Roque Barcia · 1880-1883
Esclavitud
tomo 2 · página 480 · ver la página del original
Esclavitud. Femenino. El estado de esclavo. I Hermandad ó congregación en que se alistan y concurren varias personas á ejercitarse en ciertos actos de devoción. ] Metáfora. La sujeción á las pasiones y afectos del alma.
ETIMOLOdÍA. Esclavo: catalán, esclavitut; francés, esclavage; italiano, schiavitù. Reseña histórica.—Derecho que da al hombre la propiedad de otro, el cual es dueño absoluto de su vida y bienes. (MONTESQUIEU.) 1. Origen de la esclavitud.—Nació ó apareció en Oriente, con las primeras sociedades humanas, en que la libertad era nula para el que nada poseía. 2. Su estado entre los patriarcas y en el antiquo Oriente.—En tiempo de los patriarcas, los esclavos y los rebaños formaban bienes muebles transmisibles por donación, venta ó herencia. La raza servil se conservaba, ó por compras, pues se vendían los prisioneros de guerra; ó por venta de niños, que ejecutaba el padre de familia; ó por nacimiento, pues todo esclavo no podía procrear más que esclavos. Existía una sola excepción: cuando la mujer legítima del patriarca había compartido el tálamo conyugal con su esclava, por razón de su esterilidad, el hijo adquiría la misma condición del padre, como se ve en la historia de la familia de Abraham y de Agar, de Jacob y otras. En los tiempos primitivos fué menos dura la condición de los esclavos, efecto de la vida pastoral y nómada, que les ponía en contacto continuo con sus dueños y les hacía considerar como individuos de la familia: y se puede conjeturar que lo mismo fué entre los escitas, mogoles y otros pueblos, que vivieron también como los patriarcas. La ESCLAVITUD formó parte tan íntima de la constitución de la sociedad, que Moisés, cuando escribió el Pentateuco, la consagró en sus leyes, aunque proscribiendo los abusos y templando su práctica. Así estableció que: «en caso de mal trato por parte del dueño, recobraría el esclavo su libertad, que fué su origen; que el señor que diese muerte á su esclavo, sería condenado á muerte también; que todo judío que cayese en la ESCLAVITUD, sería libre después de un servicio de seis años; que el dueño debería formar al liberto una pequeña dote, de rebaños, trigo y vino; y que si rehusaba su libertad el esclavo, lo sería perpetuo, mas con el derecho de no ser vendido fuera de su país.» Ninguna de estas condiciones se aplicaba á los esclavos extranjeros, de quienes los señores podían disponer de un modo absoluto, siendo perpetua su ESCLAVITUD. Todo esclavo tenía derecho á poseer un peculio, con el que podía pagar su rescate, si el dueño consentía: el dueño extranjero no podía rehusar el rescate. En tiempo de los reyes aumentó mucho el número de esclavos judíos: 1.° por la usura, pues los deudores insolventes pasaban á ser esclavos de sus acreedores; 2.° por la miseria, pues los pobres vendían á sus hijos y los mayores de edad se vendían para remediar sus necesidades; 3.° por sentencia judicial, pues la Es CLAVITUD era la pena que se imponía al ladrón que no podía pagar la cantidad fijada para la reparación de su crimen; y 4.° por la guerra, que sujetaba á la ESCLAVITUD á pueblos enteros, como aconteció con las diez tribus cautivas de los asirios. Ese mismo gran número de esclavos hizo á los dueños ser duros y crueles, no observándose las leyes de Moisés; y principalmente, la relativa á concederles libertad después de seis años de servicio. El mismo Mesías tuvo que respetar las legislaciones establecidas, y se concretó á proclamar que todos los hombres son hermanos. 3. La ESCLAVITUD en Egipto.—En esta nación hubo esclavos en los palacios de los reyes y en las casas de los sacerdotes y de los guerreros. Procedían del comercio y de la guerra, de la Etiopía, de la Palestina y de la Grecia. Los prisioneros de guerra eran cautivos del Estado, y se les empleaba en todos los trabajos públicos, al menos en tiempo de Sesostris. Por lo demás, gozaban de ciertas garantías, puesto que nadie, excepto quizá el dueño, podía darles muerte sin ser condenado á la misma pena; y los fugitivos de cuya ESCLAVITUD se había abusado, hallaban un asilo sagrado en el templo de Hércules. Por último, una esclava podía ser elevada á la categoría de esposa, entrando de este modo aun en las castas privilegiadas. 