcos salientas de los cuatra ángplos de Ja. sala, corre un ancho friso, dividido en tres cenefas: la primera está formada de medallones de carácter cúfico; la segunda de una traza geométrica con florones, en cuyos centros se destacan los dorados escudos con banda encarnada de los reyes granadinos, y en la tercera se lee, muchas veces repetido, el mote de: Sólo Dios es vencedor. Veinticuatro columnas de estuco, perfectamente adaptadas á los machones de las ventanas abiertas sobre el friso, parecen sostener todo el peso de su admirable bóveda, cuya traza, verdaderamente diabólica y de dificilísima comprensión, pone de relieve los profundos conocimientos geométricos de los artistas árabes. Se componen aquellas ventanas de una infinidad de figuras rectangulares unidas por sus lados y cortadas en secciones oblicuas, las cuales, después de ir formando, ya un ascenso gradual de pequeñas inflexiones hábilmente ordenadas, ya descensos que amenazan desprenderse, se remontan airosas hasta cerrar su cúspide. Sobre cada una de las mencionadas ventanas, se eleva una pequeñísima bóveda, que ciñe una cinta de forma triangular; entre éstas, y más al centro, se ve otro orden de boveditas unidas á aquéllas; y luego, un descenso circular, de donde parte un ascenso rápido que termina en figura de estrella. En las pequeñas superficies que deja, se distinguen diferentes inscripciones do

radas en fondo azul, estrellas de carmín y otros varios adornos de una minuciosidad y delicadeza indecibles. Sobre el pavimento, de mármol blanco, se eleva una cenefa de azulejos, formando un alicatado de cintas de distintos colores, ingeniosamente enlazada, en cuyos claros aparecen las armas de Alhamar. Dos piezas de mármol de á metros 55 centímetros de largo, por 2 metros 30 centímetros de ancho, que se encuentran en este pavimento, explican el nombre de Doshermanas, con que se designa esta mansión indefinible. De la sala llamada del Concierto, que era donde se reunían las mujeres, se pasa á un pequeño jardín; y de éste, al edificio que Carlos V mandó construir en la extremidad oriental de la Alhambra. Todas las habitaciones que contiene, son reducidas y bajas, y cada uno de los pilares que las adornan, ostenta la divisa ó mote de aquel emperador: Plus ultra. De aquí se penetra en un torreoncillo que avanza por la parte del Norte: es el tocador de la Reina. Se compone éste de una piéza cuadrada, que ocupa el centro de una galería abierta; sus paredes, perfectamente decoradas de pinturas al fresco, terminan en un friso adornado de esfinges, genios, cabezas de serpientes aladas y otras figuras caprichosas. En un rincón de la derecha, hay una losa de mármol con varios agujeros, destinados á recibir perfumes embriagadores. Forman la puerta interior un soberbio arco circular, con medallas, genios, águilas, hidras y bustos; y sobre una cenefa, que guarnece la parte inferior de las paredes de este pequeño recinto, se hallan abiertas nueve ajimeces (ventanas), que constituyen el mirador, el cual rodea una galería de columnas árabes, en cuyos ángulos interiores aparecen representadas seis figuras: la Fe, la Esperanza, la Caridad, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza; y en medio de los arcos, cuatró templetes con las estatuas de Minerva, Júpiter, la Abundancia y el Fuego sacro. Un largo corredor pone en comunicación este torreoncillo con la sala de los Embajadores. Débajo de los departamentos que dejamos descritos, existen otras piezas, á las cuales se desciende' por numerosas escaleras secretas. Entre ellas se distinguen: el dormitorio del rey, en el que se ven dos alcobas, con baldosas azules y blancas, y en el centro, un salto de agua destinado á refrescar la atmósfera en el estío: dos pequeñas puertas, practicadas detrás de estas dos alcobas, abren paso á los baños reales, compuestos de un gabinete para los niños; salas para las personas mayores y dos aposentos abovedados, en donde se colocaban los hornillos y las calderas para calentar el agua. Las pilas son de magnífico mármol blanco.

