Roque Barcia · 1880-1883
Esquines
tomo 2 · página 557 · ver la página del original
Esquines. Célebre orador ateniense, que nació en Cotócida (Atica), hacia el año 393 y murió en 314 ó 318 antes de Jesucristo. Era hijo de un pobre maestro de escuela y de una tocadora de tímpano. Fué primero atleta; luego, cómico de la legua; más tarde, amanuense de un magistrado, y últimamente, el mejor orador de la Grecia, después de Demóstenes. Era hombre de carácter arrebatado, violento, y algunas veces, injusto; pero de ingenio sagaz, dotado de una presencia agradable, de una voz sonora y armoniosa y de un entendimiento tan bien cultivado como penetrante y sutil. Nombrado embajador cerca de Filipo, como se hiciera su amigo y favoreciese sus proyectos, Demóstenes, que defendía la independencia de la patria, le acusó ante el pueblo, no precisamente de traición, sino de prevaricaciones políticas, pidiendo contra él la pena de muerte. En venganza, acusó ESQUINES á Ctesifón, el cual había propuesto que se diese una corona de oro á Demóstenes, y tomando éste la defensa de su amigo, empeñóse entre ambos rivales la célebre lucha que produjo el discurso Pro corona. La primera parte del acta de acusación que presentó ESQUINES contra Ctesifón es, según opinión de personas autorizadas, un excelente alegato, irrefutable bajo el punto de vista jurídico: la segunda, en que formula sus acusaciones contra Demóstenes, es vivísima, á veces patética y siempre brillante; pero se ve demasiado al sofista, al declamador, al enemigo injusto; por lo que no es de extrañar que sus prodigios de talento y hasta de elocuencia no alcanzaran éxito, aun teniendo en su favor el texto de las leyes. Respecto á su elocuencia, he aquí lo que dice un distinguido crítico francés: «Es QUINES no escribió más que los tres discursos que poseemos, llamados por los antiguos las Tres Gracias. Son unas gracias á veces un tanto muelles y afectadas; pero dignas con todo de su nombre. Quintiliano acusa con razón á ESQUINES de tener más carne que músculos. ESQUINES es un artista y un hombre de imaginación, mucho más que un lógico poderoso. Dispone muy hábilmente el plan general de un discurso; mas no sabe trabar estrechamente las partes, ni condensar los argumentos, ni producir aquella unidad de impresión que es el triunfo de la elocuencia. Es ardiente, arrebatado, lleno de animación y brillantez; abunda en expresiones felices y en figuras tan atrevidas como exactas; á veces se extralimita de su objeto, si se juzga lo que dice, no según las reglas de la verdad absoluta, sino según las que él conceptuaba verdaderas. quizá pesa demasiado las palabras, como todos los que asistieron á la escuela de Isócrates: dice demasiado, más de lo que debiera, y perjudica involuntariamente su causa; pero nunca se le puede acusar de hablar sin decir nada. Dista mucho de ser un orador perfecto; pero es de los mejores que ha habido en el mundo»—ESQUINES fué vencido, acusado de calumniador y obligado á expatriarse, retirándose á Rodas y luego á Samos, donde abrió una escuela de elocuencia, muriendo á la edad de 79 años. De los discursos que pronunció, sólo publicó estos tres: Contra Timarco; Sobre la embajada, y Contra Ctesifón. Reseña histórica.—ESQUINES figura entre los diez ilustres oradores áticos. Dícese que en su juventud fué pasante de la escuela de su padre; que, inscrito en el número de los ciudadanos, obtuvo después cierto cargo público entre los magistrados subalternos, lo que le sirvió para adquirir cierto conocimiento de las leyes, y, en fin, que se dedicó á la declamación oratoria. No está averiguado que fuera discípulo de Sócrates y de Platón. Era viejo ya cuando principió á mezclarse en los asuntos del Estado; pero su talento le agenció bien pronto una grande influencia. La ardiente oposición que hizo á los proyectos de Filipo, rey de Macedonia, le valió la confianza de los atenienses, que le enviaron al Peloponeso como embajador para suscitar enemistades contra aquel príncipe; pero ESQUINES se vendió á Filipo, dejó insertar en el tratado de paz cláusulas desfavorables á su patria, permaneció muchos meses en Pella bajo pretexto de esperar la vuelta del rey, en vez de ir inmediatamente á recibir su juramento, permitiéndole de este modo preparar nuevos triunfos y engañando á los atenienses sobre las operaciones de los macedonios. Cuando Demóstenes y Timarco se disponían á acusarle del crimen de traición, ESQUINES, lejos de rehuir el debate, acusó á Timarco de haberse vendido al oro enemigo, lo que implicaba la incapacidad legal de presentarse en la tribuna. Cuando Demóstenes pudo pronunciar su famosa Arenga sobre las prevaricaciones de la embajada, habían transcurrido tres años y se habían olvidado los manejos de ESQUINES. Los atenienses, ligeros é incorregibles, le nombraron para el Anfictionado de Delfos (340), donde aun halló medio de facilitar á Filipo la toma de Elatea, que era la llave de la Grecia. En 338 acusó á Ectesifón con motivo de la corona que había propuesto se decretase á Demóstenes; pero la muerte de Filipo hizo diferir el juicio hasta el año 330. No habiendo podido Esqui NES reunir la quinta parte de los votos, fué condenado á una multa de mil dracmas (unas novecientas pesetas), y se desterró voluntariamente por no poderla pagar. Los tres discursos que existen de él pueden verse en los Oratores Grœci, de Reiske (Leipzig, 1771), que han sido publicados también por Schœfer y por Brenú. Después de Demóstenes, ESQUINES ocupa el primer puesto entre los oradores de Grecia. Su elocuencia se distingue por la abundancia y la claridad de las ideas, y su estilo, por la feliz elección de las expresiones. Se le atribuyen doce cartas, publicadas por Sammet (Leipzig, 1771), pero son obra de cierto sofista. Véanse Matthæi, De Æschine oratore (Leipzig, 1779); y Stechow, De Æschinis oratoris vità (Berlin, 1841).
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