4. La ESCLAVITUD en la India.—Fué lo mismo que en Egipto, en cuanto á sus orígenes y sus consecuencias. Así vemos que la cautividad por la guerra, la miseria, la ley de nacimiento y la condena judicial, fueron sus causas principales. Asimilados los esclavos á los bienes muebles, eran transmisibles por venta, donación y sucesión. Entre las castas indias, existía la de un bruto Ilamado sudra, más degradado aún que el paria, la cual era esclava por naturaleza, aunque no lo era de hecho, y estaba condenada á servir siempre, ora fuera como tal esclavo, ora como criado, familiar ó doméstico. El sudra no podía aprender á leer y escribir, ni entrar en los templos, ni poseer una sola vasija de barro que no estuviese rota, ni hablar á sus señores sino vuelto de espaldas, como si se temiese que su aliento estuviera envenenado. El corazón se aflige y llora cuando se observa que ha existido una criatura, dotada de espíritu, envilecida hasta el extremo de vivir en tamaña afrenta. 5. La ESCLAVITUD en la China.— Solamente se halla á contar del siglo xI antes de Jesucristo, y nada más que para los condenados en justicia y los prisioneros de guerra. Los esclavos se empleaban solamente en las obras imperiales, si bien la ESCLAVITup se extendió después á los usos privados. Los esclavos se adquirían por la guerra; por la miseria, pues los pobres vendían á sus hijos y se vendían á sí propios; por la ocupación durante las guerras civiles, y por la protección otorgada á agricultores pobres que se refugiaban en las tierras de algún hombre poderoso, demandando hospitalidad y quedando á su servicio. Su condición parece haber sido tolerable: podían casarse, tener familia, adquirir y poseer una pequeña fortuna. Las virtudes teologales de los chinos prescribían la dulzura y el buen trato con los esclavos, y el consentimiento del dueño en su rescate, cuando el esclavo lo pedía. Por otra parte, eran pocos en número, pues la población libre desempeñaba casi todas las dependencias y servicios. 6. La ESCLAVITUD entre los asirios, bactrianos, medos y persas.—En los imperios del Asia occidental, el movimiento de las invasiones renovaba la servidumbre política. En Asiria estaban los palacios poblados de mujeres, de esclavos de lujo y de eunucos. No es seguro que la ESCLAVITUD haya existido entre los bactrianos; pero los medos y los persas adoptaron el despotismo oriental con todo el cortejo de esclavos de que se rodea. La ESCLAVITUD se extendió principalmente en el servicio privado, en los trabajos agrícolas, en la industria y en el comercio. La guerra proveía de esclavos, y la odiosa trata tuvo que ser el complemento de la guerra, porque sabido es que una monstruosidad no puede hacer más que crear monstruos. La condición de los esclavos entre los medos y los persas fué también dura y desesperada como aquel despotismo sin freno. 7. La ESCLAVITUD entre los griegos.— En las épocas heróicas, todos los prisioneros de guerra, hombres, mujeres y niños, pasaban á ser esclavos del vencedor. Se emprendían guerras, terrestres ó marítimas, sólo por conquistar un rico botín de esclavos, sin que ninguna condición social, por elevada que fuese, pudiese eximirse de la servidumbre. Además de esto, el criminal podía venderse para expiar su crimen; así Apolo estuvo al servicio de Admeto, para expiar la muerte
que dió á la serpiente Pythón. La condición de esclavos no implicaba idea alguna de oprobio, y los dueños compartían con ellos muchas veces los servicios que les estaban encomendados. La costumbre de tener esclavos domésticos no debió existir más que en las casas de los grandes. En los tiempos históricos, la ESCLAVITUD subsistió en Grecia por la guerra. Las invasiones de los tesalios y de los dorios desposeyeron á los indígenas y les impusieron la ESCLAVITUD, verdadera ó encubierta. Los vencidos que, de grado ó por fuerza, permanecieron en el país, fueron tales siervos de los conquistadores para todos los trabajos necesarios á la vida; y de aquí viene la palabra penestas ó periecos con que aquellos siervos se designaban. Otros, Ilamados ilotas, fueron verdaderos esclavos y sufrieron todos los males y todas las injurias inherentes á la servidumbre.
