Roque Barcia · 1880-1883
Cádiz
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Cádiz. Femenino. Geografía. Una de las tres provincias que forman el antiguo reino de Sevilla, considerada de primera clase en lo civil y administrativo.—Se halla situada entre los 1° 25' y 2° 40 de longitud; 36° 2' y 37° O' de latitud occidental del meridiano de Madrid.—Comprende 7.276 kilómetros cuadrados de superficie, distribuidos entre 378 poblaciones que ocupan 412.904 habitantes.— Confina: al Norte, con Huelva y Sevilla, al Este, con Málaga; al Sur, con el estrecho de Gibraltar, parte del Mediterráneo y el Océano, y al Oeste, con este último y Sevilla.— CÁDiz es una de las provincias más favorecidas por la naturaleza: su privilegiado suelo, uno de los que mayor suma de goces y comodidades ofrece á sus moradores. Nada le falta para ser también una de las comarcas más agradables y pintorescas que cuenta España. Cielo alegre, clima suave, temperatura casi siempre primaveral. Una larga cadena de sierras separa esta provinca de la de Málaga: infinitas cordilleras cruzan su territorio, entre las que descuella la llamada de San Cristóbal, cuya elevada cima es la primera que los navegantes distinguen á su regreso de América: montes y bosques poblados de alisos, acebuches, fresnos, algarrobos, álamos blancos y negros, alcornoques, encinas, chopos, pinos y sauces; cerros cubiertos de jara, carrascas, chaparros, palmas, madroños, lentiscos y exuberancia de pastos en que se cría multitud de ganado caballar, mular, asnal, lanar, cabrío, vacuno, de cerda y de lidia; puertos excelentes; caudalosos ríos é infinidad de arroyos y manantiales de aguas finas y minerales; magníficos cortijos, huertas preciosas, inmensos olivares, numerosos viñedos y campiñas fértiles que se prestan al cultivo de cereales, legumbres, hortalizas y frutas de todas clases.—Constituyen su industria, el extraordinario tráfico que originan la importación y exportación de toda especie de productos y artefactos; la pesca, el carboneo, la fabricación de harinas, de vinos, de aceites, de pólvora, de cueros, de hilados, tejidos y demás artes y oficios indispensables en todos los pueblos; así como la explotació: de algunas minas, canteras y salinas.—El comercio, aunque no tan extenso como lo fué antes de la emancipación de nuestras Américas, es muy considerable, merced á la excelente posición que ocupan todos sus puertos, particularmente el de la capital, que sirve de estación á la linea de vapores que frecuentemente parten para las Antillas. CÁDIZ (capital). Situada en el extremo meridional de la isla de León, sobre dos colinas de insensible ascenso, á los 2° 37 7' de longitud Oeste, y 36° 31' 7 de latitud Norte.—Confina por todas partes con el mar, excepto por el Este, que la une á San Fernando un estrecho istmo.—Es la población más linda de toda la Andalucía, por sus buenas condiciones climatológicas, su robusta y temprana vegetación, la regularidad de sus calles, la pulcritud de sus edificios y deliciosos paseos, y también de las más distinguidas por la cultura y afectuoso trato de sus naturales. Es ciudad episcopal y una de las plazas más fuertes del mundo: contiene 64.551 habitantes, un instituto local, una escuela de náutica y de comercio, varios establecimientos científicos y de beneficencia, seminario conciliar, una espaciosa bahía con excelente puerto, y una Facultad de Medicina, á la cual se atribuye la gloria de haber sido la escuela más antigua de cirugía y la cuna de los demás colegios del reino, fundada por el ilustre cirujano don Pedro Virgili, en virtud de real cédula de erección otorgada por Don Fernando VI, en I1 de Noviembre de 1748, en premio de los servicios que aquél prestara durante las campañas de Orán y Gibraltar.—En los alrededores de CÁpiz, que se hallan cubiertos de ventorrillos y huertas lindísimas, nacen y se desarrollan espontáneamente más de doscientas especies de vegetales y millares de insectos, algunos de estos rarísimos, como el chlonophana serrala God y el bobis rependum id., apenas conocidos en las colecciones, y que los naturalistas extranjeros buscan cuidadosamente: pero es su término tan reducido, que las producciones agrícolas escasean, y tiene que recurrir á los demás pueblos de la provincia para abastecerse de aquellos artículos de primera necesidad, excepto el pescado, que es abundante y sabrosísimo, particularmente la pescadilla, el lenguado, el sargo y el dentón, que bien podrían competir con los mejores de otras costas.—Este vacío que la agricultura
