Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Egipto

tomo 2 · página 315 · ver la página del original

1. Egipto. Masculino. Geografía. Vasta región que ocupa la parte Nordeste del Africa, y que comunica con el continente asiático por el famoso istmo de Suez. 1. Situación y límites.—Se halla comprendida entre los 23° 22-31° 37 de latitud Norte, y 22° 10-33° 21 de longitud Este del meridiano de Paris; confinando: al Norte, con el Mediterráneo; al Este, con el mar Rojo; al Sur, con la Nubia, y al Oeste, con el gran desierto de Sahara.

2. Area. — La extensión superficial que abarca este territorio es de 560.000 kilómetros cuadrados: su mayor largo, de Norte á Sur, 880 kilómetros; su anchura media, entre Alejandría y Tenéh, 360, espacio ocupado por el Delta.

3. Costas.—La del Norte, que tiene 670 kilómetros, se halla muy cortada y presenta, como accidentes notables, el cabo Burlos, punto el más setentrional del Delta; la península arenosa, sobre la que se eleva Alejandría y la hermosa rada de Abukir: la del mar Rojo, que es muy agitada, ofrece el cabo Ras-el-cuf, como límite del territorio egipcio, distante de Suez unos 960 kilómetros.

Esta última costa hállase además cubierta de islas como las de Cheduaw y Emerandes y varios islotes. 4. Orogra fía.-Este país, desprovisto completamente de montañas elevadas, se encuentra como encajonado entre dos cordilleras que se prolongan paralelamente, la del Este, hasta el mar Rojo; la del Oeste, hasta el desierto de Sahara; determinando la gran cuenca que ocupan las aguas del majestuoso Nilo. La primera de estas cordilleras, que lleva el nombre de Arábiga, llega hasta lo alto del Cairo, corta al Este hacia Suez, donde toma la dirección Norte por medio del istmo: su punto más elevado se encuentra hacia Tebas y mide sobre 700 metros. Al Este de la misma cadena Arábiga y á lo largo del mar Rojo, domina la llamada de Las Chimeneas, cuyos puntos más culminantes son los montes Khalil y Ascar. Entre estas dos cadenas se extienden las Ilanuras de Arabah, Baquarah y Simur. La cordillera, denominada Líbica, ocupa la ribera izquierda del Nilo, sigue también la dirección de este río hasta la altura del Cairo, desde donde vuelve al Noroeste para perderse insensiblemente en sus inmensos arenales. En el declive que forma el terreno, están los profundos valles que ocupan los lagos Natrón y Bahr-Bela, y los cuatro oasis, dependientes de ÉGIPTO, que llevan el nombre colectivo de El-nah. Tanto las montañas arábigas como las líbicas, están desnudas y cortadas por un sinnúmero de gargantas.

5. Hidrografia.—El Nilo (Nilus de los antiguos) es la única vertiente que fecundiza esta comarca. En todos los tiempos han profesado sus habitantes un religioso respeto á este río, que ellos Ilaman santo, celestial, sagrado, y en cuya caudalosa corriente bañaban las madres á sus hijos, creyendo que sus aguas tenían una virtud purificante y divina. Antiguamente, en la época en que el Nilo se desbordaba, celebrábase en su honor una gran fiesta, durante la cual se inmolaban dos toros negros, y arrojábase sobre sus ondas multitud de flores de lotos.

Además, se le había consagrado un templo magnífico, en donde se elevaba su estatua en mármol negro, bajo la forma de un dios gigantesco, coronado de laureles y de espigas, y apoyado sobre una colosal esfinge. Este famoso río del Africa oriental se divide en tres partes distintas: el Nilo superior ó de Abisinia; el Nilo medio ó de Nubia, y el Nilo inferior ó de EGIPTO. Tiene su nacimiento, según se cree, en los montes de la Luna: atraviesa el país, de Sur á Norte, sin recibir ningún afluente, y después de dividirse en varios brazos y de recorrer sobre 3.900 kilómetros, va á desaguar en el Mediterráneo. El número de canales destinados desde la más remota antigüedad á extender y regularizar las desbordadas aguas del Nilo, así como el de los lagos que cruzan el territorio en todas direcciones, es considerable. Entre los primeros se citan, como más importantes, el Mahmudiéh, antiguo Canal de Cleopatra, restablecido después por Mehemet-Alí; el Joseph ó Calideh-Menhi, de 180 kilómetros de extensión; el Damanhur, que tiene 40 kilómetros de curso, y el Bahyré, que une el brazo de Roseta al lago de Maryut: entre los segundos, figuran el Menzaleh, que se extiende desde Tinéh á Damieta; y que, prolongándose 83 kilómetros, con una anchura de 33, desagua en el mar por tres bocas; el Burlov, entre Damieta y Roseta, de 79 kilómetros de largo y 27 de ancho; el Marcotes, de 50 kilómetros de largo y 16 de ancho, que separa del mar la península que ocupa la Alejandría; el Edhu, de 33 kilómetros de largo y 17 de ancho, que comunica también con el mar por la antigua embocadura Conópica; y últimamente, el célebre Mœris de los antiguos, hoy Birket-el-kerum. Muchos de los canales que posee EGIPTO, particularmente el Mahmudiéh, antes citado, son navegables, aun para los buques de vapor: los restantes sólo sirven para el riego de los campos.

6. Clima.—El que se disfruta en toda la costa del Mediterráneo es dulce, pero variable y húmedo; desde el Cairo hasta la Nubia, seco y extraordinariamente cálido. Los vientos soplan, regular y sucesivamente, de los cuatro puntos cardinales del horizonte: durante la inundación, reinan los del Oeste; en el otoño, los de Levante; de Marzo á Mayo, los del Sur;y desde Junio hasta el desbordamiento del Nilo, los del Norte. El Sard ó viento Sur, llamado también Chamstn, esto es, de cincuenta, porque aparece más frecuentemente durante los cincuenta días del equinoccio, es seco, abrasador como la boca de un horno. Los habitantes de las ciudades y de las aldeas, al sentirle, se encierran en sus casas; los del desierto, se guarecen en sus tiendas ó en los pozos secos; los viajeros se echan al suelo hasta que ha pasado. Este viento mortífero que se desencadena durante el mes de Abril y cuya duración ordinaria es de tres días seguidos, va generalmente acompañado de fenómenos eléctricos. Las Iluvias son rarísimas en EGIPTO. En el año cuéntanse apenas cuarenta días lluviosos en Alejandría; siete en el Cairo, y dos en Assuán. En cambio, los rocíos son copiosísimos durante las noches, merced á los vientos del Norte y del Oeste. La lepra, tan común en otros tiempos, es en la actualidad más rara y menos horrorosa: las oftalmías, producidas por el cambio brusco del calor seco del día al frío húmedo de la noche, violentas y peligrosas. La peste suele causar con frecuencia grandes estragos, tanto por la incuria y suciedad de los habitantes, como por la insalubridad del país en ciertas épocas del año. Los temblores de tierra son bastante frecuentes: las tempestades, desconocidas. En realidad, no se sienten más que dos estaciones: la primavera, que comprende los meses de Noviembre á Febrero, y el estío, que abraza el resto del año.

7. Geología.—La constitución geológica del EGIPTO es exactamente la misma que la del desierto que le rodea. Los terrenos del Nilo se componen de piedras calcáreas, blanquizcas, incrustadas de conchas y cubiertas de arena: los que se encuentran en el Ba EGIPTO, yendo de Sur á Norte, pertenecen á las primitivas formaciones graníticas; los del EGIPTO MEDIO son secundarios, y generalmente calcáreos, salva una larga hilera de montañas arenosas; y los del Delta, de aluvión, arenosos y áridos por sí mismos. La creación del Delta débese á la acción simultánea de las aguas del Ni y las del mar, que dió margen á la ingeniosa alegoría del matrimonio del Nilo con Amphitrite, del cual nació el EGIPTO.

8. Mineralogía.—El país que se describe, no es de los más ricos en minerales. Las minas de oro y de esmeraldas, explotadas por los antiguos, apenas producen en el día; pero, en cambio, hay gran abundancia de mármoles, piedra calcárea, alabastro, anatró(sal álcali natural), muchísima sal fósil, salitre, alumbre y riquísimos manantiales de petróleo. En 1850 descubrióse, á orillas del mar Rojo, un inmenso banco de azufre. Pero entre todos los minerales citados, el que figura en primer término es el granito ó piedra berroqueña, cuyas canteras se prolongan hasta más allá del Mediodía. Los obeliscos, las esfinges, las columnas y las estatuas colosales de los templos egipcios, han sido tallados en esta clase de piedra. Cerca de la villa de Mahsarah, sobre la margen derecha del Nilo, se encuentran vastísimos depósitos de calizas, que han servido para la construcción del templo de Menfis y de las famosas pirámides; y en el Dibel-Dokán, en lo alto de Synt, otros de pórfido rojo (especie de mármol durísimo). Europa posee magníficas muestras de este mineral en el obelisco de Sixto V y en varios monumentos de Roma; en las columnas de Santa Sofía, en Constantinopla; en las de San Marcos, en Venecia; y en el sepulcro de Teodorico, en Rávena. Las montañas de la Tebaida encierran muy buenos mármoles y alabastro calcáreo; la cadena arábiga, piedras preciosas, como ágatas, berilos, amatistas (especie de záfiros) y esmeraldas. Cerca de Ayut, encuéntranse algunas minas de hierro y cobre no explotadas; y en el oasis de Dakhel, excelentes baños sulfurosos.

9. Agricultura.—Desde los tiempos más antiguos viene el EGipro gozando de justo renombre, tanto por la abundancia como por la riqueza de los productos de su suelo. Este es montuoso en el Mediodía y completamente llano en el Norte, y su fertilidad débese, sobre todo, á las inundaciones del Nilo, que, desbordásperdendose pe

