Roque Barcia · 1880-1883
Cortés (HERNAN)
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Cortés (HERNAN). Si la historia con documentos de grande valía, con abundantes pruebas y con testimonios irrecusables no viniera á probar las grandes y casi fabulosas hazañas de este personaje, quizá ellas y su renombre pasaran para muchos como una extraña novela ó como un cuento fantástico. He aquí por qué, deseosos nosotros de huir del peligroso escollo en que otros han caído escribiendo su biografía y reseñando su existencia de una manera un tanto caprichosa, hemos resuelto dejar á la historia misma la narración de la vida de HERNAN CORTÉS, rebuscando en la no table colección de documentos históricos todos los que de una manera más ó menos directa se referían á Con TÉS, los cuales ofrecemos gustosos á la reconocida ilustración de nuestro lectores. De este modo, lo que su bi grafía pueda perder en poesía lo ganará en enseñanza y en certeza. Nació HERNAN CORTÉS por los años de 1485, en la villa de Medellin (E tremadura), siendo sus padres los vecinos de la misma Martín Cortesy Catalina Pizarro. Cursó dos años en la universidad de Salamanca, si bien no tardó en abandonar la carrera! teraria por la de las armas, cosa muy natural, si se atiende á que la guerra y la Iglesia eran por aquella épor, como. lo fueron durante muchos años las únicas carreras en que se ofrecía á la juventud española gloria y honores En el año 1519, y con un puña do de hombres, emprende HERNAN CORTÉS la conquista de Méjico, y con fecha 10 de Julio del citado año el Capitán general D. Fernando Cortes, la Justicia y los Regidores de la nue va población que aquél acababa de fundar en el territorio conquistado, Villa Rica de la Vera Cruz, acuerdan enviar á la Reina Doña Juana y Rey D. Carlos, su hijo, dos Procura dores con las primicias y muestras d la riqueza de aquella tierra.» qu CORTÉS comenzaba á conquistar en honor y señorío de sus allezas. El 15 de Octubre de 1522 escrió el emperador Carlos V una larga ea
ta á HERNÁN CORTÉS, en la que se mostraba altamente satisfecho de sus servicios. Durante los años de 1522, 1526 y 1530, HERNÁN CORTÉS envió varias cartas al Emperador sobre la conquista que llevaba realizada de la Nueva España, del descubrimiento de la mar del Sur y acerca de las varias expediciones que organizó para la especiería. No ha faltado quien dudase de la hidalguía del héroe de Méjico; pero semejante duda queda desvanecida con la prueba que sacó el archivero general de la orden de Santiago, don Gregorio del Valle Clavijo, cuando el Emperador le concedió el hábito de la citada orden, en la cual se consigna que «tanto HEENÁN CORTÉS, como sus padres y abuelos, eran hidalgos al modo y fuero de España.» Habiendo solicitado CORTÉS por sus empresas en Méjico nuevas armas que poder agregar á las de su escudo, Carlos V se las otorgó por cédula expedida en Madrid el 7 de Marzo de 1525, la cual es una verdadera hoja de servicios del conquistador, de la cual vamos á entresacar algunas interesantes noticias. Según la referida cédula, HERNÁN CORTÉS fué desde la isla Fernandina á Nueva España con 300 infantes y 15 caballos; y viendo el temor que se había apoderado de sus soldados al ver la mucha gente con que tenían que combatir, hizo que los navíos en que habían venido se destrozasen contra las peñas, á fin de que perdieran toda esperanza de socorro y retiradas y pelearan como buenos. Librados algunos sangrientos combates, los soldados le aconsejaban volver; pero HERNÁN CORTÉS se negó diciendo que allí moriría solo, visto lo cual, los soldados se resolvieron á quedarse y morir con su jefe. Al anunciar su propósito de ir á Temixtitán, sus capitanes trataron de disuadirle por estar fundada esta ciudad sobre agua y tener muchos puentes levadizos; pero él, sin embargo, fué contra ella, y no sólo la tomó, sino que hizo que el señor que la gobernaba y sus vasallos le prestasen obediencia y señorío. Diego Velázquez, gobernador de Cuba, que había autorizado á CORTÉS para aquella expedición, temeroso de que se declarara independiente, envió contra él á Pánfilo Narváez con 800 hombres. Al saber CORTÉS que se hallaban algunos navíos cerca