Roque Barcia · 1880-1883
España
tomo 2 · página 510 · ver la página del original
España. Femenino. Reino de Europa situado entre el Océano y Mediterráneo al Mediodía de los Pirineos, y cuyo lenguaje dejamos consignado en este Diccionario. (CABALLERO.)
Reseña.—Estado de la Europa meridional, que ocupa hoy la mayor parte de la península ibérica. 1. Situación astronómica.—El punto más boreal de esta comarca se halla en el extremo de la Estaca de Vares, en el mar Cantábrico, cuya latitud es de 43° 47' 29" Norte: el más austral, en la punta de Tarifa; su latitud, 35° 59 49" Sur: el más oriental, en el cabo de Creus; su latitud, 7° 0' 36" Este: el más occidental, en el de Torinana; su latitud, 5° 38 11" Oeste del meridiano de Madrid.
2. Limites.—Colocada ESpAna en la extremidad Sudoeste de Europa, se halla ceñida en todas direcciones po el Océano y el Mediterráneo; enlazada por los Pirineos con el continente europeo, y separada por el estrecho de Gibraltar de la vasta peninsula africana. No caben límites naturales más patentes, ni posicion geográfica mejor definida.
3. Extensión.—La superficie de la parte continental é islas adyacentes es de 507.715 kilómetros cuadrados: su mayor longitud, de Oriente á Occidente, de 1.100 kilómetros, desde el cabo de Finisterre hasta el de Creus; su mayor latitud, de Norte á Mediodía, de 880, desde el cabo de Peñas hasta la punta de Tarifa. En el Mediterráneo tiene nuestro país 1.386 kilómetros de costa; en el Atlántico, 1.287, cuyas cifras hacen un total de 2.673 kilómetros medidos, no en línea recta, sino siguiendo su configuración natural: agregando ahora á
esta extensión los 506 kilómetros de frontera de Francia, y los 1.028 de la de Portugal, resulta que su contorno, muy parecido al de una piel de toro extendida, comprende sobre 4.207 kilómetros, bañados, en sus dos terceras partes, por las aguas del mar.
4. Golfos.—El aspecto del litoral español participa del carácter general de la comarca, y le presenta, excepto en la embocadura del Guadiana, como orlado de montes. Tanto el Océano Atlántico como el Mediterráneo, ofrecen pocas entradas ó golfos en sus respectivas costas: el de Vizcaya, pertenece, en gran parte, al sistema de mares de Francia: el de Almería, al Sur, el de Alicante, al Sur y Surdeste, y el de Rosas, al Norte y Nordeste, en el Mediterráneo, son poco considerables: las bahías ó pequeños golfos que se encuentran en las costas occidentales, son las de la Coruña, Pontevedra y Vigo.
5. Cabos.—Los que más se distinguen é influyen en la configuración particular de nuestra península, son: en el Atlántico, el de Machichaco, en Vizcaya; el de Peñas, en Asturias; los de Ortegal y Finisterre, en Galicia; el de Trafalgar, en la entrada del Estrecho, y la punta de Tarifa, en la parte más meridional de Andalucía; en el Mediterráneo, el de Gata, en Almería; el de Palos, en Murcia; el de San Antonio, en Valencia, y el de Creus, en el punto más oriental de Cataluña. 6. Orogra fía.—Después de la Suiza, ESPAÑA es indudablemente el país más montuoso de Europa. El extenso y elevado terraplén que forma su suelo, presenta una superficie muy desigual, atravesada, en dirección de Este á Oeste principalmente, por una infinidad de largas cadenas de montañas de una considerable elevación. Los Pirineos, los Cántabros, los montes Ibéricos y sus ramificaciones occidentales, la cadena de la Estrella, la Sierra Morena y la Sierra Nevada, constituyen el sistema ibérico ó hispánico, del cual nacen todas las cordilleras de montañas que dividen y cruzan el territorio. Las cimas más elevadas de los Pirineos, propiamente dichos, se encuentran en el centro de la cadena; esta elevación es menos notable en el Mediterráneo y el golfo de Vizcaya: hacia el Norte, se extienden, casi paralelamente á la costa, con las denominaciones de pirenáicos, cantábricos, astúricos y galáicos, y varios de sus ramales se prolongan hacia el Mediodía, tomando, en Navarra, los nombres de San Adrián é Higa de Monreal; en Aragón, los de Naval, Huesca y Ribagorza; en Cataluña, los de Montseny, Priorato, Prades y Montserrat, y pasando luego á la derecha del Ebro, los de puertos de Tortosa y montes del Maestrazgo. De la gran cordillera pirenáica despréndese, en Reinosa, la llamada ibérica, la cual baja serpenteando el estrecho de Gibraltar y formando las dos grandes vertientes que determinan el curso de sus principales ríos; una, al Oriente, que envía sus aguas al Mediterráneo; y otra, al Occidente, que las vierte en el Atlántico. El grupo denominado carpeto-vetónica, del nombre de dos pueblos antiguos, los carpetanos y los vetones, parte de Moncayo con rumbo de Este á Oeste, y, separando ambas Castillas, da origen á las sierras de Paredes, Barahona, Somosierra, Guadarrama y Fuenfría; las de Puerto del Pico, Béjar y Peña de Francia, al Sur de León, y las de Gredos y Gata, entre éste y Extremadura, internándose después en Portugal para formar la de la Estrella, que se pierde en el cabo de la Roca. De la serranía de Cuenca arranca la cordillera denominada la Oretana, que determina el curso del Tajo, y, atravesando Castilla la Nueva de Oriente á Occidente, forma en ella los cerros de Uclés, los montes de Toledo, las sierras de Yébenes y Guadalajara, y en Extremadura, las de Montánchez y Marchal. Con la sierra de Alcaraz se enlaza la cordillera llamada mariánica, que comprende el monte Marianus, de los antiguos, y que, separando á Castilla la Nueva de Andalucía, va tomando los nombres de Sierra Morena, Cazorla, Loma de Ubeda, los Pedroches de Córdoba, Guadalcanal, Aroche y Aracena, terminando casi en la embocadura del Guadiana, cuya cuenca separa del Guadalquivir: y, finalmente, el grupo peni-bético que, derivándose de la sierra de Baza y prolongándose en varios ramales hasta el estrecho de Gibraltar, produce las sierras de Guadix, montes de Granada y de Grazalema, Sierra Nevada, Serranía de Ronda y de los Gazules, Gador y las Alpujarras. Las cumbres más elevadas son el pico de Mulhacén, en Sierra Nevada, punto el más culminante de nuestro sistema orográfico, el cual mide 3.555 metros de elevación; el Monte Perdido ó Mont-Perdu, en los Pirineos, de 3.403 metros, y el de Gredos, de 3.216 sobre el nivel del mar. 7. Hidrogra fía.—A 250 elevan los geógrafos el número de los ríos que bañan y fecundizan nuestro suelo, determinados por cuatro grandes vertientes: la cantábrica, la ibérica, la lusitana y la bética. Los que nacen en los Pirineos cantábricos y astúricos, desaguan en el golfo de Vizcaya y su curso es, por consiguiente, de muy poca extensión: entre los restantes, los más caudalosos son los siguientes, que terminan en las dos cuencas del Mediterráneo y del Atlántico.—En el Mediterráneo, entran: el Ebro, cuyo origen se halla en Fontibre, en los alrededores de Reinosa; fecundiza los campos de la Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña; pasa por Miranda, Logroño, Zaragoza y Tortosa, y después de recibir tributo de muchos ríos, entre ellos, el Jalón, Aragón, Cinca y Segre, y de recorrer 725 kilómetros, desemboca por varios brazos, formando un delta llamado de los Alfaques.—El Júcar, que tiene su nacimiento en la sierra de Albarracín, en la falda del monte San Felipe, con 392 kilómetros de curso, baña los muros de Cuenca; riega parte de las campiñas de Murcia y de Valencia, y recibe, á la derecha, el Escalona; á su izquierda, el Cabriel y Requena.—El Segura, cuyas fuentes se encuentran en la sierra de su nombre, en la provincia de Jaen, atraviesa Murcia y Orihuela, y después de recoger á la izquierda el Mundo y á la derecha el Sangonera, en un trayecto de 255 kilómetros, vierte sus aguas junto á Guardamar. En el Atlántico, desaguan: el Guadalquivir que, derivándose de las sierras de Pozo y de Cazorla, en Jaen, riega una gran parte del suelo de Andalucía, se interna en Córdoba y Sevilla, acrecienta su caudal con las aguas de 34 afluentes en una cuenca de 8.840 kilómetros cuadrados, comprendida entre las cadenas mariánica y bética, terminando su corriente de 500 kilómetros en San Lúcar de Barrameda. Los árabes, al hacerse dueños de la península hispánica, como quedaran absortos de la magnitud del río que atravesaban, diéronle el nombre de Guad-al-kibir (Rio grande), que los españoles alteraron apellidándole Guadalquivir.—El Guadiana, cuyo origen, poco conocido aún, se halla en la sierra de Alcaraz, se filtra cerca del Tomelloso y piérdese por espacio de 40 kilómetros, para reaparecer luego junto á Villarrubia en grandes lagunas llamadas los Ojos del Guadiana; baña á Medellin, Mérida y Badajoz; recibe el tributo de más de 40 afluentes; entra en Portugal; determina los límites de ambos reinos y desemboca por Ayamonte tras un curso de 720 kilómetros.— El Tajo (Tejo de los portugueses) despréndese de los montes de Albarracin, riega los bellísimos jardines de Aranjuez, abandona sus arenas al pie de los muros de Toledo, atraviesa el vecino reino y muere al Sudoeste de Lisboa, después de haber recorrido 835 kilómetros y de recoger las aguas de más de 50 ríos. —El Duero, Ilamado Douro por los portugueses, nace en el pico de Urbión, junto á Soria, que le separa de la sierra de Oca; mide 780 kilómetros de curso; pasa por Aranda, Toro y Zamora; entra igualmente en Portugal y termina al Sudoeste de Oporto, después de haber regado una cuenca de más de 13.800 kilómetros cuadrados, comprendida entre la cordillera carpeto-vetónica y cántabro-astúrica. La inmensa anchura de su cauce da una grande importancia á la mayor parte de sus 115 afluentes: uno de los más considerables es el Pisuerga, formado de la reunión de muchos ríos que descienden de la sierra de Oca y de los Pirineos, y los otros son el Ezla, el Tamega y el Eresma, que parten de las mesetas de Avila; el Tormes, que sale de las altas cimas de Gredos, y el Coa, que baja de la Sierra de Gata. —El Miño tiene su nacimiento en la provincia de Lugo; recoge á derecha
é izquierda el Avia y el Sil, baña á Orense y Tuy, y, sirviendo luego de límite setentrional al reino lusitano, piérdese en el mar, después de recorrer 330 kilómetros de longitud.— Entre los ríos de segundo orden se cuentan: el Fluviá, Ter, Llobregat y Francolí, que corren por Cataluña; el Mijares y Guadalaviar, por el reino de Valencia; y el Almerta, Adra, Almanzor, Guadalhorce y Guadiaro, por el de Granada, que desaguan en el Mediterráneo; el Guadalete, Tinto y Odiel, que bañan el reino de Sevilla; el Ulla, Tambre y Eume, el de Galicia, que desembocan en el Atlántico; y el Eo, Navia, Nalon y Sella, que riegan á Asturias; el Nansa y Besaya, á Santander, y el Nervión, Urumea y Bidasoa, de las provincias Vascongadas, que vierten sus aguas en el Cantábrico.—ESPAÑA no tiene ningún depósito de agua á que pueda darse con propiedad el nombre de lago; pero posee varias lagunas de alguna consideración, como la de Béjar, en la provincia de Salamanca; la de Benavente, en la de Zamora; la de Gallocanta, en Aragón; las quince de Ruidera, en Ciudad-Real y Albacete; la de Janda y la Albufera, de agua salada, del reino de Valencia.—Entre los canales de navegación, figuran: el de Castilla, que se extiende entre Valladolid y Alar del Rey, con un ramal á Rioseco; el de Aragón ó Canal Imperial, desde Tudela hasta más abajo de Zaragoza, con más de 94 kilómetros de longitud; los de Manzanares, Guadarrama y Jarama, en Castilla la Nueva; el Fernandino, que hace navegable el Guadalguivir desde su embocadura hasta Sevilla; y entre los de riego, el de Lozoya, que, tomando las aguas de este río, las conduce á Madrid, además de los innumerables canales de regadío ó acequias que cruzan en distintas direcciones las feracísimas campiñas de Valencia, Murcia, Cataluña y otras no menos importantes poblaciones.
8. Climatología.—La península hispánica se parece á una pirámide que tiene por base las costas marítimas, y cuyo vértice se encuentra hacia el centro á una considerable altura sobre el nivel del mar. El suelo se presenta como escalonado, y este desnivel, la multitud de cordilleras que le cruzan en todas direcciones, lo dilatado de sus costas y las vastísimas llanuras despobladas, desiertas, arenosas, salvajes, llamadas Parameras, que ocupan el centro, hace que la temperatura fluctúe entre los 40° de calor y los 6° bajo cero. El país, por lo tanto, presenta tres zonas completamente distintas entre sí. La zona setentrional que se extiende hasta el Ebro y que comprende Galicia, Asturias, las provincias Vascongadas, Navarra y toda la parte Norte de Aragón y Cataluña, difiere absolutamente de la zona media. Las numerosas montañas que la cubren, los ventisqueros y las nieves perpetuas que coronan las desnudas y elevadas cumbres de los Pirineos y los vientos del Norte y del Noroeste que en ella reinan, ejercen una grande influencia en el clima, hacen descender la temperatura, aumentan el número y el caudal de las corrientes y de los ríos, y proporcionan á esta región la humedad necesaria para el cultivo de los campos. La vegetación es muy activa y la agricultura constituye la principal industria de sus habitantes; particularmente, de los vascos y los catalanes. Los inviernos, por lo común, son fríos; las primaveras, húmedas; pero el clima ordinariamente templado.— La zona media confina al Sur con Sierra Morena, y abraza las dos Castillas, la parte meridional de Aragón, el antiguo reino de León y Extremadura. Fórmanla generalmente grandes y despoblados arenales, extensos y elevados terraplenes ó desiertos páramos, cuyas superficies uniformes y monótonas barren los vientos con violencia y caldean los rayos de un sol abrasador. Altas cadenas de montañas, áridas y desnudas, limitan y cortan esta dilatada región, y, sin embargo, la inmensa mayoría de sus ríos, á causa de la sequedad de la atmósfera, la falta absoluta de bosques y la escasa cantidad y poca duración de las nieves que descienden sobre las cumbres de sus montes, son poco considerables é insuficientes sus aguas para el riego de los campos. La temperatura de esta comarca es, por lo tanto, muy extremada: los inviernos son fríos; los veranos, extraordinariamente calurosos; la primavera y el otoño, apacibles.—La zona meridional comprende: Andalucía y las provincias de Valencia y Murcia, y es completamente distinta de las anteriores. El aspecto que el país ofrece, es puramente africano, cuyo carácter se observa en las especies botánicas como en las de los animales, y hasta en el hombre mismo. Esta notable diferencia de clima resulta de la especial situación que ocupa esta zona, inclinada al Sur y al Sudoeste, de la influencia de los vientos abrasadores que cruzan los desiertos del Africa y de la reflexión de los rayos solares sobre las paredes desnudas de las rocas y de las montañas. Las cimas de éstas se hallan más próximas las unas de las otras que en las regiones precedentes; los valles son más profundos; las llanuras, como las de Granada, por ejemplo, mucho menos extensas; los ríos más caudalosos y el suelo más variado y propio para el cultivo que en la zona media de ESPAÑA. La temperatura, pues, en esta hermosa, rica y feraz comarca, es deliciosísima en la primavera y el otoño; tropical, en el estío; dulce y benigna, en el invierno. En resumen: en la costa setentrional, por su proximidad al Océano, el clima es pronunciadamente húmedo y nebuloso; en las demás comarcas de ESPAÑA se disfruta casi siempre de un cielo puro y diáfano, más hermoso y alegre, si cabe, que el de Italia: la cantidad anual de lluvia es de 0864 milímetros: la temperatura media de - 20° centígrados en Cádiz, de — 18° bajo el paralelo de Barcelona, y de — 15° bajo el de Madrid: los vientos más incómodos son: el gallego, frío y cortante, que viene de las montañas de Galicia, y el solano, seco y sofocante, que sopla del Mediodía, muy conocido en Italia bajo el nombre de sirocco.—De la situación geográfica que nuestra península ocupa se deduce: que hallándose entre los climas astronómicos á y 7°, el día más largo en la costa meridional es de 14 1/, horas, y en la setentrional, de 15"/,: así como del número de grados de longitud que comprende, se sigue: que cuando en la parte más oriental de Cataluña sean las doce, en la más occidental de Galicia serán las once y nueve minutos.