riódicamente, depositan en la superficie de la tierra un limo que la sirve de excelente abono. Estas inundaciones empiezan en Junio y disminuyen en Octubre: en Diciembre se siembran los campos. Estos producen casi todos los vegetales que se conocen en el antiguo continente, y la mayor parte de los cereales que se cultivan en Europa. Las cosechas de trigo, maíz, arroz, cebada, centeno, mijo, legumbres, caña de azúcar, frutas de varias clases, cochinilla, lino, algodón, cáñamo, añil y tabaco, son abundantísimas. La siega de los cereales se verifica en Marzo, cuatro meses después de sembradas las tierras; y en el Mediodía de EGipro pueden obtenerse, por medio de riegos artificiales, hasta tres cosechas en un mismo año. Este importante ramo de la riqueza pública debe mucho á Mehemet-Alí, no obstante haber sido la industria manufacturera el objeto de su predilección. Una de las producciones más importantes y que mayores beneficios proporciona, es el algodón. Cultívase éste en aquellos puntos adonde no alcanzan las inundaciones ni puede perjudicar á la cosecha de los cereales. Al algodón siguen el añil, la cochinilla, el sésamo (ajonjolí), el azafrán, el lino y el tabaco. El virrey, que no escatimó nada para obtener de estos cultivos el mejor resultado, hizo ir á EGtpro hombres especiales de todos los puntos de Europa y Asia: la elaboración de opio fué confiada á los armenios; la de la seda, á una colonia de sirios, establecida á expensas del Estado en el valle Uady-Tumylat. La provincia de Fayum produce grandes cantidades de rosas, que se emplean en la fabricación de riquísimas esencias. Al hablar de los vegetales del EGIpro, no es posible pasar en silencio el papyro, esa planta acuática de dos á tres metros de altura que se cría en las márgenes del Nilo, de la cual fabricábase en otro tiempo el papel conocido con el nombre genérico de biblos, que tan buenos servicios ha prestado á las artes y á las ciencias, y que ya ha desaparecido casi por completo. Las palmeras forman la mayor parte de la vegetación, tanto en EGipro como en los oasis del desierto de Libia. La cantidad de dátiles que aquéllas producen es prodigiosa: sólo los habitantes del oasis de Syuah obtienen anualmente de 20 á 27.000 quintales de aquel exquisito fruto, que entra por una gran parte en la alimentación de todas las clases de la sociedad en un sinnúmero de localidades. Después de la palmera, el árbol que más abunda en las campiñas del EGipro es el sicomoro ó higuera moral. 10. Zooloǵa.—La del país que nos ocupa es poco más ó menos la del Africa setentrional. Las especies carniceras han retrogradado hacia el Sur, desde una remota antigüedad. Los leones, las hienas y los chacales vagan por los desiertos de la Libia; los cocodrilos han abandonado también la parte inferior del Nilo, y sólo se encuentran en el ALTO EGipro. La Nubia sigue produciendo, como en otros tiempos, hermosos búfalos, excelentes caballos y magníficos asnos, de que se sirven frecuentemente las mujeres turcas y los viajeros. Los camellos se han multiplicado, y los rebaños de carneros y de cabras son numerosos. Los tántalos (ave célebre de EGipro parecida á la cigüeña, que devora á las serpientes) son rarísimos; pero hay abundancia de aves de rapiña de otras especies, bastantes cigüeñas y garzas reales, infinidad de bandadas de ánades, pichones, palomas y perdices, multitud de enjambres de abejas, exquisito pescado de agua dulce y riquísimas ostras. Entre los zoófitos, merecen citarse los corales de las costas del mar Rojo, tan notables como peligrosos para la navegación. 11. Aspecto general del país.— La vista de Ecipro ofrece cuatro puntos principales: el valle del Nilo, el triángulo que forma el Delta y las cadenas de las montañas arábica y líbica, que acompañan ó siguen el curso de aquel río.—En el invierno, que es la estación más hermosa, todo el valle del Delta y sus alrededores se hallan resplandecientes de magnífica verdura, entre la cual se destacan las blancas paredes de las quintas de recreo, las aldeas, las ruinas y las ciudades con sus vistosas cúpulas, sus elevados minaretes y demás caprichosas fantasías de la arquitectura árabe. Todo allí es vida, movimiento y esplendor. Fuera de esto, en el Oriente como en el Occidente y Mediodía, el aspecto es por demás triste y monótono. Saliendo del mar y marchando contra la corriente del Nilo, no se ven más que los áridos arenales del desierto, algunos grupos de palmeras que indican la existencia de los oasis, y varias casuchas formadas de tierra. Aquello es una Ilanura sin límites que, según las estaciones, se transforma, ya en una inmensa laguna pantanosa, ya en un mar de agua dulce, ya en un verde manto, ya en un campo lleno de polvo; por todas partes se distingue el horizonte muy lejano y velado constantemente por una espesa niebla. Hacia el Sur, bajo los 24° de latitud, al pie de la primera catarata, la vegetación desaparece hasta de las riberas del Nilo, cuyas aguas se precipitan y corren como encajonadas entre montones de negruzcas rocas. Es necesario llegar al Cairo ó las Pirámides, para entrar en el pintoresco valle antes indicado. Llegada la primavera, muéstranse por doquier las doradas tintas de las mieses; hecha la recolección, quédase el terreno desnudo y expuesto á la acción de un sol abrasador, se divide, se resquebraja y conviértese el EGIpro en un vasto campo de polvo, que el viento arremolina y levanta en torbellinos, hasta que vuelve la inundación. Durante ésta, el valle se transforma en un largo brazo de mar, sembrado de aldeas, que parecen como suspendidas de las grandes copas de las palmeras. Los minaretes, los templos, los obeliscos y las cimas de los árboles son los únicos puntos que dominan aquella inmensa cascada. Largos diques ingeniosamente construídos, ponen en comunicación las ciudades y las villas; y millares de lanchas surcan la superficie de las aguas desbordadas. Para formarse una idea aproximada del EGIPTO, representémonos peñascos y una cinta de mar por un lado, una interminable sucesión de llanuras arenosas por el otro, y en el centro, un río que atraviesa un valle de 830 kilómetros de largo y de 22 á 38 de ancho; y que, al llegar á unos 170 kilómetros de distancia del Mediterráneo, se divide en dos troncos, cuyas ramas se deslizan por un terreno libre y casi sin pendiente sensible. El aspecto de las ciudades, en su conjunto, es puramente oriental. Estas se hallan divididas en harah ó barrios, cada uno de los cuales contiene su población especial de coptos, ó cristianos de EGIPTO, judíos, griegos, musulmanes y francos. En el barrio de estos últimos es donde se ven únicamente algunos edificios europeos, de varios pisos, y calles rectas, perfectamente alineadas; en los otros, las casas son bajas, con azoteas, dispuestas sin orden en medio de un laberinto de callejuelas estrechas, tortuosas y sucias. Las viviendas de los cheykhs, de los agas, de los ualy, de los cadís y demás funcionarios públicos, distinguense tan sólo por su construcción más regular y ornada, y una grande sala situada en el piso bajo, en donde aquéllos dan audiencia. Los almacenes son sencillos y sin adornos de ningún género. Hay muchísimos baños, fuentes y cafés, y numerosas mezquitas con elegantes cúpulas. EGIPTO, como todos los países orientales, distínguese también por un gran lujo de cementerios, en los cuales las tumbas de los beys, de los pachás y de los mamelucos aparecen resplandecientes de esculturas doradas bajo la sombra de los sicomoros. 12. Población.—Bajo el imperio de los Faraones, contaba Eaipro de 7 á 8.000.000 de habitantes; en 1798 había descendido esta cifra á 2.500.000; en 1817 volvió á ascender á 3.700.000; en 1847, á 4.250.000; y en 1867, á 5.602.000. Esta población se compone principalmente de árabes, turcos, negros, renegados, cafres, abisinios, berberiscos, argelinos, sirios, armenios, persas, indios, griegos, judíos y europeos de todas las naciones. En el BAJO y en el MEDIO EGIPTO, el blanco es el color que domina sobre los demás; remontándose el Nilo, vese crecer sensiblemente el número de los individuos de las razas africanas. Los turcos constituyen la aristocracia de este país, y ellos solos disponen de las altas dignidades y empleos; para los árabes y los negros están reservados los trabajos penosos, el servicio militar, el pago de los impuestos, las privaciones, y, finalmente, la miseria. A pesar de la abundancia y variedad del

cultivo, la situación del fellah, falaha, ó labrador, es cada día más deplorable. La producción y la propiedad se encuentran agobiadas por toda clase de contribuciones. El último de los funcionarios públicos tiene el derecho de servidumbre sobre el fellah; y puede, bajo el menor pretexto, desposeerle del producto de su trabajo.—Este desgraciado se viste con el lino de su campo ó la lana de sus ovejas; habita en una choza llena de lodo y duerme sobre un mal trozo de estera, á pesar de los esfuerzos que Mehemet-Alí hizo para elevar un poco á esta raza del estado de abyección en que se encuentra. En EGIPTO, como en todas partes, los judíos se hallan exclusivamente dedicados al comercio. Los coptos forman la parte más ilustrada de la población indígena. La mujer, como en las demás sociedades musulmanas, vive en una absoluta independencia; principalmente, en las riberas del Nilo. En la población turca nótase una tendencia muy marcada á adoptar parte de los usos y costumbres del Occidente; y el Gobierno mismo ha sido el primero en dar el ejemplo con las numerosas reformas que ha adoptado durante los treinta últimos años. Aparte de esto, los jóvenes que anualmente van á Francia á hacer sus estudios, vuelven á su patria con los gustos y los hábitos adquiridos de los europeos, que obligan á adoptar á sus compatriotas, como lo prueba el abandono, cada día más general, de las costumbres tradicionales del Oriente. La población de los oasis se compone de tribus árabes, que llevan el nombre de Ualand-Alí. 13. Religión.—La oficial y dominante del Ecipro, es la del Korán. Los coptos se hallan divididos desproporcionadamente entre la Iglesia católica y la griega: la mayoría profesa el rito de esta última. El patriarca reside en Alejandría. 14. Arquitectura.—Ninguna nación de la antigüedad ha dejado construcciones que, por su extensión y proporciones imponentes, puedan competir con las de EGIPTO. Pero al examinar los monumentos de este país, apenas se comprende cómo un pueblo que ha empleado tantos recursos en la edificación de templos, palacios y sepulcros, no ha legado á la posteridad un solo edificio de utilidad práctica; y esto debe sin duda consistir en que los egipcios consideraban las habitaciones privadas como viviendas pasajeras, en tanto que llamaban á las tumbas sus moradas eternas. En los primitivos tiempos, ocupaban aquéllos las excavaciones naturales ó subterráneas, abiertas en las profundidades de los montes que limitan el valle del Nilo, como lo atestigua el gran número de ellas que aún en la actualidad existen. En el Said (antigua Tebaida) consérvanse todavía monumentos faraónicos, entre los cuales figuran, en primer término, los templos. Los más antiguos, ya del Ecipro ó de la Nubia, fueron tallados en las rocas; los del segundo período, vaciados en las montañas; y hasta más tarde no se llevó á cabo la edificación aislada. Todas estas construcciones se hallan completamente subordinadas á un mismo plano, salvo ligeras modificaciones en la parte interior. Entre los más notables, cítanse los de Déndérah, Edfu, Esneh, Karnac y Lingior. He aquí su disposición general. En primer término, elévanse dos phylônes gruesos, cuadrados y piramidales, unidos por una construcción menos elevada, los cuales ofrecen una escalera interior que da acceso á un dromos, desde donde se llega al cuerpo del edificio. La fachada, adornada de bajo-relieves, de obeliscos, de esfinges y de estatuas colosales, tiene una puerta que abre paso á uno ó muchos patios, completamente cerrados y rodeados de galerías, cuyos techos están sostenidos por sólidas columnas. De aquí se pasa á un pronaos, especie de vestíbulo ó pórtico; y finalmente, al naos, ó templo propiamente dicho; santuario adornado de altares monólitos, junto al cual se encuentran las habitaciones de los sacerdotes. El aspecto de estos templos es tosco; sus caracteres principales, la solidez, la fuerza y la grandeza; pero la inviolabilidad de su forma produce la monotonía é inspira un sentimiento de tristeza indefinible. No parece sino que la civilización, llegada á cierto grado de desarrollo, se detuvo; y que el arte arquitectónico, sujeto por la casta sacerdotal á reglas inmutables, no pudo franquear los límites que se le habían impuesto. El estilo de estos edificios no cambió hasta algún tiempo después de la llegada de las naciones conquistadoras que impusieron á EGIPTO sus costumbres, sus usos y su arquitectura; pero ni aun bajo la dominación extranjera intentó aquel pueblo modificar sus construcciones con arreglo á los gustos y necesidades de la época: antes al contrario, dejó á los vencedores cubrir el país de monumentos, templos griegos, arcos de triunfo, circos romanos, mezquitas y minaretes árabes. Los palacios ofrecen igual aspecto, las mismas divisiones principales que los templos; y las columnas que los sostienen idéntica forma. Entre las famosas construcciones egipcias hay que mencionar también las pirámides, el laberinto, los sepulcros, las necrópolis y los obeliscos. Uno de los caracteres especiales de su arquitectura es la inclinación ú oblicuidad exterior de los muros, destinada á aumentar su fuerza. Los techos de los edificios son planos y lisos; la luz y el aire penetran generalmente por estrechas claraboyas, practicadas en el tejado ó cielo raso, y por algunas ventanas abiertas en los muros laterales; el espesor de sus paredes tiene por principal objeto el impedir que el calor penetre en el interior. La bóveda era ya conocida de los egipcios; pero la emplearon accidentalmente, no como principio de construcción. 15. Escultura.—Los monumentos egipcios, como ya hemos indicado, se hallan completamente cubiertos de bajo-relieves, de figuras, de emblemas y de signos jeroglíficos. En los phylônes y en los muros de cerramiento se encuentran representados, ya hechos memorables de la historia nacional, ya trabajos alegóricos sobre agricultura; y los asuntos que figuran en los santuarios y piezas inmediatas están tomados de la mitología egipcia. La absoluta semejanza que se nota en la fisonomía de todas las figuras esculpidas, ora humanas, ora quiméricas; el orden inalterable en que éstas se suceden por todas partes, sin la menor indicación de perspectiva; la extremada sencillez del trabajo; todo, en fin, revela que el carácter del ornamento escultural de los santuarios, consagrado desde los primeros albores del arte, ha venido manteniéndose de una manera fija é invariable. No sucede lo mismo respecto de los asuntos tomados de la historia ó de la agricultura; en éstos se observa, según los tiempos, un sensible progreso: las figuras tienen una acción y aparecen entalladas sobre planos que indican ya algunas nociones de perspectiva; y principalmente en lo accesorio y en los animales, nótanse cierta flexibilidad de formas y una gran verdad de carácter. El emblema más frecuentemente empleado en los ornamentos es el loto. En los jeroglíficos, sembrados con profusión y presentados en forma de cruz, no alcanza á distinguir la vista, en el primer. momento más que una reunión de objetos caprichosamente amontonados; pero cuando estos signos de una lengua sagrada, trazados en la piedra para explicación de los asuntos á que sirven de marco, se examinan de cerca, se ve que están dispuestos con una simetría y un gusto que hacen imposible toda confusión. En estatua, no se representaban más que los dioses, los reyes, los príncipes y los sacerdotes: todos estos personajes recibían una sola é idéntica forma, y sus contornos aparecen marcados casi constantemente por líneas rectas y poco salientes. Los materiales empleados en la estatuaria eran el bronce, la madera, el barro cocido, el granito, el basalto, el alabastro y el pórfido bermejo ó verdoso. 16. Pintura.—Los bajo-relieves de que se adornaban los monumentos egipcios eran poco salientes; de aquí que, para marcar más la naturaleza de los objetos que se quería representar y hacerlos más perceptibles á cierta distancia, la escultura tuvo que llamar en su auxilio á la pintura. La necesidad de ésta llegó á hacerse tanto más apremiante, cuanto que, colocados los jeroglíficos en la parte más elevada de los edificios, difícilmente habrían podido leerse sin la ayuda de los colores. Los techos de los monumentos pintábanse invariablemente de azul, sembrados, ya de estrellas, ya de figuras astronómicas de color