Finalmente, deben mencionarse una especie de laberinto, que servía de recreo á las mujeres y á los niños; la sala del Consejo y un gabinete de estudio, á cuyo alrededor se encuentra el paraje donde eran enterrados los miembros de la familia real. Cuando se observa el orden admirable con que todo contribuye á hacer de este grandioso palacio una mansión voluptuosa; sus magníficos saltos de agua, que refrescan la atmósfera por todas partes; sus umbríos y embalsamados jardines y las sorprendentes perspectivas que ofrecen las colinas y las vegas de sus alrededores, se explica el que los moros echaran tanto de menos la ciudad de GRANADA, y que aun hoy mismo, en sus oraciones del viernes, pidan á su Dios la pronta restitución de ese encantado paraíso.—GRANADA sostiene ventajosamente la agricultura de su incomparable vega: en la ciudad se consumen muchas de sus producciones y los ricos propietarios que en ella residen, fomentan con sus capitales este utilísimo ramo, origen y principio de todas las riquezas de un pueblo. El feracísimo terreno de esta comarca produce considerablemente toda clase de granos, aceite, vino, frutas, legumbres, hortalizas, lino, cáñamo, alguna seda, agrios y madera de construcción. Deben los granadinos esta variedad y abundancia de productos á la incansable actividad de los árabes, quienes, surcándola de canales, fertilizaron la dilatada campiña, que circuye y embellece la población, cuyos contornos pueden rivalizar en lo esmerado del cultivo con los parajes mejor laboreados y asistidos de Europa. Toda la sierra se halla hermoseada con praderas, siembras y plantíos, y hábilmente preparada para toda clase de cosechas: las hilazas; especialmente, el lino y el cáñamo, tienen una consistencia particularísima, debida al singular esmero de sus cultivadores. La cría de ganados y la caza mayor y menor escasean en este término municipal.—La industria alcanzó en otro tiempo una gran actividad; la seda, el cáñamo, el lino y el vellón de lana llegaron á centuplicar su valor en algunos talleres, y la riqueza hubiera indudablemente continuado en progresión ascendente, á no oponerse calamidades imprevistas, preocupaciones rancias y errores administrativos.

Hoy, libre ya de las trabas que restringían la libertad fabril, y merced á la constitución de varias asociaciones utilísimas para la industria, cuenta la ciudad con muy buenas fábricas de telas de seda, de lienzos, de cáñamo, de paños entrefinos de mucha duración, de pieles, de naipes, de salitre, de pólvora, de jabón, de chocolate, de sombreros, de peines, de papel blanco y de estraza; manufacturas de sargas, estameñas, jergas y otras fabricaciones bastas de lana; varias alfarerías, en las que se elaboran platos bastos y vasijas de barro, y numerosos telares, tornos, cardas y talleres de carpintería, cerrajería, calderería y demás artes y oficios que, dando ocupación á las familias pobres, producen toda clase de objetos aplicables á usos domésticos.—Siendo tan abundantes las cosechas de cereales, vinos, aceites, frutos é hilazas, y contando además con el abrigo de una playa cercana, que convida á recibir frutos de otros paises y al cambio recíproco de la riqueza del suelo y de la industria, el comercio de GRANADA debía ser mucho más activo: éste consiste hoy principalmente en vino, aceite y cáñamo. Los artículos que se importan, como telas catalanas y extranjeras para los vestidos de las personas de ambos sexos, así como los frutos coloniales, proceden de Málaga, Almería y Sevilla; el hierro, de Vizcaya; algunos tejidos de lana, de las fábricas de Antequera. Los principales establecimientos comerciales se han situado en la nueva Alcaicería, en el Zacatín, en la plaza de Bibrrambla y calle de Mesones: la Alcaicería es un bazar muy elegante, al estilo asiático, en donde las mercaderías tienen extraordinario lucimiento; los concurrentes, singular comodidad, y en el que se expenden géneros de perfumería, quincallería, telas de seda y otras manufacturas cuya labor antiquísima es originaria de los moros; en el Zacatín, nombre que en árabe significa plaza de Mercaderes, se venden toda clase de tejidos, objetos de adorno y de vestir; y en el mercado de Bibrrambla y calle de Mesones, artículos de fabricación catalana, hierro, plomo, esteras, efectos de albardería y utensilios de labor. No hace mucho, la suma de los capitales empleados en la industria y el comercio, se elevó á 158.776.533 reales vellón.

