Roque Barcia · 1880-1883
Constantinopla
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Constantinopla. Femenino. Geografía. Capital del imperio otomano, admirablemente colocada en la embocadura del canal de su nombre, sobre un promontorio compuesto de siete colinas, que bañan las olas del mar de Mármara.—Se halla á los 26° 38 47" de longitud Este, y 41° 0 12 de latitud Norte del meridiano de París; resguardada por una doble muralla, que mide 30 kilómetros de circunferencia, provista de anchos fosos y guarnecida de gruesas torres.—Tiene la forma de una cabeza de jabalí, ó más bien, de un triángulo, cuya base se encuentra en el continente, y cuyos ángulos están determinados en el mar de Mármara por el Vedikouli, ó Castillo de las Siete Torres: en el canal de CONSTANTINOPLA, por el barrio de los Blanquernes, y en el Bósforo, por la punta del Serrallo, —Por la parte que da al Noroeste, entre el barrio de Galata y la capital, hay un valle de siete kilómetros de largo, sobre cuyo fondo avanza un brazo del Bósforo, denominado el Cuerno de Oro, en donde desaguan dos pequeños ríos, el Kiat Huné y di A lihey Keiie.—Esta concha ó fondeadero constituye el magnífico puerto de CONSTANTINOPLA, que es, sin disputa, uno de los más cómodos y seguros que se conocen. Su entrada, que adornan dos colosales faros, se halla perfectamente defendida por dos plazas fuertes: una, situada en la punta del Serrallo; y otra, en el Arsenal, el cual separa la ciudad de los barrios de Pera, de Galeta y de Kassim-pachá.—En el primero de estos tres arrabales, encuéntranse instalados los palacios de los embajadores y las viviendas de los francos ú occidentales; en el segundo, los grandes almacenes de los negociantes y mercaderes, y en el tercero, el Arsenal, con sus talleres de construcción, la cárcel donde se encierra á los esclavos cristianos, y el palacio ó fortaleza que sirve de morada al capitán, bajá ó gran almirante de la marina otomana. —El golpe de vista que, desde el Bósforo, presenta esta inmensa ciudad, gallardamente asentada sobre sus colinas, coronadas de cúpulas y de minaretes; rodeada de mar por todas partes; bajo un cielo resplandeciente; con sus palacios, sus mezquitas, sus monumentos, sus edificios pintados de varios colores; sus grupos de acacias, de cipreses y de nogales, y las 1.200 embarcaciones de que es capaz su anchuroso puerto, es tan sublime, que deja en suspenso el ánimo del navegante. Pero, forzoso es
decirlo: esta magnificencia, que no pasa de sus muros, forma un desconsolador contraste con la mezquindad que en el interior se observa. Las casas de los turcos son, generalmente, bajas y de madera, ó construidas con argamasa hecha de barro y de paja, expuestas á frecuentes y terribles incendios; las calles estrechas, tortuosas y nada limpias, llegando la incuria de la policía hasta el extremo de dejar en medio de la vía pública los cadáveres de animales en completo estado de putrefacción. Esto no obstante, hay edificios y monumentos notabilísimos que deben mencionarse. El arrabal de A, nombre que tomó del magnífico mausoleo elevado por Mahomet II á Aioub, porta-estandarte del Profeta, contiene la famosa mezquita en que aun se conservan infinidad de reliquias de Mahomet y el sable que el emir ciñe al sultán á su exaltación al trono: el Serrallo ó morada del Gran Señor, en el extremo Oriente de la capital, compuesto de palacios, jardines, cuarteles y prisiones; cireunvalado de un grueso muro, con ocho puertas, una de ellas llamada la Sublime Puerta, nombre con que se designa el Gobierno turco: y la antigua iglesia cristiana de Santa Sofía, monumento grandioso, cuya cúpula ha servido de modelo á todas las que, posteriormente, han sido construídas en Italia. Entre los templos consagrados al culto mahometano merecen citarse: la mezquita del sultán Achmet. situada en la plaza del Hipódromo: la del sultán Soliman: la de la sultana Validé fundada por la sultana madre de Mahomet IV; y, finalmente, la del sultán Osman. que supera á todas por la elegancia y regularidad de su arquitectura. Entre sus monumentos notables, cuéntanse: el Hipódromo, empezado por Severo y terminado por Constantino, que es hoy la plaza pública denominada Et-Meïdan ó At-Meidani, en cuvo centro se eleva todavía el obelisco egipcio que lo decoraba, sobre un pedestal de mármol blanco, adornado de hajo-relieves en honor de Justiniano; la Columna de las Tres Serpientes que sirvió de apoyo al célebre Trípode del gran