deja en la riqueza de la capital, llénanlo con exceso las artes y la industria, cuyos importantes ramos cuentan hoy numerosas fábricas de aceite, de pieles, de sombreros, de hules, de calzado, de tejidos de hilo y algodón, de instrumentos musicales, quirúrgicos y náuticos, de espejos, de jabón, de pastas, de naipes, de charoles, de esteras, de guitarras, de fósforos, de loza y vidriado: abundante elaboración de velas de sebo, de cera, de ladrillos, de cal, de toneles, de veso, de albayalde, de toda clase de bebidas espirituosas y fermentadas, velamen para barcos, molinos harineros, fundiciones de hierro, excelentes talleres de ebanistería, cuyos muebles, por su perfeccion, solidez y elegancia, son preferidos en España y en el extranjero á los de Paris y Londres; primorosas tiendas de alhajas de oro, plata y pedrería que rivalizan con las mejores de otros países, elegantes establecimientos donde se expenden toda especie de artículos y artefactos, y una vasta industria algodonera con más de 600 telares.— Situado el puerto de Cápiz á la entrada del Océano Atlántico, cuya situación facilita su comunicación con todas las naciones y países orientales, particularmente la América, no es de extrañar que en los pasados tiempos llegara á ser uno de los más importantes y solicitados de Europa. Todas las casas extranjeras tenían en él instaladas sus factorías y almacenes: el movimiento marítimo era extraordinario, pues pasaban de 600 las embarcaciones que continuamente visitaban su hermosa bahia. El comercio con todos los países, especialmente con nuestras colonias. llegó á ser tan activo, tan considerables la importación y exportación de todo género de productos, que en 1792 expendió CApiz por valor de 270 millones de reales sólo en mercancías nacionales, siendo cuantiosas también las utilidades que proporcionaban el oro y la plata que, ya en monedas, ya en barras ó lingotes, venían frecuentemente del Nuevo Mundo. Todos los artículos de que carece CÁpiz y que necesita para la elaboración de sus artefactos, son hoy objeto de su comercio; y el tabaco, los azúcares, las granas, los añiles, el cacao y demás géneros ultramarinos, llegan á su puerto, como punto de depósito, para derramarse luego por toda la Península. Casas respetables se ocupan del comercio al por mayor; otras, y éstas en número más crecido, lo abrazan en menor escala, y el resto de la población, que no es artista ni industrial, trafica igualmente en toda clase de artículos de consumo propio. De donde se infiere que CÁpiz es un pueblo, si no agrícola, eminentemente artista, industrial y mercantil. Su distancia de Madrid es de 618 kilómetros, y entre sus poblaciones más importantes, merecen especial mención: Jerez de la Frontera, la tercer ciudad contribuyente de España, una de las más ricas y agradables del mundo. Sus bodegas, que parecen templos magníficos, dan alimento á un comercio de vino, en que figura la enorme suma de un mi Ilón de arrobas, las cuales se exportan á todos los puntos civilizados de la tierra. Jerez, con instituto provincial y una población de 55.924 habitantes, está situado á orillas del río Guadalete, célebre por la batalla en que acabó la dominación visigoda: San Fernando, en la misma isla de León, con 24.770 almas, observatorio astronómico, á cargo del Cuerpo de la Armada, y numerosas salinas: San lúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir, con 21.918 habitantes, puerto y muelle en el sitio de Bonanza, regular industria, salinas, frutas y mucho vino de Manzanilla, tan estimado dentro y fuera de España: Puerto de Santa María, ciudad bellísima, con 19.555 habitantes, abundante vino y licores: Arcos de la Frontera, sobre el Guadalete, con 14.240 almas, extraordinaria cosecha de vino, muchos y excelentes pastos: Tarifa, en el extremo meridional de la Península, con 11.906 almas, célebre por la heroicidad de Guzmán el Bueno y los grandes sucesos históricos de que ha sido teatro: Algeciras, con 11.848 habitantes, residencia del comandante general del Campo de Gibraltar, en la bahía de este nombre, cuya plaza, en poder de los ingleses desde la guerra de sucesión, se halla incomunicada con el resto de España, por grandes fortificaciones: Chiclana, con 11.595 habitantes, famosas aguas minerales y hermosas casas