Roque Barcia · 1880-1883
Ferrojo
tomo 2 · página 731 · ver la página del original
Ferrojo. Masculino anticuado. CEFerrol.
Masculino. Geogra fía. Ciudad con ayuntamiento, en la provincia civil, audiencia territorial y capitanía general de la Coruña, diócesis de Mondoñedo, partido judicial, departamento y distrito marítimo de su nombre.—Se encuentra en la ribera Norte de su ría, entre las ensenadas de Carranza, por el Este, y de Malata, por el Oeste; en la parte septentrional de la península, á los 43° 28/ 45 de latitud y 4° 31' 00" de longitud occidental del meridiano de Madrid. —La temperatura es benigna: el clima, sano: su población, 23.000 habitantes.— El recinto de la ciudad se halla perfectamente defendido por un muro aspillerado con varios baluartes y baterías, en las que pueden montarse hasta 209 piezas de distintos calibres. Las obras de estas fortificaciones formidables empezaron en 1769, concluyeron en 1774, y costaron 1.250.000 pesetas (cinco millones. de reales). Fórman parte de la defensa las costas de la ría, en cuyo estrecho ó garganta se encuentra, en la del Norte, el fuerte de San Carlos; más adelante, en el punto más angosto, el castillo de San Felipe; y en la del Sur, los de San Martin y la Palma. Estos tres castillos, que forman un triángulo isósceles, esto es, compuesto de dos ángulos iguales, están construídos con extraordinaria solidez, ocupan una posición ventajosísima y pueden contener un considerable número de cañones. Pero el que por sí sólo basta para defender la entrada del puerto de cuantas fuerzas navales pudieran reunirse para atacarle, es el de San Felipe, considerado como la llave de la ría. Esta inexpugnable fortaleza, levantada sobre un promontorio que forma la costa, domina toda la ría, de suerte que sus fuegos
enfilan por completo el canal. Su construcción es admirable: consta de una gran batería baja, de otra más elevada y de la que constituía el antiguo castillo. Sobre ellas pueden montarse hasta 150 cañones: la alta está á barbeta, y las otras dos, á merlones; pero las tres, con excelentes explanadas de sillería. Por la parte de tierra, se compone de un hornabeque con su foso, camino cubierto, con dos caponeras á prueba de bomba y susceptible de más de 40 cañones. El entendido coronel don Angel del Arenal, hablando de la defensa de la ciudad por la parte del mar, dice: «Los establecimientos del FERROL jamás podrán ser tomados por los enemigos, aun cuando no se empleen para defenderlos sino fuerzas medianas; y la lección que llevaron los ingleses en 1800, al paso que demostró prácticamente esta verdad, servirá de freno para que nadie se atreva en adelante á emprender cosa alguna contra estos arsenales, si se cuida de mantener sus defensas en buen estado. Y. que esta opinión del señor Arenal, si de algo peca, no es de exagerada, pruébanlo, no sólo el descalabro que, en Agosto de 1800, sufrió la formidable flota inglesa, mandada por el almirante Waren, sino el empeño que lord Chatham demostró en su tiempo de que los establecimientos del FERROL fuesen destruídos á cualquiera costa; y las significativas palabras que se escaparon al prudentísimo y taciturno Pitt, cuando en 1776 fué á reconocer por sí mismo las obras de defensa de la ría. «Si la Inglaterra, dijo el célebre ministro inglés, tuviese en sus costas un puerto como el del FERROL, su gobierno lo cubriría con una robusta muralla de plata: with á strong wall of silver.»—Con efecto, el puerto del FerroL es uno de los mejores de Europa, tanto por la profundidad de sus aguas cuanto por su extensión y seguridad. Una de las muchas ventajas que reune, consiste en que apenas puede ser bloqueado, pues es muy peligroso permanecer en el golfo que forman los cabos Ortegal y Vilaño, no contando con un puerto amigo en la costa. La entrada mide sobre tres kilómetros de largo por 500 metros de ancho en su parte más estrecha; el canal, que tiene de 8 á II brazas de agua, no puede recibir más que un solo buque á la vez. La corriente es rapidísima; circunstancia que obliga á las embarcaciones, cuando quieren entrar é salir del puerto, á esperar durante una hora el flujo ó reflujo de las aguas. Su concha ó fondeadero es de una inmensa y sólida construcción: cada buque tiene su almacén separado.—La población está dividida interiormente en tres partes, denominadas: FERROL viejo, FERROL nuevo ó la Magdalena, y Esteiro. Las calles se hallan generalmente cortadas en ángulos rectos, excepto las del lado de las fortificaciones, que son menos regulares: las plazas son muy agradables y espaciosas; y sus mejores edificios, las Casas Consistoriales, la escuela naval, la cárcel, el ex convento de San Francisco, la iglesia de San Julián, el cuartel de guardias marinas, los hospitales civil y militar, las academias de náutica y de matemáticas para los pilotos, la capitanía general del departamento marítimo é intendencia, la contaduría, la aduana, el matadero público y los vastísimos arsenales, que son la admiración de los españoles y la envidia de los extranjeros.