Roque Barcia · 1880-1883
Florencia
tomo 2 · página 780 · ver la página del original
Florencia. Femenino. Geografía. Una de las ciudades más hermosas del mundo, situada al pie de los Apeninos, en una deliciosa cuenca, á los 43° 46 41" de latitud Norte, y 14° 47 30° de longitud Este del meridiano de Madrid.—Se encuentra en el empalme de varias línéas férreas que se dirigen á Bolonia, Pisa y Roma y la ponen en comunicación con todo el reino. Ha sido capital del Gran ducado de Toscana y del nuevo reino de Italia. Se encuentra cercada de un muro muy alto, aunque de poca resistencia, y defendida por los fuertes di Basso y di Belvedere: el río Arno, navegable desde FLORENCIA hasta el Mediterráneo, divide la población en dos partes, las cuales se comunican por cuatro elegantísimos puentes. Su aspecto es imponente; sus calles, rectas, anchas y enlosadas. Los monumentos notables son numerosos, y entre ellos, llaman particularmente la atención y figuran en primera línea: el palacio Pitti, que separa de la Galería florentina el jardín Boboli; el antiguo palacio, adornado de las obras maestras de los más célebres escultores; el palacio de la Crocetta, los de Strozzi y, los de Riccardi, pertenecientes en otro tiempo á los Médicis; el teatro de Pergola, uno de los más vastos de Italia; la iglesia de Santa Cruz, panteón de la Toscana, en la cual se encuentran los
sepulcros de Miguel Angel, del Dante, de Maquiavelo, de Galileo, de Alfieri, de Viviani y otros grandes hombres; y la catedral ó Santa María del Fiore, construida por Brunelleschi, y adornada interiormente de magníficos mármoles blanco y negro. La reunión de estos dos opuestos colores era una alusión dirigida por el arquitecto á las facciones de los blancos y de los negros (quelfos y gibelinos), que por largo tiempo habían dividido y desolado la Italia. FLORENCIA posee también bellísimas plazas, entre las que figuran: la de la Anunciación, ornada de dos fuentes, de pórticos elegantes y de la estatua ecuestre de Fernando I; la de la Trinidad, en cuyo centro se eleva la hermosa columna que sostiene la estatua de la Justicia; la de Santa Cruz, punto de reunión y de recreo del pueblo florentino, durante las fiestas del carnaval; la del Gran Duque, con su admirable escultura de Cosme I, y, finalmente, el Prasolino y los jardines de Bianco Cappello, en donde se destaca la colosal estatua del Apenino, gigante inmenso que, á estar de pie, tendría lo menos 28 metros de elevación.—La ciudad que nos ocupa cuenta además: bancos de descuento y de crédito mutuo, caja central de ahorros, sinagoga, consistorio evangélico, casa de la moneda, universidad fundada en 1438, seminario episcopal, escuelas de medicina, de cirugía práctica, de agricultura, de lengua y literatura hebraicas; academias de bellas artes, en las que se enseña el dibujo, la música, la declamación y las artes mecánicas; liceo, ateneo, observatorio, montes de piedad, establecimientos de beneficencia y nueve teatros: el Nuevo, el de Pergola, el de Pagliano, el de Cocomero, el de Alfieri, el de Goldoni, el de Leopoldo, el de Ognissanti y el de Ziazza-Vecchia.— Las bibliotecas son numerosas y están surtidas de colecciones muy estimadas y de preciosos manuscritos: la Magliabecchiana contenía, no hace mucho, 150.000 volúmenes y 1.200 manuscritos; la Riccardiana, 23.000 de los primeros, y 3.500 de los segundos; la Mamcelliana, 80.000 volúmenes; la Academia, 8.000; la Laurenziana, 9.000 manuscritos, entre los que figuran las primeras ediciones de los clásicos griegos, y un Virgilio del siglo iy ó v. En el centro de la sala, se conserva, en un vaso perfectamente cúbierto, un dedo del ilustre Galileo. En el museo de Historia Natural se encuentra reunida la admirable colección de figuras anatómicas, ejecutadas en cera por los artistas toscanos, bajo la dirección de Fontana (véase nuestro artículo FONTANA); y la célebre galería florentina, empezada en el siglo xVII por el cardenal Leopoldo de Médicis, pasa hoy, con justicia, por una de las más ricas del orbe en cuadros y esculturas.