blanco, y algunas veces con un punto rojo en el centro. Las estatuas de piedra se pintaban por completo; las de granito, sólo algunas de sus partes, como los ojos, los cabellos y los ropajes. Algunos autores afirman haberse encontrado, entre otros utensilios del arte, paletas, pinceles y algunos vasos egipcios Ilenos de colores. La composición quimica de éstos era perfectamente hábil, como lo han demostrado la limpieza y tenacidad de las tintas empleadas en sus monumentos, las cuales han conservado su frescura por espacio de tres mil años. Aparte de esto, la pintura, como arte, no pasó de la infancia. 17. Música.—Algunos autores aseguran que la música fué proscrita en EGIPro, y que en los templos celebrábanse los sacrificios en medio del silencio más profundo. Pero esto no implica la ausencia absoluta de aquélla entre los egipcios, puesto que se sabe que al buey Apis se le paseaba por el Nilo al son de los instrumentos. Hay además otros testimonios que contradicen aquella opinión. Apoliodoro atribuye á Hermes Trismegisto la invención de la lira, de la cual este dios había dado el modelo en la concha de una tortuga, montada con nervios disecados de animales. Los egipcios conocían la flauta, inventada por Osiris, según Ateneo, y que ellos poseian de dos clases: la flauta recta, construida de caña ó de loto, y la corva, llamada photinx. Servíanse también del trígono, del salterio, del sistro y del arpa; y puesto que los hebreos tocaban la trompeta y el tambor cuando salieron del EGipro, es evidente que estos instrumentos se hallaban igualmente en uso. Los egipcios no tenían la menor idea de los signos musicales; y según Platón, los sacerdotes cantaban ciertas melodías, que no podían alterar, y que sólo conservaban por tradición. 18. Lengua.—En opinión de varios autores distinguidos, la ciencia ha hecho hasta aquí vanos esfuerzos para determinar de una manera exacta los verdaderos orígenes de la lengua egipcia. En los monumentos antiguos del Ecipro y de la Nubia, encuéntrase aquélla empleada bajo dos formas regulares; y todo lo que puede conjeturarse es que desciende, como su población, de las regiones superiores del Nilo. Las comparaciones hechas con los demás idiomas, ya del Africa, ya del Asia, no aclaran la cuestión: las relaciones de los hebreos y de los árabes con el Ecipro explican, sí, el por qué algunas palabras de las lenguas de estos pueblos se encuentran en la egipcia; y, recíprocamente, por qué algunas de las voces de ésta se hallan introducidas en aquéllas; pero nada, sin embargo, se sabe de cierto sobre la descendencia de estas lenguas con respecto de una de ellas; y todos cuantos han estudiado á fondo el idioma de que se trata, se inclinan á considerarle como lengua madre, formada y desarrollada, hasta su último grado, sin relaciones con ninguna otra; si bien su estructura le aproxima á las lenguas semíticas. Otro hecho digno de notarse es el uso constante, la persistencia del mismo idioma nacional en EGIPTO, desde los tiempos más remotos, á pesar de las sucesivas invasiones de los etiopes, de los persas, de los griegos y de los romanos, como lo prueban los manuscritos y las inscripciones de todas las edades. Este empleo, pues, en los monumentos escritos, como lengua de la religión y de la ciencia, es el que le ha dado aquella estabilidad. Pero al lado del dialecto sagrado, que tenía el jeroglífico como signo de representación en la escritura, existía otro dialecto vulgar, más mudable y flexible á las necesidades y caprichos de cada época, de cada localidad; más susceptible, por consiguiente, de alteraciones; y es éste el que ha venido conservándose, hasta los tiempos modernos, con el nombre de copto; lengua muerta desde mediados del siglo XVII, escrita, no en jeroglíficos, como la de la religión y de los sacerdotes, sino en caracteres griegos. El idioma egipcio era monosilábico en su lenguaje primitivo; todo vocablo de más de una sílaba es derivado ó compuesto, y un gran número de voces parecen formadas por onomatopeya. De las raîces ó palabras primitivas hase constituido también, por derivación ó composición, una infinidad de ellas que se emplean para presentar, bajo diversos aspectos que la modifican, la idea, de la cual es la originaria; por consecuencia, el signo representativo. Los derivados nacen de la raíz, en virtud de reglas uniformes y constantes: las palabras formadas de la raíz, por derivación, vienen á hacerse primitivas por sí mismas, con relación á aquellas que les dieron nacimiento, en virtud de los mismos principios, y se llaman raîces secundarias. La unión de dos ó más de éstas, ya sean primitivas ó secundarias, constituye las palabras compuestas que, á su vez, engendran nuevos derivados. Una raíz monosilábica puede de esta suerte sufrir hasta cuarenta y dos transformaciones, que expresen otras tantas modificaciones de la idea primera: las adiciones hechas al monosílabo indican los géneros, los nombres, las personas, los modos y los tiempos. La construcción ó sintaxis está en el orden lógico. Una de las diferencias más notables que separan el dialecto sagrado del vulgar—según M. Lepsius,—consiste en que la mayor parte de las inflexiones gramaticales, pospuestas á los sustantivos y á los verbos en la lengua primitiva, se hallan prepuestas en el copto. En el texto de la inscripción peculiar de Roseta (ciudad del BaJo EGIPTO), los pronombres personales en los verbos, así como los adjetivos posesivos en los nombres, se hallan colocados bajo la forma de prefijos, mientras que en el antiguo egipcio se los encuentra como sufijos. El turco es el idioma oficial: el árabe, la lengua que generalmente se habla en las riberas del Nilo. 19. Literatura.—Cuentan las tradiciones del antiguo EGIPTO, que Thoth ó Hermes Trismegisto había compuesto, acerca del orden del Dios Supremo, algunos libros en lengua y escritura divinas, los cuales, el segundo Hermes, encarnación del primero sobre la tierra, puso luego bajo la guarda y custodia de la casta sacerdotal, escritos en otro idioma y otros caracteres. Estos libros, que cada sacerdote debía conocer á fondo, ya en totalidad, ya en parte, según el orden de sus funciones y la dignidad jerárquica que ocupara, eran en número de cuarenta y dos y contenían todas las reglas, todos los preceptos y todos los documentos relativos á la religión, al culto, al gobierno, á las ciencias y á las artes. Las obras que varios autores atribuyen á Hermes pasan de veinte mil. Diodoro de Sicilia habla de una biblioteca anexa al sepulcro de Osymandias, sobre cuya puerta leíanse estas palabras: Tesoro de los remedios del alma. Entre las producciones egipcias, ocupan el primer lugar las sagradas. Considerábanse como tales las que trataban de la naturaleza, de la jerarquía y culto de los dioses, y las en que se hallaban descritos los anales de la nación y los grandes hechos de los reyes y personajes ilustres. Varios manuscritos sobre papyros, de los cuales el mayor número y los más preciosos se hallan en el museo de Turín, han transmitido hasta nosotros las listas auténticas de todos los soberanos, y una relación exacta de los acontecimientos más notables de sus respectivos reinados. Entre éstos hay uno que data de los tiempos del rey Mœris, y cuenta, por consiguiente, sobre 3.500 años de existencia. En los sarcófagos de las momias hanse encontrado algunos rollos de papyros, que contienen los extractos del ritual funerario de los egipcios. Además de los libros mencionados, cítanse otras varias obras; unas, poéticas, y otras, relativas á los principales conocimientos humanos. Platón menciona unos himnos antiquísimos, compuestos en honor de Isis; y otros autores de la antigüedad aseguran que era, en aquellos tiempos, costumbre muy general, tanto en las ceremonias públicas como en los convites de familia, dirigir alabanzas á los dioses y á las buenas acciones de los hombres, por medio de la poesía lírica. El mismo Diodoro de Sicilia, antes citado, habla de algunos poemas dedicados á Sesostris: Arnis de Heracleópolis tradujo al griego un comentario sobre los simbolos egipcios, escrito por Epeis: un rey apellidado Athothis pasaba por autor de dos obras de astronomía; y al príncipe Nechao se le atribuyen algunos libros de Medicina, un remedio contra el mal de piedra y varias observaciones sobre los planetas. Como quiera que no se ha encontrado ningún teatro entre los monumentos de ÉGIPTO, créese muy verosímil que el

