Roque Barcia · 1880-1883
Canarias
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Canarias. Femenino plural. Geografía. Grupo compuesto de siete islas y varios islotes que constituyen una provincia integrante de la monarquía española, con la categoría de tercera clase en lo civil y administrativo.—Ocupa una de las posiciones más ventajosas de nuestro planeta; se halla colocada en el Atlántico, á 111 kilómetros de la costa occidental de Africa, á que corresponde geográficamente, y á unos 1.059 de Cádiz, entre los 14° 3 45" y 9° 39 28" de longitud, y los 29° 26 30" y 27° 49' de latitud del meridiano de Madrid.—Comprende una extensión superficial de 7.273 kilómetros cuadrados, divididos en 412 poblaciones que habitan 283.532 almas.— El clima participa de la suave temperatura que se disfruta en el Mediodía de España y de la ardiente que se respira en la zona tórrida; pero la marea que las costas reciben y las frescas brisas del Océano ponen las islas á cubierto de los rigores de la canícula.—El terreno es de naturaleza volcánica, expuesto á frecuentes terremotos, cruzado por largas cordilleras de montañas; y, sin embargo, pocas serán las regiones de nuestro globo en que la vegetación se manifiesta tan poderosa y las producciones sean tan variadas. Consisten éstas principalmente en cereales, legumbres de todas especies, hortalizas, patatas, varias raíces alimenticias, exuberancia de frutas agrias y dulces; en plátanos, dátiles, almendras, castañas, nueces, aceitunas, miel, azúcar y café; en lino, zumaque, azafrán, algodón, seda, sosa, barrilla, cochinilla, plantas medicinales y diferentes frutos de los trópicos; un excelente vino que se conoce con el nombre de malvasía, y otros no menos exquisitos y estimados en los mercados extranjeros, particularmente en Inglaterra y los Estados Unidos. —La misma abundancia, y variedad que en la vegetación se observa en el reino animal. Sus buenos pastos mantienen numeroso ganado cabrío, caballar, mular, asnal, vacuno y lanar, especialmente el sabroso carnero de Tenerife, tan celebrado dentro y fuera de España; camellos que sirven para el transporte; caza de perdices, patos, palomas, conejos, codornices é infinidad de aves y pájaros, como los canarios, que enriquecen la Historia natural.—La industria es también bastante extensa en manufacturas de seda; telas de hilo y algodón; obras de paja y ebanistería; paños ordinarios, sombreros, gorras, esteras y sillas de paja fina; lienzos caseros para pantalones, camisas, colchas y diferentes clases de mantelerías. Pero la principal industria del país, la más considerable de todas, es la pesquera. En ella, según un estado que tenemos á la vista, ocupábanse, á mediados del presente siglo, 700 marineros, distribuidos en 30 bergantines, que proveían anualmente al país de 150.000 quintales de pescado salado, que equivalían en su peso á 3.000.000 de bacalaos regulares; contándose, además, sobre diez especies conocidas, igualmente á propósito para la salazón.— El comercio, no obstante el golpe mortal que en 1815 recibiera con la revolución americana y la paz de Europa, es bastante activo todavía; exporta toda clase de productos y artefactos del país, é importa distintos géneros de América, de Europa y de la Península.— Las siete principales islas que, como dejamos dicho, forman hoy el archipiélago canariense, son: Santa Cruz de Tenerife, capital de la provincia desde 1833, situada al Sudeste de la isla, á los 12° 34° 10" de longitud Oeste, y 28° 28 30" de latitud Norte. Es residencia de las primeras autoridades civil y militar, y plaza fuerte. Contiene 16.319 habitantes; escuela de náutica; buenos edificios; calles bien empedradas, y lindísimas quintas de recreo. en el radio de la población, que ofrecen una perspectiva admirable. El clima es cálido: el suelo seco, árido y, por lo mismo, poco dispuesto para el cultivo. La industria se ocupa de la fabricación de muebles; de la molienda de granos y de la construcción de lanchas y barquillos destinados á la pesca, que es variada y abundantísima, especialmente la del chicharro. El comercio, que cuenta con un magnífico puerto, único de las islas que se halla habilitado para los retornos de América, es muy considerable, si bien la importación es muy superior á la exportación. Próximas á esta capital se encuentran: San Cristóbal de la Laguna, en la costa Nordeste de la isla, á 448 piés sobre el nivel del mar; clima fresco y sano; una población de 11.040 habitantes; buen instituto; edificios notables, calles tiradas á cordel, anchas y con aceras; plantío de árboles; cosechas de cereales y de frutas; bastante ganado; fabricación de telas de seda y lana, y algún tráfico.