de la costa, salió de Temixtitán á reconocerlos, y sorprendiendo á Narváez, le hizo prisionero y se atrajo la voluntad de sus soldados, que le aclamaron con entusiasmo. Apenas CORTÉS abandonó la ciudad cuando los indios se sublevaron, y al verle tornar le recibieron con una paz disimulada, y una vez dentro levantaron los puentes y comenzaron á pelear contra él y sus soldados. CORTÉS, al ver tantos de los suyos muertos y heridos, abandonó la ciudad, yendo siempre á la retaguardia durante veinte leguas, viéndose herido varias veces y cercado por todas partes, sin esperanza de salvación, hasta que mató á un capitán muy principal de los enemigos, y éstos comenzaron á aflojar y le dejaron marchar. Vínose entonces á la provincia de Tlascala, en la que sus naturales le recibieron muy bien; y allí sus capitanes le requirieron para volver á Vera Cruz, en la que se había empezado á levantar una fortaleza, con la cual y los navíos podrían salvarse, pues de no temían que los de Tlascala se unieran á los de Temixtitán y los destruyeran. CORTÉS se negó, y siempre animoso y valiente, decidió pelear para impedir la unión de los enemigos que sus oficiales temían, y fué á caer sobre la provincia de Tepeaca, que redujo, y revolviéndose sobre Méjico y Temixtitán con 40 caballos, 600 infantes y algunos indios amigos cercó á Temixtitán con trece fustas para combatirla sobre el agua, que fué muy grande ardid, y después de cercarla por tierra, se metió en las fustas con 300 hombres, á pesar de los consejos de todos, que le pedían no lo hiciese por ser muy peligroso; pero él no hizo caso y desembarcó junto á la ciudad y peleó muchos días á mano, y la tuvo cercada por 75 días, padeciendo mucho, sin que el hambre ni el peligro le hicieran retroceder, hasta que al fin prendió al señor y principales capitanes, reduciendo, no sólo aquella ciudad, sino otras varias provincias. Véase ahora el nuevo escudo de armas que le otorgó el Emperador: —«Y porque de vos HERNÁN CORTÉS y de los vuestros quede perpetua memoria, y vos y vuestros descendientes seáis más honrados, por la presente vos hacemos merced, y queremos que demás de las armas que así teneis por vuestro linaje, podáis tener y traer por vuestras armas propias y conocidas un escudo que en el medio de la mano derecha, en la parte de arriba, haya una águila negra de dos cabezas en campo blanco, que son las armas de nuestro imperio; y en la otra mitad de la parte abajo un león dorado en campo colorado, en memoria de que vos, el dicho HernáN CORTÉS, y por vuestra industria y esfuerzo, trajisteis las cosas al estado arriba dicho; y en la meitad del otro medio escudo de la mano izquierda, á la parte arriba, tres coronas de oro en campo negro, la una sobre las dos, en memoria de tres señores de la gran ciudad de Temixtitán y sus provincias que vos vencisteis, que fué el primero Motezuma, que fué muerto por los indios teniéndole vos preso; y Cuetaoazín, su hermano, que le sucedió en el señorío y se rebeló contra Nos y os echó de la ciudad; y el otro que sucedió en el dicho señorío, Guanetemuzín, y sostuvo la rebelión hasta que vos le vencistes y prendistes: y en la otra meitad de abajo, la ciudad de Temixtitán, armada sobre agua, en memoria que por fuerza de armas la ganaste y sujetaste á nuestro señorío; y por orla de dicho escudo en campo amarillo, siete capitanes y señores de siete provincias y poblaciones que están en la laguna y que en torno de ella se rebelaron contra Nos, y la vencistes y prendistes con la dicha ciudad de Temixtitán, apresionados y atados con una cadena que se venga á cerrar con un candado debajo del dicho escudo, y encima dél un yelmo cerrado con un timble en un escudo.» En á de Noviembre del citado año de 1525 avisa Carlos V á CORTÉS que ha mandado tomarle residencia. El 12 de Enero de 1527 escribe HERNÁN CORTÉS al obispo de Osma, don Fray García de Loaísa, desde Coadnavach, suplicándole interponga su mediación con el emperador para las cosas que le pedta, y le da cuenta de lo sucedido con el licenciado Luis Ponce de León, que había ido á tomarle residencia de orden de Carlos V y con un religioso llamado fray Tomás Ortiz. El ó de Julio de 