género dramático no llegara á conocerse en este país. La pérdida de las obras literarias atribúyese á las persecuciones que sufrió el Ecipro por sus dominadores, los persas, los griegos, los romanos y los árabes. El emperador Alejandro Severo mandó sacar de los templos todos los libros y encerrarlos en la tumba del Gran Alejandro, con el objeto de que nadie los leyese. En tiempos de las revueltas, ordenó Diocleciano que fuesen quemados un gran número de ellos, desapareciendo los restos en los diversos incendios que sufrió la biblioteca de Alejandría. 20. Numismática.—No se conserva ninguna moneda egipcia anterior á la dominación persa, y no se podría decir si los Faraones tenían alguna, cuyo valor intrínseco estuviese en proporción con su valor nominal. Créese que los scarabajos (piedra de forma igual á la del insecto que llamamos escarabajo), han servido de monedas pequeñas: en las transacciones considerables, pagábase en ani Ilos de oro ó de plata de un peso y de un diámetro determinados. Después de la conquista de Cambises, Darío I introdujo en EGipro los dariques, moneda de oro ó de plata de los persas, cuyo nombre tomó de aquel monarca. Las medallas de Ptolomeo fueron las primeras en las que aparecieron las letras griegas empleadas con un valor numeral; la más antigua es del año xIx de Ptolomeo Sotero. Los tipos de todas las medallas eran uniformes y de los tres metales, oro, plata y cobre; en el anverso veíase grabado el busto del rey ó de la reina; en el reverso, una águila en pie, para el primero, y un cuerno de la abundancia, para la segunda. La ley de los metales era muy baja, y el trabajo artístico tanto más grosero cuanto más se aproxima á la época romana. Las monedas acuñadas en Alejandría, después de Diocleciano, llevan las inscripciones en latín. Hízose una clase de medallas de las nomas ó provincias, mucho más raras que las de los tipos ordinarios. Estas provincias ó nomas, que gozaron el derecho de acuñar monedas bajo el emperador Trajano, si bien le perdieron en tiempos de Antonino, inscribían en aquéllas el nombre de la ciudad, en nominativo, contra el uso de los griegos, que lo empleaban en genitivo. Las piezas llevan además la efigie y la fecha del reinado del monarca; y, en el nombre, algunas figuras alusivas al culto particular adoptado, según el antiguo rito egipcio. 21. Establecimientos públicos.—Entre las instituciones de utilidad general, deben citarse: el hospital civil, la casa de beneficencia y la Escuela de Medicina, establecidos en el Cairo; el jardín botánico y el museo de historia natural de Abu-Zabel, distante 16 kilómetros de aquella población; la Escuela de Veterinaria, de Chubra; la de Matemáticas, del Casr-el-Ain, situado á orillas del Nilo, y un sinnúmero de bibliotecas y de establecimientos científicos, artísticos, literarios é industriales, que poseen además muchas de las principales ciudades. La telegrafia y el alumbrado de gas se hallan igualmente establecidos en EGipro: y como edificios notables son dignos también de mención la casa de recreo del virrey, en Chubra; los grandes almacenes de arroz, constituidos en Damieta, y los magníficos graneros de Joseph, en el antiguo EGIPTO. 22. Industria.—Este importante ramo de la riqueza pública se halla en Edipro al nivel de los demás progresos. La industria manufacturera, casi nula, hace medio siglo, empezó á desarrollarse bajo la protección de Mehemet-Alí, y hoy se halla monopolizada por el pachá. Las principales fábricas de hilados y de tejidos de seda, lino y algodón, se encuentran establecidas en Bulak, Damieta, Mausurah, Mahallet-el-kebir, Juah, Hehydeh, Minyéh y Beui-Soneyf y Masurah. Los egipcios han sobresalido, en todo tiempo, en la preparación de las pieles: Edfu y Enné, en la fabricación de objetos de vidrio: Keneh, en la de alcarrazas ó vasijas de barro, destinadas á refrescar el agua; y la provincia de Fayum, en la de esencia de rosa, que produce en alta escala. 23. Comercio.—Situado ventajosamente en el centro de las comunicaciones entre el Océano de las Indias y el Mediterráneo, el Ecipro viene á ser el verdadero parador público del Oriente, el mercado de los tres continentes de la antigüedad. El Cairo es uno de los vastos depósitos entre el' Asia y el Africa, y plaza mercantil de todas las caravanas africanas: Alejandría resume todo el comercio del EGIPro con Constantinopla, Venecia, Trieste, Malta y Marsella. En Tantah, situado en el centro del Delta, se celebran tres magníficas ferias cada año: Chendi es la estación central entre la Abisinia, la Nubia y la Arabia; Esné, el punto de reunión de las caravanas del Darfur y del Sennaar, como el Syut lo es de las de la Nubia y de Sudán; el Kosseir, el puerto de embarque, para la Arabia, de los mercaderes que llegan de Kus y de Kenéh; y Suez, la estación de todos los vapores de la compañía de las Indias. Las exportaciones—que en 1841 eran de 51.550.000 francos, y en 1870 ascendieron á 376.000.000—consisten: en cereales, algodón, lino, oro en polvo, goma, pieles, opio, hojas de sen, acíbar, añil, alazor, azafrán, monturas y guarniciones; y en cambio recibe de Africa marfil, plumas de avestruz, ébano y piedras preciosas; de Asia, especias, café, chales de Cachemira y telas de lino, de la India; de la Persia y de la Siria, tejidos de seda, y de los demás estados europeos, maderas, metales, armas y otros varios artículos industriales. Por los paquebots del Mediterráneo, el comercio está asegurado con las ciudades más importantes del litoral; por el ferrocarril que parte de Alejandría al Cairo y á Suez, el de Europa y la India. La marina mercante no es de grande importancia; la mayor parte de los marineros egipcios son reclutados para cubrir los cuadros de la escuadra militar: los restantes se dedican principalmente al cabotaje ó á la pesca en las profundas lagunas que cortan las costas del Mediterráneo. 24. Monedas, pesos y medidas.—Las monedas del EGipro son las del imperio otomano, y particularmente las siguientes: la piastra, que vale 33 medini ú 80 aspros, ó sea, aproximadamente, 1 peseta 68 céntimos; el tallari, á pesetas 62 céntimos; el sequin-mahabub de 120 medini, equivalente á ó pesetas 10 céntimos, y el fonducli, de 146 medini, á 7 pesetas 52 céntimos.—El rottolo ó 144 dracmas, es igual á O kilógramos 431 gramos; el ole ó 400 dracmas, á 1 kilogramo 197 gramos. —El cántaro equivale á 100 rottolí; el ardeb del Cairo, á 182 litros; el rub, á unos 7 litros 583 céntimos; el gasab, á 3 metros 85 centímetros; el pic, à 677 milímetros; el derah, á 647 milímetros; el feddan-el-risag es la medida agraria, equivalente á 400 gasab cuadrados, ó sea 59 áreas 29 centiáreas. La milla turca es igual á l kilómetro 669 metros. 25. Gobierno.— Mehemet-Alí y sus sucesores hicieron del EGipro un virreinato hereditario é independiente, aunque tributario de Constantinopla. El gobierno actual es despótico absoluto, bajo la soberanía de la Puerta. Esta concede la investidura al pachá, el cual, guiado de los mejores deseos, trata de asimilar en lo posible su administración á la de los demás estados políticos de Europa.—El alto personal, que él solo elige con discernimiento de entre los más capaces, suscribe y ejecuta con la mayor lealtad cuantas órdenes emanan de su autoridad suprema; el subalterno, lejos de prestar á las reformas un concurso tan activo, imbuido aún de los principios que en todo tiempo han dirigido la política oriental, principios fundados exclusivamente en el derecho del más fuerte, excluye del cumplimiento de sus deberes, sin el menor escrúpulo, todo sentimiento de generosidad y de justicia; así es que los pueblos son víctimas, con harta frecuencia, de la arbitrariedad y despotismo de los gobernadores de provincia, á pesar de las severas penas que la nueva ley penal, promulgada en EGIPTO, establece contra los funcionarios de todas clases y categorías que incurren en el delito de exacción ó vejación.—Aparte los progresos que se observan en la alta sociedad turca, la civilización moderna no ha penetrado todavía en las masas.—El Gobierno ha establecido el sistema de contabilidad de los estados europeos, ha creado varios archivos, aumentado el presupuesto de ingresos con el producto de infinitos monopolios y fundado en Bulak una imprenta, en la que se imprimen un diario escrito en turco y árabe, y numerosas obras científicas y literarias. La renta pública ascendía,

no hace muchos años, á 251.212.250 pesetas; la deuda, á 2.297.000.000. — Las leyes administrativas del país se hallan sujetas á las del imperio otomano: los impuestos se recaudan en nombre y con la autorización del sultán.—La buena administración de justicia es cosa rara, no sólo en Oriente, sino en EGIPro; pero tiene la gran ventaja de ser sumaria y breve. Los gobernadores de provincias, considerados como jueces absolutos, son los únicos encargados de ejercerla: los delincuentes son castigados generalmente, ó á una multa que entregan en el acto, ó á cierto número de azotes. Las reformas en los ramos de guerra y marina fueron siempre la preocupación constante de Mehemet-Alí. En su tiempo hallábase organizado el ejército á la europea, y lo constituían: veinticinco regimientos de infantería; quince, de caballería; dos, de zapadores; uno, de carabineros; uno, de ingenieros; algunos batallones de veteranos, y la guardia del pachá, compuesta de diez regimientos de las tres armas; ó sea un total de ciento treinta mil hombres; sin incluir los cuarenta mil de las tropas irregulares. La marina, la formaban: doce buques de linea; otras tantas fragatas, y cierto número de bricks y vapores, y veinte mil marineros, instruidos por oficiales franceses. Estas fuerzas quedaron, no hace mucho, reducidas: las de tierra, á dieciocho mil hombres de todas las armas para el servicio interior; las de mar, á doce buques, ó sea tres yachts, dos fragatas, dos corbetas, cuatro cañoneras y un aviso. Estas cifras no pueden aumentarse sin el consentimiento del sultán. 26. División administrativa.-El país que se describe está dividido, como en la antigüedad, en ALTO, MEDIO y BAJO EGIPTO; ó sea: el Said, al Sur; el Uestanieh, en el centro, y el Bahari, al Norte. Estas tres regiones las constituyen catorce mudirliks ó intendencias, pertenecientes: cuatro, á la primera; tres, á la segunda; y siete, á la tercera. Los mudirliks se hallan subdivididos en sesenta y cuatro memurliks ó departamentos, á cuyo frente se encuentran los mamurs ó gobernadores. Todo departamento lleva el nombre de su respectiva capital ó cabeza de partido: el Said ó ALTO EGIPTO, abraza los de Esne, Keneti, Djirdjeh y Syut: el Uestanieh ó EGIPTO MEDIO, los de Monfalut, Minyeh, Fayum, Remi-Sueyf, Alfich y Diyseh: el Bahari ó BAJO EGIPTO, los del Cairo, Kelyub, Belbeys, Chibeh, Mitcamar, Mausurah, Damieta, Mehallet-el-kebir, Tantah, Melyg, Menuf, Negyleh, Fuah, Damanhur é Iskanderyeh. Cada departamento comprende uno ó varios nadirliks ó distritos, gobernados por los cheyh-el-celed ó alcaldes. La ciudad de Suez, asentada en la extremidad del istmo, está comprendida en el departamento del Cairo; y el puerto de Kosseir, situado en el mar Rojo, unido á la prefectura de Keneh. Fuera de estas divisiones, se encuentran los oasis del desierto de Libia, Synah, Odjelah y Dakhel, perteneciente á EGIPTO. 27. Poblaciones principales.-EGIPTO BAJO. Cairo (el Masr de los egipcios ó el Kahireh de los árabes). Capital de EGIPTO, asentada en la márgen oriental del Nilo, sobre una de las pendientes del monte Mokattan, á 110 kilómetros de Alejandría y 180 de Suez. Se halla á los 30° 2' 4" de latitud Norte y 28° 55 12* de longitud Este; rodeada de murallas y dividida en hârats ó barrios, separados por varias puertas que permanecen cerradas durante la noche. Las calles, en número de 600, son generalmente estrechas, tortuosas y sucias; dos de éstas atraviesan la población en toda su longitud: una, llamada Kanatarel-Sebaa, que se extiende á lo largo de la orilla derecha del canal, y otra, de 4.600 metros, que va de la Puerta Bâb-el-Seydeh á la de Bâb-el-Hasanyeh. Sus hermosas plazas, que aparecen cubiertas de flores y de verdura en el mes de Abril, transfórmanse en lagos en Setiembre, época de la mayor crecida del Nilo. Un canal de riego, denominado Kalisch, cruza la población de Poniente á Oriente. Sobre una eminencia de la cordillera de Mokattam, que domina la ciudad, elévase El-Kalah, ciudadela construída por Saladino, á la cual se sube por dos pendientes, cortadas en la roca; una al Norte, que termina en la Puerta de los Arabes; y otra, al Este, en la Puerta de los Genízaros. Esta posición militar, asombrosamente admirable, encierra: el palacio del virrey ó del pachá; varias cisternas—de las cuales una sola bastaría á cubrir las necesidades de 4.000 hombres durante un año;—un arsenal de construcción; fábricas de armas y de monedas; el Diván; una fundición de cañones; una mezquita de alabastro oriental, mandada construir por Mehemet-Alí, y un foso de 90 metros de profundidad y 15 de diámetro, denominado Foso de Joseph, con una rampa en forma de espiral, que permite á las caballerías descender hasta el fondo.—Los bazares, propiamente dichos, en número de 1.600 aproximadamente, ocupan el centro de la población, inclusos los okels ó haní, edificios cerrados y divididos en departamentos, en los cuales cada comerciante tiene expuestas sus mercaderías. Los más curiosos son: el Ghumeh, con chales de Cachemira, muselinas y telas extranjeras; el Khan-el-Khalyly, joyerías, quincallerías, tapicerías y objetos de cobre; el Nahhassyn, platerías; el Burdon-Kanych, droguerías y mercerías ó géneros menudos; el Hamzany, paños; el Serugich, monturas y guarniciones; el Suk-el-Sellat, armas de todas clases; el Gémalych, café y tabaco de la Siria; y, finalmente, el Ohel de los gellabs, gran mercado de esclavos procedentes de las comarcas centrales del Africa. Esta capital tiene además al Norte á Bulak, y al Sur, al viejo Cairo, dos arrabales populosos que la sirven de puertos. En el viejo Cairo (el Fostat de los árabes y antigua capital del Ecipro) se hallan instalados los graneros de Joseph, inmensos depósitos de cereales; varias iglesias coptas y el nacimiento del canal Kalisch, que va al Cairo: en el Bulak Ilaman la atención el bazar, la aduana, los baños, la escuela de ingenieros, la imprenta árabe, persa y turca, algunas fábricas de sederías é indianas, bellísimos jardines y las canteras de construcción para la marina. Esta histórica capital es hoy el asiento del Gobierno, la residencia ordinaria del virrey ó del pachá y la de los cónsules generales europeos, la segunda población del imperio turco, y una de las ciudades santas del islamismo. Contiene sobre 570.000 habitantes, escuelas de ingenieros, de artillería, de caballería, de medicina, de teología árabe y de primera enseñanza, casas de dementes y de maternidad, 400 mezquitas, muchas de ellas en estado ruinoso, 40.000 casas, 300 cisternas, 80 baños públicos, 1.300 cafés, y numerosas fábricas de pólvora, de paños y de telas, dos magníficos hospitales civiles, el Moristan y el Ezbehych, con más de 700 camas, y uno militar, el Kasrel-Ani, con 1.800, y tres vastísimos cementerios: el Kubey, el más rico quizás bajo el punto de vista arquitectónico, situado al Norte de la capital; el Turad-Kaid Bey, al Este, y el Turad-el-Leydeh-omni Kasim, al Sur, con notables monumentos, en donde se ven los sepulcros de los califas.—La industria es en la actualidad poco activa: los obreros son excelentes en el recamado sobre cuero, en la pasamanería, en la fabricación de estera y de objetos de madera, de ámbar y de marfil: las obras más importantes son las de los cristianos, y consisten en tejidos de seda, lana y algodón, artículos de platería y elaboración de aguardiente de dátiles y de la esencia de rosa; pero todos estos productos que dejamos enumerados no representan una actividad industrial digna de la segunda población del imperio turco, y aun del islamismo.—El comercio se hace principalmente con las tres caravanas que anualmente parten de Dârfur, Muzuk y el Sennaar, conduciendo esclavos y grandes cantidades de oro en polvo y dátiles. La posición que ocupa el Cairo es admirable; el clima, bastante sano: la temperatura, cálida en el invierno y sofocante en el estío. La peste y las oftalmías son los dos azotes de la población: la primera, que no reina siempre, como se ha supuesto, sino una vez cada cuatro ó cinco años, hace estragos horrorosos; las segundas, producidas por los cambios bruscos de la temperatura, suelen atacar á una cuarta parte de los habitantes. También la disentería suele manifestarse con alguna frecuencia, y en cuanto al número de víctimas que en otros tiempos ocasioII