9. Geología.—El principado de Cataluña contiene grandes depósitos de piedra arenisca ó asperón de color verdoso, perteneciente á la parte inferior del terreno cretáceo: el Montserrat está totalmente formado de esta piedra.—En los alrededores de Olot existen muchísimos volcanes apagados, y vestigios de otros entre Almagro y Calatrava, Cartagena y Murcia, cerca del cabo de Gata. En las llanuras graníticas y esquistosas del centro de la península, tales como las de los alrededores de Madrid, Burgos, Toledo y Valladolid, se encuentran algunas formaciones secundarias de asperón, de espejuelo, de sal gema y de piedra calcárea del Jura; en las cercanías de Barcelona, Tortosa, Alicante, Málaga y Murcia, vastos depósitos supercretáceos. Las montañas de Galicia están formadas de granito, de esquista y de gneiss: las cumbres de las de Extremadura y de Andalucía, de rocas cuarzosas: sus faldas, de rocas esquistosas, cubiertas de un considerable número de enormes peñascos, procedentes de la destrucción de las cimas de la cadena. Los terrenos que ocupa el valle del Guadalquivir, son supercretáceos, superiores y medios: en la parte meridional de ESPAÑA se encuentran lias ó calizas blancas: la sierra de Filabres, en Andalucía, está compuesta de esquistas cristalinas; los estribos ó machones, de calizas jurásicas, y debajo de sus rocas existen grandes depósitos de sal gema. Los Pirineos son enteramente graníticos, y la caliza domina en los Cántabros. 10. Flora.—En la parte setentrional de ESPAÑA, la vegetación es muy parecida á la del Mediodía de Francia: en la del resto de la península, el carácter botánico es completamente distinto.—Cuando se observa la vigorosa y variada vegetación de las provincias de Valencia y Murcia, de Extremadura y de la parte meridional de Andalucía, no puede menos de recordarse las ricas llanuras de la Siria. En la última de aquellas poblaciones, las heladas y las nieves son casi totalmente desconocidas: así es
que no sorprende el ver con qué facilidad se aclimatan en sus risueñas y feraces campiñas un sinnúmero de vegetales, procedentes de las regiones más apartadas del mundo, los cuales dan á este encantador país todo el aspecto de una comarca verdaderamente tropical. En ella se admiran las brillantes flores de la erythrina corallodendron, el gracioso follaje del schinus molle y el phytolacca dioica de la América: al Sur del Guadalquivir, son comunes el plátano y el pimiento de Cayena; y las palmeras, los naranjos, los limoneros, los granados, los olivares y las moreras prosperan igualmente como en su suelo propio.—En la parte Sudeste crecen, además de los vegetales mencionados, el ciprés, árbol de la Judea, el sauce y el álamo blanco: los naranjos producen cantidades enormes de su fruto; uno solo de ellos suele dar frecuentemente 1.530; algunas veces, 2.000, y hasta 2.500 y 3.000 naranjas. Los higos, cuya exportación es considerable, constituyen uno de los principales alimentos, en muchas de nuestras comarcas, durante algunos meses del año: el cactus tuna y el agabe ó aloe de América se emplean comunmente en la formación de los setos y vallados.—Las provincias de la Mancha producen en abundancia el stipa tenacissima, con la que se fabrica en grande escala toda clase de sogas y demás objetos de espartería. El algarrobo, que Link miraba como el más hermoso de los árboles de Europa, es también muy común en nuestro pais: y el chamœrops humilis, especie de palmeras enanas, cubren muchas de sus extensas é inhabitadas llanuras. Esta vegetación, en parte exótica, sigue las costas meridional y occidental de la península; pero en donde despliega todo su poder y hermosura es en el antiguo reino de Valencia, en cuyos amenísimos jardines y preciosas huertas se cultivan, además de las especies arriba enumeradas, el aloe perfoliata, el yucda aloifolia, la cassia tomentosa, el azedarach, la acacia y toda clase de flores y frutas conocidas.—En los alrededores de Alicante, admírase la grandeza de sus innumerables palmeras, que dan una cosecha abundantísima, algunas de las cuales miden hasta 33 metros de altura. Esta especie de plantaciones se extiende á lo largo de la costa, hasta los 40° de longitud; y las del olivo hasta las faldas de los Pirineos. Los árboles que más abundan en los inmensos llanos de ESPAÑA, son: el roble, la encina, el mirto, el laurel, la filorea, el enebro, el pino amarillo, el alfónsigo, el lentisco, el espino austral, el viburum tinus, el madroño, varias especies de jaras y otras clases de arbustos, cuyo follaje se conserva siempre verde y lozano. A pesar de estos dones naturales, el interior de ESPAÑA presenta puntos desolados y tristes, como si la naturaleza se hubiese enemistado con el hombre, ó como si el hombre se hubiese enemis Itado con la naturaleza. En Castilla la Vieja, por ejemplo, han desaparecido los bosques seculares y el suelo ha quedado desierto y árido, si se exceptúan algunas tierras de pan llevar miserablemente cultivadas. Esta desolación desaparece en los valles que riegan el Duero y el Ebro con sus numerosos afluentes, en donde se encuentran una vegetación vigorosa, muy parecida á la de los climas templados; pequeños campos de maíz, centeno y cebada; algunos olivares y numerosos viñedos, rodeados de hermosas encinas, de copudos castaños y elevados álamos; parajes deliciosos y campiñas pintorescas, cuya fertilidad y frescura forman singular contraste con las negruzcas rocas de las montañas que las circuyen.
II. Zoología. — Los cuadrúpedos, las aves, los reptiles y los insectos de ESPAÑA presentan los mismos caracteres y pertenecen á las mismas razas que los que se encuentran en el Mediodía de Francia. En las montañas más elevadas abundan los lobos, las zorras, los jabalíes, los corzos, los osos y otras especies carniceras: los animales domésticos ofrecen más interés; y particularmente, el caballo, la mula, el asno y el carnero merecen mención especial. Los mejores caballos españoles alcanzan, por lo general, de un metro á metro 42 centímetros de alzada; y tienen la docilidad, la gracia, la gallardía y la fogosidad propias de la raza árabe de los paises berberiscos, llamados vulgarmente bárbaros, los cuales fueron sin duda introducidos en España por los moros. Los más hermosos y estimados son los de las provincias de Córdoba, Sevilla, Granada y Extremadura. En un país tan accidentado y falto de buenos caminos, como el nuestro, el asno y la mula vienen á ser de absoluta necesidad para los viajes y el transporte de las mercancías: el primero, rivaliza con el del Egipto por la talla y la fuerza; á la segunda, se la destina casi exclusivamente á la yunta y al acarreo. El ganado lanar, de todas especies, goza de una justa y general reputación: el número de carneros asciende á 18.000.000, viajan constantemente durante la estación apacible, y se les encierra y guarda cuidadosamente en el invierno. Tres de las variedades que se conocen, constituyen la raza llamada trashumante, esto es, viajera, para distinguirla de otra, no menos estimada, que no viaja y que se denomina estante; pero tanto la carne como la lana de la una y de la otra son de las mejores de Europa. El ganado vacuno, que se calcula en 3.000.000 de cabezas, y el de cerda, que asciende á 2.800.000, son excelentes; particularmente, en Extremadura, Galicia y Asturias; las yeguas son también numerosas; los toros, notabilísimos por su bravura y buenas condiciones para la lidia. La caza mayor, como la menor, es variada: el cordero de Aragón exquisito: el pescado de agua dulce, sabroso y abun A dante como el de las costas; pero se prefieren las especies del Océano á las del Mediterráneo. 12. Mineralogía.— Las riquezas minerales de ESPAÑA son muy variadas; desde tiempos inmemoriales fué nuestro país el Potosí de la antigüedad; pero no todas las minas producen lo bastante hoy para cubrir los gastos de su explotación. El oro y la plata se encuentran en este último caso; pero en cambio la extracción del hierro es extraordinaria en nuestra vertiente de los Pirineos, en las montañas de Somorrostro, cerca de Bilbao, en Marbella, en Huelva, y en casi todas las provincias españolas. Las minas de azogue de Almadén, las más ricas y antiguas del mundo, producen anualmente cantidades fabulosas: las de plomo de Linares y de la Sierra de Gador, de 600 á 700.000 quintales de este metal: las de cobre, salitre y espejuelo abundan en toda la península. Se ha perdido el rastro de los filones auríferos explotados en tiempo de los romanos, y hay quien afirma que en las arenas que el Tajo, el Sil, el Darro y otros ríos arrastran en sus corrientes, existen lentejuelas de oro que nadie se cuida de recoger.—Las montañas que cruzan nuestro territorio, ofrecen grandes depósitos de toda clase de minerales; pero son dignos de especial mención el estaño, que se extrae de la comarca de Galicia; el arsénico, de Asturias; el antimonio, de Alcaraz y Sierra Morena; el imán, del antiguo reino de Sevilla; el volfrán y el titanio, de Extremadura y Castilla la Nueva; el cobalto, de las cimas de los Pirineos; el alumbre y la caparrosa, de Aragón; el sucino ó ámbar amarillo, de Asturias y del reino de Valencia, y el amianto, de Galicia y Granada. Los terrenos de la villa de Almazarrón, en la provincia de Murcia, dan una tierra encarnada que sirve para bruñir los cristales y se emplea en la elaboración del tabaco llamado de España, y la arcilla ó creta blanca que producen los alrededores de Andújar, es de una naturaleza particular. Además de los minerales citados se encuentran igualmente en nuestro país copiosísimas salinas, que producen más de 20.000.000 anuales; abundantes criaderos de carbón de piedra y de azufre, cuya explotación va adquiriendo mayor impulso cada día; é infinidad de canteras de preciosos mármoles, jaspes, pizarras, silex, y otros muchos y numerosos manantiales de aguas minero-medicinales.—Entre las piedras finas, figuran las ágatas, las amatistas, las cornerinas blancas, los granates, los rubíes, los cuarzos y los cristales de roca.—La mejor mina de plata que poseemos, se encuentra en Guadalcanal, provincia de Sevilla. 13. Agricultura. — Mucho tiempo antes de Augusto, en las provincias setentrionales de nuestra península sólo se cultivaba la tierra para sacar lo absolutamente necesario: incorporada ESPAÑA al imperio romano y
abiertas las comunicaciones con todas sus provincias, tomó extraordinario impulso la agricultura española. Bajo los emperadores, contóse este país en el número de las provincias abastecedoras de Roma (nutrices Romæ): abundaba el trigo por todas partes, y los cereales que más se cultivaban, eran la cebada y el candeal. Los granos conservábanse, todavía en espiga, en una especie de sótanos, construidos de ladrillo, ó bien en hoyas, simplemente abiertas en un terreno muy seco; en Cartagena y en casi toda la ESPAÑA interior, se depositaban en pozos: el fondo y las paredes de estos almacenes subterráneos estaban cubiertos de una muy espesa capa de paja, con el objeto único de atajar el ambiente. En las provincias meridionales cultivábase el cardo con un esmero especialísimo, y esta sola producción les proporcionaba sumas cuantiosas: el vino de Tarragona se anteponía á los mejores de Italia, y toda la costa oriental y meridional se hallaba casi literalmente cubierta de viñedos muy renombrados. En tiempo de Plinio se hacía grande aprecio en nuestro país de una uva grande y negra, Ilamada cocolooz, de la cual se conocian dos especies; una, dulce, y otra, ácida; y ambas se cultivan todavía en la provincia de Granada. El aceite llegó á ser un renglón de mucha más entidad aún que el del vino. Según Columela, lo encerraban en unas vasijas de hierro; le echaban agua tibia, lo amasaban luego con violencia, extraían después lo que se sobreponía y lo mezclaban en seguida con el jugo exprimido de algunas hojas tiernas de olivo, lo que le comunicaba cierto dejo amargo que gustaba mucho á los latinos. Las frutas secas y los higos particularmente eran muy estimados: Plinio celebra mucho los abetos de ESPAÑA, que compara á los cedros, y de cuya madera dice que se construyó el famoso templo de Diana, y elogia sobremanera los plátanos indígenas, que algunos habían creido de importación romana.—En el siglo presente, la clasificación ó distribución de nuestro suelo quedó determinada en esta forma: terrenos empleados en el cultivo, 46.000.000 de hectáreas (cifras redondas); en pastos, 15.000.000; en barbechos, 13.000.000, en tierras arcillosas improductivas, 4.000.000; en montañas inaccesibles, ríos, pantanos, lagunas, caminos, etc., 17.000.000.— La admirable posición que ESPAÑA ocupa en el globo, casi equidistante del ecuador y del polo, ha hecho de nuestro país uno de los pueblos más favorecidos por la naturaleza: sus feracísimas comarcas dan hoy toda clase de productos de los climas tropicales, entre los cuales figuran muchos que parece que sólo deberían hallarse en las regiones más apartadas. Las cosechas del azúcar, plátano, miel, azafrán, almendra, naranja, seda, algodón, cáñamo, lino, esparto, corcho, cochinilla, rubia, sosa, barrilla, zumaque y toda especie de legumbres y plantas medicinales son tan considerables, como excelente la madera de construcción que producen nuestros montes y bosques. Pero lo que en realidad constituye la principal riqueza de este pais son los vinos exquisitos, particularmente, los Ilamados generosos de Andalucía, el aceite riquísimo de esta comarca, de Aragón y Valencia; las frutas sabrosísimas de la mayor parte de nuestras provincias, y, principalmente, los cereales, cuya abundancia dió en otro tiempo á nuestra patria el nombre de granero de Roma, y cuyos sobrantes forman uno de los ramos más importantes de nuestro comercio con el extranjero. La cantidad y variedad de los vinos que producen Cataluña, Aragón, Navarra y la Rioja son considerables; los de Castilla vienen siendo, desde algún tiempo á esta parte, objeto de una grande exportación para Francia; las calidades principales de los de Andalucía son el albillo, el palomino, el perruno, el mantico castellano, desconocidos en el extranjero; y los famosos el manzanillo de San Lúcar, el tintilla de Rota, el Montilla, el moscatel y seco de Málaga; y sobre todo, el Pedro Jiménez, seco y amontillado de Jerez, del cual se exportan todos los años para Inglaterra, bajo el nombre de Cherry, de treinta á cuarenta mil hectólitros (cien litros). La pipa de vino de Jerez que fué á Londres para las bodas de la reina Victoria, costó sobre cinco mil duros, ó sea mil libras esterlinas. El vino de Jerez exportado por la bahía de Cádiz, durante el año de la guerra de Crimea, representó el valor de unos 53 millones de reales, según antecedentes oficiales que hemos consultado. Valencia produce varias clases de vinos; y entre ellos, el Ilamado de Benicarló, tan renombrado; una crecida cantidad de barrilla, y sobre 760.000 kilógramos de seda: los mejores vinos que se elaboran en la provincia de Alicante, son el aloque, el malvasía y el moscatel. Murcia da muchísima sosa y más de 160.000 kilógramos de seda, inferior á la de la provincia de Valencia: el territorio de Málaga produce de 130 á 160.000 hectólitros de vino; 3.700.000 limoncillos, y sobre 1.000.000 de arrobas de exquisita pasa: y, por último, las provincias de Valladolid, Segovia, Burgos, Asturias, Aragón, Cataluña y Andalucía, han hecho notables progresos en el cultivo de la barrilla (planta indígena), del azafrán, del zumaque, del corcho y de la rubia. 14. Industria.—En tiempos remotos, este importante ramo estaba reducido en España á telares, para la lana, el cáñamo y el lino; herrerías y fábricas de seda, de papel y de curtidos.—En tiempo del imperio romano, los españoles cultivaban el lino con notoria habilidad y acierto: Asturias, Galicia y la provincia de Tarragona tejían un lienzo, blanco y finísimo en extremo, muy apreciado aquellas edades. El lino de Zeólico, según Plinio, era el preferido para la fabricación de las redes, con el cual labraban ciertos cedazos delgadísimos que alcanzaron gran fama en Italia. Pero el lino que sobrepujaba á todos, por su excelente calidad y finura, era el de Sétabis (hoy Játiva): su nombradía llegó á ser tal, que los pañuelos ó servilletas, con él fabricados, no tenían entre los romanos otro nombre que el del mismo tejido, y así se llamaban setabinas. Permutabis prioribus SETABIS, dice Plinio en su dedicatoria á su amado Tito Vespasiano César, aludiendo á unas servilletas ó pañuelos de lino que se habían cambiado á Cátulo en perjuicio suyo. El mismo autor citado añade también que Sétabis llevaba la palma en Europa en el cultivo del lino: Similiter et in regione alliana inter Padum Ticinumque amnes, ubi, á SETABI tertia in Europá lino Palma. Los habitantes de la Tarraconense cultivaban con singular esmero el spartum, planta utilisima de la familia de las gramíneas, que se criaba en las llanuras de las regiones meridionales y daba el primer material de excelente cordaje de que se hacía cuantioso comercio. De esta planta, que, según Mr. Bowles, puede usarse de cuarenta modos diferentes, se fabrican en varias naciones de Europa, como en España, cuerdas, estuches, cestas, sacos, medidas para los cereales, redes para pescar, manteles, servilletas y otros artículos para usos domésticos y diversos oficios. Actualmente se emplea el esparto en la fabricación del papel y en la de algunas telas, como el astrakán. Comprometida luego la industria con la caida del imperio de Occidente y las invasiones de los pueblos del Norte, volvió á reanimarse bajo el poder de los árabes, de quienes recibió un impulso maravilloso. Este pueblo introdujo en España las manufacturas de sedería, género de fabricación admirablemente apropiada á nuestro país; y la fábrica de armas de Toledo llegó á gozar de justa y merecida fama. Esta actividad industrial quedó herida de muerte con el decreto de Fernando é Isabel, que ordenaba la expulsión de los israelitas, con el establecimiento de la Inquisición, bajo Felipe II, y con la desacertada disposición de Felipe III, que mandaba arrojar de España á los moriscos. Un sistema de prohibición absoluta acabó luego de enervar las fuerzas productoras del país; pero estas trabas desaparecieron afortunadamente y las manufacturas han ido adquiriendo tal extensión, que, no hace muchos años, contaba ya ESpana con los establecimientos siguientes: fábricas de tejidos, hilados, tintes y blanqueos, 17.710; de curtidos, 1.717; de loza, cristal, vidrio, vasijería, yeso y cal, 4.970; de harinas y molinos, 35.974; de jabón y cola, 1.901; de aguardiente, 1.915; de papel, 402; de productos químicos, 182; de diferen