— La Orotata, en un hermoso valle, á 17 kilómetros del famoso pico volcánico de Teide ó Tenerife, que mide 13.420 piés de elevación, con 8.269 almas; clima sumamente benigno y sano; buen jardín botánico de aclimatación; regular industria, y un pequeño puerto, situado á corta distancia, por donde exporta sus vinos para América.—LA GRAN CANARIA se halla á los 2° 20' de longitud oriental y 28° 33' de latitud septentrional del meridiano de Madrid: rodeada de montañas, sobre las que se eleva majestuosamente la llamada el pico del Pozo de la nieve, de 5.842 piés de altura, y cruzada por numerosos cerros escarpados, cuyos peñascos, cubiertos casi literalmente de una alfombra de musgo, presenta
un aspecto sorprendente y agradable: bosques poblados y valles frondosos, regados por las riquísimas aguas de los barrancos y corrientes que los cruzan, fertilizando su suelo, el mejor cultivado de todo el archipiélago, y el más abundante en toda especie de producciones agrícolas; ganado, caza y pesca; muy buenas salinas, y alguna industria y comercio. Componen esta isla varias poblaciones, entre las que se distinguen: Las Palmas, ciudad episcopal, residencia de la audiencia territorial de CANARIAS, y del subgobernador del segundo distrito de la provincia, con 17.754 habitantes, buena catedral, seminario conciliar, y á una legua de distancia el pequeño puerto de Luz con algunas fortificaciones; Telde, al Sur de la isla, con 9.304 habitantes, clima de los más suaves, bonitas casas de dos pisos, con lindos jardines y bonitas azoteas, calles anchas, rectas, empedradas y con aceras, buenas fuentes, una hermosa alameda en la plaza de San Juan, rodeada de asientos le piedra, de copudos árboles, y cubierta de caprichosos cuadros de flores, cuyo aroma embalsama la atmósfera en todas las épocas del año; numerosas huertas y un precioso puerto, defendido por una bien construida torre, célebre por haber sido la primera que levantaron los españoles al conquistar la isla, y por la heróica defensa que en 1741 hizo su escasa guarnición, batiéndose y echando á pique una corbeta de guerra inglesa; Arucas, en la falda de una montaña del mismo nombre, con 7.970 almas, una extensa vega con abundancia de viñedos y árboles frutales, espesos bosques de pinos, plantas aromáticas y medicinales, y fuentes naturales de aguas dulces y agrias como la de Tinojas, que brota de una roca cubierta por el mar; Galdar, con 5.179 almas, curiosos monumentos de los quanches, primeros habitadores de las islas, y corte que fué de sus antiguos reyes; Guía, con 5.121 habitantes, y término feraz; y Teror, villa situada en un delicioso valle, bien ventilado, con 4. 156 habitantes, temperatura agradable, un templo de los mejores de la provincia, excelente alameda poblada de frondosos árboles, buenas cosechas, elaboración de harinas, tejidos de lana y lino, y una gruta singular tapizada de musgo, construída en el enorme tronco de un castaño.—Palma, distante 1.443 kilómetros de Cádiz, defendida por algunos fuertes y baterías. El terreno de esta isla se halla, en su mayor parte, compuesto de elevadas cumbres, generalmente cubiertas de nieve, distinguiéndose, entre ellas, la llamada de las Toscas, admirable por la gallarda forma que le presta su inmensa altura y por conservar todavía los copudos árboles con que la adornó la naturaleza mucho antes de la conquista. El clima es bellísimo y saludable; el suelo, regado por muchos manantiales de agua muy fresca y fina, produce vino, frutas, almendras, miel y cera en cantidad suficiente, algún grano y bastante arbolado. La industria se