Roque Barcia · 1880-1883
Fiesta
tomo 2 · página 743 · ver la página del original
Fiesta. Femenino. Alegría, regocijo ó diversión. I Familiar. Chanza, broma. El día que la Iglesia celebra con mayor solemnidad que otros, mandando se oiga misa y emplee en obras santas; como son los domingos, Pascua y otros. La solemnidad con que na la memona de algún santo. I Todo regocijo público dispuesto para que el pueblo se recree.! El agasajo ú obsequio que se hace para ganar la voluntad de alguno; y así se dice: El perrillo hace FIESTAS á su amo. Se usa más comunmente en plural. (Plural. Las vacaciones que se guardan en la fiesta de Pascua y otras solemnes; y así se dice: En pasando estas FIESTAS, se despachará tal negocio. DE ARMAS. En lo antiguo, el combate público de unos caballeros con otros para mostrar su valor y destreza.] FIESTA DE CONSEJO. El día de trabajo que es de vacación para los tribunales. I DE GUARDAR. El día en que hay obligación de oir misa. PÓLVORA. Expresión metafórica con que se denota que alguna cosa pasa con presteza y brevedad. DOBLE. La que la Iglesia celebra con rito doble. Metáfora familiar. La función de gran convite, baile ó regocijo. ( INMOBLE. La que la Iglesia celebra en ciertos y determinados días, verbigracia: Pascua de Navidad, á 25 de Diciembre.
MOVIBLE. Cada una de las que celebra la Iglesia en diferentes días del año, pero determinados de la semana; como Pascua de Resurrección, el domingo siguiente al décimocuarto día de la luna de Marzo, y las dependientes de ésta. DE LOS TABERNÁCULOS. Véase TABERNÁCULO. REALES.
Plural. Los festejos que se hacen en obsequio de alguna persona real, con esplendor y ciertas solemnidades. CORONAR LA FIESTA, Frase. Completarla con algún hecho notable. Suele usarse irónicamente. CELEBRAR LAS FIESTAS. Frase. Guardarlas como manda la Iglesia. ESTAR DE FIESTA. Frase familiar. Estar alegre, gustoso y de chiste. I GUARDAR LAS FIESTAS. Frase.
SANTIFICARLAS. II HACER FIESTA.
Frase. Dejar la labor y el trabajo algún día como si fuera de FIESTA. Dícese también HACER DOMINGO, por ser éste el día de FIESTA de la semana. NO ESTAR PARA FIESTAS. Frase familiar. Estar desazonado y enfadado, ó no gustar de lo que se propone.) QUIEN TE HACE FIESTAS QUE NO TE SUELE HACER, Ó TE QUIERE ENGAÑAR Ó TE HA MENESTER. Refrán que da á entender el cuidado con que deben mirarse
los aduladores. ] SANTIFICAR LAS FIESTAS.
Frase. Guardarlas y ocuparlas en cosas de Dios, y cesar en las obras mecánicas.