2. Poblaciones.—Las de mayor importancia de esta provincia son: Loja, ciudad grande y célebre, situada sobre el Genil, con 19.120 habitantes, fábricas de paños y de papel, abundantes salinas, buenas fuentes y restos de sus antiguas murallas árabes; Motril, ciudad con puerto de mar, suelo feracísimo en toda clase de frutos, seda, excelente caña de azúcar, algodón y otras plantas de los trópicos, fábricas de salitre, minas de plomo, algún comercio y 18.220 habitantes; Baza, ciudad famosa, situada en una fértil vega, regada por el Guadalquintón, circuida de monumentos y de antigüedades preciosas, con 16.000 almas; Guadiz, sede episcopal, asentada sobre el río de su nombre, á ó kilómetros de los baños de Graena, con 11.524 habitantes, frondosa vega, catedral y antigüedades. romanas; Albuñol, pueblo situado á 5 kilómetros del mar, con 8.945 almas, fábricas de aguardiente y ricas cosechas de viño, pasas, almendras é higos, que exporta por el puerto de la Rávita; Almuñécar, con 8.864 habitantes, pintoresca campiña y pequeño puerto; Illora, en la falda de la sierra Parapanda, con 8.051 habitantes, buena iglesia parroquial. mármoles y tejidos; Alhama, ciudad renombrada por sus baños termales, con 7.798 almas; Huéscar, al Oriente de la sierra de Cazorla, en terreno fragoso y feraz, con 7.721 habitantes,

buenas cosechas de aceite y de vino y fábricas de paños y lencería; Puebla de Don Fadrique, colocada en la vertiente oriental del monte Calar, con 6.124 habitantes, fábricas de telas de lana, de lino, de cáñamo y de jabón blanco, y comercio de maderas de construcción y de productos manufacturados; Santa Fe, población fundada sobre el mismo río, por los Reyes Católicos, durante el sitio de GRANADA, con 4.998 almas; Orgiva, sobre el Río Grande, con 5.000, cultivo de caña de azúcar, fábricas de alcohol, de aguardiente y vidriado, y una mina de plomo en los alrededores; Murtas, sobre la pendiente de una colina, con 3.644 habitantes; telas de cáñamo, esparto, jabón y madera de construcción; Salobreña, situada á 3 kilómetros del Mediterráneo, en la embocadura del Guadalfeo, con 3.710 almas y un pequeño puerto; Iznalloz, villa circunvalada de montañas, con 3.120 y fábricas de jabón moreno; y Ugtjar, sobre el pequeño río de su nombre, con 3.000 habitantes, horno de vidrio y una feria de ganados muy concurrida. 3. Carácter general.—GRANADA, por la perseverancia de sus hijos, la celebridad de sus monumentos, la riqueza de sus productos, su agradable temperatura y su posición deleitosísima, ha sido siempre considerada como una de las poblaciones más importantes de la Península; siendo de notar la particular influencia que estas últimas circunstancias ejercen en el carácter especial de sus habitantes. En efecto: la pureza de su cielo, los hace alegres y festivos; la fecundidad de su suelo, espléndidos y generosos; la calidez de su clima, vehementes en sus odios y en sus afectos. Los hombres son por lo general vivos, locuaces, valientes, sobrios y oportunísimos en su conversación, la cual amenizan con atrevidas comparaciones y chistosas imágenes; las mujeres, graciosas, ocurrentes y lindísimas. La formalidad de los granadinos es proverbial: los moros que habitaron esta comarca llegaron á adquirir tal reputación de probidad y eran tan fieles en sus tratos, que por largo tiempo estuvo en boga un refrán que decía: «la palabra del granadino y la fe del castellano bastan para formar un cristiano viejo.» 4. Historia.—El historiador árabe Alketib, dijo ser GRANADA «ciudad de Sierra Elvira,» y con su opinión se hallan de acuerdo algunos autores. Fué aquélla en su origen un pequeño lugarejo dependiente de la antigua Illiberis, el cual, sobreviviendo á su misma capital, cuando sucumbió á los disturbios y rivalidades, que por largos siglos despedazaron los estados musulmanes, se acrecentó con sus despojos. En el estrecho recinto de esta población se atrincheraron los restos del ejército de Yusuf y Samail, batidos por Abd-el-Rahmán, por los años 756. El hijo de este emir, Asad-el-Schevaini, walí de Elvira, dispuso las obras y fortificaciones de Garnathah, por lo que vino á Ilamarse Dar Garnathah (la vivienda fortificada), de donde tomó luego el nombre de GRANADA, que hoy la distingue. Esta ciudad, pues, fundada por los moros en el siglox, formó parte, desde entonces, de los estados de los reyes de Córdoba. En el año 1013, el califa Soleimán hizo señor de la Ilamada hoy vega de GRANADA al africano Abu-Mosny-Zrawyyben-Balkyn, cuya defensa contra los omiades le granjeó el dictado de Almanzor. Muerto el Morthadi en la sangrienta batalla que trabó con los bereberes mandados por el zanhadjita, pudo éste extender fácilmente su señorío al Norte de las Alpujarras y robusteció su dominio en la ciudad. En 1020 dejó el gobierno de la misma á su sobrino Abu-Maksán, otro zanhadjita valeroso, el cual se hizo independiente del califato nueve años después; auxilió al saheb de Carmona contra el emir de Sevilla, desempeñando un papel importantísimo en esta larga guerra, y falleció en 1068, dejando por heredero á su hijo