de campo: Vejer, cerca de la laguna de Janda, con 10.914 almas, alguna industria y fértiles alrededores: Puerto Real, con 8.793, situado en la bahía de CÁDIZ: Rota, pequeño puerto, con 7.968 habitantes y alrededores abundantes en vino llamado tintilla de Rota: Carraca, con 2.800 almas, arsenal, astillero y diques del departamento: San Carlos, con 1.100, y un colegio naval militar de aspirantes á marina. El origen de la ciudad de CÁDiz data de muchos siglos antes de Jesucristo, y es quizá la población más antigua de España. Algunos autores, y entre ellos el exacto Diodoro Sículo, como le llama un autor moderno, creen que fué fundada por los fenicios, quienes, en las frecuentes navegaciones que emprendieron, con el objeto de ensanchar su comercio, creando numerosas colonias en Africa y España, avanzaron un día más allá de las columnas de Hércules (que era el término occidental del mundo antiguo), hacia el mar Océano, y su primer cuidado fué construir una ciudad que llamaron Gades, en la cual, la poderosa y opulenta capital de Fenicia, estableció el emporio de su colosal comercio en el Oeste de Europa. Pomponio Mela, de acuerdo con Estrabón, cuyas opiniones acerca de la materia pasan por las más verosímiles y razonables, dice haber sido esta ciudad situada en el extremo occidental de la isla de San Isidro, con el nombre de Gadir, voz púnica cuyo sentido, no sólo se halla conforme con la situación topográfica que á aquélla se le asigna, sino que se adapta perfectamente á la interpretación que le dió Plinio: Pœni Gadir ita punica lingua sepem significante.—Largo tiempo vivieron los gaditanos en pacífico comercio con los españoles; pero á fines del siglo vI, antes de nuestra era, tuvo lugar entre ellos una guerra, que fué causa de que CApiz perdiera su independencia, viniendo á caer en poder de los cartagineses, los cuales, vista la resistencia de aquélla, hubieron de tomarla á viva fuerza, empleando por vez primera, para destruir sus murallas, una de las armas más terribles de los antiguos, el ariete. Por los años 238 antes de la era cristiana, vió CÁDiz desembarcar en su puerto los mejores ejércitos de la república africana al mando del gran Amílcar Barca, que acababa de distinguirse en aquella guerra, de cuya ciudad salió luego para reponer á su república, en España, de las pérdidas que en Africa había experimentado, y disponerse para una expedición contra Italia. CÁpiz continuó, no obstante, siendo en la Península el principal apoyo de las escuadras y ejércitos de los cartagineses, bajo cuyo poder permaneció, aun de mal grado, hasta el año 203, que fué ocupada por los romanos, los cuales, considerando que la población no había sido conquistada, sino entregada voluntariamente, la declararon ciudad franca, en 197, cuyo acto de justicia realzó el nombre romano de la Bética. Apenas instalado César en esta ciudad, que le recibió con verdadero entusiasmo, hizo restituir al templo de Hércules los tesoros que un tal Varrón, último jefe de los partidarios de Pompeyo, le arrebatara; mandó publicar muchos edictos de general utilidad; dió nueva fuerza y vigor á varias leyes municipales; concedió á sus habitantes la franquicia de ciudadanos romanos (cives romani), que era muy codiciada en aquellos tiempos, y les colmó de toda clase de honores. CÁpiz tomó el apellido de Julio, en cuya ciudad se avecindaron muchos de los veteranos de César Augusto, llamándose aquélla, desde entonces,. A ugusta urbs Julia Gaditana. Fué convento juridico, con la categoría de colonia romana que le era inherente, la cual venía disfrutando mucho tiempo antes de que Augusto César diese nueva forma política y civil á España, gozando, al mismo tiempo, la ventaja más estimada de los antiguos, la de gobernarse por sus propias y naturales leyes. El distrito que acudía á ventilar sus pleitos al convento jurídico gaditano, extendíase por el Este, desde Fuengirola, por el Oriente de Coin, á Ronda, Bornos, el Guadalete y toda su corriente, hasta el Puerto de Santa María, quedando para el hispanense todo lo que hay desde este Puerto hasta el Betis. Más tarde fueron asignadas al mismo convento jurídico de Cápiz, la ciudad africana,