tes objetos no incluidos en las anteriores denominaciones, 2.005; fundiciones de mena de hierro y otros minerales, 221; de hierro y acero, y talleres de construcción de máquinas, 330.—La industria metalúrgica ha hecho notables progresos en Sevilla, Málaga, Guipúzcoa, Aragón, Extremadura, Córdoba, Asturias, Cataluña, Vizcaya y Navarra; los tejidos de lana de Segovia, Guadalajara, Avila, Madrid y Valencia, como las telas de Cataluña y de Galicia, tienden á reconquistar su antigua fama; la elaboración de la seda ha llegado á alcanzar extraordinario desarrollo en las provincias de Barcelona, Tarragona, Toledo, Sevilla, Granada, Murcia y, particularmente, Valencia, donde se elabora en grande escala, y cuyos productos son muy estimados en Lyon y otros puntos. Avila y Torrelavega han dado mayor impulso á las hilanderías y fábricas de algodón: Barcelona, Córdoba, Burgos, Toledo, Granada, Madrid y Valencia, á las de curtidos; San Ildefonso, á la de cristales, y Cataluña y Valencia, á las de papel. Alcoy produce hasta 36.000 piezas de paño, cuya industria florece también en Tarrasa y Béjar; Málaga fabrica sobre 90.000 quintales de jabón, que exporta á Inglaterra y América; las Provincias Vascongadas y Castilla la Vieja y Toledo se distinguen en la fabricación de armas blancas y de fuego; Sevilla, Liérganes, Trubia y Barcelona, en la fundición de cañones. Los colores, las pastas de Italia, los sombreros, los abanicos, la loza, el cristal, los productos químicos, el vidriado, las salazones, la elaboración de toda clase de bebidas espirituosas y de jabones, pólvora, quincalla, hierro colado, caracteres de imprenta, instrumentos de artes y ciencias, grabados, ebanistería y otros infinitos ramos que sería prolijo enumerar, no sólo van multiplicándose cada día y adquiriendo mayor grado de perfección, sino que constituyen la actividad industrial de todas las comarcas de ESPAÑA. Un desarrollo análogo han alcanzado igualmente las minas, merced á los nuevos caminos de hierro y otras vías de comunicación recientemente construidas, siendo ya considerable la explotación de la hulla y del carbón de piedra. Para terminar esta breve reseña de nuestra riqueza industrial, citaremos las célebres alcarrazas ó vasijas de arcilla porosa de la provincia de Jaen, destinadas á conservar fresca el agua en el estío, y la renombrada fábrica de armas de Toledo, tan famosas por su fino temple. 15. Comercio.—La extremada afición al lujo que se desarrolló en tiempo de los emperadores de Occidente, fué causa del engrandecimiento que, por entonces, alcanzara nuestro comercio. Con el afán de saciar todo apetito, de satisfacer todo deseo, Roma se impuso como tributo á toda la tierra, logrando dar trajes suntuosos á sus mujeres, adornos riquísimos á sus ciudades y manjares exquisitos á sus banquetes, con lo cual volvieron á España parte de las riquezas que sus procónsules le habían usurpado. Los buques mercantes de la Bética transportaban á la capital del imperio numerosos cargamentos de trigo, frutos, aceite, vinos, kermes, cinabrio, cera, pez, miel, lienzos, telas y lanas finísimas: en Barcelona, Cartagena y Rosas, no era menos próspero el comercio. Todas las ciudades situadas en el Betis y en la costa meridional, como Híspalis, Canama, Oducia y Nema, contaban con sus compañías de mareantes, llamados escapharii; las de Málaga, comerciaban en pescado salado. Todas ellas tenían en Roma sus grandes almacenes, sus casas de banca y algún patrón entre los ciudadanos más esclarecidos. Consérvase todavía una inscripción dedicada á Quinto Pretonio, prefecto de la primera cohorte recia, patrón de los negociantes de aceite en la Bética. Otras sociedades romanas estaban en relaciones constantes y directas con la Cantabria y Galicia, de donde exportaban el lino y los metales. Los gaditanos, como de estirpe fenicia, emprendían viajes más largos; surcaban mares desconocidos con el arrojo que exigía la falta completa de la brújula y demás auxilios modernos del arte de la navegación; negociaban por las costas occidentales del Africa, y hacían el comercio de la India oriental. La paz que llegó á disfrutarse durante el reinado de Augusto, y el espíritu mercantil que en las provincias españolas, como en algunas otras del imperio romano, se había desarrollado, mataron la especie de monopolio que Cádiz había venido ejerciendo, en su vastísimo tráfico, con las regiones más apartadas.—Hablando ahora de los tiempos modernos, el comercio interior como el exterior de ESPAÑA ha pasado, cual era consiguiente, por las mismas vicisitudes que la agricultura y que la industria: la falta de una extensa red de caminos de hierro y otras vías de comunicación, ahogó el primero: la aplicación rigurosa del absurdo sistema mercantil, según el cual los metales preciosos constituían por sí mismos toda la riqueza de un pueblo, arruinó el segundo. Hoy, merced á la facilidad de las comunicaciones y á la aplicación de mejores principios económicos, ha recobrado algo de su pasada actividad y grandeza, como vamos á demostrarlo con la inflexible lógica de los números.—A principios de siglo, la importación y exportación reunidas no excedieron de 270.000.000 de reales vellón: de esta suma, correspondían á la primera las dos terceras partes. Según una estadística publicada en 1855, el total movimiento comercial de ESPAÑA se elevó á reales vellón 1.570.258.000, repartidos en esta forma: Importaciones: azúcar, 94.665.000; algodón, 88.214.000; cacao, 37.462.000; bacalao, 39.529.000 tejidos de lana, 57.453.000 tejidos de algodón, 30.580.000; tejidos de seda, 26.469.000; hulla, 20.266.000 hilos blanco y de colores, 23.595.000, tejidos de hilo, 16.997.00; pieles, 17.517.000 oro labrado y en barras, 14.713.000; machos y mulas, 14.739.000 máquinas y piezas separadas, 20.479.000; hilos crudos, 14.758.000; tablas y tablones, 9.204.000; canela, 8.198.000 aros de hierro, 3.890.000; en otros varios artículos, 195.707.000.— portaciones: vinos, 286.125.000; plomo en barras, 80.359.000 lanas, 31.001.000, pasas, 48.078.000; harinas, 69.120000; tapones, 15.325000 aceite de oliva, 36.371.000; plata en lingotes, 7.4.000 sal, 6.905.000, seda cruda, 15.830.000; numerario, 1.701.000; aguardientes, 21.791.000; avellanas, 5.606.000; naranjas y limones, 3.552.000, .823.000. Estos valores aparecen distridos entre las cuatro grandes agrupaciones geográficas, en esta forma:-Comercio con la E100l00r005007000700060040d100a22040a03000000s5000 En oo600 0000000 otros países, importaciones, 526.000; exportaciones, 536.000. Nuestros cambios con Africa, sin comprender las islas Canarias, arrojan un total de 4.537.000 reales vellón para las importaciones y 6.067.000 para las exportaciones.—Comercio con la América.—Posesiones españolas: Cuba, importaciones, 102.880.000, exportaciones, 148.875; Puerto Rico, importaciones, 6.204.011; exportaciones, 3.0922.000; Puorto-cico, importaciones, 7.878.953; exportaciones, 31.806, Estados Unidos, importaciones, 86.097.000, exportao
ciones, 59.342.000. Venezuela, importaciones, 17.793.000; exportaciones, 3.205.000: Ecuador, importaciones, 5.475.000; exportaciones, 13.162.000: Brasil, exportaciones, 5.014.000; rases, importaciones, .7.0 otros a, importaciones, 26.000, exportaciones, 39.680.000. Total de las importaciones, 265.015.000. Idem de las exportaciones, 275.761.000 reales vellón.—Comercio con el Asia.—El comercio de Posesiones inglesas: el total de las importaciones de las islas, en la península, fué de 8.520.000 reales; el de las exportaciones, 9.647.000; y con las posesionas inglesas, llegaron: las primeras, 2.732.000, y las segundas, á 2.012.000 reales vellón.— En 1858, el valor general de los cambios ascendió á 2.420.112.302 reales, en 1871 se elevaron las importaciones á 2.276.000.768.000.000 (en números redondos), lo que da un total de 4.044.000.000 de reales vellón, ó sea 1.011.000.000 de pesetas, comprendidos los lingotes. Las tres escalas ó tarifas que nos presenta el comercio español en el transcurso de setenta y un años, es la siguiente: principios de este siglo; comercio general de entrada y salida, 270.000.000; tiempos del rey Fernando VII, 4.000.000.000, año de 1871, 4.044. Este cuadro demuestra que, en el transcurso del tiempo mencionado, el comercio de nuestro país se ha duplicado sobre quince veces, cuya prosperidad asombrosa es el resultado de tres causas: la desamortización, las libertades políticas y ciertas reformas de los sistemas administrativos y económicos.nómicos. 16. Marina mercante.—Es difícil suministrar datos exactos sobre la marina mercante de España. Sin embargo, un documento que tenemos á la vista y que parece ser auténtico, da un efectivo de 6.000 buques aproximadamente, repartidos en esta forma: Cádiz, 1.500; Málaga, 1.500; islas Baleares, 800; Barcelona, 700; Cartagena, 600, y los restantes, hasta el número indicado, entre Valencia y otros puertos.— El movimiento general de los transportes ha ido también aumentando considerablemente de algunos años á esta parte al tenor de nuestro comercio. 17. Arquitectura.—Todos los pueblos que se han sucedido en ESPAÑA, han dejado en ella sus monumentos. Algunas groseras construcciones del Norte de la península, análogas á los dólmenes y á los menhires de la Galia, parecen recordar la presencia de los iberos y de los celtas. A los tiempos primitivos pertenecen igualmente las porciones de murallas de Tarragona, que sirvieron luego de base á las edificaciones romanas: están formadas de enormes pedruscos dispuestos en hiladas; miden de seis á siete metros de espesor, y aunque se ha notado en ellas algo parecido á las construcciones pelásgicas, no se sabe con certeza á qué pueblo pertenecen. En el antiguo Principado de Cataluña, cerca de Olérdola, se han encontrado interesantes sepulturas abiertas en las rocas; y en Guisando (Castilla la Vieja), sobre el camino de Toledo á Avila, tres inmensas estatuas que representan unos toros adornados de cintillas y algunas inscripciones degradadas é indescifrables, que se atribuyen á los fenicios, los cuales adoraban al sol bajo la forma de un toro. —Los romanos dejaron numerosos monumentos en ESPAÑA: cítanse, entre otros, el arco del triunfo, en Barra; una cisterna y un teatro, en Mérida; el templo de Caprara, del orden clásico; el de Barcelona, dedicado á Esculapio; el de Júpiter, en Enjarrama; el de Diana, en Clunia; los de Minerva y Hércules, en Cádiz, y otros varios no menos notables en las orillas del Genil, junto á Córdoba. En la mayor parte de nuestras poblaciones se elevaron edificios religiosos en honor de los dioses de la teogonía greco-romana, y de otros, de significación y origen desconocidos, como Endovélico y Netón, que parecen ser muy anteriores á la época del imperio. En las ciudades donde residían los procónsules y gobernadores romanos, á quienes estaba confiada la administración, había palacios de suntuosa magnificencia: el de Tarragona, particularmente, era tan espacioso que él solo abarcaba todo el recinto de la ciudad moderna; su fachada tenía sobre 2.000 piés de ancho; se Ilamaba comunmente el palacio de Augusto y había servido de morada á varios emperadores. Cerca de este grandioso alcázar se hallaba el circo, del cual quedan restos todavía; y en Barcelona y en muchas ciudades de Galicia se han conservado magníficos restos de termas romanas; principalmente, en los sitios en donde existen manantiales de baños calientes. Después de las aguas, el lujo que en más alta estima tuvieron los romanos, fué el de los sepulcros, que adornaban con grande arte, pompa y riqueza: y no solamente las familias, sino las ciudades los hacían levantar también en honor de sus mejores ciudadanos. Cuando uno llegaba á distinguirse por algún concepto, el Municipio, la Curia, el Senado, votaban fondos para consagrarle un túmulo, como recuerdo del hombre virtuoso ó del ciudadano ejemplar. El culto del sepulcro llegó á ser entonces la expresión exacta del agradecimiento y de la gloria en todos los pueblos civilizados. Los mármoles más selectos, extraidos de la Numidia y que por su excelencia se llamaban en Roma mármoles a fricanos, eran los que se empleaban para el realce de las sepulturas; algunas de ellas se veían adornadas de bajo relieves y de estatuas de un arte primoroso. Los de condición humilde se contentaban con consagrar una columna que terminaba en punta. Recogidas las cenizas, se depositaban en urnas preciosas de mármol, de berroqueña verde, de pórfido y algunas veces de ágata: los epitafios eran por lo común sencillos, leyéndose en ellos la fórmula S. T. T. L., sit tibi terra levis (la tierra te sea ligera), característica del paganismo. Entre los monumentos de utilidad pública, debemos citar, en primer término, los puentes y acueductos, construcciones portentosas de la arquitectura romana. El puente de Alcántara, obra maestra y admirable, tanto por la solidez como por la grandeza de sus proporciones, está formado de sillares completamente iguales y levantado sobre seis magníficos arcos: los dos del centro tienen sobre 120 piés de luz; los machones, de forma cuadrada, que los sostienen, 38 de circunferencia: el puente mide 670 piés de largo, 28 de ancho y 204 de altura, contada desde el nivel del agua hasta la haz del antepecho. Según una inscripción que ha quedado intacta en la fachada del arco levantado en el centro de la obra, ésta se llevó á cabo en una época mal deslindada todavía, con las contribuciones recaudadas (stipe conlatà) por varios municipios de la Lusitania. Son igualmente dignos de mención, por la gran celebridad que alcanzaron, el de Evora, levantado sobre el Betis; el de Calatrava y Agnæ Flavie (hoy Chaves), sobre el Támega, y el de Salamanca, sobre el Tormes. Este último formaba parte de la vía romana llamada Argentea, y tenía 500 pasos de longitud y 26 arcos de 70 piés, cuyos machones medían sobre 26 de circunferencia cada uno. El lujo de las aguas, como ya hemos indicado, era lo que más asombraba en aquellos afortunados conquistadores del mundo: entre los acueductos más notables de construcción romana, figuran: el de Segovia, que aun existe; el de Tarragona, que contaba 50.000 varas de largo, y los restos de otro antiquísimo que deben conservarse aún en los alrededores de Sevilla, el cual conducía las aguas á la ciudad, pasando por encima de los muros. Toda la solidez de estas famosas construcciones, que igualan, si no en valentía, en hermosura, á la del puente de Gard, resulta sólo de la perfecta colocación de las losas, ó piedras cuadradas que las componen, trabadas, no con argamasa ó betún, sino con algunos trozos de plomo. Varias de nuestras ciudades poseían puertas anchísimas (de entrada) de sillería, y en el interior, pórticos públicos muy hermosos, y plazas espaciosas, cercadas de soportales, que servían de paseo ó punto de reunión, en donde se trataban, principalmente, asuntos de comercio. En Sagunto se encuentran restos todavía de un teatro grandioso, desde el cual gozaban los espectadores de la vista deliciosa de los contornos y de la ori lla del mar: un cerro, situado al frente, rechazaba la voz de los actores. El edificio era del orden toscano; estaba construído de pequeñas y largas lo
