Roque Barcia · 1880-1883
Alma
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1. Alma. Femenino. El principio interior de la vida y de las operaciones del hombre. Por extensión se aplica al principio interior de todo cuerpo viviente. Divídenla comunmente en vegetativa, que nutre y acrecienta las plantas; en sensitiva, que da vida y sentido á los animales; y en racional, la cual es espiritual é inmortal, y capaz de entender y discurrir é informar al cuerpo humano, y juntamente con él constituye la esencia del hombre, en quien concurren también lo sensitivo y lo vegetable. Metáfora. El hombre, el individuo; y así se dice: no parece ni se ve un ALMA en la plaza: la población de Madrid excede en cien mil AlMAS á la de Barcelona. Lo que da espíritu, aliento y fuerza á alguna cosa: verbi gracia, el amor á la patria es el ALMA de los Estados. Metáfora. La substancia ó lo principal en cualquiera cosa; y así se dice: vamos al ALMA del negocio. Metáfora. La conciencia: y así, del que obra sin temor de Dios y con malicia, se dice comunmente que no tiene ALMA. (] Metáfora. Lo que se mete en el hueco de algunas piezas de poca consistencia para darles fuerza y solidez, como el palo que se mete en los aceros de metal y en las varas del palio, que son de plata. El hueco de la pieza de artillería donde entra la bala y pólvora, y en general de cualquier cosa hueca. En los instrumentos de cuerdas que tienen puente, como violin, violón, contrabajo, etc., el palo que se pone entre sus dos tapas para que se mantengan á igual distancia. ( Viveza, espíritu, fuerza y expresión; y así se dice: representar, pintar con ALMA: este verso, este retrato tiene mucha ALMA. ALMA ATRAVESADA DE CAÍN. Se dice del que es avieso y cruel. DE CABALLO. Expresión familiar que se dice de la persona que sin escrúpulo alguno comete maldades. DE CÁNTARO. Expresión familiar que se aplica á la persona necia y despreciable.De Dios. El que es bondadoso y sencillo. EN PENA. La que padece en el purgatorio. (l Metáfora. El que anda solo, triste y melancólico. I MIA, MI ALMA. Expresión de cariño. VIVIENTE. Usase siempre con negación, como expresión ponderativa, para significar que se excluyen o incluyen todos en la materia de que se habla, sin excepción de persona alguna. ARRANCARSE EL ALMA, EL CORAZÓN, LAS ENTRAÑAS, etc. Frase metafórica y familiar con que se exagera el dolor ó la conmiseración que se tiene de algún suceso lastimoso. ARRANCÁRSELE Á UNO EL ALMA. Frase anticuada. Morir con ansias. CON EL ALMA Y LA VIDA. Expresión familiar. Con mucho gusto, de muy buena gana. I DAR EL ALMA. Frase. Espirar, morir.] DAR EL ALMA AL AMIGO. Frase. Estar uno dispuesto con buen corazón á favorecerle. DAR EL ALMA AL DIABLO. Frase. Atropellar uno con todo por hacer su gusto.) DARLE Á UNO EN EL ALMA ALGUNA COSA. Frase. Presentirla, anunciarla. DESPEDIR EL ALMA, EL ESPÍRITU, etc. Frase. Morir, espirar. ( ENCOMENDAR EL ALMA. Frase. RECOMENDAR EL ALMA. ENTREGAR EL ALMA Ó SU ALMA Á Dios. Frase. Espirar, morir. ESTAR COMO EL ALMA DE GARIBAY. Frase que se dice del que ni hace ni deshace, ni toma partido en alguna cosa. ESTAR CON, ó TENER EL ALMA ENTRE LOS DIENTES. Frase familiar con que se explica el gran temor que padece alguno, y parece que le pone en riesgo de morir. ESTAR CON EL ALMA EN UN HILO. Frase metafórica y familiar. Agitarse por el temor de algún grave riesgo ó trabajo. ECHAR Ó ECHARSE EL ALMA ATRÁS Ó Á LAS ESPALDAS. Frase familiar. Obrar sin conciencia. EXHALAR EL ALMA. Frase. Poética. Morir, espirar. HABLAR EL ALMA. Hablar con claridad y verdad, sin contemplación ni lisonja. IRSELE Á UNO EL. ALMA POR ALGUNA COSA Ó TRAS ALGUNA COSA.