Badys. Este, continuando la lucha contra los Beny Abed de Sevilla, enfrenó los impetus desmandados de varios cadís de sus dominios, conservó íntegros sus territorios y poderío y llegó á ser tan esforzado y esclarecido como su padre. En 1072, le sucedió su hijo Habús, quien se asoció en el mando á su sobrino Abdalá, nieto de Badys é hijo de Balkyn, mancebo dotado de peregrinas prendas. En 1086, celebraron en Sevilla los caudillos musulmanes una junta, en la que, para contener los progresos de Alfonso, se determinó la llamada de Yusu-ben-Taschfin. Posesionado éste de GRANADA, de cuya posición y clima quedó embelesado, hizo prender y embarcar para Africa á Abdalá, el cual, confinado en Aghamat, falleció al poco tiempo, después de diez y ocho años de reinado. Este fué el postrero de la dinastía de los zeiries ó zanhadjitas, que habían venido poseyendo á GRANADA por espacio de ochenta años. Al partir Yusuf para Africa, dejó encargado el gobierno de esta ciudad á su fiel caid Schyr-ben-Berk el Lamtuny, pasando aquélla de esta suerte á poder de los almoravides. Su walí, Mohamed-ben-Sahid-ben-Yusén, hizo construir para sí una especie de alcázar de mármol, con pensiles grandiosos y manantiales abundantes, que susurraban en conductos y tazones de jaspe y alabastro. En 1156, después de repetidos combates entre los dos bandos, almoravides y almohades, que se disputaban el poder, lograron éstos apoderarse de GRANADA, rindiéndola por capitulación el naib de los Beny Ganias. Aposentados en la Alcazaba, se rezó la Rotbha; enviaron los granadinos sus juramentos de obediencia al emir, se adjudicó la ciudad á la regencia de Cid Abu-Said, y se le dió por gobernador á un walí; pero apenas salieron las tropas almohades, se amotinó el pueblo y degolló al gobernador y parte de la guarnición, haciéndose Ibn-Mordanich dueño de la ciudad. Por los años de 1160, volvió éste y su territorio á poder de los almohades, quienes derrotaron, al poco tiempo, en las cercanías de GRANADA al rey moro de Valencia, Abdalá. En 1227, ensancháronse los límites de la población, y se fundó el barrio de Albaicín. Acosados los estados musulmanes por los ejércitos cristianos, bajo los famosos caudillos San Fernando y el aragonés Don Jaime; despedazados á la vez por guerras civiles, que enconaba la disolución del imperio de los-almohades, el mahometismo español, después de la derrota que sufrieron sus huestes en las Navas de Tolosa, habría desaparecido para siempre de nuestro territorio, si los sarracenos, por una feliz combinación de circunstancias, no hubieran logrado concertar sus fuerzas en la nueva monarquía de GRANADA, que iba á levantarse sobre las ruinas del antiguo califato de Occidente, para formar el último de los cuatro períodos en que aparece dividida la dominación de los árabes en España. Mohamed el-Ahmar (primer rey de GRANADA) que fué el que más se distinguió en estas contiendas, logró encumbrar el trono granadino. Elevada ésta, en 1235, á capital del nuevo reino de su nombre, empezó á hacerse célebre por sus riquezas, su poderío, la magnificencia de sus monumentos, sus artes y su industria. Así que Mohamed el-Ahmar entró en esta ciudad, se ocupó preferentemente en asegurar sus fronteras; reparó los muros de su fortaleza, levantó hermosos edificios, hospitales, colegios, casas de enseñanza y otras varias obras de pública utilidad, al mismo tiempo que procuraba, por cuantos medios estaban á su alcance, consolidar sus estados y granjearse la estimación de los emires más poderosos del Africa. La señalada victoria que en 1244 alcanzó sobre las armas del rey de Casti Ila, robusteció el poder de Mohamed, quien, al ser aclamado á su regreso á GRANADA con el dictado de Galeb (vencedor), contestó á los que le aclamaban: La galeb il-la Al-lah (no hay más vencedor que Dios), lema que recibió Mohamed por blasón, escrito con letras de oro y diagonal azul, cercando un escudo plateado, los extremos de cuya faja terminaban en dragones de gules. Aquella sentencia, á ejemplo de los monarcas cristianos y de los sultanes de Egipto y de Siria, siguió siendo el mote de todos los monarcas granadinos. Los descendientes de Mohamed variaron luego los matices del escudo, que solían ser rojo, azul ó verde, pero dejando siempre la divisa: La galeb il-la Al-lah. Así apareció el brillante estado de GRANADA, que tantos recuerdos había de dejar á la historia; pero su independencia y poderío duraron bien poco. Impotente Mohamed para contrarrestar con sus fuerzas las del poderoso Fernando, tuvo que ponersé bajo la protección del monar