ocupa principalmente de la fabricación de tafetanes, rasos y cintas. Entre sus pueblos merecen singular mención: Santa Cruz de la Palma, capital de la isla, elevada á este rango después de la victoria que las fuerzas mandadas por Alonso Fernández de Lugo obtuvieron sobre los isleños, habiéndosela puesto el nombre de Santa Cruz, en memoria del día en que tuvo lugar aquel hecho de armas que puso término á la conquista de esta isla: cuenta 6.603 habitantes, un buen puerto y algunas fortificaciones: Los Llanos, villa rodeada de bosques que ofrecen un paisaje alegre y pintoresco, con 6.163 almas y agradables casas de campo con hermosos jardines: Mazo, en terreno desigual, pero de buena calidad y muy productivo, con 4.441 habitantes y bastante ganado de varias clases: El Paso, villa colocada en una cuesta áspera y poblada de bosque, con 3.834 almas, buenas aguas, huertas bien cultivadas con mucho arbolado y árboles frutales: y La Garafia, al Noroeste de la isla, próxima á la orilla del mar, con 2.402 almas, clima saludable, buenos paseos, regulares casas, varias fuentes de exquisita agua y un suelo feraz, aunque montuoso, con abundancia de pinos que abastecen de madera de construcción á todos los astilleros de la isla.— Hierro se halla á los 14° 23' 15" de longitud Oeste, y 27° 39/ 50” de latitud Norte, rodeada de una muralla de lava que la hace muy áspera y montuosa, y cubierta de rocas pobladas de laureles, mocaneras, pinos, brezos, hayas y sabinas. Goza de un clima apacible y de un terreno fértil en vino, cereales, higos, lino y otras producciones que exceden al consumo propio; bastante ganado y caza de conejos y volatería. La industria se halla representada por algunas fábricas de tejidos de lana, costales, alforjas, mantas, cinchas y lienzos caseros. El comercio exporta el sobrante de sus productos. La capital de esta isla es Valverde, notable por haber servido su meridiano más occidental, desde Ptolomeo hasta Riccioli, de primer meridiano en la determinación de las longitudes y latitudes geográficas: es población de 5.487 almas, residencia del obispo, con muy buena temperatura y un terreno de secano muy productivo.—Gomera: el interior de esta isla es montuoso y lleno de barrancos de extraordinaria profundidad, de preciosas alamedas y de bosques frondosos. Se encuentra á los 190 36 de longitud occidental, y 27° 7 de latitud Norte del meridiano de París. Disfruta de una temperatura agradabilísima: el terreno se halla surcado por numerosas corrientes de riquísima agua, que lo fertiliza notablemente, siendo considerable la cosecha de cereales, legumbres, frutas, vino, seda, lino y exquisitos pastos, en que se cría multitud de bueyes, vacas, caballos, mulas, asnos, ovejas, cabras y cerdos. Su puerto, aunque poco frecuentado, es el mejor de la provincia. Su primera población es San Sebastián, capital de la isla, situada entre tres montes, con 2.447 almas: clima templado, término fértil, buenos viñedos, gran cosecha de seda, un bonito puerto defendido por dos fortalezas y una alta torre que sirvió antiguamente para resguardo de los caudales de América. Villahermosa, villa dividida en dos partes por el barranco de Moncayo, con 4.288 habitantes, cultivo de la agricultura, fabricación de harinas y de lienzos, variedad de producciones y de ganado, y exportación de los frutos sobrantes.—Lanzarote, sobre los 29° de latitud Norte, y á los 7° 24 de longitud occidental del meridiano de Cádiz. El clima que disfruta esta isla es benigno, y el suelo, aunque montuoso y falto de aguas, muy feraz en los lugares libres de las erupciones volcánicas. Las cosechas de cebada, centeno, papas, legumbres, barrilla, maíz, vino y frutas, suelen ser escasas; pero en cambio la de cochinilla y la de los higos llamados picos son abundantísimas y producen grandes utilidades. El ganado lanar, vacuno, cabrío y camellar es también bastante considerable. La industria es de poca importancia, pues casi toda ella se halla concentrada en la villa de Arrecife. El comercio se ocupa exclusivamente de la importación y exportación de diferentes géneros y artículos procedentes de otros paises.
