Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Gibraltar

tomo 2 · página 949 · ver la página del original

Gibraltar. Masculino. Geografía. Ciudad española, perteneciente á la Gran Bretaña, enclavada n la extremidad meridional de nuestra península, sobre la costa occidental de Andalucía, al pie del célebre promontorio y en el estrecho del mismo nombre.

1. Límites.—Se halla distante 8 kilómetros Este de Algeciras, 96 Sudeste de Cádiz y 99 Sudoeste de Málaga, á los 36° 6' 30* de latitud septentrional y 1° 34 46" de longitud occidental del meridiano de Madrid.

2. Población.—La población, que es bastante grande y está edificada al estilo inglés, se eleva en forma de anfiteatro desde el fondo de una magní

fica bahía. Las casas no tienen balcones; son muy limpias y se hallan caprichosamente adornadas de flores y de arbustos, procedentes de todas las zonas de Europa y de Africa: las paredes están pintadas de negro, para evitar la reverberación de los rayos solares. La cuesta ó pendiente que ofrece la mayor parte de sus calles es tan rápida que el suelo de un edificio se encuentra al nivel del tejado de otro; algunas aparecen, en forma de gradas, abiertas en la misma roca. La calle mayor, llamada Kings-Street, es, sin embargo, muy ancha; mide 928 metros de longitud, tiene buenas aceras y se ve adornada de tiendas desde el uno al otro extremo.—Esta ciudad es residencia del gobernador, de una corte suprema de justicia, de un tribunal de marina y de los consulados de España, Marruecos, Francia, Turquía, Italia, Estados Unidos, Egipto, Portugal, Austria, Brasil, Rusia, Suecia y Noruega. Contiene además el palacio del gobernador, un hospital de marina, Bolsa, bibliotecas, un hermoso palacio de mármol, construído por un judío, y sobre 23.000 habitantes, entre ingleses, españoles, marroquíes y hebreos.—El clima es el más cálido de Europa; pero su calor, puramente africano, templado por las frescas brisas del mar, contribuye al desarrollo de las plantas meridionales de nuestro continente. El genio del hombre ha conseguido embellecer de árboles, de flores y de praderas artificiales la escueta, desnuda y estéril montaña sobre que ha sido fundada la población. Cuenta aquélla ó kilómetros de largo por á de ancho; está unida al continente por un istmo que forma la entrada oriental del estrecho de su nombre; se halla cubierta de vastísimas cuevas, en las que se encuentran estalactitas de vistosas y variadas formas, y es el único paraje de Europa en donde se cría una especie de monos, oriundos de Africa, cuya caza está prohibida terminantemente por el Gobierno inglés.—GIBRALTAR es una ciudad perfectamente fortificada: constituyen su principal defensa la admirable posición topográfica que ocupa; la colosal muralla de roca tajada, de más de 1.500 piés de elevación, que sustenta un formidable castillo que domina el estrecho, y las magníficas baterías que erizan el promontorio, en donde la naturaleza y el arte se han reunido para hacer de ella una plaza verdaderamente inexpugnable por mar. La roca, que aparece cortada á pico por todos sus lados, está unida al continente por una estrecha lengua de, tierra completamente pantanosa. El lado que mira al Oriente es el único que se presenta accesible hasta cierto punto; pero sus numerosas baterías y bien combinadas obras la ponen á cubierto de cualquier tentativa. Todas estas baterías, montadas en la abertura de la roca, en las excavaciones y flancos de la montaña, son de considerable alcance; se hallan provistas en su mayor parte de los famosos cañones Armstrong, y se comunican entre sí por galerías subterráneas, construidas á prueba de bomba, cuyas bóvedas tienen una altura y extensión tales, que pueden recorrerse á caballo y contener en tiempo de sitio á toda la guarnición. La base de la roca se encuentra admirablemente protegida por baterías rasantes, que desafian los fuegos de las modernas cañoneras. En 1783, el número de cañones de diferentes calibres, puestos en batería, ascendía á 663; hoy pasan de 1.000. Los ó ó 7.000 hombres que, en tiempo de paz, guarnecen la plaza, se hallan repartidos entre los fuertes de la ciudad y del promontorio: entre éste y aquélla existen varias cisternas de capacidad suficiente para subvenir, en caso de asedio, á todas las necesidades de la población. El sostenimiento de aqueIlas fuerzas militares cuesta á Inglaterra más de 5.000.000 de pesetas; pero esta suma es insignificante comparada con las inmensas ventajas que le proporciona la posesión de esta importantísima plaza, considerada como llave de comunicación del Océano y del Mediterráneo. GIBRALTAR posee un puerto franco, al cual concurren todas las naciones. La población cuenta muchos y vastos establecimientos comerciales franceses, ingleses, españoles, portugueses, americanos, alemanes y genoveses; pero el comercio, aunque bastante activo, ha ido constantemente decreciendo desde 1814. En la época del bloqueo continental, el movimiento mercantil representaba una suma de 122.000.000; hoy apenas alcanza á 12.000.000 de pesetas, sin comprender los resultados del comercio ilícito que ha hecho siempre con nuestros pueblos del Mediodía, que es muy considerable. En efecto, pequeñas embarcaciones, amparadas bajo el pabellón inglés, español, portugués é italiano, partiendo de las aguas de GIBRALTAR, depositan anualmente sobre las costas del Mediterráneo y del Océano, de 9 á 10.000 toneladas de mercancías ó géneros de contrabando.

3. Historia.—El origen y fundación de esta ciudad son completamente desconocidos. Los fenicios y los cartagineses se establecieron en ella, y á ellos se debe la denominación de Columnas de Hércules, que distingue los promontorios de GIBRALTAR y de Ceuta. En 711, hiciéronse los moros dueños de la población y del monte Calpe, al que dieron el nombre de Gebel-al-Tarik (monte de Tarik), de donde viene GIBRALTAR. De los árabes pasó luego á los españoles, quienes la rodearon de fortificaciones. El 24 de Junio de 1704, sir Jorge Rooke y el almirante Clondesley Schovel, como auxiliares del archiduque de Austria, se apoderaron por sorpresa de esta incomparable fortaleza, la cual fué cedida á los ingleses por Felipe V, en virtud del tratado de Utrecht de 1713. Francia y España reunidas intentan reconquistarla, poniéndola diferentes sitios; pero siempre sin éxito. El de 1779 particularmente, duró cuatro años, se emplearon en él las baterías flotantes y se dió un asalto, disparando á la vez 400 piezas de artillería, pero sin obtener tampoco el resultado que se esperaba. El nuevo tratado de paz de 1783 confirmó á Inglaterra la posesión de esta codiciada plaza, la más fuerte é inexpugnable del universo. Pero la traición no engendra derecho, de donde resulta que GIBRALTAR es y será de España.

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