ETIMOLOGÍA. Latín festum, por vestum, forma de vesta, el fuego sagrado: italiano, portugués, provenzal y catalán, festa; francés del siglo xI, feste; moderno, fête; burguiñón, féte; walón, fièse. Reseña histórica.—FIESTAS. 1. Días consagrados al descanso, al cumplimiento de los deberes religiosos, á actos políticos, ó á recuerdos de familia. Dice el Génesis que Dios ordenó, en memoria de la creación, santificar cada séptimo día, y muchos pueblos paganos dividieron, como los judíos, el tiempo en semanas. Otros solemnizaron las neomenias, ó sean novilunios. La mayor parte de las FIESTAS entre los judíos recordaban sucesos memorables de su historia: tales eran las Pascuas (Exodo, XIII, 6); la Pentecostés (Números, XXVIII, 26); la fiesta de las trompetas (Levítico, IIIII, 24); de las expiaciones (Números, XXIY, I y 8); de los tabernáculos (Exodo, XXIII, 16); del sábado (Génesis, II, 2); de la Neomenia (Primer libro de los Reyes, XI, 5). 2. La violación de las fiestas entre los hebreos erá castigada con la pena de la lapidación. «Acaeció, pues, que estando en el desierto los hijos de Israél, y habiendo hallado á un hombre que recogía leña un día de sábado, le presentaron á Moisés y á Aarón, y á toda la multitud. Los cuales le encerraron en la cárcel, no sabiendo qué hacer de él. Y dijo el Señor á Moisés: Muera de muerte ese hombre; todo el pueblo cúbralo de piedras fuera del campamento. Y habiéndolo sacado fuera, lo cubrieron con piedras, y murió como el Señor había mandado.» (Números, capítulo XV, versículos desde el 32 al 36. 3. Esta sentencia es el resultado de la pena de muerte impuesta en el Exodo (XXII, 14) á los que no observaban el sábado. 4. El Redentor dulcificó la ley de Moisés, diciendo: «Misericordia quiero y no sacrificio.» (SAN MATEO, 5. Las de los paganos tenían por objeto honrar á los dioses á que atribuían los principales fenómenos de la naturaleza, como también á los héroes, los legisladores, los inventores de artes útiles. Algunos días se Ilamaban dies intercisi, porque la mitad se dedicaba á los dioses y la otra mitad á los negocios. 6. Las FIESTAS del cristianismo conservan la memoria de los hechos en que se fundan, y recuerdan un misterio ó consagran el recuerdo de un santo. Las hay fijas, que son las celebradas en determinados días del mes; y movibles, que se celebran antes ó después, según la fecha de la Pascua. Las fijas son: la Circuncisión (1.° de Enero); la Epifanía (6 de Enero); la Purificación (2 de Febrero); la Anunciación (25 de Marzo); la Visitación (2 de Julio); la Asunción (15 de Agosto); la Natividad (8 de Septiembre); Todos los Santos (1.° de Noviembre); la Concepción (8 de Diciembre) y la Noche-Buena (25 de Diciembre). Las movibles son: la Pascua (el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera); la septuagésima, la sexagésima y la quincuagésima (9.°, 8." y 7.° domingo antes de Pascua); la cuadragésima, Reminiscere, Oculi y Lætare (1.°, 2.°, 3.° y 4.° domingo de cuaresma); la Pasión (5.° de ídem); el domingo de Ramos (el anterior á Pascua); el de Quasimodo (el posterior á ídem); la Ascensión y Pentecostés (los días 40.° y 50.° posterior á ídem); la Trinidad (el domingo I. posterior á Pentecostés), y el Adviento (las cuatro semanas anteriores á Noche-Buena). 7. En los almanaques antiguos, las FIESTAS movibles se marcaban con color rojo. El número considerable de FIESTAS ha sido siempre favorable á las clases populares, que con ellas tenían algún descanso. En. Atenas, durante más de ochenta días del año estaban exentas de trabajar. Las FIESTAS cristianas fueron favorables también á la servidumbre durante el feudalismo; pero los tiempos han cambiado, 8. Respecto de nuestro país, hubo época en que el fanatismo de los gobiernos y de las costumbres se apoderó casi de la mitad del año, puesto que los días festivos eran ciento ochenta, incluyendo los santos y los natalicios de los individuos de la real familia, así como los santos patronales de cada población. Al principiar el siglo