Teguise, capital de la isla, situada en la falda del monte Guanapay, sobre cuya cima se eleva el castillo de Santa Bárbara, con una población de 3.737 almas, y un buen estanque ó depósito de aguas pluviales; y Arrecife, villa colocada en una espaciosa bahía, con 2.747 habitantes y un buen puerto defendido por una fortaleza guarnecida de artillería de grueso calibre, con sus poblaciones más importantes. Los historiadores Boutier y Le Verrier atribuyen á un tal Lancelot la construcción, en esta isla, de un castillo, el cual se hallaba ya desmantelado cuando la conquistó Bethencourt, y de aquel personaje dicen que tomó el nombre de Lanzarote que hoy la distingue.—Fuerteventura: la mayor de las islas que se describen, después de la de Tenerife. Se halla cruzada por una cordillera de montes, á los 28° 15' de latitud septentrional, y 4° 8' de longitud del mar de Hierro, á 99 kilómetros de distancia del continente de Africa. El clima es muy cálido, circunstancia á que contribuyen la aridez del terreno y la falta de lluvias. Este, no obstante prestarse poco al cultivo, produce garbanzos, patatas, algodón y barrilla; escasa cantidad de trigo, cebada, centeno y maíz, y algunas cabezas de ganado camellar, asnal, caballar, vacuno, lanar y cabrío. La industria se dedica á la elaboración de lienzos y lanas. El comercio á la exportación de los productos que recibe de otros pun
tos. Sus mejores poblaciones son: Antiqua, villa en el centro de la isla, en un extenso Ilano perfectamente ventilado, con 2.143 habitantes, término feracísimo, hermosos valles y abundantes aguas: Oliva, en una fértil campiña, al pie de la montaña de su nombre, con 2.447 almas, y una dilatada costa con numerosas radas; y Santa Marta de Bentancuria, villa colocada al Norte de la isla, en el fondo de un largo barranco, circuído de cerros, con 722 habitantes y suave temperatura. Algunas canteras, una pequeña vega susceptible de cosechas, y la cría de ganado, constituyen su principal riqueza.— Fuera de estas siete islas, las restantes, hasta el número de 20, son más bien islotes inhabitados.—En cuanto á su origen, un autor contemporáneo cree verosímil, si bien no lo afirma, que su primer descubrimiento data de la famosa expedición de Hannón á las costas de Africa, inexploradas hasta entonces; habiendo tomado luego el nombre general de islas CANARIAS. con que hoy se las designa, de una de ellas que se Ilamó CANARIA, á multitudine Canum ingenti magnitudine, según Plinio. En la antigüedad, y esto parece fuera de toda duda, estas mismas islas fueron conocidas con el nombre de A fortunadas, Fortunate Insule; y Ilamáronse así, según unos, por su aproximidad á los límites más occidentales de España, donde se creía que estaban situados los Campos Elíseos; y según otros, por lo bello y delicioso de su clima.— En tiempo de los romanos gozaban estas islas de una independencia absoluta: considerábaselas, no como parte integrante de España, sino como islas adyacentes al continente africano. Más tarde vinieron á ser desconocidas, permaneciendo en el más completo olvido, hasta el año 1016, en que fueron descubiertas y ocupadas por los árabes. Terminada la dominación sarracena, vivieron los isleños por espacio de mucho tiempo bajo el despótico yugo de un poder oligárquico, siendo estériles cuantos esfuerzos intentaron por romper las cadenas que les sujetaban y recuperar la libertad perdida. En 1402, don Juan de Bethencourt, señor de Bethencourt y de Granvillela-Teinturiere, en el país de Caux, consiguió hacerse dueño de algunas islas; pero no contando con suficientes elementos de fuerza para apoderarse de las otras, recurrió al entonces rey de Castilla, quien no sólo le concedió los víveres y el dinero necesarios que aquél solicitara para llevar á cabo su arriesgada empresa, si que también la soberanía de las islas, á cambio sólo de que prestase á su corona el debido homenaje de su conquista. Confirmadas estas grandes mercedes, en 1417, por la reina Doña Catalina, viuda de Don Enrique, gobernador á la sazón de sus reinos, tomó Bethencourt el título de rey, llegando muy luego á merecer, no sin justicia, el renombre de Grande.—Una de las islas que mayor resistencia opusieron á los conatos de invasión de Bethencourt, fué la GRAN CANARIA; todos los medios que éste puso en juego para apoderarse de ella, cual lo había hecho con otras, fueron á estrellarse contra la noble entereza y singular bravura de sus 10.000 combatientes.