Roque Barcia · 1880-1883
Federico
tomo 2 · página 699 · ver la página del original
Federico. Masculino. Nombre propio de varón.
ETIMOLOGÍA. Germánico frid, paz. Federico representa Fridico. Federico II. Rey de Prusia, apellidado el Grande, hijo de Federico Guillermo I, que nació en 1712 y murió en 1786. Sucedió á su padre en 1740, y se declaró contra María Teresa á la muerte del emperador Carlos VI. Venció en -Mollwitz y en Czaslaw, y obtuvo parte de la Silesia; hizo una invasión en Bohemia, en 1744; obligó al Austria á pedir la paz, después de haber ganado cuatro batallas contra ella; volvió á tomar las armas en 1756; derrotó á los austriacos en Praga y á los franceses en Bosbach, y habiéndose declarado contra él la Rusia, sufrió una serie de descalabros, que estaba á punto do eclipsar su gloria, cuando la muerte de la emperatriz Isabel produjo un
FEDÍ cambio en la política rusa. Firmó la paz en 1763, hizo el primer reparto de Polonia con Austria y Rusia, en 1778, y después de otra guerra con la primera de estas potencias, motivada por la sucesión de Baviera, accedió á la neutralidad armada que acordaron las potencias del Norte en 1781. Considerado como gran capitán de su siglo, la estrategia le debe muchos de los adelantos modernos; como protector de las ciencias y de las artes, llamó á su corte á Voltaire, Diderot, D’Alembert y otros escritores y filósofos de su época, teniendo con ellos las más francas relaciones de amistad; como hábil administrador y profundo estadista, elevó su reino á tal grado de importancia y grandeza, que inspiró serias inquietudes á los soberanos de Europa; como literato de escuela y erudito de gran extensión, ilustró la literatura de su siglo con las obras siguientes, que son las más notables: Memorias para escribir la historia de la casa de Brandeburgo; Historia de su época, é Historia de la guerra de los Siete años. Nuestro personaje, represéntación colosal de sus tiempos, ofrece al mundo el espectáculo singular de un hombre que vive en el bullicio del conquistador y el silencio del sabio; entre campañas y cuerpos científicos, entre soldados y filósofos, entre embajadores y poetas. Cuando divisamos toda la figura de aquel grande hombre, no comprendemos quien fué más poderoso: si su brazo ó su espíritu. Tampoco comprendemos quién fascina más: si el arrebato de su ambición ó la esplendidez de su gloria, como si su vida se hubiera dado en iguales porciones á la victoria y al portento, al hierro y al libro, al espanto y á la maravilla. El gran FEDERICO se comunicaba con la enciclopedia, ó la enciclopedia se comunicaba con el gran FEDERICO, como si Francia hubiese sido un arrabal de Prusia, ó como si Prusia hubiese sido un arrabal de Francia. Entre las expresiones felices de nuestro personaje, que eran muchas, hay una graciosísima: «el rey á quien más temo, es al rey Voltaire.» Esto decía FEDERICO el Grande, y tenía razón que le sobraba. Voltaire fué más guerrero con la pluma que el gran FEDERICO con sus falanges. Y este es el carácter inmenso del personaje que aquí se reseña. Aquel personaje vislumbró á lo lejos la verdad siguiente, tan inconmensurable como la historia: «el rey del genio es mucho más que el genio del rey.» La existencia de FEDERICO el Grande pertenece á la admiración de la humanidad: su cuerpo frío, al panteón de los colosos.
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