llamada Zilis, la de Tingis ó Tánger, y en tiempo del emperador Othón, todas las de la Mauritania. CÁpiz era antiguamente una ciudad muy pequeña. Balbo el Gaditano, dice Estrabón, edificó, junto á aquélla, otra ciudad, á la que llamó Neápolis ó Ciudad nueva, de las cuales resultó una, que, por lo mismo, fué llamada Didyma: su circunferencia no tiraba más que á veinte estadios, y sus habitantes, que eran pocos, ocupábanse generalmente en la navegación. En una isla vecina se edificó otra ciudad que competía con la Didyma, cuyo suelo era sumamente fértil, y cuyo número de habitantes, comparado con el de Cápiz, era menor, no obstante hallarse incluidos en aquel número los que habitaban el puerto que el mismo Cornelio Balbo construyó en el continente vecino. La isla y el puerto á que Estrabón se refiere, según el autor que nos suministra estas noticias, son la actual isla de San Fernando, y Puerto Real, conocido entonces con el nombre de Portus Gaditanus.—En la historia de la época de los godos no figura para nada el nombre de nuestra ciudad, siendo también muy escasas las noticias que se tienen respecto de la época en que pasó al poder de los agarenos. CÁpiz fué uno de los puertos en cuyas aguas colocó Abdel-Rahmán sus escuadras para prevenir los ataques del califa de Oriente contra España, en el año 772 de nuestra era. Después de varias tentativas, el rey Don Alfonso el Sabio se hizo definitivamente dueño de aquella ciudad, cuya ocupación se cree hubo de verificarse en 1262. Tres años más tarde volvió Don Alonso á CÁpiz el título de ciudad que se le usurpara: Don Sancho el Bravo confirmó luego todos los privilegios que le otorgara su padre, confirmación que más tarde fué ratificada por los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, por cédula despachada en Barcelona á 15 de Junio de 1493.—El célebre corsario Barbarroja intentó entrar á saco en la ciudad de CÁDIZ; pero enterado el príncipe Andrea de Oria de los designios del de Argel, le salió al encuentro y desbarató sus planes, salvando á la población de un espantoso saqueo. CáDiz fué uno de los pueblos de Andalucía cuyos procuradores, reunidos en el lugar de la Rambla, en 1521, acordaron guardar fidelidad á Carlos, en los trastornos de las comunidades; resolución que éste supo premiar concediéndole los títulos de muy noble y muy leal. En 1624 envió el rey de Inglaterra una armada, á cargo de los generales Sir Eduardo Cecil y Gui Ilermo de Nasau, con orden terminante de quemar las naves españolas surtas en el puerto de CÁDIZ; de tomar esta ciudad, de grado ó por fuerza, y de saquearla: los resultados de esta jornada fueron por demás funestos para los ingleses, quienes perdieron lo más florido de su gente de guerra, viéndose obligados á abandonar su empresa, vista la heróica defensa, tanto de la ciudad como de la armada que se hallaba en las aguas de su bahía.—En el siglo XVII, fué muy grande la preponderancia que alcanzó esta ciudad con motivo de las flotas que de Tierra Firme y Nueva España llegaban á su puerto, cargadas de oro, plata, pedrería y otros objetos de inmenso valor. En 1720, trasladáronse á Cápiz el comercio de Sevilla, el consulado y el extinguido Tribunal de Contratación, con cuyo motivo se aumentó considerablemente su riqueza, la cual fué decreciendo poco á poco, desde que en 1778 se declaró que el comercio con la América española podía hacerse directamente desde Sevilla, Málaga, Almería, Cartagena, Barcelona, Alicante, Santander, Alfaques, Gijón, Santa Cruz, Coruña y Palma. CÁpiz fué uno de los tres departamentos de marina que en 1751 se establecieron en la península. Encendida nuevamente la discordia entre España, Francia é Inglaterra, el comercio de esta ciudad entregó en la real tesoreria, como donativo voluntario, un millón de pesos fuertes, en monedas de plata En 1805, hallábanse ancladas en su puerto las escuadras francesa y española, á las órdenes de los almirantes Villeneuve y Gravina respectivamente. Enterado el primero de éstos, que Roselly había salido de Francia para reemplazarle en el mando; y no queriendo privarse de la gloria que podía alcanzar en aquella jornada, determinó dar la batalla á la escuadra inglesa, cuyos navíos estaban derramados por aque Ilos mares: opúsose Gravina, manifestándole el peligro que, con el temporal, corrían cuantos buques se hallaran fuera del abrigo del puerto; y como Villeneuve le respondiese que aquella observación era hija del miedo, dió orden Gravina para que se embarcase su gente; aprestó sus naves; salieron las dos escuadras de Cá Diz; tomaron el rumbo de Gibraltar, y el 21 de Octubre del referido año, después de una heróica resistencia, quedaron ambas destrozadas en la famosa batalla de Trafalgar. El 29 de Mayo de 1808 se constituyó en Cápiz el Consejo de Regencia, que se hallaba en la isla de León, instalándose en el edificio de la Aduana; y el 24 de Febrero de 1811 trasladáronse las Cortes á esta ciudad, no obstante hallarse sitiada por las tropas imperiales. El 5 de Mayo tuvo lugar la bata Ila de Chiclana entre el ejército francés, que asediaba á CÁDIZ, y las fuerzas españolas é inglesas, en la cual hubo pérdidas considerables de una y otra parte. Durante este sitio, lanzaron los franceses sobre la capital 15.521 proyectiles huecos.