Hubo, además de estas razas de esclavos originarios, otros adquiridos por el comercio, pues muchas familias vendían á sus hijos, ó los abandonaban al nacer, y eran esclavos de las personas que los recogían. Había también ciudadanos que se vendían por causa de su propia miseria. El deudor insolvente era adjudicado como esclavo á su acreedor. Y el robo de niños, á que muchos se dedicaban; y sobre todo, la guerra, entre griegos ó extranjeros, y la piratería, pagaban á la ESCLAVITUD crecidos tributos. Los tratantes de esclavos iban á buscar sus mercancías á las colonias griegas y al Oriente, adonde exportaban también jóvenes griegos de ambos sexos, que se buscaban mucho como esclavos de lujo y de placer. Atenas fué uno de los principales mercados de la trata, y allí se protegió mucho á los mercaderes por los grandes impuestos que satisfacían al tesoro. Chío, Chipre, Delos, Éfeso, Samos y Sardes, fueron también mercados célebres por los esclavos procedentes del Asia. Los esclavos de Atenas formaban dos grandes clases: la del trabajo y la del placer; á esta última pertenecían las cortesanas y las mujeres que cantaban y bailaban en ciertas ceremonias. Había también esclavos para el servicio de las ciudades, para desempeñar algunas funciones inferiores, para ejecutar ciertas obras públicas; y otros, cortesanos en general, destinados al servicio de los templos. La población esclava fué muy considerable, tanto en Esparta como en Atenas, según resalta de las cifras siguientes, tratándose de los tiempos de Herodoto. Esparta tenía doscientos veinte mil ILOTAS y unos treinta y dos mil ciudadanos; Atenas contaba sobre doscientos mil ESCLAVOS y ciento y siete mil entre ciudadanos y extranjeros libres. 8. La ESCLAVITUD en las abadías de Capadocia.—Parece ser que la ESCLAviTUp penetró también en las abadías de Capadocia, pues la historia nos habla de una servidumbre cuyos individuos Ilevaban el nombre de hieródulos (tspó̀ovhoc, hieródoulos), vocablo griego, que quiere decir siervos sagrados. 9. La ESCLAVITUD entre los romanos.— En los primeros tiempos, cuando los romanos eran pastores á la par que guerreros, cada familia no poseía más que un esclavo ó dos para ayudar en los trabajos de los campos. Se cree que hubo esclavos domésticos en los palacios de Tarquino el Viejo y de Servio. Cuando Roma se sintió bastante fuerte para no necesitar asimilarse á los pueblos vencidos, como hizo al principio, redujo á la ESCLAVITUD á sus prisioneros de guerra, y aumentó el número de esclavos agricultores en proporción de los terrenos conquistados, que el Estado cedía á los ciudadanos principales, de donde tomó ejemplo el feudalismo territorial de la Edad Media. También la usura, que, como en otras sociedades antiguas, convertía al deudor insolvente en propiedad de su acreedor, aumentó de un modo notable el número de esclavos en los primeros tiempos de la república. Esto no obstante, la ESCLAVITUD no tomó un gran desenvolvimiento hasta la época de las guerras exteriores. Puestos los romanos en contacto con la civilización de Oriente, adoptaron el lujo, los hábitos de molicie y de placer, y como consecuencia, el deseo de un numeroso personal de esclavos que les proporcionaba la conquista. Hubo ricos que tuvieron CINCO, DIEZ y aun VEINTE MIL ESCLAVOS. Todos los servicios les fueron abandonados, desde el suyo personal, hasta la cultura de los campos y hasta la educación de los niños, y así los hubo: cellarii, dispenseros; dispensatores ó procuratores, para ocuparse de los gastos de la casa; silentiarii, para hacer callar; analecte, para la limpieza; pocillatores, ó escanciadores, para