Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Ch

página 1169 · ver la página del original

1. CH. Cuarta letra de tro alfabeto y tercera de las nantes. Aunque doble en su ción, pues se compone de la C es sencillo su sonido, y éste constante, hiriendo á todas las vocales, sin poderse confundir con el de ninguna de las demás letras, y sin interposición de otra consonante, como se percibe bien en las voces chapín, cherva, chico, choza, chuzo, chasquido, muchacho. Su nombre es CHE.

2. Ch. A imitación del latín escribió el castellano con ch, y un acento circunflejo en la vocal que seguía (indicando el sonido de c. 4ó qu), las voces procedentes del griego ó de las lenguas orientales, para marcar que en estos idiomas tenían una aspiración; así se escribió chaldeo, chûos, chimera, chimica, chôlera, etc.; pero modernamente nos hemos desentendido de aquella marca etimológica, y suprimido la h y el acento circunflejo, escribiendo caldeo, caos, quimera, química, cólera. La ch se ha conmutado en c, ó perdido la h, en cédula, cirugía, cristiano, cronología, del latín schedula. chirurgia, christiano, chronologia, etc.;—se conmuta en y en estómago, del latín stomacho:—y se convierte en ch española, sin aspiración, en concha, del latín concha. La ch. considerándola ya como letra del alfabeto castellano, debe llamarse cha ó che, y no ce-hache, como dicen muchos. La ch, con la fuerza que la pronunciamos, es peculiar del castellano: los demás idiomas neolatinos tienen esta articulación mucho más suave. (Mon Reseña histórica. 1. Algunos grae nues- máticos han indicado la conveniencia durable.» conso- de representarla por un signo ó ca- lo 3.°. ley forma- rácter partieular. El ilustre doctor biendicho.» y la II, Rosal propone como signo adecuado ley igual y la r atravesada por una línea (&), porque tiene la misma pronunciación, aunque «algo más exterior, más sutil, más delgada, ó, por mejor deeir, más ceñida. 2. Es curioso notar que, al romancearse el latín, las consonantes ct se representaron por ch, cuya pronunciación se acomodaba más á nuestra lengua; y así se explica que el latín suspecto se convirtiese en sospechoso; y nocte, en noche, cuya palabra aparece va en el Fuero Juzgo: «Fazen cireos de noche.» (Libro 6.°, título 2.°, ley 4.a) 3. Adviértese también que el romance antiguo representó del mismo modo el latín st, como en adusta, vocablo convertido en aducha, según se ve en el Fucro Juzgo: «Que son aduchas en testimonio.» (Libro 6.°, títude/.6 dy..R à)—ILs peissoris que smn aduchas.» (Idem.) 4. La conversión del ct del latín en la ch de nuestro romance, es una de las reglas más constantes del castellano, de donde se deriva todo un sistema de palabras, como se puede demostrar con multitud de ejemplos. Así hallamos que pectu fué romanceado en pecho: dicto, en dicho; stricto. en estrecho; directo, en derecho; tecto, en techo; lecto, en lecho: biscocto, en bizcocho; maledicto. en maldicho; interdicto, en entredicho; lactuca, en lechuga; lucta, en lucha; profecto, en prorecho; lacte, en leche; octaro, en ocharo. 5. La antigua lengua no decía bendito y maldito, sino biendicho y maldicho: «idoos, maldichos, en el fuego 6. Y si 1 Fuero Juzgo, libro /2, títu 15.)—«Suyo nombre sea (Idem, libro 12, título 3.°) nos permitiésemos dar cierto ensanche á esta curiosísima materia, admiraríamos la regularidad con que procedieron, en la transcripeión del latín, los fundadores de nuestro romance. El adjetivo correcto de nuestros días es corrccho en la antigua lengua; y este correcho de los antiguos está ajustado al método que adoptó el castellano y que le dió el carácter propio de tal idioma: « Leer bien y correchamente.» (Partida 2.a. título D.°, ley 8. 7. También se nota que la c latina se tornó en ch. de cuya conversión hay muchos ejemplos, como en chantre, de cantore; en chabeta, de capite: en chinche, de cimice; en chapitel, de capitellum; en chapeo, de caput, cabeza. 8 Turht́r ey guamnlos mrminte raros, en que nuestra ch representó la s líquida de los latinos, como en sciola, femenino de sciolus, sabidillo, que tomó en castellano la forma de cholla. 9. También hay ejemplos en que nuestra ch representó el por del latín, como se ve en porcina, que romanceamos en chacina. 10. Lo propio aconteció respecto de la It latina, como se ve en cuchillo, de cultello; escuchar, de auscultare; mucho. de multo: puches, de pultes. 11. Lo mismo sucedió respecto del cre del latín, como en chamuscar. de cremuscare. 12. Nuestra ch representó también la desinencia latina us, como en cu DSiIXed D (

curucho, de cucullus, cuyo ablativo es cucullo, de donde se hizo la derivación. 13. Réstanos notar que la ch suave, semejante al ch de los franceses y al ceix catalán, entró en el sonido de la x antigua, especialmente al principio y fin de dicción, como en box. relo rrabe, rícara. 14. De esta articulación suave se pasó á la ch fuerte, como en charol, del antiguo xarol.

ETIMOLOGÍA. Griego X, y (AT, chi): latin, ch: hebreo, chaph, chin; árabe, chin.

la historia de «ch», de obra en obra →

abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra

El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Ch», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/ch.