—Las producciones de cereales, verduras, legumbres y frutas exquisitas que se cosechan en el término de la villa, apenas alcanzan al consumo y bastimento de los buques.—La industria posee varias fábricas de sombreros, de papel, de hilados, de encajes comunes, de curtidos de pieles y algunas cerrajerias.— El comercio cuenta con una aduana de segunda clase y la residencia de los consulados de Austria y los Estados Unidos; y de los viceconsulados de Francia, Inglaterra, Holanda, Rusia, Portugal y Méjico. Sin embargo, siendo su puerto exclusivamente militar, y careciendo de los medios de comunicación necesarios para proporcionarse los productos del interior y abastecer de géneros coloniales y extranjeros á los pueblos distantes de su costa, su movimiento comercial se ha Ila simplemente reducido al abastecimiento de los habitantes, de la marina y demás empleados del Gobierno. —El nombre de FERROL, suponen algunos, debe originarse del farol que, a semejanza del famoso faro u la Coruña, guiaba á los navegantes á su seguro puerto. Sin embargo, la primera noticia que de este pueblo se tiene, la cual no se remonta más allá del siglo XIII, es ya con aquel nombre. A mediados del siglo xIV y principios del xV, sufrió la ciudad varias epidemias; y en 1568 quedó reducida á cenizas por un incendio casual. La importancia que ya por entonces se daba á su puerto, hizo que la población, á pesar de aquellas desgracias, fuese acrecentándose considerablemente. En tiempos de Felipe II, partieron de aquél diferentes expediciones contra la Inglaterra, cuya nación soñaba ya con la idea de destruir sus hermosos arsenales. El 26 de Marzo de 1690, desembarcá en su muelle la princesa María Ana, segunda esposa de Carlos II; cuyo monarca, en recompensa de los buenos servicios que le prestaron los ferrolanos, les declaró, en 1691, exentos del servicio de levas de soldados y marinos; y en 1737, el rey Felipe V les dispensó del pago de las contribuciones en vista del estado de completa miseria en que se hallaba la población. Esta quedó reducida en 1752 á un pequeño' pueblo, habitado únicamente por algunas familias de pescadores, y frecuentado tan sólo por el cabotaje. Bajo el reinado de este último monarca, se dió impulso á nuestra marina, y se mandó hacer, por vía de ensayo, un arsenal en la villa de la Graña, el cual demostró las inmensas ventajas que ofrecía el FERRoL para un grande establecimiento naval: así es que, en tiempos de Fernando VI, mandáronse construir sus extensos, magníficos y sólidos arsenales, cuyas obras se llevaron á cabo con una rapidez verdaderamente extraordinaria. En 1751 existían ya doce gradas de construcción, y en 1770 quedaban terminados los diques para carenar en seco toda clase de buques, la dársena, para la seguridad de los mismos, y la obra del interior del arsenal. Desde esta época fué considerada la ciudad como el primer apostadero naval de España. El espacio que ocupa el astillero mide sobre 115.000 varas cuadradas próximamente. El 25 de Agosto de 1800, una poderosa escuadra inglesa, compuesta de 108 buques de guerra y transporte bajo las inmediatas órdenes del almirante Waren, y más de 15.000 hombres de infantería y artillería, mandados por el general Pulney, intentaron apoderarse de la plaza del FERROL, la cual se hallaba casi abandonada. A las cuatro de la tarde de aquel día, habían desembarcado ya en la playa de Doniños 10.000 hombres destinados á dar el primer asalto; el entusiasmo se apoderó entonces de los habitantes, que, en número muy escaso, se aprestaron con ardimiento á la defensa. Tres veces atacaron los ingleses el castillo de San Felipe, y otras tantas fueron rechazados por los de La Palma, San Martín y las lanchas cañoneras. El desgraciado éxito de sus rertéradds téntativas y er éerorá la mudanza del tiempo que presagiaran, les obligó á reembarcarse y á desistir de su temeraria empresa. El día 27 del expresado mes dábase á la vela la expedición, sin otro resultado que la pérdida de un general, 1.200 hombres muertos y algunos caballos, lanchas y botes, que, con la precipitación y el desorden, dejaron abandonados en la playa. En 1809 y 1823 fué sitiada y bloqueada por los franceses, siendo rendida con una honrosa capitulación.—La ciudad del FERROL ostenta por armas una torre almenada, con un farol encima, apoyado en una pértiga, cuyo blasón parece confirmar el origen etimológico de que hablamos antes. Los ferrolenses se distinguen por la sencillez de sus costumbres, por su generosa hospitalidad y la cultura de su trato.
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