servir las bebidas, como si dijéramos ujieres de copa; janitores, ó porteros; atrienses, ó encargados del atrio; balneatores, ó encargados de los baños; librarii, ó secretarios encargados de la contabilidad, tenedores de libros, como diríamos hoy; nomenclatores, introductores ó anunciadores de los grandes, y otras muchas clases. Hacia los últimos años de la república y los primeros del imperio, la población esclava parece haber sido, al menos, igual á la libre en las grandes ciudades, y muy superior en las pequeñas y apartadas. La guerra aumentaba esa raza de seres desgraciados, el comercio importaba esclavos de todas partes del mundo, y los nacimientos hacían su número cada vez mayor. Este aumento tan extraordinario fué para Roma causa de inquietud, pues frecuentemente se advertían síntomas de insurrección, que al fin ocasionaron guerras espantosas y cruelísimas, como la guerra que se llamó de los esclavos, porque era natural que aquella guerra fratricida llevase el nombre de su raza, como es natural que los tristes busquen una palabra para recordar su tristeza. Y aun después de esas luchas, desafíos terribles en que el hombre se jugaba la vida á fuego y sangre, la disciplina y la obediencia se mantenían con dificultad, merced al sistema del terror y á los más tremendos castigos. Para la moral de aquellas gentes, el esclavo no pertenecía á la familia humana, sino que era un animal, una bestia de carga ó de regalo, aun ante la ley, y en el concepto de tal bestia se le trataba y se le tenía. Es realmente maravilloso el espectáculo que la historia presenta en este punto, porque no se concibe cómo el esclavo abrigaba en su mente y en su corazón la idea y el amor de la libertad, compartiendo con su cadena la abyección del bruto. Sin embargo, el esclavo soñaba en ser libre, y abrió sus venas y regó aquel sueño con su sangre. La bestia, acordándose de que era hombre; viendo que para el hombre había creado Dios los cielos, los astros, los mares y la tierra, se levanta en Italia seis veces en menos de sesenta años: los ilotas resisten á los espartanos durante diez años en el monte Ithomeo; Enio, á la cabeza de una falange de esclavos sicilianos, sufre una derrota gloriosísima después de haber muerto al tirano Damófilo; y más tarde, un pobre y oscuro gladiador, el valeroso, el noble, el héroe Espartaco, declara la guerra á la potente Roma; derrota á Cosinio, se apodera de Metaponte, y muere como un mártir, demostrando al mundo en un día horrible que el alma de un esclavo era más virtuosa que el egoismo de la humanidad libre. En tiempo de los Antoninos, los señores prdieron el derecho de vida y muerte sobre los esclavos. Su número disminuyó hacia el fin del imperio, como disminuyó la guerra, que fué su principal origen; y el gobierno, para no carecer del trabajo que largo tiempo se debió á la ESCLAVITUD, organizó á los ciudadanos en diferentes corporaciones para toda clase de industrias, artes y oficios, bajo la denominación de co LEGIOS. Esto no obstante, continuó existiendo la ESCLAVITUD, y el cristianismo no la pudo abolir, si bien la dulcificó con sus preceptos de caridad y de justicia, y con sus esfuerzos para establecer entre señores y esclavos cierta reciprocidad de recompensas y servicios; pero la ESCLAVITUD se consideraba tan legítima en las sociedades antiguas, que los Padres de la Iglesia no se atrevieron á pedir su abolición. A la mitad del siglo Iy y hacia fines del v, la ESCLAVITUD existía aún con toda su antigua organización, con todas sus iniquidades, con todas sus crueldades sin término, arbitrarias y monstruosas. Los eclesiásticos, sin embargo, aun respetando como ley del Estado la ESCLAVITUD, dieron el ejemplo de su supresión, concediendo la libertad á sus esclavos, pidiendo á los fieles que hiciesen lo mismo, y ofreciendo á los fugitivos las iglesias y los monasterios como lugares de refugio. También los obispos aplicaron parte de los bienes eclesiásticos, y los enviaron á las provin