1529, hallándose en Barcelona, nombra el Emperador á HERNÁN CORTÉS gobernador y capitán general de Nueva España; y á los pocos días, el 20 de Enero, le hace merced del título de marqués del Valle, «acatando los muchos y señalados servicios que habéis hecho á los Católicos Reyes nuestros Señores Padres y Abuelos, que hayan Santa gloria, y á Nos especialmente, en el descubrimiento y población de la Nueva España, è por más honrar y sublimar, è porque de vos y de vuestros servicios quede más perpetua memoria, è porque vos y vuestros sucesores seais más honrados y sublimados, tenemos por merced y voluntad que agora y de aquí delante vos podáis llamar, firmar y titular, 1 os Ilamedes è intituledes marqués del Valle, que ahora se llama Guajaca.» Carlos V, por cédula de 5 de Noviembre de 1529, nombró á HERNÁN CORTÉS gobernador de las islas y tierras que descubriese en la mar del Sur, en esta forma: «Item; entendiendo ser cumplidero al servicio de Dios nuestro Señor y vuestro, y por honrar vuestra persona, prometemos de vos hacer nuestro Gobernador de todas las dichas islas y tierras que descubrieredes y conquistaredes, por todos los días de vuestra vida, y de ello vos mandaremos dar y vos serán dadas nuestras provisiones en forma.» No satisfecho aún Carlos V con haber enviado al licenciado Ponce de León á tomar residencia á CORTÉS, le ordena dejar el puesto y le obliga á venir á España, en donde el conquistador se mira relegado al más cruel olvido y se consume en el tedio y la tristeza. En tal situación envía al emperador (1533) una relación de sus servicios, de la cual vamos á transcribir algunos párrafos que juzgamos dignos de ser conocidos.
Dice en ella: «Que puso toda la Nueva España bajo el cetro y la corona real, sin ser ayudado de gente ni dineros, y sin otro favor alguno que su industria y trabajo: Que en los puntos que conquistó hizo reemplazar los ídolos por las imágenes de Jesús, la Virgen y los santos, trocando la idolatría por el Evangelio: Que mientras gobernó aquellas tierras acudió al rey con los réditos y derechos que debía con toda fidelidad y limpieza: Que después de haberla conquistado equipó varias armadas á su costa, como la que envió al golfo de las Higueras, gastando en ella más de treinta mil castellanos: Que al sublevarse el capitán de la citada expedición, fué á someterle hasta el cabo de Honduras, más de quinientas leguas, gastando más de cincuenta mil castellanos, y otros tantos que empleó en los que fueron con él por servir al rey, pacificando y poblando más de doscientas lequas: Que conquistó la provincia de Guatimala y otras: Que descubrió camino en la ida de las Higueras hasta juntar con la gente de Pedrarias de Avila, y descubrió todo el secreto de la tierra donde se creía que había estrecho para la mar del Sur, y pacificó muchas provincias: Que cuando envió para residenciarle al licenciado Luis Ponce de León, cosa que no se suele ni acostumbra con los capitanes ó conquistadores de tierras, y á pesar de que el fraile fray Tomás Ortiz le advirtió públicamente que Ponce llevaba orden para cortarle la cabeza, él, como súbdito leal, le entregó la tierra y las varas de la justicia, que Ponce tuvo hasta que se murió, cuidándole él con el mayor el esmero durante su enfermedad: Que después de nombrar gobernador al tesorero Alonso de Estrada, él vino á España á besar los piés del Rey y darle cuenta de todo, con riesgo de su persona y daño de su hacienda; y que, si bien es cierto que el Rey le recibió muy bien, no lo es menos que su causa lleva más de dos años sin despacharse: Que á su costa dispuso cinco navíos para Maluco, y que los licenciados Matienzo y Delgadillo le desbarataron la empresa.» Nombrado nuevamente capitán general, torna á Méjico; pero como él dice en una de sus cartas, llevó el cargo en tales condiciones y tan limitadas, que en él recibe del presidente y de los oidores «que agora están aquí más agravios y vejaciones que merced, ni honra, ni provecho, pues me está mandado que no haga nada sin el acuerdo y el consejo de dichos señores.» «En 1535 tomó posesión nuestro héroe de las tierras que había descubierto en la mar del Sur, conforme à las capitulaciones hechas