Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Dueña

tomo 2 · página 272 · ver la página del original

Dueña. Femenino. La mujer que tiene el dominio de alguna finca ó de otra cosa. Metáfora. Señora ó mujer principal casada. ] Anticuado. La que no era doncella. En lo antiguo, la monja ó beata que vivía en comunidad, y solía ser mujer principal. La mujer viuda que para autoridad y respeto, y para guarda de las demás criadas, había en las casas principales.

CULPADA, MAL CASTIGA MALLADA. Refrán que da á entender que el que se halla culpado no puede reprender á otro. I DE HONOR. SEÑORA DE HONOR. DE MEDIAS TOCAS. En las casas de los grandes y señores, la que, por ser de inferior clase, las traía más cortas que las principales. DE RETRETE. En palacio era una DUEÑA de inferior clase. QUE EN ALTO HILA, DE ALTO SE REMIRA. Refrán que denota la presunción y vanidad que tienen algunas mujeres de ser muy hacendosas. QUE EN ALTO HILA, ABAJO SE HUMILLA. Refrán que da á entender cuán expuesto y sujeto á inconvenientes es el levantarse uno á más alto lugar que el que le corresponde, como la mujer que quiere hilar sentada en alto, y por lo mismo tiene que bajarse cada vez que se le cae el huso.!! QUE MUCHO MIRA, POCO HILA. Refrán que da á entender que la mujer ventanera nunca será muy hacendosa. CUAL DIGAN DUEÑAS. Expresión con que se explica que alguno quedó y fué maltratado, principalmente de palabra. ( CUANDO OS PEDIMOS, DUEÑA OS DECIMOS; CUANDO OS TENEMOS, COMO QUEREMOS. Refrán que da á entender lo vario de los hombres en la estimación que hacen de otros. YO DUEÑA Y VOS DONCELLA, ¿QUIÉN BARRERÁ LA CASA? Refrán que da á entender que cada uno debe cumplir con las obligaciones de su estado ó ministerio, sin pretender cargarlas á otro.

ETIMOLOGÍA. Don: antiguo duenna, cuyas dos nn se convirtieron en n, como Espanna se convirtió en España: francés, duègne, tomado de nuestro romance. 1. La forma duenna, que es la etimológica, se halla en el poema de Fernán-González: buenna, dixo el Conde, eres muy sin eta 2. «CUAL DIGAN DUEÑAS, expresión con que se explica que alguno quedó y fué maltratado, principalmente de palabra,» dice la Academia Española; y esto demuestra el juicio que de las DUEÑAS se tenía en los siglos en que existieron; juicio que puede estudiarse en nuestros mejores clásicos, quienes, como todos los escritores de costumbres, reflejaron las de sus tiempos en sus obras. Nuestro teatro antiguo abunda en tipos de DUEÑAS, que dan sobrada idea del papel que desempeñaban en las pasadas sociedades. Nuestros mejores novelistas las han presentado también con vivísimos colores, propios sólo de los pintores de la época. Cervantes ha descrito, entre otros, un deliciosísimo tipo, para el que remitimos á nuestros lectores al artículo QUINTAÑONA (dueña). Hay muchos autores que han retratado con mano maestra este curiosísimo carácter; y entre ellos un inmortal pintor de nuestras costumbres, para quien no existe presente, ni pasado, porque cuando Dios quiere que los hombres sean tan grandes, esos hombres lo ocupan todo... «Topé una laguna muy grande como el mar, y más sucia, adonde era tanto el ruido, que se me desvanecía la cabeza. Pregunté lo que era aquello, y dixéronme, que allí penaban las mujeres que se volvieron DUEÑAS. Así supe como las Dueñas de acá son ranas del infierno, que eternamente como ranas están hablando sin ton, y sin son, húmedas, y en cieno, y son propiamente ranas infernales; porque las DUEÑAS, ni son carne, ni pescado como ellas. Dióme gran risa el verlas convertidas en sabandijas tan pierniabiertas, y que no se comen sino de medio abaxo, como la DUEÑA, cuya cara siempre es trabajosa y arrugada.» (QUEVEDO, El Sueño del Infierno.)—«¿Qué, DUEñAs hay entre los muertos? dixe maravillado. Bien hacen de pedir cada día á Dios misericordia más que requiescant in pace, descansen en paz; porque si hay DUEÑA, meterán en ruido á todos. Yo creí que las mujeres se morian quando se volvían DUEÑAS, y que las Due NAS no tenían de morir, y que el mundo está condenado á DUEÑA perdurable, que nunca se acaba...» «Pues en viendo una visita, aquel llamen á la DUEÑA, y á la pobre DUEÑA, todo el día le están dando su recando todos. En faltando un cabo de vela, llamen á Alvarez, la DUEñA le tiene: si falta un retacillo de algo, la DUEÑA estaba allí; que nos tienen por cigüeñas, tortugas, y erizos de las casas, que nos comemos las sabandijas. Si algún chisme hay, alto á la DUE NA...» Pues hubo caminante, que preguntando dónde había de parar una noche de invierno, y diciéndole que en un lugar que se llama DUEÑAS, dixo: Si había adónde parar antes, ó después. Dixéronle, que no: y él á esto dixo: «Más quiero parar en la horca que en DUEÑAS;» y se quedó fuera en la picota. Sólo os pido, y así os libre Dios de DUEÑAS: (no es pequeña bendición, pues para decir que destruirán á uno, dicen que le pondrán cual digan DUEÑAS: ¡mirad lo que es decir DUEÑAS!...» (QUEVEDO, Sueño de la muerte.)

la historia de «dueña», de obra en obra →

abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra

El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Dueña», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/duena-2.