cias, para multiplicar el número de las manumisiones y de los rescates. Solamente mirando las cosas de esta manera, puede explicarse el hecho histórico de que, desde Constantino hasta el siglo XII, la condición de los esclavos fué perdiendo su antigua aspereza. 10. La ESCLAVITUD después de la caida del llamado imperio de Occidente.— Cuando los bárbaros invadieron el imperio, adoptaron la ESCLAVITUD real y personal, tal como la encontraron establecida, y confundieron todos los esclavos de la ciudad ó de los campos. Roma, Brístol, Lyon y Londres fueron importantes mercados de esclavos; pero el cristianismo intervino otra vez: los sacerdotes imploraron á los vencedores por los vencidos y rescataron á cuantos pudieron. Los abades y los obispos que, en su calidad de grandes propietarios territoriales, poseían ESCLAVOS inmuebles, los trataban con tanta dulzura que la condición de esclavo eclesiástico llegó á ser envidiada por los demás. Esta transformación de la ESCLAVITUD primitiva, que se convierte en un colonato de servidumbre, se verificó hacia fines del siglo ix y principios del X, á consecuencia de la invasión de los normandos. En aquella época, las necesidades del lujo dejaron de hacerse sentir, y los ESCLAVOS muebles, de que aun existía un gran número en las ciudades populosas, desaparecieron por completo. No hubo ya más que los llamados esclavos ó siervos de la gleba, cuyos sucesores llevaron su ignominia hasta 1789. 11. La ESCLAVITUD entre los musulmanes.—El Corán prohibe á sus creyentes la trata de esclavos; recomienda á los señores la dulzura, y les presenta la manumisión como un acto meritorio. Nada prueba que Mahoma y sus inmediatos sucesores redujeran á la ESCLAVITUD á los prisioneros de guerra, y esta costumbre parece no haber sido introducida entre los mahometanos antes de las Cruzadas, hasta cuyo tiempo los califas no habían tenido otros esclavos que los negros cogidos en Africa. Entre los turcos contemporáneos, hay esclavos negros y esclavos blancos procedentes de la Georgia y de la Circasia, siendo domésticas sus ocupaciones y dulce el trato que reciben. Así como en Egipto no hubo antiguamente más que esclavos mamelukos que pudiesen ser elevados á la dignidad de bey, así también ciertos cargos de la corte de Constantinopla están reservados á los esclavos, tales como los de hislar-aga, jefe de los eunucos negros del serra Ilo; de capón-aga, jefe de los eunucos blancos, y otros. En Turquía los esclavos pueden borrar, por medio del matrimonio, la tacha ó nota degradante de su origen, recibir tierras en propiedad y aun heredar de su señor. En 1554, el sultán Abdul-Medjid tomó algunas medidas para la abolición de la trata de los esclavos en Asia. En los estados de Túnez y Trípoli, así como también en Marruecos (y en otro tiempo, en la Argelia), ha habido ESCLAVITUD de negros y Es CLAVITUD de blancos, debidas ambas á la piratería, haciendo sufrir á los esclavos cristianos los desmanes más horrorosos. Los genoveses, los venecianos, los españoles, los franceses y los ingleses, dirigieron contra la costa de Africa expediciones, infructuosas casi siempre. Inglaterra concluyó, en 1662, con Argel, Túnez y Tripoli, y en 1721 con Marruecos, tratados en cuya virtud los súbditos ingleses no podrían ser reducidos á la condición de esclavos. En el siglo XVIII, Austria, Rusia, Persia, Suecia y Dinamarca, obtuvieron análogas concesiones, aun cuando las depredaciones de los berberiscos continuaron á pesar de todo. El bombardeo de Argel por los americanos en 1813, y por los ingleses en 1816, fué impotente. Francia, por la conquista de la Argelia, preparó la abolición de la ESCLAVITUD, que se decretó solemnemente en 1848. El bey de Túnez la acordó en 1845; pero aun hay esclavos en Marruecos.