con S. M. è de todas las demás que desde ella se comunican è caen en aquellas comarcas è demarcaciones.» Tantos y tan notables servicios no bastaron á conservar á HerNáN CORTÉS en el favor de Carlos V, y disgustado de los grandes obstáculos que se le oponían en sus empresas dió la vuelta á España. Como documento curioso, y que además prueba su poco sufrido caracter, vamos á reproducir algunos pasajes del Memorial que presentó al Emperador á su regreso á Castilla (1541), en que hace constar sus servicios, presenta sus quejas y expone sus deseos: Asegura que á las tierras que él conquistó ha enviado el Rey nuevos gobernadores, quitándoselo á él todo, á pesar de no haber habido falta en su persona y de haber gobernado rectamente: Que habiendo descubierto algunas tierras, y pensado descubrir otras de que tenía noticias, don Antonio de Mendoza, visorey de S. M., le mandó, so pena de cincuenta mil castellanos y su persona á merced del Rey, que no prosiguiese en dicho descubrimiento; y además le tomó y embarazó todos los navíos, bastimentos y otras cosas que tenía preparadas para el dicho descubrimiento, siguiéndosele un gran perjuicio; por lo que pide al Rey no permita que la fuerza y los agravios que don Antonio Mendoza le ha hecho pasen sin restitución de sus daños y no permita que se haga de ello pleito ordinario y lo mande ver y entender por su real persona: Que por remuneración de sus servicios le dió S. M. el título de marqués del Valle de Guaxaca, en Nueva España, y ciertos pueblos que le señaló en cantidad de 23.000 vasallos con todos sus términos y jurisdicción alto y bajo y mero mixto imperio, y con todas sus aldeas y sujetos y vasallos, cuya merced, al serle notifiada por el comendador mayor de León, secretario del Rey, y el cardenal de Sevilla, la rechazó porque no le parecía que correspondía á sus servicios ni se equiparaba á ellos, lo cual atribuía á no conocer bien S. M. las cosas de allá y lo que sus servicios merecían, y así se lo manifestó refiriéndole todo cuanto había hecho, diciéndole el Rey: «Cortés, lo que yo os doy no es ni vos lo recibáis por final paga de vuestros servicios, porque Yo no estoy informado de las cosas de allá, y entretanto, quiérome haber con vos como los que se muestran á jugar á la ballesta, que los primeros tiros dan fuera del terreno y de allí enmiendan fasta dar en él, y en el blanco y en el fiel. Informado Yo de las cosas de allá así lo faré con vos, fasta dar en el fiel de lo que vuestros servicios merecen; y pues fasta tanto no se os quita ni se os ha de quitar nada de lo que tenéis, recibid lo que agora Yo os doy en patrimonio, porque parezca que comienzo á haceros alguna merced.» Y termina el Memorial pidiendo al Rey que si hay algo contra él, sel. informe y dará descargo, y no habiendo, que se le perdone y gratifique y restituya lo que le han quitado. Hay un rasgo en la vida de He. NÁN CORTÉS que merece ser conocido, porque revela la nobleza de su cora zon. Al volver de Méjico y saber que el Emperador se hallaba en Flandes, á pesar de los resentimientos que contra él traía, inmediatamente trató de averiguar si podía servirle en alg para marchar allá; pero advertido por todas las personas á quienes consultó que el Rey iba á regresar en breve, esperó. Supo luego que Don Carlo iba á caer sobre Argel; y pareciendo le que no cumplía con su deber es tando ocioso en España mientras el Rey batallaba, se fué con el Emper dor y tomó parte en aquella jornada llevando dos hijos que tenía para se vir, «y así hiciera—manifestó al Em perador—con otros cientos si tuviera, porque otro niño que no era para su empresa dejé al servicio del Príncipe y Dios sabe lo mucho que yo deseaba mostraros mi cariño y deseo.» En el mes de Febrero de 1544 todavía se ve obligado CORTÉS, por ertraño é increible que parezca, á dirigir una carta al Rey pidiéndole qe nombre otros jueces para la terminación del pleito que tiene pendiente con el fiscal del Consejo, rechazando al obispo de Cuenca y al licencia? Salmerón por haber sido los que le despojaron sin oirle, siendo jueces en la Nueva España, y contra los cuales sigue pleito sobre las cantidades y rentas de que le despojaron, y