presente, pasaban de ciento todavía. Nuestra generación suprimió muchos días de fiesta del rito antiguo, porque se nota que la civilización de los pueblos tiende sin cesar á poner al hombre en posesión del tiempo, que es el gran capital de la vida. Esto explicará á nuestros lectores la inmensa conquista de Moisés, la primera que se ha realizado en la historia, consagrando á la religión un tiempo fijo, el sábado, el día de reposo. Estamos conformes en que tengamos ese día, ya para descanso y alivio del cuerpo, ya para solaz y esparcimiento del espíritu, ya para gozo de la familia, ya también para solemnizar nuestras creencias y nuestras esperanzas, como criaturas que tenemos nuestro destino más allá del sepulcro. Sí, estamos conformes en que ese dia llame á las puertas de nuestra casa; aunque no sea sino para decirnos y recordarnos que tenemos un Dios. ¡Ah! Cuando nos acordamos de tantas cosas insignificantes, sin hablar de cosas perversas, natural parece que, nos acordemos alguna vez de las memorias y de los días de nuestro Hacedor, á quien debemos un arcano capaz de amar y de creer; este arcano que busca en nuestra alma un algo supremo entre los torrentes de tantas grandezas y maravillas. Y debemos obrar así, no solamente para honra de la suma clemencia, que no necesita ni de nuestras lágrimas, sino para consuelo de nuestra pequeñez. El corazón se ensancha con un deleite que no se puede definir; el corazón suspira con un regocijo imponderable, cuando se medita que no puede haber un pensamiento humano, por pobre que sea, el cual no consiga hacerse eterno en un pensamiento divino. ¿Quién ganará más que la tierra, al verse guardada por la inmensidad de los cielos? ¿Quién gana más que el hombre, al divinizarse en su Creador? Si hay quien nos llama ateos, que su propio error se lo perdone, como nosotros se lo perdonamos. Hemos llorado muchas veces pensando en los males de la humanidad; hemos llorado en la soledad de los desiertos, al pie del Sinaí, al pie del Thabor; hemos llorado viendo la cruz en las faldas del Líbano; hemos llorado viendo los montes de la Judea; hemos llorado dentro de una capilla de Jerusalén, en el instante de bajar la cabeza y besar una lápida; y el hombre que llora al imprimir sus labios sobre la piedra del Santo Sepulcro, no debe estar conforme con vender su conciencia á la duda. No hostilizamos las tradiciones religiosas de nuestro país, siempre venerables, aun cuando sean supersticiosas, puesto que casi todas las fiestas de hoy, inspiradas por la devoción de nuestros mayores, se han convertido en huelgas populares, en que no se conserva ningún propósito moral, ningún sentimiento piadoso. Excusado parece decir que no vamos actualmente á la romería de San Isidro, por ejemplo, con el fin de orar en la capilla y de glorificar la memoria del santo, sino con la intención, más ó menos honesta, de pasear y de echar una cana al aire. El lector comprende sin duda que damos al asunto su expresión más inofensiva y más inocente, haciendo caso omiso de las demasías, de los insultos, de las pendencias, de las mil desgracias que tantas veces se han deplorado, hasta el punto de convertirse la pradera en una especie de campo de batalla, sin que hayamos podido averiguar quién es el enemigo de los españoles en aquellas guerras intestinas. Y si lo hemos averiguado, no lo podemos consignar aquí; porque hay ciertas verdades que no se pueden decir á un pueblo, ni aun cuando se trata de un pueblo noble y generoso. El primer año que nuestro padre nos llevó á San Isidro, tuvo que acudir la autoridad política con la ayuda de un batallón, puesto que los cien hombres que estaban de guardia en la romería, eran insuficientes para restablecer el orden. Recordamos que hubo 22 muertos y 60 heridos. Por otra parte: la copla más obscena que hemos oído en nuestra vida, la cantaba un ciego junto á la capilla de San Antonio, precisamente en la misma noche de su verbena. Y los oyentes escucha