—En Egipto, Mehemet-Alí hizo que sus tropas se dedicasen á cazar esclavos en los confines de la Nubia, para incorporarlos á su armada; y este medio de reclutamiento se halla todavía en vigor, hecho incomprensible, atendida la actual cultura del Egipto. 12. La ESCLAVITUD en las colonias curopeas.—En el Occidente no había más que siervos, cuando arrojados de España los musulmanes se refugiaron en Africa. En 1440 hicieron los portugueses un desembarco en las costas de Arguín, donde prendieron á algunos y los llevaron á Lisboa como esclavos. El lucro sedujo á otros aventureros, y pronto se verificaron nuevas expediciones. Las familias de los cautivos, no pudiendo rescatarlos, se ofrecieron, en 1442, á canjearlos por esclavos negros, y de este canje nació ese infame tráfico que se denomina trata de los negros. Los españoles y los ingleses tomaron en ella una parte muy activa; y el Africa, desde la ribera del Senegal hasta la extremidad del Angola, fué un mercado de esclavos para las naciones europeas. Al principiar el siglo XVI se transportaron, desde Africa á América, bandas inmensas de esclavos para remediar el despoblamiento ocasionado por la conquista española. La ESCLAVITUD de los negros, aunque contraria á los principios de la religión cristiana, era á la sazón una especie de contrabando tolerado. En 1501, se persuadió á los Reyes Católicos de que era un medio de arrancar á los negros á la idolatría y de obligarles á abrazar la verdadera religión, y autorizaron la ESCLAVITUD. Igual concesión, y bajo los mismos pretextos, fué arrancada á Luis XIII, para convertir en esclavos á los negros de sus colonias. Colón introdujo en cierto modo la ESCLAVITUD en España, pues envió á la península cierto número de negros, de que se apoderó en Haití, cuando descubrió esta isla. En 1716 se introdujo en Francia, á despecho de la máxima de que todo esclavo que pisase el suelo de aquella nación, sería ipsô facto libre: el pretexto fué el de la salud espiritual de los esclavos, y el de la utilidad de enseñarles algún arte ú oficio que, á su regreso, pudiese reportar algún provecho á las colonias. Luis XIV publicó en 1685 su famoso Código negro, para proteger á los esclavos y mejorar su condición; pero este código no fué ejecutado en lo que les era ventajoso. En 1787 se fundó en Inglaterra una sociedad de Amigos de los negros, cuyo fin era la abolición de la trata; y poco después, se fundó otra análoga en París. En 1792, fijó el rey de Dinamarca el año 1803 como el último de la trata en sus colonias; pero la sociedad francesa se le adelantó, provocando, en favor de los negros, cuantas medidas tomaron acerca de este asunto la Asamblea nacional y la Convención. Acordó ésta, en 17 de Julio de 1793, la supresión de la prima concedida á los que se dedicaban á la trata; y el 16 Pluvioso, ano II (5 de Febrero de 1794), proclamó la libertad de todos los esclavos. La ESCLAVITUD colonial fué restablecida el año X, bajo el consulado. El Parlamento inglés proclamó en 1807 la abolición de la trata. En 1815, bajo la segunda restauración, adoptaron ese principio el Gobierno de Francia y el de