— La raza de los isleños, harto diezmada ya en las empeñadas luchas que constantemente sostenían por conservar su independencia, vino á sucumbir al cruel despotismo de los sucesores de Bethencourt, pasando muy luego á ser propiedad exclusiva de reyezuelos, de principes y de señores, quienes las vendían y compraban como si se tratase de una vil mercancía. En este estado se hallaban, cuando los Reyes Católicos determinaron la conquista directa de la GRAN CANARIA, que había venido defendiendo bizarramente su libertad contra los amagos de invasión de los despóticos señores de las vecinas islas. A este objeto, enviaron una fuerte armada, al mando de Pedro de Vera, caballero natural de Jerez, en 1478; y éste, después de una sangrienta guerra que duró tres años, logró reducirla al dominio de los castellanos, cuya suerte siguieron igualmente las de Tenerife y Palma. De este modo consiguieron los Reyes Católicos redondear la conquista de este país. Pero debemos declararlo en honor de aquellos habitantes: en todos los conatos de conquista que se sucedieron, desde la primera tentativa de Bethencourt, hasta la última, llevada á cabo en nombre de aquellos Reyes, defendieron los isleños la independencia de sus respectivas islas con tenaz empeño, con salvaje heroísmo, sucediéndose á la pérdida de aquéllas, el exterminio de la raza indígena. Y sin embargo, esta última conquista, si hemos de dar crédito á las páginas de la historia, fué por entonces la salvación de las islas. Confiado su gobierno al conquistador de las de Tenerife y Palma, don Alonso Fernández de Lugo, tratábalas éste como cosa propia, y á los isleños con verdadero cariño paternal. Así es que, bajo su mando, construyéronse caminos y acueductos, levantáronse fábricas y templos, y llevóse á cabo infinidad de obras de reconocida utilidad pública: la navegación á las costas africanas llegó á ser importantísima; y la abundancia de víveres y la comodidad de los precios tan extraordinaria, como grandes eran la actividad y el celo patriótico por todos desplegado. En 19 de Setiembre de 1528, otorgóse un privilegio, por el que se declaraba á perpetuidad francos y exentos del pago de alcabalas, monedas, pechas y tributos, á todos los habitantes de las islas y á los forasteros en ellas, no permitiéndoles que contribuyesen con más derechos que con el ó por 100 de las mercaderías y mantenimientos que cargasen ó descargasen en sus puertos. Con este sistema, aquéllas fueron prosperando y engrandeciéndose hasta colocarse en aptitud de intentar conquistas, mandar colonias y llevar por todo el continente americano el eco de Tenerife, cuyo glorioso nombre llegó á ponerse á uno de los pueblos de aquella comarca, como recuerdo eterno de su procedencia. Pero este estado de cosas duró bien poco desgraciadamente. La amortización de bienes, creada en 18 de Junio de 1512; las desavenencias entre los señores de Lanzarote y Fuerteventura; las frecuentes invasiones de los berberiscos y europeos; la escasez de las cosechas; las erupciones volcánicas; las plagas de langosta que asolaban sus campos; la peste que diezmaba sus poblaciones; todo este conjunto, en fin, de contrariedadés, de horrores y de desdichas produjeron su abatimiento y precipitaron su decadencia y despoblación. Pero nada de esto habría aun bastado á abatir el espíritu fuerte é industrioso de los isleños, si en vez de miserables rencillas y vergonzosos litigios hubiesen ellos encontrado apoyo en los hombres encargados de su gobierno. Estas islas, poco después, de su conquista, constituyéronse en otras tantas repúblicas, regidas por sus fueros, privilegios y ordenanzas municipales y gobernadas por sus respectivos ayuntamientos, á cuya cabeza se hallaba un magistrado con el título de gobernador ó de capitán general, nombrado por el Gobierno supremo. Con esta especie de administración y de gobierno, conservaban los isleños el carácter de independencia y de libertad qua anfoamaban;paradas extralimitaciones de las municipalidades, los abusos de autoridad de los gobernadores que mandaban la metrópoli, las arbitrariedades de las autoridades eclesiásticas; en una palabra, la ambición desmedida de todos ellos, dieron en tierra con la libertad, la independencia, la industria, el comercio, la paz y la prosperidad del país. El rey D. Carlos III, con el laudable objeto de poner fin á los dudosos y disputados derechos de los señores en las islas, que eran de dominio particular, resolvió incorporarlas á su corona, si bien reservándose el dominio útil y la prerrogativa de aprobar el nombramiento de alcaldes reales, la cual fué anulada por decreto de 1811, pasando á ser de la competencia exclusiva de la audiencia territorial. Las islas Ca NARIAS, no obstante hallarse tan alejadas de las costas de España, siguieron en 1808 el impulso iniciado por Sevilla, dando entonces, como habían dado siempre, evidente testimonio de su profundo amor á la patria y á las instituciones liberales.
ETIMOLOGÍA. Latín Cânaria, forma de cánis, perro, animal que abundaba mucho en aquellas islas: francés, Canaries; catalán, Canarias.
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