ca castellano, aceptando de éste el señorío de cuantas ciudades y tierras poscía, con la obligación de rendirle vasallaje, pagarle tributo, servirle con determinado número de caba Ilos cuando le llamase y de asistir á las Cortes de Castilla, cuando para ello fuere requerido, como lo hacían sus ricos-hombres. Fiel á este convenio, acudió á la conquista de Sevilla, con un cuerpo auxiliar, regresando á su corte más lastimado que favorecido de las victorias de los cristianos, en las cuales veía la ruina de los musulmanes. Instalado de nuevo en su ciudad, dedicóse el-Ahmar al fomento de la agricultura y de la industria, concediendo premios y exenciones á los agricultores y artesanos que más se distinguieran; protegió la cría y fabricación de la seda, en la cual llegó GRANADA á aventajar á la Siria; se beneficiaron minas de oro, plata y otros metales y cuidó mucho de que sus monedas fuesen bien cendradas y vistosas. De este modo florecieron las artes en sus estados; se hicieron feracísimas sus tierras y alcanzó GRANADA un alto grado de esplendor y de prosperidad. Muerto el rey San Fernando, renovó el-Ahmar sus tratados de paz y alianza con Don Alonso; pero la rebelión de los moros de Murcia, Jerez, Medina-Sidonia y otros pueblos de Andalucía y del Algarbe, vino á turbar aquella concordia, obligando á Don Alonso á hacerle la guerra, la cual terminó en breve, por haberse el-Ahmar allanado á los deseos del monarca de Castilla.— Murió aquél en 1273, sucediéndole su hijo Muhamad (segundo rey de GRANADA). Este príncipe, discreto y de gentil disposición, concibió la idea de recuperar toda la Andalucía; escribió al rey de Marruecos Abu-Yusuf, reclamándole el auxilio de tropas africanas, y ofreciéndole, para mayor estímulo, las plazas de Tarifa y Algeciras, con el objeto de que le sirviesen de presidio y de depósito de armas y de provisiones. Aceptada la oferta por Yusuf, le envió por de pronto un cuerpo de ejército de 17.000 hombres, viniendo él mismo después, con una gran hueste de infantería, caballería y una respetable escuadra. Repuestos los cristianos de la extraordinaria sorpresa que les causara esta inesperada invasión, acudieron precipitadamente al lugar invadido con considerables fuerzas de mar y tierra, y estrecharon á Yusuf en Algeciras, el cual, falto de viveres é imposibilitado de regre. sar á Africa, por impedírselo la escuadra castellana, hubo de avenirse á una tregua de dos años, sin contar con Muhamad. El rey Don Sancho, hijo y sucesor de Don Alonso, guerreó contra los benimerines y les tomó á Tarifa, después de haber destruído con su escuadra todos los buques musulmanes que se hallaban en las costas de Tánger. El rey de GRANADA solicitó entonces de Don Sancho la restitución de aquella plaza, pretextando que el de Marruecos se la había usurpado; negóse el monarca de Castilla y se declaró entre ambos una cruda y sangrienta guerra. Mohamed ben-Mohamed-el-Ahmar murió en 1302, reemplazándole en el trono su hijo Abu-Abdalá (tercer rey de GRANADA). Era éste, según un historiador árabe, de hermosa figura y de grande ingenio; amigo de los sabios; excelente poeta; de palabra elocuente y tan aplicado al gobierno, que se pasaba en vela las noches enteras para terminar los negocios empezados durante el día, viéndose obligados sus ministros á relevarse por no haber uno que pudiera asistirle tanto tiempo en el trabajo. Su primera empresa militar fué la toma de la ciudad de Almandhar, á la que siguió luego la de la plaza de Ceuta, que se hallaba en poder de los africanos. Con las ventajas y tesoros adquiridos, se dedicó á embellecer á GRANADA, levantando algunos edificios magnificos, entre los cuales se distinguía una soberbia mezquita construida de mármoles y jaspes, labrada y pintada con exquisito gusto. Las excelentes cualidades y esmerada solicitud en el gobierno valieron muy poco al infortunado Abdalá, pues envidiosos del primer wazir de aquel príncipe los principales xeques y caballeros de la corte, tramaron contra él una conspiración; sublevaron el populacho y, asaltando el alcázar, cercaron al rey, obligándole á abdicar la corona en su hermano Nazar (cuarto rey de GRANADA). Era este principe poco aficionado á la guerra, y desde el principio de su gobierno procuró hacer paces con los cristianos, concertando con ellos una alianza; pero á los dos años de reinado, fué destronado por su sobrino Ismail (quinto rey de GRANADA), hijo del walí de Málaga. Hizo este rey cruda guerra á los cristianos; tomó á Baza, rindió á Martos y volvió luego á su corte entre laureles; pero ni sus triunfos, ni el celo religioso que le animaba, bastaron á librarle de la muerte alevosa que, en 1326, le dió el hijo del walí de Algeciras, en venganza de cierta afrenta. Este monarca fomentó también la prosperidad pública; mejoró la policía de la capital, adornándola con hermosos jardines y fuentes; distribuyó en gremios las diferentes clases de artesanos y mandó edificar lujosas mezquitas, siendo reemplazado en el trono por su hijo Muhamad (sexto rey de GRANADA), de edad de 12 años. Según el historiador árabe, fué este príncipe un excelente apreciador de los buenos ingenios, muy dado á la lectura de elegantes poesías é historias caballerescas; recobró cuantas plazas le habían usurpado los rebeldes durante su minoría y peleó bizarramente contra los cristianos, forzándoles á levantar el sitio que tenían puesto á Gibraltar; pero fué asesinado, en 1331, por los mismos africanos que guarnecían aquella plaza. Sucedióle su hermano Yusuf (séptimo rey de GRANADA), de carácter amable, buen poeta, docto en varias ciencias y más