naba la viruela, ha decrecido notablemente desde que Mehemet-Alí estableció la vacunación obligatoria para todos los niños.—Cuando al llegar al Cairo se perciben con claridad las brillantes flechas de sus trescientos minaretes, bajo aquel cielo sin nubes, imagínase uno transportado á una de esas ciudades encantadas de que nos hablan Las Mil y una noches. Franqueada la muralla é internado en la población, la vista que ésta presenta es por demás triste y sombría: aquellas calles angostas é irregulares; aquellas casas de fango, bajas y estrechas, sin aberturas á la calle, con sus terrados salientes, producen en el ánimo un verdadero desencanto; pero el artista, que tropieza á cada paso con aquellas admirables obras arquitectónicas y esculturales, tan recargadas de adornos arabescos, así como con aquellas mezquitas tan sencillas y aquellas fuentes tan elegantes, no tarda en reconciliarse con la moderna capital de EGIPTO. Por otra parte, el prodigioso movimiento que se observa en sus calles principales; el pintoresco y animado aspecto de los bazares; la llegada de las caravanas; el cortejo de las fiestas con que se celebra la circuncisión de un niño; los santones mendicantes, á quienes las mujeres se apresuran á tocar para obtener por este contacto la curación de una enfermedad ú otra gracia milagrosa; los titiriteros y charlatanes que invaden el tránsito; las mujeres que se exhiben con el rostro velado; el sinnúmero de camellos y caballos que cruzan en todas direcciones bajo el látigo ó la espuela de sus jinetes; aquel inmenso oleaje, en fin, de seres vivientes, procedentes de todas las naciones y de todas las razas, cuyas costumbres y trajes son tan varios como los colores, ofrecen también al viajero vulgar diferentes motivos de admiración y de recreo. Pero este extraordinario movimiento que anima la ciudad, no es permanente; empieza á las seis de la mañana, y sólo se prolonga hasta el mediodía. A esta hora desaparece, como por encanto, aquella abigarrada muchedumbre, y las calles quedan desiertas y silenciosas. Transcurridas algunas horas, los habitantes del Cairo abandonan la siesta, se lanzan á la calle, los cafés se abren, la circulación empieza y la animación se reproduce nuevamente. —El Cairo fué fundado hacia el año 360 por los califas Fatímitas, que invadieron el EGIpro. Hasta el siglo Xy fué el gran depósito comercial del Asia y una de las poblaciones más florecientes del mundo. En 1517 la tomaron los turcos, y establecieron en ella la morada del gobierno de los pachás ó de los virreyes. Durante la expedición francesa en EGipro, desempeñó un papel muy importante. Las tropas mandadas por el general Bonaparte desembarcaron en Abukir el 1.° de Julio de 1798. Al día siguiente entraron en Alejandría, y tres semanas después se apoderaron del Cairo. El 31 de Octubre de dicho año tuvo lugar una formidable insurrección, que fué severa y enérgicamente reprimida por Bonaparte. El 22 de Agosto de 1795 se embarcó este general para Francia, dejando el mando del ejército expedicionario á Kleber, el cual murió asesinado el 14 de Junio de 1800, siendo evacuada la ciudad por los franceses y ocupada por los ingleses, quienes la devolvieron á los turcos. 28. A lejandría (Irskenderyéh de los árabes, ó Rakotis de los hebreos).—Ciudad eminentemente marítima, situada en las playas egipcias que bañan el Mediterráneo y el lago Maryuth, á los 31° 12 53" de latitud Norte y 27° 32' 35" de longitud Este.—Fué fundada por Alejandro el Magno 331 años antes de Jesucristo. En tiempo de los Ptolomeos, llegó á ser, no sólo la capital de EGIPro, sino el depósito de comercio más importante del globo; el foco de la disipación elegante y del universal escepticismo; el centro principal de las ciencias, de las artes y de la civilización griega; en una palabra, la metrópoli intelectual del mundo.—Constitúyenla en la actualidad dos ciudades, casi enteramente distintas: la antigua y la moderna Alejandría. De la primera sólo quedan ruinas, si se exceptúan el obelisco de Cleopatra y la columna de Pompeyo: la segunda es de construcción moderna. Entre sus principales edificios, llaman justamente la atención el palacio del pachá, el arsenal, el astillero, la aduana y algunos bazares: la iglesia de Santa Catalina, que pertenece á los griegos; la de Santa María, á los coptos; y la de San Atanasio, convertida en mezquita. Sus calles son generalmente lindas, bien blanqueadas, cómodas y con jardines. Algunos telégrafos, colocados de trecho en trecho, el canal de Mahmudiéh, el Nilo y un ferrocarril construído en 1853, ponen esta ciudad en comunicación directa con el Cairo.— Su puerto, uno de los más animados y concurridos, es el centro del comercio de EGIPTO y de gran parte de la Arabia, de la Nubia y de la Abisinia con el Mediterráneo é Inglaterra; y una de las estaciones de los vapores franceses que surcan aquellas aguas por dos líneas principales: la directa de Marsella, que toca en Malta y corresponde con las de Italia y de Levante; y la de Constantinopla, ó de Siria. Los magníficos buques del Lloyd austriaco, facilitan su comunicación con Trieste, Smirna y Constantinopla por una segunda línea: los vapores ingleses, con Inglaterra y la India.—Algunos autores han elogiado mucho la salubridad del clima de Alejandría; sin embargo, si ésta fuese hoy como en otros tiempos el punto de concentración de las tropas del territorio, el clima sería más mortífero aún que el de la Nueva Orleáns y el de la Batavia, pues nada es tan frecuente en ella como la peste. —Las soberbias ruinas y grandiosos monumentos, que esta histórica ciudad conserva todavía, atestiguan su antigua grandeza y esplendor. Entre ellos distínguense los ya citados obeliscos ó agujas de Cleopatra, elevados frente al templo de César y de la columna de Pompeyo. Hacia la parte oriental de aquéllos, percíbese la llamada Torre Romana que, por su arquitectura, parece más bien pertenecer á la época árabe, y parte del arrabal denominado Necrópolis (ciudad de los muertos), con sus grandes grutas sepulcrales. Al Nordeste de un convento griego, vense todavía varias colosales columnas de granito, restos sin duda de espléndidos edificios, y otras más pequeñas en la extremidad del Barrio Franco. La antigua Alejandría contaba 96 estadios de circunferencia. Una calle recta, de 700 piés de ancha, atravesaba la población en toda su longitud: otra, no menos hermosa, la cortaba en ángulos rectos, y su intersección formaba una vastísima plaza cuadrada, desde cuyo centro veíanse los dos puertos y los buques que en ellos entraban, procedentes del Mediterráneo y del lago Mareotis. Un muelle artificial, denominado Heptastade (porque medía 7 estadios), unía la isla de Faros al continente. En el Bruchión, ó barrio aristocrático de la ciudad, estaba el gimnasio, cuyos pórticos, de 600 piés de largo, se hallaban sostenidos por numerosas columnas; y construido de mármol, rodeado también de pórticos, en los cuales paseábanse y conversaban antiguamente sus habitantes, alzábase majestuoso el famoso Museo Alejandrino, verdadera academia de sabios, de artistas y filósofos. Este grandioso edificio, empezado por Ptolomeo Sotero y concluido por Ptolomeo Filadelfo, encerraba en sus salas, adornadas con multitud de estatuas y de pinturas escogidísimas, la célebre biblioteca que llegó á contener 400.000 libros ó rollos. En el Rachotis, ó barrio del pueblo, elevábase el no menos famoso templo de Serapis ó Serapio, que Amiano Marcelino comparó al Capitolio romano, el cual contenía otra biblioteca llamada hija de la del Museo, con 300.000 volúmenes. La primera de estas colecciones, la más grande de los antiguos, fué incendiada durante el sitio de Alejandría por Julio César. —El año 29 antes de Jesucristo, cayó esta ciudad con todo el Ecipro bajo el poder de los romanos, y formó parte del Oriente cuando éstos dividieron el mundo en dos vastos imperios. En 611 pasó á manos de Choroës II, rey de Persia, cuyos hijos la devolvieron á los emperadores, y treinta años más tarde, Arum, lugarteniente de Omar, se apoderó de ella después de un sitio de catorce meses. Bajo la dominación de los musulmanes, la població y extensión de Alejandría fueron disminuyendo sensiblemente hasta quedar arruinada en sus tres cuartas partes. El 2 de Julio de 1798, desembarcaron en su puerto las tropas francesas, capitaneadas por Bonapar