Frase. Apetecerla con ansia. LLEGARLE Á UNO AL ALMA ALGUNA COSA. Frase metafórica. Sentirla vivamente. LLEVAR Á UNO ALGUNA COSA TRAS SÍ EL ALMA. Frase metafórica que denota la fuerza con que una cosa mueve y atrae á alguno. MANCHAR EL ALMA Ó LA CONCIENCIA. Frase familiar. Afearla con el pecado. PARTIRSE EL ALMA, EL CORAZÓN, etc. Frase metafórica. Sentir con mucha intimidad ó intensión alguna cosa. PESARLE Á UNO, ó SENTIRLO EN EL ALMA. Frase familiar. Sentir vivamente algún mal suceso ó contratiempo. RECOMENDAR EL ALMA.
Frase. Decir las preces que la Iglesia tiene dispuestas para los que están en agonía de muerte. RENDIR EL ALMA, Ó DAR EL ALMA Á Dios. Frase. Morir, espirar. SACAR EL ALMA, EL CORAZÓN, LAS ENTRAÑAS, LOS TUÉTANOS, A ALGUNO. Frase metafórica. Hacerle á uno gastar cuanto tiene.¡ SACAR EL ALMA, EL CORAZÓN, LAS ENTRAÑAS, ó LAS TRIPAS Á ALGUNO. Frase metafórica. Matarlo ó hacerle mucho mal. Dicese ordinariamente amenazando. SACAR EL ALMA DE PECADO Á ALGUNo. Frase familiar. Hacerle con arte que diga ó conceda lo que no quería. SENTIR EN EL ALMA ALGUNA COSA.
Frase. Sentirla mucho. SU ALMA EN SU PALMA. Refrán con que se da á entender que prescindimos de las acciones de otro, dejando por cuenta suya las buenas ó malas resultas. TEE EL ALMA PARADA. Frase con que se da á entender á alguno que no discurre ni usa de las potencias en lo que debiera. l TENER SU ALMA EN SU CUERPO, Ó EN SUS CARNES, Ó EN SU ARMARIO. Frase metafórica. Tener facultad y aptitud para hacer alguna cosa. Tener ánimo y resolución. En este sentido se dice también TENER EL ALMA BIEN PUESTA. J TOCAR Á UNO EN EL ALMA ALGUNA COSA. Frase. LLEGARLE AL ALMA. ( TRAER E. ALMA EN LA BOCA Ó EN LAS MANOS. Frase con que se explica algún mal ó trabajo muy grande.
ETIMOLOGÍA. Sánserito ana, respirar; griego àvenoc (anemos), viento, soplo, exhalación sutil, con la cual fué
comparada la causa interior de los cuerpos vivientes el principio espiritual de los hebreos y de los cristianos; latín, anima; italiano, alma: francés del siglo xI, anme; siglo xII, arme: «Pour la moie arme Messes chanter ferez.» (Harás cantar misas por mi alma): siglo xIII, alme, amme: «je leverai m’amme á toy.» (Yo elevaré mi alma á ti): siglo XVI, ame: moderno, âme; provenzal, anma, arma; catalán ánima. Nuestras antiguas formas son amma, simétrica del francés amme, y alima.
SINONIMIA. Alma, ánimo, mente, espírita.