—FLORENCIA es residencia de las autoridades civil y militar, de un arzobispo y de los tribunales de apelación, de primera instancia, eclesiástico, militar y de comercio. —Su territorio ofrece una agradabilísima variedad de montañas, valles y llanuras, bañadas por algunos lagos, y su extensión superficial se calcula en 1.380 kilómetros cuadrados.—El clima es benigno y saludable; el cielo, alegre; el suelo, fértil y admirablemente cultivado, con algunas minas de plomo, cobre, mercurio y excelentes canteras de alabastro y piedra berroqueña.—La industria florentina llegó á ocupar en el siglo XVI hasta 30.000 obreros, cuyos productos ascendían anualmente á 1.300.000 florines de oro. Hoy está reducida á tejidos de seda y de lana; joyerías, bisuterías y tintorerías; elaboración de objetos de alabastro y de piedra; mosaicos, rosolí, dulces, chocolate, pieles curtidas, porcelanas, cera, esencias, tapices y otros varios artículos ó manufacturas. En sus alrededores se confeccionan los sombreros de Brozzi y de FLORENCIA, tan renombrados en toda Europa, cuya industria y la de los trenzados de paja se calculan en 15.000.000 de pesetas. —El comercio fué en otro tiempo muy importante y consistía principalmente en la fabricación de telas de seda y de lana.—La población que se describe, tomó en su origen el nombre de Urbs Arnina, por su proximidad al río Arno: la admirable posición que ocupa y la bondad y riqueza de su suelo, valiéronla más tarde el de Firenza, ó FLORENCIA, que hoy conserva. Esta ciudad era ya célebre en tiempos de Tiberio. Destruída por Totila, en 541, y reedificada luego por Carlo Magno, quedó constituida en república, bajo la cual llegó á alcanzar un alto grado de prosperidad y de esplendor. A partir del reinado de los Médicis, siguió la misma suerte y participó de todas las vicisitudes de la Toscana. Pero si la ciudad de los Médicis no obtuvo en la Edad media más importancia que la que le dieran la muda presencia de sus duques y el movimiento escaso de su vida política y comercial, conservó al menos un reflejo brillante de su anterior grandeza. Jamás se olvidará, y este solo recuerdo hará imperecedera su gloria, que FLORENCIA ha sido la cuna de las artes y de las letras en el Renaerimient; en cefurio durante largo tiempo, y la patria de los varones más esclarecidos con que hoy se honran las ciencias, las artes y la literatura: los nombres de Dante Alighieri, de Bruneto Latini, de Galileo, Maquiavelo, Guicciardini, Miguel Angel, Andrea del Sarto, Benvenuto Cellini, Brunelleschi, Villani, Alberti, Giotto, Lulli, Bocacio, Petrarca, Cosme, Américo Vespucio y otros, vivirán siempre en la memoria y en la conciencia de la humanidad. Pero la muy ilustre ciudad de FLORENCIA tiene todavía un título más grande—si un título más grande puede existir—á la admiración y á la gratitud de la historia. Un pincel divino, el pincel de Vinci, crea una línea desconocida, arranca, no se sabe de dónde, un dibujo ignorado, y funda allí la pintura moderna, que debió Ilamarse: la deidad de las maravillas. Y el mismo Leonardo de Vinci.y Miguel Angel, los sumos artistas de un siglo gigantesco, pintan los célebres cartones de los Médicis, que también suelen denominarse los célebres cartones de FLORENCIA, de donde se origina el renacimiento del arte cristiano, ese renacimiento poderoso que abre horizontes nuevos y revoluciona la pintura del semidiós de Roma, el semidiós de aquella época, el semidiós Ilamado Rafael de Urbino. ¡Salve, FLORENCIA, fuego sagrado de donde brota el nuevo pensamiento del cristianismo, como amanece un amor puro en el alma hermosa de una virgen! ¡Salve, FLORENCIA, pasión sublime de los artistas y de los sabios! ¡Salve, FLORENCIA, que conviertes en monumento la tumba de tus mártires, puesto que tienes las cenizas de tu Savonarola! Un pueblo hermano te saluda con lágrimas de amor; y no vuelvas el rostro, porque quien te saluda es España, que tiene tanto genio como tú. ETIMOLOGÍA. Latín Florentia, forma de florere, florecer. Florentin ó
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