te; se apoderaron de la ciudad, y en ella permanecieron hasta el año 1801, en que fueron arrojadas por los ingleses y los turcos. En 1803, entró definitivamente con el resto de Ecipro en los dominios de la Puerta. Durante el mando de Mehemet-Alí, alcanzó Alejandría su mayor grado de riqueza y esplendor. Este intrépido guerrero y hábil político, á cuyo genio y audacia debió la elevada posición que alcanzara, dió un poderoso impulso á la industria y al comercio; fundó escuelas especiales, militar, politécnica y de medicina; estableció numerosas fábricas manufactureras é introdujo infinidad de reformas en la armada y en la agricultura.—Esta deliciosa ciudad Ilegó un día á hacerse célebre por el inmenso movimiento intelectual que fermentó en su seno. La famosa escuela de Alejandría ó de los neoplatónicos, fundada por Ammonio Saccas, á fines del siglo iI de nuestra era, es conocida de todo el mundo. Aquella filosofía fué una mezcla de las doctrinas orientales y el paganismo griego; y Plotino, Porfirio, Jámblico y Prodo, sus principales propagadores, inspirados en las de Pitágoras, Platón y los místicos, vinieron á ser como los representantes del pasado y los sostenedores de la antigua religión pagana contra el cristianismo. Pero á pesar de la alta sabiduría y de la poderosa influencia del emperador Juliano, los filósofos alejandrinos sucumbieron al cabo en la empeñada lucha que, cuerpo á cuerpo, sostuvieron con los cristianos. El sucesor de ese monarca hizo abrazar á su ejército la nueva religión: Clemente de Alejandría, Tertuliano, Origenes, Lactancio y san Agustín ilustraron la Iglesia; y un decreto de Justiniano, en 529, cerró para siempre aquella escuela, como todas las paganas, cuyo carácter y esfuerzo constante fueron el eclecticismo.—La literatura, la poesía y las ciencias, no han sido menos brillantes en Alejandría. Como cultivadores de las dos primeras, cítanse con orgullo á Calímaco, en tiempo de Ptolomeo, 270años antes de Jesucristo, y á Apolonio de Rodas, insigne poeta también: las ciencias cuentan, entre sus hombres célebres, á Euclides, profesor de matemáticas, en 330, quien contó entre sus discípulos al rey mismo y á Eratóstenes, geómetra, astrónomo, geógrafo, filósofo, gramático y poeta, el cual fué el primero que encontró el medio de medir un grado del meridiano y de calcular la extensión de la tierra. Dejó una carta general, que sirvió largo tiempo de base á la geografía.—Tales son los principales títulos de gloria de esta ciudad famosa que, en el terreno de las ciencias y de las artes, apenas es hoy una sombra de lo que fué en épocas anteriores. La prosperidad actual de Alejandría data de principios del presente siglo. La población europea, insignificante en los pasados tiempos, excede hoy de 47.000 almas: el número total de habitantes se eleva á 220.000 entre berberiscos, egipcios, sirios, judíos, coptos, armenios, turcos, griegos y francos. La admirable posición que ocupa, ha hecho de esta ciudad una de las plazas más importantes de EGIpro. Su riqueza material va constantemente en aumento: cada día es mayor el número de tiendas y de factorías que allí se establecen; en 1871, el valor del comercio se elevó á 390.000.000 de francos; y el movimiento de su puerto, á 2.905 buques. Pero en cambio, la soberanía intelectual que antiguamente disfrutara, sólo existe ya en los libros y en las tradiciones. 29. Damieta (Damyat de los árabes). Ciudad situada á los 29° 29' 15" de latitud Norte, y 31° 25' 43'' de longitud Este, sobre la orilla derecha del Nilo; á ocho kilómetros de distancia de su embocadura, 160 Norte del Cairo, 200 Este de Alejandría y 2 Oeste del lago de Menzaleh.—El clima es de los más templados de esta comarca: los alrededores, cubiertos de arrozales y de árboles frutales, bellísimos y pintorescos. — Es residencia de un obispado copto y de las agencias consulares europeas. — Contiene 35.000 almas, buenos cuarteles, escuela militar, anchas calles, grandes mezquitas, espaciosos bazares, magníficos baños de mármol, y vastos almacenes de arroz. Su puerto, sólo accesible para los buques de poco calado, llegó á ser muy importante en la Edad Media, y aun en la actualidad su comercio es bastante activo: exporta considerables cantidades de café, cueros, sedas, algodón, cáñamo, grasas en pellas, pescado seco del lago de Menzaleh, y, principalmente, arroz, que está considerado como el mejor de EGIPTO.—Sus manufacturas de telas, que en otro tiempo gozaron de justa fama, han decaido hoy notablemente, á causa de la grande extensión del comercio de Alejandría.—Esta población es famosa por sus recuerdos históricos. Los antiguos la apellidaban Thamiatis. Los bizantinos, á quienes los árabes habían arrebatado esta hermosa ciudad, apoderáronse de ella en 860, para volver á perderla en seguida. El sultán Elmetukkel mandó fortificarla el mismo año; pero esto no impidió el que Roger, rey de Sicilia, se hiciese dueño de ella más tarde. Quince años después rechazó Saladino á una flota cristiana, compuesta de 1.200 velas. Más afortunadas las Cruzadas, lograron, en 1217, hacerse dueñas de la población, no obstante la tenaz resistencia de los musulmanes; pero bloqueada luego por éstos, cerca del canal de Achamún, á un kilómetro escaso del campo de batalla de Mansurah, viéronse aquéllas obligadas á entregar la plaza para salvar sus vidas. En 1248 desembarcó y se apoderó de ella san Luis, sin que nadie le opusiese la menor resistencia. El triunfo alcanzado por los franceses duró muy poco, pues fatigados los árabes de los continuos ataques de los cristianos, resolvieron destruirla completamente á los diez años de abandonarla san Luis.—En 1260 fué de nuevo construida á 8 kilómetros de la antigua, en el término de la villa de Menchié. Una de las plazas de la moderna Damieta conserva aún el nombre primitivo. 30. Roseta (antigua Bolbitinum ó Rachid de los árabes). Capital de la provincia de su nombre, colocada en una llanura, sobre la ribera izquierda del brazo occidental del Nilo, á 10 kilómetros de su embocadura y 50 Nordeste de Alejandría. Se halla á los 30° 24 34" de latitud Norte, y 28° 8. 35 de longitud Este.—Esta deliciosa morada, circuída de huertas y de palmeras, de plátanos, naranjos y limoneros, encierra sobre 20.000 habitantes, y es residencia de un consulado francés. Sus edificios, entre los cuales figuran en primera línea las mezquitas y una iglesia copta, son generalmente de ladrillo y bien blanqueados: sus calles, algo estrechas y tortuosas. Los mejores barrios se encuentran hacia el muelle, que es vastísimo y de excelente construcción. La navegación por las costas, difícil y peligrosa; particularmente, en la entrada del río, la cual se halla obstruida por un gran banco de arena movible. El suelo es muy feraz y produce en abundancia arroz, lino, sésamo, dátiles, melocotones, albaricoques, granadas y otras varias clases de frutas.—Los franceses la ocuparon desde 1798 á 1801: seis años despues intentaron los ingleses apoderarse de ella; pero sus esfuerzos fueron completamente estériles.—Los árabes fundaron á Damieta en el siglo ix (870). 31. Suez (Sueys de los árabes, Amione ó Clopatris de los antiguos). Pequeña ciudad, asentada sobre la costa Sur del istmo de su nombre, á los 29° 58 37" de latitud Norte, y 30° 11 4" de longitud Este, con 14.000 habitantes. Es residencia de un papa griego; estación de los vapores ingleses que van á Bombay y Calcuta, y depósito comercial del Cairo con la India y la Siria.—El comercio se hace con las caravanas y produce sobre 100.000 cargas de camellos.—La población es pequeña, mal construida y de aspecto miserable: se halla rodeada de un muro y de algunas trincheras construidas por los franceses. Las casas son generalmente de ladrillo; las calles, regulares, pero sin empedrar. Posee fI mezquitas, algunas de ellas de piedra; una iglesia griega, aduana, canteras de construcción y vastos mercados.— Su puerto, situado en el antiguo golfo de Heroópolis, el cual forma el extremo Noroeste del mar Rojo, es reducido y poco profundo; el flujo y reflujo de las aguas acumulan grandes cantidades de arena, que tiende á embarazar el canal. La rada es, sin embargo, vasta, segura y capaz para 500 buques: su profundidad de 5 á 13 metros. Su muelle, formado de conchas, recibe anualmente sobre 25.000.000 de francos en mercancías de tránsito, y 20.000 viajeros, entre ingleses y peregrinosrino

que van á la Meca.—Un camino de hierro pone á esta ciudad en comunicación directa con el Cairo y Alejandría.—Los vientos Norte y Noroeste son los dominantes en todas las estaciones.—El 7 de Noviembre de 1798, las tropas francesas, mandadas por el general Bon, se apoderaron de esta población, abandonándola al poco tiempo: en 1800 desembarcaron en ella los ingleses y los árabes con alguna artillería; pero el general Kleber mandó un cuerpo de tropas que logró sofocar la rebelión. 32. EGIPTO MEDIO.— Fayum (Arsione antiguo). Una de las mejores, más populosas y florecientes ciudades de EGIPTO.—Está situada sobre el límite oriental de los desiertos de Sahara, y se comunica con el valle del Nilo por una garganta de los montes Tibios, que la circuyen completamente.—Tiene unos 60 kilómetros de Este á Oeste y 50 de Norte á Sur: sus alrededores son fertilísimos y se hallan muy poblados.—Numerosos canales de riego, desprendidos del de Joseph, fecundizan su suelo que, aunque formado de aluvión y de sustancias calcáreas, produce mucho centeno, cebada, lino, algodón y buenos pastos, en que se cría multitud de rebaños que dan excelente lana.—Fayum es la única ciudad de EGIPTO en la que se cultivan la vid y el olivo; y uno de los departamentos más industriosos. Cuenta bastantes hilanderías, fábricas de chales, de añil y de esencia de rosas, y algunas minas antiquísimas. La población asciende á 70.000 almas. Entre sus monumentos y antigüedades figuran las pirámides de Meidún y de Haura; los antros sepulcrales de Banchis; el obelisco y el templo de Quenum, en el extremo Sudoeste del lago Mœris, y el muy famoso laberinto que lleva su nombre, acaso el primero de la tierra. 33. Gizeh ó Dejizeh. Capital de la provincia del mismo nombre, colocada sobre la margen izquierda del Nilo, frente al viejo Cairo, y de la isla Raudah, con la que se comunica por un puente de barcas.—Encierra 11.000 habitantes, numerosas mezquitas, magnífico palacio, escuelas de artillería y caballería, fundición de cañones, fábricas de vidrio y de sal amoníaco y regular industria.—Es célebre por sus inmensos mausoleos, su colosal esfinge, sus minas de Menfis y de Heliópolis y sus tres grandes pirámides, construidas de enormes piedras del monte Mokattam, á cuyo pie ganó Napoleón una de sus más gloriosas batallas. 34. EGIPTO ALTO. Djirdjeh ó Girgch. Capital de la provincia de su nombre, asentada sobre la orilla occidental del Nilo, á 420 kilómetros del Cairo, á los 29° 34' 51" de longitud Este, y 26° 22° 20° de latitud Norte.—Es la mayor de todas las poblaciones de EGIPTO, después de la capital y de Alejandría: tiene 268 kilómetros cuadrados de superficie, que ocupan 19.000 habitantes; y posee un obispado copto, ocho mezquitas, un vasto bazar, fábricas de telas, de lana, de algodón, de lienzos, de aguardiente y de célebres antigüedades.—La cosecha de cereales y de legumbres es abundantísima: el comercio, bastante activo. —Esta ciudad fué antiguamente el centro de reunión de los musulmanes: en Clot-Bey hay un convento de misioneros católicos; y en los alrededores está la villa de Menbhut-el-Nedé, en donde se encuentran las ruinas del antiguo Ptolomeos-Kenéh. 35. Neápolis (antiguo Cœne, Cœnopolis). Capital de la provincia de igual nombre, asentada sobre la ribera derecha del Nilo, á 580 kilómetros Sudeste del Cairo.—Es puerto comercial entre esta ciudad y Djiddah, y escala de las caravanas que van á la Meca por Cosseir, puerto del golfo arábigo.—Cuenta 14.000 habitantes, algunas fábricas de alcarrazas, y abundantes minas de azufre en Bahar-el Sefingue. 36. Assuán ó Assudán. Ciudad fortificada, situada á 100 kilómetros de Edfu. Se encuentra como escalonada en una ribera cubierta de palmeras, sobre la orilla derecha del Nilo, á los 24° 5' 23* de latitud Norte, y 30° 34 49" de longitud Este. — Contiene 5.000 habitantes entre árabes y coptos; dos mezquitas notables, aunque mal conservadas, y restos de algunos monumentos. — En sus alrededores vense, sobre una roca de granito, las ruinas del antiguo Syène, punto adonde Juvenal fué desterrado: y en el estrecho que forma el Nilo, se halla la isla de Assuán, la Elefantina de los antiguos.—Esta población se hizo famosa por el pozo que servía para determinar el instante del solsticio de estío.—En la ribera opuesta del río, batieron los franceses á los mamelucos, el 16 de Mayo de 1799. 37. Esnéh, antigua Latópolis. Ciudad mercantil, asentada sobre la margen izquierda del Nilo, á 44 kilómetros de Tebas, la ciudad de las cien puertas, y 564 del Cairo. Se encuentra á los 25° 17 de latitud Norte, y 30° 22' de longitud Este: es residencia de un obispado copto, puerto comercial de la Nubia y punto de reunión de las caravanas del Sennaar y del Darfur. Su mercado de camellos es famoso en todo el Oriente: la cosecha de algodón, abundante. Es población de más de 5.000 almas, y posee buenas fábricas de telas, de chales llamados melayéhs, de vidrio y de aceite de kasi ó de lechuga. Entre sus numerosas ruinas descuella el magnífico pórtico de un vastísimo templo, de 5.000 metros de superficie y ornado de 24 columnas, construído bajo los últimos reyes egipcios y emperadores. Es notable por sus bajo-relieves, sus jeroglíficos y el zodíaco de su techo, y se le considera como la obra maestra de la arquitectura egipcia.—En sus inmediaciones batió el general francés Davout á los mamelucos, en 1799. 38. Dénderah (antiguo Tentyra ó Tentyris). Ciudad colocada á los 26° 10/20 de latitud Norte, y 30° 25' 12" de longitud Este, en una llanura fértil, rodeada de montañas y de palmeras, sobre la orilla izquierda del Nilo, á 48 kilómetros Norte de las ruinas de Tebas.—En el límite del desierto, hacia al Oeste, encuéntrase, medio sepultado en la arena, su gran templo, que tiene 66 metros de largo por 47 de ancho: la parte libre es magnífica, y sus esfinges, sus innumerables esculturas y jeroglíficos se hallan perfectamente conservados. En el cielo raso de sus salas estaba colocado un soberbio zodíaco que el Gobierno francés compró por 15.000 francos; que M. Saulnier hizo trasladar á París en 1821, y que hoy se admira en el museo del Louvre. Este zodíaco no es, como se ha creído, un monumento de la antigua astronomía egipcia, sino una obra de la época de los Ptolomeos. 39. Ecipro antiquo.—Los antiguos uniendo el EGIPro al Asia, circunscribíanle al valle del Nilo, propiamente dicho. La parte de territorio situada al Este, hasta el mar Rojo, llamábase Tiarabia, ó Arabia egipcia; y la del Oeste considerábase como dependiente de la Libia bajo el nombre de Niphiait, ó Libia egipcia. Esta comarca, así limitada, formábanla dos divisiones: el Maris y Tsahet. La primera comprendía la Tebaida ó ALTO EGIPrO y la Heptanómida ó EGIPTO MEDIO; la segunda, se la denomio EGipro ó Delta. Sesostris dividió este país en treinta y seis nomas, de las cuales, según Estrabón, pertenecían: diez á la Tebaida; diez al Delta, y las dieciseis restantes á la región intermedia. Posteriormente los griegos elevaron á cuarenta; Plinio, á cuarenta y seis; y Ptolomeo, á cuarenta y siete, el número de estas nomas ó prefecturas. La población, como ya hemos dicho, era, en tiempo de los Faraones, de 7.000.000 de habitantes, repartidos en 18.000 villas ó lugares. Diodoro hace ascender la cifra de estas últimas á 30.000, bajo el poder de los Ptolomeos; y Teócrito, á 33.339. Josefo eleva el número de almas á 7.500.000, sin contar la Alejandría. Esta población dividíase en tres castas: la sacerdotal, la militar y el pueblo. El poder de los sacerdotes subsistió largo tiempo, merced al temor y respeto que inspiraban como ministros de los dioses; á las inmensas riquezas acumuladas, procedentes de la tercera parte de las propiedades que poseían, libres de toda carga, sin contar el décimo que sacaban sobre la renta de los demás ciudadanos; al monopolio que ejercían sobre las ciencias divinas y humanas, que ellos rodeaban de un misterio impenetrable, ocultando sus secretos bajo signos particulares é incomprensibles; y, finalmente, á la influencia poderosa que les daba el ejercicio exclusivo de las funciones públicas, puesto que eran los únicos encargados de recaudar los impuestos y de administrar la justicia.—Los guerreros, en número de 310.000, según Herodoto, disfrutaban de otra tercera parte de la