sas, trabadas con betún, mientras que grandes sillares cuadrados formaban el cuerpo del circo. La escena medía 244 piés de largo y 44 de ancho; y en el fondo elevábanse tres grandes arcos: por el del centro, se presentaban las divinidades; por los dos laterales, los músicos y cantores. Nueve escaleras dividían los cúneos y correspondían á otras tantas puertas de entrada una doble hilera de pórticos (interior y exterior) rodeaba el edificio.—En cuanto á las carreteras del imperio romano, puede afirmarse que competían en ornato y firmeza; de tal suerte, que nuestro siglo, sin embargo de tantos inventos maravillosos, no tiene nada que pueda compararse con aquellas magníficas vías romanas. El gran cordón, que iba eslabonando las principales ciudades, se extendía desde el centro á la circunferencia, en una longitud de más de 8.500 kilómetros. La gloria inmensa de estos hermosos caminos de la península, cuyos restos (que más de 16 siglos no han podido borrar enteramente) causan todavía el asombro del viajero, se atribuye á la magnificencia de los Antoninos, de Marco Aurelio, de Trajano y de Adriano. En el feliz período de estos emperadores, vió España desmontar sus cumbres, allanar sus despeñaderos y zanjar su suelo con aquellas anchísimas carreteras. Las mayores y más celebradas se dirigian de Oriente á Occidente y se prolongaban desde las Galias hasta Italia: una de Roma á Arlés, bajaba á Narbona; luego, á Cartagena y Málaga; y de ésta, á Cádiz; otra, partía de Milán, atravesaba la Galia narbonense y los Pirineos; pasaba á Barcelona, Tarragona y Zaragoza, terminando en Leon; solamente de Zaragoza arrancaban ocho grandes vías, las cuales se dirigían á los Pirineos, á Tarragona, á Galicia, por Numancia, á Mérida, y luego pasaban á Sevilla, Coimbra, Toledo y otras poblaciones. En Mérida terminaban nueve carreteras; 7 en Asturias; á en Lisboa, otras tantas en Brácara; 3 en Sevilla y 7 en Córdoba. Según Bergier, los romanos llegaron á tener á ESPAÑA surcada con estos caminos en un espacio de 21.200 kilómetros, sin contar las obras de terraplén, de elevación ó allanamiento de terrenos. La superficie de estas carreteras solían cubrirse con una capa de argamasilla de arena gruesa y cal, y algunas veces de cascajo menudo y blanquecino, de donde tomó el nombre de Argentea la vía militar que atravesaba Salamanca: hallábanse realzadas con elegantes columnas miliarias, en las que se grababan, ya el nombre del emperador que había mandado abrir el camino, ya el del magistrado que le hacía reparar, ó ya, en fin, algún suceso notable contemporáneo; pero puntualizando siempre con el mayor esmero todas las distancias de las grandes ciudades (véase el artículo CALZADA).)-La decadencia de las artes españolas coincidió con la caída del poder romano. Después de una efimera dominación de los suevos, de los alanos y de los vándalos, apoderáronse de ESPAÑA los visigodos, y el arte de la construcción no tardó en abandonar las vías clásicas. Gozaban éstos fama de excelentes arquitectos, y el mayor elogio que podía hacerse de un monumento en otros países, era calificarlo de gótico; pero su sistema arquitectónico no tenía nada de común con la arquitectura ogival, llamada más tarde impropiamente gótica, puesto que edificaron según el sistema romano ó bizantino. Atribúyese á esta época la construcción de la iglesia de San Nicolás, en Gerona; la de las murallas de Toledo; la de los pórticos de las iglesias de Villanueva y la Coruña, y la bóveda de la de Bososte, que bien podría haber sido construida en tiempo de los musulmanes, atendiendo á que el gusto bizantino dominó hasta fines del siglo x.—Con la llegada de los árabes y la aparición de su nuevo arte, que fué desarrollándose con una actividad extraordinaria, tomó nuevo impulso la civilización española. En todas partes se repararon los caminos y las murallas de las ciudades: un lugarteniente de Muza erigió una mezquita en Zaragoza; Al Samah empezó el hermoso puente de Córdoba; Abd-el-Rhamán, el vencido de Poitiers, embelleció á España con nuevas mezquitas; Ius-suf-el-Ferhi restableció las grandes carreteras militares de Córdoba á Toledo, de Mérida á Lisbona, y la magnífica vía romana de Zaragoza. Ayub reparó las plazas fuertes y fundó á Calatayud; Abd-el Rhamán-ben-Moawiah, último de los Omiadas, hermoseó á Córdoba; trazó los jardines del alcázar de Sevilla; levantó la casa de la moneda; creó algunas canteras de construcción marítima y echó los fundamentos de la famosa mezquita de aquella ciudad, cuyo monumento terminó Hescham. Bajo el reinado de éste, se fundó un hospital, y el arquitecto Farkid-ben Aun-el-Dwain elevó la magnífica fuente que lleva su nombre. Abd-el-Rhamán II y Abd-el-Rhamán III acabaron de enriquecer á España con nuevos edificios: el segundo de éstos construyó, no lejos de su capital, el grande alcázar de Zahra, desgraciadamente destruido. Durante los tres primeros siglos de la dominación musulmana, la arquitectura presenta una mezcla de ideas clásicas y bizantinas; pero al fin recibe el sello particular del genio árabe. Los constructores arrancan á los monumentos antiguos sus columnas y sus mármoles y adornan con ellos los nuevos edificios, los cuales reciben la influencia del arte griego, cultivado por los cristianos. El trabajo bizantino aparece en la ornamentación de las puertas y ventanas y cornisas; y en los artesonados, los adornos y los mosáicos en fondo de oro. El estilo árabe se manifestó principalmente en el arco de hierro y en la disposición general de las formas arquitectónicas.—En los siglos xI y XII, bajo la dominación de los almoravides y de los Almohades, se transformó el gusto radicalmente: los arquitectos se formaban en las escuelas y no buscaban en los monumentos antiguos y bizantinos los elementos y las ideas de sus construcciones: antes al contrario, crearon un estilo particular que se ha convenido en llamar morisco, porque se creyó que la influencia de los moros no había sido extraña á la dirección de las ideas artísticas de esta época. Por entonces aparecieron las baldosas esmaltadas al estilo persa; la aplicación del estuco ó argamasa, el arco diagonal prolongado, en las bóvedas góticas, los ornamentos caprichosos, las inscripciones cúficas, mezcladas con las arabescas, el calado de los arcus volutus ó arcos contorneados, y sus combinaciones de pequeñas cúpulas colgantes, comparadas, no sin fundamento, á las estalactitas cristalizadas de las grutas. A partir del siglo XIII, la arquitectura árabe quedó constituida en toda su imponente originalidad, sin que hubiese en ella un solo elemento que no revelase un carácter suyo, como se ve en la Alhambra, tipo acabado y memoria eterna de aquel ingenio portentoso. Cuando se estudia ese preciosísimo original del gusto árabe; cuando nuestra alma parece extraviarse en la contemplación de una belleza que no cabe en la fantasía, el viajero cree vivir en un mundo soñado y concibe una idea más grande sobre la creación del universo, sobre la naturaleza de los seres y sobre los designios ocultos de la divina Providencia. ¡Tan cierto es que hasta las piedras mudas tienen lengua y son capaces de lo sublime! ¡Tan cierto es que hasta de las piedras inmóviles arranca un canto de poesía, como si fuesen una plegaria, una fe, un amor! ¡Tan cierto que hasta los mármoles tienen una lágrima que el sol evapora y sube á los cielos! ¡Tan cierto es que hasta los mármoles nos hablan de Dios! Un templete, un mirador, una columna, cualquier detalle de la Alhambra, bastaría para hacer inmortal á una generación de artistas. Además de este monumento peregrino, que no halla en toda la tierra más que un género humano que lo envidia, la hermosa Granada cuenta otros edificios importantes, tales como el Generalife, los palacios llamados el Cuarto Real de Santo Domingo, así como la Casa del Carbón. A este mismo orden de arquitectura corresponden los magníficos baños moriscos que existen en. Gerona, Barcelona y Valencia. A fines del siglo XV, los musulmanes, ya debilitados por los progresos de los cristianos, viéronse arrojados de nuestro suelo por Fernando el Católico, y la civilización árabe fué extinguiéndose rápidamente. Mas como los estados cristianos hubiesen adoptado desde larga fecha la arquitectura ogival, de la que eran brillantes modelos las catedrales de Burgos, de Sevilla, de Segovia, de Barcelona, de Toledo y la
iglesia de los Reyes, de esta última ciudad, los monumentos de la España cristiana continuaron ofreciendo, por mucho tiempo todavía, en su ornamentación, el gusto morisco, el cual no cedió, sino con gran dificultad, ante el estilo importado por los arquitectos del Occidente. En Guadalupe y en los Dominicos de Valladolid existen admirables monasterios góticos, y en Valencia y Palma, lonjas de comercio del mismo orden. El arte de la construcción sufrió en España, como en todas partes, la influencia del renacimiento. Becerra y Berruguete, arquitectos, escultores y pintores á la vez, como su maestro Miguel Angel, se pusieron á la cabeza de una nueva escuela: la lucha fué tenaz, empeñada, prolija, porque no fué la lucha de algunos hombres, sino el certamen invisible de los sistemas, de las razas, de las generaciones, de los tiempos. El gusto de la época pareció dividirse en ciertos instantes, abarcando simultáneamente las dos creaciones, viviendo á un tiempo en los dos mundos, como si deseara lo que venía, como si amase lo que había venido, como si latiera su corazón por lo que había de venir. ¡Qué armonías tan consoladoras para los espíritus fervorosos! De aquella enemistad interior y profunda de escuelas contrarias, resumen de famosas civilizaciones, nos muestra un ejemplo la catedral de Málaga, en donde vemos los estilos gótico y clásico mezclados, revueltos, confundidos, combatiéndose hasta en las piedras de una misma fábrica, como antes se habían combatido en el cerebro y en el gusto de los arquitectos de la obra. La confusión de aquella catedral no es la confusión de sus piedras, sino la confusión de piedras anteriores que se desploman sin concierto en la imaginación del artista, porque cuando llega la hora de una catástrofe providencial, todo contribuye, hasta las piedras del monumento, á que se realice en el mundo el nuevo arcano de aquel pensamiento divino. Los mismos ejemplos hallamos en el altar mayor de la catedral de Sevilla y en el sepulcro de Fernando el Católico de la catedral de Granada. El estilo clásico acabó por sobreponerse, y así observamos que en el famoso monasterio del Escorial, construido por Felipe II, no se encuentra ya un solo trazo de las diversas arquitecturas de la Edad Media. A esta misma época pertenece el palacio de Aranjuez. Por lo demás, todos los monumentos levantados en ESPAÑA, bajo los príncipes de la casa de Austria, no presentan el aspecto severo del Escorial, como lo prueba la elegante fachada del convento de la Virgen, en Cádiz. Cuando se reflexiona sobre esta época de la historia patria, el entendimiento encuentra motivos para creer que las mismas causas que ocasionaron, durante el siglo XVIII, la decadencia de la monarquía española, transcendieron á la arquitectura, porque la piedra cae con los pueblos, como los pueblos caen con la piedra. Juvara presentó los planos para un nuevo palacio real, en Madrid: Felipe V adoptó los de Sacchetti, autor del sólido edificio que hoy existe. Los arquitectos eran generalmente más afortunados en las distribuciones interiores, en las cuales hacían alarde de una magnificencia que no excluía el buen gusto. Entre éstos, cítanse á D. Mariano López Aguado, Custodio Teodoro Moreno, Juan Miguel de Inclán Valdés y Anibal Alvarez. 18. Escultura.—El museo de Madrid y los de algunas otras ciudades, así como los gabinetes de varios aficionados á la arqueologia, contienen estatuas antiquísimas de muchísimo mérito, entalladas en los solares de antiguos establecimientos romanos; y en las excavaciones, un número, más considerable todavía, de zócalos y pedestales, en su mayor parte de mármol.
Esto, sin embargo, no prueba que en la estatuaria española no se empleasen entonces el bronce y los demás metales; antes bien debió de ser así, puesto que algunas inscripciones revelan la existencia de una multitud de estatuas de bronce, de plata y aun de oro. En el circo de Murviedro (Sagunto), existía un mosáico notabilísimo, que se ha perdido de un siglo á esta parte, el cual, como el que fué descubierto á principios del presente en la plaza del circo de Itálica, atestiguan una vez más la grande altura á que se había encumbrado ESPAÑA durante el largo y brillantísimo período de la dominación romana. Un mosáico de 38 piés de largo y 27 de ancho, en el que campea todo género de primores, es uno de los monumentos más vistosos y originales del arte antiguo, cuyo realce corresponde á las antigüedades españolas. En el centro de esta hermosa labor se representa un circo prolongado; en uno de los lados, una corrida de carros y un ejercicio de lidiadores; en las divisiones circulares que forman la circunferencia, se ven las nueve musas, un considerable número de animales y varias figuras alegóricas; entre éstas se distingue un centauro (que los antiguos consideraban como el numen de los griegos del circo) y las cuatro estaciones, cada una de las cuales representada con el matiz parecido al de los vestidos de los atletas que peleaban en la palestra.—En el siglo xI, época en que la escultura empezó á practicarse con éxito en Es PAÑA, floreció en Castilla un tal llamado Aparicio, á quien el rey don Sancho el Grande mandó hacer la urna de san Millán. En el siguiente siglo, Mateo, escultor y arquitecto á la vez, construyó la catedral de Santiago en Galicia, y la adornó de estatuas y de bajo relieves. En 1278, hizo Bartolomé varias de aquéllas para la puerta principal de la catedral de Tarragona, en donde figuran también otras de Jaime Castayls, artista catalán del siglo xV. En 1410 esculpió Centellas las sillas del coro de la catedral de Palencia, y en la de Tarragona se admira un hermoso retablo en mármol, empezado en 1426 por Pedro Juan, y concluido por Mota La iglesia episcopal de Sevilla encierra numerosas obras de Mercadante y de su discípulo Onofre Sánchez; y en la segunda mitad del siglo XV, Gil de Siloé hizo su reputación en Burgos con el sepulcro del rey Don Juan II, y Paulo Ortiz, en Toledo con el del condestable de Castilla don Alvaro de Luna. Entre los escultores del siglo XVI se distinguieron: los arquitectos Becerra, Berruguete y Juan Bautista Montenegro, quienes siguieron la influencia del renacimiento italiano: Juan Olózaga, cuyos notables trabajos adornan la catedral de Huesca; Sebastian de Aponte, que ejecutó las sillas del coro del colegio de Medina del Campo; Juan Pérez, que hizo las estatuas colosales para la cúpula de la catedral de Sevilla; Bartolomé Ordóñez, autor de la magnífica tumba del cardenal Jiménez de Cisneros, situada en la iglesia del colegio de San Ildefonso, y Pedro de Valdelvira, que se inspiró principalmente en las obras de Miguel Angel. El siglo XVII vió florecer á Gregorio Hernández, cuyas obras figuran en Madrid, Salamanca y Valladolid; á Juan Martínez Montáñez, á quien pocos artistas han igualado en la naturalidad de las actitudes y de los ropajes, y á Juan Rebenga, habilísimo en la ejecución de pequeñas figuras en cera. Al siglo XVIII pertenecen Juan de Hinestrosa, famoso por sus animales en madera y barro, que él mismo iluminaba con muchísimo arte, y Antonio Salvador, que alcanzó una gran reputación por sus notables Crucifijos. En el siglo xIX, han descollado José Alvarez, Antonio Sola, Medina, Ponzano, Francisco Pérez del Valle, Esteban de Agreda y Francisco Elías. 19. Pintura.—Este ramo de las bellas artes brilló poco en España durante la Edad Media: hasta el siglo x no se hace mención del nombre de ningún artista. En el siglo xV, la escuela española estuvo generalmente como subordinada á la de los Países Bajos; entre los pintores flamencos residentes en ESPAÑA, cítanse á Rogel y Juan Flamad. Más tarde, los contemporáneos de Carlos V imitaron á Alberto Dürer y la escuela alemana, entre ellos, Gallegos y Alonso Sánchez Coello, á quien llamaban el portugués por haber pasado una parte de su vida en la corte de Lisboa. Con el renacimiento se inauguró en ESPAÑA una nueva era para la pintura: Becerra, Pedro Campaña y Berruguete, discípulos de Miguel Angel, e tendieron en nuestro país la influencia italiana. Pablo de Aregio y Francisco Neapolí imitaron con bastante exactitud el sabio estilo y la manera delicadísima de Leonardo de Vinci; don Pablo de Céspedes, que había estudiado en Italia, y á quien se le apellidaba en apellidabo n