1. Alma. Hay ciertos casos en que alma tiene un significado esencialísimo, en relación directa con las ideas metafísicas y dogmáticas, como cuando decimos: «las almas ó las ánimas del purgatorio,» «encomendar á Dios el alma de un muerto.» Al hablar de encomendar á Dios el alma de un difunto, es evidente que se habla de una substancia pura, sometida al estado futuro de premios y castigos. En esta acepción, alma y espíritu tienen grandes puntos de contacto, y así decimos correctamente; «ulma inmortal, espíritu inmortal,» en tanto que no puede decirse con igual sentido: ánimo inmortal; mente inmortal. Sin embargo, la diversidad entre alma y espíritu es incontestable en otras acepciones. como en las dos que anotaremos á continuación. El alma existe en todos los objetos animados, puesto que animación y alma representan el mismo vocablo de origen; y así se dice: «el alma es la fuerza motriz del cuerpo,» lo cual no pudiera decirse del ánimo, de la mente, ni del espíritu, estableciéndose desde luego una distinción marcadísima. De un hombre fogoso decimos que tiene alma de fuego. No podríamos decir ánimo, mente. espiritu de fuego. «No tengo más amparo que las huenus almas.» No podría decirse tampoco: no tengo más amparo que los buenos espíritus. los buenos ánimos, las buenas mentes. «Las metáforas más vulgares son el alma de la conversación.» No puede decirse: son el espíritu, la mente, el ánimo de la conversación. «Padre de mi alma, amigo de mi alma.» No puede decirse padre de mi ánimo, de mi espiritu, de mi mente; ni á una mujer amada diremos: mente mía, ánimo mio, espíritu mt́o. Sin embargo, podemos decirle con suma propiedad y gracia: alma mía. De manera que hemos encontrado muchos casos en que usamos con propiedad de la palabra alma, mientras que no podríamos usar de las palabras ánimo, mente y espiritu, sin trastornar completamente el uso y la psicología de la lengua. 2. Animo. El ánimo, variante de ánima, está en relación con los grandes afectos, como la virtud, la abnegación, la generosidad, el heroísmo; y así se dice: «ánimo esforzado; ánimo brioso.» Es evidente que no puede decirse «alma esforzada; mente esforzada; espíritu esforzado.» La expresión: «no caer de ánimo,» vale tanto como decir: «no perder aliento, conservar el vigor, no desconcertarse la voluntad, tener un corazón entero y firme.» Apliquemos esta expresión á las demás voces del artículo, y resultará un despropósito: «no caer de espíritu, no caer de mente, no caer de alma,» cuyas locuciones carecen de sentido en nuestra lengua. Familiarmente decimos á un amigo: ¿como van esos ánimos? Y difícilmente halorá urna locucon más graciosa, más natural, más expresiva, y al mismo tiempo más metafísica y más sabia. Claro es que no puede decirse: ¿cómo van esas almas, esas mentes, esos espiritus? Llegó el momento: ¡ea! ¡buen ánimo! Nada más extraño que decir: ¡ea! ¡buen alma! ¡buen espíritu! ¡buena mente! El triunfar en las luchas del mundo es una gloria reservada por Dios á los ánimos decididos y rectos.» Nada más fuera de propósito que hablar de mentes decididas y de rectos espíritus. Hallamos también que hay diferentes acepciones en que podemos emplear de un modo castizo la palabra ánimo, mientras que fuera inadmisible y hasta repugnante el empleo de las otras voces.
3. Mente. El vocablo mente, del sánscrito man, pensar; copto (dialecto egipcio) mén, cálculo, cómputo, griego pévos (menos); latín, mens, mentis, está en relación con la memoria, con la menbranza, como si fuese el memorando de la vida. Cuando decimos: «no nos ha pasado por la mente,» queremos expresar: «no nos ha pasado por la memoria; no lo hemos recordado;» esto es, «no lo hemos mentado,» porque también puede decirse así, sin violentar en lo más mínimo el genio de la lengua. Apliquemos estos modos de hablar á los demás términos en cuestión, y resultarán frases inusitadas en nuestro idioma: «no me ha pasado por el espíritu; no me ha pasado por el ánimo; no me ha pasado por el alma.» Si en español dijese: «no me ha pasado por el alma.» no sabríamos seguramente lo que había querido significar. La expresión: «parar mientes.» quiere decir: «fijar la atención, consultar la memoria; procurar conciliar algún recuerdo,» y es una frase tan castiza, como airosa y galana, mientras que nadie nos comprendería, si dijéramos: «parar almas, parar ánimos, parar espíritus. Si algún español inventase este raro modo de hablar, comprenderíamos que detenía materialmente los espíritus, las almas, los ánimos. La mente significa también la idea colectiva de las funciones del entendimiento; y así se dice: «la facultad mental ó las facultades mentales,» cuya idea cabal no expresaríamos, diciendo: «facultades anímicas,» ó «facultades espirituales.» No expresaríamos el mismo grado de pensamiento, al decir: facultades anímicas. porque esas facultades se refieren á funciones orgánicas, puesto que el alma es el motor del cuerpo, y estas relaciones sensibles no convienen á un conjunto intelectual, como la mente. Tampoco expresaríamos la misma cantidad de idea, diciendo: facultades espirituales, porque estas facultades están en relación con el sentido íntimo, cuya transcendencia no existe en lo que llamamos facultad mental. La expresión: facultades anímicas, expresa poco, lra expresión: facultades espirituales, expresa mucho. La facultad mental está entre ambas, como la percepción está entre las sensaciones simples, y lo que llamamos conciencia refleja. Es curioso notar que el griego menos, raíz del latín mens, mente, significa esfuerzo, fortaleza, brío, ardor de la vida, idea capital expresada por nuestro ánimo. Esto demuestra que la mente de los antiguos griegos penetró en el sentido del ánimo español. Tan cierto es que las ideas y las palabras se repiten incesantemente en la humanidad, como símbolo eterno.