propiedad, libre también de gastos, y su misión concretábase principalmente á proteger las fronteras.—El pueblo, que lo formaban, en primer término, los artífices, los mercaderes, los labradores y los pastores, no gozaba de ningún derecho político, ni tenía participación ninguna en el gobierno, ni en la magistratura, ni en los honores, y sin embargo, soportaba resignadamente todo el peso de los impuestos públicos y cultivaba los campos. Las pequeñas porciones de tierra, que poseyó en su origen, fueron entregadas á la dignidad real, quizá á cambio de trigo, durante el hambre que asoló á EGipro en tiempos de Joseph. La concentración de la fuerza militar en las manos de los guerreros; el especial cuidado que se tomaban los sacerdotes en prolongar, entre el pueblo, el reinado de la ignorancia y de evitar todo contacto con los extranjeros, explican perfectamente el grado de embrutecimiento y la larga servidumbre de la nación egipcia. El poder real absoluto en un principio, quedó luego limitado de hecho: primero, por el gran dominio que los sacerdotes ejercían sobre sus monarcas, á quienes imponían su voluntad, como ley emanada de los dioses, y reglamentaban hasta el empleo de sus días, hora por hora; y segundo, por el juicio á que estaban sujetos los reyes después de su muerte. Todo egipcio tenía derecho entonces para acusarles en público; y si, oídos los descargos y las alabanzas que se les tributaba, el pueblo congregado los juzgaba culpables, eran privados de los honores de la sepultura real, entregados á la infamia y borrados sus nombres de todos los monumentos. Por la inspección de éstos, en los cuales se grababan las listas de los soberanos, se sabe que fueron muy pocos los príncipes que faltaron á sus deberes.— La renta anual de los Faraones, comprendidos en ella los tributos que recaudaban de las comarcas vecinas, evalúase en seis ó siete mi Ilones de nuestra moneda.—No se tienen noticias exactas acerca de la administración de las nomas ó provincias, de las instituciones locales, del sistema financiero, ni de la composición y atribuciones de sus respectivas asambleas. Respecto de la organización judicial, lo que se sabe es que, salvas ciertas causas reservadas á los reyes, los sacerdotes eran los únicos que entendían en todos los asuntos. Había un tribunal formado de treinta miembros, procedentes de las ciudades de Tebas, de Menfis y de Heliópolis: era una verdadera corte suprema, y se supone que debían existir tribunales particulares en las nomas. Ante los jueces egipcios no se podía pleitear sino por escrito: de este modo evitaban las argucias y sutilezas de la palabra y el acaloramiento de los debates. El presidente del tribunal Ilevaba suspendida del cuello una imagen de la Verdad, y para expresar su juicio, la volvía hacia la parte que llevaba la razón. Ningún código ha dado á conocer en conjunto la legislación egipcia: los escritores de la antigüedad sólo han conservado algunas leyes especiales. Por ejemplo: el homicidio, aun de un esclavo, así como el perjurio y la calumnia, eran castigados con la pena capital. Al padre ó la madre que mataba á un hijo, se le condenaba á tener el cadáver en los brazos durante tres días consecutivos con sus correspondientes noches. Todo egipcio estaba obligado á socorrer á un semejante amenazado de muerte, bajo pena de ser considerado como asesino, ó si no había podido salvarle la vida, á perseguir y reclamar el castigo del culpable. Por esta ley de asistencia mutua, las vidas de los ciudadanos se hallaban bajo la salvaguardia común. A los falsificadores y monederos falsos se les cortaba la mano; al deudor no podía privársele de su libertad. Para remediar el robo, cuyo hábito se había extendido mucho entre las clases inferiores, ordenó Amasis, bajo pena de la vida, que cada egipcio fuese todos los años á declarar su profesión ante los magistrados: los ladrones se alistaban en casa de un jefe conocido, quien recibía el producto de sus rapiñas: podían ser muertos en flagrante delito. La víctima de un robo hacía la declaración de los objetos robados, los cuales éranle devueltos mediante el pago de la mitad de su valor.—En EGipro existían dos religiones: la de los sacerdotes y la del pueblo. La de los primeros era muy complicada. Según Herodoto— cuyo testimonio está confirmado por los monumentos—la teogonía egipcia encerraba tres órdenes de dioses. El primero comprendía, en primer lugar, Ammón, Buto, Kuef, Phtha, Neith, Mendés, Phré, los cuales eran considerados como otros tantos reveladores de un dios sin nombre, eterno, infinito, causa y origen de todas las cosas. Los dioses del segundo orden eran los hijos de los dioses del orden primero, y entre ellos se distinguían: Thoth ó Hermes y Arthar. Las divinidades de Osiris formaban el tercer orden, y eran principalmente: Osiris, Isis, Arneriso ú Horus, Typhón, Nephthys, Anubis, Bubastis. Serapis y Busiris. La existencia del bien y del mal sobre la tierra, atribuyéronla los sacerdotes á dos poderes rivales, siempre en lucha: Osiris y Typhón, dualismo análogo al de Ormuzd y Arhimán en la religión de los persas. Estos mismos sacerdotes creían en la metempsícosis y en la inmortalidad del alma. Según ellos, las almas se hallaban primitivamente en el seno del Dios Supremo; desobedeciéronle un día abandonando la esfera celeste, y de su unión con la Naturaleza se formaron los cuerpos que les sirven de cárcel. Manchadas luego, durante su peregrinación por el mundo, pasaban, como expiación de sus faltas, á habitar los cuerpos de los animales, y de éstos á los celestes, desde donde volvían á su primitiva morada. El gran cuidado que se tenía de los cuerpos, afirma la creencia en la vida futura. Este culto extraño tuvo dos orígenes: en primer lugar, los sacerdotes habían representado sus divinidades bajo la figura de animales, á quienes se les atribuía alguna conformidad ó correspondencia. Por ejemplo: Isis, diosa de la fecundidad, tenía por emblema una vaca blanca. La multitud ignorante adoraba el símbolo material sin tener quizás la menor noción de la divinidad de que era aquella imagen representativa. Por otra parte, los egipcios rindieron siempre un culto á los animales que les inspiraban miedo, como el cocodrilo y la serpiente; ó agradecimiento, como el tántalo, el toro, el perro y el gato. Muchas ciudades Ilevaban un nombre que recordaba una divinidad especialmente venerada; y así se llamaban: Lycópolis, Leontópolis, Crocodylópolis, Cinópolis, Hermópolis, Heliópolis, y otros. Las plantas, como el loto y las verduras de los jardines, recibieron también los honores divinos. El culto consistía en oraciones, ó en quemar perfumes, y aun hombres algunas veces.— Los sacerdotes debieron escribir los libros sobre la religión, la moral y las diversas ciencias que cultivaban. En astronomía habían encontrado, casi rigurosamente, la duración del año solar y su división en doce meses de á treinta días, más cinco complementarios; pero no formaron más que tres estaciones, de cuatro meses cada una. Es muy probable que observaran los eclipses y descubrieran el movimiento de los planetas; pero hay quien pone en duda su ciencia, fundándose en que Ptolomeo no cita nunca sus observaciones astronómicas. Se ha disputado también mucho acerca de sus conocimientos en matemáticas, porque Tales les había enseñado que el ángulo trazado en semicírculo, era un ángulo recto; pero, de admitir esto, no podría explicarse cómo han podido mover y manejar las piedras y los mármoles gigantescos empleados en la construcción de sus magníficos edificios, sin poseer procedimientos mecánicos muy perfeccionados, los cuales implican necesariamente ciertos conocimientos de aquella ciencia. La Medicina fué realmente ignorada de los sacerdotes egipcios; y la cirugía no pudo tampoco existir, puesto que la superstición les impedía practicar incisiones en los cuerpos. Además, ellos habían dividido el cuerpo humano, como el social, en secciones distintas, y se tenían médicos especiales para cada una de las partes constitutivas del individuo. La industria se hallaba muy adelantada: conocíanse el tejido y el tinte del algodón, del lino y de la lana; la fabricación del vidrio y de la porcelana, de curtidos y de loza de barro; la fundición y cinceladura de los metales; el arte de dorar, grabar y esmaltar; la preparación del papyro para escribir, y la ebanistería. Las bellas artes ofrecieron en todas

las épocas, como ya en otro lugar hemos manifestado, un tipo original é invariable: los monumentos de su arquitectura presentan en todas partes la misma solidez y duración: la gracia y la elegancia aparecen como sacrificadas á la grandeza de las proporciones. El aspecto era imponente, pero triste y sombrío. La estatuaria se distinguía por su inmovilidad y rigidez; todas las obras parecen vaciadas en un mismo molde. El cuerpo está representado en una actitud de reposo; las articulaciones carecen de movimiento, y las figuras no expresan ni los sentimientos del alma, ni la edad, ni la categoría. En pintura, no conocían más que cuatro colores: el verde y rojo oscuros, el amarillo y el azul; pero ignoraban completamente el arte maravilloso de combinarlos, de presentar matices, y no poseían la menor noción de perspectiva.—Puede juzgarse del arte, en el antiguo EGIPro, por los numerosos monumentos que han sobrevivido á todas las revoluciones, entre los cuales descuellan las ruinas inmensas de Tebas; los palacios de Karnac y de Luqsor; los templos de Esneh, de Dénderah y de Edfu; los obeliscos y las necrópolis, y las pirámides y la esfinge de la llanura de Menfis. 40. Historia.—La historia antigua de EGipro es tan oscura como poco conocida. Según las tradiciones indígenas, el país estuvo gobernado durante 30.000 años por el sol, y 3.000 por los dioses y semidioses, antes de ser admitidas las dinastías humanas. Herodoto y Platón reducen esta antigüedad fabulosa á once mil años próximamente. Los primitivos habitantes no pertenecían, como ha supuesto Volney, á la raza negra: las figuras de los monumentos y las momias que han llegado hasta nosotros, no presentan ni la piel negra, ni la nariz aplastada, ni la frente deprimida, ni la cabellera lanuda de los negros; los actuales coptos y los abisinios son los que mejor recuerdan los caracteres fisiológicos de los antiguos egipcios. Según la Sagrada Escritura, este pueblo descendía de un hijo de Cham, Ilamado Mesraim, hermano de Chus, padre de los etiopes. Esta opinión parece tanto más cierta, cuanto que existe una perfecta semejanza, no sólo entre los caracteres físicos, sino también entre las instituciones, las costumbres, los trajes, los muebles y los monumentos de ambos pueblos. Las tradiciones relativas al Ecipro hablan de un antiguo floreciente imperio de Meroe, del cual surgieron las colonias que poblaron esta comarca, así que los hombres hubieron conquistado sobre las aguas del Nilo una porción de tierra, y restituído el valle inferior de este río. El primer gobierno que tuvo este país fué teocrático, en todo su absolutismo. Los sacerdotes fundaron las primitivas ciudades de Elefantina, Tais, Tebas y otras: establecieron las ceremonias religiosas y, en nombre de la divinidad, gobernaron y dirigieron á su placer los espíritus timoratos de los pueblos ignorantes, los cuales trabajaban para provecho y gloria de sus sacerdotes, imágenes de Dios sobre la tierra. Tebas era entonces la capital de EGIPTO. La importancia que más tarde alcanzara la casta militar, obligó á la teocracia á compartir con ella el poder: la misma fuerza armada, creada para la defensa de la tribu sacerdotal, se insurreccionó un día contra ella: anuló su autoridad absoluta; y Menés, jefe de los guerreros, fué elevado á la dignidad real.