Roma el Rafael español, no se limitó solamente á adornar de frescos la iglesia de Araceli, la de la Trinitàdel-Monte y la capilla de la Annonciata, sino que escribió también un Tratado de perspectiva, un Paralelo de la pintura y de la escultura antiguas y modernas, y un poema sobre la primera de dichas bellas artes. La protección de Felipe II despertó el entusiasmo de los artistas: Alonso Sanchez Coello y Fernndez Navarrete, llamado el Mudo, imitaron á Ticiano; Francisco Ribalta intentó apropiarse el estilo de Sebastián de Piombo; Luis de Vargas se inspiró en los cuadros de Julio Romano y de Perino del Vaga, y Morales el Divino, y Vicente Joanes siguieron también la escuela italiana. Otros pintores imitaron á los flamencos, y así encontramos que las obras de Pantoja de la Cruz ofrecen una grande analogía con las de Antonio Moor de Utrecht. Bajo el reinado de Felipe III, la escuela de Valencia, ya ilustrada por Aregio, Neapoli y Ribalta, y representada por Pedro Orvente y José Ribera, no tuvo tampoco un estilo propio, una forma talmente original. Hasta la época de Felipe IV no se formó en ESPAÑA una escuela de pintura verdaderamente española, la cual dió principio simultáneamente en Sevilla y Madrid. Sus más ilustres representantes en la primera de estas poblaciones, fueron: Francisco Pacheco, Juan de las Roelas, los tres Castillos, Pedro de Moya, discípulo de Van-Dyck; Velázquez de Silva, notabilísimo por la corrección del dibujo, la frescura, brillantez y naturalidad del colorido, y á quien únicamente se moteja un poco de dureza en los contornos; Zurbarán, cuyas obras se distinguen por un carácter grave y profundamente religioso y el arte admirable que se observa en las cabezas de sus monjes y en sus ropajes; Bartolomé Esteban de Murillo, considerado generalmente como el primero de nuestros pintores, por la vida, la verdad y el vigor de sus retratos, la pureza ideal de sus Vírgenes y la frescura y transparencia del colorido, y Alonso Cano, cuyo hechizo y suavidad justifican el sobrenombre de Albano español. La escuela madrileña produjo: á Luis Tristán, los dos Carduchos, florentinos de nacimiento; Juan de Paraja y Mazo Martínez, discípulos de Velázquez; Antonio Pereda, que logró sobrepujar en el colorido al mismo Murillo; Juan Careno de Miranda, fray Rizi, Juan Antonio Escalante, Claudio Coello y otros. La escuela española tiene por caracteres distintivos una naturalidad inteligente, que algunas veces traspasa los limites de la belleza; una composición y un dibujo valiente y atrevido, sin tener nada de caprichoso ni de arbitrario, y un colorido bri Ilante, transparente y extraordinariamente dulce. La encarnación es pálida, como la de los cuerpos de los españoles, pero llena de vida y de frescura. La decadencia de esta noble arte empezó bajo el reinado de Carlos II: el último tercio del siglo XVII no produjo más que un solo artista de talento, Carreño. Antonio Palomino de Velasco, más que á sus cuadros, debe su importancia á las noticias que publicó sobre los antiguos artistas españoles: y Antonio Viladomat y Alonso de Tobar no fueron más que pálidos imitadores de sus maestros. Bajo Felipe V, Bonavía, Luxán, Calleja y los tres hermanos González Velázquez no pasaron de medianías. Fernando VI estableció en Madrid una academia de pintura, escultura y arquitectura: Carlos III protegió á los dos mejores discípulos de Mengs, Beratón y Goya; pero las turbulencias de su reinado le impidieron llevar á feliz término todas las mejoras que sobre las bellas artes se había propuesto.—Los pintores españoles del presente siglo siguieron en su mayoría la influencia de la escuela francesa de David; entre ellos, Mariano Sánchez, José Aparicio, Bartolomé Montalvo, Vicente López y Portana, José y Federico Madrazo, Juan Antonio y Carlos Luis Rivera, Nivelles y Helip, Esquivel, Pedro Kuntz, Valentin Carderera, José Gutiérrez de la Vega, José Elbo, Tegeo, Agapito López San Román, Alenza, Cavanna, Candereta, Benito Sanz, Ferrán, Ortega, Van-Halén, Buccelli, Pérez, Villaamil y Hortigosa. En nuestros días, el cuadro de los Comuneros, de Gisbert, trajo á España una nueva pintura, la pintura propia de nuestro siglo, debiéndosele considerar como el legítimo representante de la escuela social de Horacio Vernet. 20. Música.—ESPAÑA no puede rivalizar con Italia, Alemania y Francia, ni en el número ni en el mérito de sus compositores. En 1254, fundóse en Salamanca una academia de música, la cual dotó el rey Don Alfonso X de Castilla: el cabildo de la catedral de Toledo posee un manuscrito que contiene algunos aires compuestos por este monarca. En el siglo XIV, Don Juan I, rey de Aragón, instituyó una escuela de música en Barcelona: y el marqués de Santillana, en el tratado que publicó por los años 1440 sobre la poesía castellana, menciona á varios músicos, y entre ellos, á don Jorge de San-Sorde, de Valencia. En esta misma época, Bartolomé Ramos Pereira, profesor de la academia de Salamanca, fué llamado para ocupar la cátedra de música, creada por Nicolás V en Polonia, y demostró los errores en otro tiempo cometidos por Gui de Arezzo. Francisco Tovar escribió un Libro de la música práctica; Melchor de Torres, un Arte del canto, y Cipriano de la Huerga, un Tratado sobre la música de los hebreos.—El siglo xVI fué fecundo en grandes músicos. Entre los teóricos, figuran don Pedro de Ureña, á quien se le atribuye la adición de la nota sí, en el diapasón de Gui de Arezzo, y al ciego Francisco Salinas, natural de Burgos, muy conocido también como hábil organista. El clero y algunos particulares opulentos dieron con su apoyo grande impulso á la música religiosa: Cristóbal Morales, Victoria, Carlos Patiño, Juan Roldán, Vicente García, Francisco Guerrero y. José Nebra compusieron varias misas y motetes. Entre los músicos de esta época, figuraron igualmente el catalán Flecha, el madrileño Ortiz y Cabezón, el cordobés Infantas, el navarro Azpilcueta y el extremeño Durón. Entre los compositores de música sagrada de los siglos XVII y XVIII se distinguieron Ortells, Babán, Rabaza, Pradas, Fuentes, Morera y Pons. Desatendida por el Gobierno la música dramática, apenas logró llamar la atención: empezóse por tocar detrás de la cortina, durante los entreactos, algunos instrumentos, los cuales fueron sustituidos más tarde, siempre en los intermedios, por coros acompañados; pero la música no llegó á mezclarse con la declamación. No se tiene noticia de que la verdadera ópera haya sido cantada en tiempos de Carlos II. No gustando á los españoles la música francesa, para representar en Madrid los dramas liricos italianos, que tan buena acogida han alcanzado en España, desde entonces, se hizo venir exprofeso de Nápoles y de Milán á los músicos y á los cantantes. Bajo el reinado de Fernando VI, llegó la música á imperar verdaderamente con el célebre cantor Farinelli, el cual obtuvo el permiso de aquel monarca para establecer un teatro italiano en el palacio del Buen Retiro. Hoy, en los teatros de Barcelona, Sevilla y Valencia, se canta, con el mismo éxito que en Madrid, la ópera italiana, y en la mayor parte de nuestras provincias se representa un sinnúmero de piezas y juguetes líricos españoles, como tonadillas, sainetes, y particularmente la zarzuela, género que el célebre tenor Manuel García dió á conocer en los comienzos del presente siglo, y que, desde entonces, han venido cultivando con singular acierto nuestros grandes poetas y compositores. Los maestros que más impulsaron el nuevo género, desde la fundación del teatro de la zarzuela, fueron Arrieta, Barbieri, Gaztambide y Oudrid. Dando por sentado el mucho mérito de varias piezas de los maestros mencionados, nos parece que el primer lauro de la música de zarzuela corresponde al originalísimo Barbieri por su precioso Jugar con fuego. Por lo demás, la música española es famosa en todos los pueblos civilizados por la rica y graciosa originalidad de nuestras canciones nacionales, como la jota aragonesa, la rondeña, la malaguena, las manchegas, las seguidillas ó sevillanas y el fandango, así como por las playeras, la soledad y el vito, en cuyas melodías prolongadas y tristes está respirando la apasionada música de los orientales. Hoy priva extraordinariamente en el gusto público un estilo llamado flamenco, que viene á
ser como la germanía de la música, y que durará poco, puesto que se prodiga mucho. Cuando un género se exagera, acaba necesariamente por aburrir como todo manjar muy dulce acaba necesariamente por empalagar. Es muy posible que cuando pase el estilo flamenco, la noble música española no tenga más que un recuerdo triste, semejante á la gasa negra con que se cubre el rostro de un difunto. 21. Lenqua.—Se ignora si los españoles hablaban, con anterioridad á la conquista romana, una lengua única: los sabios, al menos, no han podido determinarla. Un escritor del siglo vII, Luitprand, hace mención de diez idiomas que se hablaban aun en tiempo del emperador Augusto; pero no cita más que el cántabro, el celtíbero y el español antiquo, y no ha sabido decir si el primero de éstos se reprodujo, sin muchas alteraciones, en el vasco, y si, bajo el nombre de español antiguo, entendió el turdetano, el bástulo ó cualquier otro dialecto. El fenicio y el cartaginés debieron necesariamente influir en los idiomas primitivos de ESPAÑA; pero después de la conquista de los romanos, la división de estos mismos idiomas, que no tenían ni la fuerza de un lazo social, ni el interés de una literatura, favoreció el progreso del latín, que no tardó mucho en enseñorearse de todos ellos. Sin embargo, no desaparecieron por completo entre los indígenas, puesto que, en algunas medallas del imperio romano, se encuentra el bástulo empleado juntamente con el latin.— Los suevos, los alanos, los vándalos y los visigodos, invadiendo á Es PAÑA á principios del siglo v de nuestra era, trajeron consigo los idiomas germánicos. Oscurecidos en breve los tres primeros pueblos y más dispuesto el cuarto á tomar las costumbres y la lengua de los vencidos que á imponerles las suyas, el latín, á pesar de la introducción de algunos elementos tudescos, continuó siendo la lengua dominante de la patria común. La influencia que los árabes ejercieron en nuestro idioma fué más general, más trascendente, más profunda, más decisiva, y este hecho tiene su explicación en la esencia misma de las cosas. El soldado basta para la conquista del terreno; pero únicamente el apóstol, el sabio, el artista, el comerciante y el industrial pueden conquistar á los hombres. Los árabes, que vienen á España en el siglo vnr con una lengua culta, con invenciones importantes, con una civilización poderosa, nos traían todo un orden jerárquico en la esfera de la especulación y del experimento, y excusado parece decir que toda potestad jerárquica tiene que fundar su jerarquía. Los conocimientos de los árabes en alquimia, en astronomia, en matemáticas, en Medicina, en botánica, en arquitectura, en artefactos, nos proporcionaban gérmenes y elementos para un nuevo idioma, y el idioma nuevo encontró manera de filtrarse en el lenguaje nacional, porque el habla de un pueblo hace lo que la atmósfera: asimila algo de los miasmas que la surcan. Sólo así podemos darnos cuenta de un hecho rarísimo, casi incomprensible, que se observa en la historia de los tiempos medios. Hubo una época en que los españoles hablaban á la romana; pero pensaban, obraban, sentían, á lo árabe; y era que los conquistadores habían sentado sus reales en el espíritu de las generaciones conquistadas, porque los pueblos van adonde va el espíritu de los pueblos. Y por eso reinaron los árabes durante tanto tiempo sobre una gran parte de nuestro territorio; por eso alumbró aquella guerra el sol ensangrentado de siete siglos, que esto se verifica siempre que se hace, no guerra de acero, sino guerra de alma. Al expulsar de nuestra tierra á nuestros antiguos dominadores, tuvimos que expulsarlos, no de la superficie del territorio, sino de las profundidades de nuestra inteligencia, de nuestro corazón, de nuestras costumbres, casi de nuestra misma raza. ¿Quién puede decir, aun en el día de hoy: «yo no tengo nada del zeneta, del omiada, del almoravid, del abencerraje?» Esto sería tan absurdo como el que dijera nuestro idioma: «yo no tengo nada de aquellas universidades de Sevilla y de Córdoba, de donde brotó la erudición arábigo-hispana, la más floreciente y famosa desde el siglo vin al siglo XV, sin embargo de tener enfrente la escuela formidable de un san Alberto y de un santo Tomás.» Los indígenas comprendían y hablaban el árabe en las muchas comarcas sometidas al yugo sarraceno, mientras que, en los mismos estados cristianos, el latín y el árabe alternaban y se confundían muchas veces, como lo han demostrado infinitas medallas de la Edad Media. La genealogía de la lengua española, llamada romance, por ser una de las lenguas romanas, es la siguiente: Los latinos nos dieron el fondo y el genio del idioma nacional: los griegos, el lenguaje científico; la dominación goda, ciertos elementos germánicos; el bajo latin, que tiene por intérprete en España á san Isidoro, se refleja en el romance antiguo, cuya encarnacion más universal y genuina es el Fuero Juzgo, obra inmortal de los Concilios de Toledo, coronada más tarde por un gran monumento del siglo xIn; las Partidas: el caldeo, el hebreo y el siriaco nos enviaron un centenar de voces directas; el vascuence nos dió sus avenidas, no tan caudalosas como se ha creido: los persas, por medio del mogol; los malayos y javaneses, por medio del comercio con nuestras colonias y con la India, enriquecieron nuestro idioma con más de cien voces de historia natural; la conquista de América nos trajo una parte del habla indígena: el árabe, que es la primera de nuestras lenguas madres, después del latín y del griego, dejó en España más de tres mil voces, la articulación gutural, que convertía la h en j, y la adición del elemento al, como en alcuza, que representa el artículo arábigo, carácter permanente del español moderno. Un sabio jesuita del siglo pasado, el padre Manuel de Larramendi, afirma que, de 13.365 voces que contaba la lengua española en la época en que escribía, eran: 5.385, latinas; 1.951, vascongadas (número excesivo); 973, griegas; 565, de origen arábigo (número insignificante); 90, hebreas, y 2.786, de origen a no conocido. A estos datos, escasísimos en la actualidad, podrían agregarse, añade Monlau, las infinitas voces italianas y francesas modernamente introducidas en nuestro idioma. Dividido primitivamente nuestro romance en multitud de dialectos, no llegó á ser lengua nacional hasta después de verificarse la reunión de todos los estados cristianos bajo un solo poder. Al lado de los dialectos romanos que se desarrollaron entre el pueblo durante la dominación árabe, se citan, como los más importantes, el lemosín, que se habla en la costa oriental de la península, en Cataluña y Valencia; el gallego, de que es hijo el portugués, en la costa occidental, y el castellano, en el centro. Este último fué el que predominó sobre todos los otros, cuando se fundó el señorío histórico y político que dió á la monarquía española el título de monarquía castellana, ó al trono español el nombre de trono de Castilla. Sólo el portugués ha conservado su desarro Ilo independiente, merced á las complicaciones y circunstancias infelices que hicieron de Portugal un reino aparte.—El idioma oficial es el español ó castellano; rico, sonoro, majestuoso, poético, lleno de fuerza y de armonía, llamado lengua de los dioses. 22. Literatura. (Véase el artículo LITERATURA.) 23. Medicina.-Los primitivos tiempos de nuestra patria aparecen envueltos en la misma densa oscuridad que los demás pueblos antiguos; siendo muy de notar la discordancia y confusión que se echan de ver en todos los autores, respecto del origen, civilización y progresos de los primeros españoles. Según competentes autores, que lograron reunir un sinnúmero de datos extraidos de los antiguos historiadores fenicios, caldeos, egipcios, griegos y romanos, despué de la confusión de lenguas, en Babel, año 2193 del mundo, según la Santa Vulgata, ó 2135 antes de la época en que, según Syneclo, fué arruinada la ciudad de Troya, llegó á España una colonia de los dispersos, capitaneada por Tarsis, hijo de Javán, nieto de Japhet, trayendo consigo todos los adelantos que en época tan remota había conquistado la civilización. Esta colonia se estableció en nuestro país, en donde su jefe fundó varias poblaciones, instituyendo en ellas su religión y su gobierno. Desde esta est fo fe