—El 21 de Enero de 1812 nombraron las Cortes nuevos regentes. Formada la Constitución para el gobierno de la monarquía española, fué firmada el 18 de Marzo, jurada el 19 por la mañana y promulgada el mismo día por la tarde, con gran pompa y aparato, y en medio de la mayor alegría popular. El 24 de Agosto levantaron los franceses el sitio de la ciudad y de la isla, desapareciendo de sus contornos, después de dos años y medio de ocupación. Libres de este obstáculo, ocupá ronse las Cortes en dictar providencias encaminadas al bien de la nación; siendo las primeras la abolición del voto de Santiago y el Tribunal del Santo Oficio de la Inguisición, disponiendo que el decreto sobre la abolición de este último y el manifiesto que le acompañaba fuesen leídos, por espacio de tres domingos consecutivos, en las parroquias de todas las ciudades, villas y lugares de España, antes del ofertorio de la misa mayor. Esta medida produjo acalorados debates en el Parlamento, el cual declaró que el ministro, autor del decreto en cuestión, había obrado dentro de las leyes. En su consecuencia, los cabildos eclesiásticos que se habían negado á cumplimentar aquella orden fueron expulsados de CÁpiz, en virtud de providencia del juez que había entendido en la causa. Las Cortes y el Consejo de Regencia trasladáronse de nuevo á la isla de León, y de ésta á Madrid, y con ellos vió Cá Diz desaparecer de España y de sus propios muros la fuerza legal del Código venerando de 1812; pero le quedaba la gloria envidiable de haber sido la cuna de la libertad española. En 1816, el rey Fernando VII concedió á esta ciudad el título de muy heróica, en premio de muchos y señalados servicios. Para sostener la guerra contra los franceses, hizo CÁpiz un préstamo de 12.000.000 y un donativo de 11.342.361 reales vellón. La milicia nacional de Cápiz fué una de las últimas que, en 1843, sostuvieron la regencia del duque de la Victoria, en cuyo puerto se embarcó con rumbo á Inglaterra. Es CÁDiz patria de muchos y muy insignes varones, entre los que podemos citar á L. Cornelio Balbo, primer extranjero que fué cónsul en Roma; á Cornelio Balbo, sobrino del anterior, primer extranjero también que obtuvo los honores del triunfo en aquel emporio gentil; á Lucio Junio Moderato Columela, una de las tradiciones más gloriosas de los tiempos latinos; á los generales don Pedro Ceballos, don Ventura Moreno, don Juan Ruiz de Apodaca; á don Rafael Menacho, y últimamente, á uno de los primeros oradores de que tiene noticia la historia, de quien se ha dicho con razón que había heredado la lenqua de los ángeles, Antonio de Alcalá Galiano. El escudo de armas ostenta un Hércules, en pie, sujetando á dos leones: dos columnas, en las que está dividida la inscripción Plus Ultra; y la orla, HÉRCULES FUNDATOR GADIS DOMINATORQUE.
ETIMOLOGÍA. 1. Gadir, Gades, ium. La etimología de este nombre geográfico es bastante oscura, como la de todos los nombres de las ciudades muy antiguas. La etimología más razonable, sin embargo, es la que saca Cápiz (ó Cáliz, como decían nuestros antepasa
dos) de Gadir, voz fenicia que significaba plaza fuerte ó lugar cercado. CÁDIZ, con efecto, es una ciudad casi enteramente cercada por el mar. Fué el emporio principal del comercio durante la ocupación de España por los fenicios, ocupación puramente mercantil, como lo fueron también la de los griegos y la de los cartagineses.
(MONLAU.) 2. Esta interpretación está conforme con el texto de Plinio, citado anteriormente: Pœni GADIR ita punica linqua sepem significante: CÁpiz quiere decir en lengua cartaginesa: cerco, barrera, recinto. 3. Según el Itinerario de Antonino Pío, de Cádiz arrancaban dos vías: una, por la costa; otra, paralela al Guadalquivir.
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