Roque Barcia · 1880-1883
Akón
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Akón. Masculino. Historia. Tercer pontífice de Persia y magistrado.
ETIMOLOGÍA. Persa. A hond.
Al. Pronombre anticuado indeclinable, OTRO, Ú OTRA COSA DIVERSA Ó CONTRARIA. Algunas veces se halla usado en lo antiguo con significación de plural por lo mismo que OTROS. Hoy tiene uso en singular en las montañas de Burgos.Por contracción ÁÉL. POR AL. Modo adverbial anticuado. POR TANTO. ETIMOLOGÍA En la acepción antigua, al es el latín alius, otro, diferente. En la acepción moderna, representa, en efecto, la contracción de á el: italiano, ai, allo, all’, agli: francés del siglo xI, al, singular: si perde sa franchise, si AL rei nel pot reachater; «que pierda su franquicia, si no puede rescatar al Rey.» (Lois de Guill, 41): en el mismo siglo, as, plural: e se mes feit As homes de sa baillie... «y si tiene en menos á los hombres de su bailía:» (id., 2): moderno, au, singular: aur, plural; catalán, al, preposición de dativo y aeusativo; preposició de datiu y acusatiu: partícula que denota un tiempo determinado, como al punto de medio día: partícula que denota’l temps determinat, com AL punt del mitj dia: denota el modo particular de hacer alguna cosa, como pintar al óleo: denota l modo particular de fér alguna cosa, com pintar AL oli. El latín tiene al, voz gala que se encuentra en Virgilio; aunque se ignora el significado en que la empleó, según Ausonio.
AL. Del árabe al, equivalente á nuestro el, artículo que sirve para todos los generos, números y casos. Así, pues, en las voces al-ambique, al-caide, ál-cali, al-can for, al-coba, al-corán. alcuña ó al-curnia, al-férez, etc., etc., de origen árabe, al no es más que el artículo, que hemos dejado unido al nombre á la manera que lo hacen los árabes, y considerando ya el al como parte integrante del nombre, anteponemos á éste nuestro artículo el, diciendo el al-ambique, el al-caide, ete. Sin embargo, en algunos pocos nombres se corrige á veces esta especie de redundancia, suprimiendo el al, y diciendo el cali, el califa, el Corán, la Jofuina, en vez de el ál-cali, el al-Califa, el al-Corón, la al-jofaina, etc. Los árabes conmutan por atracción la l de al en la consonante inicial del simple. pero sólo en la pronunciación. Más atentos que nosotros, y que los latinos, á la importancia de la etimología, pronuncian, verbi gracia, addail, ar-rabil, pero escriben al-dail, alrabil. Esta atracción tiene lugar respecto de las letras que los árabes denominan solares (las dentales y linguales), pero no respecto de las lunares (las guturales, labiales y paladiales).—El castellano se desentiende de ese rigor ortográfico, y sigue su índole: así escribimos y pronunciamos las voces arábigas a-dalid, ar-rabal, arroha, etc. Esta última observación explica por qué en muchas voces de origen árabe el al ha perdido la l, tomando la forma a, como en a-cequia, a-cibar, a-dalid, a-tabal, a-talaya.—Por razones de eufonía, ha desaparecido también hasta la a. ó el al por completo, en algunas voces arábigas de origen, como en ceguía (anticuada de a-cequía), tahona (antes a-tahona), tambor (antes a-tambor). (MoNLAU.)
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