cha, empezó E á ser un pas culto, el cual obedecía las leyesemanadas de su sabio rey, que comenzó ya á fomentar el gusto por las letras, las cuales tienen más antigüedad en nuestra patria que las de los fenicios y los hebreos, como lo prueban: 1.° el que las antiquísimas monedas españolas, que n se conservan, tienen inscritos ciertos caracteres que, como no son de los fenicios, ni de los cartagineses, ni de los romanos, que fueron los pueblos que primero dominaron en ESPAÑA, nos permiten asegurar, sin temor de equivocarnos, que son anteriores á la venida de dichos extranjeros; 2.°, la cita de Estrabón de las dos columnas de oro y plata que se conservaban en el templo de Hércules, en Cádiz, que fué fundado antes del nacimiento de Abraham, y en las cuales habia dos inscripciones que contenían lo que costó la fábrica del templo. Estas inscripciones, dice Filistrato, estaban grabadas con letras que ni eran egipcias, ni indias, ni conocidas por otro alguno. En época muy anterior á la dominación romana, tenían ya los españoles muchos conocimientos adquiridos, bien por su propia observación y experiencia, bien por las noticias que les proporcionara su trato con los fenicios, griegos y cartagineses. Los túrdulos y turdetanos, que ocupaban nuestra Andalucía, eran los más sabios de la nación y poseían libros de una antigüedad casi fabulosa. En ellos se hallaban sus poemas y sus leyes escritas en verso. Infiérese de la tradición conservada en la Andalucía sobre la antigüedad de sus escritos, que en ella habían florecido las ciencias en tiempos muy remotos. Según Estrabón, los turdetanos tenían conocimiento de la poesía y varias ciencias, pues no sólo conservaban leyes antiguas escritas en verso, sino otros poemas y volúmenes de memorables tradiciones. La Medicina, que había empezado á florecer al par que la de Roma, decayó visiblemente con la irrupción de los bárbaros del Norte; decadencia que fué en aumento con la invasión de los godos en el siglo v. Según opiniones autorizadas, éstos, durante los tres siglos que duró su dominación, persiguieron las ciencias, en vez de ampararlas, y descuidaron el estudio de la Medicina; si bien legislaron acerca de ella, como autores del Fuero Juzgo. Esto, no obstante, á mediados del siglo vi y bajo el reinado de los godos, se hizo en Mérida, por el obispo Paulo, la operación cesárea en madre viva y feto muerto. Es la primera de esta especie de que hace mención la historia médica. — Los árabes, al contrario de los godos, cultivaron siempre la Medicina, con más ó menos predilección: en las épocas florecientes tuvieron médicos famosos, muchos de ellos cristianos, á quienes premiaron con esplendidez. Su arte predilecto fué la Medicina, no sólo por la necesidad que tenían de ella, sino también porque los califas apetecieron siempre con ahinco mantener la vida deliciosa y sensual con que les brindaba su ley. La química, que los griegos habían empleado únicamente en la fundición del metal, entró en la Medicina árabe, y á ella se debe la destilación química de las aguas. En los escritos del alquimista Geber, se hace mención de algunas preparaciones mercuriales, como el sublimado corrosivo y precipitado rojo; del ácido nítrico y nitro muriático; del nitrato de plata y otros. El uso del maná, el ruibarbo, el sen y la casia, como purgantes; el empleo del azúcar para la elaboración de los jarabes; el de varias plantas, como el anacardio, el santalus y la nuez moscada; así como el del almizcle, el ámbar, el alcanfor y otras muchas sustancias, débense igualmente á los árabes españoles. Entre los varios descubrimientos que se hicieron en España, desde antes de Jesucristo hasta el siglo XIII, habla Plinio de la invención de algunos remedios para la mordedura del perro rabioso, como el agua de la raíz de la rosa silvestre, que los griegos llamaban cinorrodon, y los españoles escaramujo; para el de la víbora y otros animales venenosos, la hierba conocida con el nombre de dracúnculo, tragontia ó dragontea menor; el del comino, para los flatos y dolores de estómago y de vientre; el mineral llamado espuma de plata, que las mujeres empleaban para quitar las manchas y las cicatrices del rostro y poner resplandeciente el cabello: su principal virtud consistía en templar, purgar y ablandar los humores y criar carnes en las llagas. También fueron conocidas las propiedades del opio y el famoso veneno tóxico, que se extraía de la cicuta. A beneficio de los progresos del siglo XVI, la Medicina se engrandeció en mayor escala, abarcando todas las noticias necesarias al médico y dando á luz muchos libros clásicos, calcados en las máximas de la escuela de Hipócrates. En una obra impresa en 1564 por el honrado varón D. Francisco de la Reina, se manifiesta ya, de un modo muy claro, el conocimiento de la circulación general de la sangre; descubrimiento que algunos autores del siglo XVI intentaron usurpar á los españoles. En esta misma época, importaron de América y de las islas occidentales un considerable número de medicamentos, cuyas propiedades, descritas por varios autores, arregláronse á la clasificación fundada por Galeno, de fríos, húmedos, calientes y secos. En 1638 se descubrió en el Perú la quinina, cuyas raras virtudes antifebrifugas dió el virrey Chichón á conocer en ESPAÑA, cuando regresó á ella en 1640; siendo después clasificadas y distinguidas sus diversas especies, que Linneo reunió en un solo género, bajo el nombre de chichona. Durante los siglos XVII y XVIII, la Medicina española, por causas harto conocidas para que las recordemos, no fué tan brillante ni operó los progresos que en otras naciones de Europa. Sin embargo, la enseñanza médica recibió un impulso saludable con la instalación y fomento de colegios, academias y escuelas prácticas; florecieron muchos médicos ilustres, y la inmensa erudición que atesora la mayor parte de las obras que nos dejaron, prueba evidentemente el profundo estudio que habían hecho de los escritos de los antiguos y modernos. Por lo que hace á la Medicina de nuestro siglo, puede afirmarse que nos representa con harta gloria nacional en la civilización europea. 22. Numismática.—ESPAÑA tuvo sus monedas con anterioridad á la conquista romana. Se han conservado medallas cástulas y celtíberas; las colonias griegas de Emporie y de Rhoda acuñaron dracmas; Cádiz y otras muchas ciudades del Mediodía tuvieron varias especies de bronce con inscripciones púnicas. Después de establecidos los romanos, las ciudades españolas conservaron sus tipos monetarios; pero adicionándoles las inscripciones latinas. Estas piezas bilingües fueron, por último, sustituidas por otras puramente romanas, y, para que la semejanza de España con las ciudades italianas fuese completa, acuñáronse monedas en nombre de las familias consulares. Las que se acuñaron después de la invasión de los visigodos, se resienten de la barbarie de su tiempo: los caracteres aparecen algunas veces tan mal formados, que las inscripciones resultan indescifrables; las efigies son rudas y groseras; en algunas piezas se ha venido tomando largo tiempo por un escarabajo la victoria que el obrero había querido representar. Las monedas de los visigodos Ilevaron hasta fines del siglo vi el nombre del emperador, y sólo entonces se vió figurar en ellas los nombres de sus reyes. Estas monedas son de oro y de plata; el flaón de las primeras es más largo y más delgado, pero el peso es el mismo. En oposición al uso adoptado por los francos, los bustos aparecen en ellas de frente, debiendo notarse que hacia fines del reinado de los visigodos, los monogramas reemplazan frecuentemente las efigies reales. A partir del siglo vIII, ESPAÑA, dividida entre los cristianos y los árabes, participó de la Europa y del Oriente en su sistema monetario. Los califas de Córdoba acuñaron numerosas piezas de plata y de oro, las cuales traían algunas máximas del Corán; pero sin ninguna figura adornada. Los reyes de Castilla, de León y Navarra tuvieron diferentes especies del sistema del Mediodía de Francia, las cuales llevaban invariablemente, en el anverso, la cabeza del rey, y, en el reverso, ya una palma, ya una cruz, en Barcelona; un castillo, en Castilla; un león, en León, y así sucesivamente. A consecuencia del contacto continuo con los musulmanes, algunos príncipes cristianos acuñaron unas monedas, llamadas marabotines,
en las que figuran juntos: el nombre de aquéllos, escrito en letras romanas, el emblema de la cruz y una inscripción en caracteres arábigos. En el siglo xy se renunció, en el Norte de AÑA, á la falsificación de las piezas árabes: en Navarra, donde reinaba una dinastía francesa, se aproximaron más al sistema francés: en Aragón, sus frecuentísimas relaciones con la Italia introdujeron la imitación del florín. Un sistema monetario puramente español, no llegó á establecerse en E hasta despus de la destrucción del reino musulmán de Granada, en 1492, y del descubrimiento del Nuevo Mundo. Con motivo de la abundancia de metales preciosos que aquel descubrimiento trajo á ESpa NA, nuestro país inundó á Europa de sus monedas, durante el siglo XVI. Frecuentemente no se tomaban el trabajo de acuñar las piezas con una forma regular, sino que se cortaba un lingote, y se le imponía un tipo, ordinariamente el escudo acuartelado de León y Castilla; ó se daba al flaón de las monedas unas dimensiones exageradas. Bajo el punto de vista de la fabricación, caímos en el último grado de barbarie, y, hasta nuestros días, las piezas españolas fueron muy inferiores á las del resto de toda Europa. 23. Gobierno.—La ESPAÑA es una monarquía constitucional, hereditaria en las líneas masculina y femenina: el gobierno está confiado al Rey y á las Cortes.— Poder real. El monarca es inviolable é irresponsable; sanciona, promulga y hace ejecutar las leyes; declara la guerra y hace la paz; dirige las relaciones diplomáticas, otorga los empleos, distribuye las recompensas y títulos honoríficos, y convoca, suspende y disuelve las Cortes, con la obligación de reunirlas de nuevo en el espacio de tres meses: la justicia se administra en su nombre. No puede, sin la autorización previa de las Cámaras, ceder ó empeñar parte del territorio, admitir tropas extranjeras en su reino, conceder subsidios á las demás naciones, ratificar los tratados de alianza ofensiva, abdicar la corona y contraer matrimonio: esta última condición es igualmente extensiva á su inmediato sucesor. El soberano recibe, como lista civil, 9.550.000 pesetas, y comparte el poder con la representación nacional, según la nueva Constitución votada por las Cortes en 1876.—Poder legislativo. Constituyen éste el Senado y el Congreso. Forman el Senado: 1.°, los príncipes de sangre real, los grandes de España y los altos funcionarios del Estado; 2.°, los senadores nombrados por la corona, y 3.°, los senadores elegidos por las altas corporaciones y los ciudadanos que pagan mayor contribución. El número de senadores de derecho y de elección real no puede pasar de 180, ni el de los elegibles, exceder de esta cifra. El cargo es gratuito y vitalicio. El presidente y los vicepresidentes son de nombramiento real para toda la legislatura. Este alto Cuerpo, además de sus funciones legislativas, juzga á los ministros, acusados por el Congreso de violar la Constitución; los atentados contra el monarca y la seguridad del Estado, y en las causas formadas á alguno de sus miembros. El Congreso se compone de los diputados elegidos directamente (uno por cada 15.000 almas) por los electores de cada distrito: el cargo es también gratuito, y su duración, de cinco años. Entiende principalmente en la formación anual de los presupuestos generales del Estado. Sus individuos, como los del Senado, son inviolables.—Poder ejecutivo. Constitúyenle un presidente sin cartera y ocho ministros, responsables ante los Cuerpos colegisladores y el monarca, encargados de los departamentos de Estado, Gracia y Justicia, Guerra, Marina, Gobernación, Fomento, Hacienda y Ultramar. Cada ministro recibe el sueldo de 30.000 pesetas anuales.—Presidencia del Consejo. Comprende el personal de la subsecretaría y el Consejo de Estado, que se compone: de un presidente, 32 consejeros, un secretario general, un fiscal, á tenientes fiscales, y las correspondientes plantillas de oficiales y subalternos. Los gastos de la presidencia importan 1.079.209 pesetas.— Estado. Este departamento ministerial comprende las relaciones exteriores, el nombramiento de los agentes diplomáticos, la interpretación de lenguas, el tribunal de la Rota, la agencia de preces á Roma, la diputación permanente de la grandeza de ESPANA y las órdenes, excepto las de san Fernando y san Hermenegildo, que son puramente militares. Las órdenes españolas son: la del Toisón de Oro, que cuenta 50 collares; la de Carlos III, la de Damas nobles, la de María Luisa y la americana de Isabel la Católica. El cuerpo diplomático se compone de dos embajadores (Roma y Paris); 12 ministros plenipotenciarios de primera clase (San Petersburgo, Lisboa, Londres, Berlín, Wáshington, Viena, Roma, Bruselas, Tánger, Méjico, Constantinopla y El Haya); 4 de segunda (China, Río Janeiro, Caracas, y Stockolmo y Copenhague); 6 encargados de negocios (Buenos-Aires, Montevideo, Japón, Berna, Bolivia, Perú) y un representante gobernador militar de la Seo de Urgel. el cuerpo consular cuenta: 11 cónsules generales, uno honorario, 14 de primera clase; 43 de segunda y 70 vicecónsules. Los gastos de personal y material de este Ministerio, ascienden á 3.174 113 pesetas.—Gracia y Justicia. Este Ministerio abraza todo lo que toca al culto y á la justicia.— Personal eclesiástico.—Clero catedral: 55 prelados, un obispo auxiliar de Madrid; otro de Sevilla; 55 deanes, 451 dignidades y canónigos de oficio, á capellanes mayores de las reales capillas, 501 canónigos de gracia y 790 beneficiados. Colegiatas existentes: 18 abades y gobernadores eclesiásticos, un provisor para Ciudad-Rodrigo, 36 canónigos de oficio, 144 de gracia y 108 beneficiados. Capillas reales: 36 capellanes de reyes de Toledo, Granada y Sevilla; 2 párrocos y 3 beneficiados para la capilla de muzárabes de Toledo; 3 capellanes mayores; un presidente, un vicepresidente, 5 capellanes, un secretario y un penitenciario para la capilla de San Isidro de Madrid. Tribunal de las Ordenes: un decano, 2 ministros, un fiscal, un consejero-secretario y un procurador general. A estas cifras hay que añadir el clero parroquial beneficial y colegial suprimido, cuyo personal importa 20.783.051 pesetas; el número considerable de religiosas en claustro; 701 capellanes y 701 sacristanes; las congregaciones religiosas de los institutos de san Vicente de Paul, san Felipe Neri, Hijas de la Caridad; los colegios profesionales de padres escolapios y los conventos jesuíticos recientemente fundados.— En la organización judicial aparecen, en primer término, el Tribunal Supremo de Justicia, compuesto: de un presidente, 3 presidentes de sala, 24 magistrados, un fiscal, un teniente fiscal, 7 abogados fiscales, un secretario, un vicesecretario y á secretarios de sala; y repartidos en las 15 audiencias en que está dividido el territorio, 15 presidentes, 29 presidentes de sala, 149 magistrados, 15 fiscales, 15 tenientes fiscales, 40 abogados fiscales y 15 secretarios de gobierno; y además, el personal de la Dirección general de los registros Civil y de la Propiedad y del Notariado, el de los Juzgados de primera instancia y el administrativo y subalterno.—La Justicia grava menos el presupuesto que el culto católico; las obligaciones civiles suman 9.274.135 pesetas: las eclesiásticas, 42.590.068, ó sea un total de 51.864.203 pesetas.— Guerra. La Administración central comprende 7 direcciones generales: Estado mayor, Infantería, Artillería, Ingenieros, Caballería, Administración y Sanidad militar. A la primera pertenecen el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, el Colegio de cadetes, el de Artillería, la Academia de ingenieros y la Escuela especial de Estado mayor.— Organización del ejército: Estado mayor general: 7 capitanes generales, 42 tenientes generales, 67 mariscales de campo y 142 brigadieres (en situación de cuartel). Cuerpo de Estado mayor: 5 brigadieres, 16 coroneles, 17 tenientes coroneles, 28 comandantes, 60 capitanes, 40 tenientes y los supernumerarios de todas clases. Cuerpos permanentes: real cuerpo de alabarderos, 56 regimientos de línea, con n l escuadrón de escolta Real, 28 regimientos de linea, cmeon curme acioón correlativa, y el fijo de Ceuta; 20 batallones de cazadores; 100 de reserva; 100 de depósito y uno de escribien y ordenanzas — Artillería: 5 re