ron la copla y se solazaron á más y A una moza de cocina se le quemó el delantal: si no acude la vecina, arde el piso. y se quema la...» El lector astuto adivinará lo que dejamos en el tintero; y ora lo adivine, ora deje de adivinarlo, se nos figura que todo esto no tiene que ver nada con la religión. Volvemos á decir que estamos conformes con aquel día de respiro, como demostración de culto y como tregua de humanidad. Fuera de aquel día, esencialmente religioso, los pueblos deben ser muy parcos en amortizar la primera de todas las fuerzas posibles, el tiempo, ese tiempo de que tuxo necesidad la mismà Omnipotencia creadora, puesto que el Génesis nos dice que la Omnipotencia creadora tuvo necesidad de siete días para sacar al mundo de la nada. La vacación repetida y frecuente nos hace perder la buena costumbre del trabajo, rompe el sistema de las ocupaciones, enfría el espíritu de la empresa, infunde malos pensamientos, relaja las costumbres privadas y públicas; aumenta los crímenes, paraliza la educación, retarda la administración de justicia, prolonga el despacho de los negocios económicos y administrativos; turba la existencia de los gobiernos y de las naciones, amén dé causar una pérdida lastimosa en la producción de la ciencia, del arte, del comercio, de las industrias y de los oficios; cuya pérdida, con relación á nuestro país, no baja de 30.000.000 diarios. Por consecuencia, el precepto ó el fanatismo que se apoderó de ciento ochenta días todos los años, usurpó á las creaciones de la actividad española más de 5.000.000.000 anuales. Así se explica que la España de entonces tuviera muchos rezos, mucho farol, mucho rosario, muchos maitines, muchas procesiones, muchas avemarías, muchos paternoster; pero mucho vago, mucho andrajoso, mucho ignorante, mucho ladrón, mucho asesino, mucha criatura degradada, sin contar algún favorito de nuestra historia, semidiós de una corte impúdica, el cual da comedias de balde para entretener la miseria de los esclavos, para hacer olvidar la abyección de una turba perdida. Hemos dicho turba perdida en lugar de decir pueblo desgraciado. Adviertan los lectores que aquellas comedias gratuitas eran muy malas, en' lo cual fué justo el favorito, puesto que ni aquel favorito, ni aquel teatro, ni aquella corte, ni aquella gente, valían un bledo más. Esto no obstante, tenían CIENTO OCHENTA DÍAS FESTIVOS. Hoy tenemos menos de la mitad de aquel catálogo; pero aun el cuadro de nuestras fiestas merece Ilamar la atención de los pensadores, sin embargo de reconocer y de apreciar por nuestra parte las trascendentales reformas que ha operado el espíritu liberal de algunos siglos, no rebelándose contra los misterios de la Cruz, sino inspirándose en la santa moral del genio cristiano. Nuestros ilustrados lectores, sean cuales fueren sus creencias en este punto, porque aquí no atacamos la creencia de nadie, nos permitirán que suspendamos una parte del velo que cubre este nicho. Para el sistema de rigurosa imparcialidad que seguimos en este Diccionario, la cuestión presente es un asunto histórico; y la historia de los venideros debe saber cómo vivimos en el día de hoy. Volvemos á decir que lo que sucede en nuestra época, no es ni el simulacro de lo que acontecía en otros tiempos; pero aun así, vean nuestros lectores una pequeña parte de lo que sucede en la Lactualidad 1. Llega año nuevo y nadie piensa sino en holgar, gastando las economías que pueda tener, dado el caso dichoso de que las tenga; caso dichoso que suele padecer el achaque de ser muchas veces caso excepcional. ¿Quién es tan pobre, quién vive tan lejos del trato de gentes, que no se conceptúe en la obligación de hacer uno de esos regalos, mayor ó menor, con que acostumbramos á solemnizar el día de los Reyes? Los primeros días de Enero, desde el 1 al 7 inclusive, son un tiempo casi perdido, cifras que nuestras manos borran en el libro de la Providencia. 