4. Espíritu. Espíritu viene del latín spiritus, soplo, forma sustantiva de spïrare. soplar. Tal fué la significación originaria de este vocablo, con la cual entró en los verbos siguientes: aspirar, espirar, respirar, que vale tanto como si dijéramos: aspiritar, espiritar, respiritar, tomar y exhalar los espíritus; esto es, el soplo vital, el aire atmosférico.
Posteriormente, aun dentro del propio gentilismo, esta palabra se fué depurando de sus relaciones materiales, hasta que las civilizaciones hebrea y cristiana le dieron el sentido de substancia incorpórea, casi dogmática, con que la usamos actualmente. El espíritu se considera muchas veces como el sujeto que resume todas las aptitudes, en cuya virtud pensamos, queremos y sentimos; y así se dice: «el espíritu de un filósofo, de una familia, de un idioma, de una raza, de un pueblo, de un siglo, de una escuela.» Claro es que no puede decirse, para expresar la misma gradación del pensamiento: «el alma, el ánimo, la mente, de un pueblo, de una escuela, de una raza, de un siglo.» En el propio sentido solemos decir: «espíritu profundo, espíritu analítico, espíritu sintético, espíritu ecléctico, espíritu metafísico, espíritu abstracto. Nada más extraño al genio de la lengua, que aplicar estas locuciones á las demás voces del artículo. ¿Quién comprendería nuestro pensamiento, cuando habláramos de un alma profunda, de un ánimo analítico, de una mente ecléctica? Semejante modo de expresarnos sería puro griego. Pero el vocablo de que se trata, tie
ne otra acepción, en donde se refleja su sentido más transcendente. El espíritu, considerado en su última significación, expresa el concepto absoluto de nuestras facultades superiores, la esencia de la razón humana, en íntimo contacto con la idea simple, que es la idea de ser, el primer pensamiento del orden metafísico, aplicable únicamente al Soberano Autor de todo lo creado, y así decimos: el espíritu universal. Si en vez de espíritu universal, dijéramos: ánimo universal, mente unirersal, querríamos significar que se trataba del conjunto de todas las mentes y de todos los ánimos; pero no expresaríamos la idea de un concepto sumo que ordena y rige todo el universo, idea significada por los dos vocablos: espíritu universal. Si ahora nos valiéramos de la expresión: el alma universal, expresaríamos la existencia de cierto agente, de cierta potencia, que movía el organismo de la creación; pero no expresaríamos las ideas metafísicas que están en el fondo de la palabra espíritu. La gran propiedad del espíritu, como la gran propiedad de la reflexión, estriba en la facultad misteriosa de generalizar los pensamientos, hasta llegar á las concepciones más transcendentales, inclusa la idea del Supremo Hacedor, lo cual infunde á la palabra espíritu el sentido dogmático que le ha dado la lengua, en virtud de una ciencia que el hombre no adivina. Así sucede que cada uno de los vocablos del artículo corresponde á una serie distinta en el orden de los conocimientos. El alma, prescindiendo por un instante del sentido profundo y dogmático que la relaciona con el espíritu; es decir, considerándola como fuerza impulsiva que produce ciertas funciones del cuerpo humano, en estado de salud, pertenece á la fisiología; y no de otro modo puede explicarse el dinamismo de la medicina moderna, con que un sabio ilustró la famosa escuela de Montpeller: el ánimo se reficre á la prasología, la ciencia de querer y de obrar: la mente, á la psicología: el espíritu, á la metafísica, en sus necesarias é indispensables relaciones con el dogma. De lo dicho resulta que el alma mueve; el ánimo alienta; la mente medita; el espíritu reflexiona. El alma nos pone en relación con el cuerpo; el ánimo, con la voluntad; la mente, con la inteligencia; el espíritu, con Dios. El alma es activa; el ánimo. moral; la mente, intelectual; el esptritu, teológico.
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