mientos de á pi; 5 montados; 2 de posicioy 3 de montaña, de ó baterías y á compañías de obreros.—Ingenieros: á regimientos de zapadoresminadores; uno, montado de pontoneros, telegrafistas y ferro-carriles y sección de obreros.—Caballertna: 12 regimientos de lanceros, 10 de cazadores y 2 de húsares; 2 escuadrones de cazadores y 40 comisiones de reserva. — Cuerpo administrativo del ejército: un director general, un subdirector interventor, á intendentes de ejército, 13 de división, 20 subintendentes, 50 comisarios de guerra de primera clase, 120 de segunda, 600 oficiales y 14 secciones de obreros que forman la brigada.—Cuerpo de Sanidad militar: un director general, 2 inspectores médicos de primera clase, á de segunda, 13 subinspectores de primera clase, 20 de segunda, 58 médicos mayores, 110 primeros y 100 segundos; un inspector farmacéutico de segunda clase, 2 subinspectores de primera, 3 de segunda, 8 farmacéuticos mayores, 17 primeros y 17 segundos y una brigada sanitaria que se divide en tantas secciones como distritos hay en la península.—Milicias de Canari: constan de ó batallones: Laguna, Orotava, Palmas, Guía, Palma y Lanzarote; y á secciones: Abona, Fuente-Ventura, Gomera y Hierro.— Además hay: 2 compañías fijas y pelotones de mar de lanzas de Ceuta y de mar de Ceuta; á pelotones de mar, Melilla, Peñón, Alhucemas y Chafarinas; falucho de ion de moros del Riff.—El presupuesto de la Guerra asciende á 124.014.647 pesetas.— Marina. Cuerpo general de la armada: un almirante, 7 vicealmirantes, 28 contra-almirantes, 20 capitanes de navío de primera clase, 40 de segunda, 87 capitanes de fragata, 100 tenientes de navio de primera clase, 224 de segunda, 182 alféreces, 31 guardias marinas de primera clase y 80 de segunda.— Escala de reserva: 10 capitanes de navío de primera clase, 11 de segunda, 33 capitanes de fragata, 30 tenientes de primera clase, 32 de segunda, 9 alféreces, á coroneles de infantería, ó tenientes coroneles, 29 capitanes, 14 tenientes, 30 oficiales graduados de teniente de navío, 30 alféreces de navío, 10 de fragata, 46 pilotos particulares y un ingeniero inspector de segunda clase.—Cuerpo de ingenieros: un inspector general, á de primera clase, 5 de segunda, 11 inspectores jefes de primera clase, 10 de segunda, 20 ingenieros primeros y 10 segundos.—Artillería: un mariscal, 3 brigadieres, 5 coroneles, ó tenientes coroneles, 8 comandantes, 19 capitanes y 25 tenientes.—In fanterta de marina: un mariscal de campo, á brigadieres, 8 coroneles, 11 tenientes coroneles, 21 comandantes, 82 capitanes, 137 tenientes y 79 alféreces.—Cuerpo administratioo: 5 intendentes, á ordenadores de primera clase, 7 de segunda, 30 comisarios, 50 contadores de primera clase, 236 de segunda, 70 contadores de fragata, 25 alumnos de administración de primera clase y 40 de segunda.—Cuerpo de Sanidad: un inspector general, á inspectores, 7 subinspectores de primera clase, 7 de segunda, 18 médicos mayores, 70 médicos primeros y 52 segundos.—Personal eclesiástico: un vicario general castrense, un auxiliar del vicariato general, un secretario, á tenientes de vicario, 3 curas párrocos, 22 primeros capellanes y 22 segundos.—Matrículas de mar. Se componen éstas de toda la gente que ejerce industrias marítimas en la península, islas adyacentes y Ultramar.—Cuerpo de condestables.—Depende éste del de artillería de la armada, y se divide en tres secciones correspondientes á otros tantos departamentos. Cada una de ellas consta de 16 primeros condestables, 26 segundos y 62 terceros.— Cuerpo de maquinistas.—El personal que lo compone es el siguiente: 30 primeros maquinistas de primera clase, 60 primeros de segunda, 90 segundos maquinistas, 100 terceros y 120 cuartos.—Cuerpo de contramaestres: fórmanle 60 primeros, 120 segundos y el número de terceros que produzca el ascenso de los aprendices preferentes.— Armada.—Buques de primera clase: Pelayo y Calos V; uardaz Numancia; cruceros acorazados: Princesa de m Madera de primera clase: Almansa, de 22 cañones; Navas de Tolosa, Mercedes (hieron, 14 y 2 ametralladoras, y Navarra; de segunda clase: Carmen, 25 cañones; Lealtad, 23; Concepción, 21; y Blanca, 20. Protegidos: Ensenada e Cádiz, 5 cañones; Isabel la Católica 10. Buques de segunda clase: de hélice, 9, con 33 cañones; de ruedas, 7, con 24. Buques de tercera clase: un monitor, con 2 cañones; una batería flotante, con 5; 17 avisos y goletas, con 38; 8 de ruedas, con 13 cañones, y 3 trasportes, con 5. Fuerzas sutiles: en ESPAÑA, 12 buques de hélice, con 20 cañones y un trasporte de vela. En el apostadero de la Habana, 25 buques de hélice, con 25 cañones, y uno de vela: en el apostadero de Filipinas, 17 buques de hélice, con 23 cañones. Buques escuelas: Villa de Madrid (de cabos de cañón, en Cádiz), 42 cañones; strias (naval flotante, en el Ferrol) 29cañones; Villa de Bilao (de marinería, en Cádiz); Ferrolana (de id., en Cartagena), 22 cañones; y Pinta (de aprendices marineros, en el Ferrol). La marina militar española cuenta sobre 650 oficiales, 14.680 marineros y 5.500 soldados de marina. Los gastos de personal y material suben á 32.145.81763 pesetas.— Gobernación. Corresponden á este departamento los gobiernos de las provincias, la policía, la Guardia civil, los bosques, la beneficencia y sanidad, los presidios, las casas de corrección, la Imprenta nacional, el servicio de correos y los telégrafos y la fiscalía de imprenta. Cada provincia está administrada por un gobernador civil; tiene el sueldo y la categoría de un jefe de administración de primera clase, y ejerce, al mismo tiempo, el cargo de presidente de la Diputación provincial.—Guardia civil. Está dirigida por un jefe superior de la clase de oficiales generales, con el título de director coronel general; y además, un brigadier secretario, un coronel, á tenientes coroneles, 2 comandantes, 8 capitanes y 3 tenientes.— Tercios.— Planas mayores: 16 coroneles subinspectores, 16 capitanes ayudantes secretarios y 16 tenientes habilitados.—Provincias: 25 tenientes coroneles; 51 comandantes y 25 capitanes.—In fantería: 130 capitanes, 278 tenientes, 137 alféreces y 13.604 individuos de tropa.—Caballeria: 15 capitanes, 40 tenientes, 33 alféreces y 1.623 individuos de tropa. Para la inspección de estas fuerzas, divídese el cuerpo en 14 tercios, con el número de provincias, compañías, líneas, puestos, jefes y oficiales correspondientes.— Los gastos de este Ministerio suben á 44.465.884 pesetas.— a Fomento.—A este departamento corresponden principalmente: 1.° la Dirección de Instrucción pública, Agricultura y Comercio, que comprende: la primera y segunda enseñanza, la superior y la profesional, las corporaciones y establecimientos científicos, artísticos y literarios, el fomento de las ciencias, de las letras y de las artes, la agricultura y la Estadística, que la componen: el Instituto geográfico y estadístico, y los trabajos geográficos y metrológicos. El presupuesto de este ntero asi 42.430.27860 pesetas.Agricas, Comercio y licase que abarca: las carreteras, ferrocarriles, aprovechamiento de aguas, ríos y canales, navegación marítima, construcciones civiles, comercio y minas.—El presupuesto importa 75.257.81617 pesetas.— Hacienda. — Constituyen este Ministerio un subsecretario, el Tribunal de Cuentas del Reino, las Direcciones del Tesoro, Contabilidad; hoy, Intervención general de la administración del Estado, Rentas, Propiedades, Impuestos, Caja de Depósitos, Deuda, Aduanas, Contencioso del Estado, Asesoría, 49 administraciones económicas de las provincias, y las fábricas nacional del sello, tabacos, sales, monedas y minas; cuyos centros cuentan sus correspondientes plantillas de jefes de administración, de negociado, oficiales y demás personal subalterno.—Resquardos.—Cuerpo de carabineros: un inspector general, un brigadier secretario, á tenientes coroneles, 5 comandantes, 7 capitanes, 5 tenientes, un alférez.— Colegio de educandos: un capitán, dos tenientes y un alférez.—Comandancias: 17 tenientes coroneles, 32 comandantes, 91 capitanes, 230 tenientes, 117 alféreces.— Tropa de in fanterta, 10.901 individuos; caballería, 538.— Veteranos de aduanas, puertos y bahtas: 10 capitanes, 40 tenientes y 20 alféreces; tropa veterana: 2.493 in
y 511 carabineros. Este cuerpo depende del ministerio de la Guerra, en cuanto á su organización y disciplina; y del de Hacienda, por lo que respecta al servicio especial para que fué creado.—El presupuesto parcial de este departamento arroja un total de 133.258.81748 pesetas.— Ultramar.—Este Ministerio entiende exclusivamente de los asuntos que se Rentas y. gastos públicos.—El presupuesto general de ingresos del actual año económico de 1880-81, asciende á 791.650.792 pesetas, en esta forma: contribuciones, 244.427.500 pesetas; impuestos, 146.716.000; aduanas, 117.062.000, 215.347.377; propiedades y derechos del Estado, 15.020.815; Tesoro, 23.530.000; presupuesto especial de ventas de bienes desamortizados, 29.517.100. Las obligaciones suman: 836.651.193 pesetas, por estos conceptos: Casa real, 9.550.000; Cuerpos colegisladores, 1.859.285; Deuda, 291.654.293; cargas de justicia, 2.729.326; clases pasivas, 43.409.427; Ministerios, 467.533.158; presupuesto especial de ventas de bienes desamortizados, 19.513.051’06.— División aministrativa.—A partir del siglo XV, la monarquía española había ido formándose por la reunión de varios estados, más ó menos importantes, los cuales, al reunirse en uno solo, han venido conservando los nombres de reinos, principados, etc.; división basada en nuestra gloriosa historia de la reconquista, determinada por grandes accidentes históricos, y marcada, finalmente, por profundas diferencias de carácter, usos, costumbres y aun dialectos y leyes.—En virtud del real decreto de 30 de Noviembre de 1833, ESPAÑA quedó dividida en 49 provincias, comprendidas las Baleares y las Canarias, las cuales agrupamos en la siguiente forma: Región del mar de Vizcaya.— Galicia: país generalmente montañoso en el cual van á terminar los montes cantábricos; lo bañan: al Norte, el mar de Vizcaya, y al Oeste el Atlántico; le riega: al Sur, el río Miño ó Minho de los portugueses, y le constituyen cuatro provincias: la Coruña, al Noroeste; Lugo, al Nordeste; Pontevedra, al Sudoeste, y Orense, á Sudeste.
Asturias: antiguo principado, circunscripto actualmente á la provincia de Oviedo, su capital: se extiende de Occidente á Oriente y se encuentra como encerrada entre los montes cantábricos y el mar. Castilla la Vieja: vastísima comarca que atraviesan: al Norte, la cadena cantábrica; al Este y al centro, los montes Ibéricos; y al Sur, la sierra de Guadarrama; la bañan el Ebro y el Duero, y comprende ocho provincias: Santander, al Norte; Burgos, Logroño y Soria, al centro; Segovia y Avila, al Sur, y Valladolid y Palencia, al Sudoeste.—Provincias Vascongadas: desígnanse éstas con los nombres de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava; confinan, al Sur, con el Ebro, y al Noroeste, con el Bidasoa, que las separa de Francia: sus capitales respectivas son Bilbao, San Sebastián y Vitoria.—Región del Mediterráneo.— Cataluña: antiguo principado que se extiende desde los Pirineos hasta la embocadura del Ebro: lo forman actualmente cuatro provincias: Barcelona y Gerona, al Este; Lérida, al Oeste, y Tarragona, al Sur.—En medio de los Pirineos, entre Cataluña y el departamento francés de l’Ariège, se encuentra la pequeña república de Andorra, que se halla bajo la protección de Francia y del obispo de Urgel; su capital es Andorra, y su población 10.000 habitantes. Valencia: antiguo reino, formado de tres provincias: Castellon de la Plana, al Norte; Valencia, llamada la Bella, al centro, y Alicante, al Sur. Murcia: reino compuesto de la provincia de su nombre, al Sur, y de la de Albacete, al Norte.—Región meridional.—Andalucía: una de las comarcas más hermosas de la península; la cubre, al Norte, Sierra Morena; la atraviesa en el interior Sierra Nevada, y la riega el Guadalquivir; se halla dividida en dos partes: la Andalucía, propiamente dicha, y el reino de Granada; la primera comprende las provincias de Sevilla (antigua Hispalis), Córdoba, Jaén, Cádiz y Huelva, y la segunda las de Granada, Almería y Málaga.— Región interior del Norte.—Aragón: situado al Norte de Francia, de la cual le separan los Pirineos, divídele el Ebro en dos partes iguales, una, que da al Norte, y otra, al Sur, y le constituyen tres provincias: Zaragoza (la mayor de todas), Huesca y Teruel.
Navarra: pais pintoresco que se extiende desde los Pirineos hasta el Ebro, formado de la provincia de Pamplona, su capital.—Región interior del Oeste.—León: antiguo reino que limita al Norte la cadena astúrica y que atraviesa el Duero de Occidente á Oriente: le componen tres provincias: León, Zamora y Salamanca.
Extremadura: la comarca más rica de ESPAÑA en tiempos de Roma; tres elevadas cadenas de montañas, que cruzan el territorio de Este á Oeste, determinan las dos grandes cuencas que ocupan el Tajo y el Guadiana: contiene dos provincias: Badajoz, capital de la Extremadura, y Cáceres.— Región del centro.—Castilla la Nueva: ofrece varias llanuras extensas y mesetas elevadas; la riega el Tajo, que recibe algunos afluentes, y abraza las provincias de Madrid (capital del reino), Cuenca, Guadalajara, Toledo y Ciudad-Real.—Islas adyacentes.— Baleares: situadas en el Mediterráneo, al Este del reino de Valencia. Canarias: cerca de la costa de Africa.— Todas las provincias toman el nombre de sus respectivas capitales, excepto las tres Vascongadas, Navarra, las Baleares y Canarias.—Posesiones de Ultramar.—Estas posesiones, todas insulares, se hallan en las tres partes del mundo siguientes: En Africa, las tres islas del golfo de Guinea,. Fernando Póo, Annobón y Corisco; en América. Cuba, Puerto-Rico y parte de las Virgenes, y en la Oceanía, las Filipinas, Marianas, Carolinas y Palnos.—La extensión superficial que ocupan estas colonias es de 86.000 kilómetros cuadrados, que pueblan sobre 6 350.000 almas.— División militar.—Bajo este respecto, la ESPAÑA está dividida en 14 capitanías generales, que son las siguientes: a Castilla la Nuera: comprende las provincias de Ciudad-Real, ue Guadalajara, Madrid, Segovia y Toledo.—Catalaña: las de Barcelona, Gerona.randalucía: las de Cádiz, Córdoba,. Huelva y Sevilla.— Valencia: las de Albacete, Alicante, Castellóln, Murcia y Valencia.—Galicia: las de la Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra. —Aragón: las de Huesca, Teruel y Zaragoza.—Granada: las de Almería, Granada, Jaén y Málaga.— Castilla la Vieja: las de Avila, León, Oviedo, Palencia, Salamanca, Valladolid y Zamora.—Ertremadura: las de Badajoz y Cáceres.—Navarra: la de Pamplona.
