Roque Barcia · 1880-1883
Fuenterrabia
tomo 2 · página 855 · ver la página del original
Fuenterrabia. Femenino. Geografía. Ciudad con ayuntamiento en la provincia de Guipúzcoa, partido judicial de San Sebastián, capitanía general de las Provincias Vascongadas, audiencia territorial de Burgos y diócesis de Pamplona.—Está situada en una pequeña eminencia, que forma un alegre y pintoresco anfiteatro, sobre la margen izquierda del Bidasoa y en la falda oriental del promontorio Easso ú Olarso.—El clima es muy sano: su población, 3.713 habitantes. Defienden la ciudad, además de la muralla que la circuye, un ancho foso y la ría del Bidasoa; pero de todas sus fortificaciones sólo quedan restos de un baluarte, algunos trozos de lienzo de muro y el palacio del emperador Carlos V.—Las casas son, por lo general, de dos pisos y de mediana construcción: las calles, aunque con alguna cuesta, regulares y bien empedradas.—Fuera del palacio citado, los edificios mejores que cuenta la población se reducen al hospital, las casas consistoriales y la iglesia, edificada en el siglo XIV, muy espaciosa y de notable arquitectura.—El terreno es bastante quebrado, seco y poco productivo: las cosechas de maíz, trigo, habas, alubias, manzanas y patatas; la cría de ganado lanar, caballar, vacuno y de cerda; la caza de liebres y perdices; la pesca abundante de todas clases; algunas canteras de piedra arenisca muy buena, y varios telares y molinos harineros constituyen la principal riqueza de la población.—El comercio se ocupa en la exportación de los frutos sobrantes y de diferentes pescados, é importación de telas, paños y otros artículos de primera necesidad.
Historia.—La primera noticia de esta población aparece en un instrumento del año 1190: el rey de Navarra Don Sancho el Sabio la fortificó y llamó FUENTERRABÍA y Ondarrabia, cuyo origen atribuyen algunos autores á la antigua Easo, Diarso ú Olarso, por la identidad de nombres con la actual Oyarzún. Don Alonso IX de Castilla engrandeció su término y jurisdicción, por privilegios concedidos en 1203, los cuales fueron confirmados más tarde por diferentes reyes. En 1353, reuniéronse en esta ciudad los habitantes de la comarca para hacer las paces con el rey Don Eduardo III de Inglaterra; y en las Cortes de Madrid celebradas el año de 1390, asistió como representante de FUENTERRABÍA su síndico, don Esteban de Aluda, gracia que, excepto San Sebastián, hinguna otra población de Guipúzcoa llegó á obtener. En 1476 fué atacada por 40.000 franceses y valerosamente defendida por sus habitantes, mandados por el gobernador de la plaza y el conde de Salinas, quienes obligaron á retirarse á los sitiadores. En 1521 se apoderó de este pueblo el rey Francisco I de Francia, en cuyo poder permaneció durante tres años, siendo después ganada por el Condestable de Castilla don Iñigo de Velasco; en esta época quedó la ciudad muy trabajada, y el emperador Carlos V mandó fortificarla inmediatamente, levantándose al efecto los baluartes llamados de la Reina y Leiba, el cubo de la Magdalena y las murallas de su circuito. Entre los diferentes sitios que ha sostenido FUENTERRABÍA, el que le dió una verdadera celebridad fué el que sufrió en 1638, en el cual distinguiéronse las mujeres por el increîble ardimiento con que defendieron la plaza, por espacio de sesenta y nueve días, contra un ejército compuesto de 25.000 infantes y 4.000 caballos. Por este glorioso hecho de armas se le concedió á FUENTERRABÍA el justo nombre de muy valerosa, entre otras señaladas mercedes. En 1719 se vió sitiada de nuevo por 26.000 franceses, á las órdenes del duque de Berwick, y una numerosa escuadra inglesa: la guarnición y los habitantes, después de una heroica resistencia que duró 22 días, viéronse obligados á capitular el 16 de Julio, siéndoles otorgados por los sitiadores todos los honores de la guerra. En 1794 la tomó de nuevo por capitulación el ejército frahcés, el cual, infringiendo el pacto, saqueó la población y llevó presos, á la ciudadela de Bayona, á todos los vecinos más influyentes, en donde permanecieron encerrados hasta la muerte de Robespierre. Esta capitulación dió origen á que los papeles públicos lanzaran sobre FUENTERRABÍA la terrible acusación de traidora; resentida aquélla, así que se vió libre de la dominación francesa, solicitó del monarca que su conducta fuese escrupulosamente examinada por un consejo de guerra de generales, y que se fallara en justicia: reunido éste, y tomadas las correspondientes informaciones, se declaró á la ciudad muy fiel y muy digna de premio por su modo de obrar hasta el momento de la capitulación; el Tribunal Supremo de Guerra confirmó en todas sus partes la sentencia del consejo celebrado en Pamplona; se publicó en la Gaceta, y el rey, para dar un testimonio del alto aprecio que hacía de los servicios prestados por esta población, se dignó honrarla, añadiendo á los honoríficos títulos de muy noble, muy leal y muy valerosa que ya poseía, el de siempre muy fiel ciudad. Este pueblo se separó luego de Guipúzcoa y se agregó á Navarra, por real decreto de 26 de Septiembre de 1805, cuyo acto de posesión se solemnizó el 10 de Octubre, con la asistencia del virrey, de un diputado, de un síndico y del tesorero de Navarra. Napoleón la incorporó de nuevo á Guipúzcoa, por decreto de 1.° de Octubre de 1810; el cual, como quedara anulado así que terminara la guerra de la Independencia, se llevó á cumplido efecto en 1814. Después de esta fecha, la ciudad de FUENTERRABÍA ha sido diferentes veces atacada por los ingleses y los carlistas, habiéndose defendido siempre con la misma energía y singular bravura que había demostrado en épocas anteriores.—Esta ciudad es patria de muchos hombres ilustres, entre los que figuran: don Juan y don Miguel Esquivel, quienes se distinguieron en la toma de las islas Molucas; don Gabriel José de Zuloaga, que tanto se señaló en la defensa de Vénezuela, de la cual era gobernador en 1742; Machín de Arsú, famoso por su pericia militar en tiempos de
Don Alfonso el Sabio; Fray Manuel de Calatayud, monje cisterciense del monasterio de Fitero, muy conocido por sus obras históricas; y don Cristóbal de Rojas y Sandoval, capellán de Carlos V, obispo de Oviedo, Badajoz y Córdoba, y arzobispo de Sevilla, el cual asistió al Concilio de Trento y murió, con fama de santidad, en 1580.—El escudo de armas cuartelado en FUENTERRABÍA, ostenta: en el primero, en campo de oro, un ángel con una llave en la mano derecha; en el segundo, en campo de plata, un león rampante; en el tercero, en hondas verdes, un navío envergado y una ballena arponada debajo, y en el cuarto, una sirena levantando un espejo en la mano izquierda y una granada en la derecha; en el centro, un escudete azul de hondas, un castillo de plata y, sobre él, dos estrellas; una orla, en campo rojo, con doce banderas y estandartes blancos; varios trofeos militares; los títulos de M. N., M. L., muy valerosa ciudad de FUENTERRABÍA, y por timbre, la Virgen de Guadalupe, santa patrona de la insigne ciudad.
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