templo de Delfos: el famoso Castillo de las Siete Torres; y Cyclobion, antigua ciudadela que sirve de cárcel á los prisioneros de Estado. La capital que se describe contiene además 200 mezquitas, 14 de las cuales llevan el título de imperiales; 300 capillas, 35 iglesias, varios establecimientos científicos, una escuela militar, otra de Medicina, muchas bibliotecas, algunas imprentas y cerca de 1.000.000 de habitantes, comprendidos los arrabales que cubren las márgenes del Bósforo. Esta población, según cáleulos aproximados, se compone principalmente de 500.000 musulmanes, 200.000 griegos, 60.000 judíos y 40.000 armenios. Es residencia del sultán, del mu fTí ó decano del islamismo, de los ministros y de todas las altas dignidades del imperio.— Las religiones cristiana y judía tienen respectivamente un jefe particular que las representa cerca del Gobierno: los griegos del rito cismático, un patriarca que toma el título de ecuménico y está á la cabeza de un sínodo ó concilio compuesto de doce dignidades eclesiásticas: los armenios, cismáticos, como los católicos, un obispo, y los judíos, un khakambaschi.—La industria es muy reducida. La mayor parte de los artículos que se expenden en sus bazares, y que los europeos compran como productos de Oriente, han sido fabricados en Francia ó en Inglaterra.—El movimiento comercial no corresponde tampoco ni á la importancia de la ciudad, ni á su excelente posición. Del comercio interior, ocúpanse tan sólo los griegos, los armenios y los judíos: del exterior, participan todas las naciones de Europa, particularmente Inglaterra. Las exportaciones consisten en sedas, lanas, alfombras, pieles, metales preciosos, diamantes, barrilla, cera y otros efectos: las importaciones, en granos, hierro y pieles finas para forros, procedentes de Rusia; en ricas telas de seda y de algodón, vino, café, espejos, cristales, papel, añil, cochinilla y demás producciones de las fábricas europeas.— Los alrededores de CONSTANTINOPLA son deliciosos y pintorescos. Sobre las márgenes del canal está Roumili-Hissar, el más fuerte de los castillos que la defienden: multitud de pequeñas poblaciones, medio ocultas entre el follaje de copudos árboles y magníficos plátanos, cubre las orillas de aquel estrecho: sobre la playa, se hallan Bechih-Tach, palacio de verano del sultán, y Belgrado, villa ocupada por las familias cristianas más opulentas de Pera y de (falata: en el extremo de una bahía circular, á 17 kilómetros de la capital, se encuentra Therapia ó Terapia, cuyos edificios, elevándose unos tras otros como las gradas de un anfiteatro, ofrecen una admirable perspectiva: en último término y hacia el mar Negro, en una inmensa llanura, distínguese á Bouiouk-déré, pequeña población compuesta de una larga hilera de casas, cuvas habitaciones están reservadas á la diplomacia europea: y colocada sobre el canal de los Dardanelos, como CONSTANTINOPLA lo está sobre el del Bósforo, vese á Gallipoli, villa la más importante del Sandjk, de que es cabeza de partido, célebre entre los turcos por sus ricos tafiletes, con dos puertos defendidos por una antigua fortaleza.—CONSTANTINOPLA fué antiguamente una pequeña villa traciana, conocida con el nombre de Lygos: colonia griega después, con el de Bizantium, sobre la cual fundó luego Constantino la capital del imperio romano con el de Nea-Roma: denominación que más tarde fué sustituida por la de Constantium-Polis, que significa ciudad de Constantino.» Los rusos la titularon Tzaragrand, esto es, «ciudad de los tzares, porque ellos daban el titulo de zaraur ó [czares á los emperadores de Oriente: los turcos apellidáronla Constantiné é Islambul, ciudad del islamismo: y hoy se la llama Stambul, por corrupción del griego. Entre las muchas curiosidades de CONSTANTINOPLA, vamos á dar cuenta de una que no tiene ejemplo en todo el orbe. El gran bazar de la ciudad, lo que pudiéramos Ilamar el rastro, se compone de una red infinita de calles, las cuales forman un verdadero laberinto, compuesto de nueve á diez mil tiendas. Nada hay semejante á la rara emoción que experimenta el extranjero, al verse en aquel mundo revuelto, confuso. formidable; tan formidable, tan confuso y revuelto, que llega á ser horroroso y sublime.
ETIMOLOGÍA. Latin Constantinõpòlis; de Constanfinus, Constantino, y del griego móle (pólis). ciudad: italiano Constantinôpoli: francés, Constantinople: catalán, Constantinopla.
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