Burgos: las de Butander y Soria.—Prorincias Vascongadas: Alava, Guipuzcoa y Vizcaya.—Baleares y Canarias: las de su nombre. Estos distritos militares hallan subdividos en 51 comandancias generales, correspondientes una á cada provincia, y además las del Campo de Gibraltar y Ceuta.— División marítima.—Para su mayor defensa y protección, las costas de nuestra península están divididas en tres departamentos, que son: Cádiz, Ferrol y Cartagena; subdivididos en tercios navales, y éstos, en provincias ó comandancias de marina. El de Cádiz, comprende el litoral del reino de Granada, Andalucía y las Canarias: el del Ferrol, Galicia, Castilla la Vieja, Navarra y Guipúzcoa; el de Cartagena, Cataluña, el reino de Valencia y las islas Baleares.—En Ultramar hay dos apostaderos; uno, en la Habana, y otro, en Filipinas, subdivididos en provincias ó División judicial.— Nuestra organización judicial tiene como punto culminante el Tribunal Supremo, al cual siguen jerárquicamente las Audiencias territoriales, con 504 juzgados ó tribunales subalternos y 475 registros dependientes de las mismas. De la Audiencia de A lbacete dependen las provincias de Albacete, Ciudad-Real, Cuenca y Murcia; de la de Barcelona, la del mismo nombre y las de Gerona, Lérida y Tarragona; de la de Burgos, las de Alava, Burgos, Logroño, Santander, Soria y Vizcaya; de la de Cúceres, ésta y Badajoz; de la de Canarias, la provincia de igual nombre; de la Audiencia de la Coruña, las de la Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra; de la de Granada, las de Almería, Granada, Jaén y Málaga; de la de Madrid, las de Avila, Guadalajara, Madrid, Se
y Toledo; de las de Mallorca y Oviedo, las solas provincias de sus respectivos nombres; de la de Pamplona, las de Navarra y Guipúzcoa; de la de Sevilla, las de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla; de la de Valencia, las de Alicante, Castellón de la Plana y Valencia; de la de Valladolid, las de León, Palencia, Salamanca, Valladolid y Zamora; y de la de Zaragoza, las de Huesca, Teruel y Zaragoza.— División eclesiástica. Bajo el punto de vista eclesiástico, el territorio español se encuentra dividido en 9 sillas metropolitanas ó arzobispados que radican en las ciudades siguientes: Toledo, que es la primada, por motivos históricos, Burgos, Granada, Santiago, Sevilla, Tarragona, Valencia, Valladolid y Zaragoza. De éstos dependen 46 obispados ó sillas sufragáneas, subdivididas á su vez en varios arciprestazgos. En 1865, contábanse en ESPAÑA é islas adyacentes 65 catedrales, 100 colegiatas y 20.462 parroquias. La cifra total de clérigos era, en 1830, de 152.305: en la actualidad pasan de 70.000. En 1834 existían sobre 1.940 conventos, los cuales encerraban 30.905 monjas y 24.700 religiosos.—Religión.—Los naturales de ESPAÑA observaron constante y exclusivamente la religión de Noé, hasta la conquista de los romanos, los cuales introdujeron el politeísmo en varios pueblos. Estrabón, que murió pocos años antes de la venida de Jesucristo, dice que los españoles sólo adoraban á un Dios: y san Agustin, por su parte, opina que este país fué uno de los pueblos que conservaron clara noticia de un solo Dios incorpóreo, autor de todas las cosas, y cuya doctrina fué enseñada por sus filósofos.—Desde los Reyes Católicos hasta 1868, vino siendo ESPAÑA, bajo el punto de vista religioso, la nación excepcional de Europa, pues no se toleraba otro culto que el de la religión católica, apostólica, romana, que era la oficialmente reconocida por el Estado. La revolución de Setiembre, rompiendo esta unidad de creencia, proclamó la libertad de cultos, la cual quedó anulada, después del cambio político operado en 1875.—Hoy, pues, la religión católica, apostólica, romana, es la única permitida en ESPAÑA: en su virtud, la nación, según el código fundamental del Estado, se obliga á mantener y proteger el culto y á los ministros de la religión católica que profesan los españoles; pero ningún español ni extranjero podrá ser perseguido por sus opiniones ó sus creencias, en tanto que no las manifieste por actos contrarios á aquella religión.— Enseñanza.— Divídese ésta en primaria, secundaria y universitaria. La primera se da en las escuelas públicas y privadas: aquéllas, en número de 53.000 próximamente, son superiores, elementales, de párvulos y adultos.— La segunda, cuyos colegios ó institutos provinciales ó locales pasan de 56, abraza los estudios necesarios para el grado de bachiller en artes, industria y comercio.—Las facultades de teología, derecho, farmacia, ciencias, filosofía y letras, se estudian en las diez universidades que cuenta ESPAÑA, que son: Madrid, con el título de Central, Barcelona, Granada, Oviedo, Salamanca, Santiago, Sevilla, Valladolid, Valencia y Zaragoza.—Para la enseñanza superior, existen escuelas de ingenieros de caminos, minas y montes; de arquitectura, bellas artes, marina, náutica, agricultura, botánica, veterinaria, administración, notariado y telegrafía; escuelas normales y preparatorias; 10 academias de Medicina; numerosas sociedades económicas, cuyo objeto es fomentar la agricultura, ganadería, artes, comercio é instrucción en sus respectivas provincias, y, finalmente, multitud de escuelas normales, colegios privados, clases de ciencias exactas y naturales, latinidad, dibujo, idiomas, y de primera enseñanza, para ambos sexos, repartidos por toda la península; pudiendo desde luego asegurarse que es raro el pueblo que no cuenta hoy con medios para aprender á leer y escribir.—Medios de comunicacion: carreteras: divídense éstas en generales, transversales, provinciales y vecinales. Las generales y más importantes que parten de Madrid, son: la de Francia, que pasa por Buitrago, Burgos é Irún, y tiene sobre 510 kilómetros; la de Aragón y Cataluña, que va por Zaragoza, Barcelona, Gerona y la Junquera, con 760 kilómetros; la de Valencia, por Ocaña, Albacete, Almansa y el Grao de Valencia, con 360 kilómetros: la de Andalucía, que pasa por Ocaña, Manzanares, Bailén, Córdoba, Sevilla y Cádiz, y mide 620 kilómetros; y un ramal que arranca de Bailén y sigue á Jaén, Granada y Málaga con 565 kilómetros; la de Extremadura, por Talavera y Badajoz, con 378 kilómetros; la de Galicia, por Guadarrama, Medina del Campo, Astorga y Lugo, que termina en la Coruña, con 555 kilómetros, y de la cual sepárase otra, después de pasar á Guadarrama, que va á Valladolid, León, Oviedo, Gijón, y tiene 468 kilómetros. A estas carreteras se unen muchas otras de segundo y tercer orden; pero hacen falta todavía bastantes caminos vecinales que pongan estas grandes arterias en comunicación directa con los más apartados lugares de producción, como sucede en las Provincias Vascongadas.— Ferrocarriles: una extensa red de caminos de hierro, cuyo centro se encuentra en Madrid, envuelve ya casi por completo nuestro vasto territorio. Entre las principales líneas que le cruzan, se cuentan: la de Madrid á Cádiz, por Aranjuez, Córdoba y Sevilla, con dos ramales que conducen á Alicante, Valencia, Cartagena y Ciudad-Real; la de Madrid á Bayona, por Valladolid, Burgos y San Sebastián, con un ramal sobre Palencia y Santander; y otro, sobre Bilbao; la de Madrid á Zaragoza; la de Barcelona á Mataró y Gerona, en la dirección de Perpinan; la de Tarragona á Reus; la de Gijón á Langreo y Oviedo; la de Zaragoza á Barcelona, por un lado, y á Pamplona, por otro, con un ramal sobre Logroño, que va á unirse á la línea de Madrid á Bayona; la de Valencia á Castellón; la de Madrid á Belmez, y la de Madrid á Ciudad-Real y Badajoz. Todas estas líneas se ramifican y enlazan por diferentes puntos con otras, y cruzan la península en distintas direcciones. — Corrcos y telégrafos: además de los correos que salen diariamente de Madrid conduciendo la correspondencia pública, existe en Es PAÑA otra extensisima red de telégrafos eléctricos, dividida en cinco líneas principales: la del Norte, la del Este, la del Sur, Oeste y Noroeste.—Moncdas: Reducción de las antiguas á la nueva unidad monetaria, ó sea á pesetas y céntimos de peseta.—De oro: la onza, equivalente á 80 pesetas; la media onza, 40 pesetas; el doblón de á á duros, 20 pesetas; el escudo de oro, 10 pesetas; el veintén, de 21 !/, reales, 5 pesetas; el centén ó pieza de 100 reales, 25 pesetas.—De plata: el duro, 5 pesetas; el medio duro, 2’50 pesetas; la peseta columnaria, 1’25 pesetas; la media peseta columnaria, 0/62 céntimos; el real columnario, 0’32 céntimos; la peseta provincial, 1 peseta; la media peseta provincial, 50 céntimos; el real, 25 céntimos.—De bronce: pieza de á 2 cuartos, 0/6 céntimos; pieza de un cuarto, 3 céntimos; pieza de un ochavo, un céntimo.—Nueva moneda creada por decreto de 19 de Octubre de 1868.— De oro: piezas de 100, 50, 20, 10 y 5 pesetas.—De plata: piezas de 5, 2 y I pesetas; de 50 y 25 céntimos.—De bronce: piezas de 10, 5, 2 y 1 céntimos.—Pesos: la tonelada, ó 20 quintales, equivalente á 920 kilógramos; el quintal ó á arrobas, 64’009 gramos; la arroba ó 25 libras, 11502 gramos; la libra ó dos marcos, 0’460 gramos; el marco, 8 onzas, 0’230 gramos; la onza, 576 granos, 0’002708 gramos; el grano, 07000’05 gramos.
—Medidas.—De longitud: la vara vale 3 piés, ó sea O metros 836 milímetros; el pie, 12 pulgadas, ó O metros 178 milimetros; la pulgada, 12 lineas, ó O metros 0’23 milímetros; la línea, 12 puntos, ó 0 metros 0’019 milímetros. La cana de Cataluña, 1’538 milimetros.— De superficie: la vara cuadrada tiene 9 piés cuadrados, ó O metros cuadrados 6’987; la pulgada cuadrada, 143 líneas cuadradas ó O metros cuadrados 000/339.— De capacidad: la fanega es igual á O hectólitros 55; la arroba, 32 centílitros; el cuartillo, 000’504. La pipa vale á hectólitros 36.— Un real decreto de 19 de Julio de 1849 sancionó una ley, por la cual las Cortes habían prescrito la adopción del sistema métrico decimal en todos los países del dominio español; hoy, en vigor. 24. Población.—Ninguno de los tratados geográficos que hemos consultadodice una palabra repecto de la po
blacion que ESPAÑA contenía anteriormente á la época de los romanos. Bajo la dominación de éstos, llegó á contar esta península sobre 40.000.000 de habitantes; en tiempo de los visigodos y de los árabes descendió á 30.000.000, cuya cifra fué disminuyendo sensiblemente en los siglos modernos, hasta quedar reducida, en 1723, á 7.625.000 almas; en 1768 se elevó á 9.307.803; en 1787, á 10.409.879. en 1826, á 14.154.341; en 1842 volvió á bajar á 12.054.008, y en 1867 ascendió á 16.009.000. En la actualidad la población de Epa Según el empadronamiento general llevado á cabo el 31 de Diciembre de 1877, arroja un total de habitantes, sin incluir el de las colonias, de 16.731.570, divididos en esta forma: españoles: varones, 8.228.117; hembras, 8.475.471; extranjeros: varones, 16.801; hembras, 11.121.— ESPAÑA forma el quinto de los estados de Europa en extensión, y el sexto, en población. 25. Carácter general de los españoles. —El español, entre todos los pueblos de Europa, es el que más conserva los caracteres fisiológicos de su origen. Las familias que entraron en la población primitiva de ESPAÑA son las siguientes: los españoles de los antiguos indígenas y de las razas cruzadas de los griegos, romanos, vándalos, suevos, godos, alanos, cuyo elemento es el que compone la inmensa mayoría de la población; los vascos ó vascones; los moros, procedentes de los árabes invasores, y los gitanos ó bohemios, tribus nómadas de raza india. En los campos y en la masa del pueblo es donde generalmente se encuentra el verdadero tipo español, casi tal cual existía en el siglo XV. Nuestro temperamento nacional, por lo tanto, es sumamente vario y complejo, como resultado forzoso de los elementos que han ido dejando las diferentes dominaciones que se apoderaron de ESPAÑA, tan codiciada por todos los pueblos desde la más remota antigüedad. Esto no obstante, puede decirse que los caracteres distintivos del genio nacional son: amor á la independencia de nuestro país, sobriedad, valor personal, sufrimiento, perseverancia, extraordinario apego á nuestras ideas, á nuestras creencias religiosas y á nuestras costumbres; genio emprendedor, espíritu fogoso, cuyas cualidades nos dan aptitud para llevar á cabo las más difíciles y arriesgadas empresas, aunque las malogremos alguna vez con nuestro natural impaciente. Hablando en tesis general, el temperamento español es á propósito para las ciencias, para las industrias, para los oficios, para el comercio, excelente para la milicia, privilegiado y ejemplarísimo para el arte. La organizacion fisica de las varias razas españolas es fuerte, ágil, flexible, gallarda, cuya verdad abona el dicho de Napoleón: «Prefiero un soldado español á diez soldados de otras naciones.» Una gran parte de nuestra población es dada en demasía á la terrible pasión de los celos, á los amores, á las aventuras y á las pendencias. La complexión de los pueblos meridionales tiene un peligro, el cual consiste en que á veces es mala por un exceso de su propia bondad, semejante al espíritu que se volatiliza ó á la flor que se mustia pronto, porque exhala demasiado aroma. Esto aconseja á los españoles que deben estar al cuidado de su temperamento y de sus ímpetus, procurando todos no caldearnos mucho al sol, porque nuestro sol basta, aun cuando no nos caldeemos. Tratándose de nuestro pais, lo que importa ante todo es no bastardear sus grandes virtudes originales, entre las cuales hallamos una que basta por sí sola para hacer un gran pueblo: energía de espíritu, de donde nace esa constancia personal, esa dignidad de cada uno, esa alteza de hombre, que Ilamamos honor. Muchos bienes se deben buscar en la vida; el primero, la honra. Con nuestra honra, con la ayuda de Dios y con ser hijo de esta hermosa ESPAÑA, hay mucho adelantado para ser feliz en el mundo. En cuanto al bello sexo (en ESPAÑA se puede hablar de sexo bello), debemos advertir que la mujer, á medida que se hace social, pierde su carácter de raza, porque la sociedad y la educación modifican la naturaleza. Así acontece que la mujer moderna va perdiendo de día en día su tipo de origen. Sin embargo del cambio interior que operan los siglos, en cumplimiento de la moral suprema de la historia, la mujer española conserva algo del prestigio de sus tradiciones; algo de la dama de los torneos; algo del Oriente y del Mediodía, de luz y de sombra, de misterio y de realidad, de sibila y de virgen; algo de la mujer hebrea y de la matrona romana, como los españoles tienen algo de Almanzor y de Régulo. La indole de nuestras mujeres tiene una cualidad sumamente curiosa y digna de estudio. En ESPAÑA, un tonto puede hablar con un hombre; pero ese tonto no puede hablar con una mujer, porque en el momento saldrá á relucir su tontería. Esto consiste en que la mujer de nuestro país, inspirada por una ciencia incomprensible, sabe unir la malicia al gracejo; el chiste, á la malicia; la sensibilidad, al chiste, y una brillante imaginación, á una exquisita sensibilidad, formando un género de crítica que no tiene nombre en la historia de la literatura. Ese género de critica casera podría llamarse: la ironía del ridículo, ó el ridículo de la ironía, arma sutil, astuta, remota, formidable, terrible; últimamente, crítica de mujer, la espada de Bernardo, que corta sin cortar, el más grande portento de la vida humana. Hablemos ahora de otra cualidad, virtud nobilísima de nuestras mujeres. Tratándose de hechos que se refieran al amor, la mujer española se distingue por un sentimiento de entereza, de formalidad, hasta de enojo, hasta de soberbia indomable, que no suele perder ni aun en medio de la desgracia, ni aun en medio de la abyección, ni aun entre los horrores de la miseria, y plegue al cielo que no se pierda nunca esta buena ley de la sangre española. Por lo demás, la fama pregona en todo el mundo que nadie iguala á nuestras mujeres en ser hermosas, apasionadas, constantes y discretas. También pregona que no tienen rival en dar garbo á su talle; gracia, á sus ojos; encantos, á su gracia Añade tambien que no tienen competidoras en saber llevar la mantilla, en manejar el abanico y en el arte increible de ponerse una flor. Realmente, la mujer española, sobre todo, la mujer andaluza, coge unas flores, parece que las tira á sus trenzas, mientras que la flor, cautiva en la cárcel del hechizo, aparece prendida en los cabellos, como si hubiera nacido allí. Si el arte influye en la destreza de la mujer, no hay quien le pueda disputar ese arte. Si es hechicería lo que opera el prodigio, no hay quien pueda disputarle esa hechicería. Esto dice la fama en toda la tierra; esto decimos también nosotros y nada pedimos, nada envidiamos, teniendo bastante con nuestra alegría y con nuestro orgullo; puesto que, al fin y al cabo, somos hijos de madres españolas. ¡Oh España! Levanta la frente y sonrie. Tú serás siempre reina en el mundo, porque serás reina en la historia, reina en el arte, reina en tus mujeres. 26. Historia. — (Véase el vocablo HISTORIA.)
ETIMOLOGÍA. 1. Hispania: voz antiquísima y de incierta etimología, que unos sacan del griego y otros del fenicio, del hebreo, del vascuence, etc. Según unos, España se llamó primeramente Pania, de Pan, capitán de Baco y gobernador que fué de nuestro territorio; así como Luso dió nombre á Lusitania (el Portugal), añadiéndose posteriormente la p ó el is, y diciendo Spania, Hispania, bien por mera eufonía, bien como equivalente á lo de, esto es, lo de Pan, lo que poseía ó administraba el gobernador Pan en aquellos tiempos antehistóricos.— A Estrabón se le figuró ver en Spana la voz griega spanion (raro, precioso), aplicada á nuestro país por lo raro de su fertilidad, por la gran copia de frutos que da, por la abundancia de metales que encierra, etc.—Otros derivan Espana de la voz fenicia span, conejo, por la abundancia de conejos que en ella se cría. «Parécenos (dice el señor don Modesto Lafuente en su Historia general de España, tomo 1., página 310, nota) la significación de conejo á que se presta la palabra span, fundamento demasiado pueril para poner nombre á toda una region, por más conejos que en ella se encontraran, y por más que las medallas de Adriano representen una mujer sentada, con un conejo á sus piés, que dicen ser emblema de la España.» —Créese, por último, que S
pudo salir del fenicio spaz, que también significa escondido, por hallarse esta comarca como escondida y oculta para los fenicios, en una extremidad del mundo. (MONLAU.) 2. Otros entienden que es palabra de origen cartaginés, en cuya lengua quería decir: «tierra poco poblada.» Derivación.—Latin Hispanéa (CESAR): HISPANIA citerior, la España citerior, la Tarraconense (Tiro LIVIO): HISPANIA ulterior, la España ulterior, la Bética y la Lusitania (CICERÓN): Hispanie, las dos Españas (CÉSAR): italiano, Spagna; francés, Espagne; catalán, Espanya.
Español, la. Adjetivo. La persona natural de España ó lo que pertenece á este reino, l Masculino. La lengua española. IA LA ESPAÑOLA. Modo adverbial. Al uso de España.
ETIMOLOGÍA. España: latin, hispãnus; HISPANUS sermo, la lengua española; HISPANÔ more, á la española; italiano, spagnuolo; francés, espagnol; catalán, espanyol, a.
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