Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Cañón

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Cañón. Masculino. Pieza hueca, de metal ó de otra materia, á modo de caña, que sirve para varios usos; como el CAÑÓN de escopeta, de órgano, de anteojo, de fuelle, etc. [ En los vestidos, la parte que por su figura ó doblez imita de algún modo al CAÑÓN; como son las mangas, los pliegues de los vestidos, etc. [ La pluma de las alas del ganso, cisne, buitre ó ánsar, que arrancada de ellas se seca y endurece, y sirve para escribir. La pluma de las aves cuando empiezan á nacer. Lo más recio del pelo de la barba, que es lo que está inmediato á la raíz. Pieza de artillería, de gran longitud respecto á su calibre, destinada hasta hace pocos años exclusivamente á lanzar balas y metralla, pero que hoy sirve igualmente para proyectiles huecos. Cuando expresamente se construye á ese fin, suele llamarse CAÑÓNoBÚs. Tiene diferentes denominaciones, según los usos á que se le destina; como CAÑÓN de batir; CAÑÓN de campaña, CanoN de crujía, CAÑÓN de montaña, etc. I RAYADO. El que tiene en la superficie interior cierto número de rayas para que sea mayor su alcance. Germanía. El pícaro perdido que no tiene oficio ni domicilio. Plural. Las dos piezas que componen la embocadura de los frenos de los caballos, y son huecas en figura de cañuto. CAÑÓN DE CHIMENEA. Conducto de fábrica, ó de otra materia, que sube desde la campana de la chimenea, y sirve de respiradero para que salga el humo.

ETIMOLOGÍA. Caña: italiano, cannone; francés, canon; provenzal, canón; catalán, canó, canyó.— «Voz tomada del italiano canone, aumentativo de canna, porque el cañón es largo, recto y hueco á modo de caña; pero canone viene del hebreo hanch ó canen, y, por consiguiente, canon, caña y cañón, tienen un mismo origen. Los primeros cañones se llamaron bombardas, de la voz latina bombus, de la cual los idiomas modernos han hecho bomba, verdadera onomatopeya del estruendo que produce una pieza de artillería cuando se descarga. — Al principio tuvieron los cañones varios nombres, parecidos á los que daban los antiguos á sus máquinas de guerra, y los más de dichos nombres tiraban á pintar el terror que producían con sus estragos. Asi había basiliscos, cule

brinas, esmeriles, falconetes, serpentinas, etc., piezas que solían llevar grabada la figura del animal que les daba nombre.» (MoNLAU.)

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