inclinado á la vida muelle que al ejercicio de las armas. Terminadas las fiestas de su proclamación, concertó paces con los príncipes muslines y cristianos, y negoció una tregua por cuatro años con buenas condiciones, dedicándose á reformar leyes y prácticas civiles del reino, que cada día iban adulterándose con las sutilezas de los alcatibes y malos caídes. Ordenó formularios más breves y sencillos para las escrituras y actas públicas; instituyó nuevas distinciones para premiar los buenos servicios de los funcionarios públicos y de los caudillos de las fronteras; mandó escribir obras para enseñar los oficios, libros del arte militar y otras profesiones, y embelleció la ciudad con edificios suntuosos, haciendo levantar en los alrededores de Málaga un soberbio alcázar, en el que gastó considerables sumas. Terminada la tregua, empezaron las algaradas de los guerrilleros de la frontera contra los cristianos, los cuales, acaudillados por Don Alonso XI, alcanzaron una gran victoria en la famosa batalla del Salado, que los árabes llaman del Wadalecito. Firmadas las paces entre el monarca de Castilla y el de GRANADA, ocupóse Yusuf nuevamente en mejorar la administración de sus pueblos: estableció escuelas en todos ellos con enseñanzas uniformes y sencillas; terminó las obras comenzadas en la capital, mandó exornar magníficamente las mezqurtas y su propii anlazar, o irina do su ejemplo los señores de la ciudad, hicieron también obras en sus viviendas. Este rey pobló á GRANADA de casas altas y bien construidas, con muchas torres maravillosamente labradas y edificios de piedra con lucientes capiteles de metal. Los salones de los grandes personajes de la corte se veían adornados de oro y azul, con elegantes fuentes en el centro y los suelos labrados de menudas piezas de azulejos en forma de mosaico. En una palabra: GRANADA, según el citado historiador árabe, era una taza de plata llena de esmeraldas y jacintos. Este monarca, á pesar de tantos beneficios, murió también asesinado en 1352. Le reemplazó su hijo Muhamad (oclavo.e,, cuya corona le usurpó su hermano Ismail (noveno rey de GRANADA), el cual fué igualmente asesinado por orden y traza de su pariente Abu-Said (décimo rey de GRANADA). Muerto éste por Don Pedro el Cruel, volvió Muhamad á ocupar el trono, y dedicándose de lleno al fomento de la pública prosperidad, edificó un grande hospicio para recogimiento de los pobres, con fuentes y estanques de mármol; hermoseó con buenos edificios la ciudad de Guadix y dió grande impulso á las artes, á la industria y al comercio. Sucedió á este príncipe su hijo Yusu! (undécimo rey de GRANADA), á quien le usurpó el reino su hermano segundo Muhamad-ben-Muhamad, apoyado

por toda la nobleza. Era Muhamad (duodécimo rey de GRANADA), según el mismo historiador árabe, hermoso de cuerpo, de ingenio vivo, de grande ánimo y de mucha gracia para granjearse la voluntad del pueblo. La muerte de este rey, acaecida en 1408, devolvió la corona al despojado Yusuf, el cual supo vivir en paz con los cristianos. Su corte vino á ser el asilo de los caballeros agraviados, así de Aragón como de Castilla; y á ella acudían á tratar sus avenencias, haciéndole juez. Dábales Yusuf campo para sus desafíos y combates de honor; pero apenas empezada la lid, les obligaba á hacerse amigos y á salir juntos y honrados de su corte. Esta conducta del monarca moro le granjeó las simpatías de propios y extraños; y durante su tranquilo reinado, se mantuvo floreciente el Estado con los beneficios de la paz, y los granadinos, añade el historiador, gozaron con ella las anticipadas delicias del paraíso, en sus amenas huertas y casas de campo. Pero murió Yusuf en 1423, y desde entonces no se vió en aquel reino más que guerras civiles y calamidades producidas por la ambición de los diversos partidos que aparecieron disputándose el trono. Sucedió á Yusuf su hijo Mohamed, á quien por mote llamaban el Izguierdo (décimotercero rey de GRANADA), el cual fué depuesto en 1427 por Mohamed-ben Balbah, apellidado el Pegueño (décimocuarto rey de GRANADA), contra quien prevaleció el Izquierdo, en 1429, con auxilio de los reyes de Túnez y Castilla; pero en 1432 subió al trono Yusuf-ben-Almao-Alajar (décimo: quinto rey de GRANADA), viéndose el squierdo obligado á retirarse á Málaga. Llamado éste al poco tiempo, por muerte de su competidor, reinó por tercera vez hasta el año 1445, en que se rebeló contra él su sobrino Mohamed-ben-Hotmín, llamado el Cojo. Preso Iaquierdo, quedó Mohamed (décimosexto rey de GRANADA) dueño del trono hasta 1453, en que, siguiendo la suerte de su tío, fué preso por su primo Ismail (décimoséptimo rey de GRANADA), quien siguió reinando hasta el año de 1465, en que le reemplazó su hijo Albuhacén (décim-octavo rey de GRANADA). La unidad de las coronas de Aragón y Castilla, no menos que las turbulencias de los granadinos, precipitaron la caída de la dominación musulmana. Albuhacén habíase hecho odioso á los abencerrajes, por la horrorosa matanza que de ellos hizo, así como por el repudio de Aixa para casarse con la cristiana Zoraida.