otras potencias marítimas. Esto no obstante, no fué abolida en las colonias inglesas hasta 1833; y en las francesas, hasta 1848. Los Estados Unidos del Norte de América la suprimieron en 1865. En cuanto á España, la abolición de la ESCLAVITUD, en Puerto Rico, se votó en la Asamblea nacional, 1873; y la de Cuba, en 1880, estableciendo, como medio de indemnización, la existencia de un patronato de ocho años. Sea cual fuere la suerte de la ESCLAVITUD en las incertidumbres y vacilaciones del hecho, ello es que acabó en el terreno de los principios. El monstruo, no teniendo á quien devorar, tuvo que concluir por devorar sus propias carnes, porque—tarde ó temprano—todo el que devora tiene que verse devorado por su propia voracidad: es la ley más constante, más inflexible, más santa de la historia. Véanse sobre la historia de la ESCLAVITUD: ED. BioT, De l’abolition de l’esclavage ancien en Occident (un volumen en 8.°, París, 1840); H. WALLON, Histoire de l’esclavage dans l’antiquité (cuatro volúmenes en 8.°, Paris, 1847); BERGIER, Dictionnaire de théologie (artículos ESCLAVITUD y Negros); y DEZOBRY y BACHELET, Dictionnaire.
Resumen.—El asunto del presente artículo nos atañe de una manera particularísima, puesto que tuvimos la honra de pertenecer á la Asamblea nacional como senador por Barcelona. Cuando la tierra alimentó en su seno al monstruo de la ESCLAVITUD duran
te tantos siglos, nuestra alma se alegra infinitamente al considerar que la fortuna nos reservó la gloria de tomar parte en el día de la absolución; y decimos día de absolución, porque la redención de los esclavos no es otra cosa que un jubileo de nuestra política. Entre los consuelos que la criatura puede tener en este mundo, no hay consuelo igual á la ventura de poder decir en la confesión de la muerte, que es la cuenta final de la vida: «nuestros labios pronunciaron un voto para la abolición de la ESCLAVITUD en nuestra patria; y al morir ahora, sabemos que la planta de un hombre vendido no ha de profanar nuestro sepulcro.» ¿Nos lo deberán agradecer los redimidos? No. El verdadero redimido es el que redime, del propio modo que el verdadero siervo es el que se alimenta con la sangre de la servidumbre. Entre esclavizar ó vivir en la ESCLAVITUD, bendigamos mil veces la esperanza, porque el cielo no ha desterrado la esperanza en la religión de los esclavos. Vamos á decir algunas palabras acerca de un asunto que importa grandemente á nuestras costumbres, á nuestra cultura, á nuestra vida íntima, á nuestra fe. Cuando se estudia con reflexión la historia de la ESCLAVITUD en todo el globo que habitamos, se ve la inmensa superioridad de nuestros dogmas sobre los dioses de la antigüedad. Vayamos á la India de los brahmanes y hallaremos que la ESCLAVITUD no era solamente un hecho social ó una ley civil, sino una especie de constitución religiosa, puesto que tenía su razón y su asiento en las mismas verdades dogmáticas, ó que se veneraban como tales. Así vemos que la ESCLAVITUD tomó allí la denominación de castas, las cuales nacieron de los Vedas, libros sagrados, de donde resulta que la ESCLAVITUD era entre los indios una especie de sacramento, una verdadera teología. Vayamos á la Grecia de los sabios y hallaremos que el más profundo y espiritual de los filósofos gentiles, el san Pablo de la mitología, un Platón, opinaba que la ESCLAVITUD, aunque contraria á la naturaleza, era indispensable de hecho, porque sin ella no podía existir la sociedad política. De este criterio se deduce que la sociedad de los hombres no es posible sin una execración. ¡Como si la vida no pudiera existir sin el maleamiento de