2. Llega el 17 del mismo mes y nos sale al paso el día de san Antón. Un padre de familia no tiene 100 reales para disponer á su hijo y enviarlo á una escuela; mas ¿quién no tiene media onza para enjaezar el caballo con alamares y cintas de raso ó terciopelo desde la crin hasta la cola? Hay necesariamente que hacer la romería de la clásica calle de Hortaleza, llegar á la puerta de Santa Bárbara, ladear los ojos al Saladero, volver... ¡Un ángel nos asista! Pero ¿quién vuelve sin los panecillos de san Antón? ¡Vaya! ¿Quién tiene espíritu para pasar todo aquel día sin los paneci Ilos? 3. Pues á poco llega el carnaval. ¿Quién no disfraza á un niño, aunque sea con percalina de á doce cuartos? ¿Quién no acude á un prendero para disfrazar á la niña? ¿Quien no va al Prado el martes? ¿Quien no da una broma en un baile de máscaras? ¿Quién no se come nn par de libras de escabeche en la pradera del Canal, celebrando el entierro de la sardina? Sobre todo, ¿quién pasa un carnaval sin traer á su casa el hojaldre de todos los siglos? Una señora decía á su esposo: « Chico, podríamos pasar sin el carnestolendas; pero no podemos pasar sin el hojaldre.» Y el marido contesta: «Si, hija mía: ¡el hojaldre, el hojaldre!» 4. Pues llega el día 19 de Marzo y nos damos da cara con san José. Un José pudiera prescindir... hasta de su santo; pero ¿cómo prescinde de un ramilleté? Una de las confiterías de más lujo que hay en Madrid, la de la ca Ile de Carretas, mostraba un ramillete de cinco cuerpos, el cual llegaba, desde el mismo suelo, hasta el cieloraso de la tienda. Es muy posible que su precio no bajara de 150 á 200 duros. También es muy posible que don José Posada Herrera, á quien estaba dedicado, hubiera aceptado con más gusto un solo párrafo de un buen libro. Estamos ciertos de que el importe de los ramilletes que se consumen en Madrid con motivo del día de san José, no baja de 50.000 duros. Pero, en fin, si no tenemos bibliotecas, tenemos... ramilletes; y váyanse los ramilletes por las bibliotecas. 5. Pues ahora llega la Semana Santa, época de emoción profunda para el cristiano. Pero ¿cómo relacionar esa emoción profunda con la pastelería? Y, sin embargo, ¿quién pasará una Semana Santa sin llevar á su casa un pastel? Otra señora dice á su esposo: «Chico, podríamos pasar... hasta sin las tinieblas; pero no podemos pasar sin los pasteles.» El hombre se pone el sombrero y trae pastèles; es decir: trae los pasteles de Semana Santa. Y la mujer grita: «¡El pastel, chico!» Y el hombre clama: «¡Chica, el pastel! 6. Pues ahora llega el 15 de Mayo, esto es, san Isidro, patrón de Madrid, como si dijéramos: LA GORDA. ¿Quién no va á la pradera el día antes á las cuatro de la mañana? Se toma una jícara de chocolate, unos cuantos bizcochos, un vaso de agua con un azucarillo: totàl, un duro. ¿Quién no va el mismo día de la FIESTA entre cinco y seis de la tarde? ¿Quién no sube la cuesta del santo, entre el clamoreo de los pitos, de los torrados, de las algarrafas de Alcorcón, de las rosquillas de Fuenlabrada y de la tía Javiera? ¿Quién no bebe agua de la fuente del santo, para verse libre de calenturas? ¿Quién no saluda á san Isidro el Labrador, dejando en la capilla la mitad del sombrero y medio hombro? ¿Quién no sufre las deliciosas apreturas del puente de Toledo? ¿Quién no procura los sabrosos magullamientos del tran vía? He aquí la pintura al natural de una pobre familia que acaba de llegar de san Isidro: la criada viene con el cesto todo magullado, dos botellas quebradas y dos platos rotos; á la niña se le perdió una bota; el niño se metió en una zanja hasta la rodilla, la madre perdió el abanico; el padre aparece con un brazo vendado, á consecuencia del airado vaivén de un columpio, no incluyendo en la cuenta cuatro duros menos y una arroba de polvo más. El ama de casa, que es una señora muy gruesa, más encendida que una amapola, sudando á mares por todos sus poros, sin el consuelo de hacerse aire, porque habia naufragado el adminiculo encargado de este interesante ministerio, se deja caer sobre una butaca, exclamando con todos sus pulmones: «¡Gracias á Dios! ¡Ya pasó san Isidro!»