Boabdil, su hijo (décimonoveno rey de GRANADA), se puso á la cabeza de los descontentos, destronó á su padre y se ciñó la corona, viéndose alternativamente triunfantes padre é hijo, al par que manchaban el trono con sangre de sus más esclarecidos guerreros. Muerto Albuhacén, un hermano suyo, llamado también Boabdil, logró formarse una bandería y verse encumbrado en el trono. Distinguíanse ambos con los sobrenombres de Zagal, el primero, y de Zogoibi, el segundo. Siguieron tío y sobrino haciéndose una guerra sangrienta, hasta que el vecindario de la ciudad, considerando más débil á Boabdil el Zagal, aclamó por rey á Boabdil Zogoibi (vigésimo rey de GRANADA). En tanto, los cristianos habían ido avanzando en sus conquistas hasta llegar á los mismos muros de la ciudad. En 1491 se formalizó el sitio de GRANADA, la cual se hallaba defendida por fuertes murallas, flanqueadas de 1.030 torres y una guarnición de 60.000 hombres, no contando menos de 400.000 habitantes. Se les brindó con una rendición decorosa; pero esto sólo sirvió para unir á todos los partidos. Los esfuerzos de los cristianos fueron heroicos; la resistencia de los moros, larga y tenaz. Ardieron aldeas, quedó destrozada en mil encuentros la morisma; los sitiadores, hacinando despojos sobre despojos, se apoderaron hasta de las torres de la muralla, y acosado al fin el vecindario, se inclinó á tratar con los sitiadores. La capitulación propuesta era: «entregar en el término de veinte días, los puestos, torreones, fortalezas, armas y caballos, conservando los rendidos sus haberes y sus ritos religiosos, y deslindándose los impuestos que debían pagar, siendo todos árbitros de vender sus bienes ó alhajas y de retirarse al Africa ó adonde más les conviniese.» Hubo todavía alguna resistencia; pero por fin el 2 de Enero de 1492, los Reyes Católicos Isabel y Fernando, bajo la sombra del sagrado estandarte de la Cruz, entraban triunfantes en la rica y opulenta ciudad de GRANADA, último baluarte de la dominación sarracena; es decir, último canto de una epopeya de siete siglos. Boabdil consiguio retirarse á las montañas de las Alpujarras; y al tender la vista sobre las elegantes torres de la que había sido corte de tan brillante imperio, en donde flotaba el pabellón cristiano, cuéntase que se le saltaron las lágrimas, y que, al verle llorar la altiva y orgullosa Aixa, le dijo: «Si, hijo mío, llora como mujer por la ciudad que no has sabido defender como hombre.» Boabdil partió para el Africa, en donde murió á los pocos meses. De esta suerte se hundió el trono de los musulmanes y desapareció para siempre la dominación árabe en España, tras una historia de setecientos años. Los Reyes Católicos, fieles á una de las condiciones de la capitulación, permitieron al principio á los sarracenos el libre ejercicio de sus ritos; pero poco después viéronse en la dura alternativa de abjurar sus creencias religiosas ó abandonar sus queridos hogares. En muchos de ellos, llegó á ser tan grande el amor que profesaban á su país natal, que no vacilaron en inclinarse al primer partido, abrazando aparentemente la ley cristiana. Algunos de los refugiados en las Alpujarras manifestaron un odio inextinguible contra los vencedores, sosteniendo desesperadamente una lucha tan sangrienta como imposible; pero vejados y perseguidos sin descanso, fueron poco á poco trasladándose al Africa hasta dejar completamente libre nuestro territorio, lo cual tuvo lugar bajo el reinado de Felipe III. «Los árabes, dice un historiador, apuraron en la vega de GRANADA todos los recursos del más esmerado cultivo, y para regarla perfectamente repartieron en centenares de canales las aguas del Genil, que la atravesaba. Las cosechas se sucedían unas á otras en cada año; allí prosperaban los frutos y plantas de los más opuestos climas; el cáñamo del Norte crecía lozanamente á la sombra de los olivos y viñedos.» Pero no sólo en la agricultura, también en los demás ramos de la riqueza pública son deudores los granadinos de grandísimos progresos á la incomparable laboriosidad de los árabes. «La seda, dice otro historiador, suministraba el principal artículo de comercio, que se verificaba por los puertos de Málaga y Almería: las ciudades de Italia, que á la sazón iban creciendo en opulencia, aprendieron de los moros españoles su mayor destreza en esta elegante manufactura.