los cu les está claro que no han de sentencar contra sí. Abrumado por todos estos pesares murió en el pueblo de Castillejo de la Cuesta, próximo á Sevilla, el día n de Diciembre de 1547, á los 62 años de edad. De su testamento, otorgado en Sevilla ante el escribano público Melchor de Portes el miércoles 12 de O tubre de 1547, vamos á permitir* dar á conocer á nuestros benévos lectores algunas de las principales disposiciones que contiene, y e pintan de una manera harto elocuen te el carácter y los nobles sentimie tos de HERNÁN CORTÉS: «Ordena que su cuerpo sea enterr do en la parroquia del punto en qu falleciere, y á los diez años sea con ducido á Nueva España, á su villa Coyoacán y se le dé tierra en el Monasterio de Monjas que él ha mandado edificar en su dicha villa, intitula do de la Concepción, del orden de san Francisco: Que de su hacienda se vistan 50 hot bres con un traje nuevo y comple que alumbren su entierro con hacha y se les dé un real á cada uno: Que se le digan varias misas: Que se vista de luto á sus criado y se les dé el salario de seis meses. de beber y comer durante dicho tie po como siempre: Que se acaben á su costa las obras
del hospital de la Concepción que mandó hacer en Méjico, y la capilla mayor de la iglesia del mismo: Que se digan varias misas por el alma de sus padres: Que en su villa de Coyoacán se edifique un colegio para jóvenes que estudien teología y derecho canónico, para que haya personas doctas en la Nueva España, que rijan las iglesias: Que se paguen á su esposa doña Juana de Zúñiga diez mil ducados que le trajo en dote y él gastó en la conquista, y que sea sin litigio y del primer dinero: Que cualquier deuda suya, pública ó privada, que se reconozca legal, se pague sin dudas ni litigios: Que todo lo que haya hecho tanto respecto en la cuestión de guerra, como á la de esclavitud, y se reconozca injusto, se deshaga y se devuelva lo que pudiera haber tomado ilegalmente: Deja por su heredero y sucesor á su hijo legítimo don Martín: Deja soberbias dotes para sus hijas legítimas doña Catalina, doña Juana y doña María; y teniendo en cuenta que su hijo y sucesor don Martín, no cuenta 25 años, nombra por tutores de ellas al Duque de Medina Sidonia, al marqués de Astorga y al Conde de Aguilar: Igualmente dota á sus hijas naturales doña Catalina, doña Leonor y doña María, y ordena que cuando se casen, lo hagan con conocimiento y aprobación de su sucesor y heredero, encargando á éste que cuide de que sus hermanas tomen estado como conviene á la honra de su casa, y al honor de ellas: Deja á sus hijos naturales don Luis y don Martín, una buena renta anual, encargándoles que obedezcan y acaten á su sucesor y heredero en todas las cosas lícitas y honestas, y de no hacerlo así, pierdan la herencia: Deja importantes mandas para varios parientes y criados suyos y de su esposa, y encarga á su heredero conserve en la casa á varias doncellas de la marquesa, á su contador de Nueva España, Sr. Altamirano, á su paje, á su camarero, y en general á todos los criados que deseen permanecer en ella: Y nombra por sus albaceas y testamentarios al Duque de Medina-Sidonia, al Marqués de Astorga y al Conde de Aguilar, para los asuntos de España: y para los de América, á su esposa la Marquesa Doña Juana de Zúñiga, al Obispo de Méjico, fray Juan de Sumañaga, al padre fray Domingo de Betanzos, de la orden de Santo Domingo, y al licenciado Juan Altamirano, estantes en Nueva España.» Tales son las principales cláusulas que contiene el testamento del ilustre conquistador de Méjico, y que, en cierto modo, puede llamarse el relato de la historia íntima de su vida. Vamos á terminar. Era HERNÁN CORTÉS de gallarda presencia, de afable trato, liberal y espléndido, galante y apasionado, y de tan gran corazón como poco sufrido carácter, sereno en el peligro y perseverante en sus empresas. La ingratitud de Carlos V para con él y la falta de cumplimiento en las promesas que le hizo, tan sólo es comparable con la heroicidad de sus hazañas y la grandeza de su ánimo, que fueron, al par que la gloria de su patria, la admiración de todas las naciones.
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