7. Pues ahora viene el día 21 de dicho mes, ó sea la feria de Madrid. Esta noche; al Prado; un muñequito, un paseo, al café y á casa; lo cual quiere decir que vuelven á su casa con tres cosas: el café, el paseo y el muñequito, ó bien el muñequito, el café y el paseo. 8. Pues ahora llega el 13 de Junio; la verbena de san Antonio de la Florida: un paseo en coche por las afueras de la Puerta de San Vicente y un ramito del santo. 9. Pues ahora llega el 23 de Junio, la famosa verbena de san Juan. Una mujer dice á su marido: «Mira, te advierto que, en casa de mis padres, ningún año dejamos de ir á una buñolería, que está cerca de san Jerónimo, para comer los churros.» Y el marido contesta: «Pues, hija: ¡á los churros!» Y la mujer responde: «Pues, hijo: ¡á los churros!» Se van al Prado, toman los churros. en la buñolería que está cerca de san Jerónimo, salen, un tomador del tres roba 6.000 reales á una señora que los llevaba ocultos en el seno; la policía acude, el ladrón se rehace, los palos menudean, el sombrero de nuestro marido rueda por el suelo, su mujer clama... ¿Qué importa? Habia seguido la costumbre de su padre y debía bailar en un pie. ¡Sin churros, nada! ¡Todo, con churros! 10. Pues ahora llega el dia 28 del propio mes y año; y con el día 28, la inmemorial verbena de san Pedro. ¡A los churros y al Prado! Sobre todo, ¡á los churros! 11. Ahora viene el 16 de Julio; la verbena del Carmen: otro paseo nocturno y un ramito. 12. Pues ahora llega el ó de Agosto, que ès la verbena de san Cayetano: otrorramito y otro paseo. 13. Pues ahora llega el 10 del mismo; la verbena de san Lorenzo: otro paseo y otro ramito; ó bien otro ramito y otro paseo, lo cual demuestra que no podemos excusarnos de otro paseo y de otro ramito, ó de otro ramito y de otro.paseo. 14. Pues ahora llega el 14 del mismo mes, que es la verbena de la Virgen de la Paloma: otro paseo y otro ramito. 15. Ahora llega el á de Septiembre; la feria de Atocha. Una mujer dice á su marido: «Desde que tengo uso de razón, no recuerdo que se pasara un año en casa de mis padres sin comer los melocotones de la Virgen de Atocha. Conque, nada, hijo mío, ¡A los melocotones de la Virgen!» Y el marido exclama entusiasmado: «A los melocotones!» Visten á dos niños que tienen y se van á Atocha. Uno de los niños tropieza con unos vasos de cristal que están cerca del camino, los vasos se rompen, el niño cae, se hiere un labio, la sangre corre, el padre se turba, la madre chilla y el mercader reclama el importe de los vasos rotos. El marido quiere pagar y nota que le falta el bolsillo, en donde llevaba tres duros y algunas pesetas. Por consiguiente, se van á su casa sin los tres duros, sin los melocotones y con la criatura herida. Estos percances no impidieron que volvieran al día siguiente, porque era necesario que la señora comiese los melocotones que se habían comido en casa de sus padres. De manera que si sus padres ó sus abuelos hubieran ardido en la Inquisición, sería necesario que sus propios hijos ardieran también. 16. Pües ahora llega el 8 de Septiembre, fiesta de la Virgen Ilamada melonera, la cual se solemniza con grandes regodeos en Vallecas y en la Puerta de Atocha. 17. Pues ahora llega el mes de Noviembre con el día de Todos los Santos. Hay por fuerza que ir al cementerio; hay que llevar algunas flores á nuestros difuntos, lo cual nos parece muy bien; y, á renglón seguido, hay que ir en busca de los buñuelos y del aguardiente. ¿Quién pasa un día de Todos los Santos sin el aguardiente y los buñuelos? Pero, ¡señor! ¿Qué tendrán que ver Todos los Santos con los buñuelos y el aguardiente? 