Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Esopo

tomo 2 · página 507 · ver la página del original

Esopo. Famoso fabulista griego, que nació en Amorium (Frigia), en el siglo VI, y murió en 560 antes de Jesucristo. Era esclavo en Atenas de Jadmón ó Janto de Samos, quien le dió la libertad, prendado de su conducta irreprochable, de sus dichos agudos y del singular talento con que daba consejos de sana moral bajo la forma de apólogos. No obstante la humildad de su origen, la deformidad de su cuerpo y la fealdad de su rostro, obtuvo la estimación de Creso, rey de Lidia, el cual le llamó á su corte, le colmó de favores, le envió á consultar el oráculo de Delfos, á ofrecerle sacrificios en su nombre y á distribuir recompensas entre los habitantes de aquella ciudad. Irritado al ver las imposturas y la codicia de los sacerdotes, les dirigió sus apóstrofes y devolvió á Creso las riquezas que para ellos habíale entregado. Deseando vengarse de la conducta de Esopo, escondieron en el equipaje de éste una copa de oro consagrada á Apolo, y acusándole luego de robo sacrílego, arrojáronle inhumanamente desde la alta cima de la roca Hiampa. Arrepentidos más tarde de este horrendo crimen, ofrecieron todo género de satisfacciones y hasta una buena indemnización á los descendientes de la víctima que se presentasen á reclamarla. Esopo no fué el inventor del apólogo, puesto que se encuentran de éste varios ejemplos en el Antiguo Testamento, en Hesiodo, Alceo y otros escritores; pero cultivó este género con gran talento y facilidad, dando pruebas de verdadero ingenio en la invención de sus fábulas, inspiradas siempre en un principio invariable de imparcialidad y de justicia. Se ha pretendido, sin tener en cuenta las citas hechas por Aristófanes, Platón y Aristóteles, que aquellas fábulas no fueron escritas, sino que se transmitieron por tradición; lo que sí puede asegurarse es que, hasta nosotros, no han llegado en su forma primitiva. Sócrates puso en verso algunas de ellas: Ignacio Magister tuvo la rara idea de reducir estos pequeños poemas á cuatro versos yámbicos, y varios escritores del bajo imperio, de coleccionarlos en mala prosa. Durante su estancia en Corinto, asistió Esopo al banquete de los siete sabios, y la celebrada fábula de las Ranas pidiendo rey, créese que fué dirigida á los atenienses, quienes por entonces hallábanse disgustados por la reciente usurpación de Pisistrato, tirano de Atenas.

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