la gangrena! ¡Como si la gloria no pudiera existir sin los horrores de un infierno! ¡Como si Dios necesitara de la divinidad de un demonio! Pero Aristóteles es más explícito que el filósofo mencionado: «cuando se es inferior á sus semejantes, tanto como lo es el cuerpo respecto del alma, y el bruto respecto del hombre, condición de aque Ilos que no tienen más cualidades que las que emanan de las fuerzas físicas, la ESCLAVITUD es natural.» Y el gran poeta Eurípides fué más lejos aún, porque, declarando que únicamente el hombre griego había nacido para ser libre, declaró terminantemente que los demás hombres habían nacido para ser esclavos. Vayamos á la Roma de los héroes, y encontraremos á un Catón que negocia con los desdichados libertos, cuyo tráfico le allegó riquezas que le permitieron comprar ricos tapices orientales; aquellos tapices de la Siria que únicamente entraban como adorno de lujo en la casa de los potentados. Verificado el advenimiento del Mesías, cumplida y triunfante la predicación de los apóstoles, que no tiene ejemplo en ninguna época conocida, la abolición de la ESCLAVITUD era un hecho natural y previsto, como son previstos y naturales todos los efectos que se derivan de sus causas. Realmente, entre las más absurdas contradicciones que pueden soñarse, no hay manera posible de concebir una contradicción más absurda que la de hacer esclavo á un hombre libertado en el Gólgota, santificado por la Pasión, revestido de Jesucristo, heredero de la gloria divina. Ni hay contradicción más abominable que la de bautizar á una criatura dejándola esclava, cuando acaba de recibir la libertad eterna en la sagrada pila del bautismo. La ESCLAVITUD tiene su explicación en la antigüedad, pero no se concibe en los tiempos cristianos; y no solamente no se concibe, sino que atemoriza; más aún, aterra. Y así aconteció que la moral cristiana se fué filtrando poco á poco en las leyes, porque en la ley se filtra todo lo que se filtra en la inteligencia, en los sentimientos y en las costumbres; los medios de rescate se facilitaron gradualmente; algunos ojos se volvieron al niño que llora, al recibir el último beso de la pobre mujer á quien debe la vida, y todo anunciaba la proximidad de una hora, y la hora llegó, porque todas las horas llegan, cuando hay razón para que lleguen. ¿Quién la trajo? Conviene responder á esta pregunta, y nosotros lo hacemos con entera resolución: la trajo el cristianismo, porque el cristianismo creó la familia en las sociedades cristianas; y al crear la familia, mató la ESCLAVITUD. ¿Quién es el Es CLAVO entre una madre, un padre y un hijo? En medio de esos tres seres que se aman, ¿quién es el ESCLAVO? El cristianismo, que no era la política de los pueblos, no podía publicar una ley en las plazas; pero la publicó en las conciencias, y el espíritu logró hacer lo que acaso no hubieran hecho muchos códigos. Digan lo que quieran las escuelas contrarias, las llagas del hombre no tienen en el mundo más que un bálsamo: la palabra de un Crucifijo; la palabra de un santo madero; el amor. Al ver la Cruz, no hay más recurso que doblar la rodilla, levantar la frente y dar gracias al cielo, ó clavar los ojos en la tierra y llorar. «Ese es un esclavo,» quiere decir en el lenguaje del cristianismo: «esa es nuestra condenación;» «ese muere en la ESCLAVITUD,» quiere decir en la lengua del Evangelio: «con él morimos todos.» A propósito del hombre desdichado que muere vendido, hay que pronunciar los versos de Lista, dirigidos al Salvador: "Temblad, humanos Todos en él pusisteis vuestras manos!»
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