Florencia, particularmente, les compraba grandes partidas de seda cruda, aun en el siglo xV. De los genoveses se refiere que tenían establecimientos mercantiles en GRANADA y que celebraron con ella, como con el reino de Aragón, tratados de comercio. Llenaba los puertos granadinos grande y variada muchedumbre de traficantes de Europa, Africa y Levante, en términos que GRANADA, según el históriador árabe, era la ciudad común á todas las naciones. Las rentas públicas, computadas en 1.200.000 ducados (más de 13 millones de reales), procedían de impuestos parecidos á los que exigían los califas de Córdoba, y aún más gravosos bajo ciertos aspectos: la Corona, aparte de las ricas posesiones que poseía en la vega, cobraba la contribución de un 7 por 100 sobre.todos los productos agrícolas del reino, que es lo que llamaron contribución honrada. Recogíase, además, considerable cantidad de preciosos metales y la moneda de GRANADA se distinguía por la ley y la elegancia del cuño. La mayoria de los reyes granadinos sobresalieron por su afición á la cultura; empleaban sus rentas en el fomento de las letras, en la construcción de edificios públicos, suntuosos y, principalmente, en el esplendor y magnificencia de una corte, á la que no igualó otra alguna de los príncipes de aquellos tiempos.» Desde la famosa rebelión de los moriscos, la historia de GRANADA no ofrece nada notable, hasta la invasión francesa de 1808, que inauguró una época de desdichas y gloria para la ciudad que describimos. Ni en patriotismo, ni eu bravura, ni en sacrificios de hombres y de dinero, puede decirse que haya ido en zaga á ninguna otra

de las provincias españolas. En el período de 1820 á 1823, cúpole la misma suerte que á otras muchas poblaciones: ocupada por el ejército invasor, fueron sacrificados, bajo fútiles pretextos, muchos de los que peleaban por la integridad de la patria. En esta ciudad sufrió la última pena, en 1831, la famosa heroína doña Mariana Pineda, de eterna memoria, por el delito de haberse encontrado en su casa la bandera de los que conspiraban por el restablecimiento de la Constitución de 1812, GRANADA fué igualmente una de las ciudades de Andalucía que, secundando el movimiento de Málaga, dió, en Julio de 1836, el grito de libertad, por cuyo triunfo han vertido luego su sangre los granadinos diferentes veces con la misma abnegación y patriotismo que la habían derramado antes por. la independencia de España. GRANADA ha sido patria de muchos hombres célebres, entre los que se cuentan: el poeta Fray Luis de León, el historiador Fernando del Castillo, el jesuíta Francisco Suárez, el escultor Juan Martínez Montañés, el pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano, los pintores Miguel José, Vicente Cieza, Pedro Atanasio Bocanegra y Pedro Moya, el poeta lírico y cómico Alvaro Cubillo, el famoso médico Pedro de Mercado, el cirujano Rodrigo de Molina, el historiador y poeta don Diego Hurtado de Mendoza, y en nuestros días, don Francisco Martínez de la Rosa, compendio indefinible de diplomático, de político, de tribuno, de caballero, de dama y de poeta. GRANADA dió también su nombre á otro Fray Luis, lumbrera del siglo XVI, tan grande y glorioso como Fray Luis de León, luz y blasón de España. Un lugar, no menos honroso, toca á GRANADA en los anales de la civilización europea. Su universidad fué representante de la grande escuela arábigo-hispana, la más famosa de los tiempos medios, que alumbró las tinieblas de muchos siglos, de donde. Europa recibió los gérmenes que hicieron posible el renacimiento de la literatura, de las ciencias y de las artes. Por eso el nombre de GRANADA está escrito, no sólo en el milagro de sus monumentos y de sus bellezas, sino en la conciencia de todos los que aman el perfeccionamiento del hombre, el progreso de las sociedades, la historia de la humanidad. ¡No temas, GRANADA! El espíritu de los pueblos te debe una parte de su cultura y serás eterna como el espíritu. Tal es el destino de todo el que trabaja por la cultura de sus semejantes, aplicando á la sociedad la redención de un dogma sublime. Las armas de nuestra insigne ciudad son un escudo acuartelado: en él figuran los Reyes Católicos sentados en sitiales de oro; la torre de la Vela y una granada abierta en campo de plata. En la orla del escudo alternan castillos y leones.

ETIMOLOGÍA. 1. Latín Granata, insigne por su historia, por su belleza y por sus monumentos, de un vocablo árabe que parece significar Cueva de Nata, nombre de una doncella de este nombre. 2. Lo que hay de cierto es que sus antiguos moradores la denominaron Hiznaromán, que quiere decir: Castillo del GRANADO.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Granada», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/granada.