Este, sin abandonar á Tebas, fundó á Menfis, sobre las márgenes del Nilo, y trasladó á ella la capitalidad. Los sucesores del primer monarca egipcio, cuya historia es muy oscura, continuaron disputando el suelo á las aguas del Nilo; construyeron las ciudades sobre las eminencias del terreno, á fin de ponerlas al abrigo de las inundaciones, y fueron poco á poco emancipándose de la tutela de la Étiopía. Diecisiete dinastías de Faraones habían ya reinado, sin interrupción, en Tebas, Elefantina, Menfis, Heliópolis ó Xoïs, cuando el Norte y el centro de Edipro se vieron invadidos por los hyksos ó reyes pastores. Bajo la dominación de éstos, tuvieron lugar: el viaje de Abraham á EGIPro, durante el hambre que desoló á Chanaán; la elevación de Joseph al rango de ministro de un Faraón, y el establecimiento de los hebreos en la tierra de Gessén. Con la expulsión de los hyksos, llevada á cabo por Tuthmosis, que reinaba en Tebas, concluyó la 18.a dinastía. Este cambio dió al Ecipro la unidad de gobierno, y no hubo ya más que una familia real, cuya dignidad, de electiva que era, vino á ser desde entonces hereditaria. Esta nueva dinastía, la más brillante de todas, contó entre sus miembros á Mœris, Ucherens, Osymandias y Sesostris. Durante el período que comprende el reinado de Tuthmosis III ó Mœris, desarrollóse la civilización; tomaron nuevo impulso las ciencias y las artes; ejecutáronse numerosos trabajos hidráulicos, y construyéronse los monumentos de Karnac, los obeliscos de Alejandría y los palacios de Luqsor: bajo el mando de Rhamsés el Grande ó Sesostris, extendió EGipro sus dominios hasta el nacimiento del Nilo, en Africa, é hizo tributarios suyos á todos los países asiáticos, hasta los confines de los estados que ocupaban el territorio que abarca hoy la Persia. Esta fué su época más bri Ilante: rico en el interior, poderoso fuera. Terminada esta dinastía con el último de sus monarcas, nuevas tinieblas envuelven la historia de EGIPro; y en el intervalo de muchos siglos, los escritores de la antigüedad apenas lograron averiguar los nombres de algunos, como Pheron, Profel, Rampsinit, Cheops y Cheophrens, Mycerinus, Asychis y Bocehoris, entre otros. A partir del siglo x antes de Jesucristo, la Biblia ayuda á precisar nuevos hechos. Por ella se sabe que Salomón desposó á la hija de un rey de EGIPTO; y que otro monarca de este país, apellidado Sesonchis ó Sesac, hizo la guerra á Roboam, rey de Judá, y se apoderó de Jerusalén. En el siglo vin fué conquistado el EGipro por los etiopes, cuyos jefes constituyeron la 25.a dinastía, compuesta de tres reyes: Sabacos, Sua y Tharaca. Libre el país del yugo de éstos, por los años de 713, fué, aunque por poco tiempo, gobernado por el sacerdote Sethos. Después de un período de anarquía, doce de los principales egipcios se apoderaron del gobierno y dividiéronse el territorio. Uno de ellos vino á reinar solo, en 656, siendo el fundador de la 26.a y última dinastía, que comprende: á Psammético, en 656; Nechao, en 617; Psammis, en 601; Apries, en 595; Amasis, en 569, y Psammenit, en 526. Durante el reinado de este último quedó el Ecipro abierto á los extranjeros, y los sabios de la Grecia fueron á estudiarle; sus mercaderes, á explotarle, y sus soldados, á alistarse al servicio de los reyes. Desde este momento la ruina de Ediro fué inminente. El misterio que rodeara su larga vida de aislamiento, quedó desvanecido, y las viejas instituciones desaparecieron. Los socorros prestados por Amasis á Creso, rey de Lidia, contra Ciro, y la resistencia á entregar la mano de su hija á Cambises, sirvieron de pretexto á la invasión persa. La presencia de este último en las fronteras del reino, obligó á Psammenit á salirle al encuentro: la batalla tuvo lugar bajo los muros de Pelusa, y en ella quedó derrotado el ejército egipcio. Poco después eran tomadas por asalto y saqueadas las capitales de Menfis y de Tebas. La civilización desapareció de Ecipro bajo el bárbaro poder de los persas. Dos siglos después, eran éstos expulsados del territorio por el fundador de Alejandría; y más tarde, Ptolomeo, gobernador de EGIPro, aprovechando la anarquía que siguió á la muerte de Alejandro, se hizo proclamar rey y fundó la dinastía griega de los Ptolomeos, bajo cuyo reinado alcanzaron las ciencias, las artes, las letras y el comercio su más alto grado de prosperidad. Pero el poder romano iba engrandeciéndose sensiblemente; sobrevino la batalla de Actium; vencidos Cleopatra y Antonio, no pudieron impedir que Alejandría cayese en poder de Octavio; y, desde aquel instante, pasó á ser esta comarca una provincia de Roma, y su fecundo suelo, el granero de Italia. Las principales causas que precipitaron la caída de los Ptolomeos, fueron: la preferencia que se dió á los griegos sobre los egipcios en el desempeño de los cargos públicos, y que los mantuvo separados; el sistema de defensa militar, que consistía en no fortificar más que la capital, cuya conquista debía necesariamente ocasionar la de todo el país; la incertidumbre en la sucesión á la corona, que engendró las guerras civiles; la disolución de las costumbres, que descendió delo de tro

no á la nación misma; y, finalmente, la intervención de los romanos, provocada por los odios y las luchas de los partidos. El año 364, unióse el EGIPTO al imperio de Oriente. En 614, fué conquistado por los persas, y veintiocho años después, por los árabes. El cristianismo había penetrado en este país desde el siglo i; san Marcos ué considerado como el fundador de la primera Iglesia. Alejandría vino á ser el teatro de encarnizadas luchas entre el paganismo expirante y la religión nueva: Orígenes, san Clemente de Alejandría y san Atanasio figuraron entre sus más ilustres doctores. Pero los herejes iban ganando cada día mayor número de adeptos; hubo instante en que el arrianismo y el gnosticismo amenazaron sofocar la fe ortodoxa, y una parte de la población era ya jacobita á la llegada de los musulmanes. El islamismo logró al cabo prevalecer sobre el cristianismo; la raza copta quedó casi aniquilada, y los cristianos, expulsados por los árabes, viéronse forzados á refugiarse con el Evangelio en el fondo de la Etiopía. Un acto del más abominable fanatismo señaló esta última conquista.—¿Qué hacer de la biblioteca de los Ptolomeos? preguntó Amrú al califa Omar. — «Si esos libros, respondió éste, no encierran más que lo que dice el Korán, están de sobra; si contienen alguna cosa contraria á su texto, son perniciosos; de todos modos, es necesario quemarlos.» Así se perdieron todos los trabajos del antiguo EGIPTO, enriquecidos por la famosa escuela griega. A partir del siglo vi vino este país decayendo visiblemente, desgarrado por las luchas intestinas, fruto de la ambición de sus conquistadores; sin que bastaran á mejorar su suerte el continuo cambio de dominaciones. A los primeros califas, sucediéronles sucesivamente: los Ommiadas, en 665; los Abbassidas, en 750, y los Tulonidas, en 870. En 1171, fundóse la dinastía de los Ayubitas, bajo la cual tuvo lugar el desembarque de san Luis con 50.000 cruzados. En 1254, fueron aquéllos reemplazados por los mamelucos, quienes fundaron dos nuevas dinastías: la de los Baharitas y la de los Bordjitas. Esta época fué un período de verdadero desorden, el cual engendró una larga serie de desdichas para EGIPTO. En 1517, Tumán-Bey, último de los jefes mamelucos, fué atacado y vencido por el sultán Selim, que se apoderó del país, desde cuya época ha venido éste reconociendo la soberanía de los emperadores de Constantinopla. Es por demás triste la historia de los pachás, condenados á perpetua guerra contra el poder de los beyes mamelucos, poco acostumbrados á reconocer y acatar las órdenes de un señor. Uno de éstos, Ilamado Ali-Bey, desplegó el estandarte de la rebelión; se proclamó independiente; batió las tropas del sultán, y murió envenenado por sus competidores, pasando el poder á las manos de los aliados Murad y de Ibra ¡him. El pais, abatido por una larga servidumbre, mostróse indiferente á estos cambios; el fellah ó labrador abandonó el cultivo de los campos, y el hambre se extendió amenazadora por el suelo más fecundo de la tierra. En esta misma época, el insulto hecho al pabellón consular de la Francia, unido á otras consideraciones políticas, motivó la expedición que la República francesa mandó á Ecipro bajo las inmediatas órdenes del general Bonaparte. Las fases de esta última expedición son de todo el mundo conocidas. Así que las tropas francesas evacuaron el territorio, todos los partidos, unidos hasta entonces ante el enemigo común, se separaron de nuevo; y turcos, albaneses y mamelucos continuaron, con mayor encono, disputándose el poder; pero un joven oficial de la armada turca, Mehemet-Alí, logró hacerse dueño de la situación; y estableciendo con gran habilidad y acierto su autoridad en EGIPTO, cortó para siempre aquella lucha secular de razas. La poderosa influencia é inmensa popularidad que el virrey alcanzara, con la adopción de innumerables y oportunas reformas, que el estado del país reclamaba, despertaron la sospecha y la envidia del sultán, quien, excitado al mismo tiempo por la astuta Inglaterra, no vaciló en declarar la guerra al afortunado pachá. La victoria de Nesib, alcanzada el 24 de Junio de 1839 por las tropas egipcias, capitaneadas por Ibrahim, hijo de Mehemet-Alí, sobre el ejército turco, puso término á la diferencia de ambos poderes, de acuerdo con la diplomacia europea. Mehemet-Alí obtuvo entonces, para sí y sus descendientes, la investidura de pachalik ó eyalet de EGIPTO. Pacificado el territorio, continuó este gran príncipe su gloriosa campaña contra la ignorancia y la barbarie de su pueblo. El objeto constante de sus preocupaciones fué indudablemente el de reconstituir una verdadera nacionalidad egipcia, y elevar el valle del Nilo á la altura de una comarca rica y civilizada; y para realizar esto, no bastaba que el EGipro tuviese un gobierno fuerte é ilustrado; necesario era también que al pueblo de los fellahs se le instruyera y educara para que fuese un día libre y dichoso. Mehemet-Alí murió en 1848. Joven aún, contrajo matrimonio con la viuda de un pariente del gobernador de Kavala, su protector, de la cual tuvo tres hijos: Ibrahim, Tussum é Ismayl, quienes murieron antes que él. Un hijo del primero, Abbas-Pachá, sucedió á su abuelo. Bajo el hábil y acertado gobierno de Mehemet-Alí, adquirió el EGIPTO, ya por las armas, ya por la diplomacia, numerosas dependencias políticas, entre las cuales se cuentan: en el Asia, la Siria y la Arabia; en Africa, la Nubia, la Abisinia, el Kordofán y el Sennaar.—En 1868, los límites de este estado llegaban al 21° sobre el mar Rojo, y toda la parte Sur de la costa era una dependencia de la Arabia otomana. En el expresado año abandonó el sultán sus posesiones al kedive (virrey de Ecipro), cuya autoridad directa se extendía sobre todo el litoral africano del mar Rojo, desde Suez hasta el estrecho de Bab-el-Mandeb. En virtud de las nuevas conquistas llevadas á cabo desde 1869 á 1874, el territorio egipcio se ha ensanchado considerablemente, y su población elevado á 16.922.000 almas. Este engrandecimiento ha introducido algunas modificaciones en su división política, que es hoy la siguiente: el EGIpro propio comprende los catorce mudirliks, de que ya hemos hablado; los siete que corresponden al BAJO EGIPTO, son: Behera, Menufieh, Scharkieh, Dakhalieh, Gharbieh, Kaliubieh y Gizeh; los tres del EGIPTO MEDIO, Beni-Suef, Medinek-el-Fayum y Minieh; y los cuatro del ALTO EGIPTO, Sint, Girgeh, Keneh y Esneh.—Algunas ciudades, principalmente los puertos de mar, forman mohafsas, ó gobiernos particulares, como el Cairo, Alejandría, Roseta, Damieta, Port-Said, Ismailia, Suez y Cosseir. La Nubia la constituyen los dos gobiernos de Maraka y de Berber.—El Sudán abraza otros dos generales: el de Kharthum, y el de las costas del mar Rojo. Del primero de éstos dependen los mudirliks de Khartum propio, de Sennaard y de Fazogl, entre el Nilo Azul y el Nilo Blanco; y al Oeste de este último río, los de Kordofán, de Faschodah ó Bahr-el-Absad, de Schegga, de Darfur y de la Ismailia, ó del Nilo superior; y al segundo corresponden los de Taka, de Suakim, con las plazas de Akik, Lokaz y Suskat; el de Massanah, con la costa de Dankali ó Danakil, al Sur del mar Rojo, y el de Somâl.—Entre todas las localidades que cuenta el EGIpro, dificilmente se encontraría una á la cual no vaya unido un recuerdo de su esplendor pasado, y sobre cuyo suelo no se encuentre alguna reliquia de sus grandiosos monumentos, obra de una prodigiosa civilización, muerta después de veinte siglos de maravillas. Nuestros ilustrados lectores no llevarán á mal que hayamos dado á conocer la historia y la tierra, el alma y el cuerpo de esa grande celebridad que lleva por nombre: vieja matriz del globo.

ETIMOLOGÍA. Griego Atyonzoe (Aigyptos); latin, Ægyptus; catalán, Egipte; francés, Egypte; italiano, Egitto.

la historia de «egipto», de obra en obra →

otras entradas en esta obra: Egipto

abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra

El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Egipto», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/egipto.