18. Pues ahora llega el mes de Diciembre con la Navidad. ¿Quién se entiende en Madrid con tanto pito, con tanta flauta, con tanto tambor, con tanta carraca, con tanta pandereta? ¿Quién baraja á los chicos con tanto nacimiento? Una mujer dice á su marido: «Yo me resignaré á pasar con dos camisas en lugar de cuatro; me contentaré con un par de botas en lugar de dos; renuncio al velo; suprimo los guantes; desisto del refajo; me despido de la mantilla; pero pasar las Pascuas sin alguna caja de Gijona, sin algún mazapán de Toledo, sin alguna granada de Játiva, sin algún capón, sin algún pavo, sin la sopa de almendra, la verdad, el corazón se me cae á los piés. Sobre todo ¡el besugo!» Y el marido se pone el sombrero, tal vez pide prestado, quizá empeña el reloj; y vienen el besugo, la sopa de almendra, la granada, el pavo, el turrón, el mazapán; y viene el cartero por la propina, y el sereno del barrio, y el repartidor del periódico, y el guardián del alcantarillado, y el barrendero, y el portero, y el mozo del café; y hay muchos gozos, y pasan las Pascuas y el marido se encuentra empeñado. Pero se encuentra algo más que empeñado, porque está empeñado y desvanecido. Sí, vida semejante produce el efecto del huracán: nos hace perder la luz de los ojos y hasta la luz de la conciencia. 19. Pues ahora vienen en tropel el santo del padre, de la madre, de las criaturas; el santo del abuelo; el santo de la abuela, del tío, de la tía, del primo, del ahijado, del principal, del protector, del maestro del niño, de la maestra de la niña, del ama de leche. Y vienen también el primer pinito de la criatura, el diente que nace, y la muela que asoma, y nunca falta un alifafe para desangrar nuestra paciencia y nuestro bolsillo. Esto, mas que una vida, es una especie de frenesí. De nadie nos quejamos; á nadie nos dolemos; todo está muy bien; todos tienen razón; si algunos no la tienen, somos nosotros; pero el lector comprenderá que este mundo está organizado de manera que, al exhalar el hombre el último suspiro, no puede tener para comprar un ataúd. ¡Cuántos besugos en todas partes! ¡Cuántos melocotones! Y ¡nunca falta un melocotó! ¡Nunca falta un besu Silos años que hemos malgastado los hubiéramos empleado en cosas útiles, España sería sin disputa la primera nación del globo. ¡Qué dolor tan grande! ¡Qué pena tan horrible! Somos los primeros en admirar las cosas notables de nuestro pais, que son muchas, más de lo que se cree de ordinario; nuestro sentimiento de patria es capaz de una expansión grande, muy grande, dentro de la cual todos podemos glorificarnos con las glorias de la madre común; pero por lo mismo que nos honramos con el nombre de hijos de España, tenemos el derecho de hablar de los españoles, como si habláramos de nosotros mismos. Aquí estamos ansiando que aletee una mosca, para sacar del aleteo de un insecto un dia de fiesta, y urge modificar esos instintos romancescos de la andante caballería, esos antojos vagabundos de Don Quijote de la Mancha, sueño encantado de la dama de los torneos. Cada siglo vive con su existencia propia, como cada día se alumbra con su sol, y hoy no basta ya ni la ejecutoria de los blasones, ni la antigüedad dè un escuoò dè armas, ni 'er rezo dèi fraile, ni la rodela del soldado, ni las almenas del castillo, ni la poesía de los trovadores, ni el bastón con borlas, ni la divisa de mi Dios, mi rey y mi dama. Las naciones modernas no pueden salvarse sino á un precio, que es el siguiente: educación, trabajo, virtud y economía. Esto, unido á la ayuda de la Divina Providencia, es el bien que pedimos para nuestra patria, á quien amamos con todas las veras de nuestro corazón.
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